Ella sólo escuchaba a sus hermanos pelear, discutían por no llegar a tiempo para detenerla, al parecer, ella lo había vuelto a hacer, se culpaban unos a otros y querían terminar con todo de una buena vez.

Debido a esto, ella sabía que debía ser la cabeza de la familia aún si era la menor.

Escuchaba que querían capturar a una tal Iki Hikari, había oído que se convirtió en una diosa o que al menos parte de ella lo era. No quería lidiar con eso ahora, aún debían organizar planes.

Aunque sus hermanos eran lo suficientemente maduros para cargar con este tipo de responsabilidades aun siendo menores de veinte años, ellos tenían demasiado estrés como para tratar con varias cosas al mismo tiempo, cualquier persona se desesperaría, incluso ella, tener debilidades y no ser lo suficientemente resistente es lo que odia de los humanos, lo que odia de ser parte humana.

Su madre era humana, cariñosa, amable y noble. Ella la aprecia por ser su progenitora, ¿pero que tenga hijos con un demonio?, vaya… es consciente de que si no lo hubiera hecho ni ella ni sus hermanos existirían, pero le sigue pareciendo extraño.

[...]

Kofuku se encontraba regando las plantas de su vivienda, después de la reunión, Hiyori, Hikari y Ameni se quedaron a dormir en la casa de la diosa y desde la mañana del día siguiente todos se encontraban despiertos, ese día fue en el que Hikari y Ameni se marcharon con aquellos shinkis que decían ir a buscar a la ojiazul por asuntos del templo, pero ya habían pasado varias horas de eso.

Cuando regresaba, Kofuku notó una luz rosa que apareció en la entrada de su hogar, de ahí emergieron Hikari, Ameni y otras dos muchachas que ella no conocía.

—¡Hiki-chan, Ame-chan! —habló la pelirrosa con una sonrisa, pero luego se dio cuenta del cambio de la ojiazul —¿Uh? Hikari-chan, ¿te cortaste el cabello?

—¡K-Kofuku-san! —ella pareció sorprendida —Hola… uh, sí, es una larga historia…

—Ya veo… —dijo Kofuku —¿Quiénes son ellas?

A la diosa se le hizo extraño, no veía ninguna marca de que fueran tesoros sagrados y no las reconocía como diosas.

—Son unas amigas, ¿verdad? —Hikari se volvió hacia ellas en la última palabra para confirmarlo.

—Sí, yo soy Hyakuya Hikari, mucho gusto Kofuku-sama —dijo la de cabello rubio y se inclinó en forma de respeto.

—Y mi nombre es Iida Tomoyo —le siguió la castaña mientras sonreía tímidamente y se inclinaba de igual manera.

Antes de que Kofuku pudiese responder, Daikoku se asomó y observó la situación con confusión y el ceño fruncido.

—¿Huh? ¿Quiénes son ellas y que hacen aquí?

[...]

—¡Alex, Hikaru! ¡Se han marchado! —exclamó un chico de cabello negro e iris rojizos mientras entraba a la habitación y azotaba la puerta.

—Ya lo sé, Yuuta. —dijo irritado otro muchacho.

—Pero tú sabes que me… ¡Agh! —soltó un pesado suspiro cuando se sentó en una silla y agachó la cabeza antes de proseguir —¿Entonces qué hacemos?

—En primer lugar, Alex tendrá que ir a perseguirlas ¿queda claro?, después, cuando las lleve al lugar decidido nosotros iremos, las detenemos, las atamos y terminamos con ellas, es relativamente simple —explicó Hikaru mientras miraba sus propios ojos azules en el reflejo del espejo frente a él.

—¡Ugh! —se quejó Alexander mientras jalaba sus cabellos pelirrojos con frustración —¿Yo por qué?

—Porque yo lo digo, y como yo mando se va a hacer —ordenó el ojiazul.

—¿Y qué pasará con Yui? —preguntó Yuuta mientras levantaba su cabeza para mirarlo.

—Yui se quedará con sus hermanas, aunque ella prefiere planearlo todo antes de salir a atacarla —respondió Hikaru jugueteando con una daga.

—La sangre hace parientes a Iki Hikari y a los Sugita ¿lo sabían? —replicó Alex —¿Por qué quieren matarla? ¡Los dioses ya la perdonaron!

—Primero, somos demonios, Alex; segundo, la perdonaron los dioses por algo que no hizo y no tiene nada que ver con lo que estamos buscando; y tercero, el medico Iki Touya debe pagar por lo que nos hizo, robarnos el tesoro, el cual se lo proporcionó a su nieta Iki Hikari y eso demuestra que la aprecia, además, madre dijo que la odiaba y por eso morirá —explicó Yuuta.

—¡Pagará! —exclamó con rabia Hikaru.

Alex solo agachó la cabeza con resignación mientras miraba una foto muy peculiar...

—Tienen razón, será destruida —susurró Alex con enfado.