-Chapitre dix-sept-

— Muy bien, Diane. Te propongo algo. — Habló el hada.

— Dime. — Dijo tímidamente Diane, esperando lo que iba a decir a continuación.

— Acompáñame al jardín que está detrás del Árbol Sagrado. Me acaba de surgir una idea y no pienso desperdiciarla. — Y sonrió de una manera que hizo estremecer a Diane con temor ante lo que se avecinaba.

Ambas chicas iban saliendo de la habitación. Elaine iba enfrente tratando de no encontrarse con el rey hada por el camino. Al ver todo despejado, le hizo una señal a Diane para que la siguiera. Y así, caminaron rumbo a lo que sería el primer encuentro entre Harlequin y la princesa.

— O-oye, Elaine…— Llamó Diane en un murmuro, mientras salían de un pasillo que parecía estar adornado en sus paredes de enredaderas con algunas flores de colores.

— ¿Si? Dime.

—¿Es…Es necesario que yo… que yo vaya así vestida?

Elaine se detiene un momento a observarla. Quizás exageró un poco, o tal vez no en la vestimenta de la castaña. Ésta consistía en un vestido largo hasta las pantorrillas, las mangas caían por debajo de los hombros con encaje. También portaba en su cuello una gargantilla café con un pequeño dije en éste, de color rojo. E iba peinada con sus dos coletas marrones. Simplemente perfecto.

A decir verdad le gustaba como lucía. Le había dicho a Diane que se cambiara con ropa más bonita por hoy. Se sonrojó fuertemente cuando vió su imagen en el espejo de cuerpo entero de su alcoba. No quería decirlo en voz alta sin sonar presumida, pero… A la oji morada le encantaba su aspecto.

— Sí, ¿tiene algo de malo? O tal vez debí de escoger un vestido más corto…

—¡No! Nada de eso… Es solo que… La verdad es que si me gusta pero… sólo vamos a ir al jardín, puede que lo ensucie.

— No, no. No lo ensuciarás, tranquila. Además, no te apures ya sabrás porque te pedí que vistieras así. — Simplemente la rubia hada le guiñó un ojo y dio media vuelta antes de que le hicieran más preguntas al respecto. Aún no le quería decir nada sobre lo que tenía en mente. Así que Diane la siguió en silencio, quería hacer más preguntas, sentía curiosidad por lo que se traía en manos su amiga. Pero al ver las evasivas que Elaine le daba, prefirió esperar hasta llegar al jardín.

Al parecer no había hadas por ahí por donde ambas andaban caminando ya más expuestas y esto generó una enorme duda en Diane que no tardó en ser contestada.

— Si te preguntas donde están las demás hadas del reino, se encuentran haciendo sus labores diarios allá abajo. Si quieres puedes darle una miradita.

Diane por mera curiosidad observó lo que habría debajo de aquel enorme árbol y lo vio:

Hadas trabajando de allá para acá. Unas hilando, otras cosiendo o haciendo manualidades. Se veía que existía una enorme armonía en aquel lugar. Uno a uno trabajando en conjunto, sin pleito o peleas absurdas, como en el reino donde ella vivía. Sonrió contenta al ver la tranquilidad y a destreza conque trabajaban juntas aquellas lindas y misteriosas hadas. Lo que más le atraía -aún- eran las hermosas alas de cada una: todas de diferentes colores hasta transparentes, aunque notó una diferencia en todas: sus alas eran más chicas que las de Elaine y Harlequin. Al parecer por ser de éstos como de la "familia real" por decirlo de alguna forma.

Pero las alas más enormes, hermosas y con las cuales ha sentido ganas de tocas con la yema de sus dedos, fueron las de Harlequin. De un azul casi transparente con manchas negras en sus alas. Diane nunca se cansaría de observarlas y poder apreciar su belleza natural.

— Vaya… Trabajan en una perfecta armonía, Elaine. Además el ambiente no se torna para nada en disputas ni nada. Es tan tranquilo.

— Lo sé, es bastante agradable. De lo que sé, a los humanos — habiendo excepciones por supuesto- les gusta pelear o envidiar a sus compañeros de trabajo. Y eso te lo digo porque lo llegué a ver. Pero aquí no, sé que todas las hadas tiene su propia personalidad y también pueden enojarse y lo que tú quieras. Pero si respetan a los otros.

Diane solo se quedó pensando en las palabras de su compañera. Tenía razón los humano eran tan sensibles en ocasiones. Pero bueno, eso ha sido desde tiempo atrás, siempre la envidia ha estado presente.

— Bueno, bueno. Mejor sigamos andando. No le des tantas vueltas al asunto, tampoco estoy generalizando ¿eh? No lo digo con malas intenciones.

— Lo siento, me quedé perdida en mis pensamientos. Mejor, continuemos. — Dijo Diane ya más alegre reanudando el paso. Elaine iba su lado con una pequeña sonrisa compasiva.

Yendo ya para el jardín. Estaban a un solo paso de entrar. Se encontraron con un hombre muy alto y de cabellos albinos, al cual elaine reconoció y voló hasta su lado para darle un fuerte abrazo.

—¡Ban!

—¿Elaine? Oh, al fin has llegado. Uf, menos mal, ya me esperaba a que viniera tu hermano a tragarme vivo.

— Una disculpa, pero era por razones superiores ya lo sabes. Y cumplí con lo que te dije. — Le da una sonrisa llena de orgullo haciendo que Ban sonriera tiernamente.

— No sabes cuánto te añoré…Ya quería volver a tenerte entre mis brazos. — Dice con una voz un poco seductora, provocando un fuerte rubor en la rubia.

— Y-yo también te estuve extrañando ¿Sabes? Pero aquí estoy finalmente.

Diane solo era una espectadora ante la escena que se estaba armando delante de ella. Se sentía un poco incomoda ante sus muestras de afecto. No había estado cerca de una pareja en un tiempo y cuando lo hacía se sentía un poco celosa a decir verdad pero si, bastante incómoda haciendo de mal tercio ahí.

En eso Elaine da un salto aun en los brazos de su amado y ésta se suelta con facilidad de ellos. Esto hace extrañar a Ban un poco hasta que cae en cuenta de quien acompañaba al hada.

— Ban, primero que nada, te presento a Diane. Mi nueva amiga y la que conquistará el corazón de King. Es, además, la princesa de del reino de Megadozer.

— Oh, mucho gusto princesa. — Hace una pequeña reverencia en forma de saludo.

— Diane, él es Ban, mi esposo.

— Un gusto en conocerlo. — Hace igual una pequeña reverencia a forma de saludo alzando un poco su vestido. Inclinando sus piernas unos segundos para, luego volver a su posición original.

— Entonces… ¿Tú serás quien se gane el corazón del Rey Ruco, eh? Vaya, vaya. Interesante, aunque es muy terco con respecto a sus sentimientos, eso si te lo digo de una vez.

"¿Acaso le llamó Rey…Ruco?"

— Sí, bueno. Ban así es, se inventa nombres de no sé dónde. — Respondió Elaine al pensamiento de Diane, provocando en ésta se tapara con una de sus coletas por la vergüenza de pensar eso.

— Oh y tengo mejores. — Dijo el peli blanco en tono de burla.

Elaine solo rodo los ojos ante lo dicho por su esposo.

— Oye, cariño, ya que estás aquí y hablando de mi hermano… ¿Podrías hacerme un favor? — Pidió Elaine poniendo ojos de borreguito. Sabía que eso era la debilidad de Ban y que no podía resistirse a nada.

— C-claro, estoy a tus órdenes, linda.

Diane solo estaba atenta ante lo que le pediría Elaine.

— Necesito que vayas a la habitación de mi hermano y dile que baje al jardín porque tengo que hablar con el sobre algo. — Dijo esto con un pequeño guiño y así, Ban supo captar la indirecta.

— De acuerdo. Le diré que es urgente porque si no es así. Me va a mandar a volar. — Rodó los ojos al pensar en la acción de su cuñado.

—¡Muchas gracias, cariño! — El hada de alas rosadas lo abraza por última vez despidiéndolo con un casto beso en los labios. Después lo vio irse del jardín a la alcoba de Harlequin. Solo esperaba que no se tardara en acudir o si no su plan no podría marchar bien.

En la alcoba de King se podía ver como él estaba viéndose en un espejo que tenía, peinándose con una mano su alborotado cabello castaño.

"No lo sé. Esto no me convence. Probaré con otro"

Cambiaba un poco su peinado probando varios estilos, con los cuales no quedaba satisfecho. Y ¿Por qué hacía esto? Pues la respuesta es sencilla. Una palabra:

Diane

Aunque Harlequin no lo admitiera ante nadie, él quería verse bien. Aunque antes había dicho que se no la quería ver. Realmente mentía, y eso que estaba haciendo ahorita, era que había cambiado de opinión. Tenía pensado en ir con ella e invitarla a comer al Gran comedor que estaba en un ala del reino. Pero debía ser cuidadoso con su hermana, simplemente no quera entrometidos.

"Vaya que el amor si cambia a uno"

Pensaba King con un suspiro delante de aquel espejo. Después se escucharon unos toquidos a su puerta y una –para él- molesta voz.

— Eh, Rey ruco. Elaine quiere hablar contigo en el jardín.

—¡Ban! ¿Cuántas veces te he dicho que no me llames así? — Respondió irritado el hada observando la puerta dónde provenía la voz. — Voy en un momento, estoy ocupado.

— Dice que es urgente. Yo que tú me apresuraba, se veía bastante nerviosa…

Ban solo tenía una ladina sonrisa en su rostro, sabiendo que con esto el hada iría rápidamente para allá. El plan tenía que marchar bien.

— Bien. Voy para allá.

— Muy bien, adiós. "Rey ruco". — Pensó Ban mientras se iba carcajeando al escuchar que King le gritaba de nuevo ante eso por que logró escuchar sus pensamientos. Ay, como le encantaba molestarlo.

Las chicas seguían en el jardín. Aunque en eso, Ban llegó corriendo directo con Elaine.

—¿Lo lograste? — Dice la rubia al verlo apenas llegar.

— Por supuesto. Ya viene en camino.

Diane se tensó al escuchar eso y su corazón, por más que quisiera, no lo puso parar porque comenzó a palpitar desbocado al saber que Harlequin iba a venir pronto.

"Hay que irnos y dejarlos solos"

— Por supuesto que haré eso, solo espera a que King esté más cerca y cuando Diane se distraiga, nos retiramos rápidamente. — Dice en un susurro lejos de Diane. La suerte que tenían, porque ella estaba pérdida en sus pensamientos pensando en cierto castaño de enormes alas.

En eso Harlequin iba llegando al jardín, después de verse por última vez al espejo, suspirando mejor decidió ir a ver de qué quería hablar su hermana.

Ya casi estaba por llegar, solo le faltaba pasar una pared de enredaderas, como tipo puerta y listo.

Elaine y Ban rápidamente se percatan de eso y viendo que Diane no hacía ni decía nada, estaba más ida y volteando para el cielo. La pareja decidió escabullirse como pudieron silenciosamente. Yéndose por otra entrada que había por ahí. Finalmente dejando a Diane completamente sola.

En eso Harlequin finalmente entró a aquel enorme jardín y grande fue sorpresa al no ver a su hermana por ningún lado. Pero en su lugar se encontró con alguien a lo cual hizo que su corazón saltara en su sitio.

El ruido que hubo la hizo salir de sus pensamientos y al querer voltear no encontró ni a Elaine ni a Ban. Solo se topó con una mirada amielada que no dejaba de verla intensamente.

El miel con el violeta hicieron contacto mutuo para dar paso a un frenético latir de corazones en ambos.

Y los dos se sintieron desfallecer ante la presencia del otro.

Elaine y Ban se las iban a ver después.