XV

El Mar de Sangre


.


La Armadura de Elecea debía ser demasiado fuerte, pues luego del brutal golpe al pecho, producto de la embestida de la criatura, gorgona-caballo, Agasha salió disparada hacia la roca que anteriormente ella quería llegar, sin embargo, cuando impactó contra el suelo, sólo le dolió un poco la cabeza y el cuello. Fuera de eso, ella pudo pararse sin problemas del pequeño cráter que formó con su espalda, y que, por cierto, le advirtió que estaba a un centímetro de caer al aterrador mar, debido a que tuvo la suerte de aterrizar justo en una de las orillas.

De inmediato se alejó del peligro. Se acomodó el casco una vez estando de pie.

Viéndolo venir, la criatura de un magistral salto llegó hasta donde estaba ella dispuesta a atacarla otra vez. Para su suerte, Agasha pudo esquivarla lanzándose hacia el otro extremo de la roca. La joven florista con sus ojos no podía ver la rapidez de la criatura, pero sus instintos parecían estar en perfecta alerta. ¿O esa también sería la armadura?

Conectándose en la batalla que estaba sosteniendo, la joven trató de imitar una postura defensiva. Pero dado a que su conocimiento de batalla era poco más que nulo, sólo provocó que la criatura se echase a reír.

No puedo creer lo fácil que será esto —se burló con extrema malicia.

―¿Y tú quién eres? ―espetó Agasha levemente avergonzada―, ¡¿por qué me atacas?!

Mi nombre no es importante. Tengo hambre. Mucha sed. La sangre tibia me ayudará.

Esquivando a la criatura tanto como podía, Agasha dejó de pensar y decidió, en su última esquiva, encarrilarse hasta la siguiente roca lejos del mar sangriento. Gracias a Athena lo que le dijo Nyx fue verdad, la armadura parecía saber cuándo ella iba a efectuar un movimiento y la ayudaba para eso resultase lo mejor posible. Dio una voltereta en el piso antes de poder quedar arrodillada. La criatura la siguió sin nada de dificultad.

Agasha visualizó otra roca, impulsándose para allá. Al llegar, vio que la criatura había aterrizado al mismo tiempo que ella. Apenas pudo esquivar las patas de cabello que casi se incrustaron en su cabeza debido a que esa cosa era enorme. La roca en la que ambas estaban, fue débil ante el pisotón por lo que se empezó a desmoronar.

Agasha debía tener mucho cuidado.

Fue hasta otra roca y la escena se repitió, sólo que esta vez la joven pudo detectar que la criatura había querido empujarla al mar y sin embargo falló, lo que la hizo aterrizar en otra roca diferente a la de Agasha.

Al caer, la chica, comenzando a sentir la desesperación de saberse pronto atrapada, convocó el arma dada por Nyx. La alabarda tomó forma en sus manos y con una maestría que la chica sabía que no era del todo suya, la maniobró hasta quedar en una postura defensiva. O lo que ella sentía como postura defensiva pues jamás en su vida había sostenido un combate contra nadie.

Aferrada a su determinación por ganar, la chica apretó el arma.

Tenía que ser fuerte. Tenía que ser veloz. ¡Tenía que ganar!

«Ven aquí, maldita. Ven y te cortaré para el desayuno» juró viéndola fijamente. Y al parecer la criatura vio sus intenciones por lo que, sin perderse de vista mutuamente, ella saltó en una roca distinta a la que estaba Agasha, y luego en otra y luego en otra a modo que la florista no le fuese difícil saber qué estaba haciendo.

La criatura estaba rodeándola.

Aún con el miedo latente, Agasha no claudicó su postura y la siguió, cuando la criatura saltaba, ella la veía con atención tratando de predecir su próximo movimiento. Para su sorpresa y peor susto, la criatura al saltar lo hizo con tal ímpetu que la roca debajo de ella se vino abajo.

«Si no me muevo rápido y salta así en la roca donde yo esté parada, va a tirarme» con eso en mente, maquilló a velocidad rápida más de 10 formas de evadir sus ataques.

La criatura pasó a otra roca, luego pasó a otra y hubo el mismo resultado, todas caían con fuerza hacia el mar hechas pedazos. Saltaba con fuerza, deshaciendo todas las rocas del perímetro.

«¿Pero qué es lo que hace?» Agasha tardó en darse cuenta de que la criatura pensaba en evitarle más escapes, deshaciendo los planes que la florista tenía para eludir una confrontación que, ambas estaban seguras, Agasha perdería.

Por lo que, al desplomar la última pequeña montaña cercana, ésta se impulsó con fuerza hacia su dirección.

«¡Maldita!» pensó Agasha cayendo en cuenta de que no iba a salir ilesa de esta lucha.

¡Pero tenía que sobrevivir! ¡Más allá de eso! Tenía que vencer. ¡Aun tenía mucho por avanzar y esta lagartija no iba a detenerla!

Se afianzó la alabarda con las intenciones de cortarla por la mitad, pero la criatura no alcanzó su posición, ni siquiera alcanzó la orilla de la roca. Se fue hacia abajo. Hacia el mar.

―Pero que…

En pánico por no poder verla, Agasha fue cautelosa al acercarse a la orilla para tratar de visualizar algo. Estaba muy temerosa de que la bestia la sorprendiese y la jalase al mar de sangre hirviendo. Francamente consideraba, el ser cocinada viva, una horrible forma de morir… en su caso, morir por segunda vez. ¿Acaso en su estado de alma, morir sería posible?

¿Qué le pasaría después si eso llegaba a pasar?

De pronto, sus instintos la alertaron de algún engaño, así que, como un gato, dio un largo salto hacia atrás.

En su vida anterior, Agasha no había sobrevivido en los montes, a las serpientes, clima lluvioso y otro tipo de depredadores salvajes, siendo estúpida. La criatura no estaba muerta, era nativa de este sitio lo que quería decir que iba a tomar ventaja de lo que conocía. Con ese movimiento, quería tomarla por sorpresa. Primero, quitándole sus medios de escape, y luego, privándole de verla para de ese modo atacar con más facilidad a su yugular.

Agasha se sintió bien por deducir su plan. Pero hasta ahora, nada le aseguraba su victoria.

«Esto lo haces por el señor Albafica. ¡No puedo perder! ¡Debo salvarlo!».

Se agarró a su arma prestando atención a su alrededor, pero era difícil concentrarse con tanto lamento y olor a mierda. Su vista, su oído y olfato estaban neutralizados por el hostil ambiente. Además de que ella misma todavía estaba muy nerviosa (por no decir aterrada) por lo que pudiese pasar de cometer un solo error.

«Por el señor Albafica» se dijo apretando los dientes, preparándose para lo peor.

Lo peor fue cuando la roca donde ella se encontraba comenzó a claudicar.

―¡Estás tratando de tirarme! ―gritó tratando de deshacerse de su miedo, luchando también por mantenerse en su postura mientras la roca se ladeaba de izquierda a derecha. ¿Cómo podía ser posible eso? ¿Con qué se sostenía para balancear la roca?

Sabiendo bien que pronto perdería el equilibrio, Agasha hizo uso de todas sus fuerzas y enterró el filo de la alabarda en el piso, tratando de sostenerse. Funcionó por un rato, luego tuvo que sacarla rápido debido a que el monstruo, dando un grito casi ensordecedor, se alzó una vez que debilitó la roca lo suficiente para que ésta quedase tambaleando por sí misma.

Cayendo al piso justo enfrente de Agasha, la criatura rio con perversión.

Elige. Mi estómago o el mar.

―Ni lo pienses, ¡no te saldrá gratis la comida!

Agasha se agachó cuando la criatura, dispuesta a pisarla y matarla, alzó sus patas delanteras en su dirección. Posicionándose justo debajo de su panza, Agasha dirigió el filo de la cuchilla a las patas traseras, cortándolas de un golpe.

La criatura gritó desgarradoramente, cayendo dolorosamente sobre sus extremidades sangrantes, mientras Agasha se lanzaba fuera de su perímetro.

Ella no era una amazona, tampoco un genio estratega o siquiera una buena cortadora de jitomates. Pero aparentemente tenía talento con cortarle las patas a los entes demoniacos para escabullirse de ellos.

Sacudió la sangre negra de la cuchilla dispuesta a atacar nuevamente. Corrió hacia la criatura con las intenciones de clavar la navaja contra su estómago o lomo, pero la mano escamosa de su enemiga, se alargó de manera sorpresiva para tomar su pie derecho y jalarla hacia arriba. Colgándola de cabeza.

¡Pagarás! ¡Pagarás! ―chillaba con furia y dolor, sacudiendo a Agasha de un lado a otro.

―¡Qué asco! ¡Suéltame! ―gritó enardecida.

Rápida, Agasha dirigió el filo al cuello de su adversaria, quien abrió su boca de forma monstruosa dispuesta a devorarla de un bocado; tomó impulso y clavó con fuerza al interior de la asquerosa cavidad, sacando el filo por el otro lado de su cabeza.

Con un grito la criatura la arrojó (como último recurso) al mar, mientras la roca en la que estaban se iba abajo.

Pero Agasha aún no estaba dispuesta a perder. Así que imitando su voltereta anterior, cuando llegó al Inframundo, se las ingenió para que la armadura la ayudase a no perder fuerza en su equilibrio.

Enfocó su vista a la roca más cercana a la que ya estaba a punto de venirse abajo por completo. Aferrándose a un pedazo grande de roca que ya iba en picada abajo, ella se preparó rápido para correr hacia la roca más cercana que visualizó, una vez hecho esto, se encarriló y en el proceso, Agasha sacó el filo de su alabarda del cadáver de la criatura.

Esta cayó al mar primero que los pedazos rocosos, siendo atraída de inmediato por los condenados.

Indispuesta a sufrir el mismo destino, saltó de roca en roca que caía.

Su vista se agudizó, sus oídos se cerraron a todo sonido mientras sentía que todo iba en cámara lenta. Evitando zonas peligrosas, o séase, rocas pequeñas. Agasha iba saltando sobre los pedazos más grandes antes de que todo, y ella misma, se fundiesen en el mar.

Al final se impulsó con velocidad y fuerza a una roca grande a lo lejos idéntica a las anteriores, clavando el filo de su arma a tiempo antes de que sus pies tocaran la sangre.

Las suelas de sus zapatos quedaron rozando el mar.

Ella casi suspiró.

Por poco.

Pero, evitándole siquiera un segundo de alivio, las almas de los condenados salieron dispuestos a tomarla también y echarla abajo. Gritando cosas como "ven aquí", o "cae maldita, cae".

―¡No! ¡Suéltenme! ―Agasha los pateó tanto como pudo, luego se impulsó hacia atrás y hacia adelante, logrando alzarse arriba de la alabarda luego de una imposible voltereta gimnástica que ella nunca en su vida pensó que haría. Quedando por fin, fuera del alcance de los condenados que insistían en alcanzarla y lanzaban insultos en su contra. Cada uno más horrible que el otro.

Respiró agitada, levantándose rápido sobre el mango de su alabarda, aferrándose a la roca con sus manos, tratando de no temblar demasiado, ni pensar en que, en cualquier momento, su peso doblaría o rompería su único soporte.

Debía tener confianza en su éxito. Aunque luego de aquel encuentro, sus manos temblaban y su corazón apenas lograba recuperar su ritmo normal.

Se asustó mucho.

Ni siquiera deseaba pensar en lo que le pasaría si por error caía a ese mar luego de haber sobrevivido.

Agasha pasó las manos por encima de su casco, se lo quitó para acomodarse el cabello y volvió a ponérselo. Debía llegar arriba, ¿pero cómo podría hacerlo? La alabarla le servía de apoyo y si la quitaba sin duda se vendría abajo. Ojalá supiese volar.

Si tan solo tuviese una cuerda y un gancho.

«No es momento de quejas» se reprendió.

Pensó y pensó por un buen rato, los vapores de la sangre hirviendo comenzaban a nublarle la vista y adormecer sus sentidos. También le hacían querer vomitar.

«Debo darme prisa» pensó y pensó, conteniendo las arcadas.

Entonces al fin se le ocurrió una idea. Teniendo cuidado de no caer o resbalar, decidió probar la resistencia de la roca. Anteriormente la criatura, durante su combate, tardó en destruir la que las sostenía. Así que esta vez, Agasha intentó clavar sus manos en el interior de esta. Después de todo, los guantes de la armadura podrían protegerla y darle la fuerza suficiente para hacerlo… ¿verdad? Y si no había una escalera o una cuerda para subir, entonces ella se crearía su propio camino a la superficie.

Suspiró convocando toda la calma de que la podía ser capaz, daría un puñetazo a la roca procurando hacer un agujero (uno simple) y luego haría otro del mismo modo para poder escalar lentamente hacia arriba, aferrándose a dichos agujeros como si fuesen su escalera improvisada. Era algo arriesgado porque en cualquier momento podría equivocarse, destruir la roca y nadar con los condenados. Pero la vida era un riesgo, y la del señor Albafica en este caso, era su meta a ganar.

Por él cruzaría este infernal sendero.

Suspiró nuevamente, poniendo los dedos sobre la roca, donde esperaba hacer un hueco con su puño. Lentamente separó sus dedos y haciendo un puño… ¡golpeó con fuerza! Sacó su mano tan rápido como pudo. Para su alegría vio que el círculo estaba bien formado y la profundidad la ayudaría a escalar usando sus manos. Inhaló profundo e hizo lo mismo a un lado, luego hizo otros dos más arriba, y más arriba. Cuando llegó el momento pidió a su armadura que extrajese la alabarda con las botas.

Para su suerte eso ocurrió. Su arma volvió a ella y Agasha podría seguir golpeando la roca hasta llegar a la cima.

―Mala suerte amigos ―les dijo a los condenados que aguardaban a que ella cayese―. En la otra vida será ―siguió golpeando y escalando. Golpeando y escalando… golpeando y escalando… y más y más hasta que Agasha se detuvo un poco agotada y adolorida de los puños.

Se tomó su tiempo para quejarse y continuó la otra mitad del camino. Sí, la otra mitad.

Lentamente pero con seguridad, Agasha alcanzó la cima de la roca. Recuperando el aliento, y soltando un suspiro visualizó, a lo lejos una especie de playa anaranjada. Entre tanto rojo y negro, eso debería indicar la entrada a las arenas de las que le habló Perséfone.

―¿En verdad esa son las Arenas de las que ella me contó? —masculló pensativa. Ojalá no se equivocase y estuviese yendo por el lado incorrecto.

―Exactamente ―dijo sorpresivamente la diosa a sus espaldas.

Agasha gritó girándose para encarar a Perséfone.

―¿Sería mucha molestia pedirle que no me asuste así? ―sintiéndose levemente afortunada de no haber muerto (otra vez) de un ataque al corazón, Agasha se sostuvo el pecho mirándola con un semblante pálido.

―Sí ―respondió ella, sonriendo sínicamente―. Eso que ves allá son las Arenas Violentas. Pero te sugiero que vayas con pies de plomo, este sitio es traicionero, en especial estas rocas.

Al instante en el que desapareció, la roca sobre donde estaba Agasha se empezó a tragar sus pies como había hecho su armadura con la alabarda.

Como si fuesen arenas movedizas.

Saltando lejos de ahí, Agasha fue hasta otra roca, la cual hizo el mismo truco; pero más rápido. Saltó de nuevo a la más próxima que vio. Entre saltos, de pronto vio a lo que parecía ser una serpiente de sangre salir del río con almas condenadas saliendo de su cuerpo cayendo de nuevo al mar, para ir en su dirección.

―¡No! ¡No! ¡No! ¡Aléjate de mí! ―gritaba al saltar, ni tiempo tenían las rocas de intentar absorberla pues Agasha tenía que esquivar a la enorme serpiente. Esta, rompía de un bocado las rocas que Agasha dejaba atrás.

Viendo de cerca el inicio de las Arenas Violentas, Agasha dio un salto enorme a ellas. Al caer de rodillas, vio rápido atrás cómo la serpiente se detenía para regresarse al mar.

Agasha respiró agitada incorporándose.

Tratando de prever el momento en el que la serpiente regresaría a comérsela o matarla simplemente por diversión, dio pasos atrás antes de que el sonido que hicieron las botas de su armadura le llamase la atención.

Eso y el viento que movía su cabello no cubierto por el casco.

La roca terminaba donde empezaba la arena anaranjada-rojiza, la cual hacía sonido seco bajo sus pies. Un sonoro rugido de viento llamó su atención; dándose la vuelta descubrió por qué la serpiente de sangre prefirió regresar a su ambiente hostil.

―Ahora veo por qué se llaman Arenas Violentas… ―suspiró Agasha al ver un deserto vacío y a lo lejos un tornado gigantesco de arena en medio de su camino arrasando lo que sea que se acercase que era básicamente todo lo que estaba en su interior.

Entre escombros, rocas, ramas y arena, un montón de gente volando sin descanso estaba siendo sometida a su castigo.

Dándose valor, apretó sus manos en puños sin dejar de mirar su próximo destino.

Mantenerse valiente, se dijo a sí misma que no debía temer.

Nada la detendría de avanzar sin importar los obstáculos. ¡Absolutamente nada!

Haría que el señor Albafica se enorgulleciese de ella.

«Por favor espere. Pronto volveremos a vernos» lo juró.

Sin que Agasha lo supiese, Eros y Athena tenían su propia visión de lo que ocurría.

Athena miraba a través de sus ojos en la soledad de sus aposentos donde se hallaba el cuerpo de Agasha en la tina de agua negra. Y Eros había abierto un pequeño vórtice color durazno donde su interior pudiese verse a Agasha frente al tornado de arena.

―He de admitir que la subestimé ―dijo Eros comiendo unas uvas de un cuenco traído por uno de sus sirvientes fantasmales, alados y pálidos sin voz.

El dios estaba sentado en una silla de oro y a su lado opuesto, otro sirviente echaba aire con una enorme hoja.

Los Santos Dorados por su lado, un poco alejados del dios del amor no hicieron comentarios; se mantuvieron expectantes a los movimientos de Agasha. Algunos dedujeron cómo podría invadir las Arenas Violentas sin tantas heridas, otros rogaban porque la niña no muriese en el intento luego de la suerte que pareció tocarle el hombro hace unos instantes.

Shion de Aries, tuvo fe.

Todos ellos empezaron a verla en vivo y en directo desde que Agasha ingresó al Inframundo luciendo una armadura que ellos nunca habían visto antes y según Eros relató, pertenecía a la orden de la diosa Nyx.

Nadie ahí lo admitiría, pero Agasha lucía indetenible vistiéndola.

El arma que usaba también era curiosa. Más no usaba ataques usando el cosmos y Shion no supo si preocuparse por eso. Sólo tendría fe en que ella pudiese llegar hasta con Albafica y traerlo de regreso.

—CONTINUARÁ—


¡Un trato es un trato! Nuevamente he vuelto a apostar con ustedes y aquí me ven, cumpliendo con mi palabra.

Acá el capítulo número 15. En su primera versión, el número de palabras apenas llegaba a los 2,000 y algo. Se le agregaron otras 1,000 junto a algunas correcciones. Espero de corazón que no haya muchas otras suplantándolas jejeje.

LadySirin: Tu versión de la armadura de Agasha también me encantó, sin embargo fue culpa mía no diseñar bien su estilo desde el inicio. Como dije, hasta a mí me confundió la primera vez que la describí, y eso es porque en verdad no planeaba darle profundidad al asunto. Sin embargo con una saga que va a tener a las Sydixx de vuelta, pues qué más queda jejeje. Y no te preocupes, uno puede salir del hiatus a su tiempo. No te presiones, sé que puedes. ;)

¡Gracias a todos por leer y hasta el próximo capítulo!


Reviews?


Si quieres saber más de este y/u otros fics, eres cordialmente invitado(a) a seguirme en mi página oficial de Facebook: "Adilay Ackatery" (link en mi perfil). Información sobre las próximas actualizaciones, memes, vídeos usando mi voz y mi poca carisma y muchas otras cosas más. ;)


Para más mini-escritos y leer mis fics en facebook de Saint Seiya, por favor pasen a mi página Êlýsia Pedía - Fanfics de Adilay Fanficker ¡y denle like! XD