La galería que daba a la habitación de Shion era grande y tranquila, cualquiera juraría que todos dormían en ese momento. El traje chino esmeralda del maestro Dohko se perdía en las sombras nocturnas. Hubiera pasado desapercibido de no ser porque la camisa china la llevaba abierta y, abajo, sólo tenía una camiseta blanca que dejaba muy al descubierto parte del pecho bronceado, que lo hacía resaltar como una luz en la oscuridad.

—¡BUENAS NOCHES, SHION! —gritó con todos sus pulmones luego de haber abierto las enormes puertas de roble de la habitación de Shion de una buena patada.

El nombrado dio un respingo fatal, detrás de un enorme escritorio de ébano, repleto de papeles, la silla dio un golpeteo gracioso al estrellar de nuevo sus patas contra el piso.

—¡Hijo de... ! ¡Estás Demente!

—No te aguantes las ganas, Shion —siguió Dohko mientras cerraba las puertas a sus espaldas con el pie. —Suéltalo desde el diafragma: ¡HIJO DE PUTA!

—¡¿Qué haces aquí a esta hora, por todos los dioses?!

Por respuesta, Dohko arrimó una de las sillas del mismo ébano negro, y se sentó justo enfrente de Shion.

—Eso bien podría preguntártelo a ti, embustero. Me imaginé que seguirías despierto en tu habitación cuando vi que habías mandado a Luna*, Aioros y Saga a dormir, y ellos te habían obedecido.

Shion se rascó la cabeza. A veces, que Dohko lo conociera tanto, era una desventaja.

—Tuve que hacerlo, ninguno de los tres se separa de mí. Mientras siguiera investigando en los archivos del Santuario no me iban a dejar. Necesitan descanso, así que les dije que fuéramos todos a dormir unas horas, y cuando ya no me vieron, volví por los archivos pendientes y los traje aquí.

—¿Y por lo menos valió la pena la mentira? —le dijo mientras señalaba toda la pila de documentos sobre y, al lado, del escritorio.

—No mucho —tuvo que aceptar Shion con desgano. —Hemos ido muy atrás en los archivos, y aún parece no ser suficiente.

Dohko observó las penetrantes ojeras en los ojos de Shion y, sin mayor ceremonia, le colocó el cesto de mimbre en el escritorio. Shion tuvo que usar su telequinesis para quitar muchos documentos antiguos que Dohko hubiera maltratado sin importarle nada.

—Fui a ver a mis niños a Lu Shan hace unos días, Shunrey me dio mucha comida. Te traje algo para que comas, porque de seguro no pensaste en eso cuando saliste a hurtadillas por los documentos.

Abrió la cesta de mimbre y un vapor agradable salió: el contenido estaba caliente y listo para servir. Había incluso una olla de barro, tapada. que contenía té, y otra con vino.

—Gracias, amigo, pero debo seguir trabajando.

—Para eso vine. Siéntate a comer un rato. Dime por dónde te ayudo y te remplazo mientras terminas.

El Patriarca se le quedó mirando, iba a decirle que no era necesario, pero el Tigre de Oriente ladeó su rostro con expresión retadora. Shion conocía esa expresión, si se seguía negando, Dohko era muy capaz de obligarlo a comer, así que decidió ceder.

—Está bien —respondió mientras tomaba la cesta de mimbre y le daba a Dohko el documento que estaba leyendo. —Puedes continuar desde este fascículo.

El Libriano tomó el documento y se acomodó bien en el escritorio para leer adecuadamente la información. Shion tomó las cosas y fue a sentarse a su cama, a unos pasos, mientras ponía el cesto de mimbre en el piso y sacaba los bultitos amorosamente envueltos en paños de tela bordada.

—¿Hay algo que estés buscando específicamente?

—Cualquier cosa que hable de un lugar llamado Sheol —comentó el tibetano mientras se retiraba la pesada túnica negra que indicaba su grado patriarcal, para quedar sólo en pantalones. Sus sandalias eran de piel con detalles en oro.

—¿Qué es Sheol?

—La información que hemos encontrado, aunque poca, señala la ubicación del ejército de Deimos y Phobos en el Sheol. Las indicaciones mas geográficas dicen que es un valle, las mas poéticas indican al Sheol como un lugar relacionado a las religiones cristianas.

—Sheol no se escucha como un término cristiano común.

—Porque no es latino, parece ser que viene de algunas raíces hebreas.

—No me gusta cuando los datos mitológicos se mezclan con doctrinas tardías. Hace más difícil rastrearlos —comentó Dohko mientras le indicaba a su amigo que le alcanzara uno de los dumpling que estaba comiendo.

El hombre de cabello esmeraldino se lo arrojó con precisión y el otro lo atrapó sin lío.

—Es una lata, pero es todo lo que tenemos. Deimos y Phobos son considerados daimones, nunca recibieron un culto especifico, ni tuvieron misterios relacionados, festivales, nada que los asocie a ninguna parte en específico en el mundo real, su culto está completamente anexo al de Ares; su padre.

—Eso lo complica más— Dohko entendía eso muy bien, posterior a la guerra que tuvo el Santuario con Eris, paralela a la rebelión de Saga, todo lo relacionado con ella y Ares estaba en vigilancia constante o había sido sellado por la mano de la princesa Athena. Los propios Deimos y Phobos fueron vencidos en dicho conflicto, lo que hacía imposible que ellos estuvieran detrás de todo. — Hay otra voluntad detrás.

—La pregunta es: ¿cuál? —sentenció el tibetano luego de dar un sorbo profundo a su copa de vino, que le supo muy agradable, Dohko seguía recordando cuál era su vino favorito.

El Patriarca ya no dijo mas en ese momento, y se dedicó a satisfacer el apetito mientras observaba a Dohko trabajando. Para su sorpresa, el Tigre de Oriente tenía una capacidad enorme para leer y analizar información a gran velocidad. Leía legajos de documentos como si fueran instrucciones de martillo, y mientras leía, escribía con la otra mano los datos que consideraba interesantes o relevantes, y en qué documento y sección los había leído. ¡Ni siquiera necesitaba ver la página para escribir derecho!

—Nunca pensé que te volverías tan ordenado y eficiente con la documentación —comentó con dejo hilarante. —No había notado que ya eras ambidiestro.

—¡Cállate, borrego majadero! —respondió el chino con una sonrisa, al final entendía por qué Shion se lo decía, cuando tenían la edad que aparentaban, siempre debía pedirle ayuda a Shion con la maldita burocracia que, a veces, requería el servicio del Santuario. —Bueno, te imaginarás que en Lu Shan, durante dos siglos, uno puede llegar a aburrirse mucho. Así que leía mucho, con el tiempo comencé a hacer mis propios escritos sobre algunos temas, y también comencé a traducir documentos del tibetano o del sanscrito al chino y viceversa, por eso se ha vuelto tan sencillo para mi.

Shion lo miraba con la boca abierta, impresionado.

—¿Y en 4 años nunca pudiste decirme? ¿Dónde tienes tus escritos?

—En casa, ¿dónde mas?

—¿Por qué nunca los has traído?

—No vi necesidad, son cosas que hice para distraerme, aunque de muchas me siento muy satisfecho, no sé si tienen relevancia para estar en los archivos del Santuario.

—Tráelos, me intriga saber qué hiciste.

—Eres un borrego metiche. Los traeré luego, cuando solucionemos esto.

Aquella última frase los puso serios a ambos. Un enfrentamiento que implicaba a los dioses siempre era un peligro de grado letal, y aún si conseguían la victoria, eso no significaba que la orden saldría indemne. Ellos lo sabían mejor que nadie.

—No pongas esa cara, Shion. Me aterra verte con mirada de cordero degollado —musitó Dohko.

—Lo entiendes, ¿verdad? Que yo no voy a permitir que masacren a nuestros muchachos —murmuró con determinación casi furiosa.

—Lo entiendo, porque yo tampoco lo haré —le respondió con igual determinación —¿Sabes? Me preguntaba por qué no habías nombrado a Aioros Patriarca en estos 4 años, pero viéndote con esta cara creo entenderlo.

Shion desvió un poco el rostro, como si aquello hubiese sido un acto vergonzoso.

—Sé que debí hacerlo, pero no pude. Nada me cuesta ser el Patriarca un poco mas, a cambio de que Aioros recupere algo de todo lo que dio. Y ahora, con esto, nombrarlo Patriarca sería como lavarme las manos del problema y dejarlo solo.

—Tú nunca te lavarías las manos, aún sin ser el Patriarca, Shion. Además, ibas a hacerlo cuando Athena descendiera al mundo, lo cual siempre es vaticino de líos.

—En ese entonces, pese a mi manejo de cosmos, mi cuerpo ya estaba envejecido y mi fuerza ya no era la misma. El Patriarca debe ser el mas poderoso de todos los Caballeros. Era necesario en ese momento. Pero ahora, renacimos gracias a nuestra Diosa, con los cuerpos que teníamos justo antes de morir, tenemos la sabiduría de siglos y la fuerza de jóvenes. Puedo ser el Patriarca un poco mas, no voy a entregarle a Aioros un Santuario en ruinas, con las casas vacías y el cementerio lleno… como el que nosotros recibimos.

El Tigre de Oriente contempló el semblante de su amigo, cansado pero ennoblecido, y decidió que ya estaba bien de que los dos estuvieran solos.

—Lo haremos. Le dejaremos a nuestros muchachos un mejor Santuario, y luego de eso nos retiraremos. Nos iremos juntos a nuestras montañas, tomaremos té de mantequilla en los acantilados donde se confunden cielo y tierra, sentados, mientras hablamos de las ocurrencias de nuestros pupilos y mis nietos.

El Patriarca iba a sonreír ante aquella fantasía tan bella, pero cuando estaba a punto de decir algo sobre aquella bella ingenuidad, se detuvo a pensar en la última palabra, y lo miró atónito.

—¿Nietos?

La sonrisa de Dohko se ensanchó hasta sus orejas.

—Acabo de saberlo cuando fui recién: Shunrey está esperando un hijo.

La sonrisa de Shion acompañó a la de Dohko. Cuando menos se dio cuenta, ya estaba de pie, mientras tiraba del Tigre para levantarlo y abrazarlo, llenándolo de felicitaciones. Ambos sabían lo mucho que significaba aquella noticia. Y no porque no amaran a Shoryu, el pequeño niño al que habían adoptado Shunrey y Shiryu, cuando ella lo había encontrado siendo un bebé, abandonado en las montañas, y que ya tenía cumplidos ocho años. Más bien porque aquello significaba el final del distanciamiento emocional que el Dragón había colocado entre él y la muchacha, posterior a recuperar la memoria.

En aquellos años sin memoria, Shiryu había formalizado su relación, habían decidido esperar a tener la mayoría de edad para casarse, y no darle un hermanito pronto a Shoryu para poder dedicarle atención y recursos más adecuados. De esa manera habían formado un precioso hogar. Pero poco tiempo luego de casarse, cuando consideraban que era momento de llamar a la cigüeña, la memoria del Dragón había vuelto a él, y se molestó con Shunrey porque ella sí sabía quién había sido en el pasado. Lo sabía y había callado para que pudieran estar juntos.

Si bien Shiryu nunca dejó de tratarla con el respeto y el amor que siempre le había tenido, y que siempre le tendría, aquella grieta en su confianza costó en sanar, aún a través de la paciencia, la comprensión, y una mano de la sabiduría de Dohko.

—¡Me alegra que al fin hayan resuelto todo!

—A mi también, estaba a nada de poner a Shiryu en mis piernas y darle de azotes.

Shion acercó la silla para seguir comiendo y hablar con Dohko mientras terminaba. Luego ambos siguieron recabando información, pero hablando sosegadamente de los planes por venir mientras compartían té y vino: el nombre que estaban considerando para el bebé, dónde construirían la habitación, el diseño de la cuna que Dohko quería hacerle. El Tigre del Oriente estaba entusiasmado porque se había perdido a Shoryu cuando bebé, y no pensaba perderse nada del nuevo miembro de la familia.

El Carnero del Himalaya lo escuchaba encantado, mientras comentaba lo mucho que le gustaría que Mu o Kiki llegaran a tener hijos, y el sol los alcanzó de esa manera. Hubo un momento en que Shion miró por entre los ventanales, llenándose los ojos de los bellos riscos y montañas blancas de Grecia, el clima era fresco y la esencia del aire muy pura. Miró a su amigo mientras escribía, sin este notarlo, y pensó con mucha alegría que, definitivamente, eso de pasar el resto de su ancianidad conversando con su amigo estaría bastante bien. Y se prometió, con todas las fuerzas de su corazón, que lucharía porque aquello se hiciera realidad.

Para él.

Para ambos.

Para todos.

Por Siempre.

N/A:

*El personaje llamado Luna pertenece al juego de la compañía China de videojuegos Tencent: Saint Seiya Awakening. Su nombre completo es Luna de Sextante.