By Tsuki No Hana

19

"Stalker"

El sonido que indicaba poder quitarse el cinturón de seguridad sonó fuerte y claro, pero no fue suficiente para que Viktor saliera de su sueño.

—Hey, despierta —su tono fue suave y quedo, pero sus acciones fueron todo lo contrario, pues lo zarandeó con fuerza, logrando que el pobre se incorporara muy exaltado. Sus ojos casi se salían de su lugar, su respiración era errática y en acto reflejo se agarró fuertemente de lo primero que encontró: el brazo de Yurio.

—Muerto no... no puede estar muerto... no... —su pecho se movía frenéticamente debido a la respiración agitada. El rubio lo miró con detenimiento unos segundos, impactado por verlo tan asustado, no, estaba aterrado.

—Oye, tranquilo —puso una mano en su hombro, viendo cómo éste saltaba de espanto, sus ojos estaban mucho más grandes de lo normal y su respiración seguía siendo agitada.

—Yuuri murió ¡Él está muerto! Y-yo... no pude, él murió y él... él... Dios mío.

El rubio se puso de pie y apoyó ambas manos en los hombros de su compatriota, obligándolo a que lo mirara a los ojos, aunque eso fue difícil, pues los ojos de Viktor miraban de un lado a otro con horror, estaba desesperado.

—Escúchame, viejo —su voz era pausada, segura y grave—. Mírame y escúchame: Tuviste una pesadilla, acabamos de aterrizar en Nagasaki y vamos a tomar el tren rumbo a Hasetsu, Yuuri va a estar bien, nada malo ha ocurrido. ¿Me escuchas? —se sintió mal por él cuando se percató de los temblores que atacaban su cuerpo.

—¿Qué?

—Sí, tuviste una pesadilla, vamos, ya reacciona —lo zarandeó un poco más y entonces el otro se espabiló y miró a su alrededor, comprobando las palabras de su amigo.

—Oh... sí, sí. Gracias —giró su rostro para ocultar y limpiar las lágrimas que salieron involuntarias mientras dormía.

Luego de eso ninguno de los dos volvió a tocar el tema. Estuvieron en silencio durante todo el camino hasta llegar a la estación de Hasetsu, donde Viktor se puso muy nervioso. No traían maletas, así que se movían libremente y con rapidez. Ninguno había externado su prisa por llegar, pero no fue necesario hacerlo, los dos casi corrían. Consiguieron un taxi y llegaron muy pronto al hospital central, donde Yuuri estaba.

Caminaron con desesperación disimulada hasta acercarse a la sala de espera que ambos conocían ya muy bien. Desde lejos observaron a los otros tres integrantes de la familia Katsuki.

—¿Qué te pasa? Vamos —lo jaló del brazo al notar que se detenía, mirando fijamente hacia la familia, estaban en un punto en el que no podían ser observados.

—No puedo... —la voz le tembló—. Es como en mi sueño, no, como en mi pesadilla —murmuró tembloroso al ver cómo el doctor se acercaba a la familia y hablaba con ellos. No se detuvo a ver cómo reaccionaban ellos, tampoco a comprobar que su pesadilla se hacía realidad. Simplemente se dio media vuelta y salió del hospital, no podía con tantas emociones acumuladas.

—Hey, ¿A dónde vas, viejo?

Tuvo que seguirlo hasta el estacionamiento, donde se quedó recargado de frente contra una pared, muy agitado y tembloroso. Yurio entendió el porqué de su actitud.

—Viktor —se abstuvo de poner una mano en su hombro—. Vayamos dentro. No hicimos este viaje en vano, vamos —finalmente lo jaló un poco, pero lo soltó al instante en que notó que se llevaba una mano al trasero, del lado derecho—. ¿Qué te pasa?

—Me duele un poco, es por el viaje, fue incómodo y estuve muchas horas sentado —suspiró y se dio media vuelta para mirar a su amigo a los ojos.

—No debimos hacer este viaje, aún no estas recuperado.

—No, en realidad estoy mucho mejor —sonrió levemente de lado y volvió a suspirar.

—¿Vas a entrar o no?

—Tengo miedo.

—Sea lo que sea que hayas soñado, no es verdad, fue sólo una pesadilla, supéralo.

Así pues, ambos entraron decididos al hospital, llegaron a la sala de espera y todos se llevaron una sorpresa tan enorme que no se lo creían. Hiroko no tardó en abrazar a Vitya con mucha fuerza y cariño antes de tupirlo con montones de preguntas sobre su salud y muchas cosas más. La familia estaba feliz de verlos de nuevo.

—¿Qué le pasó a Yuuri? ¿De qué lo operaron? ¿Se encuentra bien?

—Tranquilo Vitya, él está bien. Lo operaron de sus ojos y todo salió muy bien, se está recuperando, el médico nos dijo que saldría en un par de días —se le quedó mirando unos momentos antes de sonreírle y abrazarlo con fuerza—. Me da tanto gusto verte de nuevo.

—¿No está molesta conmigo? —correspondió el abrazo hasta que ella se liberó.

—Los dos son mis hijos —su mirada entristeció al recordar ciertos asuntos—. Tienen mucho de qué hablar.

—Así es.

Pasaron el resto de la tarde ahí en la sala de hospital. Yuuri despertó, pero no dejaron que Yurio ni Viktor entraran a verlo por el gran impacto que eso podría causarle y lo que menos necesitaba en esos momentos era que sufriera fuertes impresiones, por lo que Mari y Hiroko se ofrecieron a ir preparando el terreno para que no le cayera la noticia tan repentinamente.

—Mari-neechan, te llamé muchas veces, pero nunca respondiste —le dijo en tono ligero cuando al fin se encontraron los dos solos. Los señores Katsuki habían entrado a ver a Yuuri y Yurio fue en busca de algo para comer. Mientras tanto, ellos dos seguían en la sala de espera.

Mari suspiró pesadamente.

—Lo siento, estos últimos días han sido un poco difíciles. En realidad, las últimas semanas. Vi tus llamadas, pero no encontré el momento de responderte. Imaginé que me buscabas por la llamada que te hice y que no contestaste —alzó una ceja—. Quería decirte que fui yo quien le dio a Yuuri tu nuevo teléfono.

—Lo supuse —entristeció significativamente al recordar lo duro que fue con él en esa llamada.

Quedaron en silencio por unos minutos, había tanto por decir, pero no sabían qué palabras usar.

Mari observó con cierta gracia cómo el otro repiqueteaba su pie derecho con impaciencia, mirando hacia el pasillo por donde se habían ido sus padres.

—¿Qué tienes planeado hacer? ¿Por qué estás aquí?

—No estoy seguro —respondió luego de un rato—. Sólo escuché que Yuuri iba a ser intervenido y vine cuanto antes, él me dio a entender que su vista ya estaba sanada, por lo cual me asusté y creí que esta operación era algo más... algo delicado.

—A estas alturas ya no sé cómo está realmente la situación entre ambos, dejaste de hablarme y Yuuri hizo lo mismo con toda la familia. Pero hay algo que sé con certeza —tomó la mano del ruso, deteniendo su jugueteo nervioso con los dedos—. Él no ha dejado de amarte.

Los ojos azules del ruso se abrieron como platos. Su mundo se llenó de color al recibir tal confirmación de una fuente tan confiable. Sonrió levemente al sentir el apretón cariñoso en su mano. Pero antes de que pudiera decir algo, Mari se le adelantó.

—Pero ha decidido olvidarte. Viktor, mi hermano pasó por situaciones muy difíciles durante el tiempo en el que han estado separados, él ya no es el mismo. Escúchame bien, él te ama, pero no quiere hacerlo más. Así que sea lo que sea que vayas a hacer, ten eso en mente —lo miró con preocupación—. Puedes decidir no hacer nada y permitir que te olvide, nadie te va a recriminar nada, pues estás en todo tu derecho luego de que él te abandonara de esa forma, pero si vas a intentarlo una vez más... —suspiró—. Vas a tener que ser muy paciente y persistente. Te voy a confesar algo.

El ruso asintió, sin soltar una palabra, estaba muy atento a lo que le fuera a decir.

—Cuando mi hermano te llamó fue meramente para reconciliarse contigo. Quería saber si aún estaba en tiempo de operarse y luego volver por ti. Y no sé qué le habrás dicho —lo miró feo, estrechando los ojos—. Pero luego de colgar se pasó toda una tarde en las aguas termales. Estaba muy deprimido.

—Demonios —masculló entre dientes, maldiciéndose a sí mismo por haber elegido ese preciso momento para decirle a Yuuri que debían "cerrar ciclos".

—No importa la decisión que tomes, después de todo es tu vida, pero piénsalo muy bien y decídete de una vez por todas: o continúas con Yuuri o te olvidas y te alejas definitivamente de él. Decisiones Viktor, aprende a tomar decisiones —estaba siendo muy ruda, se dio cuenta de ello cuando su querido ex cuñado bajó la mirada, entonces se sintió un poco culpable—. No te sientas mal, tuve la misma conversación con Yuuri, ya los regañé a ambos, así que mi trabajo aquí está hecho —se levantó del asiento y palmeó su espalda—. Vamos a comer algo, yo invito.

—Pero... ¿No quieres ver a Yuuri? Digo, tú sí puedes pasar a verlo —refunfuñó, a lo que Mari soltó una risita.

—Ya hombre, no seas sentido. Tómate esta noche para pensar en tus opciones, analízalas y cuando hayas tomado una decisión házmelo saber, entonces prepararé a Yuuri para tu regreso, si es que eso es lo que decides.

—Obviamente yo... —la otra lo calló con un dedo sobre sus labios.

—Shh, te dije que lo pensaras primero. No acepto tu respuesta en este momento. Vamos —lo jaló de la mano y lo arrastró a la cafetería, donde ambos tomaron una charola y se pasaron por la barra de alimentos. Viktor había tomado sólo un sándwich, pero Mari fue traviesa y le echó todo lo habido y por haber en la bandeja.

—Mari-neechan —dijo en tono de puchero. La aludida se alegró al escuchar que la seguía llamando de esa manera a pesar de todo—. Es mucha comida.

—Según recuerdo, eras un pozo sin fondo que se comía cinco tazones de katsudon y todavía tenías espacio para sake y postre, y ahm... otros tipos de "postres" también.

Sorprendentemente el ruso se sonrojó un poquito. En otros tiempos le habría seguido la corriente y hubieran bromeado al respecto por un buen rato, pero ahora no.

—Es mucha comida —insistió.

—No estás comiendo bien ¿cierto? —hizo las bromas a un lado y se puso seria—. Te noto muy cambiado, en todos los aspectos —lo miró a los ojos. El otro se incomodó y comenzó a caminar entre las mesas de la cafetería hasta encontrar una disponible—. No te había dicho nada, pero... ¡Wow! Tu cabello es increíble —admiró su larga cabellera amarrada en una coleta baja, sus hebras plateadas y sanas contrastaban mucho con su aspecto decadente—. Gracias —dijo con una sonrisa mientras él era caballeroso y le extendía la silla para que tomara asiento.

—A ti —rio y tomó asiento frente a ella.

—¿Por qué te lo dejaste crecer?

—Por Yuuri —se encogió de hombros y tomó el sándwich que había elegido desde un principio, dándole un mordisco y sintiendo su estómago rugir. Ahora que sabía el verdadero estado de salud de su amado, podía estar más tranquilo. El apetito se le abrió y por un momento se consideró capaz de engullirse todo lo que estaba frente a él.

Mari soltó un largo y pesado suspiro mientras apoyaba su mejilla contra la palma de su mano y el codo sobre la mesa, mirándolo insistentemente. Viktor estuvo tentado a preguntarle qué pasaba por su mente, pero se detuvo, la mente de Mari era profunda y misteriosa, no quería terminar en una conversación incómodamente extraña. Ella se abstuvo a mirarlo disimuladamente mientras comía. Vaya que estaba cambiadísimo desde la última vez que lo vio, pero no quiso externar tanto su sorpresa, mejor lo miró con detenimiento, pasándose primero por su hermosa cabellera, luego su rostro. Se veía cansado, levemente ojeroso y con los ojos un poco hundidos al igual que sus mejillas. Parecía que, así como su hermano tendía a engordar de una manera muy simple, Viktor tendía a adelgazar con facilidad, lo cual no siempre era favorable.

Comieron en un cómodo silencio hasta que Viktor sintió que algo rebotaba levemente contra su cabeza. Se giró a tiempo para ver a Yurio apareciendo a su lado, le había lanzado una servilleta hecha bola antes de robarle patatas fritas de su plato y sentarse en la silla sobrante, a un lado de ambos.

Mari se emocionó.

—Estaba sentado al fondo, no me vieron.

—¿Ya comiste? —inquirió el otro ruso.

—Sí.

—¡Entonces deja de comerte mis papas fritas! —le dio un manotazo y al mismo tiempo lo fulminó con la mirada.

Mari no contuvo sus ganas de reír.

—Déjalo, si se las acaba te compro más.

—Precisamente por eso. Es la primera vez que me invitas algo. Es mío —enfatizó la última palabra, mirando al rubio de mala gana mientras que éste le sacaba la lengua.

Mari los miró en silencio y sonrió con suavidad.

Pasaron el resto de la tarde ahí hasta que la noche cayó sobre ellos. Los rusos estaban mucho más tranquilos al saber que el japonés se encontraba muy bien, su recuperación estaba siendo muy pronta. Los Katsuki se quedaron ahí hasta tarde, hasta que el mismo Yuuri les pidió que se fueran a casa a descansar, después de todo estaba muy lejos del peligro. Sin querer hacerlo, Hiroko aceptó irse. Quien de plano no quiso moverse de ahí fue Viktor.

—Pero si ni siquiera sabe que estás aquí.

—Debería de saberlo —gruñó, dispuesto a ir a la habitación de su amado, pero de nuevo la voz de Mari se escuchó.

—No. Recuerda que tienes mucho en qué pensar, ve, descansa y piensa en ello mientras tomas un baño en las aguas termales.

Después de un largo rato de estar insistiendo, Mari logró que Viktor aceptara irse a descansar, pero esta vez no aceptó hospedarse en Yu-topía, dijo que no quería invadir el espacio de Yuuri cuando éste volviese a su casa, así que junto con Yurio se fue a un hotel. Desafortunadamente era temporada en la que el turismo en Hasetsu era alto, así que terminaron encontrando un hotel algo retirado de la casa de los Katsuki. Luego de encontrar las habitaciones, se fueron a buscar alguna tienda abierta para comprar algo de ropa, pues habían viajado sin equipaje.

El rubio se sorprendió un poco ante la actitud madura de su compatriota. En otros tiempos se habría puesto tan necio que ahora mismo estaría al lado de Yuuri. Pero no ahora, ahora era mucho más serio y sensato, aceptó que no ganaba nada con quedarse en la sala de espera toda la noche, tampoco en apresurar las cosas. Estaba siendo muy paciente, sospechosamente muy tranquilo.

No había muchas habitaciones en el hotel como para ponerse a elegir, así que terminaron compartiendo habitación, al menos cada quien tenía su cama.

—¿Y siempre qué decidiste? —inquirió el rubio. Los dos ya estaban acostados en sus camas, con las luces apagadas y charlando antes de dormir, mirando al techo con detenimiento. Viktor se había abierto a Yurio y le dijo muchas cosas, le habló sobre la charla que tuvo con Mari.

—Obviamente lo voy a intentar de nuevo, ya te lo había dicho. No tengo nada que pensar, mi decisión la tomé desde hace tiempo.

Yuri soltó un murmullo de inconformidad.

—¿Qué? —espetó el mayor ante el ruido del otro.

—No soy experto en estas cosas, pero... —suspiró—... si esto no funciona, deberías dejarlo por la paz. Sé que se aman —hizo una mueca extraña que el mayor no pudo apreciar—. Pero su relación es sorprendentemente intensa, tóxica.

—¿Por qué lo dices? —casi se mordió la lengua.

—Para empezar ¿Cuánto tiempo duraron de novios? ¿Tres semanas? No quiero ser el malo del cuento, Viktor, pero ha sido más el tiempo en el que han estado distanciados que su tiempo de relación.

Cuánta razón tenía el menor, Viktor lo sabía bien, pero no quería abrir los ojos a la realidad.

—Aprecio al cerdo, pero no me gusta verlo sufrir, tampoco a ti —continuó, minimizando su verdadero sentir hacia Katsuki, por quien sentía un amor más grande que el cariño de amigos, lo quería como a un hermano, así como estimaba a Viktor. Claro está que eso jamás lo admitiría frente a alguno de ellos, pero su cariño era inmenso y le dolía verlos haciéndose daño mutuamente, prefería verlos separados y felices, pero ese era el problema: separados eran más infelices que juntos y peleando.

Viktor ya no dijo nada, se había girado hasta acostarse sobre su hombro derecho, dándole la espalda a la cama del otro, así éste no pudo ver cómo un par de lágrimas silenciosas cruzaban sus mejillas y desaparecían en la tela suave de la almohada. Sabía que Yurio tenía razón y que quizás estaba siendo más maduro que él, pero si estuviera en su lugar... si él y Otabek estuvieran pasando por lo mismo, estaba seguro que actuaría igual que él.

—Buenos días enano —saludó con una sonrisa ladina.

—¿Mari? —murmuró adormilado, no podía verla debido a las vendas sobre sus ojos, pero reconocía su voz—. ¿Qué hora es? ¿Desde cuándo estás aquí? —frunció un poco los labios con inconformidad.

—Ya, tranquilo amargado. No me quedé toda la noche si eso es lo que crees —caminó hacia su cama y al estar lo suficientemente cerca le dio un lindo besito en la frente que causó escalofríos en el pobre.

—¡¿Qué haces?! —se escandalizó.

—Sólo te di un beso, eso se supone que hacen los hermanos normales.

—Tú nunca has sido una hermana normal.

—Lo sé —sonrió de lado. La verdad es que le causaba un extraño sentir el ver a su hermano tan vulnerable. Odiaba los hospitales, odiaba que Yuuri aún tuviera que estar visitándolos.

Terminó revolviendo sus cabellos oscuros con diversión ante los corajes que hacía el otro. Con eso relajaba un poco sus nervios y sus ganas de estar observando el celular cada cinco segundos. Había decidido levantarse temprano y estar ahí con Yuuri lo antes posible ¿Por qué? Simple, Viktor aún no le mandaba su respuesta, así que no sabía si debía o no decirle a Yuuri que su ex novio se encontraba en la ciudad por él.

Poco después del amanecer apareció el médico oftalmólogo de Yuuri, algo apresurado. Los saludó a ambos y se disculpó por adelantar tanto su visita. Explicó que tendría que salir de la ciudad por un par de días, así que tuvo que hacer sus rondas matutinas aún más temprano. Así procedió a revisar a Yuuri con cuidado y detenimiento.

—¿Me va a quitar las vendas?

—Así es —se oía animado, seguro de que la cirugía había sido todo un éxito.

—¿Va a poder regresar hoy a casa?

La sonrisa del médico se ensanchó.

—Exactamente, bueno, eso depende de cómo encuentre sus ojos —siguió quitando las vendas con una paciencia envidiable, una paciencia que ninguno de los Katsuki ahí presentes tenía.

Segundos después las vendas quedaron olvidadas en la mesita de noche y en su lugar se encontraban un par de gasas cubriendo los ojos castaños.

—¿Estás nervioso, Yuuri? —inquirió una voz nueva en la habitación.

—Oh, doctor Yuzuru —saludó Mari-chan con emoción, poco le faltaba para que ésta tirara baba al verlo. El médico la saludó amablemente y se paró junto a Yuuri.

—Sí ¿Podrían ya quitarme estas cosas? ¿O lo hago yo?

—Yuuri —le reprendió su hermana.

Los médicos presentes rieron un poco y enseguida le retiraron ese par de gasas.

—Abre tus ojos —ordenó el oftalmólogo y el aludido no esperó ni un segundo para hacerlo, y cuando lo hizo se sintió muy nervioso y frustrado.

Las cortinas estaban cerradas y la luz de la habitación se limitaba a la lámpara sobre la mesita de noche, alumbrando muy poco el lugar, pero aun así...

—Dios...

—¿Qué, Yuuri, qué? —su hermana se puso muy nerviosa, posó ambas manos sobre sus hombros y lo zarandeó un poco.

—Puedo ver.

Los tres ahí presentes soltaron un suspiro cargado de alivio.

—No muy bien —entornó los ojos—. Pero veo.

—No fuerces tu vista. Es normal que veas un poco borroso, aún debes acostumbrarte a esto, pero mejorará con los días —tomó un extraño instrumento del bolsillo superior de su bata y examinó cada ojo en él—. Vaya, estás mejor de lo que creí —sonrió, pero poco después soltó un suspiro—. Aun así... es muy probable que necesites de una segunda cirugía. Pero si ya vimos que esta salió de maravilla no tenemos de qué preocuparnos.

—Felicidades Yuuri —puso una mano sobre su hombro, apretándolo cálidamente. El aludido alzó la mirada y le sonrió a su médico de cabecera, a quien miró y le dedicó una sonrisa muy sincera.

—Gracias por todo, desde el comienzo, gracias.

—En ese caso deberías agradecer a Javier —se rascó el puente de la nariz con una sonrisilla nerviosa—. Él te trató primero y luego te confió a mí.

—Gracias de todas formas —soltó una risilla, no conocía al otro médico, pero por lo que alguna vez le platicó Viktor, era un buen doctor, muy dedicado y con quien estaba muy agradecido por haberlo atendido tan bien, o al menos esas fueron las palabras de su ex novio.

El oftalmólogo miró su reloj de muñeca y se apresuró a darle las indicaciones a su paciente. Lo dejó irse a casa con la condición de que estaría en reposo al menos una semana y que usaría el vendaje en sus ojos un par de días más, para dejar que los tejidos cicatrizaran bien antes de exponerlos a la luz del sol. También le indicó utilizar lentes oscuros luego de quitarse las vendas, eso sería por algún tiempo, hasta que sus ojos soportaran la luz del día, para eso le mandarían a hacer unos lentes con graduación para que pudiera utilizarlos cómodamente. Terminando de dar las indicaciones necesarias, se despidió y salió de ahí, no sin antes decirle a Yuuri que no faltara a sus citas regulares con Yuzuru.

Cuando los tres se quedaron solos en la habitación, fue el joven médico quien rompió el silencio.

—¿Listo para que cubra de nuevo tus ojos?

El aludido hizo un gesto de puchero muy tierno que causó una risilla en su hermana, risa que fue contagiada al neurocirujano, quien la miró y le sonrió cálidamente.

—No me agrada la idea, pero no tengo otra opción —suspiró y miró una última vez a su hermana, quien tomó su mano con cariño.

—Enano, no me verás en un rato.

—No me molesta —aguantó su risa al ver la expresión de enfado en su adorada hermana justo antes de golpearle el brazo con fuerza—. ¡Hey! —se quejó, pero se detuvo al escuchar la risa del médico.

—Ustedes se llevan muy bien —los miró con un brillo especial en los ojos, su sonrisa fue tan tierna y adorable que Mari se quedó maravillada—. Bien, aquí vamos —tomó nuevas gasas y cubrió los ojos castaños de Yuuri antes de envolverlo de nuevo en vendas.

—¿Cuándo puedo salir? —inquirió en medio de un suspiro, no le gustaba tener los ojos cubiertos.

—Ya oíste al doctor, hoy mismo. Sólo necesito tramitar tu alta para que ya puedas ir a casa. Iré a hacerlo cuanto antes —sonrió y luego miró a la hermana de su paciente—. Disculpa ¿Llevas aquí toda la noche? Si es así ¿Gustas que te traiga un café? Debes de estar cansada.

—No doctor, ella siempre se ve así, no suele arreglarse mucho, además, sus ojeras son de nacimiento —guardó silencio al sentir un fuerte pellizco en su antebrazo. No replicó ni se molestó por ello, pues había soltado ese comentario con toda la intención de molestarla un poco.

—Yuuri Katsuki —masculló entre dientes, aún apresando la delgada piel pálida de su hermano entre sus dedos. Se detuvo cuando escuchó la cantarina y hermosa risa del médico.

—De todas formas ¿Gustas un café? —ofreció con amabilidad.

—Y-yo... estoy bien así, gracias —sus mejillas se sonrojaron y el joven médico contuvo sus ganas de reír un poco.

—Bien, entonces vuelvo más tarde con el alta de Yuuri —hizo un gesto con la mano y se retiró, sin apartar la mirada de Mari hasta que tuvo que darse la vuelta para salir.

—Onee-chan, creí que tenías un raro fetiche por los chicos rubios que estuvieran tatuados, perforados y que además formaran parte de una banda de rock, nunca creí que te fuera a gustar mi doctor —ni siquiera tuvo oportunidad de reírse de su propia broma, pues su hermana ya le había soltado un leve golpe en la entrepierna. Había optado por un almohadazo en la cabeza, pero podría repercutir en su salud, así que descartó la idea. No fue un golpe fuerte, sólo hizo presión sobre el lugar con el puño, pero fue tan repentino y rápido que el pobre se tumbó de costado, hecho bolita y respirando dificultosamente.

—¡¿Por qué dijiste todas esas cosas?! —estaba molesta en serio, casi parecía una adolescente—. Yuuri, yo nunca hice eso contigo y Viktor —murmuro, dolida con su hermanito.

—Oh por dios, sí te gusta... —murmuró en medio del dolor, sorprendido—... no creí que en serio te gustara mi doctor, lo siento... —se quejó un poco más—. Demonios, Mari, tu venganza fue muy... cruel —seguía retorciéndose entre las sábanas.

—No seas dramático, a penas y te toqué. Mira que te merecías uno más fuerte.

—Si no tengo hijos será por tu culpa.

—Tú ni quieres tener hijos.

—Cierto.

Luego de un rato, el aludido se recuperó del incidente y se disculpó mil veces con su hermana, prometiendo llevarla consigo a cada revisión mensual que tendría con el médico. Eso fue suficiente para que la joven lo perdonara, ella no podía guardar rencores, y bueno, tampoco podía perder su tiempo en discusiones tontas con su hermano cuando en esos momentos buscaba desesperadamente a Viktor y éste no le respondía.

Miraba su teléfono con impaciencia, nunca creyó que su hermano se daría cuenta de eso.

—No puedo ver, pero puedo escuchar que desbloqueas y bloqueas el celular cada cinco segundos ¿Por qué estás tan ansiosa? ¿El doctor Hanyu te dio ya su número?

—Parece que no aprendiste la lección —ese comentario fue suficiente para que Yuuri se hiciera bolita tratando de impedir otro golpe en su integridad masculina.

Entonces la aludida tomó de nuevo el celular y envió por enésima vez un WhatsApp al ruso.

Mari: con un demonio, Viktor. Contesta mis mensajes. Yuuri va a ser dado de alta en un rato. No sé qué habrás decidido, pero si quieres intentarlo una vez más, ven antes de que salgamos a casa, tienes una buena oportunidad para charlar con él a solas aquí.

Mari: ¡Viktor! Responde.

Mari: ¿Vas a venir? Si es así debes avisarme para preparar a mi hermano. ¡Demonios! ¡RESPONDE!

Escribió el último mensaje y apretó el teléfono entre sus manos con hastío. Seguramente se durmió muy tarde, apenas eran las siete de la mañana y entendía que no estuviera despierto aún. También lo llamó, pero nunca respondió, y los mensajes no los abría, ni siquiera le llegaban.

Despertó con pereza. Pestañeó un par de veces antes de mirar a su alrededor y tomar conciencia del lugar en el que se encontraba y de lo que había ido a hacer allí. Soltó un pesado suspiro, había tenido un hermoso sueño donde todo era color de rosa, Yuuri a su lado, ambos casados y con un montón de hijos. Que bello había sido el sueño. Desafortunadamente no cerró las cortinas antes de dormir y ahora mismo la luz de la mañana se colaba, calándole a pesar de que afuera estuviera nublado.

Se puso de pie, y descalzo caminó hasta la ventana para cerrar las cortinas, bostezó una vez más y se pasó una mano por sus muy desordenados cabellos largos. Intentó arreglarlos mientras caminaba rumbo al baño, de paso observó a su amigo, no pudo contener una risilla corta al escucharlo roncar y sobre todo al ver cómo dormía en una pose demasiado incómoda y muy difícil de lograr.

Fue al baño, descargó la vejiga y regresó a la cama, antes de volver a dormir quiso ver la hora, pero grande fue su asombro al percatarse de su celular sin batería. No esperó ni un minuto para ponerlo a cargar. Fue entonces que le llegaron montones de mensajes de Mari. Los leyó con prisa y casi se fue de espaldas.

—¡Oh por Dios! —brincó de la cama y corrió a buscar la ropa que compró anoche para cambiarse. Se desvistió con prisa, arrojando la ropa usada a su compatriota—. Yurio, despierta. Hay que ir al hospital.

El rubio pegó un brinco, espantado.

—¡¿Qué le pasó?!

—Nada, él se encuentra bien, tanto que fue dado de alta.

La palidez del rubio disminuyó un poco, soltó un suspiro lleno de alivio y se tumbó de nuevo sobre el colchón, aún agitado.

—Ve tú —seguía intentando recuperar el ritmo natural de su respiración—. Habla con él y más tarde me les uno —se tapó hasta la cabeza con las sábanas.

Viktor no insistió y salió corriendo del hotel después de estar vestido y algo peinado. Buscó con desesperación un taxi, pero no había ninguno cerca, las calles estaban solas, era demasiado temprano.

Mari lo había dejado solo en el cuarto con el pretexto de tener que hacer una llamada. Yuuri no se la creyó y casi podía asegurar que había salido para ver si se topaba con el doctor Hanyu y aceptaba ese café que le invitó más temprano.

Se removió incómodo en la cama. Estaba demasiado aburrido, ni siquiera podía mirar su teléfono para pasar el rato, no sabía cómo distraerse. Intentó volver a dormir, pero fue imposible, estaba demasiado impaciente por salir de ahí.

De pronto escuchó que la puerta se abría lentamente.

—Mari-neechan, qué bueno que volviste, estoy muy aburrido ¿ya nos podemos ir?

—Lo siento, no soy ella —soltó una risilla cantarina imposible de no reconocer—. Cuánto tiempo, Yuuri.

—¿¡Phichit-kun?! ¿¡Eres tú?! —no podía creerlo, quería quitarse las vendas para poder verlo, pero su amigo lo detuvo.

—No creo que sea buena idea —sostuvo sus manos—. Por dios, Yuuri, cuánto has cambiado.

—Quisiera poder decir lo mismo de ti, pero te oyes igual.

—Aunque pudieras verme notarías que me veo igual —rio y Yuuri se contagió.

—¿Qué haces aquí? —preguntó con curiosidad, muy animado.

—Escuché lo de tu operación, no dijeron de que se trataba, sólo que era algo serio. Por eso vine cuanto antes, por eso y porque... —guardó silencio unos segundos—...no nos hemos visto en mucho tiempo ¡Demasiado tiempo en realidad!

—Lo sé, ha pasado tanto —suspiró—. Y sí, los medios siempre exageran.

—Ya me di cuenta ¿Cómo estás?

—Muy bien —sonrió—. Hoy me dan de alta, de hecho, saldré en un rato; sólo falta que mi doctor lo autorice oficialmente.

—Me da gusto oír eso —suspiró y miró a su amigo, con unos ojos cargados de nostalgia. Se habían distanciado por mucho tiempo, no había un motivo, no discutieron, simplemente su amistad se enfrió y dejaron de frecuentarse.

—A mí me da gusto que estés aquí ¿Sabes? Estuve viviendo una temporada en Toronto y me vi tentado en más de una ocasión en ir y visitarte a Detroit.

—¡Yuuri! ¿Y por qué no lo hiciste?

El aludido se rascó la cabeza y recordó esos tiempos. Un nudo se formó en su pecho.

—Tengo mucho qué platicarte.

—Antes que nada, tienes que explicarme por qué rayos Viktor y tú no están juntos.

—Eso es lo que tengo que platicarte, eso y muchas cosas más.

—Imagino que pasaron cosas no muy buenas.

—Ni te imaginas —apretó las sábanas entre sus puños.

Entonces Yuuri aprovechó el tiempo para charlar con él, largo y tendido. El doctor Yuzuru se estaba demorando en darlo de alta, y aunque ese tiempo no fue suficiente para que le contara todo, sí logró platicarle lo más importante. El japonés se sintió tan aliviado al poder charlar así con un amigo, con su mejor amigo. Sintió que al fin pudo desahogarse sin miedo a lo que pudieran pensar de él, después de todo se trataba de Phichit, el mismo que lo escuchó en sus momentos de frustración, cuando la familia estaba al otro lado del mundo, lejos de su alcance.

Antes de que pudieran terminar de charlar, el doctor tocó a la puerta, interrumpiendo, pero anunciando que ya podía alistarse para salir del hospital, y que además había alguien afuera esperándolo.

—¿Quién es? —preguntó Katsuki con curiosidad, Phichit estaba en las mismas.

—¡Yuuri-kun! —una cabeza rubia se asomó por el hombro del médico.

—Hola —sonrió al reconocer la voz de su amigo.

—Hoy traje mi auto, te voy a llevar a casa.

Yuuri suspiró.

—No era necesario, ayer te dije que...

—...que podías tomar un taxi, sí, sí. Pero no es lo mismo, es mejor que te lleve, después de todo sirve que estreno mi auto —dijo con emoción.

—¿Quién es ese? —preguntó Phichit con curiosidad, sin importarle que "ese" estuviera frente a ambos.

El aludido se presentó y pronto los dos se hicieron amigos, pero con cierta rivalidad desde el momento en que el moreno se presentó como "Mejor amigo de Yuuri" pues Minami tuvo la osadía de decir lo mismo. La Tercera Guerra Mundial estallaría si esos dos tenían la ocurrencia de ponerse a pelear por ello, así que Yuuri fue más rápido y listo y le pidió a alguno de ellos que lo ayudara a pasarle su ropa del armario mientras el otro iba a buscar a Mari, quien llegó poco después junto con Hiroko.

Después de sobornar al taxista para que sobrepasara los límites de velocidad, le pidió que entrara al estacionamiento del hospital y esperara ahí. Viktor no iba a dejar que ese único taxi se fuera, no quería tardar otros cuarenta minutos en hallar otro. Se bajó del auto y atravesó con premura el estacionamiento, pero se detuvo abruptamente a medio camino cuando vio a su amado caminando con Phichit sosteniéndole la mano derecha y Minami la izquierda mientras que Hiroko y Mari caminaban a un lado de éstos.

Entonces miró con detenimiento a su ex novio. Caminaba con seguridad a pesar de tener sus ojos cubiertos por vendas, podía jurar que se veía más alto, más varonil, más fuerte. Sus músculos se notaban un poco más marcados, se le notaban aún con la ropa puesta. Su cabello lo peinaba diferente, lo tenía un poco largo, y su expresión... su expresión se veía severa y dura a pesar de tener los ojos cubiertos.

Se quedó sin aire al verlo. Estaba emocionado, feliz y casi babeando al no verlo en persona desde aquella despedida en el recibidor de Yu-topia hace tanto tiempo. Su corazón estaba emocionado al reencontrarse con su dueño, sólo esperaba que el corazón de Yuuri sintiera lo mismo con su presencia ahí.

Continuó sus pasos y no se detuvo hasta quedar muy cerca de ellos, hasta que éstos lo vieron. Los presentes lo notaron y casi se detuvieron por la impresión, más que nada Phichit y Minami. Hiroko se puso muy nerviosa y Mari le hizo señales al ruso para que no se acercara. Con eso Viktor entendió claramente que Yuuri no tenía idea de su presencia en el país. Se sintió impotente e idiota, pues nunca le respondió el mensaje a Mari, y bueno, tampoco esperaba que él fuera dado de alta tan pronto.

Entonces se quedó parado en medio del estacionamiento, viendo pasar a su lado al amor de su vida, tomado de la mano de esos chicos. De Phichit no le molestaba, pero de Minami... éste incluso se había pegado más a Yuuri al verlo. Lo sintió como un reto, el maldito niño rubio lo estaba retando. Aunque ya no podía referirse a él como "niño" el joven estaba ya de su tamaño.

Los cinco pasaron a su lado y él no pudo hacer nada. Sintió la mirada de Hiroko diciéndole un "Lo siento". Entonces Mari se le acercó y lo regañó por no mandarle su respuesta con la decisión que había tomado y también por no responderle ninguno de sus mensajes y llamadas.

—Ven a casa más tarde, prepararé a Yuuri antes de que llegues —murmuró en voz baja, sin dejar de mirar cautelosamente a su hermano caminando a unos metros detrás de ella.

Viktor la miró con mucha seriedad unos segundos antes de levantar la mirada y enfocarla en Minami.

—¿Qué hace él aquí? —casi masticó las palabras.

—¿Quién? ¿Phichit?

—Sabes bien a quién me refiero —sus ojos parecían dos glaciales, si las miradas mataran, Minami ya no existiría.

—Oh vamos, no me vengas con que estás celoso. Él sólo es su amigo, además, se ofreció a llevarnos a casa en su auto.

El ruso no respondió, en vez de eso rodeó a Mari y siguió su andar a pasos agigantados. Llegó a ellos antes de que Yuuri se subiera al auto del otro y sin previo aviso lo tomó de un brazo, casi con brusquedad.

—¿Qué pasa? —inquirió Yuuri, sin poder ver nada y tratando de entender por qué lo detenían tan abruptamente.

El ruso no pudo responder, las palabras se quedaron atoradas en su pecho. Actuó por mero impulso, sólo quería alejar a su amado de ese chiquillo aprovechado, pero no pensó en qué haría después de impedir que se subiera a ese auto. Iba a decir algo, pero notó cómo la expresión de Yuuri cambiaba drásticamente, de pronto lo notó más pálido de lo normal, se percató de ello por sus labios casi transparentes.

—Viktor... —soltó en un suspiro demasiado pesado. Su murmullo fue como lo que dice alguien en su último aliento. Lo había reconocido ¿Cómo? No tenía idea. Todos los presentes se quedaron de piedra ante la escena—. Viktor ¿Eres tú? —no intentó zafarse del fuerte agarre en su brazo.

—Hola, Yuuri —sintió cómo el cuerpo del japonés se estremecía con rudeza.

—No... —dijo de pronto, soltándose del agarre—. No... —su temblor aumentó, había entrado en pánico—. ¿Por qué estás aquí? Vete, no quiero verte, ¡vete!

Esas palabras hirieron al ruso, pero no sucumbió.

—No me pidas eso, por favor —casi suplicó—. ¿Por qué no quieres verme? Estuviste cuidando de mi todo un mes en Rusia ¿No puedo ahora hacer yo lo mismo?

—No te necesito. Yo ya cerré el ciclo de mi vida en donde estabas tú, respeta eso y no vuelvas —sintió que la mano del ruso se ponía sobre su hombro, así que se sacudió con fuerza y se metió torpemente al auto, en el asiento del copiloto.

Iba a hacer un intento más por hablar con él, pero Hiroko lo detuvo.

Lo siento, hijo —puso una mano en su hombro—. Pero ahora no es momento, deja que se vaya por ahora, luego hablarán —sintió un nudo en la garganta al ver a su querido Vitya con los ojos llorosos.

El ruso asintió levemente con la cabeza. Miró cómo todos entraban al auto, no sin antes dirigirle una triste mirada. Minami ni si quiera se molestó en girarse y mirarlo, simplemente se subió al asiento del piloto y encendió la marcha del auto, en cambio, Phichit lo miró sin saber muy bien cómo reaccionar. Yuuri le había platicado muchas cosas en confidencia, pero aún no terminaba de narrarle todos los hechos, así que no sabía si debía estar molesto con el ex de su mejor amigo o no, así que se limitó a dedicarle una mirada de "lo siento".

Y ahí se quedó Viktor, en medio del estacionamiento, viendo cómo el amor de su vida partía lejos de él.

A partir de ese día, Viktor hizo todo lo posible por comunicarse con Yuuri, quería hablar con él, pero éste no se dejaba. Lo estuvo visitando a diario en su casa por más de una semana, pero siempre era lo mismo, se negaba a verlo. El japonés ni siquiera aceptó ver a Yurio, quien quería disculparse con él por haber sido tan mal amigo.

Lo que más enfurecía al ruso mayor, era el hecho de que Minami sí podía visitar a Yuuri, también Phichit. Eso lo sacaba de sus cabales de una manera increíble, tanto que en uno de esos días tuvo una idea no muy buena, se la compartió a Yurio y éste la refutó de inmediato, tachándolo de loco.

—Viejo, ya tenemos más de una semana aquí, el cerdo no quiere vernos, ya lo dijo. Es mejor que...

—No —lo interrumpió—. Si quieres tú regresa a casa, yo no me iré de aquí hasta conseguir algo.

—Idiota, déjame terminar. Te decía que es mejor buscar alguna manera de verlo. Siempre que vamos a su casa su madre o su hermana son quienes nos dicen que él no quiere vernos, pero... ¿Y si lo obligamos a enfrentarnos?

—Pensé en lo mismo —se mordió el labio, indeciso, pues tampoco quería forzarlo a nada, pero estaba desesperado, no tenía otra opción—. Nos meteremos a su habitación en la madrugada. Sólo necesitamos una escalera y...

—¿Estás loco? Yo pensaba en pedirle ayuda a su hermana.

—Oh, cierto.

Y así el peli-plata se puso de acuerdo con Mari para interceptar a Yuuri en algún momento en que saliera al jardín o cuando se le ocurriera tomar un baño en las aguas termales, ahí no tendría escapatoria.

¿Estás seguro de eso? —inquirió Mari con algo de preocupación, hablándole desde el otro lado de la línea telefónica.

—Tengo que verlo. Quiero solucionar las cosas, ha habido demasiados malos entendidos, muchos terceros se han involucrado en nuestra relación, incluyendo a mi hermano —suspiró—. Quiero hacer las cosas bien, directo, cara a cara. Para eso necesito de tu ayuda. Dime ¿Cuándo lo puedo interceptar en tu casa? No sé... quizás cuando salga al jardín o algún momento en el que esté solo en la sala y me dejes entrar o...

Como te dije hace unos días: Yuuri mejoró demasiado rápido. Sólo aguardó a que terminara la semana de recuperación para poder seguir con su vieja rutina.

—No me digas que...

Sí.

—¿La misma ruta?

Supongo que sí. Hoy comenzó, salió a las seis de la mañana, tendrás que madrugar.

Viktor soltó una risita emocionada.

—No me importa —aguantó una exclamación de emoción—. Gracias Mari-neechan ¡gracias!

Sólo recuerda lo que te dije: Yuuri no es el mismo, te ama, pero al mismo tiempo quiere olvidarte. Tendrás que ser muy persistente y esforzarte si quieres tenerlo de vuelta, pues es él quien ya no quiere verte —estaba siendo muy directa y un tanto ruda, pero ya no se iba a andar por las ramas en esas circunstancias.

—Sabes algo que yo no ¿No es así?

Él te lo dirá. Bueno, lo hará si así lo desea —suspiró—. Es algo muy personal.

—¿Algo muy personal? —se alteró un poco—. ¿Qué le pasó? Le pasó algo en Canadá, ¿cierto?

Si él quiere, te lo dirá. Yo no puedo inmiscuirme más en eso.

—Sabes que con esa respuesta sólo me dejas más alterado ¿Verdad? —estaba impaciente y no se molestó en hacérselo notar.

Lo siento.

Yurio había insistido mucho en acompañarlo, sin importar la hora de madrugada a la que tendría que salir del hotel, pero Viktor se lo negó.

—¡¿Por qué no?! Vine a Japón contigo para poder hablar con él.

—No, viniste conmigo porque los dos vimos esa noticia sobre su cirugía —suspiró—. Y no puedo dejar que me acompañes porque primero necesito hablarle, solucionar lo nuestro. Luego podrás disculparte por ser un idiota con él.

—Ja, mira quién lo dice.

—Lo sé —terminó de amarrarse el cabello en una coleta media y tras mirarse una última vez en el espejo, miró su reloj y al notar que faltaban quince minutos para las seis de la mañana, salió del cuarto. Yurio lo siguió por el pasillo, insistente—. Regresa al cuarto —dijo sin voltear a mirarlo.

—No.

Entonces el mayor se detuvo y lo encaró. Sus ojos azules eran filosos y demostraban cierto atisbo de enojo.

—No estoy de humor para caprichos de adolescente. Regresa a la habitación, o haz lo que quieras, pero no me sigas —sin borrar su ceño fruncido continuó caminando.

El rubio se quedó parado en medio del pasillo, sin saber cómo reaccionar ante esa mirada que le causó escalofríos. Ni siquiera le dio importancia a las palabras que usó contra él, pues el peso de esos ojos fue mayor.

Masculló un par de improperios en contra del mayor y se fue de regreso al cuarto. Admitía que tenía razón, si el japonés los veía a ambos esperando por él, sería más difícil lograr entablar una conversación, después de todo el plan era interceptar a Yuuri en algún punto de su recorrido diario, pues al parecer había retomado su rutina de salir a correr antes del amanecer. El plan era un tanto descabellado, pues al llevarlo a cabo parecían un par de acosadores psicópatas, pero no había otra manera.

Viktor

Aún recordaba su antigua rutina, también la ruta, ésta era larga y cansada, vaya que lo sabía, pues los tres la recorrimos hace ya mucho tiempo, cuando entrené a ambos para el "Aguas termales sobre hielo" sólo que en esas ocasiones siempre estuve montado en mi bicicleta.

Llegué a un punto no muy lejos del hotel, por donde Yuuri pasaría en un rato. Era un lindo parque rodeado de muchos árboles grandes y frondosos. En toda la periferia había bancas cada ciertos metros. Estuve tentado a sentarme en una, pero mi nerviosismo y emoción me lo impedían. Me llevé una mano al cuello y jalé la fina cadena que traía conmigo desde hace mucho tiempo. Por temor de perderlos, decidí colgarlos a ambos en esa cadena, así no habría forma de que se perdieran, no si estaban todo el tiempo en mi cuello, resguardados bajo mi ropa. Nadie los podía ver, sólo yo sabía dónde se encontraban. Halé de la cadena hasta atrapar ese par de anillos dorados entre mis dedos, los apreté y acaricié con cariño, uno de ellos debería de estar con su dueño, esperaba que eso ocurriera muy pronto.

Solté un bostezo y miré a mi alrededor con algo de pereza. Estuve de pie junto al tronco de un árbol, esperando por él. Era tan temprano que no pasaba ni un alma, todo se veía realmente tranquilo y silencioso, hasta que a lo lejos escuché unas pisadas, alguien venía trotando. Busqué con la mirada hasta que lo vi, en la acera de enfrente venía no muy lejos, trotando a un ritmo rápido y firme. Traía sus audífonos puestos y una ropa deportiva que nunca antes le había visto.

De nuevo me perdí en él, en su sensualidad.

Ese conjunto de pants negro y sudadera blanca con mangas negras le iba muy bien, se veía realmente atractivo. Mari tenía razón, Yuuri no era el mismo. Estaba muy cambiado físicamente, y sin poder evitarlo, terminé admirándolo de la misma forma en que lo hice cuando lo vi salir del hospital.

El tronco me ayudaba a no ser visto, así cuando se acercó más pude observarlo sin que se percatara de mi presencia, pero no aguanté más tiempo escondido y me aparté del árbol lo suficiente para que él pudiera notar mi presencia.

Y lo hizo.

Me vio, pero no se detuvo. Sus ojos se conectaron con los míos un par de segundos antes de que siguiera su camino como si hubiera visto a un vagabundo deambular por la calle.

Me quedé en la acera, con una mano alzada en modo de saludo. Saludo que no fue correspondido. Me había ignorado descaradamente y eso me dolió más de lo que imaginé. Sí me había visto, lo hizo, sabía que me había reconocido, pero sólo me ignoró. Su mirada no era la misma, dios mío, no. Sus ojos castaños eran fríos, expresaban pura indiferencia, y eso sí que dolía más que cualquier cosa.

Para cuando reaccioné e intenté seguirlo, me percaté de que probablemente ya habría avanzado un par de cientos de metros, o más. Fue demasiado el tiempo que me quedé pensando, divagando en mis pensamientos y preguntándome una y mil veces el porqué de esa actitud tan fría conmigo, pensé que al menos demostraría enfado, o cualquier cosa, menos indiferencia.

No me di por vencido. Al día siguiente lo intenté de nuevo, y batallé lo mismo para lograr que Yurio no me siguiera, también recibí un mensaje de Mari, preguntándome cómo me había ido. Tuve que llamarle y explicarle todo. En un principio se rio de mí y me molestó diciendo que babeé al ver a su hermano, pero cuando le dije sobre su reacción (O más bien sobre su total indiferencia) se preocupó un poco y me dio ánimos para seguir intentándolo. Logró motivarme un poco ¿Por qué? Simple, si supiera que no tenía posibilidades ya me lo habría hecho saber desde un principio, en cambio, me estaba dando datos sobre Yuuri y me pedía que lo siguiera intentando.

En fin. Salí del hotel a la misma hora, sólo que ahora no esperé junto al árbol, sino en la acera de enfrente, esa por donde pasó mi sexy Yuuri el día de ayer. Y como si estuviera sincronizado, apareció a la misma hora, con otro conjunto de ropa deportiva, sólo que éste si me fue familiar. De hecho, era mi favorito, siempre le dije que el rojo le sentaba muy bien. La diferencia ahora era que le quedaba un poco más ceñido, dejando entender que había músculos debajo de la tela.

Mi corazón se aceleró y una sonrisa tonta apareció en mi rostro al mismo tiempo en que levantaba una mano para saludarlo, venía por la misma acera que ayer, estaba a unos diez metros de mí. Entonces su mirada se conectó con la mía y por un instante me preocupé mucho por mi aspecto ¿Me vería bien? ¿Le gustaría la ropa que traía? A lo mejor no le agradaba mi aspecto, me encontraba muy delgado. ¿No me habré peinado mal? Estaba oscuro el cuarto cuando recogí mi cabello, quizás...

No pude pensar en nada más cuando su mirada se apartó de mí y cruzó la calle para no pasar a mi lado. Eso me destrozó más que ayer.

—¡Yuuri! —exclamé sin pensar. Mi voz salió como un quejido urgente, salió de mi alma. Mis piernas cobraron vida propia y comenzaron a correr tras él. Seguro no me escuchó por sus audífonos, así que cuando estuve más cerca lo volví a llamar, más alto y claro.

Sí me escuchó. Lo supe porque dejó de trotar y comenzó a correr con una rapidez que no le conocía.

Yuuri era cruel.

Quise seguirle el ritmo, pero luego de perseguirlo durante un kilómetro y medio no pude más. No traía el calzado adecuado para correr, tampoco la condición necesaria, sin mencionar que mi cadera comenzó a molestar después de tanto tiempo en que no lo hacía.

Me entró mucha ira. Coraje por su actitud infantil, enojo por las circunstancias y mucha rabia por mi estado físico ¡Me sentía como un anciano de noventa!

Tomé asiento en la acera para tratar de recuperar el aliento. Alcé la mirada por donde se supone que Yuuri seguía corriendo. Ya no había rastro de él, había seguido corriendo con la misma rapidez. Envidiable, en verdad que su condición era envidiable.

No me rendí y lo volví a intentar un tercer día. Ahora me preparé con la ropa adecuada y con el coraje necesario para seguirle el ritmo. Lo esperé en el mismo lugar y sonreí con satisfacción cuando lo vi venir. Él sabía que lo seguiría esperando en ese lugar, así que... ¿Por qué no cambiaba su ruta? ¿Por qué insistía en pasar por aquí?

Tristemente hoy fue lo mismo, me ignoró monumentalmente, pasó a mi lado con sus audífonos puestos mientras se cargaba esa expresión de completa indiferencia que ahora me parecía más bien un escudo y no un reflejo de su verdadero sentir.

Yuuri.

Demonios, de nuevo esperándome, en el mismo lugar. Era el tercer día ¿Por qué demonios lo seguía haciendo si ya vio que no me interesa?

No, más bien: ¿Por qué no he cambiado mi ruta?

El primer día que lo vi no pude creer lo que estaba sucediendo. Había pensado que ya se había ido del país, pero no. Se quedó y estaba esperándome bajo ese árbol, mirándome con esos ojos profundos y ansiosos. Se veía ansioso por conocer mi reacción al verme ahí, lo sé, lo noté en su mirada; pero no le di el gusto. Usé todo mi autocontrol y tomé fuerza quién sabe de dónde para lograr mantener la calma luego de que mis ojos hicieran conexión con los suyos, y así pasar de largo como si de un extraño se tratase.

Traté de superar ese momento diciéndome a mí mismo que no se repetiría, nunca esperé que al día siguiente lo volvería a ver, menos aún que estaría esperando por mí sobre la acera que usé un día anterior. Hice lo mismo y pasé de largo, jamás imagine que esa vez me perseguiría por unos momentos. Escuché que me llamó un par de veces, como respuesta aceleré mi paso.

El tercer día me asombré mucho al verlo de nuevo, parado bajo el árbol y esperando que yo pasara, pero lo que más llamó mi atención fue el hecho de que estuviera vestido con ropa deportiva ¿Qué? ¿A caso planeaba perseguirme? Esperaba que no, pues no creía que se hubiese recuperado tan pronto de sus lesiones. Lo mejor que pude hacer fue correr más rápido y alejarme antes de que pensara en la posibilidad de verdaderamente alcanzarme.

Cualquiera que me viera haciendo eso me diría que era un maldito insensible, que debería enfrentarlo de una vez por todas y solucionar lo "nuestro". Phichit me lo dijo en un principio, pensé que por ser mi mejor amigo no sería imparcial, vaya que me equivoqué. Escuchó todo lo que tenía que decirle, me desahogué con él como no lo había hecho con nadie, respetó mi sentir y dejó que llorara en su hombro. Luego de eso fue directo y crudo conmigo, haciéndome ver que estaba siendo un cobarde y que debía de aclarar todo con Viktor, aunque eso significara decirle que tuve sexo con Victoria y que además la dejé embarazada, bebé que murió antes de nacer, antes de que su madre muriera también. No, no podía decirle todo eso, sabía que lo dañaría demasiado y lo decepcionaría, antes que eso prefería que creyera que no lo amaba más, por eso había hecho lo posible por no sentir nada cuando lo vi, bueno, por hacerle creer que no sentía nada, pues cada mañana desde hace unos días me levantaba con la ilusión de verlo de nuevo, "Sólo una vez más, sólo una y ya" me decía a mí mismo cada vez que tenía la oportunidad de girar en otra esquina que no fuera donde lo veía todos los días, pero no, yo era débil y no lograba alejarme por completo de él.

No tenía la fuerza necesaria para enfrentarlo y decirle que ya no lo amaba, para que así se fuera de una vez por todas y no volver a verlo en mi vida, para que al fin fuera feliz, quizás su ex esposa podría cuidar bien de él. Además, encararlo significaría no verlo de nuevo.

Hoy era el cuarto día que saldría a correr, y digo "saldría" porque había una lluvia torrencial azotando en toda la isla. Quería salir sólo por el hecho de que lo vería una vez más, pero... ¿Estará ahí a pesar de la lluvia?

No estaba muy seguro.

Narradora.

La lluvia caía copiosa contra su ventana y el clima fresco no ayudaba mucho.

—¿Vas a ir? ¿Con este clima?

El mayor miró al rubio y lo pensó unos segundos antes de responder, dubitativo.

—No lo sé —se llevó una mano al mentón.

—Debería ir yo, pero a su casa, a tocar la puerta hasta derribarla y obligarlo a hablar con nosotros. Se me hace una tontería lo que hacen ustedes dos. Desde hace mucho podrían haber arreglado sus problemas, pero les encanta complicarse la vida.

—No es verdad —se defendió de inmediato—. No del todo —admitió luego de pensárselo bien.

—Ya pasaron tres días, tres oportunidades desperdiciadas de detenerlo. En serio viejo, debería ir yo e interceptarlo, al menos tengo mejor condición que él.

—No seas exagerado —se ofendió un poco—. Además, no puedes simplemente pararte frente a él y exigirle que te perdone.

—Sí puedo —respondió con simpleza—. Es mejor eso que quedarme viéndolo como idiota mientras corre. ¿Qué? ¿Ahora él te intimida? Que bajo has caído —bufó.

—¿Entonces sugieres que lo obligue a hablar conmigo? —lo miró con fastidio.

—¿Qué no es obvio?

El mayor se cruzó de brazos y apoyó todo su peso en la pierna izquierda, estaba pensativo, no sabía si decirlo o no.

—Tengo que admitir que... sí, me paralicé al verlo, es decir, me siento muy nervioso y temo decir algo malo y alejarlo de mí por enésima vez, no sé cómo sobrellevar esto. Me siento idiota.

Yurio acortó la distancia entre ambos y estampó sonoramente las palmas de sus manos contra las mejillas del otro, quien se quedó de piedra ante esa extraña acción. Enseguida el rubio pellizcó y apretó esas mejillas con fuerza, sacándole un quejido al mayor.

—¡¿Qué haces!? —intentó zafarse. Yurio aún era mucho más bajo que Viktor, pero lo suficiente como para conectar miradas. El mayor vio claramente el enfado en esos ojos verdes de sargento, descubiertos gracias a que su mediana melena estaba recogida en media coleta.

—En serio, si fuera posible, diría que el katsudon poseyó tu cuerpo ¿De cuándo acá eres tan inseguro? Es decir... tuviste siete novias —apretó más las mejillas—. Seis más que el cerdo, eso quiere decir que tienes más experiencia, ve y soluciona esto ya —dio un último tirón y lo soltó—. Sin mencionar que ya hemos gastado mucho en hotel, bueno, tú has gastado mucho —se rascó la nuca un poco avergonzado porque fuese Viktor quien solventara los gastos de los dos—. Así que mueve tu trasero y ve.

—¿Y tú qué? ¿Vas a salir a esta hora? Son las 5:50 de la mañana —inquirió al verlo arreglado. Las mejillas del menor se ruborizaron levemente.

—Eso no te importa —infló sus mejillas.

—Ni se te ocurra salir con este clima, no voy a estar tranquilo si tú también sales.

El rubio rodó los ojos y se cruzó de brazos.

—Iré al vestíbulo para robarme internet. Haré videollamada con Otabek.

—Pero... él está en su país, si no mal recuerdo en Almaty ¿no? Ahí han de ser las dos de la mañana.

—Precisamente por eso. Está trabajando y sale a las tres, a veces más tarde.

—¿En qué trabaja? —se asombró.

—Es D.J. ¡Pero eso no te incumbe! Vete ya, que se hace tarde y no alcanzarás al gordo.

Viktor no dijo nada más, tomó una chamarra ligera e impermeable con capucha y salió de la habitación con premura, aún estaba a tiempo de llegar al mismo lugar de siempre. Estaba por llegar al vestíbulo cuando de pronto recordó que cuando hacía ese tipo de clima Yuuri no salía a correr, al contrario, se quedaba en casa y dormía más, o se sentaba mirando al patio mientras tomaba té caliente.

Era muy poco probable que Yuuri saliera, así que optó por llamar a Mari y preguntarle. Ella era su espía en casa de los Katsuki. Pero no respondió, seguramente seguía dormida.

Fue así entonces que salió directo al mismo lugar, sólo que un poquito retrasado en tiempo. Trotó con premura, atravesando las calles en medio de ese diluvio primaveral. El agua caía con tanta fuerza que a penas y podía distinguir si venía auto en la calle o no. Cruzó con mucha precaución cada calle y por un momento deseó que su amado no saliera con ese clima tan peligroso. Llegó al punto de siempre y no tuvo que esperar más de un minuto para verlo pasar sobre la otra acera, con una chamarra muy similar a la suya, usando la capucha y corriendo a la misma velocidad de siempre.

Que arriesgado —pensó el ruso. Iba a salir de su escondite tras el tronco del árbol, pero aguardó unos momentos al ver cómo Yuuri bajaba la velocidad conforme se acercaba a él. Notó con sorpresa que se detuvo por completo y miró en todas direcciones, buscándolo. No pudo evitar esbozar una sonrisa de emoción, ¿Lo habría extrañado? Él no solía detenerse así porque sí. Debió salir y mostrarse a Yuuri, pero se quedó ahí escondido unos momentos más, disfrutando la sensación de ser buscado por su amado. Estaba feliz, sabía que esa frialdad era sólo una fachada.

Sonrió de nuevo antes de salir y mostrarse, pero se detuvo al ver que el japonés seguía su recorrido con rapidez. La sonrisa se esfumó de sus labios al ver que antes de girar en una esquina se resbalaba debido a la velocidad y al agua encharcada en el piso. Más se angustió al ver que no se levantó de inmediato, sólo se había incorporado lo suficiente para quedar sentado en el suelo, inclinado sobre sí mismo. Eso fue más que suficiente para que sintiera una angustia infernal al saberlo herido o en peligro. Ni siquiera lo pensó, salió corriendo en su dirección.

Se paró frente a él y sin decirle nada le extendió una mano. Yuuri alzó la mirada, pero debido a la fuerte lluvia y a sus lentes salpicados de agua no logró reconocerlo.

—Gracias —dijo con suavidad luego de aceptar la ayuda. Su voz se escuchó como un leve murmullo debido al repiquetear intenso del agua contra los tejados de las casas y el pavimento de la calle.

Una vez incorporado miró frente a frente a su salvador. Entonces su bonito rostro se transformó en una mueca de sorpresa/desprecio/alarma verdaderamente fea.

Ahí soltó su mano como si ésta tuviera caca de perro y dio un paso atrás, trastabillando y cayendo de sentón al suelo, mojándose por segunda vez el trasero.

—¿¡Estás bien?! —se inclinó de nuevo sobre él para extenderle una mano que ahora no aceptó.

—Sí, gracias —respondió con fría cortesía mientras revisaba su pierna izquierda.

—¿Es tu rodilla? ¿Te la golpeaste al caer? —inquirió en tono suave y preocupado, trataba de hablarle con mucho tacto. No se atrevió a tocarlo de nuevo, se sentía como si quisiera atrapar a una avecilla escurridiza que se escapaba ante el más mínimo paso en falso.

—Estoy bien —dijo con tranquilidad al revisar su articulación y notar que no era nada serio. Se puso de pie y ya no volvió a caer, en verdad estaba bien. No pasaba de un simple golpe que necesitaría hielo para bajar la futura inflamación.

—Yuu... —fue interrumpido.

—No necesito de tu ayuda —se dio media vuelta y comenzó a caminar de regreso a casa, bajo la intensa lluvia y sin atreverse a mirarlo de nuevo a esos ojos que le hacían bajar sus escudos.

Esto estrujó el maltrecho corazón del ruso ¿Dónde había quedado su Yuuri?

"Tú lo pisoteaste, le mentiste y lo orillaste a esto" —le dijo una voz en su mente. Ya se estaba volviendo loco, o quizás era su conciencia.

Se quedó parado bajo la lluvia mientras veía a su amado partir lentamente, cojeando un poco. Apretó los puños con impotencia, no podía más con eso. Quizás Yurio tenía razón.

No le importaron las consecuencias que eso traería, después de todo no podían estar peor ¿O sí? Chasqueó la lengua ante sus pensamientos y se decidió a hacerlo. Caminó unos cuantos pasos largos y lo alcanzó.

Estando detrás de él, y sin previo aviso, lo levantó en vilo.

—¡Oye! —exclamó, removiéndose como oruga entre sus brazos—. Demonios ¿Qué haces? ¡Bájame ahora mismo!

—No —aspiró y suspiró después del esfuerzo—. Vaya... estás pesadito.

—Bájame.

—No —comenzó a caminar a pesar de sus protestas y reproches, sin mencionar que no dejaba de retorcerse, dificultándole la tarea exponencialmente. A pesar de todo, el ruso reía internamente, emocionado al ver que las tácticas de Yurio no fallaban. Anteriormente esa era su forma de actuar, directo y conciso, pero con el tiempo y con las experiencias vividas, su personalidad cambió un poco. Desde aquel accidente con el vodka y el Valium no era el mismo, o al menos hasta ahora. Se sentía tan bien volver a ser él mismo.

—Bájame, ahora.

Viktor no se atrevió a mirar su rostro desde que lo cargó, temía ver de nuevo esa frialdad y terminar arrepintiéndose. Esa indiferencia lo desarmaba hasta grados inimaginables, lo desarmaba por completo, así que no lo miró, hasta ese momento. Bajó la mirada y se regocijó al ver su rostro completamente rojo, no sabía si de vergüenza o de coraje, pero no se detuvo a pensar en ello.

—Con un demonio, suéltame ya ¿A dónde me llevas? —dejó de removerse al ver que con eso sólo lograba que el ruso lo apretara con más fuerza.

—A mi hotel.

Continuará...

¡PUM!

Tuve que dejarlo aquí porque dividiré el capítulo en dos partes. Esta parte no fue muy emocionante, pero nos sirvió para aclarar algunos puntos:

-La pesadilla de Viktor.

-El amor platónico que siente Mari por Yuzu.

-El reencuentro de Yuuri con Phichit y el renacimiento de su amistad (Más adelante veremos la influencia de éste último en la historia)

-El aparecimiento de Minami que sirvió nada más y nada menos que para darle celos a Viktor.

-El por qué Viktor y Chris se van a solas en un auto a media noche. Ah, no, eso todavía no lo sabrán.

-Y algo muy importante, al menos para mí: el punto de vista de ambas partes. Yuuri parece ser muy cruel ante la vista de cualquiera, pero si ves sus sentimientos a fondo y te pones en su ligar, creo que lograrías entenderlo un poco. Él ama a Viktor todavía, pero éste fue un idiota con eso de "Cerrar ciclos" aunque se le entiende, estaba dolido por las mentiras que le dijo su hermano obre Yuuri, pero aun así, el katsudon está intentando ser independiente de Viktor, intenta arrancárselo del corazón (cosa imposible de hacer) y quiere seguir adelante con su vida, con el patinaje, su familia y amigos, está siendo fuerte. También está el hecho de que, como aún ama a Viktor, teme decepcionarlo si este se entera de las tragedias de su vida (Sí, lo de Victoria) prefiere que lo odie por insensible y cruel que por esas terribles verdades. Había decidido decírselo todo, antes de que Viktor la cagara y literalmente le dijera que no lo quería más en su vida.

En cuanto al ruso, él se dio cuenta de que la cagó y quiere hacer un último intento, pero su actitud fue muy diferente a su personalidad habitual, al menos en casi todo el capítulo ¿Por qué? Simple, está "escamado" y teme meter la pata como lo ha hecho en tantas ocasiones atrás. Su amor por Yuuri es tan inmenso que comete locuras, ya lo vimos con anterioridad, así que se mueve con demasiada cautela, tanto que desespera a Yurio. Pero finalmente vimos que el ruso volvió a su actitud "Hago lo que quiero porque puedo y me place" al ver a un Yuuri medio lesionado. Digamos que le afloró lo "Vitya" y volvió a ser el mismo de capítulos anteriores. No sé si se habían fijado, pero la actitud de Viktor se fue haciendo más retraída y seria a lo largo de los caps.

-¡También vimos a un Yuuri recuperado! Totalmente recuperado y muy guapo.

¡PREGUNTAS! (son pocas debido a todos mis comentarios anteriores)

1) ¿Qué pasará en el hotel entre estos dos?

2) Viktor está siendo un completo acosador ¿Cómo reaccionará Yuuri al respecto?

20/04/2017