Cronopios del autor: Gracias por leerme.

ADVERTENCIA: Yaoi.

Descarga de responsabilidad: Ya lo saben, esto no es mío, ojalá lo fuera.

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Hyakkoryōran

Por St. Yukiona.

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Fiesta de la vendimia

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La fiesta de la vendimia,

cuando el zorro se esconde,

entre los matorrales.

Los ciudadanos cantan,

los guerreros bailan,

el cielo se abre,

y cae la lluvia.

—Canción popular vietnamita.

Hay sólo un puñado de niños en el medio de todos los puestos de comida y juegos que hay en el descampado a pie de las escaleras que llevan a la puerta principal del Palacio de las Camelias. Todos los miran con cierta adoración, son los hijos del pueblo. Ellos cantan enredando los listones de la abundancia mientras que la música los acompaña en su danza. Debería ser un momento lleno de alegría y diversión, pero no lo es porque todo tiene un tinte melancólico. Hasta el mismo cielo despejado y tachoneado de estrellas parece guardar en su interior un exhalación triste y reticente de una desgracia silenciosa.

Las estrellas tienen memoria y Yuuri puede descubrirla con sólo alzar su mirada.

Yuuri bebe un poco de sake, el fuerte sabor le escoce la garganta y le sabe asqueroso mientras éste baja hasta su estómago que mantiene caliente, jamás ha sido bueno para beber, las pocas veces que lo había hecho fue con su maestro en noches de luna llena cuando ambos se sentaban uno junto al otro y Yuuri se encargaba de rellenar la copa de Yakov, era un honor hacerlo y el mayor lo bebía con gusto.

—Si el sake o el sexo te sabe mal, es que hay algo mal contigo.

—¿Ah? —un joven Yuuri alzó su cabeza hacia su maestro que fruncía la nariz y después sonriente le ofrecía de su copa a su discípulo.

—Cuando el licor o el cuerpo de una mujer no es de tu agrado es que algo muy podrido está dentro de ti —señaló nuevamente dejando en las manos del adolescente la copa rectangular de madera que Yuuri tomó con ambas manos para darle un sorbo, al principio arrugó la nariz por la descarga de sabor concentrado de los grados de alcohol que ahí existían. Pero el destello afrutado con ese toque fresco de endrina le hizo sonreír mientras paladeaba una y otra vez hasta que rió cubriéndose el rostro, antes de dar otro sorbo rápido.

—Cuidado chico, el alcohol como el amor se debe de beber de a poco —sonrió Yakov deteniéndolo, y Yuuri antes de notarlo se tambaleó para quedar recostado contra el tatami de la habitación desde donde observaban la luna.

Yakov rió divertido cubriendo a Yuuri con una cobija, él se sirvió un poco más de sake.

Katsuki aún podía sentir la cálida mano de Yakov sobre su cabeza mientras perdía de a poco la consciencia por los efectos del alcohol. Ahora mirando su reflejo en la transparencia rosácea del sake muchos recuerdos se agolpan, uno tras otros como flachazos que lo deslumbran. Cierra por un instante los ojos antes de que sus labios se mojen apenas un poco con el sake que se mueve dentro de la copa ancha de cerámica y preciosamente pintada a mano.

Es un bodrio, lo que bebe sabe a bodrio y Yuuri suspira dejando la copa sobre la mesa.

A su lado Chihoko ríe divertida por el baile de los niños, cuando terminan uno de los hombres de la corte invitan a su señora a bailar y esta acepta, levantándose con esfuerzos por su abdomen hecho un mundo y se dirige al centro de la pista donde empieza a moverse. Los pobladores felices de compartir con su Daymio y se unen a la celebración, a él no le llega esa alegría al rostro y en el bolsillo de su kimono la placa de Konoha, tachada, como el traidor que ahora es. Da otro sorbo a su sake y suspira mirando hacia su abuelo que le observa desde el final de la mesa donde está sentado. El hombre también bebe sake sin expresión alguna y brinda con su nieto, como si ambos compartieran una pena profunda, Yuuri brinda con él y vuelve a beber hasta las eses del licor. Uno de los sirvientes se apresura para servir un poco más de sake y Yuuri agradece.

Es el cuarto y último día de la fiesta de la vendimia, a esas alturas los ninjas que fueron a asesinar a Mila deben estar de regreso con la cabeza de la niña, y Yuuri tuerce los labios, si tan solo hubieran ido en dirección contraria a donde él los ha enviado seguramente la hubieran asesinado porque su alumna quedó en un estado lamentable pero le ha dado tanta ventaja como ha podido y no está demasiado seguro si ella llegó a Konoha, y si lo hizo...

Su mirada se alza hacia el cielo, una parvada de aves surcan el cielo nocturno y Yuuri frunce el ceño para después incorporarse con calma.

Y si Mila lo hizo, será mejor que él se prepare. Y de hecho eso hace, se incorpora y siente que el mundo se le mueve un poco. Su límite sigue siendo tres copas de sake, si bebe una cuarta seguro terminará besando el suelo o acabará por hacer alguna ridícula escena. Camina hasta donde Chihoko baila. Con cuidado la toma de la mano y la cintura mientras la acerca a él empezando a caminar. Los ojos de ella están confundida.

—Será mejor que regresemos a sus aposentos mi señora... —suplica contra el oído de ella y a la mujer le late el corazón fuertemente.

Ella se deja guiar sin ningún tipo de oposición. La gente los ve irse y según los rumores es obvio que ellos se alejen y quieran estar a solas. Los guardias observan aquello pero no hacen amago por seguirlos, está más que dicho que si de alguien deben de confiar es en Yuuri Katsuki.

—¿Qué sucede? —pregunta con seriedad absoluta mientras que quita de golpe su mano del agarre de Yuuri, ahora esa bonita sonrisa que ha estado presumiendo toda la noche se transforma en un gesto de amargura.

—Como te dije, será mejor que te escondas en tu alcoba.

—¿Ya llegaron? —interroga con voz suave.

Y Yuuri no responde solo la sigue guiando.

—Yo me encargaré... —murmura llegando hasta el pasillo que lleva a las escaleras subterráneas y conecta al Palacio de las Camelias con los castillos secundarios—. Te debes esconder en el Castillo de los vitrales, y poner este pergamino en la puerta por dentro —entrega un pergamino que ella toma con cuidado.

—¿Y tú?

—Iré a asegurar el laboratorio y después iré por ti.

Ella afirma asustada mientras que toma el pergamino, antes de irse mira a Yuuri y se empina para robarle de sus labios un frío beso que le hela la sangre. Yuuri no se mueve, ni siquiera entreabre los labios o respira, sólo siente el golpe de las puntas de los largos cabellos darle contra la cara antes de observarla huir.

Yuuri muerde su dedo pulgar para hacer varios sellos manuales y hacer una invocación. Karakuro, el padre de los gemelos, un imponente cuervo negro casi del mismo tamaño que Yuuri aparece y mira al menor como si fuera una basura. Debe de serlo, es el rey cuervo y Yuuri se hinca delante de él.

—Necesito de su ayuda.

—Hmp —el cuervo grazna.

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Recuerden que no es cualquier hombre, recuerden que es el capitán de la rama ANBU, no busquen un enfrentamiento directo, busquen atraparlo y jamás vayan a atacar solo. Yuuri los puede hacer polvo si así lo desea.

Sí señor.

La voz de sus subordinados le hace eco en su cabeza y Viktor que observa en silencio como Yuuri guía a aquella mujer al interior del palacio no es capaz de pensar en nada más que sus propias palabras: Recuerden que no es cualquier hombre, recuerden que es el capitán de la rama ANBU, no busquen un enfrentamiento directo, busquen atraparlo y jamás vayan a atacar solo. Yuuri los puede hacer polvo si así lo desea. Recuerden que no es cualquier hombre, recuerden que es el capitán de la rama ANBU, no busquen un enfrentamiento directo, busquen atraparlo y jamás vayan a atacar solo. Yuuri los puede hacer polvo si así lo desea. Desea. Desea. Desea. Yuuri. Yuuri. Hombre. Recuerden. ANBU. Directo. Atraparlo. Desea. Polvo. Deseo. Yuuri. ¿Por qué?

—Capitán Crispino. A su orden.

Sara da la señal sin pensárselo mucho y las sombras entre los árboles se mueven silenciosas como hojas que se desprenden atrapadas por el viento otoñal. Sus pisadas apenas son perceptibles y se mueven rápido a sus posiciones. La castaña tiene memorizada el plano del territorio del pueblo, así como de los lugares donde se sabe hay trampas. Mila tiene una increíble memoria y supo dar señas minúsculas que dudaron en Konoha les diera tiempo en Vegetales de cambiar, de hecho se han sorprendido al llegar y ver que el pueblo estaba de fiesta. ¿No deberían estar bajo resguardo y en alerta por posible invasión? Pero no es así, la resistencia contra la que planeaban enfrentarse no existe. En cambio un pueblo entera canta y baila alegremente mientras el licor corre y la comida no deja de brotar. Militares y civiles están pidiendo a los dioses por una buena cosecha, y que el siguiente año sea igual de bueno. Igual de bueno, dicen.

Chris y JJ son los primeros en colarse por la entrada principal, pero extrañamente todo está en silencio, no hay rastro de alguna otra persona, no hay la presencia de nadie más. Todo el lugar tiene un aroma de flores y bosque. Chris con su máscara de ave es el que imita el canto de un ruiseñor y el resto de los miembros de Konoha se movilizan. Caminan de puntitas escondiéndose en cada esquina porque no saben cómo actuar realmente, pues mientras la gente se emborracha y los guardias parecen poner toda su atención en cuidar a la gente, incluso ellos mismos se encuentran celebrando y los poquísimos centinelas no son rival para los shinobis de alto rango que Konoha posee.

—¿Has escuchado eso? —murmura uno de dichos centinelas a otro mientras que se detiene a la mitad de la pasarela principal que llevaba a la puerta del Palacio.

—¿Qué?

—Un ruiseñor.

—¿Y qué tiene?

—Los ruiseñores no son nocturnos, son diurnos.

—Quizás este se encuentre desorientado, pasa cuando las lluvias se aproximan —responde tratando de restarle importancia al asunto, el guardia está de malhumor porque él debe de trabajar y se pierde de la fiesta.

—No... es que eso también signi- —antes de que acabe de hablar su cuello es roto en dos movimientos limpios. Su compañero caer muerto con su garganta abierta. Ambos cuerpos son dejados ahí mismo y los ANBU siguen avanzando.

—Arriba —dice Sara notando como una enorme ave sale por una de las ventanas y todos los ANBUS se pegan a las paredes tratando de esconder su presencia.

—Invocó a Karakuro, es el rey cuervo... —murmura Chris.

—Entonces tengan el doble de cuidado —ordena la capitana mientras que saltaba hacia una de las ventanas que estaba abierta, pero una de esas sombras se detiene.

—Si invocó a Karakuro, es probable que sea porque Karakuro esté cuidando de algo, ¿no creen?

—Tiene razón —susurra Mikado que lleva su máscara de mandril.

Sara señala a dos ANBU y éstos desaparecen, seguirán al cuervo, el resto sigue su incursión en el interior de territorio enemigo. Si logran llegar hasta donde se encuentra el laboratorio que se menciona en el pergamino y el registro de Yuuri además de neutralizar a Chihoko-dono y Yuuri, entonces podrán contener a la gente del país hasta que se hagan las investigaciones correspondientes para saber qué rumbo tendrá el país.

El Hokage actuó de forma rápida y a la par que el ataque se está efectuando, un grupo de shinobis fueron enviados a los cinco países más fuertes y que pudieran ver aquel ataque como una invación donde se explica los motivos. Lo más probable es que se convoque a una junta extraordinaria con las cabezas de los países para que se intervenga de manera imparcial y se decida lo mejor para la integridad de los pobladores. En el pasado algo similar ocurrió con el país de las Bestias y ahora el país era solo una extensión del país de la Arena. Lo último que quería Yakov es que la identidad de una cultura desapareciera y al convocar a una reunión extraordinaria aseguraba que ningún país se iba a aprovechar del país en desgracia pues los otros no se lo iban a permitir. Era un arma de doble filo con la que Yakov, en su infinita experiencia, se atrevía a jugar.

Las sombras avanzaron varios salones, varios pasillos pero el castillo estaba desierto, como si nadie lo hubiera habitado jamás. No dejaban de estar a la defensiva porque bien podía ser una trampa pero la situación en sí los preocupaba, los inquietaba.

Chris se quita la máscara acalorado. El castillo lo han revisado en su totalidad.

—Debería de haber por lo menos unos cien shinobis —susurra.

—Debería pero no los hay —responde Leroy que observa hacia el final del corredor donde se acercan dos ANBU más.

—Pero tampoco hemos encontrado rastro de Yuuri-taichou o Chihoko-dono —masculla Mikado.

—Giacometti —murmura Sara y el rubio aludido se quita el guante derecho de su mano, muerde su pulgar para realizar un par de sellos con sus manos, deja caer la palma contra el suelo y la nube de humo que se forma silenciosa deja tras disiparse tres perros doberman de pelaje recortado oscuro, uno de ellos tiene una cicatriz que le atraviesa el ojo derecho, los tres perros llevan colgado en su cuello una banda de Konoha similar a la que usan los ninjas. Son perros adiestrados shinobi.

Alguien le pasa un pedazo de tela que los perros huelen.

—Busquen ese aroma —ordena el rubio y los perros desaparecen como borrones que se movilizan con violencia hacia su objetivo. El dueño de los perros se relame la herida en su dedo y vuelve a ponerse el guante junto con la máscara.

—¡Capitán! —grita alguien y las cinco personas ahí se giran para ver como otro de los ANBU le hace señas desde una puerta. Todos se mueven y dos se quedan haciendo guardia. Sara se acerca primero mientras que observa con ojos curiosos a la persona que está amarrada en el interior de aquel closet de madera. La castaña es la que rompe la mordaza que le cubre la boca a la víctima con la punta de una kunai pero la mujer atada apenas queda libre escupe la máscara de su liberador.

—¡Aléjense de mí! —berrea—. Se los advierto —el llanto le cubre las mejillas mientras que tiembla, toda ella está sucia, lastimada y presa de un extraño miedo que se le cuela en esos preciosos ojos grises con tintes azules que parecían volverse aún más transparentes por ese copioso llanto, por la ropa se delata como kunoichi y Sara la abofetea para que reaccione.

—No te queremos dañar, y no lo haremos si no hablas —dice firmemente la líder pero con calma—. ¿Dónde están tus compañeros?

La morena amarrada sigue temblando, mira a todas esas personas con máscara y muerde sus labios.

—Yuuri Katsuki... —azuza al tiempo que mueve los labios pero lo que pronuncia no lo pueden escuchar todos, Sara se acerca más y al oído cuenta sobre los minutos más terroríficos que jamás ha vivido en toda su vida. Sara se incorpora de golpe.

Sara señala a Leroy y éste entiende que debe de ayudar a la mujer mientras Sara señala a otra persona para que se quede con Leroy y la superviviente, el resto siguen a Sara, afuera se encuentran ya los perros de Giacometti que han encontrado el rastro.

—¿Qué te ha dicho? —exige saber Giacometti.

Pero cuando doblan por el pasillo hacia las escaleras los ANBU, siendo la rama más peligrosa de shinobis en Konoha, se quedan cimbrados en su sitio.

—Esto me ha dicho la chica —farfulla Sara viendo a Giacometti. El olor a sangre fresca y flores penetra sus narices y los marea, bajan con todo el cuidado posible para no pisar ningún cadáver pues escaleras abajo hay cuerpos masacrados, mutilados, no hay un orden especial, sólo partes cercenadas y pétalos regados por aquí y por allá. La persona que lo hizo sabía cómo asesinar a la mayor cantidad de personas posibles en el menor tiempo posible, pues eso ha sido reciente y ellos no escucharon un solo sonido que denotara batalla. Hay... ¿Unos treinta? ¿cuarenta cuerpos? Era imposible saberlo en la oscuridad que apenas se disipaba cada tanto por antorchas a la que el fuego les menguaba.

—Él está ahí dentro —dice uno de los perros a Giacometti.

—Bien hecho —susurra y los perros desaparecen en una nube nuevamente. La invocación termina y los ANBU se preparan. Sara señala a Mikado que afirma y se mueve con una mano en la katana de su espalda, otro ANBU se posiciona del otro lado de la puerta y abre ésta con un movimiento suave, el resto espera.

En el interior de la aquella sala al final de ese largo pasillo subterráneo, antesala de otra habitación, se encuentra Yuuri sentado, tomando té. Eso no es todo, remoja los pétalos de una UmiHana o flor del mar, en el té para luego comerla con tranquilidad. Sus dedos están manchados de sangre al igual que su cuello y parte del kimono que utiliza. A su lado la seda que usa como arma descansa perfectamente doblado y teñido de carmín.

—Si te las vas a comer... trágate también las espinas.

Yuuri abre los ojos y está rodeado por cuatro ANBU, enarca una ceja y semisonríe de medio lado.

El moreno reconoce de inmediato a los que están ahí delante suyo, o al menos a los que parecen más firmes en su postura. Si que han llegado rápido, piensa mirando que también hay algunos ANBU detrás de él. Sí son cuatro ANBU. Katsuki se intenta incorporar pero le tiran un par de agujas a las piernas obligándolo a caer de rodillas. Pone sus manos en el suelo y siente el filo de un arma en su cuello. Alza la mirada y la baja con tranquilidad.

—¿Dónde está Chihoko-dono?

Yuuri no dice nada. Está postrado mirando los dedos de los pies que sobresalen de las sandalias ninjas.

—¡Habla! —alza la voz el hombre.

Ese chico debe ser nuevo en las filas ANBU, alguien joven y lleno de vitalidad, seguramente conmocionado por ser la primera misión que realiza. A pesar de ser fuerza especial ANBU, Yuuri conoce ese timbre nervioso durante la primera misión, es inevitable no sentirlo, Katsuki también es joven, pero aún así hay demasiada guerra en su cuerpo como para sentir nervios, y la primera vez que enmascaró a su zorro de vistos azules, ese que le cubrió el rostro, se ve lejana en sus recuerdos.

Respira lentamente. La aspiración es notable, la exhalación aún más. Vuelve a respirar y cada vez que exhala es más ruidoso. El ANBU que le amenaza está dispuesto a degollar a ese hombre porque es obvio que él es el autor de la masacre de allá atrás y además es un traidor de Konoha. Siente rabia pero se percata de cómo el olor a flores y cítricos se vuelve más penetrante.

—Mierda. ¡Es la ventana del zorro del capitán Katsuki! —el ANBU que lo amenaza fue demasiado lento al querer decapitarlo pues Yuuri ya se ha movido, lo ha derribado y lo deja inconsciente. En tres movimientos precisos y rápidos.

Yuuri mueve sus manos y sopla entre sus dedos con más fuerza haciendo que una densa cortina de veneno al punto de ser visible caiga sobre todos. Los ANBU no dudan en tirarse a la pelea. Les cuesta trabajo para moverse, pero ¿qué clase de shinobis serían si no son capaces de lograr su cometido? Sara es la primera en atacar y Yuuri la repele con su seda mientras que con la misma empuja a Mikado contra la pared quien regresa enseguida a la carga. Trata de aplicar un genjutsu para adormecer a Yuuri pero Katsuki hace brotar enredaderas de sus manos que dejan a Mikado pegado contra la pared. El shinobi de la máscara de mandril maldice buscando activar el sello explosivo que lleva en el brazo que aunque termine por dañarlo podrá liberarse.

Sara otra vez ataca con katana y Giacometti lanza kunais, pero Yuuri se mueve con más facilidad como si ese aire viciado fuera normal para él. Los ANBU lidian y tratan de contenerlo pero parece casi imposible. Yuuri está demasiado tranquilo como para saber si está agotado y solo es cuestión de resistencia, o incluso si está herido porque seguramente debe de tener alguna herida, Yuuri sabe llevar una máscara aunque en apariencia no tenga ninguna puesta.

—¡Yuuri! —grita alguien desde la puerta. Yuuri se distraer dos segundos y nota a Chihoko, la llevan del cabello y la amenazan por el cuello con una kunai.

—Deténgase, capitán —pide Mike Crispino, el hermano gemelo de Sara Crispino que también pertenece a la rama ANBU pero en otro equipo, él es quien amenaza a la líder del país.

Yuuri frunce el ceño. El kunai se le encaja más en el cuello de la kunoichi y Yuuri no se mueve ni un solo centímetro.

—¡Ahora! —ordena Chris y Yuuri se gira buscando a la máscara de gato que corresponde a Leroy preparándose para contrarrestar el genjutsu que seguro le lanzara pero el impacto es fuerte, como un torbellino con él en el medio y la tormenta a su alrededor. Todo le da vueltas, todo gira y gime.

Viktor lo mira fijamente a los ojos y Yuuri le regresa la mirada. Sonríe con debilidad pero Viktor no le regresa la sonrisa, al contrario, lo ve con ojos llenos de tristeza y misericordia.

¿Por qué parece que estás a punto de llorar?

¿Por qué será estúpido? Has tardado un montón. Tuve que venir a buscarte.

Lo siento, me llevó más tiempo del que creía esta misión. De verdad lo siento.

Está bien, ahora quédate a mi lado, no me dejes.

Ni siquiera siente cuando Giacometti, Mikado y Sara atacan al mismo tiempo con sus katanas haciéndolo caer de espaldas y flores brincan ante el movimiento. Yuuri mira hacia el techo, y no es el techo del salón, es el cielo raso azul que recuerda de su infancia, cierra los ojos para volverlos abrir cuando siente movimiento a su lado.

—¿Katsuki? —gruñe Viktor mientras le pisa la frente y se ríe.

Es Viktor. Está ahí con él.

—¡Viktor-san! —se queja cubriéndose la frente donde ha quedado roja, se limpia la basura que la suela del zapato de Viktor le ha dejado en el rostro.

Viktor se deja caer a su lado y le ofrece una bolsa, en el interior, bollos de carne horneados que Lilia, la nueva esposa del padre de Viktor, ha hecho como merienda para los chicos.

—Sabía que te iba a encontrar aquí.

Yuuri abre la bolsa y sonríe viendo los bollos, toma uno y se lo ofrece a Viktor que lo coge sin agradecer, ambos empiezan a comer mientras observan hacia el campo con flores donde Yuuri se suele refugiar y pasar el rato.

—¿Te han vuelto a regañar, verdad? —pregunta Viktor sin mirar a Yuuri y éste en silencio asiente—. Estúpido. ¿Por qué fue esta vez?

—Me he quedado atrás en la prueba por ayudar a Seung-Gil que se hirió el pie y no podía caminar bien —murmura cabizbajo.

—Ya —tuerce los labios Nikiforov.

—Pero no puedo dejar atrás a un amigo, es un compañero y...

—Pero las misiones son primero sin importar qué, Katsuki-idiota —gruñe el albino—. Imagina que la aldea esté en peligro y sólo tú eres capaz de salvarla. ¿De verdad te detendrías por ayudar a un compañero?

—Un compañero o todo Konoha, ambos son mi familia, y no puedo dejar de lado a mi familia, Viktor-san —sonríe Yuuri—. Konoha es donde tú vives y si algo sucede con Konoha seguramente eres capaz de golpearme hasta la muerte.

A Viktor le debería complacer la respuesta pero sus labios se tuercen.

—Igual lo haré si te pasa algo, maldito Katsuki, te voy a moler a golpes hasta revivirte.

La risa de Yuuri hacen que Viktor se contagie y sonríe de la misma manera.

—Gracias por preocuparte por mí.

—No lo hago estúpido, pero si algo me sucede a mí, es tu jodida obligación hacerte cargo.

No es una respuesta que se espere Yuuri pero la recibe y su corazón late, se encoge en hombros y vuelve a comer el bollo, su mano busca la mano de Viktor y entrelazan sus dedos.

Que lejano que se ve ese momento ahora que navega en el mar de sus recuerdos. Es como si flotara y fuera capaz de ver cada una de sus memorias, esas que refuerzan su deseo por mantenerse y no romperse, esas memorias que se ha dedicado a visitar desde que llegó a Vegetales.

Es capaz de ver a Yakov frente a él. Ambos están en uno de los restaurantes de Konoha, se siente tímido.

—No lo creo, señor, pues incluso en estos sentimientos nobles, tengo sentimientos egoístas —claro, fue la última vez que Yakov compartió con Yuuri antes de partir a Vegetales, cuando Viktor estuvo en detención—. Este mundo que quiero ver en paz... es el mismo mundo en el que quiero... vivir con Viktor.

—Entiendo —susurra Yakov—. ¿Y tú comprendes que Viktor es quien heredará la casa Nikiforov?

—Sí, y también comprendo que si decido tomar ese camino probablemente yo sea el único poseedor de mi kekkei genkai, pero eso es algo que quiero hacer, es algo que es correcto. Es mi camino, señor.

Yuuri espera en silencio, Yakov lo observa fijamente y parece meditar.

—Como shinobi te respeto, Yuuri, como hombre te respeto, y como padre... te agradezco que aceptes a mi hijo... no apruebo la relación entre hombres pero vengo de una generación tradicionalista y supongo que llegó el momento de ponerse un poco flexible.

Seguido, ambos se internan al bar local donde brindan y Yakov le cuenta sobre su deseo de tener nietos pero la sincera felicidad que siente de que Yuuri y Viktor puedan ser felices, le confiesa sobre el amor que le tuvo a Hiroko y lo cobarde que fue para no seguirla. Lo mucho que bebió cuando se enteró que estaba casada y que parte de su deseo por entrenarlo fue para sacar todo ese potencial de él, ese potencial que Hiroko demostró en su juventud y seguro Yuuri poseía en sí. Tras avanzar los tragos la gente parece ya no verlos.

—Hay algo más que me gustaría pedir, Hokage-sama, es para mi viaje a Vegetales... y para la misión.

—¿Qué es, Yuuri?

—Quiero llevar a Mila —murmura Yuuri mirando fijamente a los ojos al Hokage.

—¿A Mila? ¿No será peligroso? —susurra.

—Si lo que dice mi madre en el encriptado que nos dejó, quiere decir que las bestias están siendo engendradas en el interior de los Vegetales, por ende entrar y salir será peligroso... si encontramos algo lo más probable es que no sea bueno —Yuuri cubre discretamente su boca con la copa de sake—, y si atacamos después de que yo logré sacar la información quedaremos mal frente al resto de los países...

—¿Y cómo pretendes hacer que Mila saque la información sin levantar sospecha?

Yuuri agita la mano.

—Planeaba enviar un cuervo con un pergamino en código o algo por el estilo, pero no nos podemos arriesgar a que la información no llegue o la intercepten —relame sus labios un momento—. Si la infiltración es correcta, idearé alguna manera para que Mila regrese a Konoha con esa información...

—De todas formas siguen peligroso, ellos sabrán que tú lo hiciste y si las bestias están saliendo de ahí tampoco podremos esperar mucho.

Yuuri niega.

—¿No fue usted el que le dijo a Viktor que en ocasiones hay que hacer sacrificios? —murmura Yuuri y Yakov entrecierra la mirada.

—¿Pretendes hacerte el mártir?

Yuuri suelta una carcajada para disimular a los ojos del resto la conversación tensa que están teniendo en medio de ese bullicioso bar, el lugar perfecto para hablar de un estado de emergencia.

—No precisamente, sólo lo suficiente como para que no se diga que Konoha envía espías a sus países aliados, si se descubre esta incursión en cubierto, se puede prestar para la ruptura de muchos tratados, Hokage —recarga su mano del mentón mientras pide otra botella. La chica llega sonriente para dejar una botella. Yuuri está a punto de servirla pero Yakov lo detiene, él se la sirve a Yuuri y el menor siente algo extraño en su pecho, mira a los ojos al anciano que le regresa la mirada.

—Viktor...

—Viktor va a comprender a su debido tiempo —señala Yuuri cabizbajo—. Además, sólo son sospechas —baja la mirada Yuuri—. Sólo iré a averiguar qué demonios está pasando, con suerte todo esto sólo es una confusión de mi madre antes de morir y Vegetales está limpio, si es el caso regresaría con Mila.

—Pero si realmente las bestias están naciendo de ahí... regresarías sólo como traidor, Yuuri, y ni siquiera yo podría salvarte.

—Es peligroso pero es mi deber, se lo juré cuando me convertí en jounin y después cuando me volví capitán de ANBU: protegería mi hogar, porque aquí es donde viven las personas que amo —juguetea con la copa—. Entrenaré a Mila de tal manera que pueda salir de Vegetales, y le ganaré todo el tiempo posible cuando sea el momento... aquí deben estar preparados para todo, sólo deberán esperar.

Ah, creo que todo fue un éxito. Piensa Yuuri mientras recobra lentamente la consciencia. Ni siquiera se molesta en intentar moverse o abrir los ojos, porque los tiene abiertos pero hay una oscuridad perpetua que le envuelve. Sus manos están amarradas y apenas se remueve un poco el crujido de grilletes le hacen saber que no debe moverse mucho. Sus dedos están fuertemente atados y su boca está amordazada.

Debe estar en el centro de detención e interrogatorio de ANBU, sólo ese lugar pondría formas tan estrictas sobre un criminal de su calibre. Se queda quieto, tanto como es posible, y tiene mucho tiempo para reflexionar, darse cuenta que el plan que ideó fue brillante. También mata el tiempo sumido en sus propios recuerdos e intenta crear futuros donde nada de eso ocurrió, donde Vegetales no hubiera resultado ser un nido de ratas y él volviera a Konoha con tranquilidad. Seguramente al volver se hubiera peleado hasta el cansancio con Viktor y después se hubiesen vuelto a pelear pero ahora en la cama por ver quién iba a ir arriba y quién abajo, porque a ellos les funciona la versatilidad y de cualquier manera estaba bien mientras estuvieran juntos. Esa realidad, que puede ver con claridad es lo que más duele, pero no se permite llorar. Solo traga saliva.

Cada cierto tiempo alguien entra, no es capaz de saber quién es, pero le dan apenas algo de comer, una ración mínima para mantenerlo con vida y el resto lo tiran contra su rostro, Yuuri relame lo que alcanza antes de volver a ser amordazado. Escucha las risas que se alejan y otra vez vuelve a quedar solo. Cuando cree que está a punto de llegar a la locura es cuando aspira fuerte, puede sentir un aroma particular. Guisantes de aroma. Sonríe, amaría poder ver esas preciosas y peculiares flores. Le sacan la mordaza de la boca, él da una larga bocanada y las mejillas le duelen por el amarre pero suspira.

—Es peligroso que dejen a un usuario de las flores cerca de flores.

—Son pequeños lujos que se puede dar el Hokage, K-kun, exponerse al letal peligro —responde una voz ronca y vieja.

—¿Seré ejecutado pronto?

—Hoy por la noche nos reuniremos para deliberar, K-kun.

—Hmp...

El silencio se vuelve a formar y Yuuri sigue apreciando el aroma, bien podría aspirar lo suficiente y producir un efecto veneno, morir pronto y sin aparente dolor, pero se priva de ello y prefiere afrontar la responsabilidad de sus actos, siente a la muerte sentada a su hombro y aunque duele ese destino lejos del futuro que imaginó un día viviendo con Vitya, sabe que todo el sacrificio ha sido por un bien mayor a su propia existencia. La vida del shinobi era miserable.

—K-kun.

—¿Sí, Hokage-sama?

—El hijo de Chihoko-dono.

—¿Ocurrió algo malo con él?

—No, nació antes de lo que indicaste en el reporte que escribiste —le comenta con voz suave—, Chihoko-dono ha sido ejecutada por alta traición y amenaza a la integridad pública de su propio Pueblo.

—Ya veo...

Puede sentir al Hokage sentado a su lado, pero no hace el mínimo intento por tocarlo o sentir ese calor para reconfortarse, llorar y preguntarle si lo ha hecho bien, si realmente vale la pena todo eso, y su corazón se estruja. ¿Qué pensará Viktor de todo eso?

—De hecho.

Yuuri alza la cabeza siguiendo la voz. Yakov observa al hombre que amarrado está sentado a su lado, lleva un antifaz en su rostro y las manos atadas a su espalda con pesadas cadenas que le inmovilizan por completo, todo eso es recubierto por una camisa de fuerza que está apretada y seguramente le estruja los huesos.

—Viktor ha decidido acogerlos.

—¿Acogerlos?

—El pequeño Ren y el pequeño Umi son dos criaturas hiperactivas y maravillosas.

Yuuri se remueve y por primera vez en lo que lleva como prisionero hace ruido alertando a la guardia ANBU que le vigila. Hokage mueve la mano para que se calmen y bajen la guardia.

—Ren y Umi han nacido con perfecta salud, ambos tienen sus ojos grises y delatan un gran poder, en el futuro serán hombres fuertes...—susurra—. Me llaman la atención que ambos se parecen mucho a Viktor cuando era un bebé, aunque la escaza pelusa con la que nacieron en la cabeza es negra... Lilia dice que es como si Viktor y Yuuri hubiesen tenido un hijo —bromea Hokage y Yuuri siente un nudo en su garganta.

—Ellos... ¿están bien? —la voz se le corta a Yuuri.

—Lo están —inquiere Yakov—. Lo están, no tienes idea... los dos en conjunto son igual de tercos que Vitya, insisto, es como si algo de Vitya hubiera en ellos a pesar de que Vitya nunca estuvo cerca de la daimyo antes de la gestación de esos niños... la naturaleza es curiosa, ¿no, Katsuki-kun?

El prisionero sin moverse sonríe. Y el antifaz recoge las lagrimas que derrama silenciosamente, el labio le tiembra y Yakov suspira un poco.

—¿Viktor los va a cuidar? —pregunta en un hilo de voz, su tono está triste y un poco roto pero un deje de alegría suena al mencionar el nombre de la persona que ama.

El Hokage afirma con un silbido.

—Ese terco hijo mío ha decidido protegerlos, hasta les ha brindado un apellido: Nikiforov, mis suegros están furiosos como debes imaginarte pero... si es lo que Viktor quiere, no hay deshonra ni pecado en un bebé, mucho menos en dos sin importar como fuera su concepción. Serán los hijos de Viktor...

—Me alegra —masculla y su voz de pronto se siente más aliviada—. Hokage-sama.

—Dime, K-kun.

—Gracias.

—No, Yuuri. Te lo debemos a ti, tus padres deben estar orgullosos.

—¿De verdad, lo cree?

—Los hijos de Yuuri Katsuki deben estar orgullosos del sacrificio que hizo su padre y el modo en que nos ayudó, Konoha no sabe lo que hiciste por ella... pero quienes si lo sabemos, nos sentimos honrados de poder estar ante tu presencia, Yuuri.

El moreno baja el rostro sin decir nada más. El hokage sabe que es momento de irse, con sus manos detrás de su espalda avanza con tranquilidad. No se despide de Yuuri pero éste se entera que se fue porque no siente ningún chakra.

—Umi, Ren —murmura para sí, y decirlo en voz alta le llena lentamente el pecho, le brinda calor y breves segundos de felicidad—. Umi Nikiforov, Ren Nikiforov... esfuércense —azuza antes de que pasos se acerquen a volver a amordazar su boca.

Las horas pasan y Yuuri puede imaginar perfectamente a Viktor dando tumbos por toda la habitación, quizás Ren llora, o quizás Umi lo haga, o quizás ambos desesperen a su padre, a ese que los ha decidido acoger. A ese que con desesperación seguramente mira hacia el mismo cielo que él no puede ver. Su legado al mundo era la paz, algo trascendental. Jamás buscó la gloria ni mucho menos la atención, con lo que tiene en sus manos es feliz aunque eso sea nada.

Ha logrado que la vida de mucha gente inocente se salve, ha logrado una auténtica independencia y en el camino logró brindarle a la persona que amaba motivos para seguir vivo, volverse mejor persona y recibir amor aunque no hubiese sido parte de su plan original, pero el destino obraba de formas curiosas, aceptarlo y aprender a vivir con él era la parte interesante.

Ahora Chihoko estaba muerta y él, probablemente se la encontraría en el infierno. Ahí arreglarían cuentas y pagaría aquello que tendría que pagar.

Porque claro, él iría al infierno, pues para un ninja no existía el cielo.

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Fin primera parte.

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St. Yukiona.

Quien los ama de corazón, pulmón y páncreas.

(Por cierto, ¿Ya me siguen en mis redes sociales? Facebook donde comparto cositas de anime: /tiayukiona y mi Insta donde les platico de mis viajes: Styukionna, espero me sigan y poder compartir más tiempo juntos. ¡Saludos y besotes, Mazapanes!).