Con furia apuntó su varita hacia el pequeño espejo sobre el lavamanos y murmurando entre dientes un maleficio, le hizo estallar en miles de pedacitos que flotaron estridentemente por toda la habitación, enfatizando su frustración y la furia asesina que amenazaba con cobrarse a su primera víctima. Simple y sencillamente estaba al borde, no se creía capaz de soportarlo un segundo más.

Cuando el último trocito de vidrio aterrizó en el suelo, la respiración de Draco se había calmado un poco y aunque la frustración aún latía en las sienes de su cabeza, se sentía mucho más tranquilo. Con un movimiento de varita se deshizo de la evidencia de su falta de control, lo último que necesitaba era que sus padres volvieran a confiscarle la varita por no encontrarse lo suficientemente estable como para portarla. Estaba estable, estaba perfectamente bien, o todo lo bien que podía estar alguien que había tenido que pasar por un secuestro, un lavado de cerebro y tardes enteras de celo inducido artificialmente que, aparentemente, lo habían dejado sin la capacidad de tener uno de forma natural.

Y era precisamente eso lo que lo tenía tan nervioso.

Pacientemente, Draco había esperado, día tras día, mes tras mes a que su cuerpo se recuperara del trauma que había significado haber sido secuestrado para el tráfico de Omegas del que nunca imaginó que sería víctima. No había sido fácil; había sido cuestión de tiempo, pociones y terapia, de amor por parte de su familia y de su pareja, y justo en ese momento se sentía tan recompuesto y tan pleno que, aunque el recuerdo de todo lo que había tenido que sufrir en manos de esa horrible gente seguía allí, podía dormir tranquilamente por las noches y había logrado seguir con su vida lo más normalmente posible.

—¿Draco? ¿Todo en orden? —preguntó amablemente la voz de Harry desde el otro lado de la puerta y Draco se crispó de los nervios.

—Sí, salgo en un momento —le respondió esperando que su voz sonara casual y no tensa como en realidad se sentía—. Espérame en el salón.

—De acuerdo, no tardes —pidió el auror y Draco contuvo el aliento hasta que sus pasos se alejaron lo suficiente.

Cuando Malfoy se aseguró de que estaba completamente solo de nuevo, abrió la puertecita del anaquel detrás del espejo y revolvió el montón de pociones que descansaban dentro hasta que encontró una color rojo brillante, aquella que sabía que no debía tomar porque era peligroso pero que de todas maneras había comprado sin receta, sobornando al dueño de una tienda de pociones, sólo en caso de emergencia y esa, joder, era una emergencia.

Draco metió la pequeña botella con poción dentro del bolsillo interior de su túnica ceremonial color blanca, sus manos temblando. Se miró en el espejo recién recompuesto con magia para asegurarse de que su cabello seguía en su lugar y que su túnica estaba tan perfecta como al principio de la fiesta. Respiró profundamente, dejando que el exceso de aire en sus pulmones lo relajara un poco al tiempo que tallaba su rostro con sus manos, sintiendo consuelo en la pesadez de su anillo de bodas en la piel, aquel que Harry había colocado sobre su dedo sólo unas cuantas horas atrás.

No podía creer que se había casado.

Esta nueva idea le hizo sonreír tontamente. Se sentía como un completo loco, estallando en furia segundos antes y sonriendo como un idiota enamorado después. Nadie podía culparlo por sus cambios drásticos de humor, no cuando sus sentimientos negativos los causaba el hombre al que más odiaba en el universo y los positivos los causaba el amor de su vida.

Su Alfa.

Más decidido que antes, Draco palmeó el contenido de su bolsillo y salió del cuarto de baño dispuesto a despedir a sus invitados y marcharse a su tan ansiada luna de miel. Todo iba a salir perfectamente bien, él tenía el control. O eso era lo que se decía, lo que quería creer, porque llevaba meses sin sentir esa sensación de seguridad propia, no desde que le había propuesto a Harry volverse compañeros.

Los pasillos de Malfoy Manor rebosaban de decoración nupcial y del ambiente festivo que los festejados y sus invitados habían ayudado a construir a lo largo de las horas. Aún había música a lo lejos, aún se podía escuchar el eco de las conversaciones animadas sobre todo y nada, los gritos de festejo, las risas de felicidad, pero sobre todo, se podía sentir el amor en el ambiente, el apoyo de todos aquellos que habían asistido al festejo con la única intención de presenciar el enlace de un par de hombres que, a pesar de las circunstancias, habían logrado estar juntos.

Draco llegó al salón principal que no se había vaciado en lo más mínimo, ni siquiera porque la fiesta estaba por terminar. Todos estaban allí; los Weasley, los Black, los Malfoy, los Potter, los Granger, los Parkinson, los Zabini, los Lovegood, los Greengrass, los Longobttom, los Goyle, algunos ex compañeros del colegio y compañeros de trabajo, tanto de Harry como de Draco.

El pecho de Draco se apretó agradablemente, sintiéndose cálido por lo enorme que se había vuelto su familia de repente.

—¡Draco! —dijo Teddy corriendo hasta él, vistiendo un adorable traje muggle de gala y sujetando un enorme ramo de flores, todas de color blanco—. ¡Es hora del ramo! —anunció mientras lo dejaba en manos de rubio—. Recuerda que si yo lo atrapo, tienes que dejar a Harry y casarte conmigo —dijo con decisión en sus ojos grises.

—¿Otra vez tratando de robarte al novio? —preguntó Remus con reprobación mientras tomaba la mano de su pequeño hijo y lo apartaba.

Draco sólo sonrió con ternura; Teddy no había parado de hablar sobre que se casaría con Draco desde que le habían dicho que se casaría con Harry, algunos meses atrás. Para sorpresa de Draco, Harry se había puesto en modo Alfa aun con su ahijado de cinco años y no los dejaba pasar demasiado tiempo a solas. Lucius aprobaba su actitud sobreprotectora y posesiva, tal vez porque era el Alfa de un Omega y entendía el sentimiento.

—¿Todo listo? —le preguntó Harry besándolo suavemente en los labios mientras todos los solteros se acomodaban en un espacio al centro del salón, detrás de ellos—. Sólo arroja esa cosa y marchémonos. Estoy ansioso por quedarme a solas contigo.

Draco comenzó a sentir que las manos le sudaban, nervioso por el significado de esa frase, recordando su pequeño problema fisiológico, con una vocecita dentro de su cabeza que le gritaba que era una vergüenza de Omega.

Draco pasó saliva, posicionándose para arrojar el ramo, para participar en aquella tradición muggle, convencido por Hermione que le había asegurado que sería divertido. Draco suponía que sí lo era porque podía escuchar un montón de risitas y reclamos, pequeños sonidos de empujoncitos, tal vez para tener mejor lugar y aumentar las posibilidades de casarse próximamente. Draco vio la expresión de felicidad plena plasmada en su ahora esposo quién lucía genuinamente entretenido con lo que fuese que estuviese pasando detrás de él.

Draco hizo el ademán de arrojar el ramo causando que sonidos de pisadas se escucharan, al igual que algunos gritos y algunos reclamos por su haberles provocado de esa manera. Draco sonrió con malicia. Tal vez sí sería divertido.

—Oh no... —dijo Harry reconociendo su expresión y soltando una carcajada que fue vida para los oídos de su Omega.

El rubio hizo el ademán de arrojar el ramo al menos un par de veces más, mientras los reproches aumentaban en volumen hasta que, sin previo aviso y seguro de que todos creerían que no lo arrojaría de verdad, lo hizo. Lanzó con fuerza el ramo y dio vuelta rápidamente para asegurarse de no perderse el momento en que túnicas y vestidos se revolvieron, empujándose, mostrando las expresiones más graciosas que Draco había visto jamás.

Hasta que el ramo fue atrapado.

Dos manos diferentes lograron sujetar el tallo sin que ninguna de las flores se echara a perder en lo más mínimo. El silencio reinó por un segundo, las carcajadas deteniéndose. Blaise Zabini y Ron Weasley se las habían arreglado, sin quererlo realmente, para atrapar el ramo entre los dos, favorecidos por la fuerza que Draco había usado para lanzarlo y el ángulo en que había salido disparado.

Draco frunció el ceño, sin comprender que hacían los muggles en una situación así. Harry, en cambio, soltó una pequeña carcajada mientras el rostro de Ron Weasley se encendía de un rojo tan intenso que combinaba con su cabello.

—Y yo que pensaba que no te gustaban los pelirrojos —se burló Pansy.

Blaise bufó soltando el ramo, prácticamente arrojándoselo a Ron a las manos. El pelirrojo, aún con las mejillas encendidas de rojo, se alejó del Alfa, refunfuñando y dejando en manos de Parkinson el ramo. Las carcajadas terminaron por explotar mientras Pansy aceptaba con complacencia el objeto, guiñándole un ojo a Hermione quién sólo rodó los ojos pero no se quejó en absoluto.

—Bueno —dijo Harry finalmente—, parece entonces que es momento de que nos vayamos. Gracias a todos por habernos acompañado este día y por los regalos, de verdad estamos muy agradecidos.

Narcissa y Lucius se acercaron a Draco y lo llevaron a un lado, para despedirse.

—Mamá, no tienes porqué seguir llorando —le dijo el rubio, abrazándola con fuerza—. Tú maquillaje va a arruinarse.

—Es que estoy muy feliz por ti, mi amor —le respondió sin dejar de llorar.

Estamos muy contentos por ti, hijo —aclaró su padre—. En realidad nunca creí que vería el día en que asentarías cabeza. Debo admitir que Potter es perfecto para ti, puede aguantar todos tus berrinches sin problemas y eso sólo un santo puede lograrlo.

—Ja ja, muy gracioso padre.

Lucius atrajo a toda su familia a un abrazo.

—Te amamos —dijo Lucius.

—Y yo a ustedes.

El patriarca Malfoy se alejó y sacó su varita de su bastón, sólo para apuntarla al cuello de su hijo y murmurar algunos encantamientos. Las mejillas de Draco se encendieron; él sabía que su padre había dado permiso para que Harry y sólo Harry pudieran retirarlo.

—Sé qué estás en buenas manos. Ahora márchate, estoy seguro de que esa casa en la playa debe ser fantástica.

Draco asintió y besó a sus padres en la mejilla.

—Traeré algunos recuerdos.

—Y escribe, por favor —pidió su madre.

Draco se apartó de ellos, sintiendo el desazón de la separación, pues desde ese momento en adelante comenzaría una nueva vida por su cuenta.

Mientras se acercaba a la puerta principal donde Harry ya lo esperaba, recibió algunas felicitaciones más y algunas despedidas calurosas. Así, cuando Draco llegó a la puerta donde la carroza de pegasos les esperaba, su corazón estaba lleno de palabras hermosas y buenos deseos.

Harry se encontraba frente a la puerta, charlando con gesto serio junto a Sirius Black. Lo único que alcanzó a escuchar de su conversación al acercarse fue:

—Le siguieron el rastro hasta Italia pero logró escabullirse, es obvio que está recibiendo ayuda, tal vez de los traficantes a los que contrató.

—Retomaré el caso cuanto vuelva, por ahora, te lo dejo todo a ti.

—Seguiremos haciendo nuestro mejor trabajo, aunque la colaboración internacional es complicada.

Cuando Harry se percató de la presencia de Draco, le sonrió como si nada hubiera pasado. Harry rara vez le contaba algo sobre el caso o sobre el estatus de la investigación a Viktor Krum. Sabía, por las notas que salían en El Profeta, que su rescate había sido el punto de partida que había llevado a los aurores a atrapar a algunos de los colaboradores de los traficantes y gracias a eso, muchos Omegas más habían sido salvados y puestos en recuperación, sin embargo, los altos cargos de esta organización de traficantes seguían desaparecidos, así como algunos colaboradores como Krum, quién después de ser expuesto públicamente por su delito se había visto obligado a desaparecer del mapa. Draco estaba seguro de que, con un poco más de esfuerzo, se cerraría el caso y se arrestarían a todos los culpables; Harry y sus hombres trabajaban muy arduamente para eso, pero la ansiedad de saber que su violador seguía libre y probablemente furioso con él por haberle traído la desgracia, le hacía sentir inseguro.

—¿Listo? —le preguntó Harry con una enorme sonrisa que le hizo olvidar por el momento sus problemas.

Draco le sonrió y asintió. Ambos se fueron hacia la central de trasladores en la preciosa carroza salida de una especie de cuento de hadas, cortesía de Pansy.

Después de dos trasladores y una parada para tomar algo de comer, Draco y Harry finalmente llegaron Quintana Roo, México, donde una casa con playa privada les esperaba en la famosa Riviera Maya. Cielos de un amanecer infinito y aguas imposiblemente cristalinas les recibieron junto con la cálida brisa de primavera.

Por la diferencia de horario, en aquel país estaba recién amaneciendo y a pesar el cansancio, Draco encontró imposible apartar la mirada del paisaje, de los colores rojizos, de las nubes que se movían con el viento, el olor a sal del mar y de la implacable naturaleza que los rodeaba y aislaba del resto del mundo.

—¿Te gusta? —preguntó Harry abrazándolo por la cintura.

—Es precioso. ¿Cómo encontraste este lugar?

—Fui a una agencia de viajes y pedí referencias sobre un lugar precioso y lejos de todos nuestros problemas. Tenemos este lugar sólo para nosotros, ningún muggle se acercará por las protecciones mágicas alrededor de este lugar y la siguiente cabaña está demasiado lejos como para toparnos con otros magos. Es nuestro paraíso personal.

—No quiero irme nunca —declaró el rubio mirando como el sol despertaba por completo.

—Comprendo la sensación.

El sol terminó de salir por el horizonte y entonces, Draco giró la cabeza para besar suavemente a su Alfa quien recibió el gesto con un suspiro.

Harry había acertado completamente en elegir un lugar tan alejado de todo y de todos, Draco se sentía seguro en su paraíso privado, se sentía con la libertad de amar a su Alfa sin las preocupaciones de los últimos meses presionándole y asfixiándole. Sólo había una cosa por solucionar: el bendito celo. Sin él, aunque Harry lo marcara, sería imposible establecer el vínculo que los volvería compañeros. Si el Omega no entraba en celo, el Alfa tampoco y no llegarían a ninguna parte.

Ignorando por completo el cansancio del viaje, decidido, Draco se giró para encarar a su Alfa y devorarle la boca en un beso húmedo que tomó desprevenido al hombre, si la manera en que casi pierde el equilibrio fue una indicación. Con manos hábiles, el Omega se concentró en estimular a su Alfa, sabía que sus feromonas se encontraban débiles, consecuencia de la falta de celo, pero aun así puso todo su empeño en seducir a su ahora esposo.

Después del impactante inicio, Harry logró recomponerse, acariciando y consintiendo el cuerpo de su Omega. Draco se concentró en la sensación de ser tocado por su predestinado; el ardiente tacto, lo feroz de sus caricias, lo salvaje besos y sus gruñidos posesivos. Draco hubiera pensado que eso sería suficiente para estimular a su Omega y entrar en celo, pero no había señal de la fiebre, ni el exceso de humedad entre sus nalgas.

Simplemente no llegaba.

Desesperado, derribó al alfa sobre la blanca arena, deshaciéndose de su propia túnica tan rápidamente como le era posible, para luego alentar al Alfa a desabrochar su camisa. Harry se deshacía de los botones a una velocidad increíble que Draco agradeció mentalmente, impaciente por ser estimulado lo mejor posible. Sabía que no debía temer no poder entregarse a su Alfa de esa manera, era un tema que había tratado en terapia, pero la culpa de no ser un buen Omega aún era aplastante.

Después de muchas caricias y besos era obvio que Harry estaba duro y él también pero no había celo. Definitivamente tendría que usar la poción.

Se separó de Harry, tomando sus prendas del suelo y dejando al Alfa tan confundido como con el ataque inicial.

—¿Draco? —le preguntó Harry, con la respiración pesada y la necesidad plasmada en su rostro.

—Vayamos a la casa —dijo intentando sonar casual—. Déjame prepararme.

Draco no esperó una respuesta, simplemente caminó hasta la cabaña, sin molestarse en admirar su belleza rustica mezclada con una moderna o sin siquiera percatarse de que su equipaje ya se encontraba allí. Simplemente gritó a Harry que lo esperara en la cama mientras él se encerraba en el baño.

Con manos temblorosas deshizo la túnica hecha bola en sus brazos, rotando la prenda hasta que finalmente dio con el bolsillo interior. El frasco con la poción que le induciría al celo se había enredado entre el desastre de tela plegada y cada vez más frustrado, Draco intentaba sacarla a la fuerza. Sabía que inducirse el celo a la fuerza podía ser contra produciente, dañino para su salud pero ahora su noche de bodas era más importante.

—Vamos, maldita porquería, te necesito ahora, mi Alfa está esperando.

Después de pelear un poco más con la tela logró sacar el frasco, triunfante.

La puerta se abrió de repente.

Draco sabía que no estaba dando la mejor imagen, con un desastre de ropa magullada en el suelo y la superada desesperación en su rostro, además de la culpa. Harry lo miró con expresión seria y luego dirigió sus penetrantes ojos al frasco en sus manos. Potter conocía todas las pociones que Draco tenía que beber para su recuperación y esa, definitivamente, no era una que reconociera por lo que no tenía sentido mentir. Tal vez Draco podría convencer a Harry de que sería bueno utilizar la poción pero ya imaginaba la respuesta.

—¿Para qué es? —le preguntó con voz mortalmente seria.

—Sólo es una poción —respondió, de repente, demasiado avergonzado. Harry estaría furioso con él y su luna de miel habría sido arruinada.

—Draco... —le advirtió con voz que no daba cabida a las mentiras.

—Es para mi celo... —pasó saliva pesadamente y cerró los ojos con fuerza—. Para poder entrar en celo. Yo...

—¿Es que no has aprendido lo que esa mierda puede hacerte? Draco, eso fue jodidamente peligroso.

Draco no abrió los ojos, demasiado cobarde como para enfrentarse al Alfa.

—Sólo quería que pudiéramos volvernos compañeros lo antes posible... no puedo entrar en celo por mi cuenta y estoy tan desesperado, Harry —confesó.

Durante algunos segundos, el único sonido en el amplio cuarto de baño fue la pesada respiración del Omega quién no tenía idea de qué hacer. Tal vez después de todo, aún no se había curado por completo.

Draco escuchó un paso y luego otro y entonces, Harry lo abrazó con fuerza, quitándole de las manos el frasco de la poción.

—No hagas nada estúpido, idiota, no me importa si no podemos volvernos compañeros en este mismo instante, prefiero tenerte bien y con vida.

Draco dejó salir el aire que no sabía que estaba reteniendo.

—Lo siento.

—No tienes por qué disculparte... Escucha Draco, a mí no me importa esperar un poco más. Por favor, no vuelvas a intentar algo como esto, sabes que el medimago ha dicho que volver a ingerir una poción como ésta podría matarte.

—Lo siento —repitió, con la voz ahogada por la culpa. Harry sonaba realmente preocupado.

Potter suspiró.

—¿No te sientes cansado? Tal vez deberíamos dormir un poco. Al despertar podríamos ir a bañarnos al mar y cenar en la playa, prepararé algo delicioso.

Draco asintió y se dejó guiar hasta la cama donde, amorosamente, Harry le colocó unos pijamas ligeros, repartiendo besos por todo su cuerpo hasta que se quedó completamente dormido. Estaba tan, tan cansado.

Se removió incómodo sobre las sábanas, en el limbo intermedio entre el sueño y la realidad que no le permitía distinguir si realmente estaba sintiendo lo que sentía. El calor trepaba por todo su cuerpo, desde los dedos de sus pies hasta su cabeza, cubriéndolo por completo, haciéndole perder la cabeza. Su piel hormigueaba y su respiración era pesada y acelerada, de una manera que era tan familiar como desconocida; de una manera que pronto se volvería dolorosa si no lograba controlarse, si no lograba abrir los ojos, despertar por completo y comprobar que, efectivamente, no se trataba de un sueño.

Jadeó, su pesado cuerpo reaccionando por primera vez y dejándolo rodar sobre la cama. Poco a poco despertó, saliendo a flote hacia la realidad que era mucho más abrumadora de lo que había esperado mientras sus sentidos se incrementaban a cada segundo; olor, tacto, sabor, oído, vista. Todo esto transformándolo en un manojo de sudor, jadeos y feromonas incontrolables, sus nalgas humedecidas por el lubricante natural de su cuerpo, necesitado, realmente necesitado.

—¡Alfa! —llamó con voz débil y ronca mientras su cuerpo se arrimaba instintivamente al otro lado de la cama, temblando excesivamente—. Alfa, por favor.

El Alfa no se encontraba en la cama pero su esencia impregnada en aquel lado de las sábanas y su almohada fueron suficientes para que el Omega se estremeciera de placer, la temperatura incrementando en su cuerpo, la racionalidad abandonándolo por completo. Entre gemidos de placer, el Omega enterró su nariz en la almohada de Harry, deshaciéndose con sus propias manos de sus humedecidas prendas y rogando en un susurro por la presencia de su Alfa.

Draco no lo entendía, sinceramente no lo entendía y tampoco tenía demasiada cabeza para analizarlo, como generalmente lo hubiera hecho, sólo podía pensar en ser llenado, mordido, estimulado y satisfecho, una y otra y otra vez y... por favor Alfa, dentro de mí, dentro de mí, lléname de ti.

—Joder...—escuchó que alguien decía desde la puerta.

El aroma del Alfa golpeó todos los sentidos de Draco, haciéndolo sentir mareado hasta el punto del desmayo por placer. Finalmente, abriendo los ojos, pudo distinguir la silueta de su Alfa en el marco de la puerta, apenas iluminada por la luz del pasillo, se le notaba afectado por sus feromonas.

Aprovechándose de eso, Draco se acomodó con un movimiento felino en la cama, a cuatro patas, su rostro enrojecido por la fiebre y sus ojos nublados por la necesidad de apareamiento. No podía dejar de jadear, ansioso, pero aun así se las arregló para decir:

—Alfa, te necesito.

Draco pudo oler el momento exacto en que Harry entró en celo, sus feromonas volviéndose intensas y salvajes, embriagándolo hasta el punto de la locura, haciéndolo desear empaparse de ese aroma para siempre, fundirse con él y por la expresión que Harry mostraba en su rostro, era claro que deseaba lo mismo.

Con el caminar de un animal que acecha a su presa, Harry caminó hasta la cama, mientras se deshacía una a una de sus prendas, la camiseta, los pantalones y los calzoncillos, en un espectáculo erótico que sólo encendió aun más el deseo del Omega que temblaba ante la presencia de su Alfa. Los ojos de Harry se encontraban imposiblemente oscuros, apenas mostrando un poco del precioso verde esmeralda que los caracterizaba; su cuerpo, duro y firme, digno del auror estrella del ministerio; su cabello, tan salvaje como el bajo gruñido proveniente de su garganta que hizo que Draco quisiera aullar de placer.

El Omega se dejó caer sobre la cama, el cuerpo del Alfa empujándolo suavemente, únicamente con su peso conciliador. Draco dejó escapar un suspiro de alivio por su cercanía, su piel se erizó por el apenas roce de su cuerpo moreno y la humedad de sus nalgas se incrementó, ansioso por ser penetrado, por ser poseído, salvaje, duro, fuerte.

Sin poder controlarse más, el Omega asaltó al Alfa con un húmedo beso de dientes y lengua, devorándole la boca como si nunca hubiera probado algo más delicioso que la saliva de ese Alfa, aunque probablemente para él era así, después de todo, Harry era su predestinado. Era un beso ardiente en el que no tardaron en incluir las manos, tocando todo lo que estaba a su alcance, cada centímetro de piel que estaba disponible. La boca de Harry era dulce como la miel y muy, muy caliente y Draco se perdió rápidamente en esa sensación, mientras el pene del Alfa golpeaba contra su vientre, dolorosamente duro.

Con un ronroneo de placer, Draco se las arregló para invertir las posiciones, con Harry debajo de él, observándole con ojos bien abiertos, pero nada molesto. El Omega volvió al ataque casi de inmediato, mordisqueando los labios de su Alfa hasta ponerlos hinchados y enrojecidos. Lentamente, la boca de Draco fue bajando por el cuello de Harry, quién se estremeció levantando la cabeza, dando acceso libre a la lengua juguetona del Omega. Las manos hábiles de Draco se deslizaron por el pecho del auror, ardiendo por el tacto que producía estar en contacto tan íntimo con su predestinado. Sus dedos largos y pálidos contrastando con la piel morena del Alfa, todo mientras seguía devorándole.

—Joder, Draco. —Fue lo único que Harry pudo decir mientras Draco lamía uno de sus pezones y acomodaba sus nalgas entre su miembro.

El pene de Draco dio un doloroso tirón de placer al sentir el duro miembro del alfa deslizarse entre sus nalgas. El Omega movía las caderas contra él, estimulándolo y estimulándose a sí mismo. La necesidad de penetrarse con el miembro de su Alfa era abrumadora, al igual que la necesidad de ser marcado de una maldita vez, después de todo lo que había pasado, pero también era cierto que era su primera vez y Draco quería que fuera especial.

—Te amo —le dijo entonces, subiendo y bajando las caderas, dejando que la humedad natural de sus nalgas lubricara el ya preparado pene de su Alfa.

Harry, quién había cerrados los ojos con fuerza y mantenía la boca entreabierta mientras jadeaba, abrió los ojos. Había una sombra animal y muy salvaje en ellos, pero Draco podía ver también la parte humana, la parte sensible que le decía que ese primer momento no era sólo apareamiento, sexo desenfrenado guiado por las hormonas y feromonas, sino un acto consensual en el que ambos se unirían, se volverían compañeros.

—Y yo a ti, Draco —respondió soltando un gemido cuando el rubio se restregó un poco más contra su hinchado pene.

—Lo siento, no puedo más —anunció el rubio, levantándose sobre sus rodillas y tomando el pene de Harry, alineándolo contra su ya muy lubricada entrada.

Sólo sentir el enorme miembro dentro de él provocó que Draco se corriera, su cuerpo temblando y su boca soltando un sonoro jadeo de placer, su semen salpicando su pecho y el de Harry. Draco sólo podía pensar en lo exquisito que era sentir a su Alfa dentro de él, que no se comparaba con ninguna otra relación sexual que hubiera mantenido.

Y entonces Harry perdió el control.

Sujetándose fuertemente de las caderas de Draco, Harry embistió fuertemente. Draco soltó un grito de placer mientras la punta de su glande estimulaba su útero, arqueando la espalda y sujetándose únicamente con sus piernas, aunque sabía que no resistirían demasiado. Harry empujó una y otra vez y Draco rápidamente se acopló al ritmo, montando la polla del Alfa y colocando sus manos sobre su pecho para buscar un mejor punto de apoyo.

Lo único que se escuchaba en la habitación era el sonido de sus nalgas contra las caderas de Harry y sus dificultosas respiraciones llenas de gemidos, jadeos y nombres pronunciados a medias.

—A-Alfa, Alfa, Alfa, má-más, ah, ah, ha —gimió el Omega mientras sentía el miembro de su pareja hincharse y su propio segundo orgasmo llegar.

Ser penetrado en esa posición sólo se podía describir como delicioso, Harry estaba tan profundamente dentro de él que Draco había perdido por completo la cabeza, jadeando y gimiendo, cada vez más desesperado por más, cada vez más desesperado por sentir a su Alfa mientras su punto g era estimulado tan deliciosa y eróticamente que era imposible controlar las palabras que salían de su boca. Era un Omega desvergonzado, sucio y mandón y parecía que a Harry le encantaba.

Draco tenía todo el control.

—Fóllame fuerte, hazlo más fuerte, Alfa.

Con un movimiento ágil, el auror tomó el cuerpo del Omega y sin salir de su cuerpo, lo recostó sobre el costado derecho en el colchón, su larga y estilizada pierna sobre uno de sus hombros mientras volvía a embestirlo, cada vez más profundo, cada vez más fuerte. El cuerpo de Draco temblaba por todas las sensaciones acumuladas, el placer, el amor, la lujuria y él sólo deseaba más y más, él quería todo de Harry, él deseaba todo de él.

—Dios, tan bueno... —dijo Harry entre un jadeo furioso que se asemejó a un gruñido—. Tan apretado, tan caliente, tan delicioso.

Las palabras ardientes alimentaban la pasión de Draco, llevándolo a niveles que ni siquiera creía posibles. Las feromonas de Harry lo habían empapado por completo y se sentía tan caliente que sólo podía pensar en ser poseído de esa manera por la eternidad, pero había algo que hacer antes de que el celo terminara, antes de que Harry lo anudara.

Acomodándose a cuatro patas contra la cama apoyó la cabeza sobre el colchón y mantuvo el culo al aire. Harry gruñó y lo penetró una vez más, de una sola estocada, fuerte y profunda. Draco soltó un jadeo y su pene palpitó anunciando el inminente orgasmo. Harry se inclinó sobre su cuerpo, sus labios cerca del oído de su Omega mientras empujaba dentro de él una y otra vez. Mmm, ah, ah, sí, más, más. Draco le dijo:

—El collar, quita el jodido collar.

Harry obedeció de inmediato, aún moviendo sus caderas para penetrarlo aferró sus dientes al collar y lo arrancó de un tirón. El seguro del collar se botó fácilmente, dándole acceso al Alfa que lo arrojó lejos. Draco podía oler la esencia de Harry cubriendo todo su cuerpo y su pene hinchándose dentro él, amenazando con liberarse, también podía escuchar sus jadeos salvajes contra su oído y la sensación de tenerlo dentro de él, llenándolo, saciándolo, se incrementó.

—Mío.

Fue lo único que dijo antes de retroceder y clavar sus dientes fuertemente en la nuca del Omega. Draco soltó un grito de dolor al sentir su piel ser perforada, la sangre esparciéndose por su cuello. Sin embargo, la saliva del Alfa rápidamente funcionó como analgésico y la mordida sólo sirvió para estimularlo más. Draco se corrió de nuevo con un jadeo fuerte y su espalda arqueada por el placer, Harry se empujó una vez más con fuerza antes de que la base de su pene terminara de hincharse, dejándolos unidos mientras él liberaba su esperma dentro del Omega.

Harry volvió a inclinarse hacia adelante.

—Mierda, duele... duele deliciosamente —murmuró el Omega sintiendo el hinchado nudo del Alfa dentro de él.

Harry no respondió, simplemente robó de sus labios un beso profundo, enterró su lengua dentro de su boca, dejando que algo de saliva escurriera entre ellos.

Aquel era el comienzo de una larga y ardiente noche, la primera de su luna de miel.

Hola a todos. Primero que nada, quiero agradecerles a todos por su apoyo y segundo, disculparme por el retraso de esta actualización. Se suponía que era para ayer, pero la verdad es que me quedé algo atorada en la parte del lemon que espero, haya sido de su agrado. Tome como referencias muchos mangas Omegaverse más que otros fanfics de la temática, así que no estoy segura de que tan bien lo haya resuelto. Quería que fuera una experiencia ardiente y salvaje pero con mucho amor y según yo, lo logré.

Creo que no aclaré que es un "nudo" en la guía así que le dejo una rápida explicación: La base del pene del Alfa, cuando está a punto de eyacular, se inflama dentro de la cavidad (vaginal o anal) del Omega para que no puedan separarse y sea más fácil fecundarlo. Algo similar a lo que ocurre con los perros(?. Recuerden que esto del Omegaverse viene de un fandom de hombres lobo(? y todo es muy animal y primitivo. jaja

Gracias nuevamente por leer y comentar siempre, eso me hace súper feliz.

Nos leemos en el siguiente capítulo *corazones, corazones*