Diferencias
Sumario: Harry piensa en las diferencias existentes entre su relación actual y la anterior.
Género: Hurt/comfort, romance.
Claves: AU no mágico, Drarry. Referencias a relación abusiva en el pasado.
Extensión: 17 partes.
Disclaimer: Todo lo que reconozcan, no me pertenece. Yo sólo juego con estos chicos.
Extra: Madrugada
2004
—...en verdad no sé qué haces conmigo.
Draco no se inmutó frente a la inevitable conclusión que llevaba días rondando su cabeza y soltó sin la más mínima sutileza. Revisó su reloj, le dio un sorbo más a la taza de café, frunció la nariz.
—¿Justo ahora? —Volvió a fijarse en él—. Me bebo esa cosa a la que alguien se le ocurrió decirle café, cuando está hecha de aguas negras —Harry sonrió, contra su voluntad. Aunque Draco no lo hizo también, notó la chispa en sus ojos, por saberse responsable de su reacción—, y me pregunto si habrá un sitio decente al que te pueda llevar a las —Otra pausa, un vistazo más al reloj de su muñeca— cuatro de la mañana. Bueno, todavía no son las cuatro, pero lo serán para cuando haya terminado la cosa —Y cabeceó en dirección a su taza.
Harry recargó los codos en la orilla de la mesa y ocultó su sonrisa contra el borde de su propia taza. Le llevó un instante reaccionar. Modales, modales, modales; la voz que lo reprendía en su cabeza tenía un tono más familiar de lo que le habría gustado admitir. Se apartó tan rápido que estuvo a punto de tirar el café, maniobró en el aire para mantener equilibrada la taza, y permaneció con la cabeza gacha, avergonzado. Esperando.
Draco, en cambio, le preguntó si se había quemado. Cuando negó, aun así insistió en que le mostrase las manos, y se las limpió con una de las servilletas, cuidadoso, lento.
—No sé qué haces conmigo —Repitió Harry, en voz baja. Él lo observó de reojo—, hablando en serio.
—¿A qué te refieres? —No alteró su tono suave. Lo soltó en cuanto Harry flexionó los brazos y sostuvo su taza de nuevo.
Inhaló profundo, buscó valor. No era fácil. Ya no.
Una parte de sí, temía que reaccionase mal, no porque Draco le hubiese dado señales de que lo haría, sólo porque temía. La otra le decía a ese lado irracional que Draco no era así.
—Me gustas mucho —Musitó. Lo vio asentir, alentándolo a continuar—. Pero hemos salido- ¿qué? ¿Seis meses?
—Más o menos —Admitió él, con otro asentimiento. Harry tragó en seco, intentando bajar el nudo en su garganta.
—Y ni siquiera te he dejado besarme —Demostró su punto, negando—. Eres- has sido muy lindo, Draco, en serio. Pero es que- no sé qué estás haciendo conmigo. Si realmente esperas que esto llegue a algo, yo- es que- —Soltó un sonido frustrado y se desordenó el cabello más de lo que ya lo estaba de por sí—. Me gustas, sí me gustas, sólo- no lo entiendo, hay muchas cosas que no entiendo ahora y muchas otras que se me hacen tan...inútiles, sin sentido, cosas que deberían preocuparme, y no consigo preocuparme por ellas, y- ver a otras personas que lo hacen, es como- como si me recordase que hay algo mal conmigo y...
—No hay nada malo contigo —Draco se inclinó desde el otro extremo de la mesa. Él meneó la cabeza.
—¿Sabes que si intentases...tocarme, me pondría a gritar o a temblar? —Harry se echó más hacia adelante también, hablándole en murmullos contenidos—. Ni siquiera tiene sentido- no pienso que tenga sentido, que yo tenga alguna razón para reaccionar así. Y no es por ti, es-
—Creo que cuando una persona reacciona de cierto modo, es porque tiene una razón para hacerlo, Harry.
Calló. Draco tenía un modo de hablar que le hacía sentir que podía decirle lo que fuese; desde el primer instante, desde que se conocieron, desde que empezaron a ser amigos. Lo fueron durante largo tiempo, antes de que se diese cuenta de ese asunto. Ahí comenzó la alarma imaginaria dentro de su cabeza.
Era un desastre. Él era un desastre.
Un prospecto de novio para alguien como Draco no lo tendría en una cafetería cutre de la estación, alrededor de las cuatro de la mañana de un sábado, comiendo la basura que podía comprar tras uno de los turnos largos que se forzaba a tomar para no quedarse dándole vueltas a sus pensamientos en casa. No se retraería justo antes de despedirse tras una salida, asustado de besarlo sin tener idea de cómo explicárselo a alguien, ni a sí mismo. Definitivamente, no sería Harry.
Pero seguía ahí, por algún motivo. Necesitaba saber el motivo.
—¿Qué estás haciendo conmigo? —Susurró, cansado de pronto, como si fuese la conversación más larga de su vida—. ¿Qué esperas conseguir de esto, Draco? —Los abarcó a ambos con un gesto.
—Estoy bebiendo café de mierda contigo en la estación una madrugada, después de tu turno, porque usas el trabajo para escapar y tenías miedo de verme —Sonrió de lado, apenas—. Y sigo esperando terminarlo sin morir de indigestión para llevarte por un desayuno decente y convencerte de que no vuelvas a comer aquí, porque no dejaré de pensar que vas a morir de una infección estomacal con esta basura, y eso es aterrador para mí.
Harry negó, incrédulo. Tenía que esforzarse para no sonreír como idiota. Aquello era importante.
Sólo no entendía. No veía lo que él. Estaba ojeroso, despeinado, bajo de peso, se le hundieron los ojos, sufría de pesadillas si es que conseguía vencer el insomnio. Pasaba gran parte del día cansado, a veces le daba la impresión de no sentir nada. Le entraba miedo de pronto, las paredes empezaban a cerrarse a su alrededor, le costaba respirar.
Draco era una presencia cálida, tranquila. Consciente de sus actitudes, ya no le sorprendían ataques de pánico, la necesidad de huir, las muchas, muchas preguntas.
Era demasiado bueno. Y él demasiado malo. Más problema que persona.
¿Para qué perder su tiempo?
—Draco...—No lo dejó terminar, como si supiese que insistiría con el tema. Por debajo de la mesa, sus pies le tocaban los suyos, sin ánimos más que de juguetear. La cafetería de la estación se hallaba casi vacía, a excepción de una mesa alejada, donde no escuchaban lo que decían.
—Espero que me dejes invitarte el desayuno —Repitió, adelantándose a sus protestas—, llevarte a tu casa y preocuparme porque duermas al menos un rato. Y en la noche, aceptes ir al cine conmigo, para ver esa película que me dijiste que te interesaba.
—No creo poder-
—Harry —Lo silenció, aún más suave. Lo miraba casi con enternecimiento; él se alteraba al no comprender por qué—, he superado esa etapa hace años. Cuando quiero ir al cine, es para ver la película, ¿no hemos ido casi todas las semanas estos meses?
Él se mordió el labio, dubitativo, y asintió.
—Después de ver la película, espero que me dejes llevarte de vuelta a tu casa —Lo consideró un momento, reclinándose en el respaldar de su asiento—; no me quejaría si me dejas besarte, pero entiendo si todavía no.
—Pero tú quieres- —Draco sacudió la cabeza, sorprendiéndolo. Cuando creyó haberlo malinterpretado, él volvió a inclinarse hacia adelante.
—Yo quiero muchas cosas contigo, te lo dije al comienzo de esto —Imitó su gesto para abarcarlos a ambos. Harry luchó contra la brusca sacudida de su estómago—. Pero mientras tú digas no, es un no. Un rotundo no, ¿de acuerdo? Y yo no tengo ninguna prisa.
Lo sopesó, boqueó, negó. Draco lo observaba fruncir el ceño, con un deje de diversión que rozaba lo afectuoso, de un modo que le hacía llenarse la cabeza de porquéporquéporqué.
No había hecho nada para que lo mirase así.
No merecía ser mirado así.
—¿Qué es lo que quieres entonces?
—Estar contigo —La respuesta fue inmediata, serena.
—¿Por qué? —Casi lloriqueó. Draco se encogió de hombros, aunque su mirada le decía que sabía la respuesta.
—Preguntarme por qué quiero estar contigo es como preguntarme por qué estoy respirando —Volvió a encogerse de hombros.
—Necesitas respirar —Observó Harry, que no podía pensar en nada más.
—No necesito estar contigo —Reconoció Draco, cabeceando—, pero quiero. Y soy caprichoso, Harry, así me criaron, por lo que cuando decido algo, es difícil que cambie de opinión. Voy a estar contigo hasta que tú no quieras tenerme más.
—No entiendo —Meneó la cabeza, exhalando. Al restregarse la cara, puede que lo hubiese hecho con demasiada fuerza, porque Draco se estiró para frenarlo. Le sujetó las muñecas y colocó sus manos sobre la mesa que los separaba, sosteniéndolas entre las suyas.
Sólo debía sujetarlo así, para que Harry se quedase un poco embobado. Un poco más nervioso, un poco más feliz. Un poco más enamorado.
Era alarmante.
—Te puedo decir un montón de cosas. Podría darte razones que no entenderías, otras que ni yo me creo. Podría decirte que estoy enamorado de ti desde hace años, pero eso ya lo sabes —Harry lo observó boquiabierto, de cualquier manera; saberlo siempre sería diferente a oír el recordatorio de que Draco se interesó por él tras unos meses de amistad—. Podría decirte que te amo, para hacerlo más dramático —Ahí, se rio. Él no lo encontraba divertido. Estaba aterrado—, pero por tu cara, eso te haría salir corriendo por la puerta de atrás.
Le hubiese gustado contestar que no era cierto. No lo hizo. Sería una mentira; no estaba seguro de ello.
—Sé que te asusta y sé que en este momento te aferrarías a cualquiera. No quiero que te aferres a mí —Harry tuvo una repentina sensación fría instalada en el cuerpo, cuando soltó sus manos, aunque no se apartó, ni dejó de verlo. Descubrió que temió que se fuese, que se hubiese cansado—; no soy tu héroe, Harry. No voy a quitarte el miedo mágicamente sólo por salir contigo, ni a jurarte que todo será perfecto. Ahora no necesitas promesas, necesitas realidades. Y mi realidad es que sólo quiero salir contigo. Que espero llevarte a comer ahora, dejarte en tu casa y verte después; eso es todo.
—¿Y luego? —Tragó en seco, frente a esos ojos grises que siempre aparentaban apreciarlo un poco más de lo que Harry era capaz hacia sí mismo— ¿qué pasará luego, Draco?
—Pues espero que me dejes salir contigo otra vez, luego —Intentó sonreírle.
—¿Y después de eso?
—Saldremos de nuevo, si quieres.
—¿Y después de eso? —Continuó, porque no podía pensar en otra cosa. Draco apoyó un codo en el borde de la mesa, recargó el rostro en su mano.
—Tal vez te llevaré a un picnic.
—¿Y después?
—Otra película estaría bien —Se rio, negando—; no soy muy creativo. Me conformo con saber que estarás cómodo cerca de mí, así que podríamos hacer cualquier otra cosa que te guste.
—¿Y después? —Insistió, con un hilo de voz.
—Y después podremos salir más veces, si quieres —Replicó, sin alterarse, a pesar de que Harry estaba a punto de hiperventilar.
—¿Y en serio estás seguro de...de...? —Los abarcó a los dos con su siguiente gesto. Draco asintió, con una expresión casi enternecida, a la que no podía encontrarle explicación.
—Quiéreme ahora y sal conmigo mientras tanto. Y si después todavía lo haces, perfecto —Puntualizó, encogiéndose de hombros. Harry exhaló, un peso invisible retirándose de sus hombros.
No sería perfecto. Todavía sentía ese frío en el cuerpo de vez en cuando.
Pero Draco se encontraba en el presente. Más importante aún: él se encontraba en el presente. Lo demás no. Lo que le aterraba no.
—¿Por qué eres así conmigo? —Se le ocurrió preguntar, con un tono de falso lamento, recargándose en su extremo de la mesa. Draco volvía a rozar sus piernas por debajo, donde no podía verlo. Le sacó la primera sonrisa real del día.
—¿Por qué no lo sería? —Se inclinó hacia adelante— ¿ya te puedo sacar de aquí?
Harry se enderezó. Inhaló, dejó que el aire disminuyese la sensación opresiva de su pecho hasta desvanecerla, exhaló. Asintió.
—Sácame de aquí —Le ofreció su mano. Había tanto que quería decirle ahí, pero esas palabras fueron las únicas que brotaron.
Aun así, el mensaje llegó. Draco envolvió sus dedos con los de él, le besó el dorso y tiró para llevarlo consigo cuando se puso de pie.
—¿Qué quieres comer?
—¿En verdad crees que encontrarás algo abierto a esta hora?
—No sé, es mejor que intentar cocinarte de nuevo...
Salieron de la estación juntos. Harry se reía, pegándose a uno de sus costados y escuchándolo jurar que no quemó su cocina a propósito.
Escribí esto hace varias semanas y lo olvidé por completo, en un documento sin nombre, en mi carpeta de cosas por publicar. Apenas lo redescubrí, me di cuenta de que tenía que subirlo, porque me llena de amor el concepto 3
¡Gracias por leer!
