Renuncia de derechos: Todo lo que reconozcan es de otras personas (Horikoshi–sensei, Rowling y uno que otro más). El resto del desvarío es mío, así que me reservo su uso como me dé la gana.
Advertencia: esto es un crossover; por lo tanto, las diferencias con el canon de las obras base van a ser muchas (algunas sonarán absurdas, otras no tanto, pero ahí estarán), así que no se aceptarán comentarios malintencionados al respecto.
Dedicatoria: a TanitbenNajash, creadora de la Tabla de Invierno en la cual participa el presente fanfic. Y también a "Volver a Hogwarts", porque sin sus actividades de 2019 (en específico, una con "Quidditch a través de los Tiempos"), la historia origen de esto (aún sin publicar) no habría nacido.
Diecisiete – Crimen.
Febrero.
A Karen, a veces, le desagradaba tener razón.
Como una Kishuu, se enorgullecía de ser favorecida con dinero, gran intelecto, excelente educación y algunas cosas más. Todo eso lo había sabido emplear, según algunos, para no dar peor fama a su apellido de la que ya tenía. Sin embargo, eso no quitaba el hecho de que, a donde fuera, rara vez faltaba una mueca al escuchar su apellido… o algo peor.
Por eso, no estaba contenta con haber acertado aquella reacción, aunque era atípica.
—¡Bienvenida, Kishuu–san! Prácticamente estamos todos.
—¡Karen–san! ¡Kotori–san! Me alegra que pudieran venir, ¿saben? ¡Ah, tienen que decirme cómo consiguieron ese arresto en Shibuya!
—¡Nada de trabajo por hoy, Sasume! De eso hemos tenido bastante, ¿no crees?
Arqueando una ceja, Karen intercambió miradas con su hermana, quien se encogió de hombros y acomodó mejor en sus brazos a un Masaki que, por tanto alboroto, se estaba despertando.
—Vamos, a la mesa todo el mundo. No hagamos esperar a Mito.
Todo el mundo obedeció, con lo cual las dos Kishuu intercambiaron saludos con el resto de los presentes en aquella sencilla casa de los suburbios.
Karen fue recordando muchas cosas conforme avanzaba, algunas buenas y otras no tanto. Además, no quería ser quien trajera a colación nada negativo, no ese día.
—Te vi la semana pasada en las noticias, Karen–san —comentó un hombre delgado y de pelo negro, con un amago de sonrisa adornando su rostro—, y creo que empiezo a entender eso de "la Heroína de las Bengalas".
—¡Oh, por Amaterasu, qué vergonzoso! —Karen sonrió con nerviosismo.
—Es un buen nombre de heroína, ¿sabes? —aseguró Sasume, sonriendo ampliamente mientras entretenía a Masaki, sentado en su regazo—, y tiene mucho sentido, con la manifestación visible de tu singularidad y todo…
—Nada de trabajo aquí —recordó una mujer de largo cabello castaño y con los mismos ojos marrón claro de Sasume y Masaki—. Mito–san, puedes sentarte ahora, ¿no crees? Yo traeré el resto.
Una mujer de corto cabello negro asintió y se sentó, a la izquierda de la cabecera, la cual era ocupada por el hombre de pelo negro que mencionara lo de las noticias de Karen.
A continuación, la mujer de ojos marrón claro sacó una varita mágica, la agitó por encima de su cabeza y por la puerta abierta de la cocina, comenzaron a desfilar varias bandejas flotantes.
Si bien era cierto que estaba acostumbrada a ver magia en la mesa, a Karen le fascinaba la comida que se servía en esa casa. No era muy sofisticada ni con una presentación elegante, pero se notaba el esmero y el cariño con la cual se preparaba. Kotori, según sabía, había aprendido a preparar varias recetas en esa casa y se sentía orgullosa por ello.
Tal vez, cuando pudo, ella también debió atreverse a aprender allí.
Pasaron un buen rato degustando la comida, charlando de lo que habían hecho en fechas recientes. En cierto momento, cuando la gran mayoría estaba disfrutando de un té, Karen se disculpó y se dirigió al salón, esperando que nadie le hubiera ganado en lo que pensaba, pero debió sonreír con nostalgia cuando encontró a su hermana allí.
—Pensé que no tardarías —comentó Kotori, dándole la espalda.
—Era hora —aseguró Karen.
A continuación, ambas encendieron varitas de incienso y las colocaron cuidadosamente en el altar, donde la fotografía de Seitaro Kishimoto parecía mirarlas con suma atención.
—Feliz cumpleaños, Seitaro–san —musitó Kotori, antes de unir las manos y cerrar los ojos, con seguridad dedicando una oración mentalmente.
—Feliz cumpleaños, Sei–kun —murmiró Karen, inclinando la cabeza al ofrecer su propia oración.
Un día, pensó Karen con fría seguridad, haría pagar a Fuuma por el crimen que había cometido contra los Kishimoto y su propia familia. Un día, sin duda.
Por lo pronto, honraría la memoria de alguien a quien había amado tanto.
—&—
Bienvenidos al día 17, espero que les guste.
Este día pensaba mostrar otro flashback, pero al final no pude encajarlo como quería, por lo que mostré algo que quizá sea un relleno, pero necesario para Karen: el visitar la casa del que fuera su novio, Seitaro Kishimoto, en una comida en honor a su cumpleaños. Si digo que tal vez se considere relleno, es porque no está precisamente en la línea de la historia principal, pero por lo menos, muestra cómo se lleva Karen con la familia del difunto Seitaro.
Cuídense mucho y nos leemos en la siguiente palabra: Duende.
