Al regresar a Londres habían decido que se darían un tiempo en el cual volverían a ser una pareja, en toda la extensión de la palabra, donde comenzarían de cero, Albert, haría todo para que su relación fuera recuperada y Candy lo aceptara de nuevo como su esposo en la intimidad.

Después de desayunar, en la casa…

-Debo realizar unas cosas, voy a ir a la modista, después visitare a una amiga, no sé qué vayas hacer tu.

-Mi amor yo te llevo a donde vayas, no quiero dejarte sola ni un momento, pero en ese preciso momento el mayordomo entraba al comedor.

-Señor, esta nota es para usted.

-Si gracias, la nota decía que el SR. Dasch, quería reunirse con él, que lo esperaba en sus oficinas, amor te dejo con la modista y yo voy a ir, a una reunión, después voy por ti, te parece.

-Candy, solo asentó con la cabeza.

Después de desayunar, se subieron al carro que ya Albert, había pedido para su servicio, dejando a Candy con la modista, está en el momento que él se fue, checo cosas con la modista y después, salió de ese lugar tomando un carruaje, dirigiéndose a ver a Kelly.

-Amiga, que paso.

-Candy solo se dispuso a narrándole todo lo sucedido, con Albert, todo lo que le había platicado y hasta lo más íntimo que había pasado.

-Bueno Candy, que te digo tu eres la dueña de tu destino, es normal que aun sientas cosas por tu esposo, más ahora que sabes la verdad, esa verdad que te carcomía, tu pensabas que él, ya vivía con otra mujer que hasta hijos tenia, ahora te das cuenta que no es así.

Yo lo único que te puedo aconsejar es que hagas lo que te haga feliz, si él, es tu felicidad, acéptalo, pero hazlo con la convicción de olvidar el pasado, ese pasado que tanto te atormento.

-Sí, pero Stefano, que va a pasar con él.

-Nada Candy, digo al menos que sientas algo por él.

-No solo éramos amigos, pero me siento culpable, siento que lo traicioné, que le mentí, que alimente su ilusión.

-Pues tu deber es pedir una disculpa, eso es lo correcto, pero solo eso, de ahí te deberás al hombre que amas, haber dime que sentiste al estar de nuevo con tu esposo.

-Candy se puso roja como un tomate, - que lo amo con la misma intensidad de siempre realmente, no he dejado de amarlo, lo deseo como cuando me entregue con él, la primera vez, de eso no tengo duda, tuve que mantener mucho la cordura para no flaquear.

-Hay chula si ya vi en el periódico a tu esposo, no te culpo, que no me escuche mi marido, pero esta rebueno mujer, no sé cómo pudiste contenerte, yo con un hombre así, sólita me encuero.

Candy, no podía reprimir su risa al escuchar a Kelly, hay amiga que bárbara, pero si, ni yo, se como pude contenerme.

-Te vez feliz, amiga solo deja que las cosas se den, si el vino hasta aquí y te busco es porque te quiere de verdad, cruzo el mar solo para buscarte ya con eso está perdonado, además si no lo hizo antes, es porque tu no estabas en un solo lugar mucho tiempo, y pues, así como me cuentas el, también sufrió mucho, eso debes tomarlo en cuenta.

-No sé, no quiero salir lastimada de nuevo, que tal si, el recuerdo de ella, aun esta entre nosotros.

-Bueno, eso será si tú la dejas quedarse, me entiendes, mira Candy, cuántas mujeres tienen que soportar las aventuras de sus maridos y que pasa, perdonan una y otra vez, pero porque sucede eso, porque las dejan entrar a su matrimonio, a su intimidad.

A lo que quiero llegar es que, amiga tu eres la única que decides quien entra, entre esas cuatro paredes, debes de ser una dama, sí, pero una mujerzuela en su cama, sabes a lo que me refiero, mira Candy, esa mujer solo fue un tropezón en tu vida, pero que va a pasar, tu esposo es un hombre importante, guapo, con poder y dinero, más adelante te vas a encontrar con muchas Helenas en el camino.

Y a todas las vas dejar pasar, solo para que el este feliz, a todas les vas a dejar el camino libre, solo porque alguna osa querer entrar a su cama, amiga creo que, a lo largo de este tiempo, has aprendido que eres una gran mujer, una que no dejaría que una suripanta se te atreviese en el camino.

No, Candy, tú debes estar segura de quien eres, mujeres van a ver muchas, de esas que no les preocupa si tu hombre tiene dueña, solo buscan dinero y posición, sin importarles derrumbar un matrimonio, tu eres una reina y así debes sentirte cuando este con él, la mujer más hermosa del universo, para que las otras sepan que no deben acercarse, porque quitarle la corona a una reina, eso para ellas sea una tarea imposible, seguridad amiga.

Pero también dale crédito, date cuenta, cuantos años han pasado si decidió venir y luchar por ti, tan fácil se hubiera conseguido otra mujer, se hubiera divorciado, sin ni siquiera preguntarte si querías o no, más sin embargo aquí esta.

Ahora todo depende de ti, si tú quieres o no perdonar, si, perdonar solo para terminar la relación, o perdonar para seguir con tu matrimonio, la decisión está en ti, pero cualquiera que sea tu decisión, lo debes hacer para que tú seas feliz, solo tú.

Candy, solo suspiro, tienes razón, debo perdonar, por mí, para mi felicidad, para yo estar bien.

Ya Candy, regresaba de hablar con Kelly, había pasado a la modista, pero al ver que Albert, no había regresado y que iba a tardar, ya que mando una nota diciéndole que la vería en su casa, que estaba en medio de una negociación e iba a tardar.

Decidió, ir dejar unas cartas que tenía que llevar al correo, cuando escucho una vocecita.

-Srta. Brown, Srta. Brown, hola.

Era Abigail, que estaba paseando en el parque, enfrente a correos, Srta. Brown, pensé que no me había escuchado.

-Abigail, pero quien te trajo hasta aquí.

-Mi niñera, mi padre me prometió llevarme con la abuela, es más, me dijo que estaremos aquí unos días, que después iríamos con usted, para que nos acompañe.

-Hay Abigail, creo que eso ya no será posible, pero espero que te diviertas mucho con tu papi, acariciando la carita de la niña.

-Pero porque señorita Brown, estará ocupada, con cara triste.

-Es un poco complicado, mi niña, pero no voy a poder ir, al levantar el rostro se encontró de frente a Stefano.

-Abigail, deja en paz a la señora Andlay.

-Abigail, al no entender a su papa, pero papa no es la señora Andlay es Brown, creo que te equivocaste.

Stefano, mirando con rabia a Candy, no hija no me equivoque, no es así Sra. Andlay.

-Así es Abigail soy la señora Andlay, es algo que no puedo cambiar- Stefano podemos hablar.

Stefano, solo acento con la cabeza, anda Abigail, ve con tu niñera a comprar un helado.

-Si papi, corriendo a ver a su niñera.

Candy, tomo todo el valor que tenía, para decir lo que tenía para hablarle y con el corazón en la mano, - yo, yo balbuceaba lo siento, de verdad esa noche iba a decírtelo.

Bueno Candy, la verdad es que no tenías por qué decirme nada, yo no soy nadie para juzgarte, no sé qué, en eso la enfrento…

Sí, estoy enojado porque no me lo dijiste, así yo no me hubiera hecho ilusiones explotando, pero aun así soy un idiota porque no me importa, solo dime que te tiene amenazada que esa es la razón de estar con él, que ya no lo amas, que solo es por el que dirán, no se miénteme, pero di algo.

Candy, solo lo miro, _ ninguna de esas cosas te podría decir porque la verdad es otra, lamento decirte que yo sigo amando a mi esposo, nunca pude olvidarle, yo solo quería huir de lo que sentía, pero aún me esconda en el mismísimo infierno, no podría hacerlo, esa es mi verdad, es por eso que te dije que no era libre.

Porque no lo soy, fui educada para ser su esposa, desde muy joven me enamore de él, fue mi primer amor, después de mucho tiempo después, nos casamos y tuvimos una pelea, yo huí, pensando que con eso lo iba olvidar que tonta fui, jamás hubiera podido.

Lo siento mucho de verdad, sé que no fui honesta, pero yo en verdad quería rehacer mi vida, solo que al llegar el yo, ya no sé, lo amo, lo siento Stefano, lo siento si te lastime.

Stefano, solo se apuñaba contra un árbol, la verdad hubiera preferido no escucharla, estaba muy dolido, realmente quería que le dijera que no lo amaba, que estaba con él por el apellido, que era la razón por la cual no le había dicho, por el poder que tenía esa familia, pero la respuesta era muy dolorosa y diferente.

- Candy, yo que quieres que te diga, será mejor que te alejes de mi hija, no quiero que la lastimes ella, se había hecho ilusiones de que tu ibas a formar parte de mi familia, así que por su bien ya no tomara sus clases.

-Pero Stefano, no tiene que ser así, solo deja que…

-No, dije que no, es mejor así, tu esposo y tú no tardaran en irse, sé que el Sr. Andlay solo vino por ti, así que solo no lastimes a mi hija, que tenga buena tarde, aleándose de ese lugar.

Candy, estaba muy dolida por las palabras de Stefano, realmente la afectaron de sobremanera, no sabía que más decir, así que solo regreso a su casa, con muchas lágrimas en los ojos, le dolía mucho separarse de Abigail, pero Stefano, tenía razón, ella pronto partiría.

Al entrar a su casa se encontró a Albert, esperándola. _Donde estabas, mi amor, ¿porque estas llorando?

-Fui al correo, después de haber estado con la modista, pero ahora no tengo ganas de hablar, subiendo a su habitación.

Tras de ella, subió Albert, Candy, dime que te pasa, porque estas así, vamos tenme confianza, tenemos que comunicarnos, mirándola, _Candy, yo te amo, pero si queremos ser una pareja de nuevo, debes confiar en mí.

Candy, seguía llorando, que no paraba de hacerlo.

-Candy, dime te viste con Stefano, es eso y no me quieres contar, se vieron es eso.

Candy, temía que Albert, se pusiera como era antes de celoso e impulsivo, así que prefería callar lo que estaba sintiendo en ese momento.

-No, lo entenderías, aunque te lo contara.

-Vamos inténtalo, sentándose en cuclillas frente a ella.

-Ahora no Albert, por favor.

Albert, la toma de los hombros mírame Candy, solo tienes que confiaren mí, solo eso, ábrete conmigo, para que podamos comunicarnos, debemos aprender a confiar el uno en el otro.

-Es que Stefano, ya no quiere que le de clases a Abigail, y yo, yo, me encariñe mucho con ella.

-Amor, es su hija, él sabe que es lo mejor para ella, supongo que hablaron.

Candy, asentó con la cabeza,

-Sé que tenías que hablar con él, solo que te voy a pedir que, a partir de ahora, ya no lo hagas y menos a mis espaldas, créeme te amo, pero que te veas con él a solas, no lo voy a tolerar.

Albert, solo acerco sus labios a los de ella, poseyendo sus labios con mucha pasión, sentándola en la cama, apoyándose en una pierna flexionada en la misma cama, Candy, dime que no llorabas por él, solo dímelo, necesito escucharlo me muero de celos.

-No, lloro, por él, es que le debía una disculpa, quiere que te tenga confianza, no, bueno tenía que hablar con él, aclarar cosas, ponerle final a nuestra amistad, solo fue eso, no quiero que pienses otra cosa.

-Está bien, solo ya no quiero que lo vuelvas a ver, mucho menos sola, Candy, aunque me veas pacifico, me muero de celos y créeme mi paciencia tiene un límite, sé que te encariñaste con la niña, yo también la conocí, esa niña le roba el corazón a cualquiera, te entiendo, pero él, es su papa y decide que es lo mejor para ella.

Candy, solo lloraba con mucho dolor, las lágrimas resbalaban se había encariñado mucho con Abigail, ese amor que le tenía a la niña era muy sincero- Es, es, balbuceaba, pero no podía emitir sonido.

Albert, con mucha ternura, seguía besándola sin dejar tregua, Candy estaba exhorta con los besos, que Albert le daba, no pensaba, no quería pensar, hasta que la volvió a mirar, ya mi vida deja de llorar que me partes el corazón.

Candy, se empezó a calmar y comenzó a corresponderle a Albert, sus besos, comenzó a acariciar su pecho, sin dejar de besarlo, Albert, dejaba sus labios para beber sus lágrimas, regresando a su boca, tomando su cara con ternura, te amo amor, te amo Candy.

Los besos seguían profundizándose, más y más, uno tras otro sintiendo que los dos correspondían con la misma pasión, Albert, recostó a Candy, en la cama para seguir con lo que estaban hasta que, unos golpetees en la puerta, los interrumpieron.

Muy a su pesar Albert- Quien.

-Señor lo buscan, un señor llamado George dice que es su secretario.

-Si voy, volviendo a darle un beso a Candy, voy a ver qué cosas me trae, pero al rato continuamos, con una sonrisa, Albert salió de la habitación.

Candy, volvió a arreglarse ya era la hora de la cena y debía saludar a George. Ya en la cena.

George saludo a Candy- Sra. Candy, me da mucho gusto que este bien, todos le mandan sus saludos y están deseosos de volverla a ver, sobre todo mi esposa Dorotty.

-Vaya George, eso sí, que no me lo esperaba, pero como, si tú ya estabas casado.

-Señora al poco tiempo que usted partió yo enviude, mi Madeleine falleció a causa de un accidente en un viaje el cochero se fue a un barranco perdiendo la vida, fue muy duro.

-Lo siento mucho George, es terrible de verdad no lo sabía.

-Si señora, pero dos años después, me enamore de Dorotty, ahora es mi esposa y ya tenemos un bebe de 1 año.

-De verdad debe ser hermoso, hay quisiera conocerlo.

-Tengo una fotografía conmigo, retratados los tres George, él bebe y el juntos, es mi familia ahora y estoy feliz por eso.

-Candy, solo sonrió, cuando termino la cena se despido de George y subió a la recamara, se metió a darse un baño, para relajarse sentía que lo necesitaba, pensando hijos todos ya tenían hijos, menos ella, estaba muy vulnerable por lo de Abigail.

Salió del baño y se recostó en su cama, no quería pensar, solo quería dormir sin pensar, solo se quedó dormida sin más, se sentía cansada, muy cansada.

Cuando regreso Albert, la encontró ya dormida, era muy tarde, traía consigo una invitación en la mano para una fiesta que daría Dash, para ver si tenía una posibilidad de rescatar la inversión que él, quería tener con el así que se le ocurrió hacer una fiesta con algunos inversionistas, que si persuadía podían llegar a un arreglo.

Albert solo la observo dormir, ya no quiso molestarla, sabía que estaba cansada además ya era muy tarde así, que solo se cambió y se costó a su lado redondeando con sus brazos su cintura, lo mataba su cercanía quería poseerla, si no hubiera llegado George en ese momento lo hubiera hecho.

Pero tenia que ser paciente con ella, lo que sucedió solo fue porque ella estaba triste, así que si hubieran seguido, no podría tener la seguridad, de que ella hubiera querido estar con él, o solo era porque estaba vulnerable, tenía que enamorarla, como antes como cuando quería que fuera su novia, si eso haría, ya estaba pensando que hacer para volver a tener su corazón.

Al siguiente día, Candy despertaba en brazos de Albert, solo lo miro dormir, ni cuenta se dio cuando regreso, se veía tan guapo así dormido, que solo tenía ganas de llenarlo de besos, que le hiciera el amor, que la hiciera suya, pero no aun no, quería desear estar con él, pero en otra situación, donde ella no este triste.

Se levantó y fue al baño a lavarse para cambiarse y pedir el desayuno, dejando a Albert durmiendo, cuando vio la invitación para la fiesta para el fin de semana, solo la vio y la volvió a poner en su tocador, salió de la habitación para encontrarse con Cecil.

-Señora, le preparo el baño al señor.

-No Cecil, déjalo que duerma, se acostó muy tarde anoche, más tarde se lo preparas, mientras voy a pedir el desayuno.

En la casa de los Dash, Hilary tenía una plática con su esposo, - pero como que no hicieron esa inversión.

-No querida Bruce, no quiso, ya sabes porque está dolido, ya que se enamoró de la Sra. Andlay, ahora que el esposo vino por ella, pues no quiere tener nada, por orgullo, los celos lo están matando, como no si la señora es hermosa.

-A mí no me importa si la mujer es hermosa, tú has todo lo que sea posible, nuestra economía no es de las mejore, estamos al borde de la quiebra así, que no me importa lo que tengas que hacer, para conseguirlo, porque yo estoy dispuesta, hasta darle a mi hija para que sea su amante, con tal de no llegar a la pobreza.

-Pero mujer que cosas dices, además el se ve que está enamorado de su mujer y aparte no creo que quiera una amante, aun no estamos en la pobreza pero lo que sí, es que ya debes dejar de gastar como lo haces, estamos en crisis.

-En crisis llevas años teniéndome así, en esta miseria ya no lo aguanto, te lo digo de una sola vez, se casa Lesly con Bruces o de plano la hago amante de Andlay, porque necesitamos algo rápido, para salir de esta miseria en la que estamos.

-Pero mujer, como vas hacer eso, si es mi niña.

-Es una mujer, la cual puedes llegar a un arreglo, ya investigué él, no tiene hijos con esa mujer, si se llega a divorciar de ella, se puede casar con Lesly, además será más fácil si ella ya es su amante.

-Bueno querida, viéndolo de ese modo, no tenemos de otra, la verdad siendo nuestra hija su amante él no se negaría apoyarme, estaría comprometido con nosotros.

Así, fraguaron que en esa fiesta arrojarían a su hija a los brazos de Albert sin importar que él, estuviera casado, lo que querían era que él, se sintiera comprometido para con ellos y obtener una buena ganancia, aunque fuera a costa de su hija.

Ya en la oficina que tenía Albert, en Londres estaba con George, tienes un requerimiento con los ansíanos del clan en Escocia.

-Que querrán ahora, le decía George a Albert.

-Que van a querer, presionar sobre el heredero que más, aplázalo unos meses, aún estoy en que Candy, termine de perdonarme, por cierto, has un pedido a la florería, quiero que reciba mis flores como antes.

-Si de inmediato, supongo que nos quedaremos una temporada en este continente.

-Solo hasta que las cosas se arreglen con Candy, después veré que hago con el consejo y dependiendo regresaremos América, pero no pienso regresar sin ella, eso jamás.

-George solo sonreía, ya se te ve otro semblante.

-Como no, si ya estoy con el amor de mi vida.

En la casa de Candy, recibía no uno sino varios arreglos florales, los cuales fueron llenando toda la casa, con una nota.

Sé que aquí no hay dulce Candy, pero con estas rosas espero llegar a tu corazón.

Con todo mi amor William Albert Andlay.

Candy, vio solo iban llegando los arreglos uno tras otro, llenando toda la casa, hasta en los escalones hubo que ponerlos, ya que no cabían de tantos que llegaron.

Cecil, estaba estupefacta nunca había visto tantas rosas en su vida, ni en la florería más grande había tantas rosas.

- señora el señor, se las mando.

Candy, solo sonreía, sabía que él era así, un poco excéntrico, pero muy detallista.

-Hay Cecil, no sabe cómo es el, se lo propone puede ser un amor.

-hay señora, yo me estaría deshaciendo de amor, suspirando.

Bueno voy a salir, preparen la comida el señor vendrá a comer, saliendo para ir con la modista e ir a recoger sus vestidos que ya había pedido con anterioridad.

En la oficina de Albert, se presentaba el Sr. Dash con su hija, alegando querer una reunión con Albert en ese momento, llevando su hija para que se fuera empapando con los negocios de su padre, pero el fin era otro.

Albert, los atendió muy cortésmente, iban a lo mismo queriendo persuadirlo para que invirtiera en su textilera.

-Vamos querido amigo, una inyección es todo lo que necesitamos.

-No está en mí, yo hice mi oferta, pero sus socios son los que no quieren, Dash soy hombre de negocios, así que lo lamento esa es mi propuesta.

-Bueno al ver que no lo hago cambiar de opinión, me despido, solo que le traía unos papeles para otro negocio, que tonto, los deje en mi oficina, voy por ellos, hija espera yo regreso.

-Yo le digo a mi secretaria que los traiga.

-No, no tonterías, yo voy.

Lesly, sonriendo ya que se quedaría sola con él, al ver salir a su padre, se levantó para rodear a Albert, donde estaba su asiento…

- dígame señor Andlay, no se le apetece algo de aventura.

-Albert, carraspeo con incomodidad, señorita Dash, no, la verdad no, quitando sus brazos de su cuello, poniéndola cortésmente en su asiento, se sentó en la orilla de su escritorio, la miro fijamente.

- Srta. Si sabe que soy casado, mostrándole el anillo que ya portaba.

-Si lo sé, poniendo su mano en su pierna, pero nos podemos divertir.

Albert, tomo su mano y la quito de su pierna, no gracias, de verdad estoy muy feliz con mi mujer, su padre no tarda en llegar, será mejor que lo espere afuera, ya que estoy ocupado, levantándose para abrir la puerta.

Candy, después de ir por sus vestidos mando los paquetes a su casa y se dirigió a la oficina de Albert, para decirle que lo esperaba para comer, iba a mandar un recado pero decidió ir personalmente pensó que era un buen detalle hacerlo.

En cuanto entro la secretaria, la reconoció ya que Albert, siempre tenía una foto de ella en todas sus oficinas y por los periódicos- Sra. Andlay.

-Buenos días, sabe quién soy…

-Si señora, claro.

-Mi esposo, se encuentra

- Si, esta solo que él, está ocupado pero la anuncio.

En ese momento Albert, abría la puerta para que Lesly saliera, pero no se percató de quien estaba al otro lado de la puerta, al momento de abrirla Lesly, se le echó encima, para darle un beso en la boca, el cual no pudo esquivarlo, solo la aparto en cuanto la sintió encima.

Candy, se quedó en shock no podía creer lo que sus ojos veían, en cuanto a Lesly, solo camino como niña que había hecho una travesura, tocando sus labios percatándose que Candy la había visto.

Candy, la miro y arqueo una ceja, cuando paso al lado de ella le dijo…

_ Lesly, deberías cambiar de perfume.

-No, porque si mi perfume huele delicioso.

-Porque hueles a mujerzuela barata.

Leslie, solo salió de la oficina se fue un poco molesta por el comentario de Candy, pero sabiendo que entre ellos generaría un problema.

Albert, al ver a Candy, solo se quedó estático, Candy, ya no quiso entrar solo se volteo para salir, muy molesta, pensando lo peor, _ claro pero que estúpida soy, como me ama, pamplinas, hasta que sintió un agarre en su brazo.

-Candy, por favor deja que te explique, no es lo que tú crees.

-Suéltame completamente furica, ahora que vas a decir, que también se está muriendo, que todo esto es por humanidad, acaso es eso, mirándolo con rabia.

-No mi amor, deja que te diga, solo escúchame.

-Ya vi suficiente, que me vas a decir, que solo estaba aquí, porque se le perdió el camino para comprar unos guantes, no me creas estúpida.

Candy, eso no es así, solo hablemos.

-No, ya te dije que no, soltándose de él y subiendo a su cochero para volver a su casa, ya cuando entro vio las rosas y comenzó aventar los jarrones al suelo rompiéndolos.

-Pero señora que hace, no ¿porque hace eso?

-Cecil, tíralos, tíralos todos muy pero muy enojada, no los quiero ver en esta casa, escuchaste no los quiero.

-Pero señora donde voy a tirar todo esto.

-No sé, solo deshazte de todo, subiendo a su habitación para encerrarse.

Cuando llego Albert, vio el desastre imaginado la reacción de Candy.

- Cecil, la señora.

-En su cuarto señor, pero yo que usted no la molesto, está muy enojada, no sé, que le hizo, pero ahora si estaba furica, fíjese que me pidió tirar todo esto.

-Cecil...

-Dígame señor…

-Ssssshhhh

voy al despacho, solo si vez que la señora sale de su cuarto, avísame inmediatamente, en cuanto yo suba a la recamara, no quiero que nos molesten y mañana solo que se esté acabando el mundo, sino bajo pena de despido, si llegan a tocar esa puerta, me voy a molestar muchísimo.

-Sí, señor, pero si la señora me necesita.

-Nada, tú no te acercas a esa puerta, al menos que te llame, estamos.

-Estamos señor.

Albert, entro a su despacho, dejaría que Candy se calmara, sino no lo iba a escuchar, así hiciera lo que hiciera, la conocía muy bien, que solo opto por dejarla que se tranquilizara. Después de dos horas y de haber tomado un par de copas de Whisky, realmente los necesitaba para poder calmarse, sabía que iba a tener una buena discusión con ella.

Subió las escaleras hasta la habitación, al ver que estaba cerrado metió la llave para abrir, pensando que iba a encontrar una Candy llorando, pero no fue así, Candy, en cuanto lo vio le aventó lo primero que encontró fue un zapatazo que le propino en la cara, después otro, tras eso un cepillo de su cabello y hasta un jarrón donde estaban unas flores, si no fuera porque lo esquivo se lo desparpaja en la cabeza.

-Cálmate mi amor, por favor, tranquila.

-Te largas de mi cuarto, chasqueando los dedos, pero inmediatamente, aquí no te quedas y no te quiero volver a ver en mi vida, gritándole.

Albert, contra todo se acercó y la tomo de las manos_ Cálmate, solo tranquilízate, poniéndola en la cama, Candy, se forcejeaba con él, pero contra la fuerza de Albert, simplemente no podía, así que aun con la respiración alterada, trataba de pegarle.

-El solo se le puso encima, para inmovilizarla, y comenzó a darle besos en la cara, después la miro a los ojos diciéndole _ mírame, si escúchame te amo Candy, para mí, no hay, ni habrá nadie más que tú, me muero por ti, solo mírame para que veas que no te estoy mintiendo.

-No, si tú nunca mientes, yo me tengo que tragar todo lo que tu…

En ese momento Albert, poseyó sus labios, besándolos lento y apaciblemente, Candy, quería desviar el beso, pero al sentir sus labios, aunque trataba, su mismo cuerpo la traicionaba, la beso en la cara, hasta llegar a su oído, susurrándole, _ te amo, Candy, solo a ti, despacito como un murmullo.

Candy solo dejo salir unas lágrimas de solo escucharlo, pero ya no sabía, si era porque deseaba créele o por el coraje que tenía.

-Candy, te amo, nunca he dejado de amarte, solo vuélveme a querer, si como antes me querías.

Candy, solo lo miro estaba molesta, muy molesta, aunque deseaba que el la besara, solo se quedó ahí, mirándolo, _sabes, que no sé, que me molesta más, si en verdad quise creerte, pero ya no, ya no te creo nada.

Albert, se levantó de la cama, Candy, solo dame una oportunidad, solo una te pido, para demostrarte que te amo, que es a ti a quien tengo en el corazón.

Candy, también se levantó de la cama y lo miro a los ojos, cuando de repente splash, una cachetada en la mejilla, _esta es, para que nunca más me vuelvas a ver la cara de estúpida, splash seguida de otra _esta es, para que nunca más vuelvas a persuadirme de que te crea, cuando le iba a plantar la tercera…

Albert, esta última, le tomo la mano, arrinconándola en la pared susurrándole al oído, _puedes matarme si quieres, pero eso no va a cambiar el hecho, lo que sientes por mí, ni lo que yo siento por ti, nos amamos, lo sé, porque si no fuera así, no te hubieras puesto tan celosa, poseyendo sus labios, esta vez con muchísima pasión.

_ Suéltame, no volverás a tocarme, escuchaste, jamás dejare que me vuelvas a tocar, Cuando Albert, la quiso arrinconar de nuevo, ella lo golpeaba en el pecho, suéltame, suéltame…

-No y ahora me toca a mí, me vas a escuchar, así sea lo último que haga, tomándola de la cintura con mucha fuerza y colocándole como aquel que va a retar a un niño, se sienta en la cama y la pone boca abajo en sus piernas.

-No, que me vas hacer, Albert, que me vas hacer, no te atrevas, ni se te ocurra, pataleando, pero en contra la fuerza de Albert, que la tenía inmovilizada.

Albert, la detenía y levantaba el vestido de la parte de abajo, hasta dejarla solo con la ropa de los calzoncillos, _ lo que debí hacer hace mucho tiempo, meterte en cintura, si la tía abuela me decía que había que hacerlo y yo siempre me negué, por el amor que te tengo, pero se acabó, ya colmaste mi paciencia, splash, una nalgada con su mano, esto es porque me abandonaste y esta otra porque no dejar que te encontrara.

Candy, se le resbalaban las lágrimas, pero no del dolor, sino del coraje.

-Ya te vas a calmar o le seguimos, hasta que se te pase el berrinche.

-Candy, solo acento con la cabeza, sentándose en la cama, limpiándose las lágrimas.

Solo te pedí que me escucharas, hace unos días yo te escuche, con toda la paciencia del mundo, sin celos, ni reproches, aunque por dentro los sintiera, aun así, te escuche, todo lo que me dijiste que te habías visto con Stefano y ahora que yo te pido lo mismo, tú no puedes hacer.

Candy, a que le temes, si yo te amo, por dios, no puedo vivir sin ti, te quiero, te deseo, eso nunca ha cambiado, ni cambiara, no me interesa ni una mujer, si, debo confesar que antes de casarnos si hubo mujeres en mi vida, no lo niego, pero después solo fuiste tú, nadie más, Candy, yo todo este tiempo no he estado con nadie.

Cuando tu entraste a mi vida, ya no hubo, ni habrá nadie más, solo tú vives aquí, nadie más, poniéndose la mano en su corazón, siempre has estado aquí metida y temo nunca poder sacarte de ahí.

Candy, lo que paso con Lesly, lo que viste, bueno fue que ella, bueno tú sabes, como son algunas mujeres, diablos, se puso un tanto cariñosa, rascándose la cabeza.

Candy, soy un caballero, me es difícil hacer esto.

Yo no hablo de las damas, pero quieres escucharlo la acababa de rechazar y cuando abrí la puerta ella te vio y se lanzó a darme un beso, lo hizo para causarme un problema contigo y eso lo sabes.

Yo, no pensé que Dasch, llegaría a tanto, con tal de conseguir la inversión, pero hora que veo como están las cosas, no pienso tener esa inversión, sobre pasaron mi confianza, Candy, a mi Lesly no me interesa, es una chiquilla que no sabe lo que quiere, ni siquiera creo que este consiente, de lo que la están orillando hacer.

Candy, a mí me cuesta mucho contarte estas cosas, yo estoy educado de una manera en la cual, me cuesta mucho hablar de alguna mujer, sea la situación, que sea y tú lo sabes, pero estoy tratando de comunicarme contigo de tenerte confianza, de que, de ahora en adelante, aunque me cueste trabajo, debo decirte las cosas, aunque eso implique que me creas o no.

Candy, lo miro a los ojos, vio que era sincero en lo que le estaba diciendo, realmente sentía muy dentro de ella que le estaba diciendo la verdad, por primera vez, sentía creer lo que le estaba diciendo, por primera vez, sentía dentro de su corazón, que él, se estaba abriendo a ella, como nunca lo había hecho.

-Te amo más que a mi vida, tomándola de la cintura para acercarla hacia él, comenzó a besar su cuello, volviendo a su cara, para besar sus labios, quedito, disfrutándolos, saboreándolos, era el momento que había estado esperando, para que volviera hacer su mujer.

Dime que me crees, mirándola en lo que le daba un par de besos, limpiando sus lagrimas

-Candy, solo lo miro y acento con la cabeza, comenzando a besarlo, es que no quiero que me vuelvas a lastimar.

-No lo haré, te lo prometo, comenzó a besarla con mucha pasión, casi sin darle tregua a respirar, Candy, correspondía a cada beso, a cada caricia.

Albert, la besaba, con delicadeza susurrándole te amo, mi amor, te amo mucho, besando su cuello, subiendo de nuevo a sus labios, con destreza, comenzó a desatar el vestido, ya que traía el estorboso corsé, para desatarlo, era difícil, pero comenzó a desatarlo con destreza, despacio para liberarla de esa tortura, sin dejar de mirarla, para después quitar esa estorbosa falda, pero quitándola, hasta dejarla sola en una bata muy transparente que dejaba ver su hermoso cuerpo.

Albert solo comenzó acariciar el cuerpo de Candy, con dulzura con mucha delicadeza.

Empezó a desabrochar su Camisa, despacio sin dejar de mirar a Candy, ella, redondeo con sus brazos su cuello, participando, sintiendo la piel desnuda de Albert, acariciándolo y correspondiendo a los besos que él, le daba.

Ella como pudo desabrocho el cinturón para bajar el pantalón y meter su mano, en su miembro que ya estaba más que deseoso de salir, Albert por su parte comenzó a prodigar besos por su cuello bajando esa bata que le estorbaba, dejando desnudos sus senos, besándolos, acariciándolos, dando pequeños mordiscos, jugando con sus pezones con su lengua, bajando lentamente besando su vientre para abordar su parte intima, jugando con sus pliegues, saboreando su néctar, sutil, sintiendo como ella disfrutaba.

Candy se revolcaba del placer, toda la pasión contenida de tantos años, la estaba sacando en ese momento gemía de placer, se mordía los labios y apretaba la sabana con sus manos, poso sus manos en el cabello de él, acariciándolo, haciendo que el levantara la cara para regresar de nuevo dejando besos por donde el regresaba para tomar su boca.

Los dos, estaban extasiados del placer que sentían, de una estocada Albert penetro a Candy, haciendo que ella soltara un gemido detrás de un grito haaaaaa, besándola con pasión, comenzó hacer su faena, moviéndose dentro de ella, escuchándola como sentía placer, Candy lo rodeo con sus piernas y se tuvo que agarrar de la testera de la cama, porque las estocadas de Albert la estaban atacando que sentía desmayarse, al sentirlo, sus entradas y salidas eran cada vez más fuerte, solo sentía el calor que expedía encima de su cuerpo y ella, solo gemía con cada arremetida que le daba, Albert la besaba casi sin dejar de respirar, sintiéndose dentro de ella, era algo por lo cual habia soñado hace mucho tiempo y ahora era una realidad, los mismos roses de su pene con la vagina de Candy, y los espasmos de ella, hicieron que se escucharan los gemidos que ambos soltaban, para terminar en un clímax, vaciando todo su ser dentro de ella, con un par de gemidos ohhhhh, siiiiii, haaaaaaa, disfrutando de terminar su encuentro.

Albert, solo se dejó caer encima de ella, sudado y besando su cuello, susurrándole te amo, aun dentro de ella, sin querer separarse, hasta que su propio cuerpo le dio la pauta para hacerlo, se recostó detrás de ella, abrazándola y besando su espalda desnuda, aun con los corazones agitados, la tomo de las manos y las entrelazo con las suyas,

- Te amo, mi amor derramando unas lágrimas, no sabes cómo te extrañe, tu olor, tu sabor, toda tú te extrañe, no puedo vivir sin ti, eres el amor de mi vida, si no estás conmigo, mi vida no tiene sentido.

Volteándola para mirarla a la cara, para ver sus ojos que igual que los de ella, estaban bañados en lágrimas, - yo también te extrañe mucho, hundiendo su cabeza en su pecho, te amo Albert, siempre te he amado y nunca dejare de amarte.

-Mi vida, no vuelvas a dejarme, sin ti me muero, entiendes, no lo vuelvas hacer, volviéndola a besar, sus cuerpos para ese momento reaccionaban, al contacto que estaban sintiendo, ya solo basto para que Candy, prodigara unos besos por el pecho de Albert, para que este se excitara al grado de tener su erección lista para tomar a Candy, esta vez cambiando de posición para tomarla, poniéndola en cuatro, poniendo una pequeña almohada bajo su pelvis, besando sus caderas, torturándola con su pene rosando su clítoris.

-Confía en mi amor, te encantara, Penetrándola de esa forma, Candy solo sentía que tocaba el cielo con cada arremetida, que Albert, le daba, acariciando su espalda, sus glúteos, masajeando su clítoris y sus senos, abrasándola de la cintura hasta acabar con un clímax muy pasional.

Así, se la pasaron toda la tarde, amándose sin control, besándose, tocándose y estaba de mas que no se acordaron ni de comer, hasta quedarse dormidos del cansancio que tenían, hasta muy entrada la noche despertaron, Candy, se levantó, pero en cuanto trato de parase, Albert, la arrastro con el de nuevo.

- No, quiero que me dejes.

-Amor, voy al baño y a traer algo de comer, muero de hambre.

-mmm no, no hay que comer, solo quédate conmigo.

-Tengo hambre Albert, de verdad además quiero ducharme.

-mmm está bien, viendo como Candy, se levantaba para ir al baño, poniéndose una bata para ir a la cocina por algo de comer, al estar todo guardado en la cocina, solo se dedicó a preparar unos sándwiches y dos vasos de leche, así como fruta que tenía, subió la charola y la puso en la cama, comieron entre besos y arrumacos.

Después Candy, fue al baño a preparar la tina, para tomar un baño, el cual disfrutaron los dos sumergiéndose en la tina, Albert lavaba el cabello de Candy, y tallaba su espalda, descansando su cuello en la tina, y Candy, posando su cabeza en el pecho de Albert, así estuvieron un largo rato hasta que el agua se puso fría, se salieron de la tina, para regresar a la cama, para seguir amándose.

CONTINUARA…

Bueno chicas, después de una tormenta dicen por ahí que siempre viene la calma, pero para esta pareja yo diría que la cama, bueno pues ya está la reconciliación.

Yo pienso que nuestro príncipe, ya merecía que lo perdonara, además nuestra Candy, ya se estaba pasando en sus castigos, bueno digo quien no se ha dado sus a garrones con el marido y a veces ni la deben, lo digo porque he visto casos, pero eso, eso es otra historia.

-Bueno, las espero en el próximo capítulo, ya saben por la XEW, RADIO.

p.d. Espero sus reviw.