Hola mis bellas y bellos lectores, gracias por entrar aquí. Hoy les traigo el capítulo 19 de este long fic. Sé que hay muchos lectores esperando esta actualización, así que no los voy a entretener esta vez. Espero que les guste el capítulo :D

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Como siempre agradezco a todas las personas que leen mis historias y me dejan algún review, a las que marcan mis historias o a mí como favorita y/o siguiendo, y a las que simplemente me leen. Para todos ustedes, muchas gracias, me inspiran de cierto modo a continuar.

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Este capítulo lo dedico a las personas que me dejaron un review en mi último One-Shot: Roronoa Saki y ANABELITA N. Gracias chicas por comentar, les mando a las dos un gran beso y un fuerte abrazo.

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Disclaimer: Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto. La historia es mía y la publico sin ánimos de lucro.

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Lo que siempre nos unirá

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Capítulo 19.- Un encuentro esperado (parte 6)

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A paso lento la pareja constituida por Shikamaru y Tayuya, llegó donde se encontraba el matrimonio mayor Nara, quienes se encontraban con los padres de Ino y otros miembros de la familia Yamanaka. La pelirroja se acercó a los familiares del festejado y los saludó uno a uno con cortesía, mientras tanto, el pelinegro se sentó al lado de su madre para «hacer la hora».

La morena apenas vio que su hijo puse el trasero en la silla, decidió que era el momento de interrogarlo.

—¿Qué te habías hecho, Shikamaru? —inquirió captando la atención de éste—. De repente te desapareciste y no te vimos más.

La curiosidad de su progenitora le causó bastante gracia al moreno. Sabía que su madre quería sonsacarle información sobre el encuentro que tuvo Dai con Tayuya, pero él prefería no contarle nada al respecto.

—Mamá, ¿segura que no sabes el motivo por el cual me desaparecí? —contrapreguntó éste, con cierta ironía—. Es extraño que tú no lo sepas, ya que siempre sueles saberlo todo.

La pelinegra frunció los labios.

—Últimamente estás igual de sarcástico que tu padre —acotó ésta, con molestia, haciendo que su marido de inmediato girara su rostro hacia ella.

—Mujer, a mí no me metas entremedio de tus indagaciones—le reclamó éste, haciendo que la mujer sólo frunciera el ceño. Ni siquiera volteó a verlo. El menor simuló su risa—. Por qué mejor no eres directa y le preguntas a Shikamaru lo que en realidad quieres saber.

—¡Ya cállate, Shikaku! —lo regañó, la morena, en voz baja, para no llamar la atención de quienes estaban a su alrededor. Odiaba que su marido se metiera en sus conversaciones y más encima la dejase en evidencia.

—¿Qué me decías mamá? —inquirió, Shikamaru, simulando interés.

La pelinegra al verse descubierta, no disimuló más su curiosidad.

—¿Ya se conocieron? —le preguntó a su hijo con expectación.

El pelinegro se tomó su tiempo para responder.

—Sí —contestó escuetamente, cuestión que desesperó a la mayor. No le quedó otra que seguir indagando.

—¿Y Tayuya que impresión tuvo de mi nieto? —inquirió, Yoshino, con curiosidad. Si su hijo estaba actuando de forma tan reservada, podía apostar que había sucedido algo entre ese par. A ella no la podía engañar.

—¿Por qué mejor no se lo preguntas a ella? —le contestó, Shikamaru, eludiendo otra vez el tema—. Ahora viene hacia acá. Aprovecha y conversar con ella.

La pelinegra al enterarse de que la pelirroja venía a saludarla, se paró de inmediato de su asiento y giró sobre su eje para recibirla. Tenía que disimular que estaba hablando de ésta.

Trató de esbozar una sonrisa.

—Shikaku-san, ¿cómo está? —vio a la pelirroja saludar a su marido.

—Hola muchacha, estoy bien ¿y tú?

La morena no entendía como su esposo podía ser tan amable con la colorina. Si la mujer era un plomo cuando quería.

—Estoy muy bien, gracias —le respondió ésta última, de forma amena y luego giró hacia donde estaba su «adorada suegra».

—Yoshino-san, ¿cómo está? —saludó, la colorina, con exagerada cortesía. No le caía mal su suegra, pero encontraba que era demasiado entrometida.

—Hola Tayuya, estoy bien ¿y tú? —espetó, la pelinegra, en su tono habitual. Suficiente era con esa afabilidad, ya que en realidad la esposa de su hijo era bastante bipolar.

—Estoy bien, gracias —le contestó ésta, con una sonrisa.

Yoshino al verla de tan buen humor, decidió que era momento de lanzar la siguiente pregunta.

—Me comentó Shikamaru que ya conociste a mi nieto —acotó ésta, con interés—, ¿qué te pareció?

Aquella pregunta sorprendió a la pelirroja. Nunca esperó que su suegra sacara ese tema a la palestra y que fuera así de directa. Meditó sus palabras antes de contestar.

—Es un niño muy lindo —respondió ésta, con una semi sonrisa. Quiso irse a la segura con su suegra y así evitarse cualquier problema.

La morena que la observaba con detención, supuso que esa respuesta sólo la había dado para quedar bien con ella. Conocía bien a nuera, era una mujer antipática, con tintes de cínica, por lo menos cuando hablaba con ella.

—¿Sólo eso? —inquirió ésta, frunciendo levemente el entrecejo. Necesitaba que ésta le dijera algo de ese primer encuentro.

El semblante de la colorina de inmediato cambió. Odiaba cuando su suegra se ponía en plan de indagación.

—No puedo darle una opinión más extensa respecto al niño, Yoshino-san —señaló secamente, Tayuya, con el fin de terminar con la preguntadera de la morena—, ya que no conversé de forma extendida con él. Lo único que podría agregar, es que me pareció algo tímido, debido a que nunca quiso bajarse de los brazos de mi marido.

La pelinegra observó el cambio de humor de su nuera. Era demasiado obvio que ésta última quería dar por finalizado el tema, sin embargo esta vez, Yoshino no la iba a complacer. No seguiría reprimiéndose por quedar bien con ésta.

—¡Bah!, ¡qué extraño!, con nosotros Dai no se comportó así —espetó, la morena, de forma cínica. Evidentemente no daría crédito a las palabras de la pelirroja, aunque ésta última tuviese la razón. Aunque se imaginó el por qué su nieto no tuvo feeling con su nuera. «Porque no tuvieron feeling», de eso podía estar segura, sino la misma Tayuya, se hubiese encargado de contarle lo agradable que fue aquel primer encuentro—. Debe ser que el niño no sintió mucha empatía de tu parte.

Tayuya frunció la boca. Ese había sido un ataque directo hacia su persona.

—Traté de ser lo más amena que pude —se defendió molesta, la pelirroja, en un tono algo arrebatado. Estaba consciente que le había respondido mal a su suegra, pero ésta de cierto modo se lo había buscado.

La morena sonrió falsamente.

—Bueno, si tú lo dices —acotó, con cierta ironía.

Shikamaru que hasta ahora había sido sólo un simple espectador, se puso de pie. Tenía que intervenir antes que su madre y su esposa literalmente se «agarraran de las mechas». Nunca más en la vida volvería a sugerir algún tipo de conversación entre éstas.

—Mamá, Tayuya y Dai recién se conocieron —señaló éste, de forma conciliadora, ubicándose detrás de su esposa y atrayendo la mirada de su progenitora—. Y en realidad no hablaron mucho, ya que lo que sucedió aquí sólo fue una mera presentación. Más adelante tendrán la oportunidad de tratarse y conocerse mejor. Tú sabes que, por lo general, las primeras impresiones suelen ser erradas.

La intervención de Shikamaru, no hizo otra cosa más que confirmar la sospecha de Yoshino: No hubo compatibilidad entre Tayuya y su nieto.

—Puede que tengas razón, Shikamaru —espetó, la morena, satisfecha de haber logrado su objetivo—, pero a veces no cuesta nada ser un poco empático con los niños. Sólo se requiere voluntad.

El pelinegro, sin dejar de observar a su madre, tomó por el antebrazo a su esposa. Tenía que evitar de alguna manera que ésta se exaltara, ya que el último comentario de su progenitora, lo había pronunciado con la intención de fastidiar a la pelirroja.

Y Shikamaru lo logró. Tayuya no replicó nada contra la pelinegra.

Era preferible guardar silencio que seguir echándole leña a la hoguera. De alguna manera había que finalizar esa charla poco amena.

—Yoshino —acotó el patriarca de los Nara, interrumpiendo el cruce de miradas entre su esposa y su hijo—, ¿por qué no aprovechamos este rato para ir donde está el niño? Seguramente en un momento más se irá, y aún no sabemos qué día de la próxima semana Shikamaru lo llevará a casa. ¿Qué me dices?

La mayor esbozó una semi sonrisa.

—Es una muy buena idea, Shikaku —respondió, la pelinegra, tomando el brazo que le ofrecía su marido—. Aprovechemos el tiempo nos que queda para disfrutar junto al niño.

—Nos vemos —susurró de reojo, el mayor, antes de retirarse junto a la morena.

Shikamaru siguió a sus padres con la mirada, y cuando los vio relativamente lejos, éste suspiró. No alcanzó a soltar todo el aire, cuando la pelirroja giró bruscamente y lo encaró.

—¿Qué le dio a tu madre por atacarme? —inquirió ésta, con cierta molestia y el ceño fruncido.

—No lo sé, mujer —respondió con franqueza, el pelinegro —. Aquello fue demasiado problemático.

Aquella actitud tan relajada de su marido, fastidió a la colorina, sin embargo, recordó que ponerse a discutir con éste no la conduciría a nada. Él siempre se mostraba sereno ante cualquiera circunstancia.

Hizo el esfuerzo por desacelerar sus revoluciones tomando una bocanada de aire. Cerró los ojos por un momento y luego los abrió. Suavizó su semblante, volviendo a fijar su mirada en los ojos rasgados del moreno.

—Nunca antes me había atacado así —señaló ésta, con seriedad—. Fue como si tu madre hubiese perdido el juicio, con el hecho de saberse abuela.

—No exageres, mujer —espetó, Shikamaru, en su tono cansino—. Me imagino que su actuar se debió a que quiere controlar todo lo que le puede afectar al niño.

La pelirroja frunció el ceño enseguida.

—¿Qué acaso cree que yo le voy hacer algo? —inquirió ofendida.

—No mujer, pero está consciente que a ti no te gustan los niños —respondió, el pelinegro, con seguridad—. Simplemente no quiere que Dai lo pase mal.

La franqueza de éste, complicó a la pelirroja. Shikamaru tenía razón, pero ésta debía demostrarle que pondría lo mejor de su parte para mejorar la relación.

—Puede que, en general, no me gusten los niños —acotó, Tayuya, con serenidad—, pero no estamos hablando de un grupo de niños, sino de uno, de tu hijo. Sé que no tuvimos el mejor comienzo por culpa de mis celos, pero sé que me voy acostumbrar. Sólo necesito un poco de tiempo.

El moreno asintió.

—Más adelante, podemos concretar algo en conjunto para que lo conozcas mejor.

—Gracias, Shika, te lo agradecería un montón —sonrió, la pelirroja, complacida.

—No es nada, mujer —acotó, Shikamaru, con su típica parsimonia—. Aprovecho además de pedirte disculpa por el mal que rato que te hizo pasar mi madre.

—No te preocupes, amor —espetó, la mujer, falsamente—. Trataré de olvidar ese pequeño impasse.

Obviamente no lo olvidaría así de fácil. Más adelante vería la forma de cobrarle ese mal rato a su suegrita.

—Gracias —susurró sincero, el pelinegro—. Ya que estamos aquí, aprovechemos de servirnos algo. No he comido nada desde hace horas.

La pelirroja esbozó una sonrisa.

—Está bien, Shika, vamos.

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Yoshino y Shikaku llegaron en silencio a la mesa donde se encontraba su nieto y Temari. Tomaron asiento al lado de la rubia. El niño apenas vio a sus abuelos, bajó de las piernas de su madre y se acercó a éstos.

La mayor al ver al pequeño acercarse, le estiró sus brazos y luego lo estrechó. A continuación lo sentó sobre sus piernas.

—Mi niño, ¿cómo lo has pasado en este cumpleaños? —inquirió ésta, cariñosamente—, ¿te has divertido mucho?

El pequeño asintió con una sonrisa.

—Nojin y los niños son divetidos.

—Me alegro que lo estés pasando bien —espetó, la morena, acariciándole la carita—. ¿Vas a ir a jugar con ellos otra vez?

Dai negó con la cabeza.

—Ya cansé.

La pelinegra esbozó una semi sonrisa.

—Eres igual que tu papá y tu abuelo.

—¿Un vago? —inquirió, el pequeñín, con interés.

La mujer lo miró con emoción.

—Sí, mi amor, eres el vago más hermoso —le respondió ésta, sonriente.

El niño le sonrió de vuelta. La morena de inmediato lo abrazó.

—Veo que ya estás cansado —interrumpió, Temari, en un tono dulce—. Llamaré a Itachi para que nos venga a buscar.

—Hija, no es necesario que lo llames —señaló, Yoshino, apresuradamente—. Shikaku te puede llevar a tu casa, ¿cierto Shikaku?

El mayor que observaba la escena, asintió.

—Sí, no hay problema, Temari.

—Gracias por el ofrecimiento, Yoshino-san, Shikaku-san —espetó, la rubia, en un tono amable—, pero ya acordamos con Itachi que me viniera a buscar. Voy a llamarlo antes que se duerma Dai.

—Está bien, Temari, no te preocupes —acotó, el patriarca de los Nara, cansinamente.

La ojiverde al ver que el mayor había aceptado su excusa, desvió la mirada hacia su cartera.

—Temari —espetó, Yoshino, haciendo que ésta alzara la mirada—, antes que te vayas, me gustaría hacerte una invitación.

—¿Una invitación? —inquirió, la rubia, con curiosidad.

—Sí, me gustaría que tú y Dai pudiesen ir de visita a nuestra casa —señaló, la morena, con interés—. Yo sé que quizás sea una invitación algo precipitada, pero siento una necesidad enorme de conocer más cosas sobre mi nieto, como por ejemplo: cuáles son sus comidas preferidas, cómo fueron sus primeros logros, las mañas que tienes, algunas anécdotas. Tú me entiendes, ¿no?

La mujer mayor miró con expectación a la ojiverde.

—Sí, Yoshino-san, entiendo que quiera conocer más de su nieto —acotó ésta última, en un tono comprensivo—. Le prometo que la próxima semana iremos a visitarla. El lunes la llamo para confirmarle el día.

La morena sonrió.

—Muchas gracias, hija —espetó ésta, con una inmensa alegría.

La rubia por inercia le sonrió.

Todavía se mantenía el cruce de miradas entre éstas, cuando Ino las interrumpió.

—Temari, yo también quisiera que nos juntáramos con los niños más adelante —espetó, la platinada, con cierta ansiedad—. No necesariamente aquí, podría ser en un centro comercial o en el parque. Como te dije la primera vez que nos vimos, me gustaría que nuestros hijos sean los mejores amigos, así como somos Shikamaru y yo.

La ojiverde esbozó una semi sonrisa.

—No hay problema, Ino, más adelante nos podemos poner de acuerdo para juntarnos —acotó ésta, con franqueza, haciendo que la ojiceleste sonriera—. Me imagino que en más de una ocasión nos toparemos en el jardín de niños.

—Es lo más seguro, pero con mayor seguridad será en el horario de salida, ya que en la mañana solemos llegar tarde.

—Está bien —acotó, Temari, con una amplia sonrisa, para luego desviar su mirada hacia su hijo. Éste comía unas galletas que Yoshino le había acercado. Se veía bastante cansado.

La rubia se apresuró en sacar el celular de su cartera y marcó el número de su marido. Éste tenía que venir a recogerlos pronto, sino el niño terminaría por quedarse dormido.

Apenas entró la llamada, éste le contestó.

I: Hola Tem, ¿cómo lo han pasado?

T: Hola Itachi, la hemos pasado bastante bien. Te llamaba para…

I: ¿Para que los fuera a buscar?

La interrumpió el pelilargo algo complicado.

T: Sí. Dai, ya está cansado, de un momento a otro se me va a dormir.

I: Tengo un problema, Tem. No estoy en casa y ando sin el automóvil.

Aquella respuesta la sorprendió.

T: ¿Dónde estás?

Por inercia, la rubia se puso de pie y giró sobre su eje en ciento ochenta grados. Pudo divisar que a unos cuantos metros venía de vuelta Tayuya y Shikamaru.

I: En las afueras de la ciudad. ¿Recuerdas el juego que iba a ver por televisión?

La ojiverde dejó de observar a la pareja que se acercaba y se concentró en lo que el azabache le preguntaba.

T: Sí… lo recuerdo.

I: Fui a ver el juego en vivo, junto a Deidara. Él tenía unas entradas, así que me pasó a buscar. El problema es que, de regreso a la ciudad, al carro de Deidara se le pinchó una rueda y el muy idiota no sabe cómo cambiarla.

Pudo escuchar claramente que alguien protestó a lo lejos.

D: Tú tampoco sabes cambiarla, «cerebrito», sino ya hubiésemos resuelto el problema. Pásame el teléfono para excusarte.

Aquel comentario hizo que la ojiverde esbozara una sonrisa.

D: Hola mujer del desierto, ¿cómo estás?

T: Hola Deidara, estoy bien ¿y tú?

D: Estaba bien hasta que se me pinchó la maldita rueda. La verdad, Temari, es que yo si sé cambiar ruedas, pero éste vehículo es nuevo y al parecer me pilló la tecnología, ya que por más que he intentado, no puedo sacar la rueda de repuesto. Disculpa por haberme llevado a tu marido sin tu permiso, pero no podía perder las entradas que hace como un mes atrás había adquirido.

Temari escuchó toda la explicación del rubio con una amplia sonrisa.

T: ¿Y ya llamaste al mecánico?

Preguntó con interés, la rubia, girando nuevamente sobre su eje con el objetivo de volver a sentarse, sin embargo, no lo concretó. La mirada de Shikamaru de cierto modo la paralizó. Éste cargaba al niño entre sus brazos y la observaba con demasiada expectación.

¿Acaso él estaba poniendo oído a su conversación? ¿Desde cuándo había adquirido esa mala costumbre, si antes cuando estaban juntos no lo hacía?

Obviamente no obtendría respuestas, así que prefirió quitarle la mirada y seguir prestando oído a lo que le decía el ojiceleste.

D: Sí, pero me dijo que se iba a demorar poco más de una hora en venir auxiliarme, ya que anda en una celebración, no sé dónde. Hablamos hace como quince minutos atrás.

T: Gracias por darme toda la información, Deidara. Ahora, ¿me podrías dar con Itachi?

D: Por supuesto, Temari, te lo paso enseguida. Nos vemos.

La rubia esperó unos segundos.

I: ¿Dime, Tem?

T: Itachi, creo que lo mejor será que pida un taxi.

I: Es lo mejor, Tem, porque no sé cuánto tiempo más estaré aquí.

T: Entonces, nos vemos más tarde en la casa.

I: Nos vemos allá. Te mando un beso, linda.

T: Otro para ti.

La ojiverde cortó la llamada y de inmediato miró a su hijo. Éste se encontraba medio somnoliento y tenía su cabeza puesta en el hombro de Shikamaru.

—Dai, llamaré un taxi para irnos a casa.

El niño con parsimonia giró la cabeza buscando el rostro de su madre.

—¿Papá Itachi, no vene? —inquirió éste, con la vocecita algo cansina.

—No hijo, no puede venir a buscarnos —respondió, la rubia, con dulzura —. Tuvo un pequeño percance.

—Temari, si quieres yo los puedo ir a dejar —Interrumpió, el pelinegro, con interés.

La ojiverde desvió su mirada hacia los ojos del moreno.

—No es necesario, Shikamaru —acotó ésta, con seguridad—, puedo arreglármelas sola.

Aquella respuesta lo hizo esbozar una semi sonrisa.

—Mujer, yo sé que eres una persona autosuficiente, pero creo que necesario que los vaya a dejar —espetó con certeza, el pelinegro, mirando sus ojos fijos—. Mira a Dai —el de coleta desvió su mirada hacia su pequeño— Está cansado. Lo más seguro es que se te duerma a mitad camino —devolvió su mirada hacia ella—, por lo que tendrás que entrar con el niño en brazos desde el portón de la casa, ya que el taxi te dejará en ese lugar.

La rubia se quedó unos segundos pensativa.

Shikamaru esperó su respuesta con expectación.

—Tienes razón —acotó ésta, esbozando al final una sonrisa—, pero en ese caso prefiero aceptar el ofrecimiento de Shikaku-san. No quiero acarrearte problemas.

El pelinegro sabía muy bien a lo que ella se refería.

—Yo quero ir con papito —interrumpió, el pequeñín, haciendo que Shikamaru desviara su vista hacia éste.

El mayor reacomodó al niño entre sus brazos para poder verle la carita.

—¿Prefieres que yo vaya a dejarte en vez de tu abuelo Shikaku? —inquirió éste, sabiendo que la elección de Dai ya estaba decidida.

—Sí —el pequeño asintió con una dulce sonrisa.

El moreno le sonrió.

—Está bien, hijo —susurró con cariño.

Shikamaru volvió a fijar sus orbes en los ojos verdes de Temari.

—Bueno, ya tengo el cincuenta por ciento a favor —señaló éste, con una sonrisa ladeada, para luego colocar el semblante serio—. Mujer, no habrá problema. Enseguida, hablaré con ella.

Por otro lado, la colorina que había ido al baño, vio de lejos que su marido estaba conversando con la ojiverde. Obviamente aquella interacción no le gustó. Estaba consciente que quizás sólo estaban tratando algo correspondiente al niño, sin embargo, los celos le nublaron la razón.

Apresuró el paso con el fin de interferir lo que fuese que esos dos estuviesen conversando. Tenía que dejarle en claro a la rubia que ella era la esposa de Nara Shikamaru.

—Shika —alzó la voz, la pelirroja, cuando estaba a muy pocos pasos del moreno. El nombrado de inmediato giró su rostro hacia ésta—. ¿Nos vamos?

Sus ojos castaños lo miraron expectantes.

—No Tayuya, hay cambio de planes —respondió, el pelinegro, consciente de que hace un momento atrás le había dicho a ésta que se irían pronto. El semblante de la colorina de inmediato cambió—. Voy a llevar a Dai y a Temari a su casa.

La mujer frunció la boca. Evidentemente ese cambió la disgustó.

—Entonces voy con ustedes —afirmó ésta, secamente. No iba permitir que su marido se fuese con «esa» y la dejase a ella botada en plena fiesta—. Me imagino que los irás a dejar y ya.

Shikamaru guardó silencio y luego volteó hacia Temari. No iba permitir que su hijo estuviese presente en una escena de celos de la pelirroja.

—Tenlo un momento, por favor —susurró pasándole el niño. La ojiverde de inmediato lo tomó. En el intercambio, éste volvió a hablarle quedito—. Aprovechen despedirse de todos, nos vamos dentro de unos minutos.

La rubia asintió y enseguida se acercó a los abuelos del niño.

El pelinegro volvió a enfocar su mirada en la pelirroja.

—No Tayuya —respondió éste, con convicción, manteniendo como siempre el tono de su voz—, voy aprovechar el viaje para conversar con Temari respecto a las visitas y al cambio de apellido del niño.

La mujer no pudo disimular su enfado.

—¿Y tienes que tratar esos temas justo el día de hoy? —inquirió ésta, con cierta molestia. Le dio prácticamente lo mismo moderar el tono de su voz.

Algunas personas voltearon a observarlos.

—Sí, Tayuya, prefiero hablar estos temas el día de hoy que es sábado, que mañana domingo —afirmó con seguridad, el moreno—. No quiero dejar que transcurra ni un día más.

La pelirroja no lo podía creer, todo indicaba que esta vez no iba lograr hacerlo cambiar de parecer. Impotente, frunció la boca

—Supongo que después de ir y ponerte de acuerdo sobre esos asuntos, ¿me vendrás a buscar, cierto? —inquirió ésta, con cierta soberbia.

—No sé cuánto me voy a demorar, mujer —acotó, el pelinegro, con franqueza.

La colorina de inmediato frunció el entrecejo.

—¿Entonces quieres que me vaya en un taxi? —preguntó ésta, con un deje de indignación y rabia.

Shikamaru suspiró.

—No estoy diciendo eso, mujer —espetó éste, en un susurro.

—Disculpa que me entrometa, Shikamaru —alzó la voz, Naruto, el cual estaba sentado a un costado de donde se había armado el conflicto—, pero yo puedo llevar a Tayuya a su casa. Bueno… eso siempre y cuando ella quiera. No sería ninguna molestia, dettebayo, ya que vivimos relativamente cerca.

—Yo tampoco tengo problema en llevarla, hijo —acotó, Shikaku, de forma amable, ganándose de inmediato un codazo de su esposa, sin embargo, éste la ignoró. Era su deber como padre darle una mano a Shikamaru. Desvió su mirada cansina a la pelirroja—. Tú me dices cuando quieres irte, Tayuya, y nos vamos.

La colorina respiró hondo con fin de volver a su centro. No podía continuar con aquella disputa, ya que otras personas se estaban entrometiendo.

—No se preocupe, Shikaku-san —acotó ésta, tratando de verse lo más serena que pudo—, puedo irme con Naruto y Hinata. Gracias de todas maneras.

El mayor asintió y luego volteó su rostro hacia su esposa.

Tayuya enseguida dirigió su mirada hacia el rubio.

—Naruto, me voy a ir con ustedes —espetó ésta, en un tono afable—. Avísame cuando se vayan, por favor.

El ojiazul la miró sorprendido. Esa mujer era un verdadero camaleón, tal como decía Ino.

—No te preocupes, Tayuya, yo te aviso —acotó éste, con amabilidad, quitándole con prontitud la vista. Temía ver otro cambio de humor de la colorina, ya que quizás la próxima vez no lo contaría.

Luego de haber hablado con la gente que se entrometió en el cruce de palabras que tuvo con su marido, la pelirroja volvió a enfocar la mirada en el rostro apático de éste último.

—Ya puedes irte tranquilo, Shikamaru —espetó ésta, con cierta ironía—, tengo quien me lleve a casa.

—Estás haciendo una tormenta en un vaso de agua, mujer —acotó, el pelinegro, en un susurro. La pelirroja hizo como que no lo escuchaba —. Yo ya te había dicho que los temas referentes al niño los iba a tratar en privado. Bueno, yo ya me voy —se acercó éste y le dio un beso en la mejilla—, en casa si quieres seguimos conversando sobre este tema.

Shikamaru dio media vuelta y comenzó avanzar, dejando a la pelirroja bastante indignada.

No vas a arruinar mi matrimonio, Sabaku no Temari, te juro que no lo vas a lograr.

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CONTINUARÁ…

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Gracias por leer, espero que les haya gustado el capítulo.

Cualquier cosa que quieran decirme, pueden hacerlo a través de un review, me encanta leerlos y responderlos. Recuerden que los reviews siempre motivan al escritor. Yo los amo con el corazón :D

Este fin semana responderé los review pendientes, disculpen la demora.

Disculpen también las posibles faltas de ortografías, apenas tenga tiempo las corregiré (ayyy Kami... dame tiempo por favor).

Nos vemos en mi próxima actualización.

Besos y abrazos para todos.