CAPÍTULO 15: FRAGMENTOS DE DOLOROSAS MEMORIAS

—¡Corre, maldita sea, Sonic! —oí su grito a mi derecha y apenas me levanté a tiempo para correr a mi característica velocidad, salvando mi trasero de volar en mil pedazos debido a la granada de fragmentación que arrojaron los Malditos en el área.

Volteé en dirección de Maurice y corrí sin más hacia él al verlo gimiendo en el suelo. Lo revisé superficialmente con la mirada y suspiré lleno de alivio al notar que sólo estaba aturdido por haber estado más cerca de la explosión que yo.

—¡Hijos de...! —gruñí y lo ayudé a caminar pues estábamos en medio de una zona de conflicto, rodeados de infectados y de Malditos. Quería correr pero al parecer tenía una torcedura o algo porque la mayor parte de su peso estaba en mí.

—¡Sálvate... tú! —gimió y tosió muy fuerte. Reduje la velocidad de la caminata para que no se ahogara aún más y no pude evitar espantarme al notar que sangre había salido de su boca. Quería decir que tenía una hemorragia interna. Joder.

—Cierra la boca y activa esa habilidad tuya para ambos —ordené y arriesgándome a recibir un puñetazo de su parte, lo cargué en mis brazos y corrí tan rápido como pude en varias direcciones para generar distracciones (puesto que levantaba polvo al moverme tan rápido) hasta que ambos nos habíamos vuelto invisibles a los ojos del mundo. Posteriormente, me dirigí a una zona lejana un poco más segura a una velocidad menor.

Hallé un lugar discreto en el que habían restos de edificios viejos y algo de vegetación, lo suficiente como para no llamar la atención.

—Eres... un idio...idiota —me dijo entre gimoteos mientras lo recostaba cuidadosamente en el suelo, teniendo detrás suyo una pared bastante estable a mi parecer.

—Cállate, estúpido —gruñí y busqué entre las pocas cosas que tenía en mi mochila un kit de primeros auxilios, pero no tuve éxito. Mierda—. Deberías agradecerme, no insultarme —tomé mi comunicador portátil e intenté contactar al resto de nuestra unidad para solicitar ayuda, pero nadie respondía—Me cago en... —apoyé mi mano en su rodilla izquierda y abrí mis ojos cuando lo oí gritar—. ¡¿Qué sucede?! —pregunté asustado y maldije al notar sangre en su ropa, justo a la altura de su pantorrilla.

—¡Sólo no... no toques... ahí! —me dijo entre aceleradas respiraciones y hablando entre dientes. El dolor brotando en sus ojos y su expresión en general. Mierda.

—Necesito revisarte —dije bastante nervioso ya y tome aire profundamente mientras tomaba el estuche de cuero de mi cuchillo de combate—. Escucha, compañero. Esto dolerá, ¿bien? —no tenía caso mentirle. Negó rápidamente al notar mis intenciones pero lo interrumpí cuando quiso volver a hablar—. Sabes que es importante ver qué es lo que tienes, así que no me obligues a atarte —advertí con tono inflexible.

Al parecer había funcionado porque tras unas cuantas maldiciones, tomó el estuche y se lo llevó a la boca, mordiéndolo levemente. Era tan consciente como yo de que era imperativo evitar hacer ruidos fuertes para no advertir a nadie (infectados o Malditos) de nuestra posición.

Una vez que recibí un asentimiento de parte suya, respiré profundo y corté cuidadosamente la tela de su pantalón con mi cuchillo. En las partes donde la tela estaba empapada de sangre, era más difícil cortar y quitarla de la herida, por lo que tuve que tirar suavemente de ella, provocando así que los gritos de Maurice sean silenciados por el estuche en su boca. Si eso, junto a sus manos apretadas fuertemente en puños era un indicio de su agonía...

Cielo santo.

Continué con mi tarea y al acabar minutos después, me estremecí al ver que tenía una maldita fractura expuesta.

—¡¿Por qué mierda no lo dijiste antes?! —lo reñí en voz baja, totalmente angustiado al ver el dolor reflejado en su rostro, y tomé varias respiraciones profundas tratando de alejar un ataque de pánico. Dios, había estado caminando con esa herida en su pierna. Sólo podía imaginar el dolor que había sentido en aquel entonces y el que sentía en esos momentos.

Por Chaos, solos en medio de la nada, sin refuerzos, sin medicamentos ni vendas, ni con el equipo adecuado, y con un Maurice en un estado delicado. Sí, todo marcha excelentemente bien.

—Se supone... que deb..ías dejarme... ah... dejarme allí —su murmullo agitado me sacó de mis angustiantes pensamientos. Había arrojado el estuche a unos pocos centímetros de su lateral.

—No digas eso otra vez, por una jodida —gruñí. Estaba muy enojado por el significado de sus palabras—. Al diablo con el estúpido procedimiento, eres mi maldito.../p
p dir="ltr"De repente oímos un estruendo bastante cerca de nosotros y callé abruptamente. Miré a Maurice y rápidamente le coloqué su máscara anti gas, haciendo oídos sordos a sus quejas e ignorando las dagas que me lanzaba por sus ojos.

—Deja de quejarte, por Dios —lo reté mientras terminaba de asegurar las sujeciones detrás de su cabeza—. Si tenemos que huir otra vez, no quiero que aspires polvo ni nada que no sea oxígeno —traté de meter un poco de sentido común en su persona.

Agradecía a todo lo bendito en el mundo el hecho de que la adrenalina en su cuerpo evitara que Maurice sintiera el dolor al cien por ciento, porque era eso lo que nos daba un pequeño margen de tiempo para encontrar ayuda o medicación.

—Escucha —murmuré tomando mi metralleta y cargándola con munición—. Iré a investigar qué demonios fue eso de antes, quizá fue... —un grito de horror se escuchó a unos 50 metros de nosotros, seguido de gruñidos inhumanos—. Mierda, infectados —me levanté y miré muy seriamente a mi acompañante—. Por lo que más quieras, no cometas la estupidez de moverte de aquí y ponerte en riesgo, ¿bien?

—No puedes... hablar en se..serio —tosió un poco más y me preocupé aún más al notar la palidez extrema de su rostro—. Al menos... dame algo con qué defender...me —murmuró en cuanto se recuperó y fruncí mi ceño.

—Tú no puedes estar hablando jodidamente en serio, maldición —le corté el rollo para evitar que siguiera ahogándose por intentar hablar y gruñí sabiendo que tenía razón al pedirme algo así. No era seguro dejarlo a la deriva—. Lo digo en verdad, Maurice. Por tus huevos, más te vale estar aquí para cuando vuelva —advertí y dejé un machete pequeño y un revólver a su alcance—. Y por tu maldita vida, no los uses a menos que sea extremadamente necesario, ¿entendido? —lo miré fijamente y no desvié la mirada hasta recibir de su parte un pequeño asentimiento.

《Bien, con eso me basta.》, pensé y me alejé sin más.

Haciendo uso de mi velocidad, corrí hacia un arbusto moderadamente grande para evitar ser visto con tanta facilidad y miré en todas las direcciones desde allí, tratando de dar con el o los infectados que había oído antes. Al encontrar 3 de ellos (todos de Grado 1), les apunté y con 4 tiros limpios en la cabeza le di fin a sus miserables existencias.

Agradecí mentalmente a Tails por recomendarme llevar silenciadores para mis armas esa misma mañana, de otra manera habría delatado mi posición a cualquiera que estuviese cerca.

Gracias a ese inocente pensamiento, fue inevitable preguntarme qué había sido de él, al igual que de Sally, Shadow, Knuckles, Silver, Vector... La lista era larga y no tenía tiempo para angustiarme por cosas que lastimosamente escapaban de mis manos. Lo importante ahora era poner a salvo a Maurice.

Con esa idea fija en mi mente, me concentré en la situación actual y salí del arbusto al notar que no habían más enemigos cerca, ni sonidos considerables a la distancia.

Sospechoso. Todo era demasiado sospechoso. Podía oír ruidos a lo lejos, pero no se parecía en nada al enfrentamiento entre las fuerzas de G.U.N. y los Malditos de Mephiles en el que había estado hacía menos de quince minutos. Algo malo podría estar pasando.

Tomé mi comunicador de nuevo e intenté contactar con Blaze, pero la línea estaba muerta. Lo intenté también con el resto del equipo pero la situación era exactamente la misma: estaba incomunicado con todos.

Maldiciendo, guardé el comunicador y nada más dar un paso de regreso hacia donde estaba Maurice, un infectado de Grado 1 que sólo Chaos sabe de dónde salió, me saltó encima y me derribó.

Me obligué a superar rápidamente el susto por su repentina aparición y evité todos sus intentos por morderme y desgarrarme. Luego, me lo quité de encima de una patada dirigida a su pecho y sin rodeos, clavé mi cuchillo en su frente.

Habría celebrado esa pequeña victoria de no ser porque, estúpidamente tarde, noté que al menos 10 infectados más me estaban rodeando, todos ellos de grado 2 y 3. Estaban a unos 10 metros de distancia, pero los hijos de puta me estaban encerrando deliberadamente dentro de un círculo.

—Por una mierda —maldije mi suerte al ser totalmente consciente de que estaba en un verdadero aprieto: una simple distracción no bastaría para despistarlos lo suficiente y regresar con Maurice sin que me siguieran. Estos mutantes eran por mucho más inteligentes, hábiles y rápidos que los de Grado 1, por lo que tenía que tener un cuidado absoluto.

Con verdadera precaución tanteé mis bolsillos y riñoneras, y noté que tenía una granada cegadora, una de fragmentación y otra incendiaria.

Pensando rápidamente en alguna estrategia para derribarlos a todos, tomé en mi mano la granada cegadora y aprovechando que uno de los infectados se me abalanzó, le quité el seguro y la arrojé a mis pies.

Algo estúpido o inteligente, dependiendo la óptica con la que se lo vea: al estar en medio de la explosión, me aturdí al igual que los mutantes, siendo privado totalmente de mi visión; pero haciendo uso de mi considerable memoria eidética, especulé la posición actual de los infectados luego de la detonación, y usando mi velocidad y mero instinto corrí fuera de ese círculo de muerte, chocando eventualmente a algunos infectados y rozando a varios de ellos, pero ileso en absoluto.

Estando ya a una distancia segura, parpadeé rápidamente para despejar mi visión del velo blanco que parecía cubrirla, dejando caer un par de lágrimas en el proceso a causa del ardor. Luego, sin perder un segundo más, quité el seguro de las dos granadas que me sobraban y las arrojé sin reparos a los aún desorientados mutantes. Cinco segundos después, algunos volaron por los aires por la honda de impacto de la explosión, mientras que la mayoría de ellos chillaron y aullaron de dolor al ser electrificados y quemados al mismo tiempo.

Sonreí levemente al saborear la batalla ganada, pero dicha expresión se congeló de repente cuando oí disparos y maldiciones no muy lejos de mi posición. Disparos de un revólver y maldiciones de Maurice.

En mi mente sólo estaba grabada la palabra peligro mientras corría hacia el lugar de donde provenían los disparos. Parecía que había pasado una eternidad hasta llegar al lugar, cuando en realidad no había demorado más de 4 segundos. La ansiedad que tenía era tal, que tuve que obligarme a concentrarme y calmarme para que mi cerebro no me engañase en mi preocupación casi extrema, y así poder ver realmente qué es lo que sucedía.

—¡Maurice! —grité al detectarlo apoyado a duras penas contra una de las viejas estructuras, tratando de sacarse de encima a un infectado de grado 1 y siendo acechado por otros cuatro mutantes de grado 3.

Justo a tiempo, vi que logró decapitar al infectado con el machete. En mi pecho surgió la imperiosa necesidad de correr hacia él y asegurarme que no había recibido más daños, pero unos gruñidos furiosos me obligaron a mirar a mi derecha, donde los infectados se preparaban para atacarme.

Inevitablemente, con mi grito llamé su atención sobre mí, lo que provocó que se acercaran a mi posición, y joder si los hijos de puta no se estaban tomando su tiempo para evaluarme descaradamente con sus muertos ojos blancos.

Yo era una presa mucho más interesante que mi hermano, pues en su débil estado sólo debían acercarse para acabar con él, ¿y qué clase de vil diversión había en una caza tan sencilla y accesible para unos infectados que razonaban lo suficiente como para sentir placer en perseguir cualquier cosa viva, para desgarrarla y torturarla con sus afilados dientes y garras increíblemente grandes y fuertes?

Exacto, ninguna.

Malditos hijos de perra. Malditos sean ellos y el infeliz que los creó.

Respiré profundamente, obligándome a tragar el odio que invadía mi mente cada vez que pensaba en el responsable de todo el caos actual, y me enfoqué en mis enemigos. Al parecer habían terminado con su escrutinio visual, ya que tomaron posiciones ofensivas y sin más, dos de ellos corrieron directamente hacia mí.

Estabilizando mi metralleta, apunté con un rápido movimiento hacia el más cercano y con 7 tiros secuenciales en toda su cabeza, lo derribé.

Ahora quedan 3.

Miré hacia el otro infectado y tuve que correr fuera de su camino para evitar un importante placaje que estaba destinado a someterme bajo su enorme cuerpo, y sólo Chaos sabe cómo podría terminar aquello. Aprovechando su confusión tras verme desaparecer en sus narices de un segundo a otro, blandí mi cuchillo como el excelente luchador con armas blancas que era, me acerqué a él por sus espaldas y con un suave deslizamiento de mi brazo lo degollé. Un corte hermosamente limpio y certero.

Y ahora son 2.

Fijé mi vista en los dos infectados que habían decidido mantenerse al margen, y lo que ví en sus ojos era la inconfundible sed de matar. De repente se separaron y corrieron hacia mí por direcciones opuestas: uno por mi izquierda y el otro por mi derecha.

Pensé en correr hacia adelante para evitar que su truco barato funcionase, pero eso implicaba arriesgar aún más a Maurice, por lo que corrí hacia atrás, evitando exitosamente morir empalado por las enormes garras de 15 centímetros de uno de los mutantes, garras que estaban destinadas a clavarse en medio de mi frente y que sólo rozaron mi uniforme reglamentario.

Corrí un poco más para tomar distancias de los mutantes (pero no lo suficiente como para estar completamente alejado de mi hermano) y en el proceso recargué mi metralleta con las últimas 10 balas que me quedaban.

Gracias a mi actual posición, uno de los infectados estaba mucho más cerca que el otro, por lo que era óptimo cargármelo primero. Y así lo hice: disparé toda la munición que tenía en el arma, pero fallando en darle a su cabeza y dañando principalmente su pecho y brazos, y todo ello debido a que el maldito desgraciado zigzagueó al acercarse a mí, evitando deliberadamente los proyectiles que se dirigían a su cabeza.

Gruñendo en frustración, tomé nuevamente mi cuchillo ensangrentado y eludí su primer ataque. Luego, aprovechando el punto flaco que dejó a mi disposición cuando tomaba impulso para ensartarme con sus garras, clavé mi arma blanca en su pecho, lo suficientemente cerca de su podrido corazón. Tomando impulso con mis piernas, lo obligué a caer en el suelo mientras gimoteaba, claramente debilitado por la herida. Y cuando sus blancos ojos me miraron con verdadero odio, pisé con fuerza el grueso mango del cuchillo, acabando así con su miserable existencia.

Finalmente somos uno contra uno.

Por el rabillo del ojo pude ver al otro infectado bastante cerca, por lo que me agaché para recuperar mi arma del pecho recientemente partido en dos, sin embargo no fui lo suficientemente rápido.

Ese jodido cabrón me tacleó con la fuerza de un automóvil y me aplastó contra el suelo con todo su peso, e intentando recuperar el aire que mis pulmones perdieron durante el terrible impacto, boqueé desesperado a la vez que esquivaba sus arañazos tan bien como podía.

Lo hice bastante bien durante los primeros ataques, pero luego de forcejear durante lo que pareció una eternidad, movió su brazo izquierdo más rápido de lo que había visto jamás y sin miramentos, me clavó sus asquerosas garras en el brazo derecho, atravesando mis huesos con la misma facilidad con que un tenedor clava sus dientes en un trozo de mantequilla.

Grité ante el estallido de dolor repentino, y supe en lo más profundo de mí que ese era el final cuando vi entre las lágrimas de dolor y horror que nublaban mi visión cómo el infectado levantaba sobre mi cabeza su brazo libre.

Cerré los ojos con demasiada fuerza, resignado a morir y esperando el golpe de gracia.

Golpe que nunca llegó.

¿Aún sigo vivo?

Fui vagamente consciente del sonido de un potente disparo segundos antes, pero realmente no había prestado atención en ello. Mi error fue no haber tenido abiertos los ojos para ver cómo una bala de gran calibre había atravesado la frente del infectado sobre mí. De haberlo hecho, habría comprendido por qué tan de repente sus ojos blancos rodaron sin vida hacia atrás, para luego su cuerpo caer sin fuerzas sobre el mío, quitándome el aire nuevamente.

La máscara anti gas en mi cara entorpecía un poco mis intentos por respirar correctamente, pero por una jodida, ¡aún estaba vivo!

—¡Sonic! —oí el grito aterrado de mi hermano a una distancia considerable, pero no podía verlo por el pesado cuerpo sobre mí.

—¡Estoy bien! —grité con voz entrecortada, intentando calmarlo para que no cometiera la estupidez de intentar caminar y herirse aún más.

A pesar del dolor que sentía por tener mi brazo todavía conectado a las garras, me sentía eufórico por estar a salvo... o al menos no a punto de morir.

Con renovadas energías, empujé lejos el cuerpo del mutante y en el proceso, quité descuidadamente las garras de mi cuerpo, lo que generó una herida más preocupante. Joder, podía ver el hueso, los músculos y hasta mis malditas venas perdiendo sangre.

Aullé de dolor y maldije al mundo entero mientras mi visión se nublaba levemente, pero sofoqué a tiempo el ataque de pánico y a duras penas respiré agitadamente.

Sentí pasos apresurados a mi izquierda y gemí sin saber que haría si se trataba de otro infectado o de algún Maldito, pero grata fue mi sorpresa cuando en mi campo de visión apareció un rostro muy familiar.

—Levanta, Sonic. ¡Vamos! —me dijo Shadow con una preocupación casi entrañable inundando sus ojos carmesí. Tomando cuidadosamente mi brazo sano, me ayudó a levantarme y estabilizarme sobre mis pies.

—¿Qué te sucedió? ¿Dónde está el resto? —inquirí en cuanto salí de mi aturdido estado, y fue cuando realmente lo miré.

Estaba totalmente desalineado, tenía sangre por todos lados, había una clara herida en su hombro derecho, probablemente de una bala, y su expresión denotaba cansancio extremo.

—Eso no importa ahora, necesitamos salir de aquí cuanto antes. La situación se descontroló en absoluto y la única opción es alejarnos —dijo con apuro mirando a los alrededores—. Dime que puedes correr... —su voz se detuvo abruptamente cuando ambos oímos un horrible alarido y gruñidos extraños que nunca antes había escuchado. Shadow se tensó visiblemente y me miró a los ojos con auténtico terror—. Debemos huir —murmuró apenas.

Sin entender muy bien lo que sucedía, volteé en dirección de los ruidos y no supe cómo reaccionar a lo que mis ojos estaban viendo.

Detrás de los muros cercanos a Maurice, quien estaba en el suelo gimoteando en agonía, apareció de repente un espécimen de infectado desconocido para mí: era un muy deformado antropomorfo león de aproximadamente dos metros y medio de alto; cuyas fauces estaban destrozadas al punto de tener su mandíbula colgando, unida a su cara gracias a la piel putrefacta; sus brazos se habían convertido en dos masas enormes llenas de lo que parecían ser espinas o pinchos erectos bastante similares a los colmillos de felinos; y lo más aterrorizante de todo eran los pares y pares de brazos con grandes garras por dedos que sobresalían de su espalda y se movían de un lado a otro con cada paso que daba esa cosa.

—Por Chaos, ¿qué es eso? —pregunté estúpidamente, sin poder salir de la impresión.

—Oh Dios, Maurice —murmuró Shadow.

Mi boca podría haber estado a la altura del suelo cuando esa cosa, interesada en alcanzar a mi hermano, emitió un gruñido que podría haberse confundido con un sonido de satisfacción, y de repente su cuerpo entero se cubrió con poderosas llamas. Y lo más extraño de todo fue que la criatura no aulló ni mucho menos, de hecho parecía complacida por el fuego que según veía, no le causaba daño alguno.

—¡Ayuda! —el grito desesperado de Maurice me sacó de mi estupor y fue cuando finalmente reaccioné.

Ese monstruo se estaba acercando peligrosamente al erizo, con oscuras intenciones y con garras recién desenfundadas de las puntas de sus totalmente deformados dedos.

Maurice podría morir si no hacía algo en ese mismo instante, por lo que en mi desesperación al no tener ningún arma de fuego, corrí hacia ese ser desconocido y tomando todo el impulso que me fue posible, le atiné una fuerte patada en el pecho que lo obligó a retroceder unos cuantos pasos. Y para mi sorpresa, de repente el fuego que cubría su cuerpo se extinguió.

Dejando de sostener mi brazo herido, empuñé mi cuchillo y corrí hacia esa cosa, clavando el arma en su engrosado cuello. El mutante chilló de dolor y con uno de sus brazos me dió un golpe cuya fuerza descomunal provocó que saliera volando hasta chocar con una de las viejas paredes que aún estaban levantadas.

Grité en agonía cuando el dolor más intenso que había sentido en toda mi vida me invadió. Mi visión se oscureció de repente y por unos segundos, o tal vez horas, dejé de ser consciente. Cuando recuperé parcialmente el sentido, me hallé tirado en medio de escombros, con más de una costilla rota y al menos una pierna quebrada.

Emití un alarido más en busca de ayuda mientras oía a Shadow y a Maurice gritando mi nombre, pero todo se oscureció totalmente cuando la inestable pared con la que había chocado comenzó a desmoronarse sobre mí.


—Hey, Maurice. ¿Sigues aquí? —la voz de Silver me obliga a volver al presente. Parpadeo rápidamente, alejando esos dolorosos recuerdos de mi mente.

Correcto. Estamos en el helicóptero de extracción.

—Claro, dime —murmuro y aclaro mi garganta al notar mi voz bastante ronca. Probablemente consecuencia de haber estado sin emitir palabra durante horas.

—¿Seguro que estás bien? Te noto distraído —insiste y ruedo los ojos, a pesar de que no puede verlos por mi máscara anti gas.

—Lo estoy, Sil —miento con más seguridad y relajo deliberadamente mi postura.

—De acuerdo —dice con duda, pero decide dejar pasar el asunto—. Siento decirte esto, pero el mando desea hablar contigo inmediatamente. Están muy alterados por lo que sucedió y quieren escuchar tu versión de los hechos mientras Amy es atendida por Rouge —añade con voz cansina.

—¿No pueden esperar un poco? —replico sinceramente cansado por la insistencia de nuestros superiores. No nos dejaban tomar un respiro, por Chaos.

—Me temo que no. He eludido sus llamadas anteriores afirmando lo obvio, que necesitas un descanso... pero al parecer su paciencia se ha agotado —afirma con pesar.

Tomo aire profundamente, sabiendo que no sirve de nada un ataque de cólera en momentos como éste.

—Bien. Diles que en unos minutos hablaré con ellos —cedo entre dientes. Mi compañero asiente menos tenso, y se dispone a alejarse, pero hablo nuevamente—. Y Rose, ¿cómo se encuentra?

Silver voltea, aparentemente sorprendido por mi interés en la salud de quien había rescatado horas antes.

—Ella... —comienza con duda—. Está mejor. Un poco inestable aún, sí. Después de todo necesita que su médico particular la examine, pero sí, ya está fuera de peligro —termina y asiento despacio.

—Me alegro —digo con sinceridad y me levanto del incómodo asiento sobre el que había estado sentado la última media hora—. En unos instantes me reuniré contigo —hablo con un poco de rigidez en mis palabras, sin embargo Silver asiente y se aleja sin más.

Estiro levemente mi tensos músculos e inconscientemente miro mi brazo derecho, viendo con atención cuatro cicatrices irregulares cubiertas por tatuajes realizados sobre mi piel con el único objetivo de ocultar la terrible experiencia en la que, sin haberlo sabido en aquel entonces, escucharía por última vez la voz de mi hermano.


¡Hey hey hey! ¿Cómo están?

Antes de que arrojen los tomates a mi cabeza por mi demora horrosa para actualizar, diré que fue la universidad (como siempre, jé). No les miento cuando les digo que el tiempo se me pasó volando desde la última actualización y Jesús, ¡ya estamos casi en 2020!

De todos modos, en compensación les traigo este kilométrico capítulo a mi parecer, y es que vaya... es la primera vez que un capítulo tiene poco más de 4000 palabras jajaja.

En fin, espero que les haya gustado este tan ansiado relato por varios. Al fin la identidad de nuestro querido Maurice ha sido revelada. ¿Se esperaban algo como eso? Espero que sí, puesto que en capítulos anteriores había tirado la pista ;) Pero como sea, ansío leer sus respuestas y teorías de lo que sucedió con este misterioso personaje.

Desde ya muchísimas gracias por el apoyo y amor que le dan a esta historia, mis queridos lectores.

¡Nos leemos luego!