Candy estaba parada en la cima del impresionante padre árbol como todas las mañanas desde el día que vió por primera vez al príncipe. Ella hacía todo lo posible por tener las mañanas libres como hoy que le tocaba ayudar en el aseo de la cocina pero cambió su deber con Annie.

La pequeña miraba al horizonte anhelando ver al chico rubio de hermosa sonrisa y ¿ cómo será el destino? Que después de esperar unos días por fin dió frutos tanta perseverancia, que vió a lo lejos de entré los árboles del bosque la silueta de una persona que cabalgaba a gran velocidad. Ella estaba con el corazón latiendo apresuradamente rogando que esa persona sea su príncipe, para su gran fortuna ese jinete era precisamente el jovencito Will que llegaba a la colina cabalgando de manera majestuosa, después bajó del corcel con soberbia para enseguida atar el caballo con destreza y caminar colina arriba con gran propiedad como si fuera el dueño de todo, comportandose como el príncipe que es. Mientras que la pequeña Candy veía la escena anonadada por volver a ver otra vez al pequeño Andrew, era tanta su emoción que no podía articular movimientos hasta que pasados unos instantes reacciono bajando con rapidez el árbol, ya estando en el suelo corrió a gran velocidad hacia la persona soñada, era tanta la fuerza de la pequeña Candy que no pudo frenar a tiempo acasionando un choque con el cuerpo del niño Will que al darse cuenta que su ángel venía hacía él como un fuerte huracán decidió pararse con los pies separados uno frente al otro echando su cuerpo hacia adelante para poder disminuir el impacto del golpe, él abrió solo un poco los brazos para poder albergar a la traviesa hada que tiene la sonrisa más bella del mundo.

Los dos estaban absortos en un instante mágico en el que solo existían ellos, el príncipe y la hada con cara de ángel. Ella tenía el corazón alocado con las mejillas sonrojadas por correr y por estar al lado de su príncipe, está maravillada de verlo por segunda vez, piensa que se ve más guapo conforme lo ve a detalle, lo ve precioso como un muñequito de porcelana, con sus botas lustrosas de color negro que le llegan por debajo de las rodillas, los pantalones blancos que están adheridos a su piel mostrando unas piernas fuertes y bien definidas, con una chaqueta roja que está hecha a su medida y que es cálida para protegerlo del viento teniendo de fondo una camisa blanca de algodón muy cómoda, en la cabeza lleva una boina del mismo color que la chaqueta pero que tiene una línea negra alrededor de la base y por último trae puesto unos guantes negros de piel, todo él es exquisito. En cambio la adorable niña solo traia un vestido sencillo, desgastado y viejo, color blanco con pequeñas flores rojas, que tenía pequeñas mangas bombachas, su delantal tambien blanco, zapatos viejos color rojo con un adorable moño en la parte delantera, sin duda se veía más que hermosa ante los ojos de su príncipe que solo podía ver su alma indomable y fuerte, adornada con unos resplandecientes ojos verdes y su sonrisa enorme que mostraba su perfecta dentadura blanca.

En ese instante de completa intimidad en el que dos corazones se reconocen a pesar de la edad tan corta que pueden tener sus cuerpos, con sus miradas transmiten un amor sublime, poderoso, y puro que puede llegar a descongelar el hielo más frío que pueda existir. Will estába tan emocionado por ver a la belleza con pecas que sin darse cuenta movió un pié poniéndolo encima de una piedra incómoda ocacionando con ello que perdiera el equilibrio y lo que menos quería eso fue lo que ocurrió los dos cayeron al suelo en una posición comprometedora pero como eran solo unos niños con demasiada inocencia no se dieron cuenta y en vez de avergonzarse empezaron a reír por la situación tan bochornosa, después los dos se sentaron muy juntos casi rosando sus brazos. Ella lo miraba con dulzura y dijo con una sonrisa embelesada:

—ya estás aquí, ¡ mi príncipe!

Will al escuchar que lo llamaban príncipe se incómodo por lo que significaba y al mismo tiempo sintió una sensación cálida por todo su cuerpo por ser considerado tan especial por aquella criatura tan hermosa, era tanto lo que le gustaba que decidió hacer a un lado su desagradó con el sobrenombre que le puso su delicada hada y contesto amablemente:

—te dije que volvería pronto

—no fue pronto tardaste dos días en regresar

—vez solo son dos días... No es mucho tiempo

—para mí a sido mucho, tanto que me siento más vieja

—jajaja pero que cosas dices... Si tú eres solo una pequeñita niña

Cuando el príncipe le dijo pequeñita niña a Candy hirió sin querer el corazoncito de la rubia pecosa, por eso la niña alzó su barbilla con indignación y protestó — no soy tan pequeña ya tengo siete años... Hmmmm bueno tengo seis pero pronto cumpliré los siete

Al escuchar el argumento de Candy Will realmente considero que ella era una niña de estatura pequeña pero así menudita era demasiado encantadora, más que encantadora era perfecta así tal cual era, con su alegría y sus enojos, después prosiguió a decir:

—¿ enserio? ¿y cuándo cumples los siete? — esta pregunta Will la hizo con toda la inocencia del mundo solo para averiguar el cumpleaños de su hada y rogaba para tener a tiempo un regalo decente para la niña pecosa, pero se sorprendió con la respuesta de la rubia:

—este... Mi cumpleaños, es el próximo año, en el mes de mayo

—hmmmm pero si todavía falta más de diez meses para estar en mayo

La niña contestó con gran congoja en el rostro —estas seguro... Hmmmm pensé que solo faltaban tres meses... Tengo que esperar mucho para mí pastel de chocolate

Verla sufrir es algo que Will no soportaba y tratando de hacer tiempo en lo que se le ocurría algo para hacerla feliz dijo —te gusta el chocolate

Ella contestó con un puchero —si es mi postre favorito... ¡ el pastel de chocolate !— esto último lo dijo con un puchero de forma teatral

—¡ah! Creo que puedo hacer algo para que la espera no sea tan cruel

—¡ así ! ¿ qué cosa?

—es una sorpresa... Será mejor que cierres los ojos

—¡nooooo! Yo quiero saber que es esa sorpresa

Will la vio directo al rostro y de manera sería le dijo —tienes que cerrar los ojos para que te dé el pequeño obsequio

Con ansias Candy cerró los ojos a regañadientes y sus manos las puso en la cara y mencionó —ya los puedo abrir

—¡no! Hmmmm además estás haciendo trampa tienes un ojo abierto y el otro estas apunto de abrirlo

La pequeña reunió toda su fuerza de voluntad para acatar la orden del príncipe y cerró los ojos controlandose para mantenerlos de esa forma y exclamó —ya los cerré... Date prisa no soportare tenerlos así por mucho tiempo

El príncipe de manera rápida se quitó los guantes negros para guardarlos en la bolsa de su chaqueta donde saco algunos dulces de chocolate que sostuvo frente a la hada rubia diciéndole con amabilidad —ya los puedes abrir

Candy al ver frente a ella varias golosinas le brillaron a un más sus verdes esmeraldas y dijo emocionada — todas son para mí

Will asintió con la cabeza diciendo estas palabras con sutileza — si pequeña pecosa

Candy con las mejillas coloradas solo pudo exclamar —¡oh! — después tomó un chocolate para morderlo por la mitad después se inco para acercarse a su príncipe y le ofreció la mitad del dulce en la boca, Will al estar satisfecho no lo iba a aceptar pero tratándose de su hada optó por comerse el alimento mientras le sonreía de manera cómplice, así se la pasaron un tiempo compartiendo chocolates pero la que consumió más fue la niña rubia y Will la observaba embelesado pero conforme pasaba el tiempo se empezaba a preocupar por la forma de comer tan aprisa de su ángel, el jovencito solo sonreía esperando que el consumir tanta golosina no le hiciera daño a su hermosa acompañante.

En el parque de lakewoow paseaba una joven pareja disfrutando del día, de su compañía y degustando cada quien una nieve.

Después de la misa George y Luisa fueron a comer un helado cuidados por la chaperona en turno, los jóvenes sonreían mientras platicaban, en eso la señorita vió la oportunidad de escabullirse de su dama de compañía tomando consigo la mano de George para llevarlo a un lugar más discreto, entré risas traviesas se escondieron detrás de un árbol ella estaba disfrutando del vértigo por hacer a lo que en la alta sociedad lo denominan como prohibido, los dos estaban muy juntitos, sus cuerpos rozaban ocasionalmente, después ella reuniendo el valor suficiente se paro frente al hombre que le roba el sueño para verlo directo a los ojos mientras que el en automático la tomó con fuerza por la cintura acasionando que ella se sonrojara aún más y sintiendo como su alocado corazón reclamaba los besos de su acompañante y así lo hizo sin pensar en las consecuencias, esta vez no fue un beso pudoroso sino que fue un beso apasionado digno de unos amantes que desbordan deseo al estar tan cerca del uno del otro.

Continuará...