Capítulo XIX: Batalla en las Cordilleras Americanas.

La comunidad mutante se encontraba azotada por agrios conflictos internos, fomentados por la rebelión masiva que se propagaba con velocidad vertiginosa en las tierras europeas. Casi ninguna persona del común y ni siquiera los pretendidos genios del análisis político y social, habían logrado prever la magnitud de la insurgencia de los trabajadores europeos y el volumen que adquiriría la simpatía activa de los conglomerados mutantes de aquel continente por los insurrectos humanos. Literalmente millones de trabajadores y mutantes se encontraban socavando, con las armas en la mano, la autoridad del Estados Burgués y retando en campos de batalla aun mayores que los americanos a las fuerzas militares y paramilitares que las diversas oligarquías europeas habían construido en un intento desesperado por contener la marea insurgente. Y, junto con esta insurrección armada activa de una porción importante de la población trabajadora y la comunidad mutante, debía considerarse además la solidaridad activa del conjunto de la población obrera por los insurgentes, que se traducía en huelgas masivas que aglutinaban al grueso de la Clase Trabajadora Europea. Cientos de millones de hombres, mujeres, nativos, inmigrantes, homo sapiens y homo superior sacudían las calles y avenidas de las grandes metrópolis europeas, paralizando la producción, amenazando los centros de poder político y militar del Estado y sirviendo de sostén para las milicias revolucionarias que intentaban destruir las estructuras de poder y llevar a cabo una transformación que, en ocasiones, parecía aun más radical que la predicada por Markson y compañía.

Para Markson y sus partidarios siempre había resultado complejo lograr la solidaridad de la comunidad mutante. Muchos aspectos de la sociedad americana los mantenían separados. Una larga tradición histórica de reformismo y pacifismo tanto en el seno del Movimiento Obrero como en los grupos sociales oprimidos servía para alienar el apoyo efectivo de las masas populares (humanas y mutantes por igual) a unos insurgentes que eran presentados como terroristas despiadados y que, en líneas generales, no habían tenido temblor en el pulso para, efectivamente, imponer dosis de violencia contra sus enemigos que no podían ser calificadas sino como propagadoras de terror. El odio creciente entre humanos y mutantes, representaba otro de los factores a tomar en consideración a la hora de analizar la separación entre los militantes de la insurgencia obrerista y los mutantes. El patriotismo extremo de grandes masas de la población estadounidense, incluso aquellos que eran integrantes de la comunidad mutante y sentían desprecio o ira por las instituciones del Stablishment yanqui, y que los empujaba a negar solidaridad a una fuerza que no negaba sus vínculos con los poderes extranjeros que querían hundir al imperialismo estadounidense (aunque la realidad era que solo Genosha había prestado apoyo activo al levantamiento y Atlántida, Wakanda y por supuesto el Bloque Oriental veían con profunda desazón y miedo las progresiones del movimiento insurgente yanqui, al que juzgaban como el extremo de la radicalidad-por lo menos hasta el alzamiento europeo).

Pero la desconfianza inicial que los radicales de Markson tuvieron que soportar empezó a variar con el desarrollo de los acontecimientos en las calles de las grandes metrópolis americanas y europeas. La transformación del patrullaje policial y militar de las avenidas y calles de los barrios obreros y marginales de prácticamente todas las ciudades de Estados Unidos a la persecución implacable de toda disidencia, que se veía plasmada por allanamientos masivos sin orden judicial y asesinatos extrajudiciales de cada voz disidente, encolerizo a las grandes masas norteamericanas.

Los asesinatos públicos y masivos de los huelguistas, en plena calle, con luz del sol en pleno apogeo y a punta de metralla, convencieron a los estadounidenses que si no se defendían serían literalmente exterminados por las brigadas de choque de las policías, milicias y fuerzas militares y paramilitares leales al Stablishment imperante.

La Clase Obrera Industrial y de los grandes conglomerados del transporte y el comercio fueron los primeros en adoptar la autodefensa organizada y generalizada contra las incursiones de los matones del Estado y de las pandillas mercenarias. Una autodefensa que gracias al temple y al talento de Markson, Weinmann y el resto del liderazgo obrero fue adquiriendo las características de un autentico ejército insurgente, disciplinado, organizado, armado y lleno de apasionamiento determinado.

La Batalla de Chicago fue la prueba máxima para los insurgentes y sus propósitos. Su derrota significaría la destrucción de la columna vertebral de la Resistencia Proletaria y quizá una política de persecución y exterminio tan vasta que traería aparejada la supresión del renovado poderío obrero durante muchas décadas y la pérdida de millones o decenas de millones de vidas de los integrantes de las clases explotadas y oprimidas.

La capacidad demostrada por los insurgentes en el terreno de batalla, su poderío armamentístico, capaz de medirse contra la mismísima maquinaria de SHIELD, y la casi completa destrucción de los Avengers junto con la de decenas de miles de hombres de la flor y nata del poderío bélico americano; todo ello mientras el número de huelguistas se acrecentaba exponencialmente y superaba los setenta millones de trabajadores de todas las ramas del quehacer económico y social estadounidense; hizo que la población americana comprendiera que el poderío del Estado podía ser retado y vencido y encendió la llama de los levantamientos y las batallas a gran escala en el resto de las grandes metrópolis yanquis. La insurgencia armada de los sectores laborales se intensifico y masifico.

Muchos Homo Superior vieron en las medidas adoptadas por el Movimiento Obrero, la única forma de confrontar a sus opresores humanos y entraron en masa y de lleno en las fuerzas insurreccionales levantadas por los trabajadores Homo Sapiens contra las estructuras del Estado capitalista. Pero, con todo y este estado de insurgencia generalizado existente entre los elementos más explotados de la sociedad americana, aun pervivían los mitos democráticos entre las amplias capas medias que hacían vida activa en suelo yanqui y aun entre los elementos menos urbanizados de la Clase Obrera Blanca y la población marginal.

Mitos democráticos reforzados por la magnitud de las matanzas que se sucedían día con día en las calles del país y que hacían que muchas personas se preguntaran si semejante sacrificio valía la pena para destronar el poderío de la arrogante oligarquía empresarial y financiera y establecer un modo de gobierno que nadie había visto implementado hasta ahora en ninguna parte del mundo. Estas preocupaciones alimentaban los sueños de una solución pacífica a la sangrienta conflagración y explicaban la supervivencia de agrupaciones como las de Xavier en el seno de una levantisca raza mutante y su notable influencia pacificadora en los ánimos de esta raza.

Además, los pacifistas extremaban sus críticas contra las posiciones presentadas por los insurgentes aduciendo que, su incivilizada respuesta a las provocaciones de los miembros más reaccionarios de la Administración Federal, estaba íntimamente ligada con las características aun bárbaras de la población norteamericana basadas en una tradición histórica llena de violencia y brutalidad. Una historia plagada de violentas respuestas contra todo lo que fuera diferente. Guerra doble contra los ingleses, guerras contra los indígenas, masacre fratricida, esclavitud de los negros, represiones salvajes contra la población organizada, dos guerras mundiales, bombas atómicas, la era del gansterismo, las violaciones a los derechos humanos, Vietnam y muchos otros ejemplos demostraban que Estados Unidos no había abandonado la barbarie primigenia de sus constructores y creadores y que la respuesta dada por los insurrectos era propia de personas ignorantes y brutales incapaces de proponer un discurso coherente y civilizado que contraponer a sus contrarios.

Pero el argumento se derrumbo bajo su propio peso cuando, ante las masivas jornadas huelguistas que sacudían Europa, los Estados occidentales controlados por la Burguesía respondieron con la autorización secreta a Apocalipsis y sus demenciales huestes para que desataran su ira mesiánica contra los trabajadores protestatarios.

Una autorización que abarcaba el mismo genocidio contra los manifestantes y que los poderes establecidos intentaron minimizar de cara al público. Documentos recién publicados por multitud de gargantas profundas que se atrevieron a dar la cara públicamente y entre los que se encontraban dos Generales del Alto Mando de la OTAN, demostraron que las víctimas de las primeras matanzas europeas habían sido subestimadas y datadas a la baja y que, solo en Alemania, antes de la batalla de Berlín, los asesinados por las fuerzas de En Sabah Nur ascendían a la escalofriante cifra de ochocientos cincuenta y siete mil personas y que si se sumaban las víctimas del resto de las naciones europeas el gran total ascendía a los dos millones y medio de masacrados; más que las victimas totales de la Guerra Social Americana (por lo menos si se toman como aptos para ser considerados validos los documentos hasta la fecha presentados por las autoridades gubernamentales de Washington; pero las mismas cifras de la Batalla de Chicago, con sus más de cuatrocientos mil muertos entre milicianos, militares y civiles hacían complejo creer la veracidad de los datos proporcionados por los integrantes del Estado).

El estallido de ira proletaria en Alemania y la feroz batalla de Hamburgo conjuntamente con las insurrecciones masivas de los trabajadores en todas las ciudades importantes del país germano, Francia, Inglaterra, Italia, España, y hasta Rusia fueron plenamente justificadas por la opinión pública estadounidense y derrumbo el mito que pretendía que la insurrección americana era objeto de la ignorancia y la tradición barbárica y demostró que los levantamientos respondían a la más desesperada necesidad de sobrevivencia ante una campaña de exterminio genocida criminal amparado y promovido por las más elevadas autoridades de todos los Estados de la "Civilizada" Europa.

Cosa más que comprobada cuando salieron a relucir una veintena de despachos oficiales, firmados y sellados por las oficinas de los Ministros de Defensa de cada uno de los países de la OTAN, en los cuales se determinaba que sería una buena medida la liquidación física de las tres cuartas partes de las poblaciones de las diez ciudades más pobladas de cada uno de los siete países principales de Europa Occidental. Solo entre Berlín, París, Londres, Madrid y Roma se alcanzaba la cantidad de veinte millones de habitantes; tres cuartas partes representaban quince millones de humanos y mutantes asesinados por igual según las directrices de los despachos de los Ministerios de Defensa europeos. Despachos firmados y sellados setenta y dos horas exactas antes del comienzo de la Batalla de Hamburgo y ratificados por las mismas oficinas una semana antes de la victoria aplastante de los insurgentes contra las hordas apocalípticas.

La matanza planeada por los directivos de los gobiernos oligárquicos, en conjunción con los líderes del Movimiento Supremacista, alcanzaba pues muchas decenas de millones de seres humanos de todas las razas, credos y de ambos sexos con el solo propósito de ahogar en mares de sangre unas protestas que, aunque masivas y exigentes, eran completamente pacificas.

Solo la toma del control de los edificios gubernamentales y el bombardeo y asalto generalizado contra las bases militares americanas y europeas a todo lo largo y ancho del Continente impidió que las fuerzas militares y paramilitares europeas y americanas implementaran por sus propios medios las tareas que la debacle de Hamburgo imposibilito que emprendieran las mesnadas apocalípticas. Solo la abierta insurrección armada de los trabajadores blancos, los inmigrantes norteafricanos y asiáticos y los mutantes, liderados por los Consejos Laborales y los "extremistas" dirigidos por Weinmann y compañía, corto en seco los planes genocidas de los dirigentes políticos y militares del Stablishment Burgués y transformo en Guerra Social lo que de otra manera no hubiera sido sino una vulgar matanza generalizada de ganado humano y mutante indefenso e inerte.

El discurso de Xavier y compañía, que afirmaba que las acciones brutales debían ser promovidas por una mísera minoría de administradores del Estado, que se estaban dejando llevar por sus prejuicios y controlar por sus miedos, y que una acción enérgica pero civilizada emprendida por las grandes mayorías y guiada por las Elites intelectuales sería más que suficiente para paralizar las manos de los criminales y hacer entrar en razón a los dignatarios honestos del Sistema Democrático, quedo profundamente desacreditado cuando, al leer los documentos robados y observar las firmas de los que autorizaron el genocidio, estas estaban constituidas por los gabinetes en pleno de todos los Gobiernos de la Unión Europea y se encontraban ratificados por los Presidentes, Premieres y Cancilleres de cada uno de estos regímenes "democráticos". Es decir todo el Stablishment europeo pretendía emprender una carnicería sin precedentes que dejarían a los actos criminales cometidos por los gobiernos imperantes en los tiempos de las guerras mundiales como jornadas de primerizos.

Y todo ello acontecía mientras se demostraba palpablemente que la perversa alianza sagrada entre los poderes institucionales controlados por las élites financieras, industriales y comerciales y los poderes facticos de los jerarcas supremacistas no era solo cosa europea. Durante todo el trascurrir de los combates en Berlín y en Hamburgo, y durante las cinco primeras semanas del comienzo de los levantamientos proletarios europeos, fueron frecuentes las reuniones en las oficinas del Pentágono, las Cámaras del Congreso y en la misma Casa Blanca, entre los principales líderes políticos, militares, económicos y religiosos de América con los enviados del Partido Supremacista y, peor que eso, fueron frecuentes las reuniones entre los mandamases del Estado Corporativo Americano y la dirigencia en pleno del Partido Supremacista, en las oficinas principales de la Casa Blanca en no menos de siete oportunidades durante ese mismo espacio de tiempo.

La pregunta que casi toda América realizaba para sus adentros y que empezaba a esgrimir públicamente era ¿Qué necesitan conversar con los líderes de un movimiento criminal involucrado en una política genocida a escala continental, los principales jerarcas de una sociedad que se jactaba de ser la mayor democracia del mundo? ¿Por qué los líderes electos de un país que se llenaba la boca afirmando ser respetuoso con, e incluso creador de, las libertades humanas desde hacía más de doscientos años, mantenían conversaciones frecuentes con una pandilla criminal involucrada en una sucesión de aterradoras matanzas generalizadas a lo largo y ancho del mundo?

Y estas disputas, discusiones y pugnas constantes en el seno de la América imperial anglosajona, como era de esperarse, no solo trastornaban a los grandes conglomerados humanos y mutantes. No solo generaban profundas discordias entre la Clase Obrera, la burguesía, las capas medias, los marginales, los humanos y los mutantes sino que azotaban incluso los grupos organizados, presuntamente mejor engrasados, más compactos y mejor disciplinados que hacían vida activa en el interior de los grandes conglomerados sociales de la nación.

Era de conocimiento común que, tras la Batalla de Chicago, los Avengers prácticamente se habían quebrado y existían discordias violentísimas entre todos sus integrantes, pese a la apariencia de normalidad que exhibían de puertas para afuera. Dudas surgían acerca de las medidas más adecuadas para confrontar las diversas crisis que se sucedían con rapidez vertiginosa tras el estallido de la Insurrección y el comienzo oficial de la Guerra Social. Dudas que no solo incluían a las medidas a tomar en cuanto a la sublevación de los proletarios como tal, sino a las implicaciones de la alianza del poder oficial con los supremacistas y qué actitud debían tomar los Avengers con respecto a las constantes reuniones entre los burócratas de Washington y los banqueros y empresarios de Wall Street con personalidades con una vida criminal muy activa como lo eran los tradicionales enemigos de los Avengers: Doom, Ultron, y Loki. Una alianza y unas reuniones que los documentos probaban habían patrocinado las matanzas contra los cientos de miles, los millones de estadounidenses aniquilados tras el comienzo de la Guerra. Unos millones de estadounidenses incluidos entre las masas de civiles que, presuntamente, los Avengers estaban obligados por su juramento a proteger.

La crisis había asolado también a los Fantastic Four, que no habían podido ocultar sus violentas desavenencias sobre las características de la guerra que padecían los americanos y sobre todo por los métodos empleados por las fuerzas del orden para intentar suprimir la sublevación. Tanto Reed Richards como Ben Grimm defendieron públicamente la necesidad de la implementación de métodos expeditivos para defender la nación de las amenazas más prominentes contra su seguridad y su misma existencia. Por el contrario los hermanos Storm (tanto Johnny, como su hermana y esposa de Richards, Susan) expresaron sus resquemores y dudas por la bestialidad creciente en las medidas punitivas tomadas por el Alto Gobierno para restablecer la paz social y mantener sostenidas las instituciones imperantes.

Famosas y polémicas habían sido las declaraciones públicas de Reed Richards afirmando que los revolucionarios estaban socavando y destruyendo las estructuras más solidas que cualquier nación hubiera sido capaz de construir para sostener su existencia por largo tiempo. Y todo ello por simple deseo de revancha contra una sociedad a la que consideraban injusta y a la que decían querer transformar por el bien de las grandes mayorías, pese a que a lo largo de la historia estas mayorías siempre habían expresado su desprecio por los partidos extremistas de derecha e izquierda. Los insurgentes replicaron que el brillante científico debería dedicarse en exclusiva a sus análisis científicos y no intervenir en asuntos que su consagrada mente parecía incapaz de entender; porque era evidente que no parecía capaz de interiorizar que las matanzas habían sido comenzadas por los integrantes más poderosos del Estado Norteamericano y que eran estos los que violentaban sin rubor alguno todas y cada una de las leyes y preceptos en los que creyeron alguna vez los Padres Fundadores y todos los reformadores sociales existentes en la historia norteamericana.

Cuando Susan Storm hablo al público norteamericano y mundial sobre su punto de vista acerca de los acontecimientos que sacudían a su país y provocaban trastornos masivos en el resto de los poderes del planeta, la mayoría esperaba que expresara su apoyo más enérgico a las posturas planteadas por su marido y rechazara las molestas respuestas utilizadas por los arrogantes e insultantes miembros de la Insurgencia. Pero para sorpresa de la opinión pública americana y de la mayor parte de los televidentes del planeta y quizá del Multiverso lo que expreso, pese a ser poco agradable para los revolucionarios, a los que presentaba como una fuerza sumamente destructiva que amenazaba la vida de millones de personas inocentes por todo el orbe, distaba mucho de ser una ofrenda de apoyo a los planteamientos presentados por Richards y Ben Grimm.

Por el contrario representaba una denuncia feroz de todos los procedimientos aplicados hasta los momentos por las máximas autoridades dirigentes de la Unión Americana y de las constantes violaciones a los Derechos Humanos desde que comenzaron las hostilidades internas hasta los actuales momentos en que la conflagración asolaba también a Europa, Rusia, China y Latinoamérica.

"Supongo que cuando las mesas directivas de los Medios de Comunicación solicitaron que presentara mis declaraciones sobre los sucesos que nos enlutan estaban esperando una especie de repetición al pie de la letra aunque con términos algo diferentes de las palabras pronunciadas por mi marido. Supongo que por el solo hecho de encontrarme unida en matrimonio con ese hombre, compartir su lecho y haber dado a luz sus hijos me encontraría en una especie de solidaridad automática con Reed y jamás me atrevería a contradecir sus planteamientos abiertamente. Tal vez estas personas olvidaron los eventos de la Guerra Civil Superheroica y la abierta disensión que se fomento dentro de nuestro grupo familiar por culpa de la infame Ley de Registro. Pero independientemente del pasado más o menos histórico de nuestra familia debo expresar que se han equivocado rotundamente en lo que respecta a mi persona y a mi posicionamiento en esta confrontación fratricida.

"Lejos estoy de respaldar a los insurrectos, sus posturas y sus métodos a los que encuentro sumamente brutales y violentos. Considero que, sin el levantamiento que Markson y su Partido han patrocinado, las sangrientas batallas callejeras que han transformado nuestras ciudades en nuevas versiones de Beirut en el siglo XXI jamás hubiesen acontecido. Fue la masiva presencia de elementos armados de las huestes insurgentes en las barriadas obreras forzando la solidaridad de los habitantes menos afortunados de nuestra sociedad para con su causa lo que obligo a las autoridades de nuestra Administración a introducir fuerzas disuasorias que permitieran el restablecimiento del Orden Jurídico y Legal que nos ha regido por espacio de dos siglos y salvajemente violentado por los alzados en armas.

"Fue la arremetida brutal de los insurrectos al apoderarse de amplias regiones de los alrededores de Chicago y la instalación de fuerzas milicianas pro revolucionarias en el interior de esta grandiosa metrópoli estadounidense, transformando a las autoridades legitimas de la ciudad en rehenes de la Rebelión y a sus guardianes policiales y de la Guardia Nacional en fuerzas sitiadas, la motivación racional que obligo a Washington a movilizar todos los recursos disponibles para una operación masiva de castigo y reconquista en el sector más urbanizado de Illinois. Asimismo fueron las incursiones e infiltraciones de los revolucionarios del Partido Insurgente las que impulsaron a las Autoridades Militares a decretar el Estado de Máxima Alerta en toda la extensión de la patria y les dio las razones para decretar en todas las ciudades importantes de la Costa Este y de la Costa Oeste la nefasta Ley Marcial. Ley Marcial que posteriormente y por culpa de los atentados casi diarios de los terroristas marxistas contra los puestos de poder del Sistema Político se extendió a las ciudades del interior de la Nación, a lo que la cultura popular ha denominado la América Profunda.

"No debemos olvidar el ataque brutal contra la sede de la Alcaldía de Baltimore, que trajo por consecuencia la muerte inmediata de toda la legislatura municipal (incluyendo al Alcalde mismo) y de tres importantes miembros de la economía local. Tampoco debemos pasar por alto la feroz arremetida contra los puestos policiales del Estado de Arkansas que provocaron la dolorosa perdida de las vidas de más de dos mil agentes policiales locales, de estados vecinos y del Gobierno Federal. Recordemos llenos de indignación la suerte mortal de los agentes encubiertos de nuestro Gobierno en las ofensivas milicianas contra bases de SHIELD, la CIA y la NSA en Nevada, Utah, California y Montana, matanza que al igual que otras más de sus características y de su calibre le costaron la vida a miles de honestos servidores públicos y dolor inconmensurable a miles de familias.

"Pero el que todas estas operaciones hayan sido y sigan siendo reales y se cuenten por cientos, tampoco debe hacernos olvidar que la respuesta de nuestras autoridades no ha sido precisamente proporcional y se ha basado en un uso exagerado y a veces criminal de su poderío combativo. La lista de crímenes; sí, crímenes porque estas acciones no pueden ser definidas de otra manera; cometidas por las fuerzas militares y paramilitares de Washington abarcan varios cientos, cuidado sino millares de casos. Crímenes que rayan la insania mental y nos hacen dudar de la cordura y la capacidad de mando de nuestros políticos y jefes militares. Crímenes que por sus características se parecen notablemente a los cometidos por los sabuesos de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial y contra los cuales nuestro país lucho de modo tan destacado, guiado por personas del calibre de Steve Rogers y Logan.

"La cantidad de muertos que inundan nuestras calles llega ya a los tres millones de personas. Aproximadamente un tercio de estas víctimas representan a la población civil. Y para nuestra vergüenza debemos reconocer que por lo menos las tres cuartas partes de las muertes de civiles recaen sobre los hombros de las fuerzas del Estado. Quizá podamos aducir que, en la salvaje confusión que reinaba en nuestra nación en los primeros días de la Guerra, los soldados estaban poco entrenados para delimitar su rango de acción y sus objetivos prioritarios y que no podemos culpar ciento por ciento a tropas bisoñas que no poseen experiencia combatiendo a milicianos infiltrados entre su propia población en territorio americano. Pero la guerra ya lleva años y las matanzas continúan, los abusos en vez de extinguirse o reducirse se acrecientan exponencialmente y las victimas que podemos achacarles a los insurrectos porcentualmente son pequeñas en comparación con las del Gobierno y sus mercenarios. Los revolucionarios, bien sea por una efectividad mayor, por una campaña propagandística para atraerse el favor de la población o por una genuina preocupación por la suerte de la población civil (que después de todo es la base de su poderío material, al obtener de ella sus combatientes) enfocan todas sus energías en contra de las posiciones armadas de nuestro Gobierno y de sus extraños y deleznables aliados evitando en la medida de lo posible las zonas de riesgo para la población civil (por lo menos cuando atacan).

"Y, cuando hablo de los crímenes de nuestras tropas y de su parangón con las acciones de los nazis, no lo hago con propósitos de exageración panfletaria. Gracias a las denuncias presentadas por un número notable de Gargantas Profundas conocemos la localización exacta de enormes Campos de Concentración en Tennessee, Georgia, Massachusetts, Minnesota, Oregón, y Kansas. Sabemos de las transacciones realizadas por nuestros administradores con los líderes de los Supremacistas en los que, a cambio de su apoyo en la Guerra contra los sindicalistas convertidos en insurgentes, les otorgaron la administración provisional de una docena de estados para que implementaran sus propias versiones de gobierno, violentando la soberanía popular clamorosamente. Conocemos las políticas de allanamientos y asesinatos masivos en nuestras propias calles, sin orden judicial y sin autorización de ninguna de las Cámaras del Congreso que refrendaron las acciones de nuestra versión de las SA y las SS, meses después que comenzaran a masacrar cientos de miles de vidas norteamericanas. Una Dictadura Totalitaria que nada debe de envidiar a los Regímenes de Hitler, Stalin o Mao Tse Tung en pleno Siglo XXI y en nuestras propias metrópolis.

"Condenar las acciones de la Insurgencia no significa, como hacen los Avengers o mi marido, apoyar sin criticas de ningún tipo las matanzas y brutalidades indiscriminadas de los ejércitos y paramilitares de Washington. Menos cuando en los Campos de Concentración ya mencionados se tortura, asesina, ultraja y experimenta a y con los prisioneros, sean estos auténticos insurrectos o simples ciudadanos que se encontraban en el lugar y momento equivocados cuando cayeron en manos de hombres y mujeres que presuntamente están aquí para proteger nuestras leyes y nuestros derechos e impedir que en este país se imponga una realidad tan macabra como precisamente ellos son los que implementan. El sadismo de los experimentos impuestos a los encarcelados no tiene nada que envidiarle a los emprendidos por el Doctor Mengele y como lo demuestran los documentos robados por los delatores (que para mí son grandiosos héroes americanos) cuentan con el respaldo de las más elevadas figuras del Stablishment imperante.

"Si el único medio que nuestro Gobierno posee para contrarrestar la influencia de los revolucionarios entre la población y para destruir su capacidad de combate militar es aplicar métodos que no desmerecerían a los promovidos por la tiranía de Adolf Hitler, Heinrich Himmler, Hermann Göring y Joseph Goebbels nos encontramos entonces regidos por una Clase Dominante completamente bárbara que no merece permanecer en el poder y que debe ser inmediatamente defenestrada. No apoyo a los insurgentes, pero si mis palabras son tomadas como expresión de solidaridad con ellos que así sea, después de todo cada una de las denuncias presentadas por ellos contra el poder establecido ha demostrado ser la más cruda y cruel de las verdades".

Declaraciones que trajeron honda consternación entre la comunidad superheroica estadounidense y repercutieron con poder demoledor sobre las comunidades humanas normales. Discusiones feroces se iniciaron entre los pobladores de toda la América yanqui, desde la más insignificante población del inmenso país hasta su metrópolis más vasta y populosa. Discusiones que se escuchaban con atención tanto en los bares y taguaras más deleznables de la más pestilente barriada como en los salones de encuentros sociales, económicos y políticos de las Elites del poderoso Imperio. Bodas, cumpleaños, graduaciones, torneos deportivos, tesis, fiestas de cualquier tipo, terminaban irremediablemente con enfrentamientos verbales feroces entre los defensores de una u otra posición y a veces tales encuentros orales culminaban con el puño de uno de los interlocutores encajándose rudamente en la quijada de su contrario dando inicio a una versión reducida y privada de la Guerra Civil que desgarraba a la antaño imponente Superpotencia.

Hasta personalidades como Black Widow, a punto de morir a manos de los insurgentes durante las sangrientas jornadas de lo que los revolucionarios llamaban la Comuna de Chicago, Thor y Bruce Banner condenaban dentro de los Avengers la pasividad con la que estos aceptaban las operaciones emprendidas por los gubernamentales en cooperación con los Supremacistas. Las divisiones habían llegado a ser tan hondas, dentro del más poderoso de los supergrupos, que se había estancado la misma capacidad operativa de los superhéroes americanos, por la negativa tajante de los miembros reacios del equipo a participar en las operaciones policiacas que por instrucciones de Washington y de la ONU se realizaban contra las agrupaciones denominadas como terroristas y que englobaban por supuesto a los insurrectos americanos y europeos.

Durante la violenta operación de rastreo, captura y liquidación de las bases milicianas creadas por los insurgentes en torno a Dallas, Houston y Austin en Texas y que condujo a la supresión de las tres zonas de actividad revolucionaria más importantes del Sur de Estados Unidos (aunque fuera por un par de meses) y en la que tomaron acción activa una fuerza de no menos de cincuenta y ocho mil soldados de las Fuerzas Armadas Estadounidenses, cuarenta y dos mil mercenarios de las grandes Compañías Militares Privadas de Blackhawk y Deltapower y unos cincuenta mil integrantes del Partido Supremacista; más que la enorme cantidad de fuerzas empleadas por los gubernamentales para suprimir una "simple" fuerza miliciana y la rotundidad del triunfo conseguido por las armas del Sistema que lograron purgar del área texana no menos de setenta y cinco mil partidarios de la insurrección social, lo más relevante y que causo mayor impacto entre la opinión pública y que los propagandistas de la Revolución explotaron hasta la saciedad, estribo en la ausencia absoluta de los dos más poderosos e impresionantes miembros del colectivo de los Avengers y quizá los superhéroes más poderosos del planeta y del Universo en su totalidad: Thor y Hulk.

La ausencia de Thor fue tan marcada que no pocas personas estimaron que quizá se enfrentaba Estados Unidos al rompimiento definitivo de nexos cordiales con el poderoso Reino de Asgard. Analistas políticos se dedicaron a predicar que Norteamérica debería tomar medidas enérgicas para protegerse de un posible regreso hostil de los ejércitos Asgardianos y el más que probable estallido de una confrontación abierta entre los antiguos aliados. No pocos tomaron en serio tan temible perspectiva y se auto convencieron que la inminencia de una guerra contra Asgard era tan segura e inevitable como con Genosha, Atlantis y Latveria.

El pánico se apodero de las calles, en proporciones aun mayores que las existentes, producto de la Guerra Civil entre clases. Una confrontación entre norteamericanos por feroz y salvaje que fuera se le antojaba a la mayoría de la opinión pública burguesa y pequeñoburguesa y aun a la proletaria como una batalla que entraba dentro del territorio de la lógica política y militar de la normalidad planetaria. Un enfrentamiento contra la maquinaria de guerra de unos seres reputados como dioses por la mayor parte de los humanos entraba fácilmente dentro de la categoría del terror más bizarro. A la mente de los más impresionables la sola mención de una guerra contra los dioses entraba dentro de los límites de lo Lovecraftiano.

Las mismas personas que encontraban concebible la concreción de una guerra contra Asgard y que veían en la ausencia de Thor en las operaciones de liquidación contrainsurgente emprendidas en Texas el comienzo encubierto de las hostilidades abiertas entre América y los dioses nórdicos, recordaban con manía casi masoquista las ásperas batallas que ensangrentaron las calles de New York cuando Hulk quiso vengarse de la traición de sus amigos. Se preguntaban si la ausencia de Hulk de las batallas de exterminio en Texas tenía por significado el comienzo de conflictos no simplemente ideológicos o filosóficos entre Banner y sus compañeros Avengers, sino también la transformación de estas confrontaciones idealistas en combate físico y la apertura de un nuevo frente de guerra. Para las personas de Norteamérica, Hulk era una presencia que, al igual que Thor, les hacía imaginarse y suponerse poderes de nivel dignos de una divinidad enfurecida. Seguramente Howard y Lovecraft hubieran encontrado maravilloso material para sus relatos más aterradores en la posibilidad de semejante confrontación doble.

Sin embargo, y pese a la importancia que para el conjunto de la sociedad estadounidense poseía la disidencia abierta de Sue Richards frente a las políticas del Estado Norteamericano y frente al apoyo que estas acciones obtenían de parte de Reed y Ben y pese al distanciamiento evidente de Thor y Hulk del conjunto de los Avengers; un distanciamiento que resquebrajaba radicalmente las capacidades operativas del grupo tanto a escala nacional como a niveles internacionales. A pesar que hasta una víctima casi mortal de las acciones terroristas de los insurrectos como lo era Black Widow demostraba un proceso de distanciamiento progresivo ante las acciones emprendidas por los Avengers y por SHIELD. Pese a todo ello, para la comunidad mutante era mucho más representativa la sucesión de conflictos que estaban empezando a hacerse de conocimiento público y que tenían por protagonistas a grupos mutantes tan famosos como los X-Men, X-Force, la Hermandad y X-Factor.

Una serie de conflictos que no solo eran de una importancia primordial por revelar que las contradicciones que sacudían al conjunto de la sociedad occidental se encontraban fuertemente instaladas en el seno de los Homo Superior, sino porque las continuas confrontaciones en el interior de los grupos organizados de la raza mutante estaban tomando caminos bastante alejados de la simple diatriba verbal y empezaban a manifestarse señales de poseerse intenciones de solventar las divergencias por medios y con métodos extremadamente proactivos. Los espectadores pensaban que el nivel de violencia verbal que estaba manifestándose en el interior de los grupos mutantes era bastante cercano al que existía en el seno de la sociedad americana o en corazón de las naciones europeas cuando estallaron las violentas insurrecciones de los partidarios de Markson y Weinmann.

Incluso parecía que las contradicciones incluían a los elementos mutantes involucrados en agrupaciones como los Avengers o SHIELD y aliados a los Fantastic Four. Personajes que ya alcanzaban niveles de reconocimiento entre el común del pueblo norteamericano como Hank McCoy y Wolverine habían aparecido ante las pantallas de la televisión condenando con ferocidad las acciones criminales de los terroristas sindicalistas y su torva alianza con forajidos como Magneto. Pero también se habían visto en la necesidad de expresar sus dudas ante el incremento incesante de los niveles de violencia e intolerancia en las filas de las fuerzas militares y paramilitares del Estado, así como su extraña alianza con elementos con una propensión brutal a cometer actos de inaudita violencia como el grupo de Apocalipsis y sus socios Ultron, Loki, Siniestro y Doom.

Además de existir fuertes rumores que aducían que las finanzas de las fuerzas del Pentágono y de los grupos armados de los Supremacistas no se encontraban completamente agotadas gracias al apoyo; a todas luces tenebroso; prestado por las cuentas bancarias de la poderosa Corporación Roxxon. Una Corporación a la que se la señalaba por involucrarse en crímenes de vastas proporciones contra el ecosistema planetario, por involucrarse en campañas de corrupción política sin precedentes, por intentar maquiavélicos planes de hegemonía global y hasta por involucrarse en las sangrientas guerras promovidas por personajes oscuros de las leyendas más tenebrosas del mundo vikingo como Malekith el Maldito y sus Elfos Oscuros.

Había sido precisamente la alianza evidente entre los más poderosos sectores del mundo corporativo con el Estado y los Supremacistas la chispa que permitió que estallara el infierno en las filas de las agrupaciones mutantes. El mismo Xavier se vio en la necesidad de criticar en términos severos los acuerdos secretos que al parecer los tres grupos contrarrevolucionarios (Corporaciones, Estado, Supremacistas) habían establecido aunque fuera tácitamente. Los limites entre guerra y carnicería no parecían estar claros en las mentes de los líderes de esta extraña y perturbadora alianza y los asesinatos indiscriminados de civiles y prisioneros de guerra iban al alza, violentado todas las resoluciones internacionales sobre regularización de la guerra firmadas por Estados Unidos y sus socios europeos.

Personajes estrechamente vinculados con el pacifismo mutante, el cual para imponer sus postulados contra las tendencias revolucionarias de Magneto y compañía utilizaban elevadas dosis de violencia, como Cable y Kazar se vieron en la necesidad de desvincularse públicamente de cualquier posible relación con una tríada cada día más impopular y peligrosa, e incluso, y para malestar y molestia de los miembros de los X-Men, combatir por la fuerza en las calles de ciudades como Denver, Oklahoma, y Alabama a unidades militares constituidas por igual por tropas del Estado, partidarios del Supremacismo y soldados de fortuna a sueldo de las Corporaciones; primordialmente aquellas pertenecientes a los Grandes Barones del Siglo XIX y a Roxxon.

Complejo en extremo había sido para Xavier, Ciclope y Wolverine ver por las pantallas de los noticieros matutinos, vespertinos y nocturnos la feroz confrontación en las calles principales de Alabama durante la cual Cable no demostró la menor disposición a utilizar un poder de fuego inferior al de sus adversarios y se dedico a abrumar las posiciones fortificadas enemigas con lo más pesado y poderoso de su artillería futurista. La demostración de poderío adquirió tales niveles de brutalidad que a los líderes de los X-Men ni tan siquiera se les presento la oportunidad de determinar si era adecuada una intervención relámpago para contener a su díscolo socio viajero del tiempo. Tan solo treinta minutos después del ataque iniciado por Nathaniel Summers contra cuatro edificios de oficinas estos se encontraban derruidos y sus ocupantes; en número de medio millar de milicianos, soldados y mercenarios se encontraban literalmente vaporizados. Lo que más impacto a los mutantes de Xavier no era solo la velocidad, violencia y potencia de fuego desplegada por Cable sino lo nutrido del grupo que lo acompañaba y la calidad futurista del armamento que empleaban.

Hubieran estado más tranquilos si la operación de Cable hubiera sido emprendida solo por él, como en una de esas absurdas películas, series o comics creados por los grandes estudios y las grandes editoriales y que tanto fascinaban al público norteamericano y global en las que el protagonista aniquilaba en solitario a todos sus enemigos no importa cuán numerosos fueran o que tan bien entrenados estuvieran, porque significaba que, por peligroso y mortífero que fuera el personaje no tendrían que lidiar sino contra él. Pero la realidad aterradora era que Cable había dirigido un grueso grupo de combate no inferior a los cincuenta u ochenta hombres y mujeres, con entrenamiento digno de lo mejor de SHIELD o los marines o los SEALS y gracias a la cantidad, velocidad y ferocidad de estas personas es que los ocupantes de las edificaciones se encontraban todos muertos y desintegrados.

Ni siquiera cuando había llegado del futuro la primera vez y cuando construyo a los X-Force como fuerza de combate letal, el Summers futurista había desplegado una brutalidad tan manifiesta como durante su operación de erradicación en Alabama. Parecía como si quisiera purgar el futuro de una vez por todas y por los medios más expeditivos que fueran requeridos. En opinión de Xavier y Wolverine la larga confrontación de Cable contra Apocalipsis había traído como consecuencia una pérdida considerable de cordura en el viajero temporal y lo expuso a extremar sus medidas, ya de por si radicales, con la finalidad de liquidar definitivamente al Alto Señor sin importar las consecuencias de sus acciones.

La peor parte sin embargo no era que Cable se volviera loco y desencadenara un infierno injustificado contra las tropas coaligadas de las corporaciones, los gubernamentales y los supremacistas; lo peor estribo en que (demostrando una perfecta coordinación con las operaciones de Summers y comprobando para todos que formalizo una alianza con el mutante renegado) el viejo aliado de los protegidos de Xavier, el bravo Kazar, abandono su tradicional neutralidad con respecto a todo evento que aconteciera allende la Tierra Salvaje y ataco, con varios cientos de guerreros perfectamente entrenados y armados hasta los dientes con tecnología occidental, posiciones de respaldo de los supremacistas y los mercenarios de las Corporaciones, liquidando a no menos de trescientos a seiscientos contrarios y permitiendo que Cable emprendiera sus acciones sin molestias de ningún tipo en sus flancos o retaguardia.

Era una alianza nefasta, sobre todo si se tomaba en consideración el persistente rumor que afirmaba que toda la vastedad de la Tierra Salvaje, con sus miles o decenas de miles de pobladores, en su totalidad había sido pacificada y unificada de grado o por fuerza por el liderazgo de Kazar, transformando la prehistórica zona en una especie de Estado organizado y respaldo de extremistas peligrosos.

La alianza armada entre un guerrero fanático de una terrorífica realidad futura y un hombre que siempre se había caracterizado por intentar solventar sus problemas, por críticos que fueran, por medio de resoluciones diplomáticas era desconcertante y demostraba que algo fallaba de un modo determinante. Incluso, en los enfrentamientos más crudos registrados en la historia de las expediciones emprendidas por los X-Men a la Tierra Salvaje, casi nunca se vio a Kazar apelar al uso de fuerza letal con tan marcada resolución como lo hizo en Alabama. Hasta durante los salvajes combates registrados contra la Invasión Skrull y que tuvo un importante escenario de confrontación en la Tierra Salvaje, Kazar demostró poseer unos niveles de moderación más elevados que otras personalidades y las matanzas observadas fueron poca cosa en comparación con lo visto en teatros de guerra mucho más violentos como Wakanda, New York, San Francisco, las bases de La Iniciativa, Inglaterra, Moscú y Beijing.

Pero, tanto entre el público en general como entre la comunidad mutante, lo que generaba mayores tensiones y desconciertos no era la confrontación ideológica casi permanente entre los integrantes de los grupos mutantes o que antiguos aliados de ellos tomaran partido por los movimientos sociales insurgentes más extremistas o que pareciera que quisieran sentarse a conversar con estos extremistas para intentar alcanzar una especie de conciliación, como si pudieran tener éxito donde veteranos del Estado habían fracasado. No. Lo más preocupante era que estas confrontaciones internas parecían haber convertido a los grupos mutantes en entes incapaces de tomar iniciativas propias y por tanto incapaces de realizar intervenciones productivas en la sociedad estadounidense y en la comunidad global.

La falta de presencia de los X-Men en los campos de batalla primordiales de la Guerra Social Americana era manifiesta; podían llegar a participar integrantes del grupo; elementos vinculados a la agrupación; pero el conjunto de los X-Men permanecía en líneas generales, dominado por la inacción. Chicago fue el primer escenario de importancia estratégica en la que las fuerzas de SHIELD, los Avengers y los militares de las Fuerzas Regulares del Estado o bien tuvieron que valerse por sí mismos sin contar con el apoyo de ninguna otra agrupación superheroica humana o mutante o fueron abandonados en medio de la confrontación por sus aliados debido a las duras desavenencias que se fueron desarrollando durante la brutal conflagración urbana. Posteriormente; en confrontaciones tan violentas como San Francisco, Los Ángeles, Dallas, Pittsburgh, Boston y tantas otras; los grupos mutantes hicieron su aparición solo cuando los diferentes bandos en disputa abandonaron el campo de batalla y regresaron a sus bases a lamer sus heridas y realizar el conteo y reagrupamiento de sus elementos de combate.

Cuando la guerra social se propago hasta Europa y las calles de Hamburgo, Berlín, Moscú, y París se tiñeron de rojo sangre, los únicos elementos de características mutantes que se localizaban en los frentes de batalla, y dirimían sus problemas en el mismo escenario de los acontecimientos, eran aquellos que se encontraban ubicados en alguno de los dos extremos enfrentados en las brutales carnicerías y que prestaban su respaldo bien fuera a los radicales nazis y fascistas de Apocalipsis o a las fuerzas revolucionarias de Weinmann; considerado por el público americano como el Markson de Europa.

Solo ahora, elementos ligados a los partidarios mutantes de Xavier, hacían acto de presencia en suelo estadounidense y lo hacían no para frenar una confrontación salida de sus cauces o para respaldar la legalidad del Estado sino para hacer causa común con los bandos extremistas y atacar con potencia letal a los grupos paramilitares que conformaban las huestes supremacistas y contaban con el respaldo del aparato militar desplegado por la Casa Blanca y el Pentágono y estaban reforzados por las milicias corporativas.

Lo que la gente no captaba, sin importar si pertenecían a la raza Homo Sapiens o a los Homo Superior, era que esta falta de capacidad interventora por parte de los X-Men y los X-Force tenía sus raíces profundamente definidas en los mismos debates ideológicos que partían en dos, tres y hasta cuatro toletes a los mutantes. Estos debates y divisiones no solo provocaban distanciamientos importantes entre los antiguos camaradas sino que, al separarlos cada vez más profundamente con brechas que parecían insalvables, provocaba que importantes personalidades de los grupos, incluyendo a miembros de notable poder y habilidad, se negaran a tomar parte en cualquier expedición que hubiera sido programada, dejando sin capacidad operativa real a los grupos que pretendieran tomar parte en las confrontaciones por venir o que estuvieran aconteciendo.

-Me opongo categóricamente a cualquier medida que signifique combatir hombro con hombro con la basura Centinela o los esbirros fascistas de SHIELD. Ya tenemos suficiente con los Avengers, tomando partido por los nazis, como para que también ensuciemos lo poco que queda de nuestro buen nombre.

-No iniciemos otra vez esta conversación Rachel. Todos hemos visto las noticias una y otra y otra vez y estuvimos presentes en las calles de las metrópolis después de acontecer las batallas entre los insurgentes y los gubernamentales. Hasta tú tienes que haber llegado a comprender cuales son las intenciones ocultas de los insurrectos y que tan extremos son los métodos que están dispuestos a usar para sofocar cualquier oposición a sus proyectos. Han llegado al extremo de asesinar dirigentes civiles locales electos por el pueblo para asegurar la supresión de toda resistencia a su presencia en las diversas localidades del Este, Oeste y Centro de la nación. Baltimore fue apenas el inicio de una escalada de crímenes políticos sin precedentes en la historia de este país.

-¿En serio? ¿Crímenes sin precedentes? Sin irnos tan lejos como el exterminio de las tres cuartas partes de los nativos pre-europeos, o la salvaje esclavitud de millones de hombres y mujeres de raza negra, o las indiscriminadas matanzas emprendidas por los matones de las Grandes Familias a todo lo largo del siglo XIX y buena parte del XX contra los líderes y militantes del movimiento sindical y quedándonos solo en la historia reciente, olvidan como comenzó esta guerra. Olvidaron New York. Olvidaron Chicago, Pittsburgh, Nueva Orleans, California, Texas, y tantos otros lugares antes que Markson diera la orden a sus partidarios de responder al poder militar con poder militar, al fuego con fuego, al hierro con hierro. Olvidaron que las propias fuentes militares reconocen que no menos de las tres cuartas partes de las víctimas civiles y quizá hasta el ochenta y cinco por ciento del total de víctimas no combatientes son producto de las acciones emprendidas por los ejércitos del Estado, Apocalipsis y las Corporaciones.

-¿Y lo errores cometidos por los poderes del Gobierno autorizan a los insurgentes a cometer bestialidades dignas de las partidas salvajes del ISIS o Al-Qaeda?

-Nunca he negado que las acciones emprendidas por Markson y sus partidarios rayan en la crudeza más brutal. Pero están librando una guerra contra la organización fascista más vasta, poderosa y predispuesta al crimen de la historia terráquea. Organización nazi que cuenta con el respaldo completo de todo el poderío material e intelectual del aparato de Estado más potente jamás creado. No hay campo para las sutilezas.

-El estado nunca hubiera aceptado consolidar una alianza con agrupaciones tan alejadas de los caminos y métodos de la Democracia de no ser por el sentido de amenaza que se les presento cuando estallo la insurgencia de los extremistas comandados por Markson y Weinmann.

-Errónea interpretación de los eventos, Wolverine. Pésimo análisis de los conflictos que padecemos, Profesor Xavier. La insurgencia de Markson y Weinmann jamás hubiera estallado si las fuerzas del aparato represivo hubieran contenido la mano y no se dedicaran casi a diario a perpetrar crímenes dignos de los campos de masacres europeos de los años de la Segunda Guerra Mundial. Ya tuvimos esta conversación o una muy parecida desde el mismo día que empezaron los enfrentamientos entre las Clases. Y para entonces ya estaba perfectamente claro que quien comenzó las hostilidades armadas contra el bando opuesto fue la maquinaria de guerra dirigida por los burócratas y empresarios de Washington y Wall Street. Los insurgentes no se transformaron en tales y no comenzaron a abandonar su papel de simples huelguistas hasta que los policías, guardias nacionales y soldados regulares, reforzados por los supremacistas y los mercenarios de las Corporaciones; en especial los matones de Roxxon y las Grandes Familias Tradicionales; comenzaron a abrir fuego indiscriminadamente contra manifestantes pacíficos.

-No existían tales protestatarios pacíficos. Los huelguistas mantenían rodeados los edificios de oficinas de las empresas en las que laboraban. Las calles se mantenían cerradas impidiendo el paso vehicular y aun el peatonal. Las fábricas se encontraban tomadas dentro y alrededor de las instalaciones. Y los piquetes impedían con violentos empujones y amenazas de violencia mayor la entrada a laborar de los trabajadores responsables que pretendían seguir cumpliendo con sus obligaciones para con sus patrones y para con la sociedad.

-¿Y supongo que rodear un edificio con armas tan tenebrosas como pancartas y amedrentar a los esquiroles con la terrible arma del insulto verbal es motivo suficiente para utilizar las fuerzas especiales del ejército americano en el mismo suelo nacional y comenzar una matanza del tamaño de un genocidio?

-Cuando los partidarios de la línea dura entre los huelguistas lograron imponerse, gracias al involuntario apoyo prestado por los estúpidos que comandaban a las fuerzas leales, la respuesta armada de los insurgentes contra el Gobierno y sus aliados fue rápida y contundente. Los muertos empezaron a aglomerarse entre los efectivos oficiales con tanta rapidez como entre los rebeldes. Tal poderío armamentístico solo demuestra que los alzados estaban almacenando recursos desde hacía décadas y que planificaban demoler la estructura política, económica y social de nuestra sociedad desde largo tiempo atrás.

-Quizá hubiera elementos entre la izquierda radical creando, como pudieran, milicias armadas durante el trascurso de los años. Pero las propias investigaciones de nuestros agentes demuestran que la inmensa mayoría de las armas de los insurgentes provenían de cargamentos clandestinos trasportados desde Genosha por los agentes de la República Libre de los Mutantes de Genosha o por enormes stocks entregados por agentes de la misma SHIELD horrorizados por la magnitud de la traición al pueblo norteamericano perpetrada por nuestros presuntos guardianes. Eso sin contar lo fácil que es comprar armas de guerra de alto poder destructivo en prácticamente cada esquina de nuestra gran nación.

-Ahora vas a pretender que también creamos que Weinmann es un angelito caído del cielo, que su enorme arsenal logro sacarlo de la nada.

-Weinmann no es Markson. Weinmann posee un pasado militar profesional en las mejores agrupaciones armadas del Sistema; tanto europeas como americanas y aun israelíes. Y pudo captar tempranamente hacía donde se dirigía el Sistema. Pueden escandalizarse todo lo que quieran, pero las matanzas en Europa antes que los obreros tomaran las armas eran tan brutales que el número de víctimas se equiparaba a las de América y eso que estamos en guerra. El genocidio solo fue frenado cuando Weinmann y sus partidarios sacaron sus inmensos arsenales y retaron al poder establecido y sus socios supremacistas, en Hamburgo primero, y en toda Alemania después. De no ser por Weinmann en estos momentos habría tantos muertos en Europa como los hubo en todos los frentes de la Segunda Guerra Mundial durante toda su extensión en el tiempo y el espacio.

-Weinmann y los suyos mataron a cientos de miles de jóvenes soldados patriotas que solo se limitaban a seguir órdenes de sus superiores y que eran buenos hombres.

-Sí. Igual de buenos eran los hombres y mujeres que acataron la voluntad de Hitler y Stalin y montaron los regímenes más monstruosos de la historia humana. Y lo hicieron porque no tuvieron frente a ellos a un Markson o a un Weinmann capaces de pararles sus torvas intenciones y aniquilar su aparato represivo. Puede que murieran cientos de miles de soldados que solo obedecían órdenes; gracias a ello fueron salvadas las vidas de decenas de millones de civiles inocentes y desarmados. Sé muy bien hacía donde se inclina mi bascula; "Profesor".

-Los Supremacistas…

-Los Supremacistas solo representan un factor dentro de la locura que quieren desencadenar las Grandes Oligarquías Imperiales del mundo. Lo quiera aceptar o no los documentos ya fueron publicados y dados a conocer al mundo entero. Toda la jefatura político-militar de los países occidentales estaba implicada en el plan de los supremacistas para exterminar la población de las grandes urbes europeas y americanas; desde el jefe de policía de Berlín hasta los mandamases del Pentágono, la Casa Blanca y los Palacios de Europa. Una macabra Santa Alianza del Siglo XXI. Lo cual demuestra a la perfección que las denuncias presentadas por los insurgentes y por Genosha, acerca de la conexión que entre los grupos del poder conformaban los Generales Dorados era más que acertada y que estos especímenes del militarismo americano más rancio tuvieron desde el mismo comienzo de las hostilidades y quizá desde antes unas intenciones claramente definidas.

-El liderazgo político de las naciones democráticas se encuentra en estado de alerta máxima por el reto feroz y salvaje de la insurgencia marxista. De lo contrario nunca aceptarían una coalición tan siniestra como la que han estructurado.

-Eso ya lo dijiste Logan y es una mentira absurda y que solo sirve para hacerle el juego a los auténticos enemigos de nuestro pueblos. Como los agentes de Markson y Weinmann han demostrado, y lo han confirmado una proporción muy elevada de Gargantas Profundas, que han tenido el valor de desafiar a los maniacos que nos pretenden regir; las conversaciones entre los supremacistas y los Gobiernos de Estados Unidos y Europa son anteriores al ataque terrorista contra New York e incluso son anteriores a la huelga que dirigió Markson y que lo lanzo al estrellato público. Cosa que me acuerdo muy bien de haber dicho ya en los días de los ataques terroristas y en los del comienzo de la rebeldía de Markson y que ustedes simple y llanamente desdeñaron como invenciones de los "marxistas" y desvaríos de una joven desesperada por los horrores que conoció en su realidad. Pero resulta que tales documentos recién sacados tan solo ayer, lo fueron por Nick Fury en persona y por lo visto algo deben saber Banner y los Asgardianos que tanto Hulk como Thor abandonaron su alianza con los Avengers semanas antes de las publicaciones hechas por los mismos líderes de SHIELD.

-¿Y qué me dices de los eventos que acontecen más allá de Occidente? Sabemos a la perfección las barbaridades cometidas por los bolivarianos en sus asedios contra las urbes colombianas, peruanas y centroamericanas. Y sabemos la simpatía abierta que los Gobiernos Bolivarianos profesan por los terroristas de Markson y Weinmann. Si los revolucionarios triunfan ya tenemos modelos concretos de hacía donde enrumbaran al Oeste civilizado.

-Tanto los insurgentes americanos como los europeos se han desmarcado radicalmente de los métodos, procedimientos y creencias de los gobernantes latinoamericanos y han afirmado que en lo que a ellos respecta los regímenes bolivarianos son tan enemigos de clase del proletariado como las burguesías del Primer Mundo. Además han acotado que la mejor respuesta a los despropósitos de los bolivarianos podemos encontrarlos en las áreas industriales y urbanas de Venezuela, Nicaragua, y Argentina, especialmente en unas poblaciones llamadas Maracay, Valencia, Buenos Aires, Córdoba y Managua; donde los obreros y empleados de las industrias, granjas, y centros de servicio no dejan de emprender huelgas, levantamientos y repudios públicos contra las campañas bélicas y los planes políticos y económicos de las oligarquías bolivarianas.

-No parecían repudiar con tanta energía los procedimientos de los bolivarianos cuando aprobaron el complot golpista de los jerarcas milicianos que defenestraron el gobierno constitucional de Mauricio Macri y reimpusieron, violando tanto la Constitución como las leyes y el proceso eleccionario, al régimen de los peronistas.

-Lamentablemente tengo los mismos defectos que casi cualquier joven de mi edad y mi nacionalidad. No poseo los medios para informarme adecuadamente de los eventos allende las fronteras de mi país y son más que dudosas las noticias impartidas por los medios existentes acerca de lo que acontece en el mundo y en los propios Estados Unidos. Pero si tengo capacidad de raciocinio y capacidad de retención lectora y recuerdo a la perfección la lectura de unos documentos publicados por los insurgentes al día siguiente del Golpe de Estado en Argentina y en los que Markson y Weinmann criticaban acerbamente las acciones de los golpistas, los llamaban payasos al servicio del sistema, farsantes lacayos del Gran Capital y socios de los poderes existentes, falsos revolucionarios y afirmaban que para los intereses del proletariado mundial daba igual quien rigiera en Buenos Aires, si Macri o Kirchner, ambos eran la misma basura y la Clase Obrera debía destruirlos a los dos y a todos sus aliados.

-Vías de escape ante una situación muy comprometedora…

Cualquier cosa que pudieren decir tanto Xavier como Wolverine o contestarle Rachel quedo en veremos ante la insistencia salvaje con que resonaron las alarmas de la Mansión X. Pareciera como si se estuviera desencadenando un ataque termonuclear a escala planetaria y no existieran seres mutantes con la capacidad de neutralizar las potencialidades de destrucción masiva de estas terroríficas armas.

Y en realidad el panorama que observaron a través de las pantallas desplegadas por Cerebro resultaba impactante y tenebroso. Enormes columnas de humo y vastas zonas rodeadas por un fuego que daba la impresión de haber salido de las mismas entrañas del más ardiente de los Infiernos parecían ser las características principales y el panorama general a lo largo y ancho de las montañas que conformaban la amplia extensión de la Cordillera de los Apalaches. Y lo más preocupante es que este incendio masivo no se encontraba originado por el accionar, muchas veces cruel de los fenómenos naturales, o por las irresponsabilidades de mediocampistas descuidados, borrachos o simplemente estúpidos. A ojos vista las enormes llamaradas eran producto de fenomenales explosiones originadas por los proyectiles y descargas que salían disparadas de las bocas de majestuosas y potentes piezas de artillería de grueso calibre y con las cuales una colosal maquinaria bélica bombardeaba inmisericordemente toda la extensión de la enorme Cordillera.

Para pasmo de los presentes en la Mansión, lo incomprensible e irreal se hacía presente una vez más ante sus ojos, con las imágenes increíbles de enormes piezas de artillería y poderosos vehículos blindados que, saliendo de puertas secretas ubicadas en las faldas de las montañas, devolvían intensamente el bombardeo y embestían con ferocidad contra las tropas que asaltaban lo que solo podía ser descrito como una Cordillera convertida en impresionante sistema de fortificaciones por alguno de los numerosos bandos armados que pululaban por toda la extensión del país. Y no era solo un feroz duelo de artillería, blindados y maquinaria militar de la más diversa y compleja. También hacían acto de presencia masivas cantidades de soldados de infantería, aparentemente bien blindados y portando rifles y fusiles de asalto de última generación, además de otras armas portátiles para las fuerzas de pie, de notable poderío destructivo. Todo parecía sacado de una película de Ciencia Ficción futurista y claramente distopica.

Más impresionante aun fue encontrarse con las imágenes de sucesiones de explosiones provocadas por impactos que parecían salir de ninguna parte. Por lo que veían no provenían de los cañones y blindados que se disputaban el control del suelo cordillerano. Solo existían dos conclusiones lógicas para explicar las brutales imágenes de sectores de las montañas saltando en pedazos y cantidades abultadas de material de guerra y tropas de combate hechas añicos por esas ondas de poder destructivo. O ambos bandos contaban con una especie de fuerza de combate aéreo capaz de camuflarse hasta los niveles mismos de la invisibilidad o contaban con el respaldo de fuerzas de combate de origen alienígeno que se estaban empleando a fondo en asegurar el éxito de sus respectivos aliados terrícolas. Si la segunda opción era la correcta cabía preguntarse quienes serían los potentados alienígenos involucrados, las razones para interferir tan directamente en un mundo menor como La Tierra y cuáles son las consecuencias más visibles e inmediatas de este intervencionismo. Lo raro es que, con la Guerra salvaje que se estaba librando en el cosmos en estos momentos, alguna de las potencias estelares, fueran los Kree, los Skrull, los Shi'ar, los Badoon o cualquier otra de las grandes fuerzas imperialistas que se disputaban la hegemonía, tuviera la fuerza requerida y la voluntad de interferir en una batalla terrícola de la magnitud observada.

Rachel se estremeció en su totalidad. Las imágenes que veía eran tan salvajes que le recordaron los futuros de pesadilla que había llegado a conocer; tanto el suyo propio con los Centinelas purgando al mundo de la raza mutante como el de su medio hermano Cable bajo el impío dominio de Apocalipsis. Lo peor de las imágenes que veía estaba en que los combatientes que lograban vislumbrarse en las pantallas en medio del caos de la batalla se componían por partes casi iguales de humanos, mutantes y robots de guerra en una especie de combinación terrorífica de ambos futuros de distopia. Centinelas y Jinetes de Apocalipsis en el mismo frente de batalla representaba más de lo que cualquier persona sensata desearía atestiguar, máxime cuando parecían combatir en el mismo bando. No lograba comprender como sus compañeros no captaban la terrible verdad de lo que se avecinaba si no lograban poner un dique de contención lo suficientemente sólido.

Pero estaba segura que la mente de sus compañeros de equipo no se encontraba enfocada en la detestable alianza entre los Centinelas y los apocalípticos sino en la capacidad de combate de una hueste tan bien armada y tan bien organizada que demostraba poseer la fuerza de sostener un combate en campo abierto, masivo y quizá decisivo contra las fuerzas combinadas de los enemigos de la humanidad y de la raza mutante. Lo más probable era que el Profesor Xavier, Wolverine, Bishop, Emma y quizá hasta su padre estuvieran considerando la terrible amenaza que para el Status Quo representaba que los insurrectos poseyeran la capacidad de retar a cielo descubierto lo mejor de los ejércitos gubernamentales y de sus socios supremacistas, sin parar a razonar lo cerca que estaba el mundo de cualquiera de los escenarios de pesadilla de los que ella y su hermano habían huido. Una cercanía acrecentada radicalmente por la torva coalición entre los elementos responsables de la imposición de Regímenes propios de una Distopia digna de las más terroríficas películas y novelas americanas.

Una exclamación de sorpresa escapo de las gargantas de casi todos los presentes en la Mansión cuando comprendieron que lo que se estaba jugando en las Cordilleras de los Apalaches era mucho más significativo de lo que se pensaba en una primera impresión. El satélite secreto que Ciclope había hecho ubicar encima de la Unión Americana para uso exclusivo de los X-Men, y que se encontraba ubicado justo encima de la zona de la confrontación, mostraba en sus imágenes en vivo y directo los rostros de varias de las personas más importantes de toda América. Pudieron contemplar el rostro duro, torvo y sudoroso de Markson dando instrucciones a sus tropas en el asalto contra las instalaciones de la cordillera. Observaron la cara de uno de los nuevos comandantes de Markson, el enérgico Manuel Pereira notable caudillo guerrillero en la zona de California y que también se había distinguido en batallas importantes en Texas, Utah y Nuevo México y que además ostentaba la característica de ser el amante de la díscola, y aun no descifrada adecuadamente, hija de la oligarquía más prominente, Jennifer Westerson. Vieron en el grupo de los asaltantes a Kazar y Cable dirigiendo sus respectivos grupos de asalto, los mismos guerreros que desencadenaron el infierno de Alabama. Y, si no estaban equivocados, parecían haber visto también en el ejército atacante a varios integrantes de los ejércitos Asgardianos encabezados por Lady Sif y empleando todo su poder para socavar las defensas apocalípticas; aunque no estuviera presente en persona, los X-Men estaban convencidos que, solo autorizados por Thor, los Asgardianos se atreverían a tomar partido abierto en una guerra terráquea.

Entre los defensores también estaban presentes varios de los más prominentes jerarcas de su liderazgo. Vieron, pasmados por el asombro, al mismísimo Apocalipsis comandando y organizando sus huestes. Y, al lado de él, o coordinando a otros sectores de la línea defensiva, se encontraban seres como Mr. Siniestro, Loki, y Ultron. Cada uno de ellos contaba con su propia fuerza de combate de elite con la que pretendían adecuar el curso de la batalla a sus intereses; Siniestro contaba con una masiva fuerza de Merodeadores dotada de todos los cambios y "mejoras" genéticos y tecnológicos salidos de la mente y los laboratorios del maniaco evolucionista. Loki hacía acto de presencia con una poderosa hueste conformada por Gigantes de Hielo y lo que parecía ser grandes cantidades de Elfos Oscuros prestados por Malekith el Maldito. Y por último Ultron que acampaba y defendía las posiciones de las Montañas de los Apalaches con una importante cantidad de clones que poseían todos los avances y transformaciones tecnológicos propios de los ejércitos mecánicos del "robot" megalómano.

Pero el grupo más sólido de todo el engranaje defensivo; no por detrás de los apocalípticos y las huestes de SHIELD, sino a la par de ambos; eran las fuerzas que obedecían las directrices de Víctor Von Doom, compuestas por masivas cantidades de ultra avanzados robots de Doom, así como de soldados biológicos, armados con lo último de la tecnología occidental y provistos también de las mejores maquinas de guerra de procedencia latveriana. De no ser por la calidad de las armas portadas por los insurgentes y el poderío demostrado por los mutantes que los apoyaban, aparentemente magnificados por tecnología de extraña procedencia, resultaba claro que los efectivos que obedecían a Doom hubieran bastado para pasar a cuchillo a los agresores.

-Comparto muchas de tus dudas Rachel. Pero no puedes negar que no podemos seguir frenados por el inmovilismo más atroz ante el panorama que observamos en las pantallas de nuestro sistema de vigilancia planetario. No puedes negar que lo que estamos viendo se asemeja terriblemente a los campos de batalla de la Europa de los años cuarenta. Parece que viviéramos en la Segunda Guerra Mundial, en vez de en la América del Siglo XXI.

-Te equivocas padre. Yo no veo los campos de batalla de una guerra ocurrida allende los mares hace más de medio siglo. Veo la cotidianeidad casi diaria vivida en las calles de América durante este tan afamado Siglo XXI en los mundos de los que provenimos mi hermano y yo y del que proviene Bishop. Y lo peor es que, la inepcia y los errores cometidos por ustedes, los Avengers y los Fantastic Four y el resto de la comunidad portadora de súper-poderes está provocando la aparición de una realidad en la que los peores mundos existentes están convergiendo de una u otra manera para concretarse en una Realidad tan aterradora y digna de las peores pesadillas que ni los mejores escritores pudieron haberla imaginado. No es un mundo regido por Apocalipsis, o por los Centinelas, o por Doom, o por Ultron o por cualquiera de ellos sino uno en los que todos los criminales se han lanzado al asalto del poder y cuentan para ello con el beneplácito, la complacencia y el apoyo más entusiasta de la Oligarquía reinante y el Estado imperante.

-Los futuros aborrecibles que tú y Cable han tenido que soportar no pueden ser las razones para extremar posiciones ideológicas en esta realidad. Como bien lo dice el término son Realidades Alternativas a la nuestra, no la misma y lo que acontezca allá no tiene porque ocurrir aquí. El Genocidio Centinela, la Era de Apocalipsis, el Dominio Ultron, el Reinado Doom, son solo resultados desafortunados de mundos en los que no encontraron la adecuada oposición las políticas y prácticas extremistas.

-Cuando mi mundo estallo en llamas y los Centinelas comenzaron a organizar su labor exterminadora, todo comenzó por motivos preocupantes pero relativamente pequeños y aislados y con los líderes de los grupos súper-heroicos repitiendo la cantinela que la sociedad organizada jamás toleraría que los eventos se descontrolaran y se pasara a mayores. Incidentes antimutantes en Boston con veinte muertos y treinta heridos, sabotaje a una convención antimutante en Oklahoma con diez heridos de gravedad, ataque de represalia mutante en Dallas con veinte fallecidos Homo Sapiens, manifestación en Nueva York contra los grupos de superhéroes y llamados a imponer una Ley de Registro de súperhumanos. Cosas ya vistas aquí una y otra vez.

-Tú misma lo has dicho. Cosas vistas muchas veces antes sin que la locura se apoderara de todos y de todo.

-Y sin embargo nadie hizo en realidad nada provechoso para contener la marejada de odio que iba creciendo como la espuma. Los muertos aumentaron progresivamente de decenas a cientos y de cientos a miles. Los humanos soltaron a los Centinelas, los mutantes mataron a los líderes humanos, los grupos súper-heroicos se enfrentaron entre ellos con saña casi criminal. Y sin darnos cuenta el apocalipsis nos había asolado a todos y los campos de exterminio y las cacerías callejeras se transformaron en el día a día de nuestros centros poblados. Lo demás es historia.

Pero la característica más importante que pudo observarse en mi realidad es que cada uno fue a la suya y nadie formo un frente unido para imponer su voluntad colectiva. Los grupos mutantes fueron exterminados uno por uno ante la indiferencia de la población general, los superhéroes libraron sus batallas callejeras en sus respectivas ciudades y contra sus enemigos particulares y cayeron aislados del resto del mundo y de sus propias comunidades, los mismos villanos estaban desunidos y cayeron por separado. Apocalipsis jamás hizo acto de presencia en nuestra realidad, Ultron fue desmantelado y convertido literalmente en pieza de museo, Loki había muerto en la Guerra Civil de Asgard, Magneto y Namor fueron los únicos que pensaron en una alianza contra los Centinelas y fueron liquidados en una emboscada montada por Bastión con apoyo de los Avengers que aun no habían abierto los ojos al horror que se avecinaba. El último en caer por supuesto fue Doom que se atrinchero en Latveria y libro una guerra salvaje contra los robots gigantes durante años hasta que una operación masiva y abrumadora (hasta para los poderes y capacidades de Doom) transformo a Latveria en un desierto termonuclear.

-Nada de eso está ocurriendo en estas regiones.

-No. Ocurren cosas peores. Los héroes están más divididos que nunca. Avengers, X-Men, Fantastic Four, Defensores y todos los demás hacen lo que se les antoja y desprecian las opiniones de los demás sin tomar en consideración los odios y diferencias nacidos en su propio seno. Thor y Hulk se han ido, los Inhumanos (los únicos seres con poder real que lograron escapar del exterminio en mi mundo) reinan entre los Kree y libran su propia guerra, Magneto y Namor están guerra abierta y tiñen los mares de sangre. Los únicos que están haciendo un frente común son los criminales y pese a sus odios internos y sus respectivas megalomanías han logrado forjar una alianza que ha inundado de fuego y sangre las calles de todo Occidente. La única razón por la que no están montados sólidamente en el Trono del Poder es la inmensa Insurrección que se les para firme como monumental dique de contención y que se atreve a asaltarlos en su propio cubil como estamos viendo.

-Lo único que la insurrección de Markson ha logrado es posibilitar que la distopia horrenda en la que naciste y viviste la mayor parte de tú existencia se acerque a pasos agigantados. En ninguna sociedad con posibilidades ciertas de salvación puede observarse a cientos de miles de hombres empuñando las armas y atacando las posiciones de sus rivales a plena luz del día y despreciando a las mismas fuerzas del orden que se interponen entre los contendientes.

-El problema es que las fuerzas del Orden no se interponen entre los contendientes. Combaten con pasión y determinación a favor de uno de los bandos, utilizando para ello todo el peso de su maquinaria militar y no retrocediendo ante la perpetración de ningún crimen para asegurar la supresión del levantamiento social. Levantamiento nacido de lo más hondo del sentir nacional americano en contra de una obvia desviación totalitaria de los administradores del poder establecido. No olviden nunca quien se reunió primero con quien y quienes fueron los perpetradores del primer asalto.

-Eso no tiene ya la mínima importancia-dijo Hank McCoy-nuestra intervención en las Apalaches no tendrá por finalidad tomar partido por cualquiera de los bandos en pugna. Vamos a intervenir para tomar nota de los sucesos y comprender que debemos hacer en los meses subsiguientes para subsanar los males que nos acosan. Estuve todo el día de ayer reunido de forma privada con el Profesor, tu padre y Tormenta y puedo garantizarte que no tenemos la intención, por pequeña que sea, de tomar acciones contra las fuerzas que defienden tan agresivamente los planteamientos de Markson. Nosotros tampoco tenemos razones para simpatizar con la causa despreciable de Apocalipsis y vemos con ojos más críticos de los que puedas imaginarte la extraña alianza de este con el Alto Gobierno.

-Deben pensar que soy una especie de idiota para tragarme semejante conjunto de imbecilidades. Lo cual es un grave insulto; tomando en consideración todo por lo que hemos pasado juntos desde que llegue a estar entre ustedes. Pero no importa. De todos modos estoy de acuerdo en que debemos ir a las Montañas Apalaches y "ver" que acontece en esas regiones. Lo considero de vital importancia.

El nivel de tensión y la expectativa existentes entre los X-Men era tan elevada que apenas quince minutos después de aceptada la misión por Rachel Summers todos los integrantes principales del equipo se encontraban preparados en el hangar donde estaban ubicadas las naves de los mutantes para salir volando hacía el epicentro de la descomunal batalla que los insurgentes libraban contra los supremacistas y el Gobierno. Ciclope, Tormenta, Bestia, Hombre de Hielo, Jean Grey, Emma Frost, Coloso, Psylocke, Arcángel, Rogue, Gambito, Wolverine, que por alguna extraña razón no se encontraba con los Avengers listo para tomarse el desquite contra los revolucionarios por lo ocurrido en Chicago, Rondador Nocturno, Domino y Sam Guthrie una vez más unidos a los X-Men, y el mismísimo Profesor Xavier. Todos los pesos pesados preparados para realizar la expedición a las Montañas Apalaches acompañados por la hasta ahora reticente Rachel Summers.

Intentando calmar un poco los nervios que la atenazaban, la hija de una Realidad Alternativa, se concentro en observar el mapa virtual que mostraba la localización exacta de las zonas de batalla y que señalaba en vivo y directo el desplazamiento de las líneas de combate de los diversos batallones combatientes. Se preguntaba porque los líderes de los grupos que causaban estragos en la vida diaria de los norteamericanos tenían que empeñarse en buscar confrontaciones tan lejos de los cuarteles generales de los grupos súper-heroicos. Los Apalaches atravesaban todo la franja oriental del país de norte a sur y penetraban a escasa distancia de las regiones donde se encontraba ubicada la Mansión de Charles Xavier. Pero los combates de gran envergadura que pudo observar en las pantallas de la "Escuela" estaban teniendo por teatro principal de operaciones la región ubicada entre Alabama, Georgia, y las dos Carolinas a cientos de kilómetros del Estado de Nueva York. De hecho el epicentro de los más salvajes combates se encontraba en la pequeña ciudad de Asheville, la cual contaba con menos de noventa mil habitantes al comienzo de las hostilidades y que, apartando a los soldados de ambos bandos, ahora debía contar con cero. Esta urbe se encontraba a no menos de setecientas millas de la Ciudad de Nueva York. Y era el objetivo de la expedición de los X-Men; según las imágenes tanto Markson y Pereira como Apocalipsis y Doom se encontraban dirigiendo a sus huestes desde allí.

Aunque, a decir verdad, no lograba engañarse ni a sí misma fingiendo que le interesaba la magnitud de las distancias o quiénes eran los líderes de las diversas maquinarias bélicas enfrentadas. Más importante, sin género ninguno de duda, eran las motivaciones que provocaron una concentración tan elevada de dirigentes de primerísimo nivel en una confrontación a campo abierto. Especialmente la mantenía en una zozobra contante la presencia física, en el propio terreno de batalla, de toda la plana mayor de la fuerza insurgente, pese a la masiva concentración de tropas paramilitares y gubernamentales en el campo contrario.

Y también la mantenía seriamente preocupada la sucesión interminable de explosiones de alto poder destructivo contra los muros de la Cordillera y contra las posiciones ocupadas por las brigadas revolucionarias. Para ella resultaba evidente que naves de un enorme poderío militar se encontraban utilizando piezas de artillería de inmenso calibre apoyando a ambos bandos e intentando que sus protegidos perforaran lo antes posible las posiciones fortificadas de sus contrarios. Estaba convencida que ambos fenómenos se encontraban claramente compenetrados y uno no podía explicarse sin el otro. Los persistentes rumores de la aparición pública en los cielos de los grandes potentados de este Universo de embajadores pertenecientes a potencias colosales y de la presencia de agentes de estos inmensos poderes en las ciudades de la Tierra conversando con aliados humanos y mutantes de las más variadas tendencias la hacían pensar que los asuntos que se resolvían en la Cordillera de los Apalaches convergían a situaciones de magnitudes mucho más importantes que la simple resolución de los conflictos entre las ambiciosas facciones que se disputaban el control del poder mundial.

Por otro lado estos rumores hacía meses que se habían transformado en algo más que eso. Después de todo era evidente que los alienígenos que mantuvieron conversaciones con los líderes de la insurgencia en la famosa fiesta de Tony Stark, o los que estuvieron financiando y armando a las fuerzas militares Genoshanas, o los que intervinieron de modo nada discreto en los combates acontecidos cuando los incidentes de la nave Kree y los que habían combatido con tanta saña en los cielos de esta realidad, masacrándose entre ellos por cientos de navíos y que solo procedieron a retirarse cuando una de las flotas había sido completamente exterminada por la otra, ninguno de estos potentados eran de origen nativo y provenían no solo de otras galaxias sino de otras realidades o Universos Alternativos.

Cuando abandono su realidad hace ya tantos años atrás también se propagaron rumores extraños sobre la presencia de enviados de extraños potentados intergalácticos e incluso interdimensionales que sostenían conversaciones constantes con los jerarcas del Régimen creado por los Centinelas y que varios tratados de cooperación estratégica en campos tan diversos como la economía, la política y la guerra habían sido firmados estrechando vínculos contra posibles enemigos comunes.

También entre los miembros de la menguante resistencia humano-mutante se propago la noticia de la presencia de embajadores interdimensionales sosteniendo conversaciones y redactando y concretando acuerdos de coalición política, económica y militar para derrocar a los Centinelas y destruir la unión de estos con los agentes de las otras naciones alienígenas. Al momento de partir, Magneto (que dé algún modo milagroso había sobrevivido al violento atentado de los Centinelas en su contra y se había colocado como una de las cabezas dirigentes de la Insurrección contra el Dominio Centinela) y Wolverine a la par de Franklin Richards, le informaron de modo secreto que las cosas podrían estar a punto de cambiar, independientemente de su viaje y que estuviera pendiente porque podría ser contactada en cualquier momento para recibir nuevas instrucciones o datos novedosos.

Durante todos los años trascurridos desde su partida y a través de todas las peripecias y aventuras que tuvo que vivir y soportar para intentar frustrar el espantoso futuro del que provenía, jamás volvió a recibir mensajes o noticias de su mundo natal y nunca llego a tener contacto físico o de cualquier otra índole con los presuntos enviados que la contactarían.

Pese a los numerosos contratiempos que tuvo que tolerar, fuera enfrentándose al desprecio de su propia madre, las torturas de Mojo, las conspiraciones y el Reinado de Terror de Apocalipsis, las guerras entre los Inhumanos y los Shi'ar, la casi total extinción de los mutantes tras el Reinado de Magneto y un largo etcétera, logro obtener en secreto la oportunidad de utilizar un corte en el espacio-tiempo y regresar a su Universo.

Algo debió acontecer de magnitud trascendental durante su ausencia y tenía que ver con el protagonismo de los potentados interdimensionales. El Régimen Centinela contaba con una tecnología de combate muy superior (por siglos de diferencia) a su armamento tradicional; armamento tan avanzado que hasta los Centinelas Clase Nimrod parecían maquinarias anticuadas en comparación. Aprovechando el poder que esta tecnología les otorgaba, los Centinelas decidieron cumplir con su proyecto vital y lanzaron una brutal campaña expansionista y genocida contra los poderes biológicos de su Universo.

Cuando ella llego de "visita" se entero, por vía de los noticiarios clandestinos, que las tropas Centinelas combatían contra los ejércitos de la alianza Kree-Shi'ar en batallas brutales y que los Skrull se encontraban una vez más al borde de la extinción. Incluso se reportaban batallas de gran envergadura entre los Centinelas y las Hordas de la Zona Negativa y los Badoon. Y pese a semejante nivel de poderío desplegado por los Centinelas, estos demostraban una total incapacidad para imponerse sobre una Resistencia humano-mutante que en lugar de haber sido destruida por entero había logrado salir del estado de muerte casi segura en que se encontraba cuando partió y demostraba poseer una capacidad de combate y una popularidad cada día creciente.

De hecho más de una tercera parte del planeta se encontraba en manos de los revolucionarios dirigidos por un Triunvirato conformado por Magneto; que parecía haber rejuvenecido y se encontraba en la flor de la vida y el poder; Franklin Richards; con una madurez y vitalidad impresionantes, y por último pero no menos importante su vieja amiga Kate Pryde. Esta resistencia no solo contaba con una geografía vastamente ampliada, sino que estaba organizada como un Estado coherente y poderoso y contaba con una fuerza militar coordinada y entrenada y con un armamento tan avanzado y en algunos aspectos hasta mejor que el de sus salvajes enemigos Centinelas.

Durante los siete meses que permaneció en su mundo natal, que por algún extraño efecto propio de los viajes por la continuidad del espacio-tiempo apenas represento una semana en su mundo adoptivo; fue testigo y protagonista de los choques armados que estremecían al planeta en cada rincón que tuviera alguna importancia estratégica o táctica y pudo presenciar de primera mano los estragos que podían ocasionar, en la integridad material de los combatientes o las áreas de batalla, las poderosas armas con las que se habían apertrechado los bandos en pugna.

Fuera en las ruinas humeantes de New York o en los escombros de Chicago, o en la reconstruida Nueva Berlín o en la ahora opulenta metrópolis de Gran Luanda, los enfrentamientos adquirían la magnitud de batallas entre ejércitos formales y determinaban la conquista o la perdida de vastas extensiones de territorio que pasaban a poseer como dominios estatales la potencia vencedora. Pero lo más preocupante y extraño del nuevo panorama fue el respeto que los Centinelas adquirieron por sus enemigos de la antaño moribunda Resistencia. Respeto demostrado por la intención genocida de lanzar una operación de bombardeo termonuclear desde posiciones orbitales para aniquilar de una vez por todas todo rastro de existencia de la vida biológica en el planeta y liquidar cualquier posibilidad de procesos de transformación mutante.

Solo la prueba palpable del nuevo poderío de los rebeldes podía motivar a los Centinelas a lanzar una operación tan radical, cuando durante décadas se habían contentado con realizar labores de contención y exterminio masivo pero específico. El monstruoso genocidio final sin embargo no fue llevado a término y nunca comprendió la razón del retroceso de las hordas robóticas. Un minuto los Centinelas se encontraban por decenas de millones rodeando el planeta para lanzar su asalto final y al siguiente y luego de un extraño y descomunal destello que dejo una profunda brecha en la muralla robótica estos mastodontes metálicos regresaban a sus bases en la superficie y se limitaban a sus típicas operaciones de combate convencional en una guerra en la que perdían constantemente posiciones y poder. Cuando regreso a su patria adoptiva ya la mitad del planeta se encontraba en poder de los ejércitos de la Resistencia y el Triunvirato planificaba un ataque frontal contra los Cuarteles Generales del Mando Centinela en África, Europa, América, Asia y Oceanía.

La ferocidad de los combates y el poderío de las descargas de energía que caían constantemente sobre las posiciones de los ejércitos alrededor de Asheville y en pleno centro de la antigua localidad le recordaban por su intensidad y energía a las armas empleadas en su mundo y le parecían sus efectos extrañamente similares a los que pudo observar cuando se abrió la brecha en la muralla orbital compuesta por Centinelas. Semejantes similitudes solo podían deberse a la interferencia continua de las grandes potencias interdimensionales en los asuntos de carácter político y militar de las realidades conformadas por pueblos humanos y mutantes. Lo que no podía comprender era que interés podían poseer potencias cuya tecnología demostraba que debían contar con magnitudes colosales en los asuntos más vitales de civilizaciones evidentemente muy atrasadas y hasta primitivas si se las comparaba con las naciones de origen de los intervencionistas.

Lo único que estaba sacando en claro de los eventos en los que había tomado parte y en los que estaba a punto de presenciar y protagonizar era que los potentados en pugna poseían intereses extremadamente disimiles, suposición confirmada por los elementos por los que tomaban partido en los enfrentamientos en los que decidían intervenir con sus maquinarias militares ultra sofisticadas. En su mundo, una de las facciones interdimensionales le prestó su apoyo a los criminales genocidas del Alto Mando Centinela y había decidido dotarlos de la más aparatosa y moderna colección de recursos bélicos que el mundo hubiera visto en su historia. Y la otra facción, apoyando con igual cantidad de recursos de alta calidad a los líderes de un Triunvirato que tenía como uno de sus directivos principales a un Magneto al que la crudeza de la guerra había radicalizado aun más de lo que estaba antes del estallido del conflicto. Ahora veía en este mundo que la adopto la misma divergencia marcada en los aliados escogidos. Por una parte la entrega de armas, la dotación de recursos y quizá la utilización de cuerpos especiales de sus fuerzas de combates selectas para apoyar a los ejércitos supremacistas de Apocalipsis y Doom y el directo apoyo de naves de su escuadra interdimensional. Por la otra parte un apoyo no menos intenso en armas, recursos y fuerzas de combate especializadas y seleccionadas con el respaldo adicional de poderosos navíos de su (lo suponía) poderosísima Armada interdimensional. La única pregunta no era si las facciones se detestaban sino si lo hacían por razones de carácter económico, político, social, ideológico, geoestratégico o por una vasta combinación de todas o alguna de las anteriores opciones.

-No sé qué recuerdos te mantienen en estado tan absoluto de distracción, pero puedo asegurarte que es la hora que empieces a despertar de tus ensoñaciones y te prepares para la movida. Solo quedan cinco minutos para llegar al teatro de los acontecimientos y por lo que podemos vislumbrar por medio de los sistemas de observación la cosa esta muy movida. Quizá en exceso.

-No te intranquilices Logan. Puedo asegurarte que me encuentro más que preparada para cualquier cosa que podamos encontrarnos en el camino y en el mismo sitio de destino. Nada que allá por esos contornos puede sorprenderme.

-Vale chica. Pero ten por seguro que uno nunca esta cien por ciento preparado para las cosas que se encuentran en tu camino sobre todo tratándose de una cuestión tan extrema como la guerra. Puede que seas veterana de cien combates y hayas vivido bajo el Régimen Centinela y bajo el puño de hierro de Apocalipsis cuando fuiste la guardiana de tu hermano; pero yo estuve en la Guerra Civil, en la de verdad, y en ambas Guerras Mundiales y luche contra los soviéticos; siempre hay sorpresas que logran descolocarte.

-Guerras entre humanos por controlar los mercados y expandir su hegemonía geoestratégica más allá de lo que cualquiera pudiera imaginarse en su momento. Aderezado todo ello por conflictos de carácter ideológico-político que servían para sustentar o encubrir las ambiciones expansionistas de los factores en disputa. Nada realmente impresionante y muy lejos de la megalomanía genocida y universal de los potentados que disputan en la actualidad.

Pese a sus atrevidas palabras Rachel quedo sumamente sorprendida con el espectáculo sangriento y mortífero que encontraron los X-Men al momento de posarse su camuflada nave sobre el campo de batalla. Una cosa era presenciar una batalla a través de las imágenes de satélite donde uno podía percibir cierta sensación de orden pese a la matanza y observar el movimiento adecuado y lógico de las líneas de batalla y otra muy diferente era ver el desarrollo de la matanza en tiempo real y en persona en la misma escena de los acontecimientos. No recordaba haber visto un despliegue tal de brutalidad desde que abandono su mundo de origen y no creyó posible, pese a todos sus temores y a sus diatribas proféticas, que semejante escenario pudiera repetirse en su mundo adoptivo. El espectáculo resultaba realmente demencial y dejaba cualquier lucha sangrienta sucedida en Chicago, New York, San Francisco, Hamburgo o Berlín como meros escenarios preparatorios de la carnicería que acontecía frente a sus ojos.

Los hombres y mujeres que combatían por penetrar o proteger las fortificaciones construidas por los supremacistas en las Montañas Apalaches y en el pueblo de Asheville se encontraban muy lejos de conformar unidades compactas que se movían fluidamente por el campo de batalla y lograban mantener la cohesión de sus filas durante todo el trascurrir de la carnicería. Eso solo acontecía en las películas sobre el imperio romano o las hazañas bélicas de Alejandro Magno o en los mapas históricos que acompañaban los relatos escritos sobre las Guerras Mundiales.

En el campo mortal y ensangrentado en que se habían convertido las Montañas de los Apalaches lo único que podía apreciarse era la consumación de la locura colectiva que se apoderaba progresiva y vorazmente de las sociedades occidentales. Bayonetas incrustadas entre las costillas de los combatientes, soldados que se mantenían en pie por el solo impulso de la voluntad de sus compañeros de la retaguardia ya que se encontraban sin cabeza o con los sesos desperdigados por todo el campo de batalla, extremidades arrancadas de cuajo, tripas esparcidas por el terreno y soldados desesperados intentado taparse los boquetes surgidos en sus estómagos de modo repentino. Ojos desprendidos de sus cuencas por culpa de un bayonetazo o un disparo a quemarropa. Combatientes que se intentaban liquidar mutuamente con solo la fuerza de sus músculos tras haber perdido sus armas durante la sangrienta refriega. En otras palabras el más absoluto caos.

-¿Ya te encuentras plenamente feliz, querida Rachel? Esto es lo que ocurre cuando se le dan alas a los despropósitos de los extremistas y se permite que proliferen sus grupos y se esparzan sus ideas por la geografía y las mentes de una nación.

-Tienes toda la razón Xavier. Cuando los Estados Unidos de América olvido los principios sobre los que supuestamente sustentaba su comportamiento político y ético y comenzó a colaborar o cuando menos a tolerar las acciones y las declaraciones de los megalómanos supremacistas se comenzó a abrir la puerta que conduce a los tormentos más espantosos que Hades haya podido concebir para provocar y prolongar el sufrimiento de los culpables en los abismos más tenebrosos del Tártaro. Supongo que jamás sospecharon que el mismo tártaro entero viajaría hasta nuestras tierras y se aposentaría triunfante entre nosotros.

-Es increíble que pese al horrendo espectáculo que tienes ante tus ojos persistas en reivindicar las acciones de los terroristas que están acabando con esta nación. Allá abajo deben encontrarse cientos de miles de jóvenes, fanatizados por un discurso de odio salvaje dispuestos a matar a sus semejantes y morir matando. Todo ello en nombre de una ideología trasnochada y derrotada ya hace tiempo y que solo sabe traer sinsabores y monstruosidades allí donde pisa tierra fértil.

-Los únicos aquí que reivindican las acciones de terroristas trasnochados son aquellos que se empeñan en señalar a una agrupación social que lo único que ha estado haciendo desde que esta locura comenzó es defenderse da la agresión genocida de los maniacos que transformaron nuestros sistemas montañosos en enormes fortalezas artilladas. Se encolerizan porque los trabajadores se atrevieron a tomar las armas para defenderse de un ataque descomunal y abiertamente criminal, pero minimizan y olvidan los actos rapaces de los supremacistas y su alianza proterva con el Régimen.

Con gesto desdeñoso termino la conversación y abandono aceleradamente la nave dirigiéndose sola y para pasmo de los restantes miembros del equipo hacia el teatro de operaciones con clara intencionalidad de tomar parte en la confrontación que ensangrentaba las tierras americanas. Estaba contrariada por el caos que asolaba su país. Los últimos datos que pudo revisar antes de abandonar la nave la informaron que en toda la línea del campo de batalla de las Montañas Apalaches, desde New York hasta Georgia parecían estar combatiendo más de cinco millones de personas con una casi perfecta igualdad de condiciones numéricas y equipamiento militar entre los factores que disputaban el control de la Cordillera oriental norteamericana. Solo en las guerras mundiales se concentro para una sola operación militar semejante cantidad de hombres y recursos.

Solo los residuos que quedaban en el interior de su cuerpo de la Fuerza Fénix la salvaron de quedar despedazada por la increíble rudeza de la batalla. Pese a encontrarse a distancia considerable del área de combate, las ráfagas de los disparos de la artillería laser y los misiles de antimateria surcaban los cielos a una distancia desagradablemente cercana a su cuerpo para impactar con furia redoblada en las posiciones fortificadas de los partidarios de Markson o en las inexpugnables posiciones ocupadas por los supremacistas.

No constituía una idea saludable quedarse observando el trascurso del combate como mera espectadora. Si iba a sufrir alguna consecuencia desagradable para su integridad corporal, por encontrarse metida en una escena de guerra, mejor era que estuviera realmente involucrada en los combates que acontecían y no que una bala perdida la tumbara por estar de fisgona en una confrontación ajena. Y le pesase a quien le pesase estaba plenamente segura cual grupo combatiente iba a contar con la contribución positiva de sus poderes y habilidades.

El caos era tan monumental que se vio en la necesidad de enfocar sus capacidades mentales al máximo nivel para sostener su camuflaje al mismo tiempo que ubicaba las posiciones ocupadas por los revolucionarios y encontraba la zona que Markson estuviera utilizando como Cuartel General de sus ejércitos.