Capítulo 19: Mente Sucia Parte I


Aviso: Leve Smut +18 uwu les recomiendo que escuchen la canción con la que me inspiré, si quieren, claro. También leerán párrafos poéticos.


—Viktor —susurró Yuuri con los ojos vendados a la vez que nervioso por lo que iba a decir—. Por favor, enséñame solo un poco de lo que sabes.

Solo bastó esas cortas palabras para encender el interior del ruso en donde solo Yuuri era capaz de entrar y avivar el fuego de su alma.

—Yuuri —llamó el amo al hermoso cachorro, quien atendió con una dulce sonrisa—, enseñarte algo de ese placer o hacerlo por completo puede que duela. Duele enseñar partes de una vida olvidada, pero haré que seas feliz incluso si no soy un buen maestro.

—Confío en ti, mi amor, no tengo miedo a esas partes que has querido olvidar y que te duelen, solo déjame ayudarte con algunos de tus pecados culposos —en ese instante Yuuri dejó ir el miedo de su interior, y más cuando el ruso agarró con suavidad su barbilla entre su cálida mano—. Confío en que esto no siempre será doloroso para ambos.

No siempre dolería traer recuerdos de viejos hábitos de seducción, pero tampoco era tan bueno si no le añadiese al menos una chispa de amor al verdadero placer, por eso Viktor cambiaría una parte del mundo de Yuuri.

Dicho placer se notaba en los labios sonrientes de su bello japonés.

Viktor, al notar más de una sonrisa y que Yuuri se fue abriendo más con él, supo que ya estaban entrando en confianza y decidió que le enseñará a Yuuri el placer y el amor de «un rey» en todos los sentidos que él conozca.

El «Placer» es lo que Yuuri deseaba conocer en ese curioso y lindo escenario pintado frente a su ser.

Y «Amor», es lo que Viktor necesitaba añadir al placer para hacer de ese encuentro perfecto y mágico.

El «Placer y Amor» juntos eran el equilibrio perfecto de una partícula explotando y esparciendo millones de sentimientos abrazados de luz y esperanza, haciendo que todas sus fuerzas al momento de estar juntos sean reducidas a su cero infinito.

Imaginando ese infinito Yuuri no se había percatado que al tener los ojos vendados Viktor ya se había desnudado frente a él, pero al sentir el calor de ese cuerpo Yuuri fue acomodándose en medio de la cama guiado por Viktor.

El platinado empezó por lo más sencillo, acercando sus manos a Yuuri. Viktor regaló sus primeras caricias mordaces y juguetonas por debajo de la camisa del japonés provocando un sinfín de ardientes emociones ardientes en su entorno.

—Amo la forma de tus manos quemando mi piel con cada caricia, cielo —murmuró el japonés, dejándose quitar la camisa sin protestar.

Viktor jugaba a acariciar un poco más ese cuerpo en medio de ese silencioso escenario ante sus ojos, en donde apenas podía luchar contra los leves suspiros provenientes de los labios de Yuuri, aquellos labios hermosos que lo estaban volviendo loco.

—Y yo amo el calor de tu piel cuando la toco, mi Yuuri —aseguró Viktor eliminando la molesta camisa de Yuuri por completo para acto seguido besar con suavidad su delgado cuello.

Y comenzando por ese lugar, el resto del cuerpo caliente de Yuuri estaba en el punto perfecto, en donde esos dedos atrevidos de Viktor tocándole lo hicieron estallar aún más de deseo, dejándose explorar y amar por aquellas robustas manos del ruso.

—Amo la forma en que me besas y me tocas Vitya, tus manos son la mejor fogata que una noche fría puede tener en un largo invierno —aseguró Yuuri agitado, siendo desvalijado por completo de sus jeans cuyos botones ya tenía sin abrochar y no detenían al ruso de querer tocar más allá de la realidad.

Más y más querían ellos como sus bocas llenas de versos y amor al recitar mientras se conocían.

—No sabes cuánto amo oír tu corazón latiendo acelerado cuando respiras mi Yuuri, eres mi boleto para hacerme volar al cielo contigo y no pedir regresar jamás.

Así que Viktor ya no pudo más, solo tiró a Yuuri en medio de la cama y le arrancó el pantalón sin titubear, dejando que sus ganas de sentir esa suave piel y explorar todo su cuerpo hablasen durante esas horas de placer.

—Oh, mi Vitya, como amo tu seductora locura de amarme de forma tan apasionada y voraz como un león —y así siguió otro verso de amor para Viktor, quien no tardó en responder de forma perspicaz.

—Y yo amo tus bonitos ojos cuando me miran y entran a mi alma, alumbrando mi oscuridad porque ellos serenan mis demonios del más allá.

Oscuridad que Yuuri quería abrazar para espantar dichos demonios de su vida, pero antes el japonés debía avanzar con algo un poco más indecoroso de tan solo imaginarlo.

—Vitya, yo también amo esas nalgas grandes de acero que tienes cuando se aprietan, aquellas que algún día con su fuerza de presión destructora hundiéndose en mí, me dejarán sin caminar.

Yuuri apretó las mismas para asegurarse de que así fuese, marcando ese duro durazno con las uñas y haciendo a Viktor suspirar de ternura.

—Amo la forma que tiene tu corazón dentro cuando sacas ese lado de ti, y amo más oír que te agradan mis nalgas de Dios griego.

Viktor besó el pecho de Yuuri cerca de su corazón para dejar claro lo primero que dijo, porque Yuuri era lo más dulce que le había pasado ese año.

—Amo tu alma reflejada en ese azul de tus ojos, son como un ave entrando en mi casa y haciendo su nido, aquel nido de amor que cuidaré siempre —y así Yuuri se terminó de meter dentro del corazón de Vitya, porque como ese hombre no había nadie más en su mundo.

Entonces siguieron los besos voraces y hambrientos, llenos de un calor y de una pasión desbordante hasta el punto de sentir el escalofrío de ese deseo en sus huesos, sabiendo que ese no sería más que el comienzo de la plenitud de su relación.

Viktor iba lento, saboreando con profundidad cada rincón de los labios de Yuuri, dejando pequeñas mordidas dulces, y Yuuri también devoraba los labios del ruso para no dejar pasar ningún detalle y sonido emitidos en medio de sus respiraciones agitadas.

Ese sonido de sus respiraciones en conjunto era el punto en donde sus almas convergieron, creando la nota perfecta cuando sus leguas chocaban y cantaban una melodía con dulces mordidas y chupetones, haciendo un espectáculo en el cual Viktor le enseñaba a Yuuri las huellas de su camino recorrido, y Yuuri seguía las mismas soltando su cuerpo por completo y sin miedo al ruso.

Uh~ huh —jadeó el japonés de manera sensual al oído del ruso, quien sostenía a Yuuri con fuerza tras oírlo, casi sin dejarlo respirar.

—Yuuri, te voy a quitar el bóxer.

—Hazlo, sé que solo dejáramos nuestros cuerpos celebrar en medio de estas luces, abrazados por esta noche fugaz.

—Mi dulce ángel —Viktor lo despojó de todo, estudiando cada parte de ese hermoso cuerpo por completo, llegando a la conclusión de que Yuuri era precioso de pies a cabeza sin importar—. Eres un ser celestial que cayó en mis manos, en manos de este rey de la discordia y erotismo inusual, loco y muy necesitado de tu amor.

Y allí estaba Yuuri, suspirando a punto de crear versos de amor en tan solo un par de palabras

—Oh ~ Vitya, solo ven y arrebátame del cielo como si fuese la joya más hermosa y brillante del universo que ambicionas —pidió Yuuri con cara de súplica y una leve sonrisa seductora en sus labios.

Y así la noche había caído rauda y muy oscura, tan oscura como la venda puesta sobre los ojos de Yuuri, quien luego de ese ardiente inicio yacía sin ropa en medio de la cama tiritando de pies a cabeza, dejando que su vientre arda en un calor placentero, producto del éxtasis indecoroso de las ágiles manos de Viktor tocando una sensible zona de su bajo vientre.

Allí en esa cama las luces del velo sobre la misma serían testigos de roces dulces y eróticos como la porcelana de esos dos cuerpos desnudos, devorando sus propios pecados, sobre todo Yuuri.

—Yuuri, en este momento necesito que relajes tu cuerpo —dejándose llevar, Yuuri soltó varias respiraciones profundas, estaba empezando a ponerse ansioso—, así que bebé, ahora extiende las palmas de tus manos y dime la parte de mi cuerpo que quieres tocar.

Yuuri estaba nervioso, dado que era la primera vez que mostraba su cuerpo ante tanta iluminación y se sentía tan caliente por lo que ese hombre le hacía sentir.

—Tal vez a Yuuri le guste el contorno de mi vientre —Yuuri captó la atención del ruso al sonrojarse, y el platinado solo guió esas manos a sus duras y firmes entrañas—. Aquí mejor.

Viktor siguió subiendo las manos de Yuuri llegando a sus bíceps, luego hasta su cuello, dejando que Yuuri lo tocara por completo.

Yuuri palpó con las yemas de sus dedos aquellas peligrosas zonas que nunca antes había tocado con la maestría de sus manos haciendo masajes.

No podía elegir cuál le gustaba más, sencillamente porque le gustaba absolutamente todo de él.

—Vitya —el ruso lo escuchó y se acercó a su lóbulo depositando un beso tenue justo detrás de su oreja, adorando cada sonido de la respiración de Yuuri—. Me pones nervioso.

Yuuri empezaba a tener miedo de arruinar todo lo que avanzaron, pero al menos se quedaría con la satisfacción de que le mostró a Viktor que también tenía ese lado sucio de aceptación culposa en su mente.

—Y tú también me pones algo nervioso, pero tranquilo que lo estás haciendo bien —Yuuri se estremeció y dejó que Viktor deslizara sus manos un poco más abajo de la cintura—. ¿Te gusta que toque así, Yuuri? ¿Quieres tocarme aquí abajo también?

—Sí, se siente muy bien que me toques así Vitya, y sí, muéstrame a seducir lo que tienes allí entre las piernas.

Yuuri tragó a duras penas cuando dio luz verde a esa última petición del ruso, mientras Viktor susurraba a su oído «Yuuri me encanta», dejando al japonés viendo en las estrellas del cielo a Viktor como un destello seductor.

Aquellas que con su brillo fueron abrazándolo desde su espalda, por donde Viktor pasó sus manos hasta llegar a los brazos de Yuuri y acariciarlo con sus dedos.

—Yuuri es tan suave y lindo que no quiero dejar de depositar todo mi cariño y mis besos en él.

Viktor exhaló su aliento en el dulce cuello de Yuuri agarrando sus pequeñas manos y guiándolas hasta su blando miembro, el cual estaba dormido aún, pero que cierto japonés estaba logrando despertar con su explosiva inocencia y timidez.

Yuuri dejó escapar un suspiro sostenido al instante de palpar aquel grueso animal que parecía tan dócil y obediente, aquel que hizo que su corazón se aceleraba.

—Por Zeus —A Yuuri le temblaron hasta las piernas como cordero asustado y excitado a la vez—, que buen tamaño tiene estando así.

—Y no te imaginas el placer que te daría cada vez que se levante animado —aseguró Viktor.

Así es como el sentido de «auto-contención» de Yuuri se fue a la mierda, y aunque Yuuri no estaba listo para tener sexo, él sí estaba listo para otras cosas más divertidas.

—Vitya...

—Yuuri, te daré una orden y solo quiero que la acates, solo confía en mí.

Sugirió Viktor para ver si Yuuri seguía su juego de obediencia, puesto que estaba tratando de que el japonés fuera sintiéndose cómodo y que se abriera más.

«Te voy a quitar ese miedo y nerviosismo con mis trucos sucios, cerdito lindo», pensó el ruso sin rodeo alguno, dibujando una sonrisa.

—E-está bien, yo acataré ese deseo de tu mente pervertida —dejo salir Yuuri sin escatimar en lo que seguía.

—Yuuri: Antes debo preguntar algo, ¿nunca has usado juguetes especiales? ¿Has usado dilatadores?

Yuuri sudó frío y hubo un silencio largo. Sí sabía de ciertos métodos poco convencionales y los había visto, pero sin éxito alguno nunca compró un dilatador, porque era demasiado cobarde para hacer el mismo esas cosas.

—Nunca me atreví a comprar ningún...

—Dilatador —terminó de completar el ruso de forma divertida, porque le gustaba ver como Yuuri se ponía nervioso, era parte de jugar con sus emociones—. Tranquilo, quedamos en que no llegaremos a ese nivel todavía, solo necesitaba saber.

Yuuri suspiro aliviado, pero ahora no estaría muy tranquilo.

—Viktor...

El ruso soltó a Yuuri y lo dejó caer de nuevo en medio de la cama, y lo haría cada vez que Yuuri se sintiera inseguro.

—Yuuri, te ordeno ponerte de espalda y empinar tus nalgas hacia el cielo, deseo verte bien, ábrete hacia mí, dulzura.

Una electricidad se apoderó del cuerpo de Yuuri haciendo que su respiración se contuviera por inercia, ya no sabía si era una mezcla de miedo, adrenalina y nervios, solo estaba convencido que al oír la sensual voz de Viktor debía obedecer.

Viktor aprovechó y se deleitó al ver a Yuuri acomodarse de manera inexperta sobre la cama.

«Ese duraznito va a sufrir mucho si no lo dilataba antes de que llegue el día de devorarlo» y el ruso estaba excitado de solo pensarlo, tanto que iba a darle de probar un poquito de su amor metido entre esas nalgas.


La canción es King of shadow - Kat cunning amo esta canción, tiene una letra bonita 🎶 bueno como todas las canciones que comparto.

Matta Ne~