DUENDE
LUNA LOVEGOOD
Mayo de 1980
El guitarrero rasca las cuerdas de su instrumento al ritmo de las palmas desenfrenadas de un público expectante. Los tacones de la flamenca chocan contra el tablao: sus brazos se mueven, ágiles; primero a ambos lados de su cuerpo, después encima de su cabeza. Por último silencio. Silencio que da paso a la voz del cantaor. A su tono seco y aguardentoso se le suma el rechinar del cajón, después de nuevo la guitarra y, por último, vuelve el baile.
«Yo quiero luz de luna,
para mi noche triste,
para pensar divina, la ilusión que me trajiste
para sentirte mía, mía tú como ninguna,
pues desde que te fuiste, que no he tenido luz de luna».
—Lo llaman «duende» —Xenophilius observa a su acompañante, tiene un brillo especial en la mirada. Pandora no es capaz de apartar la vista del escenario, sonríe embelesada—. Lo utilizan para referirse a una persona con un don especial para el arte. Dicen que es como si tuviera magia.
—Yo creo en su magia —Pandora besa la mejilla de su flamante esposo—. Es hermosa.
—No más que tú.
La joven sonríe y dirige su atención de nuevo al escenario. Está nerviosa; tiene las mejillas rosadas y no es por el vino porque, extrañamente, no ha querido probar gota de aquel manjar español. Llegaron a la península desde Francia; un mes después se despedían del Sur: aquella era su última noche antes de cruzar el estrecho y seguir su viaje por África, junto al resto de la troupe.
—Xeno… —musita—, tengo que contarte algo.
Sus penetrantes ojos azules la atraviesan, guarda silencio, temeroso de interrumpir el discurso que poco a poco germina en la cabeza de la muchacha. Pandora se siente flaquear.
—Vamos a tener una niña, Xeno. Un niña de cabellos dorados y ojos azules.
—¿Quieres decir que estás encinta? —Se le escapa una sonrisa por la comisura de sus labios.
—No lo sé. Ayer la tata me lo dijo; lo ha visto, cariño. Lo ha visto.
Se toman de la mano con más fuerza que nunca. Él se apoya en el hombro de ella. Ella suspira y acaricia su vientre. Los dos piensan en su hija y en la canción que bendecirá su nombre.
«Pues desde que te fuiste
No he tenido luz de luna
Pues desde que te fuiste
No he tenido luz de luna...».
