CAPITULO 19.
-Eso, es algo que no te importa, pero ya que lo mencionas, no llegue a mas de lo que tu no hayas llegado con tu amante, que te piensas que solo tú puedes, que yo no podría estar con alguien más.
-Sabes que estas lastimando, con lo que me estás diciendo, pero, aun así, yo te amo y te amo tanto que no importa, créeme que lo único que quiero es recuperarte, solo eso.
-jajajajajaja en verdad, no me hagas reír, solo dame mi libertad, solo eso deseo de ti.
-Candy, no, olvídate de eso, jamás te lo daré, olvídalo, jamás te daré tu libertad, tu eres mi esposa, así que le vas diciendo a tu enamorado, que se olvide que tu serás libre para irte con él, porque no va hacer así.
-No sabes cuánto te odio, no sabes cuánto te detesto.
Candy, se fue a la habitación de invitados, donde dormiría ya que la otra habitación la estaba ocupando Albert, solo se puso su bata y se costó para dormir, trato de todos los medios de hacerlo, aunque las emociones estaban a mil y no la dejaban, ahora tenía que pensar que decisión tomar, pedirle el divorcio y que la deje en paz, si eso es lo que haría, pero se miraba al espejo, era lo que realmente quieres.
Albert, salió y fue hasta donde había los licores y se tomó uno, las lágrimas resbalaban, sabía que debía tomar una decisión, una donde tal vez él, tenía que darle su libertad, pero tenía que estar 100% seguro que ya no lo amaba y si había una sola posibilidad, una sola de que aún lo amaba, no la dejaría pasar.
A la mañana siguiente…
Candy, salía de la habitación para pedir el desayuno, cuando tocaron a la puerta, al ir Cecil abrir, Albert venia bajando las escaleras, al ver de quien se trataba, solo dijo.
-Cecil, yo atiendo.
-Pero señor, la visita es para la señora.
Albert, solo se le quedo viendo _Cecil, yo atiendo al señor.
-Buenos días, busco a la señora Brown.
-Sera señora Andlay, recuérdelo es mi esposa.
-Bueno hasta hace unos días, eso no era así.
-Siempre ha sido así, desde hace más de cinco años y eso no va a cambiar, así que le pediría que se aleje de ella, que no la moleste ya que es una mujer comprometida, le pido de la manera amable que se retire y deje a mi mujer en paz.
Bruce, no quiso hacer un escándalo solo se retiró, de la casa, ya que era lo prudente.
Albert, estaba por cerrar la puerta cuando detrás estaba Candy.
-Con qué derecho te pones a correr a mis visitas, que te pasa.
-Que me pasa, que eres una mujer casada, por si ya se te olvido, ya ni usas tu argolla de matrimonio.
-Para que quieres que lo use, para que se rían de mí, eso es lo que quieres.
-Candy, por favor no vamos a empezar a discutir.
-No claro que no, ya que no tengo ganas de compartir la mesa contigo, me voy.
-A donde tomándola del brazo.
-A donde pueda respirar aire puro.
Candy, salió furiosa de su casa, se dirigió al orfanato, Albert a siguió …
-A dónde vas.
-Contigo, a donde más.
-No para que, quiero estar sola.
-No, entre más me digas que no, más te voy a seguir.
Lo que hizo Candy, para no discutir es dejar que la siguiera, al entrar al orfanato las madres la recibieron con una sonrisa.
-Señora, que bueno que llego, ya la estábamos esperando.
Entraron y se dispusieron a servir el desayuno, a los niños, Albert se sentó con ellos y la madre le pregunto.
-Sra. Brown el señor es…
-Hay madre, solo haga como que no lo vea, solo eso y no pregunte nada.
La madre, entendió el mensaje y así lo hizo no pregunto nada, solo se dedicaron hacer lo que ese día les correspondía, Albert estuvo viendo las necesidades, cuando se detuvo donde los cuneros y ahí vio unos bebes y Candy, alimentando a uno.
-Te ves bien con un bebe, deberíamos tener uno.
-Para tener un hijo, debes amar a tu pareja y yo deje de quererte hace mucho tiempo.
-Candy, por favor, solo dame una oportunidad.
-Eso, es más, de lo que tú te mereces.
Albert, solo se quedó ahí parado viéndola embelesado, recargado en la puerta, hasta que la madre lo saco de trance.
-Sr. no debe estar aquí, esta área está restringida, pero puede ir con los niños más grandes.
-Sí, madre perdón.
Cuando Albert, se fue la madre miro a Candy, hasta que se atrevió hablar.
-Sabes hija, siempre pensé que no eras lo que decían de ti, por la forma en que llegaste ayudar, las chicas que son de cascos ligeros o son tu sabes, no tienen las mismas ansias de ayudar que tú, por lo que vi ese hombre es algo más que un amigo, no es así.
-Sí, madre, él es mi esposo.
-Esposo dijiste, vaya eso si no me lo esperaba, se ve un hombre importante, hace un rato estuvo hablando con la madre superiora, creo que también va a contribuir para el orfanato.
-Si es lo que él, tiene que puede ser alguien muy desprendido cuando de ayudar se trata.
-También lo que note, es que están disgustados.
Candy, suspiro, así es creo que se nos nota a leguas.
-Hija, yo no sé qué paso entre ustedes, pero también note como el aun te mira y como tú lo miras a él, sé que no debo meterme, pero si se quieren, que les impide estar de nuevo juntos.
-Hay madre, que le digo hemos estado separados hace mucho tiempo, que no creo que eso vaya a pasar.
-Sabes hija, no es bueno guardar rencores, deberías pensar en perdonar, si te sigues quedando con eso que traes en tu corazón te hará daño, retirándose del lugar.
Candy, se quedó ahí pensando en lo que la madre, le dijo, pero estaba muy a la defensiva.
Ya era tarde y era hora de volver a casa.
Albert, igual se fue tras ella, hasta llegar a su casa, entrando, ya la cena estaba lista y se dispusieron a cenar, cuando terminaron…
-Candy, tengo algo para ti, llamando a Cecil para que le trajera algo que había en la habitación, cuando regreso traía un cofre cerrado, _toma esto es para ti.
-¿Qué es?
-Bueno ábrelo.
Candy, lo tomo y al abrirlo se quedó con la boca abierta, muy sombrada, _ ¡oh mi dios! que es todo esto.
-Es por cada, cumpleaños, por cada aniversario, por cada navidad, todos estos años te compraba uno por cada fecha que paso, para cuando te encontrara te los diera y supieras que siempre te he estado esperando, que nunca deje de pensar en ti.
En el cofre, había gargantillas, aretes, pulseras, joyas con diferentes tipos de piedras preciosas.
-Pero di algo, te gustan sonriendo.
-No sé, que decir.
-Solo gracias, vamos son tuyas, ahora que te encontré deseo que las uses.
-Pues gracias, tomándolas y saliendo del salón para dirigirse a su habitación, _que descanses.
Al siguiente día en el desayuno, ya Albert, estaba en el comedor leyendo el periódico, _ buenos días en cuanto la vio.
-Buenos días, ya veo que despertaste temprano.
_Así es, como dormiste.
-Bien, gracias.
-Bueno, esperaba verte alguna de las joyas que te regale.
-Candy, sonrió, _ Cecil, trae lo que te dije.
-Si señora, en cuanto volvió traía, el cofre que Albert, le había dado.
Candy, apuntaba en una pequeña carta, _ Ten esto se lo llevas a la madre superiora y le das esto le dices que esta es mi contribución para los niños del orfanato.
-Candy, no te atrevas.
-Que dijiste, que son mías, no.
-Sí, pero son para que las uses, no para que las regales.
-Bueno si son mías, yo sabré que hacer con ellas, mi deseo es que los usen los niños que tanto necesitan.
Albert, solo suspiro y apuño la mano, la fulmino con la mirada, está bien, has con ellas lo que quieras.
-Gracias, sonriendo.
Todo lo que Albert, hacía era echado abajo por Candy, desde mandar flores, cenas a las que nunca llegaba, hasta seguirla a donde quiera que fuera, pero nada fusionaba, ella estaba muy intransigente.
En las oficinas de Londres, donde ocupaban para hacer los trámites de las empresas estaba Armad, el apoderado legal de Candy, el cual se había quedado de ver, ya que, hacia tempo que ellos se hacían cargo de las propiedades y acciones de Candy, así, como de algunas cosas que Albert, también necesitaba. Armad, estaba al tanto de todo y de que hace tiempo ella se había instalado cerca de Londres.
-William, ¿cómo estás?
Que te digo Candy, está empeñada a no perdonarme y nada de lo que hago, pueda impresionarla, tal pareciera que le da lo mismo, he llegado a pensar que en verdad me dejo de querer.
-Animo, si no te perdona, tendrás que otorgarle el divorcio, ya que te están presionando para que ya tengas un heredero.
-Eso ya lo sé, pero no quiero divorciarme, eso no, solo lo haré si ella en verdad dejo de amarme, solo así le daré su libertad, yo no la busque para que me dé un heredero, la busque porque en verdad la amo. Si yo quisiera un heredero, cualquier mujer podría dármelo, pero yo no quiero hijos con ninguna otra mujer, si lo llego a tener serán con la mujer que amo y esa se llama Candy.
-Animo, amigo, animo, esa es tu misión recuperarla.
-Aparte de eso, con el tipo ese rondándola no ayuda, le manda cartas, flores, en fin, creo que se ven a escondidas.
-Los celos te están matando, así no vas a recuperarla, lo que, si es que necesitan un tiempo a solas, ustedes dos, lejos de todo, de la servidumbre chismosa que solo murmuran y de la sociedad, que está esperando para que fallen y hacer leña del árbol caído.
- un tiempo a solas, sí, eso es, claro porque no se me ha ocurrido antes, Armad, prepara la cabaña que está a las afueras de la ciudad, la que compré cuando estuve aquí.
-Esa, pero está muy lejos de la civilización, aunque es una propiedad única, pues deberá ser tu sabes...
-Solo arregla todo lo más pronto que se pueda y lleva un par de caballos, víveres como para un mes y todo lo necesario.
-Bueno, está bien, como tú quieras.
Armad, conocía muy bien a Candy, sabía que lo mejor para ella, era regresar con su esposo y su familia, no debía solo dejar que ella, anduviera sola, e infeliz, le había prometido a su padre cuidarla así, lo estaba haciendo, pero ya era grande tenía miedo de morirse y no cumplir con la promesa que le hizo a Vincet, de cuidar que fuera feliz y el, sabía que la felicidad de Candy, era al lado de su esposo, porque aun lo amaba.
Albert, al regresar observo a lo lejos como Candy, era interceptada por Stefano, Albert, pensaba que, si quería recuperar a Candy, debía actuar de inmediato, ya que su contrincante estaba ahí, sin quitar el dedo del renglón.
-Señora Brown, podríamos hablar un momento.
Albert, que había visto como la intercepto, se acercó, _Creo que mi esposa, no tiene nada que hablar con usted, así que le pido que se aleje de mi esposa, si no quiere que tome otras medidas, que no le van a gustar.
-Candy, solo susurro, lo siento, ahora no.
Dejando a Stefano, ahí parado, Candy, sabía que si Albert, se lo proponía podía pedir un duelo y eso, sería desastroso para ambos, por un lado, se moriría de a Albert, le pasaba algo y por el otro si a Stefano, le ocurría algo que pasaría con Abigail, así que lo más prudente era dejar de verlo.
Albert, camino al lado de Candy, hasta que llegaron a su casa, donde Candy, solo lo miro, con desprecio.
-Creo que lo más prudente, es que ese tipo se aleje de ti, me entendiste.
-Como gustes, no voy a discutir sobre mi amistad con el señor Bruce, eso es algo que, a ti, no te interesa.
-Candy, claro que me interesa, por favor solo dame una oportunidad, de enmendar mis errores, solo una oportunidad de reconquistarte, dime que deseas y lo hare.
Candy, solo levanto de hombros _ lo único que deseo de ti, es mi libertad y lo dejo ahí parado.
Candy, evitaba lo más posible a Albert, a manera que él, se diera cuenta que hiciera lo que hiciera era inútil, todo lo que hacía para reconquistarla.
A los siguientes días.
Albert, llego después de que Candy, entrara a su casa, al verla solo se dirigió a ella …
-Candy, yo quisiera platicar contigo.
-No sé, que debamos platicar, lo que teníamos que hablar ya lo hicimos, solo queda que me des el divorcio y nada más.
-Lo quieres para casarte con tu enamorado, es eso.
-Si es así, es algo que a ti ya no te incumbe.
-Bien, te lo daré, si es lo que quieres te lo daré.
-De verdad, así de fácil.
-Sí, eso quieres, no te retendré más.
-Perfecto tú, solo di cuando podemos ver a tu abogado, para hacer los trámites.
-mmm te parece este fin de semana, mañana lo voy a ver para que tenga los documentos listos.
-Está bien, iba a regresar al pueblo, pero siendo así, está bien, esperare.
Candy, estaba en su recamara, cuando entro sonrió, él le iba a dar el divorcio, seria libre, libre para rehacer su vida, quizás no con Bruce, pero si para retomarla como mejor le pareciera, pero una parte de ella, sentía nostalgia e infelicidad, su vida estaba en una disyuntiva, pero no creía en la posibilidad de retomar su vida de nuevo con Albert.
No, eso no, ya que aún le dolía lo que le hizo y no iba a desaparecer, así como así, las veces que había visto a Bruce, solo fue para saludarla, sabia por los chismes de los empleados que estaban disgustados y eso le daba una posibilidad, era la razón de no quitar el dedo del renglón.
Solo la miraba de lejos, cuando salía, había enviado cartas, pero sabía que no las recibía, no podía visitarla en su casa, porque sabía que las habladurías podían perjudicarla, solo se acercaba para verla de lejos.
Llego el fin de semana, ya Candy, estaba lista desde muy temprano, para ir con el abogado, así que ya lo espera en el comedor después del desayuno, harían esa visita.
-Buenos días, dijo Albert.
-Buenos días, siéntate el desayuno ya está.
-Vaya veo que estas muy contenta, te urge divorciarte de mí.
-SI, mi alegría es tal, que el desayuno esta exquisito, pero anda siéntate para que lo puedas degustar.
Al terminar de desayunar, subieron al coche, que ya los estaba esperando.
-Pediste tu carro, pensé que iríamos en un carruaje.
-No, de hecho, su oficina es afuera de la ciudad, es por eso que debemos ir en coche.
-Ha por mi está bien, con una sonrisa.
El carro avanzo y avanzo y tal parecía que no tenía fin…
-Albert, como que ya nos alejamos mucho de la ciudad y no veo ninguna oficina.
-Bueno, eso es, porque está un poco más adelante.
Así, manejo un buen rato, ya habían pasado casi 3 horas, Candy, ya se empezaba a molestar, porque intuía que había sido engañada.
Cuando de repente el auto, se detuvo en una propiedad donde se observaba que no había nada alrededor, solo árboles, el camino no se veía bien ya era de noche y Candy, estaba muy molesta.
-Bien, baja debemos entrar hace frió.
-No, no sé, qué pretendes, pero me quiero ir a mi casa.
-Qué crees mi amor, esta es tu casa ahora, aquí estaremos unos días.
-No puedes hacerme esto, no debo regresar.
-Claro solo que el auto no tiene gasolina y no podemos regresar, así que aquí nos quedaremos.
-Pues me iré caminando si es necesario.
- Solo diré, que no hay gente alrededor en kilómetros, pero si quieres no te detengo.
-Porque haces esto, yo solo quiero mi libertad y tú, tu maldito egoísta, lo haces tan difícil.
-Bueno yo no me quiero divorciar, así que haremos esto, acompáñame un mes aquí, si al término de este mes aun sientes que te quieres divorciar, lo aceptare.
-Ya no te creo nada, eres un maldito mentiroso, no creo que tu esté dispuesto a dármelo, no tienes palabra.
-La tengo, solo dame un mes, es todo lo que te pido, vamos adentro hace frió, te vas enfermar.
-Aquí me quedare, gracias, aun no decido tu propuesta.
-Está bien, te lo facilitare, abriendo el coche y sacándola del coche, poniéndola en hombros como un costal de papas.
-Pero que haces, déjame, no, bájame, Albert, que me vas hacer, pataleando.
-Nada, que tu no quieras, no te voy a obligar eso no lo haría, pero no te voy a dejar afuera para que te congeles y te enfermes, vamos entra, deja de quejarte que de aquí no te vas hasta que haya acabado el mes.
Entro a la cabaña, observando que era pequeña, pero tenía lo necesario, una cocina pequeña, un par de muebles, la chimenea, un comedor pequeño y al fondo una recamara.
-Pasa, voy a prender la chimenea, hace frió y después cenaremos.
Candy, entro a la habitación y vio ropa para dormir, y observo que había agua en el baño.
Albert, prendió la chimenea y fue a la cocina para ver que le dejaron en la despensa, observo que había de todo, desde fruta, pan, carne deshidratada, leche y una nota donde le decían la ubicación, donde le dejarían cada dos días, lo que necesite, también había vino, algunos dulce y postres.
Puso la mesa y calentó algunas cosas que ya estaban preparadas, Candy entro a lavarse la cara para dirigirse a cenar, tenía hambre, así que no se podía poner en el plan de abstenerse a comer, así que no le quedo de otra.
Ya al oler la sopa, se sentó en la mesa, miro a Albert, _ solo hay una recamara donde dormirás.
-Donde más, contigo.
-Estas loco, no, tu duerme en ese mueble.
-Soy muy grande, no voy a poder dormir ahí, no podría descansar.
-Bien, yo lo haré.
-Como quieras, solo que aquí hace muchísimo frio y aquí en la pequeña sala hace más, el único lugar caliente es la recamara.
-No importa aquí dormiré, solo ocupare la recamara para cambiarme.
Cuando entro a la habitación, para poder cambiarse se topó con que no podía quitarse el corseé, ya que se había puesto el que va amarrado de la espalda y no alcanzaba los nudos, para desabrocharlo, luchaba y luchaba, pero era inútil, eso estaba demasiado apretado, cuando no puedo más, solo le quedo…
-Albert, podrías ayudarme.
-Si, en que deseas que te ayude.
-A quitarme el corseé, es que no puedo desabrocharlo.
Albert, con una sonrisa pícara claro, entro y casi como tortura, lo fue desabrochando, con muchísima destreza, cada vez que quitaba el listón que aflojaba, esa prenda de tortura, casi era hasta erótico, la forma en que lo estaba quitando, hasta que poco a poco lo fue aflojando.
Candy, tuvo que morder su labio, para no voltear y pedirle que la tomara, sus manos rosaban su espalda y el olor de él, la estaba matando, lo deseaba, solo se estaba conteniendo toda su pasión, para no dar su brazo a torcer, no sabía cuánto más iba a soportar tanta cercanía.
-Ya creo que, con eso es suficiente.
-Deja que termine ya acabo, ahora que estemos aquí, podrías no usarlo, digo para tu comodidad, Albert, por su parte se tenía que aguantar para no besarla, estar así tan cerca, haciendo ese trabajo era una tortura, deseaba aventarla a la cama y besarla hasta la conciencia, pero debía esperar, si lo hacia así, obligándola jamás se lo perdonaría.
-Estas loco, yo, yo, me acostumbre a usarlo, así que necesitare que me ayudes a ponerlo y a quitarlo.
-Bien, como quieras, saliendo para que se pudiera cambiar.
Candy, salió para acomodarse en el pequeño mueble, pero al hacerlo se percató que era demasiado pequeño e incómodo, por más que se quería acomodar no podía, aparte de que sentía demasiado frió, la chimenea se apagó y el frió no le daba tregua, por más que se acurrucaba solo no podía dormir.
Se levantó, y aun encontrar de su voluntad, abrió la recamara y se acurruco cerca de Albert, él, lo que hizo fue albergarla en sus brazos, _te lo dije, aquí hace muchísimo frio en la noche.
Candy, solo se acurruco, no quería ni hablar solo entrar en calor, Albert, no perdió la oportunidad de abrasarla y pegarla a su cuerpo.
Al siguiente día, Candy, se levantó, noto que Albert, estaba abrasándola se sentía tan bien, estará así, era como si no hubiera pasado el tiempo, su olor era el mismo, la forma en que la sostenía en su pecho y su brazo envolviéndola, solo quito el brazo, se fue al baño a tomar una ducha, fue a ver que ropa había, observo un par de maletas, solo Cecil pudo haberlas hecho, ya que había cosas muy personales.
Pero regresando, lo que haría sería prescindir de ella, si estaba confabulando con Albert, la iba a escuchar, si ella era su patrona no él.
Al cambiarse, se percató que todos los corseé eran de abrochar atrás, no había uno de abrochar enfrente, pero que le pasaba, tendría que hablarle a Albert, para que le ayudara, rayos.
-Albert, Albert, despierta, necesito que me ayudes con esto, el corseé con los listones colgando.
Albert, despertó la miro con su bata, así con su pelo mojado y suelto, tan hermosa, quería solo quitarle la poca ropa que tenia, pero aun no debía, así que_ solo voltéate, yo te lo abrocho, lo empezó a nudar cruzando, los listones, uno por uno, hasta terminar. _ ya, esta, te digo deberías no usarlo, no voy a ver algo que, no lo haya visto.
-Yate dije que no puedo, me acostumbre a él, así que lo usare, hoy me voy.
-Albert, solo la miro, _ adelante yo no te voy a detener.
Candy, después de que se cambió tomo un sombrero, salió miro alrededor y solo había árboles, nada a lo lejos, comenzó a caminar, entre más caminaba, solo árboles, era inútil, después de dos horas el estómago le exigía los alimentos, se sentó en una piedra que estaba cerca y se quitó los zapatos, los pies le dolían.
Realmente no sabía dónde estaba, miraba por todos lados y no veía nada, ni a quien pedir ayuda, pensando, _Maldito Albert, realmente me secuestro, hay pero que le pasa, que piensa que con esto me va a persuadir, está equivocado, quiero el divorcio y me lo va a dar, solo será un mes, que puede pasar en un mes.
EN LA CIUDAD.
Cornelio platicaba con Stefano.
Amigo, ya escuchaste de mi sirvienta, que la señora Andlay, salió de viaje con el esposo, al parecer se fueron de luna de miel, creo que estarán un mes fuera, al menos eso escucho a cocinera, que Andlay pidió un equipaje de un mes, que iban a salir fuera de la ciudad, hoy subieron las maletas muy temprano, para irse y ella iba muy contenta.
Amigo, deja de pensar en ella, solo quítate de su camino, es por su bien.
-No, ella no ha podido hablar conmigo, él, no la ha dejado ni un momento, está pegado a ella como garrapata, pero yo sé que, si hablo con ella, Candy, me dirá que no lo ama, que me ama a mí y yo estoy dispuesto a todo por ella.
-Entiende esa mujer tiene dueño, con sus actitudes te está contestando, si ella no quisiera al marido, no se hubiera ido con él, se hubiera negado, ya hubiera buscado la manera de contactarte y no lo ha hecho, porque no siente nada por ti.
-Solo quiero que me lo diga ella y lo entenderé.
-Estas loco, pero en fin.
En la cabaña…
A Candy, no le quedo de otra que regresar de nuevo a la cabaña, ya los pies, lo tenía hechos añicos, nunca se imaginó que el camino fuera muy cerrado, ya cansada de caminar.
Albert, ya había preparado el desayuno, preparo unos huevos e hizo jugo, pan, fruta y espero a que Candy, regresara.
En cuanto la vio de regreso…
-Bien querida, deseas desayunar.
Candy, se santo en el comedor y se sirvió jugo, estaba muerta de sed y de hambre, si casi agotada de tanto caminar.
-Te serviré, aún está caliente.
-Gracias, cuando termino de desayunar pregunto ¿Dónde estamos?
-Bueno lejos de Londres, muy a las afueras, así que la única manera de salir de aquí es en coche, aun en caballo demorarías, casi dos días en ver algún poblado.
-Me secuestraste.
-No, como crees, si te hubiera secuestrado no te dejaría en libertad, estuvieras en una cama, amarrada y yo disfrutando de ti.
-Eres un maldito, un desgraciado, un, un.
-Cuidado, con lo que dices, eso no es propio de una dama.
-No, si lo que tú, haces ha de ser propio de un caballero.
-No lo sé, pero si es propio de un hombre enamorado, sonriendo.
-Está bien, un mes, ni un día más, después de eso me darás el divorcio, pero si no cumples, me iré y nunca podrás encontrarme, así que más te vale que me des mi libertad, sino la siguiente mujer que tengas, solo será tu concubina y tus hijos unos bastardos, ya qué no podrás encontrarme para pedirme el divorcio.
-Está bien, acepto.
-Bien descansa, por la tarde iremos a pasear.
-Un momento, dije que me quedaría aquí, un mes, mas nunca dije que haría lo que tú quieras, eso no incluye, salir de paseo, ni nada que tenga que ver contigo, solo me quedare aquí el mes completo.
-Como quieras, yo si saldré, este lugar es hermoso, realmente hermoso, hay que disfrutarlo, mordiendo una manzana.
Albert, salió a buscar su caballo, lo ensillo y regreso a preguntar de nuevo. _ no quieres salir a dar un paseo.
-No, ya te dije que no.
-Bien, aquí te vas aburrir mucho, pero como desees.
Albert, salió y tomo su caballo, para salir hacer su paseo.
Candy, solo se quedó ahí sentada en los escalones, ya había caminado demasiado así, que solo se fue a la cama a recostarse, pensando en todo esto. _ Realmente estaba apta para pasar un mes a solas con Albert, en verdad se resistiría a tanta cercanía, si el solo estar cerca sentía que el vientre se le contraía y su olor hacia que sintiera desfallecer.
Pero que estaba pensando, si se iba a divorciar, si eso era lo que quería, su libertad, pero en el fondo sería feliz, con todo eso, con su libertad, con saber que una vez que le diera el dichoso papel, ahora el también seria libre de rehacer su vida, claro cualquiera estaría loca por ser cortejada por él, mejor se levantó movió la cabeza y decidió mejor salir a explorar cerca de la cabaña, eso sí, era un lugar hermoso, la propiedad era muy basta, realmente el pasar un mes ahí, no iba ser una tortura si lo veía de una forma como pasar unas vacaciones.
Pero, tenía compromisos, a lo mejor si veían que solo desapareció, la buscarían, si claro quien, de seguro Cecil, diría que salió con su esposo, era lo más lógico, bien ya estaba disfrutaría la estancia ahí.
Ha, pero eso, si, de que la corre, la corre, ya la estaba cansando que era una traidora, si ella era su jefa, pero si lo pensaba bien, que le habrá dicho Albert, para que lo obedeciera sin chistear si Cecil siempre hacia su voluntad, bien no la correría, no sin antes saber cómo Albert, la manipulo.
Ya habían pasado 4 horas y Albert, no había regresado, se estaba haciendo tarde, pensando, si le paso algo, no, no que le pudiera pasar, no solo, él es buen jinete, pero ya habían sido horas de que se fue, solo se quedó mirando por la ventana para ver si regresaba, hasta que se quedó dormida.
Albert, paso toda la tarde pensando que hacer para recuperar a Candy, había decidido que de ahí no iban a salir sin que volvieran a ser una pareja, la había extrañado tanto, que le costaba estar junto a ella y no desearla, no tocarla, que simplemente salió solo para pensar, que, si en este mes no la recuperaba, tendría que darle su libertad, lo había prometido.
Albert, regreso, ya era de noche, encontró a Candy, acurrucada en el sillón, prendió la chimenea, fue a la cocina a preparar la cena, pero se encontró con que ya había cosas preparadas, una crema, un guiso se veía que no hacía mucho se había preparado.
Despertó a Candy…
-Candy, Candy, despierta, ya es hora de cenar.
-Sí, ya es de noche, me quede dormida.
-Anda vamos, debes tener hambre.
Se levantó, fue a refrescarse con la chimenea prendida no se sentía frió, se dispusieron a cenar.
-Tardaste mucho, pensé que te había pasado algo.
-Perdón, se me fue la tarde en este lugar, se te va el tiempo sin notarlo.
-Sí, supongo, es hermoso.
Al terminar de cenar, se fueron a la recamara, a Candy no le quedaba de otra que dormir con Albert, ya que, si lo hacía en la sala, podría morir de frió en la madrugada. Entro en la habitación, para quitarse el corseé, estaba decidida quitárselo sin ayuda, pero por más que lo intentaba solo no podía.
_Rayos, no puedo, quitármelo.
Albert, entro, _necesitas mi ayuda.
Aunque lo negara así era, lo necesitaba, _ Si, por favor.
Albert, comenzó con su tarea de desabrocharlo como una tortura para los dos, cada vez que lo desataba, liberaba a Candy, de cosa que lo único que hacía era asfixiarla, pero si no fuera por eso, nunca podría tener ese acercamiento con ella, ahora adoraba, esa prenda.
Al terminar, solo puso su frente en su nunca, _Por favor no te muevas, solo quédate así un momento, solo déjame sentir tu aroma, solo un momento.
-Albert, no, déjame volteándose y agarrando la prenda para entrar al baño a cambiarse, para dormir, solo se acostó a espaldas de Albert, sin darle oportunidad de que la abrase, se acurruco en posición fetal.
Albert, se acostó detrás, puso su mano, para tocarla, pero no se atrevió, solo igual se quedó de espaldas hacia ella, solo se acurruco igual y se dispusieron para dormir.
Los siguientes días, transcurrieron sin ninguna novedad, de hecho, Candy, no hacía por ceder y Albert, por más que trataba de acercarse, solo hacía que se alejara.
Una mañana, cuando Candy, se levantó noto que Albert, no estaba y solo se escuchaba que estaba partiendo la leña, se escuchaba como se partían los troncos, uno tras otro, salió de la habitación y se asomó por la pequeña ventana, vio a Albert sin camisa, solo en pantalones y como le escurría el sudor por los pectorales, eso para Candy, era como ver un pedazo de carne apunto de comer y ella, muy pero muy hambrienta, de hecho, tenía hambre, solo se quedó embalsada viéndolo como hacia su trabajo.
Hasta que Albert, noto que era observado, dejando lo que estaba haciendo, para entrar, _ hola buenos días, que bueno que despertaste.
-Buenos días, sin dejar de mirarlo, se tuvo que morder un labio, para dejar su trance, me ayudas con lo de siempre.
-Claro, como todas las mañanas, sonriendo.
-Candy, solo se acomodó agarrándose de una de las barras de la cama, para sujetarse, en lo que Albert le cruzaba los listones, puede decirse que hasta temblaba, solo de tenerlo cerca, el sentir su olor a hombre sudoroso, era lo que hacía que su cuerpo la traicionara, sus piernas se pusieran como gelatina, sino fuera porque se estaba sujetando caería al suelo.
Albert, después de que le abrocho el corseé, se metió al baño, el efecto era para los dos por igual, solo se lavó la cara y los brazos, secando su sudor, saliendo, _ el desayuno ya está preparado, si gustas desayunar.
-Si gracias, solo salió a desayunar, observando que Albert, se santo a desayunar igual sin camisa. _deberías vestirte.
-Porque, te molesta mi desnudes.
No, la verdad me da lo mismo, fijando su mirada en su plato.
-Candy, mírame.
-No
-Mírame y dime que no me deseas, que no te mueres por estar conmigo, como yo estoy loco por tocarte, sentirte, por hacerte el amor, tu aroma me está matando, solo mírame y dime que no sientes lo mismo, porque yo te sigo amando con la misma intensidad o hasta más que antes.
Candy, lo miro y sostuvo la mirada a los ojos, _no, ya no te deseo, ya no siento nada por ti, porque no te das cuenta que solo quiero mi libertad, te detesto, solo quiero irme de aquí, no sabes cuánto te odio. comenzando a llorar.
-Albert, se le resbalaron las lágrimas, saliendo de la cabaña, se dirigió hasta una colina, que estaba cerca y se sentó ahí para tratar de calmarse, estaba demasiado alterado, las palabras de Candy, se le habían clavado en el alma, solo recordar, -te odio, te detesto, quiero mi libertad.
Candy, se quedó ahí solo llorando, porque su realidad era otra, si lo deseaba, claro que lo deseaba, no era verdad nada de lo que le dijo, lo amaba, igual con la misma intensidad, hasta más que antes, pero si lo perdonaba y la volvía a lastimar, si le volvía a destrozar el corazón, no eso ya no podría sopórtalo, así que lo mejor era que le diera su libertad y alejarse lo más posible.
Albert, no regreso hasta por la tarde, se metió a bañar, se afeito y decidió que era hora de tomar una decisión, tres semanas ya habían pasado y Candy, seguía en la misma postura por más que le dolía, tendría que cumplir en otorgarle su libertad, una semana mas no iba a cambiar nada.
Candy, no quería acompañarlo hacer nada, casi siempre le pedía que fueran juntos hacer algunas cosas y ella solo tenía una negativa, las únicas ocasiones que tenía acercamientos era, cuando tenía que quitarle el corseé o cuando se lo tenía que poner, porque dormir ella solo se acurrucaba y no dejaba que la abrasara, la última vez que lo intento lo mordió.
Cuando bajo a cenar, se sentó junto a ella…
-Está bien, tu, ganas regresamos pasado mañana, firmare el divorcio, tu pon las condiciones de la separación.
-Candy, solo acento con la cabeza, pero en el fondo, se estaba derrumbando por dentro, se estaba destrozando.
-Albert, se levantó y salió caminar en la noche, aunque estaba frio no le importo.
Candy, solo se quedó ahí en la mesa, sin saber que decir, las lágrimas brotaron, no las podía contener, no podía detenerlas, solo salían, ya estaba hecho, ya había logrado, pero, aunque debería sentir alegría, solo sentía una profunda tristeza.
Se metió a la habitación a llorar desconsolada, después entro al baño y con la navaja de afeitar de Albert, comenzó a cortar los listones, hasta que logro hacerlo, solo que en el proceso se cortó el brazo, la sangre fluía, simplemente se puso una toalla, cuando Albert entro a la cabaña, vio como Candy, estaba tratando de parar la sangre…
-Albert, me corte.
- Mi amor te cortaste, fue rápido a limpiar la herida, no sé, porque no esperaste a que entrara, si siempre te ayudo, con esto, debiste esperarme, solo desinfecto la herida y le puso un vendaje. _ Candy, no solo puedes tomar mi navaja, está muy filosa, anda vamos a dormir, cargándola del baño hasta la cama, la recostó y le acaricio el rostro.
Candy, solo se quedó ahí aceptando las caricias de Albert, muy sutiles, solo rosando su mano en la cara, sin llegar a más, hasta quedarse dormida.
Albert, la observo, solo ahí casi queriendo inmortalizar ese momento, ya era casi la última noche que dormirían juntos, después de otra noche y todo acabaría, tenía que aceptarlo.
A siguiente día, Candy, despertó cuando escucho los caballos, se levantó y vio que Albert, estaba desayunando, saludo.
-Vas a salir hoy.
-Sí, así es, quiero ir por unos víveres y pedir que traigan la gasolina, para poder irnos.
-Te puedo acompañar.
-Sí quieres.
Candy, subió a cambiarse, ya que tendría que ir a caballo, se puso la ropa para montar y salieron, para el lugar, Albert fue por las cosas, dejando una nota, de regreso, venían cabalgando cuando de repente se atravesó, una culebra cerca del caballo de Albert, el cual se levantó en dos patas, dejando a Albert caer al suelo.
Candy, por unos segundos, recordó cuando paso casi lo mismo, cuando Anthony murió, cuando la cacería del zorro, solo se quedó ahí gritando Albert, Albert, no, no, bajándose del caballo, lo miro trato de ayudarlo, pero era demasiado pesado, como para levantarlo, solo gritaba, ayúdenme, ayúdenme, pero sabía que nadie los escucharía.
Albert, Albert, despierta, mi amor, no me dejes, tu no, tú no puedes dejarme, no así, tú no te puedes morir igual que Anthony, no, por favor despierta, lo tomaba de la cara y las lágrimas fluían, por favor Albert, yo, yo aún te amo, mi vida, te amo, sé que debí decirte que nunca te olvide y que mi amor sigue igual, yo sé, que he sido muy orgullosa y no me permití decirte que ya te perdone, desde hace mucho, pero es que solo no quería que me volvieras lastimar.
Pero si despierta, no me alcanzara la vida entera para decirte cuanto te amo, pero despierta, Albert, por favor.
-Sí, lo vuelves a repetir, te lo juro que voy a besar esa víbora y le pondré un altar, abriendo un ojo.
Candy, al ver que había abierto los ojos, se le ilumino el rostro, no estas muertos, no estás muerto.
-No debo admitir que me dolió el golpe, pero valió la pena el escuchar que aún me amas, que me amas, como yo te amo a ti.
Candy, lloraba, eres un maldito, sabias, dándole un golpe en el pecho.
Albert, solo la atrajo hacia él, no, tu dijiste que, si no moría, no te alcanzaría la vida para decirme cuánto me amas, sonriendo atrayéndola hacia él, para besarla, besarla con muchísima pasión, besarla con todo eso contenido que traían en la sangre y por orgullo no lo dejaban salir.
Candy, se separa, de él y después solo se alejó, un poco.
Albert, la sintió como se alejó, _que pasa, Candy dime, ven no te alejes.
-No, no debo, no, poniéndose a llorar.
Candy, mi amor, yo te amo, Candy, no te alejes, mírame, solo mírame y dime que ves, dime si no ves solo amor, por ti, Candy, no te voy a volver a fallar, créeme, sé que te lastime y así como dijiste hace un momento no me alcanzara la vida entera para arrepentirme de lo que hice, solo no te alejes.
Candy, solo comenzó a caminar, sin mirar atrás.
Albert, solo la tomo dela cintura y la detuvo, Candy, dime algo, solo dime que me darás una oportunidad.
-No lo sé, Albert, no lo sé, mirándolo, aun no confió en ti.
-Solo, déjame demostrarte que tú, eres la única mujer en mi vida, no hay, ni habrá nadie más, acercándose para abrasarla y arrinconarla en un árbol, solo la miro a los ojos y poseyó sus labios, los beso, con pasión, un beso tras otro, solo besándose, sin dejar de mirarse, Candy, puso sus manos en su nuca, aceptando los besos, besando su cuello, regresando a su boca, estaba en el cielo, en ese momento.
Candy, sentía desfallecer había deseado esos besos, desde que llegaron a ese lugar, pero su orgullo, no se lo permitía, solo se quedaron ahí, entre los arboles besándose, después de un rato, Albert le dijo a Candy.
-Amor, hay que buscar a los caballos, deben estar cerca, anda vamos antes de que se haga tarde.
Candy, salió del trance en el que estaba y acento con la cabeza, comenzaron a buscarlos hasta que los encontraron en un pequeño arrollo, donde estaban tomando agua. Los alcanzaron y subieron en un solo caballo llevando los dos hasta llegar a la cabaña.
Albert, iba con una sonrisa, entraron a la cabaña, solo dejo que entraran y cargo a Candy, hasta la recamara, en donde seguían besándose…
-Albert, espera…
-Pero que debemos esperar, dime yo te amo, mi vida, si supieras como me he tenido que contener, para no arrancarte la ropa, hacerte el amor.
-Precisamente, eso es lo que quiero que esperemos, aun no quiero ser tu mujer, aun no, quisiera que nos diéramos un tiempo, para volver hacer una pareja.
-Pero, Candy, que dices.
-Albert, si me amas, respetaras mis tiempos, solo hasta que yo decida, volver a ser tu mujer, sin reservas y sin restricciones, solo dame un tiempo, un tiempo donde tú, me demuestres que has cambiado, donde me demuestres que nunca más habrá otra mujer y donde yo esté segura que no me voy a sentir, relegada, ni usada por ti.
Un tiempo, donde tú me hagas sentir segura, donde yo decida…
-Está bien, seré paciente y esperare, a que tu tomes esa decisión, no me importa esperar el tiempo que sea necesario, si eso signifique que tú y yo no nos vamos a divorciar, está bien esperare, solo no me niegues tus besos, sí.
-Candy, con una sonrisa, se acercó y lo beso, anda ayúdame a quitarme esta cosa, que me está matando.
-Hay Candy, si supieras como me torturas con eso.
-Lo sé, por eso, lo hago.
-Cuando pedí que hicieran tus maletas, pedí estrictamente esta prenda, pero nunca imagine que fuera a torturare a mí mismo…
CONTINURA.
Bueno chicas un nuevo capítulo, ya sé que esperaban ya la reconciliación completa algunas, otras no tanto, solo diré, que la historia es así desde un principio, no está alargada como algunas piensan, aún hay cosas que contar.
Lamento si no están de acuerdo con que la pareja continúe, pero son los protagonistas, lo dije desde un principio así, que nunca les mentí sobre eso. Si Albert, se equivocó, pero que acaso nosotros no hemos cometido errores, somos seres imperfectos y a veces tomamos decisiones equivocadas. Candy, también se equivocó, ella no debió huir, debió pelear por lo que era suyo, mas sin embargo no lo hizo.
Los dos tomaron malas decisiones por la falta de comunicación y por no tener confianza en uno en el otro, eso es algo muy difícil de lograr.
Después de aclarar lo anterior, las espero en el próximo capítulo ya saben por la XEW, Radio.
