La lluvia desapareció, el viento dejó de soplar salvajemente, los relámpagos y truenos se marcharon, la tierra dejó de sacudirse y Malfoy Manor quedó reducido a poco más que escombros en toda la parte centro de la enorme casona, la cual había colapsado. Todos los magos que antes estuviesen ahí se habían marchado ya y solo quedaban los familiares y amigos de Malfoy y Potter que no habían logrado salir de la que alguna vez había sido la gloriosa mansión Malfoy. Hermione intentaba acercarse a los escombros, solo detenida por Ron quién la abrazaba fuertemente, diciéndole que debía esperar, que no era seguro, que debían esperar a los aurores. Pansy por su parte se encontraba junto a Narcissa que había entrado en un estado de shock tal que no se movía ni un centímetro. Blaise había partido junto a Theo hacia el ministerio casi de inmediato a reportar el desastre y Lucius Malfoy únicamente miraba a la que había sido su hogar con la mirada perdida.
—¡Todo es tu culpa! —Bramó Narcissa de repente, rompiendo con el silencio que se había formado —¡Es la segunda vez que pierdo a mi hijo por tu culpa! —La mujer se había puesto de pie y había comenzado a golpear de manera errónea a su marido; empujándolo débilmente, mientras sus lágrimas rodaban por su rostro.
—Draco... —Dijo Lucius de repente, cuando una lágrima escurrió por su pálida mejilla. Narcissa detuvo sus golpes, miró a su marido al rostro y dejó que las lágrimas disminuyeran por el asombro, Lucius parecía haber reaccionado —No, no... Draco...
La pareja se abrazó y lloró en silencio mirando hacia los escombros, Pansy se acercó y se unió al abrazo, sabían que todo había terminado, Draco probablemente se había marchado ya y Harry aún debía estar bajo los escombros, no había posibilidad de aparecerse desde el interior de la casa y seguramente estaba bastante herido. El sonido de la aparición hizo que todos voltearan, Blaise había llegado junto a un grupo de aurores que de inmediato se pusieron a trabajar en el desastre.
—Mi hijo sigue dentro —Declaró Lucius de inmediato, recobrando su impasible máscara de sangre pura.
Para sorpresa de todos, el auror simplemente asintió y se apresuró a comenzar con su trabajo, Hermione comenzó a hablar con uno de los aurores, explicándole lo que había ocurrido y mencionando que, probablemente Harry estaba inconsciente. La lluvia había traído con ella una noche estrellada y despejada, las nubes se habían manchado y tal vez nadie hubiera notado que segundos antes había tenido lugar un desastre si la mansión se hubiera mantenido de pie y Harry Potter no estuviera entre sus escombros, seguramente solo.
La tarea de localización tardó más tiempo de lo que cualquiera hubiera imaginado, los aurores aún temían usar magia, no quería causar un desastre mayor al que ya estaba hecho, mucho menos si aún tenían vidas por salvar. Al amanecer aún no habían resultados, Hermione se había encargado de traer de su casa algunas mantas y un poco de café en termos el cual repartió en vasitos de plástico con ayuda de su prometida, la cual había llorado solo un poco y en ese momento se encontraba completamente calmada. Los ánimos no habían bajado, todos esperaban pacientes por el rescate de Harry y aún mantenían las esperanzas de que Draco volviera con él. El más ansioso de todos era Lucius pese a que nadie le había explicado que tal vez, su hijo se había marchado de nuevo.
A las siete de la mañana los aurores comenzaron a emplear magia para acelerar el proceso, habían recomendado a los familiares y amigos que se marcharan a descansar pero estos se habían negado rotundamente. Remus y Sirius llegaron casi de inmediato, tras un mensaje vía patronus de Hermione. Los Weasley llegaron momentos después, traídos por Goyle y con ellos Molly con una cacerola llena de estofado para el desayuno y algunos biscochos recién horneados. Neville y Luna llegaron poco después junto a Seamus y Dean quienes trajeron una casa de campaña encantada para quien quisiera dormir por un par de horas y la cual montaron en los preciosos jardines. Gryffindors y Slyhterins se sentaron en círculo, esperando noticias, comiendo y bebiendo un poco y con los nervios a flor de piel. A medio día la labor de rescate terminó y no había señal ni de Harry, ni de Draco, era como si nunca hubieran estado ahí y aquello desató la desesperación de todos los presentes.
—Supongo que era lógico —Dijo Hermione con lágrimas en los ojos —Harry no podía vivir sin Draco y decidió irse con él. Deberíamos estar felices por ellos ¿No? —Dijo cuándo notó que los leones comenzaron a soltar lágrimas. —Vamos a extrañarlos pero están juntos y seguramente felices. —A los unos asintieron, otros sorbieron por la nariz y los Slytherin elevaron sus varitas, conjurando un lumos que se vio opacado por el sol de primavera.
La noticia de la desaparición de Harry Potter y Draco Malfoy no tardó en circular por toda Inglaterra y Europa, nadie entendía nada de lo que había sucedido, nadie se explicaba cómo había sido que Malfoy tras casi cuatro años de desaparecido había vuelto solo para llevarse a Potter. No le tenían rencor, todos recordaban al rubio como una pieza clave para la caída de Voldemort, pero el mundo mágico estaba ansioso por saber la verdad. Y tal vez los amigos y familiares de Potter y Malfoy hubieran callado toda la vida, si no hubiese sido por la presión del ministerio y al final toda la verdad salió a la luz; Draco Malfoy había intervenido con ayuda de un giratiempo para evitar la muerte de Harry Potter a manos de Voldemort durante la guerra y había tenido que pagar por su intervención con su propia existencia, había regresado, aunque nadie sabía a ciencia cierta cómo o por qué y al final había tenido un año entero para lograr que todos lo recordaran y había fallado, teniendo que volver.
La trágica historia de amor entre los dos héroes más grandes que había tenido el mundo mágico, después de Dumbledore, pronto se escuchó en cada rincón del mundo, conmoviendo corazones y durante los siguientes meses se escribieron libros enteros sobre ellos y el final que habían tenido, como dos amantes que dieron todo el uno por otro. Draco Malfoy y Harry Potter había pasado a la historia no solo por sus habilidades mágicas, si no por demostrar que al final, lo más importante es la grandeza del corazón y la pureza del alma.
Nadie les había olvidado, tal vez había sido aquella la razón por la que todo fue mucho más difícil y doloroso y sin embargo la vida continuaba. Hermione y Pansy decidieron que para levantar un poco el ánimo se casarían lo más pronto posible y fijaron la fecha de la boda para el inicio del otoño y aquello dio bastante resultado, sus amigos y familiares parecían bastante entusiasmados y ocupados ayudando a la pareja a finalmente unir sus vidas. Narcissa muy amablemente había ofrecido el jardín de Malfoy Manor, cuya reconstrucción estaba casi terminada y la cual aseguraba, estaría lista para antes de la boda. Los jardines de la propiedad principal de los Malfoy se llenaba de colores rojizos, ocre y cobre durante el otoño, justo lo que Parkinson siempre había querido para el día de su boda, sonrió internamente al recordarlo, le hacía gracia pensar en que, en algún momento de su vida aquella boda la soñó junto a Draco.
La boda por supuesto no iba a ser nada sencilla, a Pansy le gustaba la extravagancia y lo costoso, y Hermione, aunque no estaba muy de acuerdo, no le impidió nada, era su día especial y quería que fuera perfecto para ambas. El evento se llevaría a cabo durante la noche, habían decidido colgar un montón de lucecitas doradas por todo el jardín (Pansy había querido usar Hadas, pero Hermione, quién lo consideraba maltrato hacia las creaturas mágicas propuso usar un encantamiento), todo sería al aire libre y únicamente los cubriría una cúpula mágica que los protegería del clima.
Los padrinos, por supuesto, serían Ron y Blaise, quienes, a pesar de no haber retomado su romance habían dejado las peleas y hasta habían comenzado a llevarse mejor. Las encargadas de las flores serían Ginny y Luna, quienes habían terminado y habían comenzado a salir con otras personas, pero que seguían siendo las mejores amigas. El encargado del pastel sería Gregory junto a las hermanas Greengrass. Las encargadas del banquete por supuesto serían las señoras Granger y Parkinson, quienes serían auxiliadas por Narcissa y Molly.
Para el final del verano, ya todo estaba completamente listo, las quinientas invitaciones habían sido entregadas y las preparaciones estaban listas, todos se habían encargado de que todo fuera perfecto, no había margen de error y las novias no podían estar más felices por ello. Lo último por arreglar había sido el detalle de los vestidos; Hermione había decidido usar una bastante sencillo al estilo muggle, mientras que Pansy había decidido usar una túnica nupcial bastante extravagante pero que no opacaba para nada a Hermione. Ambas se complementaban de una manera tal que ninguna era más hermosa que otra, lucían bellísimas porque estaban juntas y aquello era lo único que importaba.
El día de la boda Pansy despertó en casa de sus padres, su despedida de soltera se había limitado a una pequeña reunión en la mansión Parkinson con todos sus amigos del colegio y el trabajo, mientras charlaban y bebían café, se lo había pasado bastante bien recordando sobre su época de colegio y charlando sobre la actualidad en el mundo mágico. No habían habido excesos ni nada de esas cosas, solamente amigos que le deseaban lo mejor y que parecían tan entusiasmados y felices como ella. No se habían quedado hasta tarde, todos habían estado de acuerdo en que la novia debía estar totalmente fresca para el gran día y se habían marchado a media noche.
Se levantó y se dirigió de manera inmediata hasta el cuarto de baño, donde se dio un baño con tónicos y perfumes que Severus le había dado la noche anterior, alegando que los había hecho por accidente y que no se le ocurría mejor persona para usarlos. Olían deliciosamente a flores y a mar. Cuando terminó con su baño de relajación se dirigió de nuevo a su habitación, ahí esperando, ya se encontraba su madre junto a Daphne y Astoria Greengrass quienes habían sido sus únicas amigas durante el colegio. Pasaron la mañana repasando los horarios de la fiesta; a qué hora servirían la cena, la hora del baile, la ceremonia y todas esas cosas. Inmediatamente después, llevaron a cabo los rituales prematrimoniales que tenían los sangrepura como costumbre y aquello les llevó hasta la hora del almuerzo y un poco más.
Finalmente un par de horas antes de que la ceremonia tuviera lugar, el par de magos que habían contratado para el arreglo personal de la novia llegaron y comenzaron con su labor. Pansy estuvo lista justo a tiempo, luciendo espectacular e imponente, como la sangrepura y Slytherin que era. Antes de salir se colocó en la mano izquierda el brazalete que Draco le había regalado hacía mucho tiempo atrás, le dio un beso y susurró un "Gracias".
Se preguntó si donde quiera que estuviera, Draco Malfoy se encontraba bien y feliz, aquella pregunta le asaltaba casi todos los días y lamentaba casi cada una de esas veces no obtener una respuesta certera. Sabía que con Harry a su lado, Draco estaba a salvo y probablemente estarían juntos, siendo felices o peleando por alguna tontería sin sentido. Draco y Harry siempre habían sido de aquella manera, se amaban profundamente pese a ser las personas más distintas del universo, lo que causaba que pelearan por cosas tontas y al final siempre se reconciliaran y siguieran como si aquello no hubiese pasado y era tan natural que Pansy sabía que, de no haber conocido a Hermione, no hubiese existido pareja más perfecta que esos dos. Le parecía maravilloso como el paso del tiempo los había cambiado, antes de Harry, Draco era una serpiente insufrible y antes de Draco, Potter era un león valeroso, con el tiempo habían adoptado modos del otro, habían dejado sus personalidades radicales y se habían mezclado mutuamente para llegar a un punto intermedio donde eran los dos juntos y no solo Draco o Harry. Pansy había escuchado de la boca de Draco aquella visión del futuro, donde se veía a si mismo con Astoria y a Potter con la Weasley y sin embargo no podía concebir aquel futuro, para ella no había mejor persona para Draco que Harry para pasar el resto de su existencia. Harry lo aterrizaba, lo ponía en su lugar y hasta cierto punto, le quitaba la arrogancia, lo hacía un poco más impulsivo y sentimental, sí, pero precisamente era por aquello que no había persona más perfecta para el príncipe de las serpientes que Harry James Potter, el que alguna vez había sido el príncipe de Gryffindor.
Aquel pensamiento le hizo sonreír al tiempo que la música de su entrada comenzó. El pasillo que la llevaría al altar era muy ancho, lo suficiente para que ella y Hermione entraran del brazo de sus respectivas padres. Pansy respiró hondo, su papá ya se encontraba a su lado, sonriendo amablemente y con orgullo, lo tomó del brazo y salió. Sabía que Hermione estaba caminando justo a un lado de su papá, pero no podía voltear a mirarla, no aún. Enfocó su mirada al final del recorrido, donde Blaise y Ron ya esperaban con las sortijas de unión en las manos, firmes y solemnes como solados. A mitad del recorrido se detuvieron y giraron para quedar justo al frente de su futura esposa y su suegro, quién había soltado unas cuantas lágrimas de emoción.
Cuando los verdes ojos de Pansy se enfocaron en los avellana de Hermione, ambas sonrieron y se ruborizaron. Sin perder más tiempo, se tomaron de la mano y continuaron con su camino hasta donde el mago encargado de llevar a cabo la unión las esperaba. Ambas sujetaban sus manos con firmeza y sonreían deslumbrando a todos los invitados, ellas brillaban más que las lucecitas doradas que adornaban el jardín. Pansy hubiera querido mirar a los invitados, saber sus reacciones, pero sus ojos solo estaban disponibles para Hermione Granger que tampoco había dejado de mirarla y sonreír como si la vida se le fuese en ello.
Finalmente, al final del recorrido dejaron de mirarse, colocaron sus ramos de flores frente a sus pechos y se dispusieron a esperar la ceremonia, por fin, después de años, unirían sus vidas para siempre. La ceremonia fue breve y hermosa, el mago encargado de la unión decidió no darle tantas vueltas al asunto, tal vez por la expresión impaciente de Parkinson que había hecho reír a Hermione más de una vez.
—Y para concluir con el enlace —Dijo el mago finalmente —Padrinos, entreguen las argollas, por favor.
Blaise y Ron sonrieron orgullosos y finalmente caminaron hasta las festejadas quiénes sonrieron ampliamente, sus dos mejores amigos extendieron las cajitas de terciopelo negro y las abrieron, pero dentro no había nada. El pánico en los ojos de Ron y el desconcierto de Blaise confirmaron lo que Pansy y Hermione sospechaban, habían perdido los anillos encantados especiales para la ceremonia y sin ellos, el evento no podría concluir.
—¿Mis anillos, Zabini, dónde están los anillos? —Pansy se había esforzado en no hablar en voz demasiado alta, ni perder la compostura, era su gran día.
—Yo... no lo tengo... —Dijo con bastante atribulado. —Estaba en la caja cuando... Merlín...
Para esas alturas del evento, los invitados ya habían comenzado a murmurar, nadie se explicaba lo que estaba sucediendo.
—Por favor, por favor Ron... —Suplicaba Hermione, más que enojada algo desesperada. —Dijiste que lo tenías, me juraste que lo cuidarías.
—Lo siento Hermione, de verdad que sí —Le decía con el entrecejo fruncido en una mueca de atribulación. Después de un momento Ronald agregó. —¡Ya sé quién podría tenerlos! —Exclamó como si la mejor idea de su vida estuviese teniendo lugar. Las chicas lo miraron, confundidas.
—¡Es verdad, Ronald! —Contribuyó Blaise. —¿Cómo hemos podido olvidarlo?
—Déjate de tonterías Blaise Zabini o te voy a maldecir hasta que quedes en coma por años —Amenazó Parkinson.
—Amor, tranquila, no te estreses, seguro que éstos dos tienen una muy buena razón para estar actuando como idiotas —Los miró con reproche. —¿Y bien?
—Bueno, tal vez, olvidamos decirles que... —Se interrumpió Ron y miró por el pasillo por el que las novias habían entrado, señalando de manera aliviada. — ¡Oh! ¡Gracias a Merlín, Harry, ella iba a matarme!
Todos miraron en aquella dirección, no creyendo lo que estaban escuchando. Caminando por la alfombra efectivamente estaba Harry, Harry Potter y no venía solo, llegaba del brazo con Draco Malfoy quién sonreía con suficiencia. Ambos chicos llegaron hasta el altar, vestían túnicas de gala y estaban bien arreglados. Hermione fue la primera en reaccionar, soltó el ramo de flores y abrazó a su mejor amigo con tanta fuerza que todos pudieron escuchar sus huesos tronar.
—Oh... Harry, Harry... —Decía entre lágrimas de felicidad.
—Lo siento Mione... No era mi intención llegar tarde con el anillo —Aclaró, como si se hubiesen visto solo un par de días atrás y no casi medio año. El moreno le guiñó un ojo, aclarando que después hablarían de ello, pero que por el momento, habían cosas más importantes.
Pansy se había quedado estática, Draco estaba de pie frente a ella, con los brazos cruzados y un gesto divertido en el rostro. Ambos se miraban, como comunicándose en silencio. Parkinson no dijo nada, simplemente se limitó a aceptar el beso que Draco colocó en su mano, de manera educada y finalmente se colocó en su posición en el altar. El rubio y el moreno caminaron hasta colocarse a un lado de Ron y Blaise, quienes sonreían satisfactoriamente, les entregaron los anillos a los padrinos y dejaron que la ceremonia concluyera con un hermoso juego de luces doradas y plateadas que invadieron todo el jardín. Inmediatamente, Fred y George soltaron un montón de mariposas blancas que revolotearon con gracilidad y finalmente, todos los magos levantaron sus varitas al cielo, trayendo consigo un montón de estrellas fugases que alumbraron aún más el cielo.
En la velada nadie preguntó cómo es que aquello había sucedido, como era que Draco y Harry habían llegado justo en el momento preciso, pero aquello no importaba demasiado, lo importante era que estaban ahí y que todos eran felices.
