hola, fueron dos semanas, pero parecía un mundo. Lo dificil que fue volver! Gracias por todos los comentarios, ayudan mucho.
Es imposible creer que este fic, pronto cumpla diez años de que publicara el primer capitulo! hablando con una amiga, joannePoterrshop, cavilavamos acerca de el uso del giratiempos en "HP y el niño maldito," y si la memoria no me falla, este se publicó en 2016. Asi que una de de dos, o yo tengo una mente privilegiada y me adelanté a los hechos (cosa que no creo), o me copiaron... cosa que tampoco creo, porque humildemente creo que mi uso, y explicación del giratiempos, en mi historia es como mas creible! me dejo de boludeces...
Aca está el capitulo...
Es largo, asi que si con el anterior recibi 20 reviews... por este quiero el doble, minimo... y no voy a publicar hasta que cumpla mi meta...
Gracias por el apoyo en las diferentes redes sociales...
Capítulo 18
Desde el principio había pensado que esta misión se desmadraría. La situación entre los cuatro, antes de que la cuestión del giratiempos se presentara, y pasados cinco años desde la creación del grupo, era apenas sostenida por el objetivo a seguir. En eso, la Elite del Fénix estaba claro: desterrar del mundo mágico toda sombra de magos tenebrosos que vinieran a amenazar la paz lograda hace años, luego arduas y dolorosas luchas, y pérdidas. En el lapso transcurrido hasta el día de hoy, hubo reproches, miradas, odios velados, dolores exteriorizados, insultos, e incluso uno que otro golpe que alivianaba la tensión, pero nunca, nunca, perdían el eje. Siempre los unía el afán en tratar de mantener la paz y tranquilidad del mundo mágico. Ginny, Ron y ella misma, desde que volviera de Bulgaria, habían trabajado codo a codo por ello. A pesar de que ella sufría horrores cada vez que cruzaba la puerta del cuartel y lo veía, sentado, desgarbado, agotado, y sufriendo los excesos de una noche de juerga, y bacanal, y levantara esa mirada azul que toda su adolescencia había anhelado. Pero ya no eran los ojos azules puros, sonrientes, joviales. Sus ojos estaban gastados, rojos, tristes. Incluso con la llegada del nubarrón de emociones negativas que significaba Harry, la Elite estaba firme, aunque las peleas aumentaran, las palabras hirientes estaban a la orden del día, los vacíos, la mirada acuosa de Ginny ante cada insulto, o palabra cargada de odio de parte del gran amor de su vida; la mirada de rabia y más que nada celos de Harry, al ver a su adorada pelirroja, indolente, contar las osadas correrías sexuales que vivía. Y aunque Hermione supiera que eran puras mentiras, Ginny era tan convincente en su relato, sabía dar y recibir, y lo que le daba a Harry, lo hería en lo más profundo, porque él no era protagonista, ni siquiera un pequeño partícipe de la vida de la pelirroja. Y qué decir de los infortunios de la gran Hermione Granger, seguía aún boyando en el mar de las decepciones que había sido hasta ese momento su vida; soportando que le dijeran frígida, fría, heladera con freezer, por la manera tan calculadora y lógica de entender y enfrentar las cosas. Si, aunque arrastraban miles de problemas, locuras, desgracias, así la gloriosa e invencible Elite del Fénix, seguía traqueteando por un camino empedrado, y no les había ido mal.
Pero todo ahora se había ido por el excusado. La misión era un completo desastre, porque simplemente nadie estaba llevándola a cabo. Harry había decidido cambiar el futuro, y ella sabía, porque había leído varios libros al respecto, que la magia, tarde o temprano se las cobrada… y con creces. Suspiró. Todo lo que haces, sufre una consecuencia, que puede ser positiva o negativa, teniendo en cuentas los actos que pueden ser acertados o errados. Y vaya si ella lo sabía. ¿Cuánto hacía ya? Ocho años… ocho años de que cometió el estúpido error; ese traspié que la marcaría por mucho tiempo. Ese error que, de a poco, le fue quitando la vida, transformando a la lógica y determinada Hermione en un manojo de inseguridades, que provocaron que su cautela a la hora de tomar decisiones, tanto en el trabajo como en el amor crecieran exponencialmente, y con ello, su anulación completa como mujer… suspiró. Hasta que Ron, y sus palabras, tomara cartas en el asunto, y ella reflotara sus inseguridades y temores, haciendo que lo poco que hubiera recuperado, se fuera a la mierda. Lo pasado con Ron en la biblioteca, la estaba matando en vida. Escuchar sus palabras, su mirada de decepción, escuchar con dolor sus pasos cuando se iba, y lo peor, la indiferencia. Ya ni siquiera la miraba. Sus ojos se aguaron un instante. Lo peor de todo era que, en el curso de los nuevos acontecimientos, iba a tener que hablar con Ron en un futuro no muy lejano. Trató de serenar su respiración, una, dos veces…. No eran suficientes. Hablar con Ron, sería fácil, lo difícil sería el después. Ron no aceptaba, ni aceptaría nunca, su forma de ser. Qué diablos, ella misma no soportaba su forma de ser, pero no podía hacer nada por cambiar. Lo vivido con Viktor aun reverberaba en su memoria, y no la dejaba continuar…
Cuando ella había optado por seguirlo a Bulgaria, no lo había pensado detenidamente. Si lo hubiera hecho, quizás, habría desestimado la oferta, pero la herida que causara la actitud de Ron estaba latente, y supuso que cambiar de lugar, y alejarse de todo lo que conocía y dolía, iba a ser bueno. Viktor, desde el momento en que lo conociera en el Torneo de los Tres Magos, siempre había sido amable con ella y también demasiado comprensivo, cosa que tendría que haberla alertado en algún punto, porque nadie es extremadamente comprensivo, bajo ningún aspecto. Pero, al menos las primeras semanas de convivencia en Bulgaria, fue el caballero que la deslumbró en Hogwarts, mostrándoles los centros culturales, espacios recreativos, y bibliotecas, es decir todas aquellas cosas que la atraían y que a cada instante que veía, la convencían de que había tomado la mejor decisión. Ron dolía cada vez menos, y Viktor, bueno, Viktor era tranquilo, un buen oyente, poco conversador. No tenía la mirada turbulenta de Ron, esos ojos azules que de solo mirarlos adivinabas, lo que el dueño de esos ojos podría prometerte en una noche, entre las sábanas; y su cuerpo atlético, sin exagerar, alto… amaba cuando Ron se acercaba a su escritorio a observar algún dato encontrado por ella, y al levantar la vista, observar esa pequeña cicatriz que tenía en el mentón; aquella que se hiciera al jugar el ajedrez mágico, en su primer año, la primera aventura que vivieran juntos, en Hogwarts. En ese momento hubiera matado, sólo por poder lamerle la cicatriz, mientras él le hacía el amor, y la convertía en mujer. Si, porque Hermione Granger, la exitosa e inteligente estudiante de Hogwarts, la chica cargada de lógica, y que no se movía por los instintos, hubiera dado su vida, por el sólo hecho de sentir los brazos de Ron Weasley, rodear su cuerpo, sentir cómo se le erizara la piel, cuando los dedos de uno de sus mejores amigos la acariciaran, al menos una vez en la vida. Si, Hermione Granger tenía fantasías, y aun lloraba el nunca poder concretarlas. Tenía veinte años, y una maleta cargada de ilusiones. Quería ser feliz, y Viktor Krum, el buscador estrella, el niño mimado de Bulgaria le ofrecía, la olla de oro al final del arcoíris. Con Harry, fuera del país, Ginny fuera de su mente, Y Ron… Ron prácticamente vivía dentro de sus putas, ella había quedado sola; Viktor sólo había tenido que tenderle la mano y ella la había tomado, como Rose, aferrada a la tabla, después que se hundiera el Titanic.
Hermione seguía metida en sus pensamientos. La vida en el Hogwarts al que habían llegado, en esta misión, seguía, pero ella estaba atascada en sus recuerdos. Suspiró, una o dos veces. Añorando los abrazos a los que Ron la había acostumbrado, en ese corto tiempo, luego de hacer el amor. La aferraba a su cuerpo, besándole la frente, el pelo, acariciándole el brazo, cuidándola. Sentir su corazón latir con fuerza, besar su torso. Que diferente había sido todo cuando se había mudado con Viktor. Con Ron, el sexo era una tormenta que aliviaba un tórrido día de verano. Viktor, en cambio, fue siempre su infierno privado. Se había convencido de que la primera vez para la mujer siempre era así, dolorosa, enfermante, él simplemente yació sobre ella, y así, sin prepararla, sin siquiera pensar en ella y en su confort, comenzó su calvario. Ese martirio que noche a noche vivía, y que no quería poner de manifiesto ante su novio, ni ante nadie… Nunca tuvo un orgasmo. Hermione Granger, aprendió a mentir, a fingir. A conformarse con la mediocridad, cuando sus amigas de Bulgaria le contaban las bondades de sus parejas, ella sonreía, y callaba… o mentía. Poco a poco, la infelicidad la atosigaba-. Después de un año de mala vida, estaba dispuesta a dejarlo, pero Viktor, bendito sea el hijo de puta, se accidentó jugando al Quidditch, y para maldición de ella, el bastardo tuvo que dejar el Quidditch, y ella tan buena y solidaria, y con remordimientos en su conciencia por querer abandonarlo, decide esperar hasta su recuperación. Pero Viktor no se recuperó nunca, y con ello, sobrevino la peor pesadilla que ella podría haber vivido. Su amable y comprensivo novio se convirtió en un perfecto desconocido, cambiando su personalidad, diametralmente, volviéndose dependiente de las opciones que en un principio servían, para aliviar el dolor; luego vino el alcohol, y el juego, tornando su relación agresiva, el sexo, violento, y cargado de resentimiento. La actitud de Viktor la hizo llorar y descreer, y preguntarse ¿acaso ella hizo algo malo en la vida, había dejado alguna deuda pendiente que pagar? ¿cuál?
Las lágrimas volvieron el presente, como sucedieran en ese entonces. Miró el cielo borrascoso de Hogwarts, próximo a una tormenta, igual que la noche en que comenzó su tormento personal. Rápidamente entró cuando las primeras gotas la alcanzaron, sentándose en uno de los escalones de la gran escalera, y los recuerdos volvieron a atacarla, haciendo flaquear sus piernas. Viktor había llegado con amigos, y había querido que su novia fuera la atracción principal… con todos. Ante la negativa se volvió hacia ella, dándole un golpe, Hermione tuvo que soportar los aplausos de los amigotes del campeón, y la humillación de verse arrastrada por su novio que, tomándola de los pelos la llevó rumbo al cuarto. Apenas subieron la escalera, le dio un golpe en el plexo, que la dejó sin aire y sin reacción. Las lágrimas salieron a borbotones, mientras el supuesto hombre que le había prometido cuidarla y respetarla, le mordía el cuello dejándole marcas. El aliento a alcohol, la hacía sentir nauseas, después, el abrir la puerta del cuarto de una patada, tirarla a la cama… y sentirse morir de a poco en vida. Abstraerse de ese momento, recordar aquellas cosas que le hacían bien: la sonrisa de Ginny, después de una broma a sus hermanos; el recitar la historia de Hogwarts, el darle ánimos a su mejor amigo… los ojos de Ron. Cada vez era algo diferente, cada momento en que el horror la atacaba, ella sólo tenía que recordar, solo recordar, aguantar las embestidas… y morir un poco. La Hermione lógica, se volvió sumisa, sin voz, las lágrimas de a poco se iban secando, así como ella. Viktor había logrado degradarla a un sucio objeto para su uso. Su maldito infortunio, quedarse callada, agachar la cabeza, y con ello, haberle dado el poder para desgraciarla más. Tuvo que soportar insultos, golpes, durante un año más. Había dejado de visitar a sus padres, porque Viktor se lo prohibía; ya no usaba faldas, porque Viktor la trataba como puta; había dejado de maquillarse, porque Viktor se enfurecía y cargaba contra ella, ya que creía que seducía a sus amigos. Se alejó de todos. Viktor, hacía: Viktor decía; Viktor; Viktor; Viktor… y ella relegada a la nada misma.
Aun recordaba cuál había sido el clic que la despertara: El bastardo había perdido una importante cantidad de dinero, no había tenido otra feliz idea que brindar como garantía a ella. Escuchar cómo su marido la ofrecía como la peor mierda, en pago por sus vicios, fue el fuego que encendió su carácter, su determinación. Recordaba estar parada frente a esos asquerosos tipos, mientras su marido le subía la falda mostrándole la mercancía. Las risas, más miradas socarronas, de aquellos que veían en ella carne, simplemente un objeto. Y luego vino el empujón de Viktor pasándosela a sus secuaces. Y luego, un grito desgarrante, cargado de odio y desespero, que nunca supo de dónde sacó las fuerzas. Golpeó a su opresor y gritó, levantando la mano, y su fiel varita voló hacia ella, deseosa, como si hubiera estado esperando el momento preciso en que ella se animara, y fuera la aguerrida e inteligente bruja que siempre fue. Los hombres desaparecían de su vista a medida que salía corriendo hacia el primer piso. Viktor la alcanzó en la puerta de la habitación, haciéndola volar de una patada contra la pared, haciéndole sangrar la cabeza. Ella lejos de amilanarse, sonrió, mirando a Viktor que farfullaba palabras incoherentes, producto del alcohol, de las drogas, y de la rabia. Pero ella ya no escuchaba, ella ya no estaba dormida, ella estaba de pie, Hermione Granger, la bruja más inteligente de su generación había resucitado. El movimiento de varita fue apenas visible, Viktor fue a parar, al final del pasillo. Selló la escalera, ninguno iba a salvarlo. Verlo allí, sangrando y mirándola con odio, le dio el valor. Fue la primera vez que usó maldiciones imperdonables. No supo cuántas maldiciones crucciatus le hizo. Dos, tres, no importaban… lo había hecho odiando, con rabia, así dolieran más, y dejaran secuelas. Y luego, le cortó los brazos… hubiera querido sacarle los ojos, o matarlo, pero los padres de ese hijo de puta habían llegado. Ella sólo regresó a su habitación, recogió sus cosas, tomó al gato, y desapareció. Había dejado el infierno… pero a medias. Viktor la había arruinado para los hombres. Se había convertido en una, como le decían sus amigos, en una frígida, fría, y lógica, que nunca se arriesgaría por nada. Así vivía bien… hasta que volvió a su vida Ron. Y allí todo su mundo organizado se fue a la mierda. ¿Qué iba a ser de ella, de ahora en más?
Un sonoro crac se escuchó tras la enorme puerta de entrada, seguido de maldiciones e insultos… la puerta de entrada al castillo se abrió de golpe. Y sus ojos fueron al cuerpo inerte que Harry llevaba en sus brazos. Luego miró a su amigo, con los ojos, rojos, su cara sucia… había derramado algunas lágrimas. Este la miró. Las piernas del auror flaquearon, haciéndolo caer de rodillas, pero siempre protegiendo su preciada carga. Pasó la mano que aún sostenía la varita por su cara, corriendo el mechón negro de su pelo que tapaba la cicatriz, respiró profundamente una, dos veces, y levantó la vista, clavándola en ella.
- Hermione… - sólo atinó a decir con la voz quebrada. Ella corrió hacia dónde estaba su amigo, agachándose, para observar a Ginny.
¿qué sucedió? – sólo dijo.
- Mortífagos… -alcanzó a decir. El vestíbulo se llenó de gente, el profesor Dumbledore, sus padres, Remus. Harry no miraba a nadie, solo tenía ojos para Ginny, como si con sólo mirarla la forzara a despertar – yo…
- Bellatrix y sus secuaces, llegaron… - dijo Ron, mirando a los otros. Hermione lo miró, pero él, no volteó la mirada para verla. Respiró profundamente.
- La perra estaba desarmada, pero de alguna manera… - acotó Sirius
- ¿qué hechizos…? – dijo ella. Harry, no dejaba de ver a Ginny, y mantenerla protegida con sus brazos. – ¡Harry, qué hechizos!
- Fueron hechizos… - balbuceó y luego gritó – ¡Despiértala, atiéndela… sálvala!
- No sabemos los hechizos… - dijo Ron – fueron no verbales…
- ¡Oh por Merlín! - se escuchó decir a Lily. – si no sabemos…
- Llevémosla a la enfermería… – dijo Hermione resuelta – allí me dirás el color de los hechizos y la intensidad, a qué distancia estaban de Ginny cuando… - tomó la cara de Harry – ¡mírame, escúchame! – Harry levantó la mirada, y Hermione vio en ellos amor, y desesperación – escúchame, vamos a ayudarla, pero debemos llevarla a la enfermería… ¡Ahora! – se levantó sintiendo un leve mareo, pero no le hizo caso. Rápidamente, se acercó al profesor – podemos desaparecernos y aparecer…
- Está todo previsto… - dijo él, moviendo la mano. Hermione, se acercó a su amigo.
- Estaré en la enfermería con Madame Pomfrey… - y desapareció. Harry hizo lo mismo. Apareciendo pronto en la enfermería. Hermione se movía de un lado al otro, mientras él depositaba a Ginny en una camilla, cerca de la oficina de Madame Pomfrey. Esta acompañaba a Hermione, buscando frasquitos en un enorme armario de madera antiguo. Su amiga, se acercó, sacó la varita, y haciendo un hechizo, pasó la misma como un escáner sobre el cuerpo de Ginny. - Necesito que me digas, qué color eran los hechizos, para poder ayudarla… - dijo ella, aunque pasando la varita por la zona de la pelvis, frunció las cejas… - luego levantó la mirada observándolos. Este solo miraba a Ginny, y le tomaba la mano – Harry… - levantó la mirada – sé que… - suspiró – dime… los hechizos.
- Uno era rojo y el otro morado… - tragó saliva – Bellatrix estaba como a diez metros, Rodolphus más cerca… entre cinco y siete metros… Hermione – dijo con la voz entrecortada.
- Tranquilo, vamos a ayudarla – dijo tratando de sonreír – solo dime qué tan rojo y qué tan morado…
- Morado, refulgente, con destellos índigos… - levantó la pálida y pequeña mano y Ginny y la besó – el otro… fue cambiando de color a medida que se acercaba, comenzó con un rojo brillante, tornándose naranja, como fuego…
- Maldición… – dijo ella dejando la varita, y corriendo a su maletín, sacó un bisturí – Harry, escúchame – este asintió – debes ayudarme… - Ron apareció por la puerta
- Deje a los otros en el vestíbulo, Sirius está dando al detalle…
- Deja el parte para más tarde, – dijo ella seria. No le importaba que no le hablara. Ahora la urgencia era ayudar a Ginny. – necesito que tomes a Ginny de los pies, apoya todo tu cuerpo si es necesario…. – miró a Harry – tu, sostenle la cabeza, y apoya tus codos en los hombros – los miró a ambos – por ningún motivo debe moverse…
- Por qué… - dijo Ron.
- No sé qué tan inconsciente está – dijo suspirando – y no quiero que comience a moverse cuando… - de repente, Ginny comenzó a convulsionar en la camilla, y un borbotón de sangre salió por su boca, salpicando a los tres…
- ¡Mierda! – dijo Ron paralizado – ¡qué diablos…!
- ¡Sujétenla! – gritó Hermione. Estos, la sujetaron tal como ella lo ordenó – necesito que apliquen toda la fuerza…
- ¿Qué vas a hacer? – dijo Ron, mirándola sospechosamente el bisturí.
- Voy a abrirla… - dijo resuelta
- ¿Qué? – dijo él arqueando las cejas – estás loca… mi hermana se está desangrando y tú quieres abrirla como… - miró a Harry - ¿y tú no vas a decir nada?
- Haré lo que ella diga – dijo señalándola a Hermione – y tú, vas a cerrar el puto pico, y vas a dejarla que haga su trabajo… - volvió su cara hacia Ginny - la quiero viva… - agregó besándole la frente, y luego apoyando su frente en esta. Hermione sonrió con ternura – hazlo.
- Ron, necesito abrirla, quiero ver que tan grande es el daño - dirigió la vista hacia la sanadora que estaba acercándose - Señora Pomfrey – esta se acercó – necesito que higienice la zona, con esto – le alcanzó un frasquito con un líquido marrón ferroso, y varias gasas. Esta arqueó las cejas.
- Esta poción… - dijo dubitativa, pero Hermione la interrumpió.
- Oh no, es alcohol con iodo… - dijo ella seria - lo usan los sanadores muggles, para higienizar la zona cuando van a cortar…
- ¡Dijiste que ibas a abrirla, no a… a cortarla! – dijo Ron serio – no creo…
- ¿cuál es la puta diferencia? – dijo Harry exasperado – ¡Déjala hacer tu trabajo o te largas! – gritó
- Puede ser el jefe del escuadrón, - dijo Ron respondiéndole duramente – pero esa de allí, es mi hermana… mi sangre… ¡mi familia! – gritó – y no voy a dejar que…
- Ya estoy hasta aquí de tus reproches, o tus interrupciones – Dijo Hermione y se acercó a Ron que aun sostenía las piernas de Ginny – mírala – Ron, miró a la muchacha que volvía a convulsionar y lanzar un chorro de sangre por la boca. Harry, atinó a mover su cabeza, para evitar que se ahogara - ¿Quieres que la deje desangrarse? – preguntó molesta – porque eso es lo que pasará si no intervengo ahora… a la usanza muggle – miró a Harry – Ginny y yo hemos, estudiado uno y cada hechizo o maldición, y sus variantes inventadas desde la segunda guerra mágica. Este en particular, es una siniestra variante de otro hechizo creado por Urquhart Rackharrow.
- Quien…
- Urquhart Rackharrow – dijo ella, esterilizando con su varita el bisturí – es un mago, que alcanzó fama por crear la maldición de expulsión de entrañas… - los miró – Los mortífagos en la segunda guerra, decidieron, pulir el hechizo porque, en definitiva, era muy asqueroso, ver las entrañas de tu enemigo explotar en tu cara… - Ron tragó en seco – así que, no se quién de ellos, presumiblemente Voldemort, decidió cambiarlo, y bueno, bien realizado, hace explotar tu organismo internamente… y mueres desangrado. – Mientras ella hablaba, clavó el bisturí en el cuerpo de Ginny, haciendo que gran cantidad de sangre – señora Pomfrey, por favor use las gasas… - la sanadora estaba corriendo hacia el baño – bueno – observó a Ginny, que no se había movido – El aturdidor que le dieron, fue demasiado fuerte, así que uno de ustedes va a tener que asistirme – Ron dejó las piernas y se acercó.
- ¿qué necesitas – ella levantó la mirada. El no la miraba, solo veía el flujo constante de sangre emanar de la herida.
- Quiero… - suspiró y tragó en seco, venciendo las náuseas – quiero que tomes una gasa con esa pinza y limpies la zona… necesito ver donde están cortados los órganos, o lo que sea que está causando la hemorragia… - corrió hacia su maletín para buscar unos aparatos de acero. Ron la miró arqueando las cejas – son unos separadores de Farabeuf… - los dos arquearon las cejas, ella bufó. Se colocó unos anteojos especiales, que hicieron que sus ojos se agrandaran - la separación es la maniobra destinada a la retracción de estructuras (tejidos u órganos) en un sentido tal que se puedan exponer los planos subyacentes y de esta manera dar claridad, calidad, simplicidad y seguridad a todas las maniobras realizadas por el cirujano. – suspiró – para poder ver bien lo que hace que Ginny se desangre tengo que separar el tejido, y así actuar sobre lo que encuentre… - Volvió a mirarlo – simplemente sosténganla, tu – dirigiéndose a Ron - limpia la zona, y sostenme la varita. Necesito cortar, y luego… – el corte fue limpio, la sangre rezumó hacia el afuera, manchándolo todo e impidiendo una visión optima de la zona. Ron comenzó a limpiar con una gasa sostenida con unas pinzas – diablos, necesito luz…
- Lumus máxima – dijeron todos los presentes, y la sala se iluminó facilitando la tarea – Hermione…- dijo Harry – su pulso – carraspeó, sus dedos índice y medio, colocados en la parte lateral superior del cuerpo, por donde se encuentra la carótida externa. – es cada vez más débil.
- Tranquilo… - dijo colocando los separadores – listo ahora, necesito que limpies más, Ron… eso es – sonrió – bien, ahora dame la varita – Madame Pomfrey, ya que Ud., es impresionable a la sangre
- No a la sangre, sino a los métodos barbáricos de los sanadores muggles – Hermione sonrió.
- Bien… - trató de correrse un mechón de pelo que le caía en la frente y se le pegaba con el sudor, impidiéndole la visión – maldición… - acertó a decir, y luego abrió los ojos, cuando la enorme mano de Ron hizo el trabajo. Ella lo miró – gra… gracias – solo atinó a decir. Luego carraspeó – Madame Pomfrey, necesito que prepare, varias dosis de poción reabastecedora de sangre. Ginny ha perdido demasiado. También, necesito Poción herobovitalizante, ya que el aturdidor que le dieron es bastante fuerte… - con la varita en la mano – ahí estás… por favor, la esencia de díctamo.
- No tenemos… - dijo Madame Pomfrey
- ¿Que? – dijo ella - cómo que no…
- Estamos cortos
- Busca en tu bolso… - dijo Ron
- ¡No lo tengo aquí!
- ¡Convócalo! – gritó Ron. Hermione levantó la varita.
- ¡Hermione, casi no siento el pulso! – dijo desesperado Harry, agachó la cabeza, y comenzó a susurrar – por favor, no te vayas… por favor… Ginny, mantente, aguanta… - los miró - ¡convoquen el puto bolso, o yo personalmente los mataré si ella…!
- Tranquilo – dijo Ron – ¡Accio bolsito de mano de Hermione! – mientras observaba a Hermione, meter la varita en la herida.
- Vulnera sanentur… vulnera sanentur - dijo ella nerviosa – si es una herida provocada por magia oscura necesitaré, cerrarla, y restaurar los tejidos antes de colocar la esencia de díctamo – vulnera sanentur… - miró a la enfermera – hablaré seriamente con el profesor Dumbledore acerca de esta falta en la enfermería… la esencia de díctamo – la llegada del bolsito de Hermione interrumpió la perorata. Ron Tomó el bolso, colocándolo con fuerza en una mesa, un ruido ensordecedor se escuchó que provenía de dentro del accesorio.
- Creo que tendrás que reorganizar tus libros – solo dijo y tomando la varita – Accio esencia de Díctamo – y el frasco apareció en su mano – bien, aquí está.
- Ven – dijo ella – toma el gotero y ponle las gotas, aquí… - señaló los órganos de Ginny – necesito sellar lo que el hechizo sanó… - miró a Harry – cómo va el pulso.
- Sigue débil, pero estable… - suspiró. - Ella… - Hermione sonrió.
- Tranquilo, ella se va a recuperar – miró a la enfermera – me imagino que tiene la poción reabastecedora de sangre…
- Por supuesto. – dijo Madame Pomfrey, con un tono ofendido.
- Si, por supuesto… - respondió con sarcasmo - necesitaremos ponerle una vía intravenosa, para que pueda recibir la poción restauradora de la sangre –
- De dónde vamos a sacar… - dijo Harry, pero calló inmediatamente al ver a su amiga, meter la mano en su bolsito y sacar unas bolsas transparentes con agujas, mangueras, y un frasco. – olvidé que tu… - sonrió, más aliviado ahora que el pulso de Ginny era constante. Hermione sonrió.
- Qué poca fe me tienes… - dijo sonriente – para que sepas, Ginny es una jefa tocapelotas… y al igual que su padre, lo de la medicina muggle, le fascina.
- Si, bien… - dijo Ron- qué hago ahora… - ella lo miró.
- Pues… - carraspeó – junta los tejidos del abdomen y coloca la esencia de díctamo. Si le queda cicatriz me va a perseguir de por vida – ellos la miraron – bueno, en su trabajo extra necesita exhibir su cuerpo y…
- Cállate, Hermione – dijo Harry, con rabia, recordándole la actividad extracurricular de Ginny – lo esencial es que…
- Vamos a dejar que las pociones hagan su trabajo… - suspiró Hermione, interrumpiéndolo – aprovecharemos que aún está inconsciente para que el organismo se recupere, y luego desharemos el hechizo aturdidor… - sonrió – y a ti te agradezco por asistirme en… - Ron se enderezó, dejando el frasco de Díctamo, con su varita, se sacó la sangre seca de las manos, dejándolas limpias, y comenzó a salir – Ron… - este se detuvo – yo… necesito hablar contigo de…
Yo no tengo nada que hablar contigo… - dijo secamente, y desapareció tras la puerta. Hermione bajó la mirada. No le iba a ser fácil hablar con él. Pero era necesario. - Miró a Harry que la observaba detenidamente – no digas nada…
- No voy a decir nada… aún - acarició la cabeza de Ginny – Gracias… - suspiró
- Es mi trabajo… - dijo ella, acomodando la mesa con los instrumentos – y es mi amiga.
- Si, de todas maneras…
- Harry, ve a descansar… te ves terrible – este sonrió.
- No, quiero quedarme… - esta se enderezó y se puso seria
- No voy a decírtelo otra vez… esta, la enfermería no es un área de tu incumbencia… aquí, las jefas somos Ginny, y como ella está convaleciente, yo soy la segunda al mando. – Harry se enderezó para dar batalla. – y yo te ordeno que te largues, y dejes que descanse… no nos servirás de nada, si te caes por agotamiento.
- Y crees que me importa una mier…
- ¡Desmaio! – exclamó Hermione, dando de lleno en el pecho de su amigo, haciendo que saliera expulsado, y golpeara la pared, dejándolo fuera de juego – mañana échame la bronca. Hoy no te necesito molestando por aquí...
- ¡Vaya! – dijo la Madame Pomfrey sonriendo – creo que vamos a necesitar otra cama…
- No – respondió ella, y haciendo un movimiento de varita, levantó a Harry, haciéndolo levitar – si no es de mucha molestia, le pediría que escolte al señor Potter hasta la torre de Gryffindor, y lo deposite en la sala común, o en alguna cama. Si alguien, llámese Ron Weasley o quien sea, se atreve a revocar mis órdenes, puede hacer uso de aturdidores, o lo que sea… Harry necesita descansar. Está agotado mentalmente, y cuando eso pasa, se pone de un humor de perros. – la sanadora asintió, y salió escoltando el cuerpo de Harry. Hermione terminó de colocar la poción en el frasco, y lentamente esta comenzó a bajar hasta la aguja insertada en la vena de Ginny – bien… - se sentó tomándole la mano – espero que despiertes, porque te necesito más que nunca – y fue en ese entonces que ella comenzó a llorar, rogando que su amiga se recuperara. Observó en el suelo, el abrigo de Ginny, y cuando lo levantó, abrió los ojos horrorizada. El relicario de Salazar Slytherin estaba tirado en el suelo de la sala, refulgiendo con su piedra verde oscura, y la S, fileteada en oro. Lo levantó lentamente, y lo colocó en su bolsito. Mañana tendría que dárselo a Harry… observó a Ginny, aún pálida, respiraba tranquilamente. Si todo estaba bien, su amiga se recuperaría; hablaría con Ron, y si este, no aceptaba… al menos tendría a Ginny para apoyarla. O eso es lo que deseaba desde el fondo de su corazón.
La reunión, en un principio, llevaría a cabo en la sala común de Gryffindor. Los niños pronto habían ido a dormir, siendo supervisados por los elfos domésticos. En los cómodos sillones, estaban gran parte de la Orden del Fénix, y Ron. El profesor Dumbledore, y los demás, escuchaban a Sirius, y su jocoso relato sobre la interacción que había tenido con su madre, temprano ese día. Pero ahora, la reunión que detallaría la recuperación del Horrocrux, estaba aplazada por razones de fuerza mayor. Ron, estaba con la mirada fija, perdido en sus pensamientos. Se había jurado no volver a hablar con ella, pero maldito destino, siempre terminaban en Hermione. Harry y él, se ufanaban de ser terribles aurors, inquebrantables, pero en algún punto recurrían a Hermione, siempre era Hermione la salvadora. Alguien le alcanzó una copa con whisky de fuego, ni siquiera, alcanzó a decir gracias, lo bebió de un trago. Levantó la mirada para agradecer, y vio la mirada tranquila de su antiguo profesor de defensa contra las artes oscuras. No pudo decir nada, ante la sonrisa comprensiva de Remus, sólo atinó a agradecer el gesto con un movimiento de cabeza, y volvió su atención al fuego. No tenía ganas de hablar. Tampoco tenía qué decir. No iba a soltar ni una palabra sobre la misión, o cuál sería el próximo Horrocrux a buscar, hasta que Harry no le diera la autorización. En esto la cadena de mando estaba clara. Nada, pasaba a los de la Orden, si Harry no lo avalaba. Así que Sirius, podía farfullar y exagerar, su relato, el tiempo que sea. Él no asumiría ninguna decisión, ni mucho menos impartir órdenes. Para eso estaba Harry.
El retrato de la dama gorda se abrió de repente, y la camilla flotante de la enfermería se abrió paso, dejando atónitos a todos los presentes. En ella un pálido Harry, descansaba con la respiración constante y superficial… basal. Ron se levantó de golpe, varita en alto, pero Madame Pomfrey, le advirtió que "el señor Potter, tiene estricta orden de la sanadora Granger, de descansar y..." carraspeó, notando Ron, que la pobre mujer se ruborizaba, antes de terminar la frase. "y dejar de romper las pelotas dentro de la enfermería." Los demás sonrieron, y se sentaron, él simplemente los imitó. Harry necesitaba descansar, en eso le debía dar la razón a Hermione. Suspiró, frotándose la cara con las manos. Qué iba a pasar entre Hermione y él de ahora en más. Estaba consciente que había sido un bruto hijo de puta, al decirle lo que pensaba, y sentía, ese día en la biblioteca. Había sido consciente también, del profundo dolor que le provocaron las palabras, de los ojos aguados, del temblor de los labios, gestos que hacía antes de llorar. Trago saliva. Él también estaba dolido por su actitud, por sus gestos, por sus palabras. Lo único que quería es recuperar tiempo perdido… ¿acaso tenían que culparlo por querer estar con la única mujer que había amado y deseado desde… desde siempre? Maldita sea el día que levantó la vista, ese día en el tren a Hogwarts, y vio la cabellera castaña y enmarañada, y luego se fijó en esa cara, que lo miraba con suficiencia. Sintió el bang de sus tripas, y no era por todos los dulces y porquerías que habían comido en ese vagón. Era ella, siempre el bang en las tripas aparecía cuando ella iba, venía, o hablaba, o reía, o simplemente lo miraba como si tuviera un escreguto de cola explosiva en el culo. Merlín, y nadie sabía cómo se ponía duro cuando ella lo regañaba. Había sido un cochino puberto desde que, en cuarto año, descubriera que era una chica, y los celos al verla con ese imbécil redomado de Krum, con ese vestido vaporoso… nadie, jamás se había enterado que la primera paja de su vida, se la había dedicado a Hermione. Sonrió al recordar el dolor de testículos, y el placer de la liberación adolescente. Rio en voz alta provocando que la mayoría de los presentes lo mirara. Carraspeó, y volvió la mirada a la chimenea. Siempre estaba encendida… por Merlín estábamos en verano, ¿qué carajos hacía la chimenea encendida?
- Es por la comunicación… - dijo Remus.
- ¿Qué? – dijo extrañado, y más porque el merodeador le dirigía la palabra.
- La chimenea encendida… - dijo señalando el fuego.
- Ah… - solo dijo.
- Escucha – dijo sentándose en la butaca al costado del sofá – entiendo que estén cansados y que la misión de encontrar el… - bebió un poco de cerveza de manteca
- El Horrocrux… - dijo – y yo no estoy cansado. – Remus sonrió – bueno, estoy algo cansado.
- Si, y necesitamos saber qué vamos a hacer con el siguiente Horrocrux… dónde está, y quienes van a ir en la misión. – dijo seriamente.
- Creo que… - el retrato de la dama gorda se abrió y Hermione entró, llevándose toda su atención. Se notaba en sus ojos el cansancio. Ella se acercó al grupo que estaba junto a la ventana, sentados a la mesa, tomó un bocadillo y agradeció la botella de manteca que le ofreciera Lili. No bebió un trago. La dejó en la mesa, y fue por el zumo de calabaza… - por que tomó el jugo… - susurró.
- Qué – dijo Remus.
- Nada… - carraspeó – creo que debemos esperar a que Harry retome las fuerzas, seguramente querrá saber cómo evoluciona Ginny, y luego nos dirá.
- ¿Tienes idea de cuál es el que querrá buscar? – Ron estaba mirando a Hermione. – Ron…
- ¿Qué?
- Cual querrá…
- Hay dos que son una verga… – Remus arqueó las cejas, sin entender – que son difíciles de conseguir por el lugar donde se encuentran… - Remus le hizo una seña a Sirius, este dejó el otro grupo y se acercó.
- ¿Qué sucede Lunático? – dijo sentándose en el sofá junto al pelirrojo. – Al parecer Ginny se repondrá. Ahora Hermione la dejó al cuidado de Madame Pomfrey… - rió – mañana me voy a divertir burlándome del mocoso pomposo… dicen que voló por la enfermería – golpeó a Ron en el hombro – ¡vaya que es poderosa, Hermione! Si es fuerte enojada, me imagino cómo debe cuando está cachond…- la mano de Ron le atrapó el cuello dejándolo sin aire.
- Mucho cuidado, Sirius… aún me debes el generar conflictos con mi hermana… no me quieres ver enojado, si hablas de Hermione de la forma en que lo intentas.
- Tranquilo Ron… – dijo Remus. Ron lo soltó. Sirius tomó aire, mientras se sobaba el cuello.
- Estás avisado. – lo señaló con el dedo – ni con Hermione, ni con Ginny.
- ¿De qué sirve ser un mago interesante, si no puedo decir nada al respecto de las dos chicas más lindas que hay en Hogwarts? – refunfuñó. – ¿de todas maneras para qué me llamaron, para que me amenacen con romperme la cara?
- No, estaba diciéndole a Ron que teníamos que perfilar cómo vamos a hacer la misión del próximo Horrocrux.
- Estamos, suena a mucha gente – dijo Ron – además, te aclaré que no vamos a hacer nada hasta que Harry lo decida, y eso va a ser cuando Ginny se recupere… Son una entidad, uno solo… ninguno hace nada sin el otro.
- Creí que, según lo que tu amiguito dice, "no necesita a nadie para actuar…" o según sus palabras "me paso por el culo tu opinión, hago lo que quiero…" – dijo Sirius, encogiendo los hombros.
- Se nota a la legua que lo admiras… - dijo Ron. Sirius chasqueó la lengua – lo siento, vamos a tener que esperar.
- Pero has dicho que de los que quedan, hay dos que se encuentran en lugares poco convenientes… - recalcó Remus.
- No dije poco convenientes, cualquiera que me conoce sabe que no hablo con tanta pomposidad… solo conozco a tres personas que son pomposas al hablar… Tú, la insufrible sabelotodo, y la profesora MacGonnagal – Sirius rio- yo dije que eran una verga…
- ¿una verga? – dijo Sirius – el Horrocrux está en una verga…. – lo miró interrogante - ¿y qué es una verga? – La risotada que lanzó Ron, hizo que todos los presentes lo miraran. Intentó disimular tomando un trago de cerveza de manteca, pero lo único que logró fue ahogarse. Sirius, que estaba cerca le dio una fuerte palmada en la espalda. Ron carraspeó rojo – respira, muchacho.
- Lo siento – lo miró.
- Explícame – dijo decidido. Hermione llegó al instante.
- ¿Estás bien? – Ron asintió, sin mirarla.
- Hermione, ¿tú sabes qué es una verga? – dijo Sirius.
- ¿Qué? – dijo ella abriendo los ojos - ¿De dónde sacaste…? – miró a Ron.
- Este me dijo que los Horrocruxes que faltan buscar son una verga… teniendo en cuenta que el Horrocrux es un pedazo de alma de un mago, escondido en un objeto particular, - dijo poniendo la mano en la barbilla – que el Horrocrux está en la verga de "quien tu sabes" – los miró – ¿estoy equivocado? – Hermione rio.
- De cabo a Rabo… - dijo ella, lo que ocasionó que Ron riera.
- Y hablando de "rabos…" - se burló Ron.
- Ya basta – dijo ella – lo estás confundiendo. – miró a Sirius – Ron usó esa expresión, muy común en mi época, para expresar de una manera muy vulgar, que los Horrocruxes que faltan, están en lugares poco convencionales, y que va a ser muy dificultoso su rescate…
- Es más fácil decir una verga… ¿Verdad Lunático? - dijo Sirius. Remus asintió – hasta que termine de decir todo eso que dijiste, "quien tú sabes," creará los otros horrocruxes que aún no ha creado. – acotó, encogiéndose de hombros.
- Es cierto – dijo Remus. Ron rio nuevamente. Hermione lo fulminó con la mirada.
- ¡Lo cierto... – dijo alzando la voz- es que verga es una expresión chabacana, de decirle al miembro masculino! – dijo ella roja.
- Miembro de qué… - dijo Sirius.
- ¡Pene! – dijo señalando las partes de Sirius. Remus y Ron se rieron, y luego cuando cayó, Sirius se unió al coro de carcajadas. – serán idiotas… -susurró, yéndose hacia los dormitorios de las chicas. Al cabo de unos minutos, los tres dejaron las risas, y se miraron.
- Por Merlín, nunca me había reído tanto… - dijo Ron. Miró a Sirius – te creí más inteligente… al menos, los que te conocen, decían que tu sagacidad era impresionante.
- Bueno, mi sagacidad debe estar dormida… - sonrió – lo cierto es que aún no has dicho…
- Los horrocruxes que son difíciles de conseguir, bien guardados, y presumo que custodiados al menos uno de ellos, en un lugar infranqueable…
- Sólo existen dos lugares donde algo puede estar seguro… - dijo Remus
- Hogwarts… - dijo Sirius – y el banco de Gringots – lo miró. - Es el banco, ¿no? – Ron lo miró. No iba a decir que uno de los horrocruxes, también se encontraba en el castillo.
- Si, la copa de Helga Hufflepuff, a quien Riddle se la quitara, cuando trabajaba en Borgin y Burkes. Fue ladina forma en que se acercó… claro que, en ese tiempo, el tipo no tenía la cara tan deformada por la magia oscura… - Ron simuló un escalofrío – da asco. Aún recuerdo cuando… - miró a los otros que esperaban que siguiera el relato – lo cierto que la copa está bien resguardada en el banco.
- En qué parte del banco… - dijo Remus
- En la bóveda de una familia antigua…
- La de mi familia – dijo horrorizado – porque ya encontramos el relicario en mi casa, no me va a extrañar que Regulus…
- No, en la de los Lestrange.
- Bien al fondo… -dijo mirando hacia la chimenea – dicen que allí… pero seguramente es el imaginario popular.
- Créeme, el dragón que está allí es inmenso… - dijo Ron.
- ¿Lo viste? – dijo Sirius curioso.
- ¿Qué si lo vi? – Ron rio – volamos sobre ese dragón – los dos silbaron – y déjenme decirles, y en esto les juro que lo voy a negar con todas mis fuerzas, si lo divulgan – los otros asintieron - que fue una de las cosas más asombrosas que he vivido junto a Harry… Eso y volar en Thestrals sobre Londres… y quizás asaltar el departamento de misterios, cuando teníamos quince años – suspiró – o descubrir la cámara secreta en Hogwarts cuando teníamos doce. – Sirius chasqueó incrédulo.
- La cámara secreta es un mito… - dijo seguro.
- Créeme, no es un mito, ni la cámara ni lo que alberga… - dijo Ron con un cierto misterio en su voz.
- Un monstruo… - dijo Remus.
- Un basilisco… - susurró Ron. – enorme… y sabes lo que pasa si un basilisco te mira a los ojos…
- Mueres… - dijo Remus.
- Pamplinas… - dijo Sirius – no hay evidencia de…
- Conoces a Mirtle la Lorrona, ¿no?
- Ella… - dijo Remus asombrado, Ron asintió. – pero bueno, dijiste que estaba en el banco, ¿el otro dónde está?
- En la Mansión de Malfoy…
- ¿En la casa de ese hijo de puta? - dijo Sirius, enderezándose en su asiento. – mierda, prefiero comer huevos de doxis en mal estado, que entrar a esa casa… Malfoy, es lo peor, mi prima una snob elitista, y el crio que tienen…
- Ni me hables… Harry y él son enemigos declarados. - aseguró Ron.
- Cada vez me gusta más ese muchacho – dijo sonriendo Sirius. - ¿qué es? – Ron lo miró interrogante – el Horrocrux, ¿qué es?
- Ah, un diario… el diario de Tom Riddle… - suspiró – así que junto a Harry tendremos que idear un plan para confiscarlo. Claro qué no tienen que saber que fuimos por ese diario… - se levantó – lo que se nos dificulta porque tendremos que utilizar… - se detuvo mirándolos seriamente. – será mejor que vayan a descansar. Él se iba- si conozco a Harry, va a ser el primero en despertarse, y no va a ser un paseo de rosas cuando lo haga. Va a estar tan cabreado que les sugeriría también, cierren sus bocazas, y no salgan con algún comentario irónico – se detuvo en las escaleras rumbo a los dormitorios – no me gustaría tener que levantar lo que queda de ustedes con una cucharita de té. – los otros asintieron, dejando las botellas de cerveza de manteca sobre la mesa, y siguiendo al pelirrojo, dispuestos a descansar. Mañana la misión seguiría, y esperaban que no haya ningún sobresalto como el que tuvieron.
- Harry, Harry… - el dulce susurro en su oído lo hizo sonreír. Sentir el cálido aliento, y el perfume a flores que tanto lo volvía loco. Se estiró en la cama, fingiendo dormir… - levántate dormilón – frunció el ceño. La voz de Ginny sonaba como en un altavoz, metálica, lejana. Abrió los ojos rápidamente, y la claridad del lugar hizo que volviera a cerrarlos – Harry…- la voz de Ginny se alejaba.
- Espera…- dijo levantándose. Abrió los ojos para verla, era fácil distinguirla, porque, aunque todo el lugar fuera completamente blanco, ella, su cabellera roja se vislumbraba. Ella irradiaba luz, era casi etérea, con su largo cabello rojo brillante, hermosa. Miró alrededor, y con ello vino la desazón, al reconocer el lugar. Ya había estado aquí, la estación de King Cross, tan limpia, tan solitaria… El corazón le dio un vuelco, y la desesperación se hizo dueña de su cuerpo. La única persona con la que había interactuado aquí estaba muerta. Miró a Ginny. Esta sonreía con una melancolía en su mirada. – estás… - ella sintió.
- Quisiera haber tenido todo el tiempo del mundo Harry. – se acercó lentamente. El vaporoso vestido se pegaba a sus delgadas piernas. – estos momentos vividos, contigo, han sido lo mejor que me pasó en la vida… los atesoro aquí – dijo tocándose el corazón. Dos pasos más y estuvo frente a Harry – y espero que también tú los atesores… - puso su pequeña mano, sobre el pecho masculino. Harry cerró los ojos, las lágrimas comenzaron a caer.
- No me alcanza…
- Es lo que pudimos tener…. – sonrió mientras acariciaba su mejilla. La incipiente barba, le hizo cosquillas – debo marcharme – se acercó, poniendo sus delicadas manos en la cara de Harry, le dio un beso en los labios. Harry simplemente cerró los ojos. – si hay algo más allá de la estación, ten presente que voy a amarte… siempre. Aquí, allá… siempre Harry, siempre… - lentamente sacó las manos de su cara, pero Harry fue más rápido y la asió de las muñecas.
- Llévame contigo… - dijo. Ella dejó escapar unas lágrimas – llévame, por favor… no tengo nada aquí. – suspiró – sin ti, no soy nada… no valgo nada – la miró suplicante – por favor, llévame contigo… no quiero perderte.
- No puedes ir… - dijo Serena – ¡tienes tanto que vivir! Vive por los dos…
- ¡Si, pero quiero vivir contigo! – rugió- ¿crees que me importa lo que puedo tener allá afuera? – apretó las manos – no, no me importa nada, porque todo lo que quiero eres tú.
- No puedes tenerlo todo…
- ¡Entonces no quiero nada! - gritó – sólo te quiero a ti. - ambos escucharon el silbato de un tren a los lejos.
- Debo marcharme…
- No te vayas… no… Te amo, te amo, eres mi vida.
- Te amo… no puedes tenerlo todo Harry… - dijo con una mueca parecida a una sonrisa – no puedes tenerlo todo…
- Ginny… - dijo queriendo seguirla, pero los pies estaban como atornillados en el piso. Desesperado miraba como ella se alejaba, y se perdía en una densa niebla y él no podía hacer nada para detenerla – ¡Ginny!
- No puedes tenerlo todo… - fue lo último que escuchó…
- ¡Ginny! – despertó de golpe, en uno de los dormitorios de la torre. Las frazadas enredadas entre sus piernas. El cuerpo sudado. No recordaba haber llegado ahí. El maldito sueño reverberaba en su cabeza… "no puedes tenerlo todo." Por supuesto que lo sabía. Nunca había tenido nada. Los pequeños momentos de felicidad eran robados, prestados, nunca propios… y aquellos que le pertenecían, se los arrancaban de la peor manera; sus padres, Nicky, Ginny… - no, Ginny no. – se levantó rápidamente, y salió corriendo. Por las ventanas de la torre, apenas se vislumbraba el amanecer… no había nadie en la sala común, y si hubiera alguien no le importaba, no iba a perder el tiempo. Tenía que llegar a la enfermería. Necesitaba corroborar que lo que había soñado no era cierto. Ginny estaba bien, Ginny estaba con vida, su Ginny aún seguía con él. Al llegar a la enfermería, se serenó. Respiró una y dos veces, tratando de que la enfermera no lo sacara a las patadas. Tampoco es que le importara. Si la vieja se ponía densa, la aturdía y a la mierda todo. De todas maneras, entró sin hacer ruido. La Señora Pomfrey, al parecer estaba descansando, porque no se la veía pululando por la sala. La inmensa cantidad de camas estaban vacías, salvo por una, al final, que estaba protegida por unas mamparas para darle privacidad. Se acercó lentamente. Con miedo… el sueño lo había movilizado de alguna forma. Cuando llegó al pie de la cama, la observó. Su piel, estaba blanca, sus pecas, eran el único atisbo de color, que se esparcían desde la nariz a los pómulos. Amaba sus pecas. Se acercó hacia la cabecera, y tomando su mano, la besó. El alivio vino, al verla respirar pausadamente. Ginny estaba bien, o al menos respiraba. Ignoraba si se había despertado durante la noche, pero lo importante es que el sueño no se haría realidad. Aun repercutían en su mente las palabras que dijo "no puedes tenerlo todo…" apretó su mano contra su boca.
- Nunca pude tenerte – susurró. Merlín, el verla caer inerte, sus enormes ojos castaños mirándolo con estupor, queriéndole decir tantas cosas – hay tantas cosas que debo decirte… - apoyó su cabeza en el pecho de la joven, tratando de escuchar su corazón. Ahí estaba, el retumbar del pulso, suave, sereno. – tuve un sueño horrible… no voy a contártelo porque no quiero… – suspiró – fue horrible. Y despertarme así, sin ti. - Cerró los ojos tratando de que las lágrimas no sucumbieran – no vuelvas a hacerme esto… - agregó con la voz quebrada – porque te juro que, si vuelves a dejar que te ataquen, te saco de la Elite… y te pongo a barrer el piso, o lavar los platos.
- Bésame el culo Potter… - respondió Ginny apenas con un hilo de voz. Harry sonrió, y antes de mirarla, se limpió los ojos, haciendo desaparecer cualquier rastro de lágrimas.
- Vaya, parece que las amenazas surten efecto… dijo enderezándose.
- Machista… - sonrió, y quiso moverse, pero desistió. Le dolía toda su anatomía. – ¡auch!
- Tranquila… - dijo enderezándose, y acomodándole la almohada – no es una tontería lo que te hicieron…
- Voy a reventarle el culo a patadas a esa hija de puta… - sonrió – aquí o en el futuro… no se las va a llevar de arriba.
- Cálmate… - se fue hacia los pies de la cama.
- ¿Dónde vas?
- A llamar a Madame Pomfrey…
- Olvídate de la sanadora… - dijo molesta – por si ni te has dado cuenta, soy sanadora, y si te digo que estoy bien… - el movimiento le causó tanto dolor que, su piel se volvió pálida de repente - mierda… - Harry corrió a ayudarla.
- ¡Maldición Weasley! – dijo llegando, y sosteniéndola por la espalda – ¿puedes quedarte quieta un puto minuto? – la acomodó en la cama – tienes que quedarte aquí y recuperarte… no sólo fue el ataque, perdiste mucha sangre – ella miró el frasco que colgaba y las mangueras que llevaban la poción hacia la vena.
- ¡Qué me hicieron! – dijo seria.
- No lo sé… Hermione habló de una maldición de expulsión de entrañas modificada…
- Mierda… - cerró los ojos tragando saliva – tengo hambre.
- Típico de ti Weasley… - sonrió. Si señores, Ginevra Weasley estaba recuperándose.
- Veo que ya estás despierta – dijo Hermione sobresaltándolos. – buenos días jefa, descansaste bien? – se acercó varita en mano. Luego miró a Harry – necesito revisar que todo esté bien.
- ¿Ves que te detengo? – preguntó irónicamente-
- Lo digo para que te salgas un momento… - dijo ella seria – necesito revisarla, exhaustivamente.
- Yo ya conozco su cuerpo… exhaustivamente, así que puedes revisarla con confianza. – Hermione se puso roja.
- Harry… - dijo Ginny. Este la miró – es un muy buen momento para que te largues y me consigas el desayuno…
- Pero… - quiso protestar, pero Ginny lo interrumpió.
- ¡LARGATE POTTER! – chilló.
- Está bien… vendré luego con el desayuno…
- Y trae uno para ti también, porque estoy segura de que no has probado bocado desde ayer.
- No fue por mi culpa… - dijo mirando a Hermione, mientras se dirigía hacia la puerta. – y no creas que me he olvidado de lo que hiciste… - Hermione, se puso más roja, llamando la atención de Ginny – la próxima vez, te juro que te lo devuelvo – la puerta se cerró lentamente dejándolas solas.
- Qué le hiciste… - dijo Ginny intrigada. Hermione chasqueó la lengua y se dedicó a pasar la varita por su cuerpo, deteniéndose en su abdomen. – Hermione...
- Solo le di con un hechizo aturdidor… - la miró sonriendo – ¡bastante potente! – las dos rieron.
- Pagaría por verlo… - dijo Ginny secándose las lágrimas.
- Puedes verlo más tarde, en el pensadero de Dumbledore… - Sonrió con picardía. – bien, las heridas internas, están evolucionando favorablemente– miró el abdomen – no tienes cicatriz externa, así que la esencia de Díctamo actuó como corresponde…
- Gracias… - dijo ella, levantando las frazadas.
- ¿dónde crees que vas? – dijo ella empujándola, y acomodando la ropa de cama. –
- Pero tu dijiste que estaba…
- si bien las heridas están sanando rápidamente, eso no significa que puedes levantarte y andar de un lado para el otro. – la miró seria – y mucho menos participar de la misión.
- Me siento bien… - dijo frunciendo el ceño, en señal de protesta
- ¿Estás mareada, con nauseas? - Ginny asintió – eso es debido a que perdiste demasiada sangre…
- No puedo quedarme en cama… - dijo terca – sin ti en la misión, y conmigo convaleciente, no quedan más que esos idiotas para recuperar…
- ¡Los malditos Horrocruxes! – dijo Hermione levantándose bruscamente – te das cuenta lo que significa que los destruyan en esta época, están jugando con el destino…
- ¿Por qué tenemos que seguir al destino?
- Porque lo dijo la reina de las hadas…
- ¿Tú la escuchaste? - preguntó – acaso dijo, ey, no se les ocurra cambiar nada, porque si no…
- Toda persona medianamente inteligente sabe que toda acción o cambio en el destino, requiere un sacrificio Ginny… - dijo seria – he estado leyendo, y en esto, todos los autores son concluyentes – se sentó en la silla – si bien no hay registros de viajes en el pasado, y los más afamados magos coinciden en asegurar que girar las ruedas del destino en un sentido, que este cambie indefectiblemente…
- Hermione, esto es nuevo y… - pero su amiga, no la dejó seguir.
- Hay algunos escritos referidos a Merlín… y Salazar Slytherin, haciendo ensayos, y pruebas con objetos… pero solo han podido ir unos cuantos días… al parecer, una fuerza poderosa, destruía sus conclusiones, y saboteaba sus descubrimientos…
- Qué quieres decir…
- La reina de las hadas si puede ejercer su poder, cuando el mundo como lo conocemos o el destino, es amenazado…
- Hasta ahora, no ha hecho nada…
- También, hemos escuchado que harta de los humanos, los dejó a su libre albedrío para que lidiáramos con nuestros propios actos – la miró – Ginny, por Merlín, recapaciten… cambiar el destino puede ser fatal.
- Estás exagerando el punto, para favorecer tu opinión. – dijo ella sentándose y cruzando los brazos. – Harry sólo quiere que sus padres tengan una oportunidad. Ya conseguimos un Horrocrux, tenemos que buscar los otros, y luego destruirlos…
- ¿Qué pasará con el giratiempos? - dijo seria – la misión que nos trajo aquí…
- Una cosa no quita la otra. – respondió.
- Si cambias el destino o la historia, ¿pensaste en las consecuencias que tendrán en nuestro tiempo? – Ginny la miró – ¿creíste que era salvar a los padres y qué todo continuaría igual? – la pelirroja se encogió de hombros. Hermione bufó- Supongamos que la misión descabellada se lleva a cabo, destruyen los horrocruxes, y a Voldemort lo vencen… y llegamos a nuestro tiempo ¿qué sucede si el Harry que conocemos no se parece en nada, al que encontraremos cuando lleguemos… él tendrá padres, una familia… ¿formará parte de tu vida, de los Weasley? ¿Habrá vacaciones juntos, no habrá navidades en Hogwarts? ¿Qué sucede si pueden salvar a sus padres, pero no matar a Voldemort? ¿Podrás estar con Harry, si los padres se lo llevan lejos tratando de salvarlo? Y te olvidas de lo mejor – Ginny la miró con los ojos aguados – Nicky… ¿crees que Harry no querrá salvarlo? ¿Y si realmente Romilda es el amor de su vida, y cuando llegas forman la familia feliz?
- Muchas preguntas Hermione… - dijo enojada. Su amiga le estaba brindando un panorama al que ella en su deseo de darle una familia a Harry, no había contemplado. – lo importante es que él sea feliz… - dijo con los ojos aguados – y si ese es el sacrificio a nuestros actos… prefiero a verlo así, a triste, sin vida; anhelando una familia… amar a sus padres – la miró – ¿no crees que él se merece ser completamente feliz?
- Claro que si… - dijo ella conmovida – pero no siempre se puede tener todo…
- ¿qué dijiste? – la voz de Harry reverberó en la sala, sobresaltándolas – Hermione… qué dijiste…
- Sólo dije… - miró a Ginny que le suplicó que callara – solo dije que no se puede tener todo… es decir… - Carraspeó – Ginny quiere levantarse, y estar bien al cien por ciento, para ir a buscar el Horrocrux, entonces yo…
- Ella me dijo que no podía tener todo… el alta, y salir como loca a buscar lo que buscamos… que puedo tener una recaída.
- Y si lo sabes porque te pones, tan hinchas pelotas… - dijo Ron
- Me da gusto de verte hermanito… - Ginny vio que Hermione se levantaba, y se dirigía hacia la puerta – Hermione espera, reunión de la elite…
- Nada de reunión de la elite – dijo Harry, poniendo una bandeja en su regazo – primero come y luego…
- ¿Dónde está el Horrocrux?
- Tú lo tienes…- dijo Harry.
- No, yo no lo tengo…
- ¿Sirius tal vez? – dijo Ron. Harry lo fulminó con la mirada – no me mires así, yo solo me dedique a ayudarte con Ginny en la enfermería.
- El Horrocrux - dijo Hermione - lo tengo yo, en mi bolsito… lo encontré en el abrigo de Ginny.
- ¡Gracias amiguis! – dijo ella mientras se zampaba un bollo dulce, cargado de mermelada, en la boca.
- Dáselo después a Ron… - dijo Harry
- ¿Por qué no te lo da a ti? – dijo este molesto. Hermione bajó la cabeza, para ocultar sus lágrimas. Ginny, fulminó a su hermano con la mirada, pero este no acusó recibo, ya que se miraba las uñas.
- Yo… - dijo Serena – yo se lo daré a Ginny, cuando se recupere… - y salió de allí rápidamente.
- Qué momento más incómodo – susurró Harry mirando a Ginny que fúrica, le lanzaba un bollo de canela a Ron, y se lo estampaba en la cara.
- ¡Hijo de puta! – chilló – ¿por qué tratas a Hermione así, como si fuera la mierda en tu bota?
- ¡No la trato como nada! - dijo levantándose, y tratando de sacarse la mermelada del cabello – ¡me cago en la mierda Ginny! – farfulló, mientras movía la varita – ¡fregotego!
- ¡Me cago en ti, imbécil… necesitamos a Hermione, sin ella ustedes dos son dos babosas inútiles! – chilló – no necesito decirte que voy a estar al menos dos o tres días en esta cama, porque mi metabolismo es lento y la poción para restaurar mi sangre, tomará ese tiempo… si me levanto, me mareo y mi magia estará algo convulsionada…
- Pero no tu puntería… - dijo Harry burlón. Ella sonrió, mientras se llevaba la taza de chocolate a la boca.
- Agradécele al Quidditch… - dijo sobradoramente. Luego miró a Ron – y tu trata mejor a Hermione porque...
- A ver, qué vas a hacerme – dijo enojado – ¿vas a tirarme otro bollo de canela?
- No – dijo serena – te mandaré a mamá… - lo miró a los ojos – la mamá que está en esta época, con todas las hormonas revolucionadas por el embarazo…
- No serías capaz…
- ¡No me desafíes, muchacho… no sabes cuán insidiosa puedo ser… mamá lanzará un infierno sobre ti, y hará que desees tener un escreguto de cola explosiva, colgado en tu culo, antes que enfrentarla!
- Hija de puta… - se levantó – no voy a hablar con ella, no tengo nada que decir – miró a Harry – si quieres hazlo tú, eres el jefe.
- Perdóname, amigo, pero yo no seré quien arregle tus putadas – dijo metiéndose una galleta de chocolate a la boca, y guiñándole un ojo a Ginny.
- Váyanse a la mierda… ¡los dos! – salió de allí, cerrando con fuerza la puerta.
- Vas a hablar con ella…
- Aunque me duela decirlo – la miró – tienes razón… somos dos babosas inútiles sin ustedes dos… - se acercó y le dio un beso. Ginny suspiró – no vuelvas a asustarme de esa manera… - ella le acarició la cara, igual que en el sueño, y sonrió, sus enormes ojos castaños, lo miraban con ternura.
- ¿Te asustaste mucho? - dijo besándolo en la mejilla, luego, en la otra, en el mentón, para terminar con una suave y dulce beso en los labios. Harry los saboreó, aún tenía el sabor del chocolate en su boca. – cálmate, señor Potter – suspiró – aún estoy convaleciente… - sonrió con picardía.
- Te doy dos días para que te recuperes… - dijo sonriendo seductoramente – después nadie va a salvarte de mí… - tomó su cara y le dio otro beso, esta vez mas efusivo – te amo.
- Te amo… - sonrió – qué vamos a hacer con Hermione… - preguntó
- ¿Adoptarla? – ella le dio un golpe en el brazo
- Tonto… - sonrió, mientras Harry se sobaba la zona golpeada – ella, me ha dado un informe de por qué cree que no debemos jugar con el destino – lo miró – la historia…
- Imagino… - suspiró – ella es demasiado lógica a veces – le apretó la mano – tú no te preocupes, yo hablaré con ella. Necesitamos conseguir el Horrocrux que está en la mansión Malfoy – ella asintió - ni mi padre, ni yo, y mucho menos Sirius, podemos ir allí – suspiró - Estaba pensando que ella, Ron, y tu padre, como miembro del ministerio podrían hacer una redada, sobre un soplo de elementos con magia oscura…
- ¿Qué hay del banco? - dijo ella
- Bueno, allí iré con mi padre, y Remus… - ella abrió los ojos sorprendida – creo que deberíamos tener una o dos aventuras juntos…
- Bien… - dijo dejando la bandeja a un lado – te noto cansado… - este asintió, tomó la bandeja y la dejó en la cama contigua. Ginny se deslizó hacia un lado de la cama – ¿notas que hace un poco de frio? – Harry sonrió – y tú estás muy cansado… ¡ey, mira, que espaciosas son estas camas!
- ¿Qué estás insinuando? – preguntó, quitándose los borceguíes y el fino suéter de Bremer. Sin esperar a que ella dijera algo, se acostó a su lado, abrazándola y atrayéndola hacia su cuerpo…
- Bueno, nada que tu no hayas captado… - dijo irónicamente. Harry la miró, y le dio un beso en la frente – descansa – lo besó en la mejilla – necesitarás de todas tus fuerzas para convencer a Hermione de que se una a la misión. – Harry bostezó, apoyando la cabeza en la pecosa mejilla de su acompañante.
- Si, duerme tú también… - se quedaron allí, Harry inmediatamente se quedó dormido. Ginny en cambio, tardó un tiempo más. Quiera o no, las palabras de Hermione habían calado hondo. ¿Y si era verdad que el destino se las cobraría? ¿tendría que sacrificar una vez más su amor, para verlo feliz? Cerró los ojos, convenciéndose en no pensar a futuro. Cada vez que planificaba su vida para el futuro, siempre, siempre, el destino le jugaba una mala pasada, y la dejaba sin nada.
####
La reunión con Hermione se llevaría a cabo en la torre de Astronomía. Harry había llegado temprano, no queriendo dilatar más la situación. Había decidido darle un día a Hermione para que se calmara, y a Ginny para descansar. Pero el día se transformó en dos, y tres, ya que Ginny, había sufrido una pequeña recaída, con algo de fiebre, pero era producto de un resfrío común, nada referido al ataque. Y luego, Hermione se había sentido… como ella diría indispuesta. Harry se hubiera referido a que ella vomitaba como la niña del exorcista. Lo cierto es que la reunión se había aplazado tres días, y ya Harry estaba hasta las pelotas de soportar a los merodeadores… en especial a dos de ellos, preguntándole cuándo se hacía la próxima búsqueda. Ron también lo tenía cansado. Su compañero, últimamente estaba que se lo llevaba el demonio, cada vez que le ordenaba arreglar las cosas con Hermione. Suspiró, mientras la vista se perdía en los terrenos del castillo. Dentro de unas semanas su yo niño cumpliría un año… el tiempo estaba pasando rápidamente, y aún no habían resuelto el problema del giratiempos. En esto, le daba la razón a Hermione. ¿Sería tarde para dejar la alocada misión de cambiar el destino, y ceñirse al plan original? Su yo niño… no quería pensar mucho en eso. No, maldición… él tenía derecho a ser egoísta en este punto. ¿Por qué no podía tener una familia como el resto de los mortales? ¿acaso podría alguien reprocharle querer tener algo que nunca tuvo? Si la nueva misión no se daba, bueno, eso ya estaba resuelto: volvería a la vida de mierda que tenía, y Ginny se alejaría definitivamente de él. Pero el pensar en esa nueva misión, estaba quitándole tiempo a la original. Malfoy viejo, no se encontraba por ningún lado. Sabía que estaba cerca, porque Malfoy tenía una guarida por los alrededores. Habían sesgado su información trayendo a sus padres y a los demás aquí. El ataque tendría que ser aquí, en el pueblo o en Hogwarts. Sólo tendrían que esperar… la puerta de entrada a la Torre se abrió lentamente. Se dio vuelta para ver a una pálida Hermione acercarse. Frunció el ceño. No se había dado cuenta que su amiga, había perdido algo de peso, y su tez no lucía saludable… mucho menos por las mañanas. Definitivamente hoy iban a arreglar las cosas con Ron, o dejaba de llamarse Harry Potter.
- ¿No tenías otro lugar u otro momento para esta reunión? – dijo ella tragando saliva.
- Lo siento, pero no puedo esperar… - dijo dándose vuelta y apoyándose sobre las almenas – ¿estás bien?
- ¿Por qué debería no estarlo? - Dijo ella cerrando los ojos y tragando saliva.
- Te ves verde… - dijo él.
- Es solo… - carraspeó – no me gusta este lugar.
- En cambio, a mi… me encanta – se dio la vuelta para mirar el paisaje – este lugar siempre me encantó porque se respira paz…
- Dudo que me hayas llamado aquí para decirme como te sientes mirando el paisaje – Harry se dio vuelta y sonrió.
- Siempre directa – ella chasqueó la lengua – pero tienes razón, quiero que nos acompañes a buscar los Horrocruxes…
- Ya sabes que es lo que pienso respecto a esto… - dijo seria
- Si, y tu sabes lo que pensamos nosotros de esto también.
- Es una locura – dijo seria.
- ¿Por qué? – preguntó, mirándola fijamente. Hermione observó el paisaje. Los ojos inquisidores de Harry podrían descubrir todo, sus temores, sus secretos – ¿te has detenido a pensarlo si quiera, o es solo negarse por la negación misma?
- Vamos, no me creas tan obtusa Harry… - dijo Ella molesta – ya te sirvió la psicología inversa cuando me convenciste de ir al Valle de Godric, y a la casa de Luna, cuando dejamos la escuela para embarcarnos a buscar los horrocruxes… y mira cómo salió la empresa…
- ¿Bueno, pero si nos arriesgábamos y ahí había un Horrocrux?
- La cuestión es que no lo había… - respondió terca.
- ¿Pero si lo encontrábamos? – dijo levantando la voz – maldición, estamos perdiendo el tiempo. Sabes bien por qué quiero conseguirlos, por qué quiero destruirlo en esta época…
- Tengo algunas ideas… - dijo más seria – pero eso no puede ser.
- Claro que no puede ser… - dijo enojado – claro que no puedes claudicar en tu empeño por convencerme… - la miró – qué sabes tú de vivir como la mierda…
- Harry… - ella trató de que su amigo la entendiera, pero Harry, estaba decidido a hablar.
- Qué sabes tú, de vivir dentro de una puta alacena, sirviendo a tres animales, como si fueras el puto elfo…
- Yo no…
- Que sabes tú, de soñar con tus padres, imaginando la hermosa vida que tendrías si ellos vivieran, lo mucho que te amarían, los abrazos, las charlas con mi padre sobre cosas de hombres…
- Si, pero… - trató de decir algo, pero su voz se entrecortaba debido a la tristeza y a las ganas de llorar.
- Claro que tu no… - dijo mirándola con los ojos empañados en lágrimas – tu tenías el calor de hogar, el amor de tu familia… lo tenías todo. – suspiró – tu no sabías de la envidia que me dio de ver a Ron, siendo despedido por su familia en el tren, cuando lo conocí – trató de quitarse la humedad de los ojos con el puño de la chaqueta – tu no tenías por qué saberlo… sentirte extraño porque eras el objeto de análisis, la novedad, "oh mira, el niño que sobrevivió… ¿le miraste la cicatriz?" yo no sabía nada más que lo que me había dicho Hagrid, un extraño… ¿sabes por qué? Porque nadie me contó mi historia… mi tía me odiaba, mi tío me aborrecía… mi primo, me golpeaba, y nunca tuve una palabra de aliento, ni hablar de amor… - sonrió – amor para ellos eran los golpes, los insultos, el destrato… así viví Hermione, once años siendo invisible, la nada misma, una mierda para ellos. Claro que sentí envidia de Ron y su familia… quería ser parte de ella, quería los abrazos de la señora Weasley, las palabras del Señor Weasley…. Quería unos padres como ellos, y no los tenía… ¿sabes por qué? – se acercó – porque el maldito destino, selló mi suerte por un hijo de puta, que escuchando una profecía me eligió para quedarse con mi madre. Mis padres murieron, porque Snape, encaprichado con mi madre, me vendió a mí y a mi padre, para quedarse con ella… todo supuestamente en nombre del amor… ¿es justo el destino, Hermione, es justo? – terminó gritando – maldición…
- Harry… - dijo ella llorando – no, no es justo.
- La vida no es justa… ya deberías saberlo. Recuerda a todos los que murieron por la causa… acuérdate de Teddy, y su vida sin padres, y de como una hija de puta mató a su madre… Recuerda a George, obligado a vivir sin su hermano, su otra mitad… medio muerto.
- Harry… - dijo ella – no podemos…
- Si, podemos – dijo con la voz quebrada – Recuerda a Andrómeda Tonks, que no sólo tuvo que soportar la muerte de su marido, sino de su hija, su única y adorada hija… ¿qué crees que pensaría Andrómeda, si tuviera la oportunidad de tener a su esposo, y su hija, y darle la posibilidad a su nieto de tener una madre… como corresponde – Hermione, intentó dar una respuesta, pero no pudo. - ¿o qué harías tú, Hermione, si el destino te quitara en un futuro a tu hijo… ¿serías capaz de resignarte y vivir sin él, si se te ofreciera la oportunidad de tenerlo en tus brazos?
- Estás jugando sucio – dijo angustiada. Él le tomó los hombros.
- Por una vez en la vida, amiga, has lo que quieres… no lo que debes hacer – la miró – te necesito... – dijo abrazándola – necesito de todos ustedes – ella comenzó a sollozar, y se aferró con fuerzas a su amigo – he estado perdido por siete años, Hermione. ¿Sabes las veces que me he planteado terminar con todo?
- No lo pienses… - dijo ella ahogando su voz contra el brazo de Harry – no podría soportar vivir sin… - la puerta se abrió intempestivamente, y un Ron, algo desarreglado, aparecía por ella. Harry y Hermione se separaron. Harry miró al pelirrojo, y chasqueó la lengua. Claramente había estado bebiendo. Suspiró. Cada uno lidiaba con sus demonios como podía.
- Lamento la interrupción… - dijo secamente.
- Llegas tarde…
- Estuve… me dormí…
- Se ve que anoche, te estuviste entreteniendo con Sirius y James… - Ron sonrió.
- Te hubiéramos invitado, pero no te encontramos por ninguna parte…
- Porque a diferencia de ti, estoy trabajando para poder terminar la misión que nos trajo, y la nueva.
- ¿Ah sí? – dijo Ron apretando los puños a ambos lados de su cuerpo – ¿y eso incluye tener que estar abrazándote a tu compañera, a solas, en la torre de Astronomía?
- No me vengas con esa estupidez, Ron… – dijo colérico – ¡estoy hasta las pelotas de tus estúpidos celos!
- ¿Quién dijo que eran…?
- ¡Maldición! – gritó, haciendo saltar del susto a Hermione – ¡estoy cansado de los secretos, y de las mentiras! – miró a ambos – ¡De una vez por todas, acepten lo que les toca, o váyanse a la mierda!
- Harry… - trató de decir algo, pero no sabía qué decir…
- Hermione, no se qué diablos te ha sucedido para que te vuelvas tan… - dijo Harry siendo interrumpido por su amigo.
- Frígida… - dijo Ron escupiendo las palabras, y haciendo que Hermione ahogara un sollozo
- No, no es lo que iba a decir… - dijo Acomodándose los anteojos, incómodo.
- Pero lo piensas… - dijo ella, dolida.
- No, creo que te ha pasado algo muy fuerte, para que seas así. – dijo mirándola con ternura – necesito que cierres las heridas del pasado, te convierten en una persona insegura… tu no eres así. Tu, eres el motor que mueve a la elite del Fénix… - dijo seguro.
- Creí que era Ginny… - dijo ella chasqueando la lengua.
- Ginny es el fuego que alimenta el motor… - sonrió – nosotros Ron, y yo, somos los engranajes, que nos mueven, pero lamento decirlo, pero Ginny tiene razón…- los miró - sin ustedes dos, Ron y yo solo somos unas tuercas, sin tornillo… sin ninguna utilidad - Hermione sonrió.
- Deja de rogarle… - dijo Ron, mirándola con rabia – no vas a lograr que se juegue por nada, porque así es la nueva Hermione Granger, una persona que camina sobre un senderito seguro, y bordeado de flores, incapaz de arrojarse en aguas turbulentas, ni caminar por el fuego, ni por ti, ni por mí, ni por nadie. No vas a sacarla de su linda zona de confort – escupió - ¿no es así Hermione?
- Ron, ya basta…- dijo Harry
- No, tu quisiste esta reunión para despejar dudas… - la miró – dile, dile lo que piensas…
- Ron, ya basta… - dijo nuevamente Harry, acercándose a su amigo – estás pasándote de la raya.
- Claro… - dijo serio – dejemos en paz a la dulce y lógica Hermione, dejémosla en el pedestal de la niña buena… de la mujer que se para allá arriba, y desde ahí, nos juzga, nos condena… ¡sólo porque tenemos más cojones que la cobarde Hermione Granger, y nos jugamos por lo que queremos!
- ¡Te dije que la termines, ahora! – rugió Harry – si no vas a aportar algo productivo, mejor te largas… tienes una resaca de los demonios, y no vamos a pagar por tu dolor de cabeza.
- Si, tienes razón, me voy a la mierda… - dijo, retrocediendo un paso, y dando la vuelta para largarse - si no vas a decir nada sobre la misión que nos trajo aquí, estaré a la torre de Gryffindor por si me necesitas… dormir se me hace más productivo en estos momentos que estar perdiendo el tiempo aquí, sin que se diga nada… - dio cinco pasos, en la cabeza de Hermione sonaron como pasos de gigantes, haciendo retumbar su cuerpo…
- Viktor me violó… - dijo con la voz quebrada. Las palabras resonaron en los oídos de Ron, como una enorme campana, dejándolo estupefacto. No pudo darse vuelta y mirarla…
- Hermione, Dios… - susurró Harry.
- No creo que puedas meter a dios y a viktor en la misma oración Harry – dijo ella tratando de alivianar la tensión, sin lograrlo – durante un año, tuve que soportar sus frustraciones, ya sean con palabras, o con hechos…
- Hijo de puta… - dijo Harry.
- Nadie podía hacer nada por mí, porque básicamente, cada uno de ustedes luchaba contra sus propios demonios… - las lágrimas comenzaron a caer. – yo… no sabía qué hacer. Mi vida era un desastre, porque Viktor era un ególatra, que sólo pensaba en él… en un principio me dije que era yo… yo estaba de alguna forma averiada…
- ¡No te atrevas a culparte por lo que hacía ese hijo de puta! – rugió Ron, sobresaltándola.
- No, las cosas en un principio no eran así… podía soportar su egocentrismo, pensar en su placer, olvidándose de mi… - suspiró – a decir verdad, agradecía que todo fuera rápido – miró a Harry colorada – sexualmente hablando.
- Entiendo… – carraspeó.
- Pero después de su accidente, comenzó mi calvario – suspiró, y se alejó para apoyar su estómago sobre las almenas. En este momento, sentía, que podía vomitar todo lo que su pobre estómago había logrado contener esa mañana. – primero fueran palabras, las prohibiciones… y luego los golpes
- ¿Cómo diablos dejaste que…? - susurró Harry.
- Me había quitado la varita…- argumentó ella - decía que no la necesitaba, que él proveería el confort, la seguridad y mi protección… - sonrió irónica – durante un año, soporté ser el objeto de sus golpes, y sus bajos instintos… y mientras lo hacía, me golpeaba y me lastimaba… - los miró – no era yo. Desde el primer momento, desde el primer golpe, el abuso, dejé de vivir. El profanaba mi cuerpo… yo ya no estaba ahí. – Harry se acercó.
- Basta Hermione… - dijo Harry, entendiendo el dolor de su amiga.
No, deben entender… debo explicarles por qué… - miró al pelirrojo – Ron… - pero ron no podía mirarla. Ella interpretó que su adorado pelirrojo sentía asco de ella. Bajó la mirada, y exhaló un poco de aire para hacerse de valor y continuar. - Lo poco que quedó de mí tomó fuerzas, una tarde que pude comunicarme con Ginny… ella me decía que necesitaba una sanadora, y auror. Yo estando como estaba, deseaba decirle que sí, pero no podía… Ginny me dijo que lo pensara. – sonrió – no tuve tiempo de pensarlo… esa noche, Viktor trajo unos tipos a jugar… había tomado la costumbre de apostar, ya no era él mismo. Perdió todo, y no tuvo mejor idea que - darme en garantía…
- Hijo de puta… - dijo Ron. Harry no podía decir nada. Su pobre amiga, su hermana, sufriendo horrores, mientras él andaba por el mundo, llorando por su pena… sin ayudarla. Se sintió como la mierda.
- Comprenderás que las palabras de Ginny resonaron fuerte… ella me dijo "amiga, no estás sola…" – sonrió – me negué a ser objeto de sus juegos sexuales… y me dio una paliza frente a ellos… sólo que todo el odio acumulado hizo mella en mi.
- Qué pasó – preguntó Harry.
- no pude matarlo… - los miró – era la primera vez que usaba imperdonables, pero no pude matarlo…
- Entiendo, no tuviste el valor – dijo Harry.
- No, sus padres llegaron y lo salvaron… - rio – yo solo tomé mis cosas, el gato y me largué. No tengo idea que fue de Viktor, tampoco voy a averiguarlo. – Harry se acercó y la abrazó. – Te quiero Harry… - dijo con una voz temblorosa. – Te quiero y deseo todo lo mejor para ti…
- Yo también te quiero… y si hubiera sabido sólo un diez por ciento de lo que te pasaba… - la apretó mas a su cuerpo – Ginny tiene razón, no estás sola amiga – la besó en la coronilla. Hermione suspiró – cuentas conmigo para lo que sea… - la puerta de la torre, se golpeó con fuerza. Cuando miraron, Ron había desaparecido – idiota.
- Déjalo…- dijo ella triste - las personas no son capaces de reaccionar de la misma manera – suspiró. – sólo espero que entienda el porqué de mi actitud tan cauta.
- Dime, cuando y dónde, y nos haremos cargo de ese hijo de puta de Krum… Ginny y yo, podemos idear algo para que sufra como la mierda…
- ¡Merlín, no! – dijo ella riendo por primera vez desde que llegó a la torre. Harry observó que algo en ella, tras su confesión, había cambiado; ella se notaba como mas liviana, su rostro estaba con mas brillo, como si se hubiera quitado un peso de encima – si Ginny está involucrada, seguramente, pensará en cortar pollas…
- Es lo menos que ese hijo de puta se merecería…
- Créeme, que tenga o no polla, es lo mismo… es pésimo en la cama. – rieron. – Dime Harry, dime que es lo que te impulsa a hacer lo que quieres hacer…
- Quiero ser feliz… - dijo abrazándola y mirando hacia el paisaje. No se si volveré a ver a Nicky, pero quiero experimentar ser parte de una familia, no de arrimado, no de favor.
- No he pensado en ti como familia, por algún favor… - dijo ella. – y hablo por los Weasley, asegurándote que ellos jamás pensaron en ti como un arrimado - le señaló el reloj de Fabian Prewet, que la Señora Weasley le había regalado, cuando cumpliera diecisiete años… somos familia. – Harry tragó en seco.
- Lo sé, pero así se siente…
- ¿Y Ginny? – Harry bajó la mirada - ¿Ginny está en esa ecuación?
- Ginny está siempre en mi ecuación… Felicidad es igual a X por Ginny elevada a la enésima potencia – ella le dio un coscorrón.
- Harry…
- No he defendido eficientemente mis derechos ante los culos secos que forman el Wizzengamot, Hermione – Ella abrió los ojos – cuando pedí el divorcio alegando la locura de Romilda, y ellos me lo negaron… me enojé con el mundo. Y me largué. No pensaba, estaba ido… ver a Nicky morir así…
- ¿Y ahora? – preguntó la joven – ¿qué ha cambiado ahora?
- Ahora, ella está en mi vida... -sonrió – la amo Hermione. Cuando me fui creía que en algún momento de mi vida, la olvidaría, y podría seguir subsistiendo, con nada… con lo poco que podía rascar de eso que llamaba vida… - suspiró – pero, maldita sea, estaba un día en Argentina, bebiendo en un bar cerca del barrio de La Boca… un lugar donde el olor a mierda que emanaba del Riachuelo, me hacía acordar a mi vida – rieron – y entonces, en el bar, se escuchó una canción… - y Harry comenzó a cantar:
"Un vaso más de vino…
Solo para la despedida
Y la chica, que dejé atrás
cómo la echo de menos ahora…
en mi hora más oscura,
el modo en que nuestros brazos,
se entrelazaban…
gaviota, llévame
sobre la tierra y el mar…
a mi propia gente,
allí es donde debo estar…
cada latido de mi corazón,
me desgarra todavía más…
estoy solo,
y perdido en la oscuridad…
Me voy a casa…"
- ¡Woao, Harry…! - dijo ella sonriendo, pero con lágrimas en los ojos – nunca pensé que eras…
- ¿Un redomado Emo? – rieron – nah, en ese entonces, antes de escuchar esa canción, estaba ciego… ciego y perdido. Luego, mi amigo Rod Stewart junto a mi otro mejor amigo Jhonnie Walker, y yo tuvimos esa charla… - rio – y me di cuenta, que esa maldita pelirroja, estaba aquí, enquistada, como la peor de las enfermedades, algo crónico que avanzaba tomándome todo el organismo… y que necesitaba verla, al menos… - Hermione sonrió y apoyo su cabeza, en el brazo de Harry – y entonces, decidí volver
- Pero no hiciste nada… - suspiró
- No me la hizo fácil… - rieron – ahora es diferente. La necesito tanto – suspiró – en ese entonces la muerte de Nicky me volvió loco y no enfoqué bien mi pedido… - Hermione lo miró – quise el divorcio…
- Y ahora, ¿qué ha cambiado? – dijo ella
- No voy por el divorcio… voy por la anulación.
- ¿Cómo?
- Eso es otra historia… -se separaron- necesito ver a Ginny… ella debe estar histérica por saber que has decidido…- ella quiso decir algo, pero Harry la interrumpió – entiendo que no quieras, en verdad…
- Voy a ayudarlos – Harry abrió los ojos – no, no estoy de acuerdo… - él la abrazó y la levantó, haciéndola dar vueltas – ya basta, payaso – dijo riendo – este la bajó y le dio un beso en la cabeza – y no es que esté de acuerdo… sigo pensando que esto tarde o temprano traerá consecuencias…
- ¿Pero no vale la pena intentarlo? – ella asintió – y ¿qué pasará con Ron?
- Trataremos de llevar la fiesta en paz… - dijo ella serena – por ahora, iremos un paso a la vez…
- Si claro – los dos se encaminaron hacia la escalera que los llevaría dentro del castillo- pero si te jode un segundo, me avisas…
- No va a hacerlo… - dijo ella mas serena de lo normal – y si lo hace, no voy a quedarme quieta esperando que sus palabras me hieran… ya no voy a ser esa idiota que se queda callada, para no generar discordia… me jode, lo joderé cien veces…
- Y esa es la Hermione que quiero escuchar – dijo Harry, entrando al castillo.
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- y así fue como les conté todo… - dijo Hermione, que, al segundo de separarse de Harry, corrió hacia la enfermería para dar el parte a una aburrida Ginny, que ya no tenía postura en la cama. Había estado prácticamente, y como decían los muggles, cortando clavos, esperando por noticias. El trío de oro del ministerio se había reunido sin ella. La idea era convencer a Hermione, para que se acoplara a la misión de encontrar y destruir los Horrocruxes. Eran las doce y treinta del medio día, y ninguno de ellos había dado señales. Harry había estado nervioso, y con un beso a las apuradas, se había marchado temprano, dejándola con los nervios a flor de piel…
- Cuando dices todo… - dijo interrogante.
- Todo… - respondió su amiga, decidida – del por qué de mi actitud tan…
- Cagona...
- Ginny… - dijo en tono de reproche.
- ¡Es la verdad! – aseveró la pelirroja.
- Bueno, Harry me dijo que era una actitud cauta…
- Traducido al Harry cabrón, es cagona de mierda… - rieron
- Basta ya…- dijo tirándole una almohada – lo cierto es que la sensación que tengo es de alivio… como si me hubiera sacado…
- A Krum de encima… - dijo Ginny sonriente. Hermione asintió. Se alegraba tanto que su amiga, por fin venciera sus demonios. No era algo que sólo se dijera y puf, desaparecía… pero al menos había empezado el camino de la recuperación. – la verdad, es que hubiera querido estar ahí…
- Gracias a Merlín no estabas… - Ginny arqueó las cejas – Harry estuvo muy efusivo conmigo… - dijo con picardía. – de seguro me sacabas los ojos de los celos…
- Nah, - dijo acomodándose las almohadas en la espalda – se que Harry te adora, como una hermana… si hubiera sospechado de ti, como rival, te sacaba los ojos de una… cuando estábamos en Hogwarts… - la miró seria. Hermione abrió los ojos sorprendida.
- ¿Serías capaz?
- ¡Apuéstalo! – y rio – aun no me olvido de cuando fuimos al "cabeza de puerco" y armamos el ejercito de Dumbledore… - cruzó los brazos ofendida – y tu frasecita "Cho no te sacaba los ojos de encima Harry…" – la imitó con rabia. - esa aún me la debes...
- ¿Merlín, aun lo recuerdas? – dijo ella riendo.
- Me acuerdo de todo, amiga… - la miró achicando los ojos, como prometiendo venganza – ¡de todo!
- Yo no sabía… bueno si lo sabía, pero después, el que te hayas hecho popular ayudó ¿no? – ella asintió - ¿y quien fue la que te aconsejó ser tu misma, y salir con otros chicos, olvidarte de Harry…?
- ¡Como si pudiera!
- Claro que nunca pudo… - dijo riendo – acaso no te contó que tu fuiste su razón para volver de su autoexilio…
- ¡no me jodas! – dijo ella apartando las frazadas y gateando por la cama. Su amiga asintió risueña, y Ginny, sólo hizo una voltereta en el aire –
- Cálmate Loca, que te vas a estropear… - dijo Hermione, pero Ginny no la escuchaba.
- Lo otro que me confesó tendrá que decírtelo él… - eso calmó a la pelirroja, que se detuvo en seco, con su larga cabellera, despeinada, por el movimiento. Se acomodó como pudo el cabello, y se sentó, sobre sus talones.
- ¿qué más? – Hermione se levantó –
- No puedo decirte más… - miró nerviosa su reloj pulsera – uf, qué tarde que es… tengo una reunión con los demás, tenemos que ir a buscar el Horrocrux
- Así que Harry te convenció… - Ginny decidió no presionarla. Ya le sacaría la verdad, cuando volviera de la misión.
- Estoy aterrorizada – dijo Ella acercándose. Ginny la abrazó – Estoy convencida que como en la ley de Murphy, algo malo pasará, no todo es tan perfecto en un plan… - suspiró – pero creo que vale la pena… Harry merece una vida mejor.
- Lo que te dije – la miró - ¿Y Ron? – Hermione la miró sin entender, pero Ginny vio en el instante cuando sus ojos se entristecieron. – ¿qué dijo cuando lo supo?
- Bueno, conté lo que me hizo Viktor, y él me escuchó… - suspiró tocándose el estómago – y simplemente se fue. Así, sin decir ni una palabra, se fue.
- Idiota.
- Debo irme… - Hermione dio dos pasos y se detuvo, tomándose de una silla – tengo…
- Pero yo no hablaba de lo de Krum – Hermione levantó la vista y tragó saliva.
- No sé que mas podríamos hablar tu hermano y yo… - dijo nerviosa. Ginny se encogió de hombros, y se acomodó sentándose en la cama.
- ¿Me crees idiota? – la miró acusadora
- ¿Disculpa…? - dijo seria.
- ¿Cuándo le dirás que estás embarazada? – largó Ginny, a una estupefacta Hermione.
- ¿Qué diablos…? – Hermione, la miró alarmada, una cosa era pensarlo, escaparle a la realidad convenciéndose que era el cambio de rutina, el estrés, o la mierda que se le ocurriera, otra muy diferente era que su amiga lo exteriorizara, así de sopetón, sin que ella estuviera preparada para asimilar la posibilidad. – Ginny, no…
- ¿Vamos, me crees tan idiota? – dijo seria – soy sanadora, conozco los síntomas… y si tu no estás embarazada, me como un hipogrifo… - la miró - ¿estás embarazada?
- Yo… - no pudo decir más, de repente todo se puso blanco, y no sintió nada más.
- ¡Ay, la puta madre, se descorchó la cabeza! – dijo Ginny, al ver caer a su amiga. Por primera vez en su puta vida, Hermione Granger, se había desmayado.
nota de la autora. bien, impresiones? debajo, en el botón de reviews...
algunas cosas a tener en cuenta:
La canción que canta Harry, es una traducción chapucera, de la canción "every beat of my heart" de Rod Stewart
los amigos de Harry, Rod Stewart, cantante escocés... el otro jhonnie Walker, marca de Whisky, también escocés.
los EMO, fueron una tribu muy popular a principios del siglo XXI
cualquier consulta, ya sben donde... me voy...
