Disclaimer: Los personajes no son míos, la historia sí.
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Wand: Ay sí, eso mismo pensé yo, la verdad me estoy sintiendo molesta de que mi reina Scarlett Johansson no esté ganando ningún premio, su actuación en Historia de un Matrimonio fue impecable, Merida es una mujer independiente que no se deja doblegar por nadie ni por nada, tampoco puedo odiar a Astrid, no me provoca ningún sentimiento positivo o negativo escribir sobre ella. Espero seguir leyéndote. Saludos, Harry.
Guest: Como gustes, querida, que conste en este capitulo *lol* que te lo advertí, gracias por comentar, ojalá que este capitulo te guste. Harry.
Daga Uchiha: Lo sé, pero ser testarudos es parte de su ecencia, Astrid solo es la piedra en el zapato que tarde o temprano se va a salir, gracias por tu comentario, espero el siguiente con ansias. Saludos, Harry.
A Frozen Fan: Astrid sabe perectamente que, de meterse con nuestra reina de fuego, saldrá perdiendo con Hipi, hasta el momento no creo que lo intente, Hiccup es tan culpable como Astrid por no ponerle un alto, jamás habló con ella ni nada, no, Eret no es de los que se meten en los matrimonios, solo tiene una sana amistad con Merida, de esas entre hombre y mujer que si existen. Eleanor y Valka son como son porque no les han puesto un alto, pero con estos dos se toparon pared jejeje, gracias por comentar belleza mía, nos leemos. Saluditos, Harry.
Karypriscilla: Gracias por seguir interesada, pobre Astrid, pero se lo merece, ojalá que este cap. te guste, espero seguir leyéndote. Nos vemos, Harry.
Ladi Júpiter: Bienvenida seas al lado oscuro, el Mericcup es casi tan adictivo como lo es el Helsa, te recomiendo que los leas, en especial mi más reciente historia, Pequeño Secreto, y todos los trabajos de la diosa del fandom, A Frozen Fan, gracias por leer y por seguirme en Instagram, disfruta esta actualización. Con cariño, Harry.
Síganme en Instagram, Twitter, Pinterest, Tumblr y Wattpad como iamharryhale, por cierto, en Wattpad ya está publicada esta historia, espero que nos encontremos por allá.
Merida.
─ El equipaje está listo─ informó Maudie.
─ Perfecto, partiremos mañana a primera hora─ contestó la pelirroja, salió de sus aposentos en busca de Eret, lo encontró aún con los dragones.
─ Mi reina─ saludó el hombre.
─ Necesito un favor─ dejó de lado los protocolos y fue al grano─. Quiero ir a DunBroch a visitar a mi familia.
─ Eso está bien, puedes tomar el siguiente barco...
─ El viaje en barco tarda tres días, quiero estar en casa ya─ su tono se volvió imponente, carraspeó para aclararse la garganta.
─ Y entonces quieres ir en dragón.
─ Sí─ se acercó un poco a él─. La verdadera pregunta es si estás dispuesto a llevarme. A mi nana, a Angus y a mí en realidad.
Eret se lo pensó un poco.
─ ¿Sabe el rey…?
─ El rey no está y hasta donde sé, puedo ir y venir si me place─ su tono no dejó lugar a la réplica. El jinete suspiró.
─ Si así lo deseas, partiremos mañana al mediodía.
─ A primera hora─ Eret parpadeó, sorprendido por la actitud de la pelirroja, ella relajó los hombros─. Por favor.
─ Seguro.
Hiccup.
Se bebió el cuerno de cerveza de golpe, lo dejó de lado y se secó la boca bruscamente con el brazo.
─ ¿Estás bien? ─preguntó Patapez, sentándose junto a él.
─ Sí, ¿por qué? ─contestó, secamente.
─ Estos últimos meses has estado más callado de lo normal─ el rey le lanzó una mirada elocuente─. Ya sé que no es asunto mío, pero somos amigos y…
─ Gracias, Patapez, pero no me apetece en lo absoluto hablar de esto.
─ Entonces hablemos de Astrid─ Brutilda se unió a ellos.
─ Te comportas cómo si no existiera cuando no está, y cuando sí, la miras con aberración─ dijo Patán.
─ Fue excesivo que la echaras de la herrería─ sentenció Brutacio.
Hiccup se levantó con brusquedad de su asiento.
─ ¿Desde cuándo cuestionan mis decisiones?
─ Desde siempre─ Brutilda le lanzó una mirada burlona, tratando de aligerar el ambiente.
─ Mi esposa no me quiere cerca porque Astrid se metió donde no debía, es todo lo que diré─ declaró el rey antes de irse.
"Espero que tenerme lejos le ayude a pensar las cosas" se dijo mientras se metía en la habitación que alquilaron en un hostal.
Merida.
Dejó salir una estruendosa carcajada, nada propia de una reina, al ver cómo Maudie sufría al subirse a la espalda del dragón.
─ Todo está listo─ le anunció Eret─. Solo da la orden y podemos irnos.
Merida abrió la boca para contestar, pero Valka apareció de la nada y la interrumpió.
─ Necesito hablarte─ la tomó del brazo y la llevó aparte. La pelirroja se soltó de su agarre─. ¿De verdad te vas?
─ Serán solo un par de semanas─ contestó─. No eh visto a mi familia desde la boda y eso fue hace cuatro meses.
─ Lo entiendo querida, pero Hiccup no está, ¿quién se hará cargo del reino?
─ Probablemente pienses que estoy siendo inmadura por irme y dejar a Berk sólo, pero esa es la buena noticia─ la tomó de los hombros─. Aquí estás tú, mi adorada suegra, para dirigir el que también es su reino.
─ Merida…
─ No sabemos cuánto tiempo se tardará mi marido fuera de aquí y si lo que te preocupa es que no vuelva, déjalo, porque estaré de vuelta pronto─ cargó su tono de sinceridad y Valka asintió. Le creía.
─ Bien, salúdame a tu madre─ la apretó en un abrazo─. Tengan mucho cuidado.
Merida asintió también, se encaminó donde Eret y éste la ayudó a treparse al dragón.
─ Hora de irnos─ ordenó, Eret se subió al mismo dragón que ella y comenzaron a elevarse, hizo una seña para que el otro dragón, donde iba Maudie y Angus con otro vikingo, se elevara también.
─ ¡Más vale que seas cuidadoso, Eret! ─gritó Valka desde el suelo─. ¡El rey se molestará mucho si algo le pasa al mayor tesoro que tiene, su esposa!
Merida rodó los ojos.
Horas más tarde, cuando comenzó a vislumbrar las tierras altas de DunBroch, se permitió una sonrisa genuina.
Hiccup.
─ ¿Crees qué, si le regalo un dragón, me aceptará de vuelta? ─preguntó el castaño a Patapez.
─ No se ve que sea una persona de dragones.
─ Además─ se metió Brutilda─, tu dijiste que el dragón te escoge, no al revés.
Hiccup suspiró.
─ Tienes razón… supongo─ admitió con desgano─. ¿Sabes?, puedes pensar razonablemente cuando quieres.
─ No digas estupideces─ le dio un pequeño golpe en el brazo. Los cinco rieron.
─ Dejemos de perder el tiempo y vamos por esos dragones─ dijo Brutacio, una vez terminaron de carcajearse.
El rey asintió, distraerse le haría olvidar los problemas domésticos que tenía pendientes.
Merida.
Una sonrisa de verdadera felicidad se ensanchó en su rostro al ver cómo el sequito de su padre se acercaba por el prado. Había decidido aterrizar en uno de los campos, no demasiado lejos del castillo, porque los dragones eran demasiado grandes y no quería asustar a su otro pueblo.
Bajó rápidamente del dragón de Eret al ver cómo sus tres hermanos saltaban apresuradamente de los lomos de sus respectivos caballos para abrazarla.
─ ¡Hamish! ¡Hubert! ¡Harris! ─gritó alegremente al tiempo que llenaba a los pelirrojos de besos─. Los extrañé mucho.
─ Jamás creí que diríamos lo mismo, pero nosotros también─ dijo Hubert, sus dos hermanos le dieron la razón y Merida les lanzó una mirada molesta.
─ Dejen en paz a su hermana─ ordenó el rey Fergus, acercándose a ellos, los trillizos se hicieron a un lado para que su padre pudiera saludar a la pelirroja─. Mi nena hermosa, estoy muy contento de que estés aquí.
Los ojos azules de Merida se llenaron de lagrimas de lo contenta que estaba.
─ Yo también, papá─ contestó, abrazándolo─. ¿Dónde está mamá?
─ Organizando una cena de bienvenida de ultimo minuto.
Los presentes rieron un poco.
─ ¿Qué dices de irnos a casa?
─ Eso quisiera─ dijo, subieron sus cosas y las de su nana en una carrosa.
─ Nos despedimos, mi reina─ dijo Eret, dándole un pequeño golpe juguetón a Merida en el brazo.
─ ¿De qué hablas?, por supuesto que se irán, pero mañana, es medio día de viaje─ le devolvió el golpe─. Vengan al castillo a descansar.
Aceptaron después de la insistencia de la pelirroja, quien se reusó a viajar junto a Maudie en la carrosa, sino que eligió ir en su propio caballo, los vikingos montaron los dragones y despegaron con rumbo al castillo.
"Por fin".
Hiccup.
─ Este si que es grande─ alabó Patán, mientras guardaba distancia con el dragón.
─ Lo es, sí─ contestó Hiccup, acariciando a la enorme bestia─. ¿No es así, amigo?
─ No sé que tienes que les gusta tanto─ espetó Brutilda.
─ Se le dice encanto, querida─ Brutacio cargó de burla su comentario.
─ Con éste ya van dos y sólo han pasado un par de días─ dijo el rey─. Cada vez hay más.
─ Debemos enviarlos a Berk.
Hiccup miró a Chimuelo, quien a su vez rugió una orden hacia los dragones, era el alfa después de todo. Estos comenzaron a alejarse.
─ ¿Alguien tiene hambre? ─preguntó Patapez, después de que los dragones se fueron─, porque yo sí.
El resto se mostró de acuerdo.
Merida.
Las gaitas sonaban inundando la sala de fiestas con su melodía, Eret y el otro vikingo bebían y comían un par de mesas más allá. Merida engulló su tercera pierna de pavo cuando su madre le lanzó una mirada reprobatoria.
─ Una princesa no…─ comenzó.
─ Ya no soy una princesa, madre─ la interrumpió─, ahora soy una reina, y la reina puede comer lo que quiera.
Los trillizos y el rey Fergus se soltaron a reír, Eleanor carraspeó y los cuatro guardaron silencio de inmediato.
Cuando la pequeña celebración terminó, los vikingos se retiraron a descansar en la habitación que se les cedió, Merida hizo lo propio, estaba por cerrar la puerta cuando su madre se interpuso, la pelirroja suspiró, sabía lo que se avecinaba.
─ ¿Ahora qué, mamá? ─preguntó con cansancio.
─ No seas insolente conmigo─ replicó la castaña─, no me malinterpretes, estoy feliz de que hayas venido a vernos, pero debo preguntarte algo.
─ No empieces, por favor.
─ Claro que voy a empezar, ¿dónde está tu esposo?
─ Salió a hacer no sé qué.
Eleanor suspiró.
─ ¿Estás diciéndome qué dejaste tu reino solo?
─ Mi suegra se quedó a cargo.
─ ¿Sí? ¿por cuánto tiempo?
─ Tranquilízate, madre, Maudie y yo nos quedaremos solo un par de semanas, pero si tanto te urge que nos vayamos, pues partiremos mañana con los vikingos…
─ Ay por favor, Merida, déjate de tonterías, por supuesto que no quiero que te vayas.
─ Entonces vuelve por donde viniste.
─ ¿Qué está pasando entre Hiccup y tú? ─preguntó por fin.
─ Ya que insistes con el tema, te diré lo mismo que le dije a Valka─ adoptó un tono autoritario─. Te prohíbo terminantemente que te metas en mi vida marital, los problemas entre mi esposo y yo solo nos conciernen a nosotros.
Eleanor parpadeó, asombrada.
─ Para nadie es un secreto que algo pasa, llegar así de la nada y sin tu esposo…
─ Me da igual lo que piensen los demás, creí que lo sabías.
─ ¿De verdad?, ¿también te da igual lo que piense tu padre? ─se encaminó a la salida─. No se ha dado cuenta, pero cuando lo haga…
─ Cuando lo haga, le diré lo mismo que a ti─ terminó por ella─. Creí que ya te ibas.
La reina azotó la puerta al salir.
Astrid.
La rubia corrió en dirección de Eret cuando éste aterrizó.
─ ¿Dónde estabas? ─preguntó a modo de saludo─. No te eh visto desde ayer y ya es tarde.
─ Llevé a la reina a DunBroch─ contestó mientras le quitaba la silla al dragón.
─ ¿En serio se fue? ─una sensación parecida a la esperanza nació en su pecho, pero murió tan pronto escuchó la respuesta del jinete.
─ Eso quisieras, solo fue a visitar a su familia. Estará de regreso en un par de semanas.
─ Espero que Hiccup vuelva después.
─ ¿Y eso por qué?
─ No creo que le haga mucha gracia que su esposa se haya ido sin decirle nada─ se le quemó la garganta al pronunciar aquello.
─ Tal parece a Merida le importa muy poco lo que él piense─ tomó rumbo al gran comedor─. Tu deberías dejar de meterte en sus asuntos, ya ves que la única afectada eres tú.
Astrid apretó los dientes.
Merida.
─ Levanta el codo y pega la flecha a tu mandíbula ─ aconsejó─. Bien, dispara.
Celebró cuando la flecha de Hamish dio en el centro de la diana.
─ ¡A eso me refería! ─chocó los cinco con su hermana.
─ Excelente, ¿quién sigue? ─preguntó en dirección de Hubert y Harris.
Después de enseñarles a sus hermanos a usar correctamente el arco y flecha y también las espadas, decidieron que ir a refrescarse al río sería lo mejor.
─ Había olvidado lo bien que se sentía nadar aquí─ comentó Merida, sentada en una roca.
─ Hay muchos lagos en Berk─ dijo Harris, chapoteando junto a ella.
─ Pero ninguno cómo los de aquí, tarado─ Hamish le lanzó agua con las manos.
─ ¿Cuándo volverás a tu reino vikingo? ─preguntó Hubert después de un rato.
─ En unas semanas─ contestó la pelirroja, poniéndose rígida, sabía que tarde o temprano ellos comenzarían a preguntar.
─ Escuché a mamá preguntarle a Maudie qué era lo que pasó entre tú y tu esposo dragón─ Hamish miró cómo cambiaba la cara de su hermana y se apresuró a añadir─. Obviamente nana dijo que lo lamentaba y que le habías prohibido decir nada.
Merida suspiró, más calmada.
─ ¿No vas a contárnoslo? ─Hubert subió a la roca junto a ella─. Somos hermanos y una vez dijiste que nos apoyaríamos en todo…
─ Ya sé lo que dije─ replicó y suspiró─ Lo siento, pero estoy harta de que todo el mundo me pregunte eso.
─ No tienes que decir nada si no quieres─ Hamish y Harris imitaron a Hubert y subieron a la roca.
─ No yo… si quiero contarles─ pegó la cabeza con la de Hubert─. Hiccup prometió algo que no pudo cumplir, yo me enojé mucho porque… sí, me dolió que me mintiera y… no sé, quería estar lejos de Berk, así que adelanté mi visita a casa.
Hamish la rodeó con los brazos y recargó la cabeza en el hombro femenino, Harris se recostó en el regazo de su hermana y la cogió de la mano.
─ Alguien debe enseñarle modales a nuestro cuñado─ sentenció Harris, la pelirroja sonrió. Siempre podría contar con sus hermanitos.
Hiccup.
─ Quiero volver a casa ya─ se lamentó Brutilda, mientras caminaban por las calles de aquella ciudad.
─ Solo llevamos una semana aquí─ contestó Patapez.
─ Sí y ya encontramos tantos dragones como hemos podido─ argumentó Patán.
─ Dos por día… bueno ayer fueron cuatro─ corrigió Brutacio─. Pero sí, ya quiero volver a Berk.
─ Muy bien, señoritas, ya dejen de llorar─ dijo Hiccup, sonriendo con burla─. Ocupen el resto de la tarde para comprar lo que quieran, saldremos mañana temprano.
─ ¿Qué quieres que compremos?
─ No lo sé, están en una de las Ciudades Libres, ustedes decidan.
Los dejó para buscar una joyería.
─ ¿En que podemos ayudarle? ─una escuálida mujer apareció para atenderlo.
─ Necesito un collar.
─ ¿Ocasión especial? ─sacó un catalogo con modelos.
─ Es para mi esposa.
Astrid.
Lanzó el cepillo con el que tallaba las escamas de Tormenta al balde lleno de jabón, la lavó con agua y se apresuró a llegar donde muchos de los berkianos se congregaban. El rey había vuelto a casa antes de tiempo.
Desmontó ágilmente a Chimuelo, se aproximó a su madre para abrazarla, Astrid se acercó a escuchar con disimulo.
─ Creí que no llegarías hasta fin de mes─ decía la reina cuando llegó.
─ Peinamos la ciudad entera, y encontramos a todos los dragones─ explicó Hiccup al tiempo que tomaba rumbo al castillo─. No vi la razón de quedarnos más tiempo.
─ Pudiste avisar que venías, así habría planeado algo para recibirte─ recriminó Valka, volteó sobre su hombro y Astrid giró la cabeza hacia Brutacio, fingiendo que hablaba con él.
─ Eso es lo de menos─ contestó el castaño─. Ahora solo quiero ver a mi esposa, ¿dónde está?
La rubia notó cómo la madre del rey se tensaba y guardaba silencio. Hiccup se detuvo, obligándola a hacer lo mismo.
─ Mamá, ¿dónde está mi mujer?
─ Se fue.
Entonces qué... ¿Review? ¿No? Ok.
Harry.
