Harry Potter y la historia que debió ser

Lessa Dragonlady

Parte II

"LUNA TRAICIONADA"

Cortinilla. Pieza musical 8". Fade out.

"Se abre el quinto programa de Potterwatch. Nuestra invitada de hoy es madame Rosmerta, quien insistió en utilizar su nombre real en el programa. Todos recordamos su belleza y sus fabulosas cervezas de mantequilla, pero quizá lo que diga hoy será más importante que su legado en Hogsmeade. Antes de darle la palabra quiero hacer una breve descripción de su apariencia. Madame Rosmerta ha perdido su salud y ganado un interminable temblor en las manos, ahora tiene que beber una pócima especial para evitar que su corazón se envenene, producto de un maleficio de los seguidores de Ya-saben-quién, por lo que sus labios adquirieron una tonalidad verdosa que probablemente jamás se irá. A pesar de ello, nuestra querida madame tiene la espalda firme y la mirada llena de valentía. Es reconfortante verla tan decidida en una época como la nuestra. Cuando contactó al equipo de Potterwatch para narrar los últimos acontecimientos de su vida, fue impensable no permitirle el micrófono. Lo que ella tiene que decir es un eco de cientos de historias más que hay en el mundo mágico desde la resurrección de Ya-saben-quién y la toma de poder del ministro Malfoy. Agradecemos su valor al presentarse sin seudónimo y le damos la palabra. Por favor, madame Rosmerta.

"Gracias, River. No soy tan elocuente como tú, espero no aburrir al público. Estoy un poco nerviosa en la cabina, la verdad.

"Sólo cuente lo mismo que me dijo ayer, madame. No necesita engrandecer lo ocurrido para causar un efecto en nuestros radioescuchas. Su historia tiene la mayor de las afecciones: verdad.

Silencio de tres segundos.

Suspiro.

"De acuerdo. Creo... No. Iba a decir que todo inició hace tres días, pero lo cierto es que inició hace dos meses, justo cuando Malfoy tomó la silla ministerial. Entre sus primeras reformas administrativas salió un aviso para todos los dueños de negocios en Diagon y Hogsmeade. Se nos advirtió que habría una visita en la siguiente semana para constatar que no hubieran irregularidades en la mercancía y en los costos. Eso es común cuando el gabinete cambia de partido o de jefe, así que no quisimos alertarnos sin razón. Pusimos todo en orden y esperamos la visita...

Pronto descubrimos que los nuevos agentes del Ministerio buscaban cualquier pretexto para cerrar nuestras tiendas. Los más desafortunados cayeron en la primera revisión. Yo logré zafarme por poco. Se clausuraron más de la mitad de los negocios y los pusieron en lista de espera para tener una cita en el Ministerio y resolver el asunto...

Florean no quiso dejar su heladería cerrada por quién sabe cuánto tiempo. Hizo una reunión de emergencia con el resto de locatarios para encontrar una solución entre todos, pero jamás llegó... Desde entonces no lo hemos vuelto a ver... Florean ha sido mi amigo desde que yo era una chiquilla corriendo por las Tres Escobas. Pertenecimos a Hufflepuff. Bebimos nuestro primer whiskey de fuego juntos. Florean... era un hombre grandioso...

Cuando no apareció supe que mi querido amigo había caído. Igual que otros que de pronto escuchamos en las noticias o vemos en el periódico. El horror se vuelve realidad cuando llega a tu casa...

Fue bastante obvio el mensaje, así que los dueños de negocios decidimos aguantar por nuestra cuenta. Un gran, gran error. Debimos permanecer unidos... El siguiente en des-desaparecer fue Ohard, el apotecario de Hogsmeade. Lo único que hizo fue poner un volante en su vitrina con la imagen de un relámpago. Tardamos semanas en comprender la relación. ¡Un relámpago! Pobre Ohard es... era... aficionado a las tormentas eléctricas, por Merlín que jamás pensó en Harry Potter cuando puso esa preciosa imagen en su local. Su desaparición forzada causó terror y furia en el resto de nosotros, así que decidimos... Oh, lo lamento. No quiero llorar. Perdón.

"Respire profundo, madame. Aquí está a salvo.

Sollozos.

"Así que decidimos colocar un relámpago en las tiendas que todavía estaban abiertas. Esta vez fue completamente a propósito, incluso creamos un hechizo para pintarlo en donde quisiéramos, sin posibilidad de ser retirado. El relámpago se compone de dos sietes, uno volteado sobre el otro. Y vaya que lo pusimos. Cada puerta, cada vitrina. De la noche a la mañana los dos grandes mercados se llenaron de el símbolo.

Sollozo.

"¿Qué sucedió después, madame?

"Acabaron con nosotros... ¡Nos aniquilaron! ¡Aparecieron sin aviso! ¡Eran decenas de carroñeros, cargados hasta el sombrero de pócimas-bomba y polvos explosivos! ¡Pusieron escudos anti desaparición! Oh... oh, el fuego. Lo que vi ese día. Por Merlín. Vi la piel de mis amigos derretirse. Como si los cuerpos fueran velas echadas a la hoguera. Olí sus órganos quemados. Y... y... los gritos... no he dejado de pensar en los gritos... ¡Su piel se derretía! ¡Seguían vivos mientras eran consumidos!

Llanto.

"¿Quiere que nos detengamos, madame?

Más llanto. Sigue hablando con la voz rota, sin aire.

"No. No puedo... parar... Se lo debo a mis amigos.

"Tome un poco de agua. Ordene sus ideas.

Un vaso contra madera. Suspiros entrecortados.

"Fue Aberforth. Él avisó a los Dragones Dormidos sobre el ataque. Cuando llegaron ya era demasiado tarde para la mayoría. No los culpo. Los carroñeros fueron brutales y rápidos. Los pocos que seguíamos con vida en ese momento, al ver aparecer a Harry Potter y acabar con los carroñeros en segundos, supimos que aún había esperanzas. Nos levantamos a buscar sobrevivientes. Pero el fuego maldito no nos dejó acercarnos a los edificios. La nieve en el suelo se derritió y habían charcos sucios y sangrientos por doquier. Yo apenas podía respirar por la maldición en mi pecho que me apretaba el corazón. Creí que moriría.

"No pasó, madame, sigue con nosotros. Recordemos que este triste y brutal ataque del gobierno sucedió el veintisiete de octubre del presente año, a las nueve de la mañana en el callejón Diagon y en Hogsmeade.

"Fue un milagro.

"¿A qué se refiere?

La voz femenina proyecta una clase de energía que viaja por cada radio del mundo mágico. Sus palabras se convierten en susurros cautelosos.

"El calor era insoportable. La luz del fuego no permitía que nos organizáramos para apagarlo o continuar con los rescates... Oh, Merlín. Entonces... Entonces Harry Potter usó sus manos. Sí, sus manos. Las extendió hacia el fuego. No se quemó. Cuando jaló aire, las llamas incrementaron. Cuando lo sacó, las llamas disminuyeron. Fue como si el fuego y el señor Potter se volvieran uno mismo. Sin utilizar su varita, consiguió que las llamas desaparecieran. Jamás en mi vida he visto muestra mágica tan extraordinaria. Nos ayudó a sacar los cuerpos de los escombros. Sabía con pasmosa exactitud dónde escarbar. Gracias a eso pudimos salvar a algunos más... Hay magia antigua ahí, River. Magia que no hemos visto en siglos. El señor Potter será grande. Nos salvará.

Silencio.

"Jamás olvidaremos el veintisiete de octubre de mil novecientos noventa y seis. Treinta y ocho magos y brujas perdieron su vida, cuarenta y dos resultaron heridos, algunos tendrán secuelas de por vida, como madame Rosmerta. Gracias por asistir al programa. Y gracias a los radioescuchas por permanecer con nosotros. Resistan, camaradas, resistan. La siguiente transmisión será el jueves a las dieciséis horas. Saben qué hacer. Buena suerte.

Ruido blanco.

Harry apagó la radio. En su escritorio, los resúmenes de sus cuentas en Gringotts no eran prometedores. La mayoría de su fortuna estaba por extinguirse, entre la compra masiva de alimentos e ingredientes para pócimas en el mundo muggle, y el mantenimiento de los refugios. Su siguiente plan era invertir en protección para los DD, pero esos materiales y su manufactura eran de lo más costoso en artes mágicas, tal vez no alcanzaría para todos. Lo peor: los duendes ya no querían iniciar negocios con los magos hasta que se detuviera su "ridículo altercado por la sangre", como dejaron en claro en su última carta. Por ahora tenían cerrada cualquier oportunidad para generar galeones. A Harry le consolaba saber que tampoco Lucius o Tom podían hacer algo al respecto. Se preguntó cómo se sentía el cabecilla de los Malfoy al saber que su fortuna caía al olvido sin retorno. La política y la guerra eran muy costosas.

Ron entró al cuarto con un tazón de cereal y la revista del Quisquilloso flotando. Con su única mano utilizaba, de manera torpe, la cuchara. En su camisa había manchas de leche.

—No sé qué hubiera hecho de no haber aprendido magia sin varita antes —dijo entre mordidas—. Logré mantener algunas cosas a flote y pensé que jamás me serviría de algo. Quería hacer explosiones o transfiguraciones, algo más espectacular. Quién diría que ahora agradezco que haya sido precisamente esto lo que aprendí hacer.

Harry movió su mano y de la camisa de su amigo desaparecieron las manchas.

El pelirrojo lo miró frustrado —De acuerdo, eso también sería útil.

—Vas mejorando. Antes no podías agarrar los cubiertos como un humano.

—Luna me puso a hacer planas. Ya te imaginarás cómo me siento después de escribir cien veces: "los ghughumenkis son criaturas en peligro de extinción, debemos ayudarlos".

—¿Qué son los-olvídalo. Por lo menos eso te dio cierto control en la mano izquierda. ¿Cómo vas con el dolor en el muñón?

—Soportable. Pomfrey me mandó mejores ungüentos que pudo hacer con los ingredientes que Kingsley y tú consiguieron.

Harry sonrió —Hubieras visto su cara cuando lo llevé con un apotecario muggle. No entendía cómo, sin magia, podían tener tantas plantas y especias frescas en esta época del año.

Ron se sentó en la cornisa de la ventana. El plato flotante giró sobre su eje, acelerando la leche.

—Odio cuando pasa eso. No puedo evitarlo.

—Tranquilo, has mejorado mucho.

—Hubiera deseado ir con ustedes a defender Diagon y Hogsmeade. Me sentí un inútil esperándolos con Crookshanks en la casa.

—Sigue practicando y podrás regresar a las misiones. No cambiaré de opinión.

—Bien, líder —gruñó intentando meter la cuchara en el tazón giratorio.

Harry atrapó la revista que también comenzaba a dar vueltas —¿Leíste el articulo sobre los Mercenarios Exóticos?

—Sí, pero no estoy seguro si Xenophilius exageró al poner que quieren dominar el mundo.

—Necesitan toda la mala reputación que podamos darles. Me gustó esta parte: "Los Mercenarios no buscan el reconocimiento, son seres adictos al estudio y las artes mágicas. No tienen filtros. Creen que el fin justifica cualquier medio. Si pasan desapercibidos tienen más oportunidades de abducir elementos que necesitan para continuar creciendo. Por elementos nos referimos a otros magos y brujas, extraordinariamente talentosos, únicos en su tipo."

—Hermione.

Harry asintió —La primera alquimista en siglos.

—Prefiero pensar que la capturaron para usarla de alquimista que para algo... peor.

—No podemos descartar nada. Lo principal es dar con esta organización y rescatar a Hermione. Pronto.

Ron señaló con su cuchara otra parte del artículo —Xeno cree que a esos "elementos" los convierten en emisarios, guardianes, asesinos. Lo que le convenga mejor a los Mercenarios. A mí me suena a esclavitud.

Harry apretó los dientes —Pienso lo mismo.

Luna entró de imprevisto a la recámara, su sonrisa y energía de regreso desde que Harry y Kingsley arreglaron sus diferencias —¡Muchachos!

El tazón de cereal cayó al piso.

—Demonios...

Luna miró apenada a Ron —Lo lamento. Yo lo limpio. Harry ve a la sala, Tonks y Bill están esperándote.

—¿Otra misión? —masculló Ron.

Harry respondió —Sí. No hagas esto más difícil, por favor. Yo también te necesito allá afuera, conmigo, así que mejor sigue practicando con tu izquierda, ¿de acuerdo?

—...de acuerdo.

El pelirrojo vio marchar a su mejor amigo. Un miedo muy profundo lo carcomía desde el secuestro de Hermione. Sólo él quedaba para proteger a Harry, para dar su vida por él. Si algo le llegaba a ocurrir también...

—No está solo —susurró Luna, sonriente—. Todos lo protegemos, no es tu responsabilidad.

Ron sintió el rostro caliente —¿Cómo supiste?

—Te conozco. Eres dulce, preocupón, bondadoso...

—Y egoísta, berrinchudo, gruñón...

Luna soltó una dulce carcajada. Sus manos blancas desacomodaron el cabello rojo de su acompañante.

—Sí, pero cada vez te esfuerzas en serlo menos. Te estás volviendo un gran hombre.

—Tienes mucha fe en mí.

—Cierto. Será mejor que estés a la altura, entonces.

Ron desvió la mirada —No estoy a la altura de nada. Ni siquiera estoy completo. Soy un adefesio. No pierdas tu tiempo conmigo.

—Esa es mi decisión. La tuya es si lo vas a permitir por las buenas o por las malas. Piénsalo.

Luna se giró para irse y Ron estiró su mano derecha para detenerla. Siempre su derecha. Su mano principal, con la que hacía todo. Por supuesto, fue una sensación fantasma. Nada alcanzó a agarrar a Luna. Simplemente el vacío en su hombro dolió más que nunca.

Al quedarse solo, Ron se sentó en el piso. Contempló durante horas el tazón reparado que Luna dejó. No había rastro de que alguna vez estuvo quebrado.

Si fuera tan fácil volver a estar completo...

Harry se detuvo al ver el símbolo quemado en la puerta de roble. Sin querer frenó a la pequeña comitiva detrás de él: doce DD con las varitas preparadas. El silencio era estremecedor, el ambiente lúgubre por la cantidad absurda de calabazas iluminadas. La noche grotesca, infernal.

—Hay algo raro aquí —susurró Seamus.

—Halloween es una de mis épocas favoritas del año —dijo Cho— o lo era hasta hoy...

Harry les hizo un gesto para que guardaran silencio. Subió la varita y liberó un Lumos en forma de globo. La pequeña luna brillante eliminó las sombras. La mitad avanzó con Harry hacia el interior de la casa, el resto se mantuvo afuera para hacer guardia.

—Huele horrible —chistó Susan, poniendo la manga de su túnica en la nariz.

La casona estaba revuelta, con comida en distintos estados de putrefacción repartida por doquier. Manchas de hollín en las paredes. Libros polvorientos en las esquinas.

¡Homenum revelio!

El haz plateado recorrió la pequeña mansión. Sin resultados.

—Vacía —dijo Neville confundido—. ¿Llegamos tarde? ¿La secuestraron?

Un ruido en la planta superior alertó a todos.

Harry hizo otro gesto. De nuevo se dividieron.

Al doblar por las escaleras, en el pasillo de las habitaciones, encontraron a la vieja bruja que pidió auxilio a los DD. Sus ojos negros, un par de canicas sin brillo, se mantuvieron en Harry.

Ven conmigo. A solas.

—¿Qué dijo? —preguntó Padma.

Tengo información de la niña Granger. Ven conmigo, Potter.

Harry tragó seco. El cabello en su nuca se erizó.

A su lado, Bill torció el rostro —Bathilda nunca fue tan desarreglada...

Diles que se vayan o no te diré nada, Potter.

—Quiere hablar conmigo sobre Hermione.

Padma y Bill lo miraron incrédulos.

—¿Entendiste lo que dijo?

Harry alzó las cejas —¿Ustedes no?

¡Última advertencia, Potter!

—No, ¡última advertencia para ti, impostora! —gritó Harry apuntándola con la varita.

Bathilda literalmente reventó. La piel y ropa que usaba como disfraz se impactó hecha trizas en las paredes. Padma vomitó. Bill tuvo que sacarla del rango de ataque de la gigantesca boa constrictor que se lanzó hacia ellos con los colmillos abiertos.

¡Bombarda!

La serpiente salió despedida hacia la planta baja. Los DD reaccionaron enseguida, atacándola sin piedad.

—¡Nada detiene a esta cosa! —chilló Hannah.

Harry brincó desde el hueco que dejó Nagini, reconociendo la situación.

—¡Es un Horcrux!

La serpiente se agitaba furiosa en medio del círculo que hicieron los DD. En cada oportunidad lanzaba una mordida. Entre todos apenas podían mantenerla controlada.

¡Crucio!

El maleficio de Harry sacó un sollozo de Nagini. La serpiente, como si un humano fuera, lloró desesperada por el dolor. La voz femenina congeló a la mayoría.

Bill comenzó a crear una jaula irrompible, utilizando sus conocimientos como rompedor de maldiciones. Cuando por fin la terminó y Harry pudo encerrar a Nagini, habían pasado larguísimos veinte minutos.

Harry cayó exhausto al suelo. Mantener un Crucio durante tanto tiempo habría sido imposible para cualquier otro. Perdió la conciencia.

—¿Qué haremos con el Horcrux?

—Supongo que llevarlo a Potter Cave. No me parece juicioso llevarlo a Hogwarts.

Neville sonrió por las palabras de Bill —Claro, como si nunca hubiéramos tenido Horcrux ahí. ¿Recuerdas el diario?

Bill frunció el ceño —Claro que lo recuerdo. Ginny estuvo a punto de morir... Merlín...

Fred reconoció el gesto en su hermano mayor —¿Qué se te ocurrió?

—¿Y si hay más Horcrux escondidos dentro del castillo?

—La idea tiene mérito —pensó Neville—. Regresaré con los DD a Hogwarts y organizaré una búsqueda exhaustiva. Maestros, alumnos, elfos y fantasmas ayudarán. No quiero imaginar que algo como eso —señaló a Nagini— duerma con nosotros en el colegio.

—Parece dormida —dijo Cho, mirándola con miedo—. Supongo que Harry la cansó lo suficiente.

—Vámonos de aquí antes de que Ya-saben-quién aparezca.

Neville cerró la puerta de Bathilda, prometiendo organizarle un funeral digno. La pobre bruja no se merecía ese final. Miró entristecido el símbolo quemado en la puerta de roble: un relámpago.

Otra persona que por demostrar su alianza con Harry Potter, moría de la peor manera.

Luna recibió a Bill en la azotea de Potter Cave, tras la misión. El pelirrojo traía cargando a Harry, desmayado, y una jaula flotante con una horrible serpiente noqueada.

Cuando terminó de enterarse de lo ocurrido en casa de la señora Bathilda, comenzó a teorizar sobre Nagini.

—Se supone que al ser un Horcrux no puede morir de forma natural. Ni por fuego común, ni veneno cualquiera. Esta criatura podría mantenerse durante siglos dentro de un volcán, en eterna agonía... Quizá sería lo más prudente.

Bill la miró sorprendido —¿Planeas llevarla al volcán más cercano?

—No. Hay que ser más prácticos.

Con su varita encantó la jaula para que se sumergiera en la alberca. Nagini despertó en cuanto dejó de recibir oxígeno. Su largo cuerpo convulsionó bajo el agua, tensándose por la asfixia.

Luna apartó la mirada, triste —Sé que no es un ser vivo, no realmente. Estoy en contra de la tortura, pero temo que mantenerla con toda su energía y siempre atenta en Potter Cave pueda tener consecuencias para los DD. No hay alternativa hasta que sepamos cómo destruirla.

—Tu intelecto sólo es superado por tu bondad, Luna —Bill colocó su mano en el pequeño hombro de la rubia.

Ron llegó en ese momento y no le gustó la escena. ¿Por qué su hermano mayor siempre tenía la atención?

—¿Qué sucedió? —preguntó al ver a Harry inconsciente en uno de los camastros.

Luna se movió suavemente lejos de Bill.

—Bathilda Bagshot fue asesinada y reemplazada por Nagini. Harry tuvo que usar mucha magia para contenerla mientras yo creaba una jaula especial para atraparla. Está descansando.

—Entonces ya no tienes algo que hacer aquí, ¿no? Vete con tu esposa.

Bill se sorprendió por la mala actitud de su hermanito. Desde el secuestro de Hermione había madurado lo suficiente para dejar de tener esos desplantes. Iba a replicarle para que vigilara su tono, pero se frenó al ver las manchas de sangre en las vendas el muñón. No era momento de juzgar a su hermano.

—Tienes razón, Fleur me debe estar esperando.

Luna se despidió sin ánimo, atrapada entre el mal humor de Ron y el cargo de conciencia por mantener a Nagini ahogándose.

—Iré a ver a papá. Cuida a Harry, ¿sí?

—Claro que lo voy a cuidar —replicó Ron, ofendido.

Luna respiró profundo y desapareció.

Neville puso al corriente de la situación al resto de los DD que no acudieron a la misión. Les pidió organizarse en equipos para cubrir el castillo y localizar el probable Horcrux escondido. Estaba exhausto cuando terminó la junta, lo único que deseaba era dormir y recordar lo suficiente para el examen de Herbología que tenía en cinco horas más. Por supuesto, no pudo irse a la cama.

Se dio cuenta de la discusión cuando ya estaba a punto de escalar a uso de varitas. Padma y Susan se mantenían detrás una furiosa Hannah, que no paraba de insultar a Cho. Detrás de la oriental estaban Lavender y Parvati.

Pelea de brujas. Merlín lo ayude.

—¿Qué está pasando? ¿Cuál es el problema? —chistó, poniéndose entre ambas.

Cho se sonrojó. Hannah pareció a punto de llorar antes de volver a enojarse más.

—¡Tú eres el problema!

De acuerdo, eso no lo vio venir.

Cho saltó a su defensa —No es verdad. Es tu culpa, Hannah, debiste ser clara desde el principio. ¡Yo no lo sabía!

—¿No lo sabías? Oh, claro, Chang siempre es la víctima, ¿cierto? La pobre que recibe puras injusticias y por eso deben ser más cuidadosos y atentos con ella. ¡No eres especial, Chang!

A Neville le alertó el uso de apellido. Una pelea entre los DD podría ser caótica.

Cho no se dejó amedrentar —¡No quiero ser una víctima! Odio que me traten así desde la muerte de Cedric. ¿Debo pedir disculpas por haberme deprimido tras eso? ¿Debo arrepentirme por llorarle al chico que amé?

"Incómodo" pensó Neville, retrocediendo.

—No me vengas con ese cuento. Nadie te creyó. Usaste esa excusa para atraer la atención de tu siguiente héroe. Harry no cayó en tu trampa, gracias a Hermione. Y como él tampoco te funcionó, vas con Neville. ¡Tú sabías que Neville estaba prohibido!

—¿Prohibido? —bufó Cho— Déjame aclararte un par de cosas. A mí me gustaba Harry desde antes de salir formalmente con Cedric. Y yo decidí no seguir saliendo con él porque aún no superaba la muerte de Cedric. ¡Hermione no tuvo que ver ahí!

—¡Claro que sí! ¡Se lo contaste a Marietta y ella a todos! Morías de celos por Hermione.

Cho apretó los puños —¡Marietta hace mucho que no es mi amiga! Es una mentirosa, embustera...

—¡Y te pareció fácil meterte con Neville! ¡Tú lo sabías, Cho! ¡Eras mi amiga!

Esta vez Cho no se defendió.

Neville se acercó, tentativo —Estoy seguro que podemos resolver esto...

Hannah lo miró decepcionada —No hay algo que merezca la pena solucionar aquí. Adiós.

Susan y Padma se marcharon tras ella. Cho tuvo que detener a Parvati para que no siguiera la pelea con su gemela.

—¿De qué va todo esto? —preguntó Neville.

Cho bajó los hombros —Eres imposible. Hablamos después.

Las brujas lo dejaron sin explicaciones. Neville estaba por partir, refunfuñando, cuando vio a la profesora McGonagall parada en la puerta.

—¿Siempre estuvo ahí?

—Sí.

—¿Y no hizo nada para detener la pelea?

—Así es.

—¿Por qué?

La vieja Gryffindor lo miró divertida —Al principio creí que podías resolver cualquier discusión entre los DD. Tengo fe de que serás un gran profesor, algún día.

—¿Yo? ¿Profesor?

—Luego fue más entretenido ver que no tenías idea de qué pasaba, a pesar de lo obvio.

—Oh, profesora, por favor ilumíneme. No puedo más con esto, estoy casi dormido.

—Bueno, en pocas palabras, las señoritas Chang y Abbott estaban discutiendo por su corazón, señor Longbottom.

—¿Mi cora–¿Hannah?

—Buenas noches. Recuerde que tiene examen mañana.

—Pero..

—A dormir, Longbottom.

—Pero...

—Ahora.

—¡Sí, profesora!

Las ciruelas dirigibles estaban aplastadas contra el pasto. No había una que siguiera flotando sobre el árbol. En la puerta del pequeño hogar de piedra: el relámpago símbolo de la resistencia estaba cruzado por dos cuarzos multicolores, como cuando tachas algo de tu lista de pendientes. El aire olía a té quemado.

—Papá...

Luna no se movió del espacio donde apareció. La noche estaba en su cenit. Una horrible certeza la llenó al mismo tiempo que le quitó el aire. Se sintió como Nagini en el fondo de la alberca.

Contó hasta veinte. Garganta hinchada y ojos vacíos.

Adentro estaba el cuerpo de su padre.

Lo sabía.

Llegó muy tarde.

Recordó el día que volvió de jugar en esos mismos pastizales. El atardecer cálido con aroma a polen y sol. Su madre terminando de preparar la pócima que estaba por arrebatar su vida. Y Luna corriendo hacia ella, rodillas raspadas, inocencia inmaculada. El instante que todo salió mal. Chispazos. Agujas de magia perforando el cuerpo de su madre. El grito de dolor "No te acerques, mi Luna, ¡noteacerques!"

La pérdida.

—Papá...

Esta vez no será así.

De pronto su cuerpo reaccionó. Corrió desesperada, empujando la puerta para entrar. La cocineta ya no existía. Ruinas de los muros cubrían lo que fue la estufa y la pileta de los trastes. Platos quebrados alfombraban rocas y tierra del derrumbe. Los cristales de la ventana seguían suspendidos por la carga mágica. En el piso estaba Xenophilius, estático. Parado frente a él, de espaldas a Luna, la última persona que pensó ver ahí.

—No pueden haber testigos —susurró monótona, girándose con agraciada delicadeza. Ojos dorados, repugnantemente fríos, atravesando a Luna—. Tienes que morir.

Lo último que vio Luna fue un brazalete dorado y los relámpagos violetas de una mutación alquímica. Sangre estalló de su boca por el dolor de la traición y la muerte.