Como el resultado de un holocausto, una onda de energía pura estalló, convirtiendo a 14 vampiros en piedra, un aquelarre de gárgolas esculpidas en granito, con los rostros congelados en estado de shock e incredulidad.
Jace y Clary se volvieron para mirar a Alec en primer lugar, con los ojos y boca abiertos. Isabelle también sorprendida, se burló con una risa.
- ¡Alec! ¡Dijiste Que se joda esa mierda!
- Magnus me lo pasó - Alec murmuró, sin dejar de mirar las estatuas delante de él. Magnus. Alec se arrodilló rápidamente al lado de Magnus y le tomó la mano. Su piel estaba fría y húmeda, su respiración forzada y con problemas, su latido del corazón era débil –Tenemos que solucionarlo.
- ¿Cómo? - lloriqueó Clary. Se arrodilló del otro lado de Magnus y tomó la mano de él - Magnus, puedes oírme. Magnus, escúchame, dulce corazón. Lo vamos a conseguir. Lo prometo.
- Asmodeus tenía el poder de regeneración - dijo Jace – Podríamos traerlo de vuelta a la vida y hacer que lo cure.
Alec miró a la expresión asustadiza de Asmodeus en piedra y negó con la cabeza.
- No, Max, dijiste que rojo iría a asegurarlo y él tendría él para siempre ¿A qué te referías?
El niño miró a Magnus, y con el toque más delicado, pasó el dedo por la cara de Magnus.
- Max está triste.
- Sí, lo sé - Alec ladró - Max, él va a morir si no nos damos prisa ¿La Mano Roja? Y para siempre en la piedra. La sangre y la piedra ¿Qué significa eso?
- Vamos, vamos - dijo Max - El Río de Plata - el niño corrió hasta el final de la plataforma de círculo y los llamó con la mano - Vamos, vamos.
Alec tomó a Magnus y fue con el niño. Él estaba sin fuerza y cayó en sus brazos. Murmuró una palabra, con sólo un soplo agitado.
- Alexander.
- Lo solucionaremos - él dijo, sosteniéndolo un poco más apretado - Lo juro.
Max tomó la placa de piedra y saltó de la plataforma y se volvió a la esquina del mausoleo. Dirigiéndose por las escaleras en expansión que recordaban a la arquitectura romana, Max corrió hasta las enormes puertas.
- ¡Espera! - Raphael llamó detrás de ellos - ¡Alto! - Max se había detenido, afortunadamente, en las puertas - Está bien documentado que esto tiene trampas con flechas y lanzas de fuego contra cualquier persona que entre.
El sonido de piedra raspando en la tierra hizo a todos ellos volverse.
El Ejército de Terracota se movía, viniendo por ellos. Este era su maestro, no Genghis Khan o Asmodeus que los influenciaban. Este era su verdadero maestro, y lo defendería por voluntad propia. Se movían más rápido que los soldados dóciles en el túnel. Estos eran los mejores de su ejército, y ellos venían rápido. Alec corrió hacia la pared al lado de la entrada.
- Abran las puertas!
Jace y Raphael patearon en las puertas y rápidamente volvieron a la pared, agarrando a Max para llevarlo a la seguridad, antes de que una serie de flechas dispararan fuera de las puertas. Pero no fueron las flechas de madera o estacas que lo que causaron a Alec o al Ejército de Terracota acercarse rápidamente. Era el olor venenoso de lo que estaba en esa tumba.
No era la carne del cuerpo podrido de Ithuriel que fue hace mucho tiempo momificado, lo que estaba viciando el aire. Era el olor a mercurio.
Mucho de esto. Ríos del mismo. Río de Plata como Max lo había llamado.
El mercurio no era perjudicial para los vampiros, pero a partir de los niveles de metal líquido nunca antes vistos, el humo solo volvería el cerebro de Magnus en gelatina, pondría fin a sus órganos, la médula ósea y la sangre se volverían sopa.
Raphael y los vampiros ingleses comenzaron a estaquear al primero de los soldados que llegaron a ellos, pero había muchos de ellos. Alec sabía que no tenía otra opción. Atrajo a Magnus hacia él y corrió hacia el interior. Cuando todos ellos entraron, Jace y Clary tiraron de las puertas para cerrarlas, y se volvieron para ver a qué se enfrentarían.
Era una enorme cripta, de 15 metros cuadrados, con un altar de piedra en el medio y un cuerpo momificado mostrándose por encima de él. Estaba rodeado de botellas y muebles, armas, estatuas y ornamentos de jade, oro y joyas brillaban en casi todas las superficies.
Pero lo más bello y letal eran los ríos de mercurio fluyendo. Sin tocar durante milenios, lento y ondulante, el metal de plata fluía como el agua. Era la razón de que ningún ser humano pudiera abrir la tumba: los niveles de mercurio estaban fuera de novel.
- Aquí - Max dijo, todavía con la placa de piedra, que era casi la mitad de su tamaño. Al parecer era ajeno a todo en la tumba. Tal vez había visto esto en su cabeza antes, pensó Alec, por lo que no se sorprendió con lo que vio ahora - Max te llevará.
Alec siguió a Max mientras corría, saltando sobre los flujos de mercurio hacia el altar. Fue sólo cuando estaba casi encima de él, que Alec pudo ver un círculo de piedra alrededor del lugar del descanso final de Ithuriel, el primer emperador de China.
- Los 4 elementos antiguos - Clary susurró, y tenía razón.
Había 4 puntos alrededor del círculo: la madera, el agua, el metal y el fuego. Los soldados y sus golpes se hicieron más fuertes y las puertas de madera crujían protestando. Ellos realmente corrían contra reloj.
- ¿Max? - gritó Alec - ¿Qué significa eso?
Los ojos del niño estaban todos azules otra vez y él se balanceó hacia atrás y al frente.
- Luna Azul. Río de Plata.
Raphael tomó la placa de piedra del chico, y él corrió hacia el río más cercano de mercurio. Lo sumergió en el líquido de plata.
- Los antiguos elementos chinos están sobre esta piedra - dijo él.
Corrió de nuevo hacia Alec y colocó la placa de piedra en el cuerpo de Magnus - Los otros elementos ¡Recógelos!
Jace levantó una estaca de madera de su funda, y Clary llevó las manos y con un gran esfuerzo, formó una bola de hielo en sus manos y la colocó cuidadosamente en el plato de mercurio. Mark chasqueó los dedos y apareció una pequeña llama. Tomó una vieja moneda, calentándola, y la puso en el plato. Entonces, Raphael tomó una bolsa de sangre de su mochila, y la cortó con la uña, derramando la sangre de Magnus en el plato.
- La sangre de La Llave en el centro de la placa, todos los elementos están presentes.
Ellos contuvieron la respiración cada uno y esperaron a que suceda un milagro.
Nada.
No pasó nada en absoluto.
Magnus succionó de vuelta una respiración entrecortada, se atragantó y tosió en la expiración.
Alec rugió.
- ¡Max! ¡No funciona!
El chico negó con la cabeza y sus ojos eran claros. Él habló en voz baja y clara.
- Dentro de las piedras. No estas piedras, sino de dónde él vino. De donde su sangre nació.
Alec rugió de nuevo y todo su cuerpo vibraba de ira.
- ¡Magnus se está muriendo en mis brazos, y todo lo que tienes son enigmas!
- ¡No! - Max se puso de pie y gritó de vuelta para él con más fuego e ira de la que Alec habría dado crédito para el niño – ¡Mira la mente de Max! ¡Ve! ¡Ve!
Dentro de las rocas, de donde él vino. Donde su nació sangre.
Alec cerró los ojos y se centró en los pensamientos de Max, y vio exactamente lo que Max vio. Los ojos de Alec se abrieron en el momento en que la puerta de madera se rompió y el Ejército de Terracota entró.
- ¡Agárrense a mí!
Todo el mundo se estiró y lo tocó. Clary recogió a Max mientras Jace le agarró el brazo, cuando las primeras flechas de los soldados flotaban en el aire, Alec saltó.
El aire era tan limpio y fresco en comparación con el de la catacumba húmeda en China, que Magnus se convulsionó en los brazos de Alec.
- Es casi la hora - Alec susurró, manteniéndolo apretado todavía - Sólo tienes que aguantar unos pocos minutos más m'cridhe.
- ¿Por qué estamos aquí? - preguntó Isabelle, cuando todo el mundo miró a su alrededor. Era casi el amanecer, el cielo estaba mostrando señales de luz y gloria, y ellos estaban rodeados por piedras verticales.
- De donde él vino. De dónde nació la sangre de Magnus, Max dijo - respondió Alec - La familia de su padre es de Calanais. Y estas son las piedras Calanais o Callanish Stones, si prefieres. Me atrevería a adivinar que este es el lugar de donde el íncubo del linaje de Magnus también es - Clary puso de pie a Max y el chico esbozó una sonrisa que le decía a Alec que estaba en lo cierto. Aunque ya sabía que lo era.
Lo sentía en sus huesos.
Las piedras de Callanish salían de la tierra como dientes rotos. Gloriosas y antiguas al igual que Stonehenge en Escocia. Un círculo de piedras verticales de 15 piedras antiguas, tan antiguas. Su significado, su propósito había sido especulado desde hace miles de años. Y ahora Alec lo sabía. Para esto es para lo que servían.
En el centro del círculo había un agujero poco profundo excavado en la tierra desde hace miles de años y Alec acostó a Magnus en él.
- Alec - Clary silbó - Alec.
Miró hacia arriba para encontrar al pequeño Max de pie con sus brazos hacia fuera, sus ojos completamente azul, en el centro del círculo. Pero él estaba sonriendo, mientras que una luz brillaba de su propio ser, hermosa y tranquila.
- Alec - dijeron sus voces al unísono - Sólo tú puedes hacer esto.
Alec podía ver en su mente, pero no estaba hablando Max. Era una mujer. Ella era de unos veinte años, con el pelo castaño y ojos como los de Magnus.
- ¿Quién eres tú? - le preguntó.
- Soy la madre de Ailig - dijo la mujer. Su voz, viniendo de Max fue como música, campanas líricas - Debes salvarlo.
- ¡Dime cómo! - Alec imploró - ¡No puedo transformarlo! - miró hacia el este, donde el sol amenazaba con subir - Estoy casi fuera de tiempo.
- Piedra, sangre, metal, fuego y agua, junto con la luna y el sol - su madre respondió, apuntando a la placa de piedra en el pecho de Magnus. Estaba cubierta de mercurio, fuego, agua, y el elemento más importante de todos, la sangre de Magnus - Los elementos de la vida van a salvarlo.
Alec estaba sin paciencia; el miedo y la ira surgieron bajo forma lágrimas.
- ¿Cómo?
- Fuiste creado para esto - dijo Max - Puedes mover átomos físicos cuánticos, ¿Verdad?
Alec asintió.
- Soy un saltador.
- Y con tu sangre en sus venas, puedes transferir los poderes de los demás, ¿Verdad?
Alec se frotó la cara.
- Sí, pero yo realmente no sé cómo.
La madre de Magnus sonrió en la mente de Max. El chico negó.
- Las piedras mantienen poderes de vida, que van a hacer el trabajo por ti. Tú solo necesitas canalizarlas, transferirlas, saltarlas para él. Esto ha estado escrito desde hace un millón de años. Esta luna azul; cada cosa está alineada. Esto es para lo que fuiste creado, Alec.
Alec miró para el pequeño niño vampiro, y luego a las caras de sus amigos.
- Dime lo que tengo que hacer.
- A medida que el sol se levante y la luna todavía está en el cielo, sentirás el poder de las piedras.
Alec asintió rápidamente.
- Está bien.
Entonces Max dijo.
- Tú necesitarás matarlo primero.
Alec lo miró.
- ¿Qué?
- No puedes cambiar lo que ya ha cambiado, Alec.
- ¡Qué quieres decir? - Clary exigió al muchacho - ¡Por favor, nos estamos quedando sin tiempo!
- La sangre de vampiro ya corre por sus venas, por eso no podía ser transformado - dijo la voz de la madre de Magnus con serenidad - Debes matar al vampiro en él para que el ser humano pueda vivir. Sólo un aliento, Alec. Entonces muérdelo.
Alec estaba a punto de objetar, no podía hacerlo, nunca podría matar a alguna parte de Magnus, pero un tremendo zumbido vino de la tierra como si reverberase dentro de él y sus manos comenzaron a temblar.
- Está empezando - dijo Max. Una mirada de tristeza y preocupación cruzó las hermosas características de la madre de Magnus - Tú debes hacerlo. La Llave debe ser transformada hoy.
Alec miró a sus amigos y, por último, a Jace y Clary.
- Tienen que irse. No pueden estar aquí cuando salga el sol.
Clary tomó la mano de Jace.
- No vamos a dejarte - ella susurró - O a Magnus.
- Vamos a quedarnos también - dijo Isabelle. Ella dio una sonrisa débil y asustada - No puedo dejar a un escocés sangriento que diga que soy una cobarde ¿Verdad?
El zumbido se hizo más y más fuerte, y Alec se sentó en el pozo de barro con Magnus a través de él, la placa de piedra china con los 5 elementos en él yacía en el pecho de Magnus. Alec besó los labios de Magnus, mientras una lágrima corrió por la esquina del ojo hasta la sien. Su respiración era tan débil ahora, raspada y rallada. Estaba caliente al tacto, quemando, sudando, y sus ojos marrones estaban vidriosos. Parecía a punto de morir.
Jace y Clary estaban de repente en el pozo con Alec al otro lado de Magnus, ambos susurrando palabras de amor y de súplica.
- Quédate con nosotros, Magnus.
- Espera, dulce Magnus.
Jace aseguró una estaca de madera.
- Tú no deberías tener que ser el único que lo haga.
Alec movió la cabeza y respiró a través del dolor. El zumbido en el pecho era casi insoportable.
- Debo hacerlo solo yo - tomó la estaca de madera, y miró a Clary y Jace - Si esto no funciona y si no vivirá más tiempo, prométeme que vas a hacer lo mismo por mí.
El sol enviaba rayos amarillos hacia arriba, hacia la luna.
- Ahora Alec - la madre de Magnus le pidió a través de Max. Ella imploró. - ¡Ahora!
Alec besó a Magnus una vez más y susurró,
- Para siempre, mi amor - y él llevó la estaca de madera a su corazón.
Magnus cayó hacia delante, arqueando la espalda. Sus ojos muy abiertos, la boca abierta en un grito silencioso. A ciegas, encontrando el rostro de Alec, contorsionándose y teniendo convulsiones antes de aspirar una respiración profunda.
Y eso fue todo.
Una sola respiración.
Alec lo sujetaba como una oración en sus manos y hundió sus dientes en su cuello. Magnus tocó la cara de Alec y lo agarró del pelo, mientras Alec bebió su sangre. El calor, el sabor puro de la energía y de la propia vida recorrió su garganta.
Y el zumbido que hizo eco en su pecho ahora sacudió la escena. Alec cerró los ojos y dejó caer la cabeza para atrás, la sangre corría por las comisuras de su boca, pero no le importaba.
Se concentró en cada átomo, cada molécula de energía, y la envió con toda la fuerza que tenía hacia Magnus.
Magnus se convulsionó en sus brazos de nuevo, esta vez empujó el pecho hacia delante, jadeante, y Alec podía sentir el zumbido vibrando a través de Magnus.
Luz, no la luz del sol, no la luna, sino una luz blanca reunida desde las piedras de Callanish alrededor de ellos, conectando y creciendo hasta que se habían vuelto en un círculo completo y giraron al centro hacia Magnus. La luz pasó por él, salió de él, él gritó y subió, y le tomó toda la fuerza de vampiro a Alec el retenerlo. La energía era casi una supernova, una luz cegadora y pura.
Y luego se fue.
En su lugar quedó silencio. Nadie respiraba. Nadie parpadeó.
Alec no se atrevía a esperar.
Entonces Magnus convulsionó y succionó de vuelta un gran aliento, y Max saltó arriba y abajo, aplaudiendo. Sus ojos volvieron a la normalidad, las visiones de la madre de Magnus habían desaparecido de su mente. Alec no vio nada, excepto al hombre hermoso en sus brazos.
Entonces, como si fuera la voz de Dios para Alec, Magnus gritó.
Con sólo unos segundos de margen, Alec saltó de nuevo a todos en Japón. Volvieron a la casa con un arranque de actividad. Todo el mundo se alejó, todavía con los ojos abiertos y en estado de shock ante lo que acababan de presenciar. Alec acunaba a Magnus como un niño, mientras gemía y se retorcía de dolor. El gentilmente lo puso en el suelo y le tocó la cara, el pecho, el pelo. Tomó su mano.
- Tú no estás solo, m'cridhe. Mi corazón, mi todo. Magnus, yo estoy aquí.
- ¿Qué está pasando? - preguntó James, estando pálido y asustado en la puerta.
Estaba mirando a la mancha de sangre oscura en el pecho de Magnus.
- ¡Que alguien me diga lo que está pasando con él!
- Es la transformación - dijo Jace - Se está convirtiendo en un vampiro.
James se llevó la mano a la boca y negó con la cabeza cuando las primeras lágrimas cayeron. Le tomó mucho tiempo para hablar.
- ¿Va a estar bien?
Sin soltar la mano de Magnus, Alec puso la otra mano en el lado de la cara de Magnus.
- Va a estarlo.
Clary puso las manos frías en Magnus para enfriarlo, Alec se dio cuenta, y Magnus se relajó un poco. Agarró la mano de Alec, sus dedos como garras y sus dientes estaban cerrados.
Entonces Max se arrodilló a los pies de Magnus. La voz era de Max, pero Alec sabía que las palabras vinieron de la madre de Magnus. Y todo tuvo sentido para él ahora: Max no tenía múltiples personalidades.
El hablaba con los muertos. Él le hablaba a los muertos, como ahora, y ellos hablaban con él.
- Él tiene una energía como nunca antes vista en nuestra especie, como si fuera destinado. No en un poder, sino en todos los poderes. Sin precedentes e inimaginable, pero él es correcto y equitativo, y va a proteger y servir. El destino eligió bien.
Max habló directamente a Alec.
- Pero estos poderes no están exentos de riesgos. Habrá siempre aquellos que buscan controlar o conquistar, y habrá una gran responsabilidad en protegerlo, pero tú lo protegerás.
Alec asintió.
- Por supuesto.
Max puso su pequeña mano en la pierna de Magnus.
- Magnus, tiene el poder de sanar. ¿Puedes sentirlo?
Magnus arqueó su espalda y sus manos eran puños apretados, a pesar de asegurar la mano de Alec. Alec podía sentir la fuerza del cambio en él. El poder que se apoderó de su mano no era humano.
Pero si él tenía el poder de curar, como su madre sugirió a través de Max, entonces él no tenía que sufrir a través de la transformación.
- Busca el poder de sanar y abrázalo, Magnus - Alec susurró – Por favor.
Con un grito sofocado por el esfuerzo, Magnus se empujó a través de cualquier límite contra el que luchaba. La herida en el pecho curó, sus venas abultadas debajo de la piel, sus ojos se alargaron, y con un grito final, cayó pesadamente al suelo. Él se quedó quieto por lo que pareció una eternidad; sus manos no apretaban más, su frecuencia cardíaca era completamente normal, y el silencio era ensordecedor.
Entonces, Magnus se echó a reír.
- Bueno, mierda. Esa fue una manera más fácil de hacerlo, y probablemente algo que podría haberse dicho hace media hora.
Jace se echó a reír, al igual que Clary, que se tapó la boca con las manos mientras las lágrimas se derramaron por sus mejillas. Alec no pudo evitarlo. Él se rió, y las lágrimas de alegría y alivio saltaron de sus ojos, y él hizo el primer error de quitar sus brazos alrededor de Magnus.
