EN BUSCA DE LA FELICIDAD

CAPITULO XVII

Albert no quería ocultar la verdad a Dorothy, pero tenía miedo que esta le afectara a su bebé, así que le contó detalladamente y tranquilamente lo que había sucedido, admitió la parte donde Griselda se había presentado como su novia, después de todo había sido ella y no él y aunque no la desmintió, eso no era verdad. Dorothy escuchó cada una de las palabras de Albert, atentamente, sintiéndose triste por cómo se había dado la situación, ella quería mucho a Candy y sabía cuánto amaba a Anthony, además ella siempre vio a Anthony como una persona buena y noble y había sido el primero enterarse de su estado y la ayudó y calló su secreto a pesar de saber o imaginarse quién era el padre de su hijo todo porque quería y respetaba a su tío Albert.

-Me parece que has sido muy injusto con ellos Albert. – Dijo finalmente, se escuchaba triste y temerosa de ofender a Albert, después de todo aún no le tenía mucha confianza, siendo el Sr. Andrew. Albert la miró sorprendido por su comentario, pero no era la única que se lo había dicho.

-Lo sé. – Dijo únicamente.

-El joven Anthony te defendió ante David, siempre dijo que al no saber lo del embarazo por eso no habías hecho frente, él siempre estuvo de tu lado Albert. – Albert la miraba sorprendido, sabía que Anthony había tratado de hablar con él pero no como lo había defendido, la tía abuela no había sido tan clara en eso.

-Sé que fui injusto, pero aun así no debió casarse sin mi consentimiento. – Decía aún reacio a lo que había hecho Anthony.

-Tal vez al ver cual fue tu reacción tuvo miedo de que te opusieras.

-Tal vez, pero no dejo de sentirme excluido.

-Y no lo dejarás de sentir, pero entiende cómo se sintieron ellos al ver que la persona en que confiaban ciegamente los estaba obligando a separarse. –Albert no decía nada, solo escuchaba atentamente. –Ellos tuvieron miedo y al parecer por lo que dices, si Anthony se enteró del embarazo de Candy justo después del desmayo no pensó claramente las cosas, solo pensaba que tú los querías separar y él solo quiso proteger a Candy y a su hijo. Él la ama Albert, y ella a él y tú no le permitiste hablar, solo lo obligabas a hacer algo que no quería. ¿Qué harías si alguien te obligaba a casarte con una persona que sabes está mintiendo?

-Eso sí lo entiendo, pero lo de la boda…

-No seas necio, ellos hicieron lo que creían correcto en ese momento, además deberías agradecer que el joven Anthony se casó con ella, protegió rápidamente su honor, solo pensó en ella, además es tu sobrino, tú lo conoces bien.

-Tienes razón, debo hablar con ellos. – Dijo ya más convencido.

-¿Por qué no vas a verlos? – Sugirió Dorothy segura de que era lo mejor.

-No, primero estás tú…

-¿Y te sorprende que el joven Anthony primero piense en Candy? – Preguntó con una sonrisa Dorothy.

La tía abuela estaba en el despacho cuando llegó Miles a avisar de una nueva visita.

-Adelante. – Dijo con voz aguda.

-Señora Andrew.

-Dime Miles.

-El Señor Simmons ha llegado.

-¿Harold? – Preguntó sorprendida.

-Así es madame.

-Bien hazlo pasar, por favor Miles. – El mayordomo se alejó para ir por el señor Simmons y dirigirlo hacia el despacho de Elroy.

-Adelante Harold.

-Muy buen día Elroy. – dijo amablemente, besando la mano de la tía abuela. – Tan hermosa como siempre.

-Vamos Harold, sigues igual de meloso que siempre.

-Sabes que siempre admiro la belleza y la tuya no ha disminuido con el paso del tiempo. – Elroy lo miro divertida y halagada, sabía que ese hombre siempre la pretendió siendo muy joven, pero ella al saber que era un mujeriego nunca tomó en serio sus halagos, pensaba que solo era un juego para él.

-Siempre fuiste un zalamero.

-Sabes bien, que si tú me hubieras aceptado, yo no hubiera volteado a ver a nadie más. – Le dijo mirándola fijamente a los ojos. Elroy miraba a aquel hombre que a pesar de los años seguía siendo un hombre atractivo a pesar de los cabellos plateados y las arrugas en su rostro, seguía teniendo ese porte atractivo y galán, además de su pulcra y elegante vestimenta, su gran altura que con la edad había disminuido un poco, sin embargo seguía siendo admirada por Elroy.

-Vamos Harold, no bromees y dime ¿A qué has venido? –Preguntó Elroy sabiendo perfectamente la respuesta.

-Elroy, sabes bien a que he venido, quiero conocer a esos muchachos en persona y verificar el parecido personalmente, unas fotografías no son suficientes para aclarar una verdad. – Elroy asintió pero tenía duda de si realmente hacer eso.

-Tendré que consultarlo con Albert.

-Bien, entonces lo espero. – Dijo Harold decidido a no irse sin ver a los muchachos.

Albert llegó al despacho después de que había sido avisado de la presencia de Harold.

-Buen día. – Saludó amablemente Albert.

-William él es Harold Simmons ¿Lo recuerdas? – Albert volteó a ver a Harold con algo de sorpresa, sus ojos le recordaban a Dorothy si no fuera por el color serían exactamente iguales.

-Que tal señor Simmons. – dijo amablemente. -¿A qué debemos el honor de su visita?

-Buen día William, eres igual a tu madre, desde niño se lo dije a tu padre. – Le decía en tono paternal él siempre había visto a los hijos de William padre como a unos sobrinos, pero el distanciamiento que tuvieron por su estupidez le impidió seguirlos frecuentando. Albert lo veía confundido recordaba a ese hombre que cuando niño frecuentaba seguido a su padre, manteniendo largas charlas en la biblioteca de la mansión pero todo era ya muy lejano y quedaba en su memoria como un vago recuerdo. - Ya eres todo un hombre William, por eso quiero hablar de hombre a hombre contigo.

-Usted dirá. – Dijo Albert seriamente.

-Elroy me comentó lo que te dijo el joven David Jones, y efectivamente yo tuve un romance con su madre. Ella y yo nos conocimos siendo unos jovencitos y nos enamoramos, desafortunadamente William también se enamoró de Helen, así que decidimos mantener nuestro romance en secreto. Con el pasar de los años mis padres me prohibieron seguir viéndola, tendría que casarme con alguien de la misma posición que yo, así que Helen me rechazó y yo opté por dejarla tranquila. Después me enamoré perdidamente de… - Dijo mirando fijamente a Elroy. - … de una muchacha que era más joven que yo, siempre me había gustado, pero al ser la hermana de mi mejor amigo, no me animé a decirle del todo la verdad, solo le hacía comentarios y halagos para ver si tenía alguna posibilidad con ella, pero nunca creyó en mis sentimientos y se casó con un viudo o la casaron mejor dicho, con un viudo que ya tenía que una hija. Eso me decepcionó bastante, así que un tiempo hice lo que todos creían que hacía, ser un mujeriego, tuve una vida muy ligera hasta que mis padres decidieron comprometerme con Adelle, ella era una muchacha de buena familia, hermosa, noble, pero sobre todo muy rica, decían mis padres de mi posición, así que aunque mi corazón estaba en otro lado acepte casarme con ella. Helen me lo reprochó a pesar de que ya teníamos mucho tiempo separados y de que ya no tenía ningún sentimiento de amor hacía ella, con el paso de los años llegué a querer a Adelle, ella se lo merecía, así que dejé la vida que llevaba con el nacimiento de nuestro hijo. Un día estaba pasado de copas y llegué tarde a casa, había bebido mucho con William, precisamente en esa biblioteca, estaba por celebrar mi cumpleaños y cada año nos reuníamos a festejar por anticipado, yo llegué a mi casa como pude y Helen estaba esperándome en el salón, me ayudó a subir las escaleras y opté por no despertar a mi esposa y nuestro hijo recién nacido quienes dormían en nuestra habitación y le dije a Helen que me llevara a un cuarto de huéspedes, no sé qué pasó, no lo recuerdo voy a ser sincero, no quiero hacerme la víctima, pero solo recuerdo llegar a la habitación y que al caer en la cama por mi peso me llevé a Helen conmigo y cayó sobre mí. Al despertar me encontré junto a Helen ambos en una posición muy comprometedora, ella estaba muy apenada y ambos acordamos no decir nada. – Elroy y Albert seguían en silencio la historia, ninguno interrumpía, mucho menos Elroy, quien recién se enteraba que los sentimientos para su persona eran sinceros. – Una noche llegó a decirme que había quedado embarazada. Yo entré en pánico, Adelle había tenido a nuestro hijo un par de meses antes, yo no sabía qué hacer, le dije que me diera tiempo para pensar la situación y me esperó un mes solamente, amenazó con decirle a mi esposa y discutimos. Terminé corriéndola de la mansión, cuando llegué a contarle a William sobre lo sucedido y buscar un consejo ya era tarde, él sabía lo que había entre Helen y yo, discutimos y terminamos peleando y destruyendo nuestra amistad. Yo busqué a Helen después para hacerme responsable del bebé, pero ella una y otra vez rechazó mi ayuda hasta que se casó con Edward Jones. Entonces él me enfrentó y me dijo que si volvía a acercarme a ella o a los gemelos haría pública mi paternidad. Yo fui un cobarde, por proteger a Adelle hice lo que me pidió y nunca más regresé.

-Pero y tus hijos ¿Los conocías? – Preguntó Elroy.

-Los vi muy pocas veces, Helen no permitía que los viera. Cuando llegaba ella los metía en su casa y no los dejaba salir hasta que yo me iba después de una discusión. Por eso cuando Elroy llegó yo no creí que eran ellos, al parecer mi secreto no lo era tanto, ya que varios gemelos diciendo ser mis hijos llegaban a pedirme dinero, después me enteré que el mismo Edward había hablado de más y los enviaba para pedirme dinero, yo había caído un par de veces, hasta que me enteré que esos chicos tenían sus propios padres.

-Ya veo. – Decía Elroy. – Por eso estabas escéptico. –Harold asintió. – Pero yo no te haría eso a ti yo te estimaba mucho. – Dijo Elroy con suma vergüenza, delatándose un poco de que ella también había sentido un enamoramiento en su tiempo.

-Lo sé Elroy, pero ahora que sé que son mis hijos, quiero conocerlos.

-No creo que sea oportuno. – Dijo Albert. – Dorothy se encuentra delicada.

-¿Su embarazo? – Preguntó temeroso, mientras Albert asentía.

-El médico dice que es de alto riesgo, por lo menos hasta que pase el primer trimestre.

-Entiendo. – Decía Harold. – Pero… ¿Y David?

-David está cegado por el odio contra ti, al parecer el señor Jones se encargó de ello.

-El señor Jones, no fue tan bueno como David cree.

-¿A qué te refieres tía abuela?

-Veras William, Dorothy llegó a nuestra casa a pedir trabajo siendo una jovencita de apenas trece años, aquí en la mansión había personal suficiente, pero me suplicó que la ayudara y que la contratara, me contó su historia y no pude negarme a darle trabajo, pero la envié con los Leagan para que se quedara con ellos toda la semana, yo no sabía que era hija de Helen, no lo dijo, solo dijo que su padrastro había tratado de abusar de ella y que se había salido de su casa, me dijo que necesitaba trabajo para mantener a sus hermanitos y cuando ofrecí denunciar a ese hombre para que no lastimara a los demás niños, me dijo que su mamá se haría cargo de ello, pero aun así ella necesitaba trabajar, no fue hasta que David le dijo a Albert de quien eran hijos que supe la verdad. Hablé con Dorothy y me comentó como había sucedido realmente todo, lo de los hermanos no era verdad, solo era para convencerme de quedarse trabajando, ya que nunca le comentó a nadie sobre lo acontecido con su padrastro. – Albert escuchaba cada una de las palabras de Elroy y apuñaba sus manos en señal de la rabia y la impotencia que lo embargaba por dentro al no poder hacer ya nada por defenderla del padrastro, ya que había desaparecido y nadie tenía noticia alguna del tipo.

-¡Edward es un maldito! – Dijo Harold ofendido y sintiéndose más culpable por haberlos abandonado a su suerte, creyó que él sería un buen padre para ellos y si bien él recibió alguna vez su ayuda a espaldas de Helen, el haber tratado de estafarlo no lo hacía un buen hombre, pero a los ojos de David era todo lo contrario, ya que él según había dicho Albert, lo adoraba.- Albert, sé que Dorothy está esperando un hijo tuyo y sé que es mi nieto, así que me gustaría que ella y David llevaran mi apellido.

-Eso es algo que debe hablar con ellos señor Simmons, ninguno está interesado en su dinero, prueba es que ellos sabían quién era su padre y nunca lo buscaron.

-Lo sé, sé que ellos nunca me pidieron nada, más sin embargo yo les debo todo, quisiera conocerlos y tratar de que me perdonen.

-Con David será más difícil que con Dorothy, pero ella está delicada.

-Yo puedo hablar con ella. - Decía Elroy quien estaba interesada que Harold diera su apellido a Dorothy, así la gente no hablaría tanto y los apellidos Andrew-Simmons quedarían enlazados como una vez fueron sus más profundos deseos.

Candy y Anthony habían acomodado sus pocas pertenencias, utilizarían el closet del cuarto de Albert para acomodar las cosas de Anthony ya que el departamento era muy pequeño y la habitación serviría ya que naciera el bebé.

-Amor ¿Tú crees que es buena idea que vivamos aquí con el bebé? – Preguntó Candy indecisa.

-¿Por qué no? El departamento aunque pequeño es acogedor y si vemos que es muy pequeño buscaremos otro.

-¿Y tú estarás bien aquí? – preguntó ahora avergonzada, ya que el lugar era muy sencillo comparado con los lujos que estaba acostumbrado el joven Brower.

-Amor, yo estando contigo no me importa donde esté, lo importante es estar a tu lado, sabes que soy una persona sencilla, no necesito de lujos para ser feliz lo único que necesito es estar contigo. –Dijo besándola tiernamente y abrazándola bajo sus brazos y protegiéndola, siendo un abrigo para su alma, Candy se sentía feliz y más enamorada que nunca.

-Bien tortolitos, ya quedó todo listo. – Dijo Stear. – Nosotros nos vamos, ya que mañana también tenemos que reportarnos al consorcio.

-¿No se quedan a cenar? – Preguntó Anthony.

-¿Quién cocinará? – Preguntó Archie, quien conocía los desastres culinarios de Candy, quien volteó a verlo ofendida, y al notarlo Archie se sonrojo. – Lo siento gatita es por precaución. – Stear y Atnhony se reían de ver a esos dos discutiendo.

-No te preocupes Archie, pediremos comida, no permitiré que mi princesa cocine, debe estar muy cansada. – Dijo Anthony y Candy sintió una infinita ternura ¿Cómo no amarlo? ¿Cómo olvidarlo? Si su amor y ternura para con ella era infinita, siempre había sido así con ella y nunca había conocido a alguien así, solo a él. Le sonrió enamorada y se aferró a su cuerpo buscando esa protección que le había faltado después de perderlo.

-Bien. – Dijo Stear. – Mientras Candy descansa, Archie y yo iremos por la cena.

-Me parece bien. – Dijo Archie, y Anthony asintió. Candy entró a su cuarto para ir por ropa más cómoda y darse una rápida ducha. Anthony fue con ella para convencerla de esperar un poco y así aprovechar y bañarse ambos, Candy se sonrojó por el pedido pero accedió feliz.

-Está bien amor, solo me quitaré las botas para descansar los pies. – Cuando Candy se sentó Anthony tomó uno de sus pies aflojando las cintas que tenían las botas, una a una hasta dejarla descalza, acarició y besó sus pies con infinito amor. -¿Qué haces Anthony? – Preguntó sorprendida.

-Nada, sólo ayudarte a que te sientas mejor. – Le dijo sonriente, ella correspondió a su sonrisa tomándolo del mentón y besándolo dulcemente.

-Te amo Anthony.

-Yo te amo más mi princesa. – Le dijo besándola nuevamente pero esta vez con mayor intensidad.

Más tarde los Cornwell llegaban con la comida y todos prepararon lo necesario para disponerse a cenar. Candy estaba hambrienta, el embarazo había aumentado su apetito, pero trataba de disimular para no parecer una glotona, sobre todo ante los ojos de su príncipe, los otros dos no le molestaba mucho.

-Anthony ¿A qué hora tienes que estar en el hospital?

-Tengo que estar muy temprano.

-¿Quieres que pasemos por ti? –Preguntó Archie quien al ser el más dormilón le preocupaba madrugar.

-No es necesario, además el hospital está cerca de aquí, podré ir caminando. – Dijo decidido.

-No es necesario Anthony. – Dijo Stear. – Además nosotros también tenemos que ir al consorcio muy temprano, George nos espera ¿Verdad Archie? – Este asintió sin otra opción, ahora era un adulto tenía que ser más responsable y madrugar.

-No se preocupen chicos. – Dijo Candy. – Yo puedo acompañar a Anthony al hospital.

-De ninguna manera hermosa, tú tienes que descansar además es muy temprano, yo me iré caminando, no se diga más. – Dijo Anthony a todos para no seguir la discusión no quería que sus primos tuvieran que madrugar y mucho menos que su esposa caminara en su estado, él la quería sana y fuerte para que estuviera bien ella y su hijo.

A pesar de las quejas de Anthony, Candy se levantó muy temprano para hacer el desayuno y prepararle algo de comer para llevar, no sabía a qué hora llegaría por la tarde, pero si sabía que sería más tarde quedándose sola todo el día.

-Que tengas un excelente día amor. – Dijo Candy muy amorosamente.

-Tú también hermosa. – Le dio un dulce beso en los labios y la abrazó con fuerza. – Te amo princesa, cuídate mucho, si necesitas algo envía alguien a buscarme sin dudarlo. –Candy asintió con una sonrisa y volvió a besarlo.

-Descuida amor, ten mucho cuidado por favor. – Le decía preocupada, ya que era la primera vez que Anthony iría caminando y ella no estaba segura si conocía el camino.

-Te lo prometo amor… te amo preciosa. – Dijo por fin retirándose del departamento, Candy lo miraba desde la ventana moviendo su mano en señal de despedida, haciendo lo mismo el rubio y enviándole un beso con la mano, ahí se quedó Candy observándolo hasta que se perdió de su vista.

-Cuídate mucho amor. – Susurró Candy quien ahora tendría mucho tiempo para ella, iría al mercado para prepararle una rica cena. Sus recuerdos se fueron un año atrás cuando pensaba que se iría a vivir con Terry, y pensó vivir por qué él le proponía quedarse con él no casarse, ella tenía la ilusión de prepararle todo como una buena esposa, sin embargo ahora lo hacía para Anthony el amor de su vida, al que pensó muerto y que nunca recuperaría y del cual ahora no solo era su esposa sino que estaban esperando su primer hijo. Sonrió feliz, enamorada, nunca había dejado de amarlo pero ahora el amor hacia él se había intensificado, había madurado de sobre manera, era un sentimiento que la llenaba por completo y se sentía segura y en total paz, sabía que todo estaría bien a pesar del desacuerdo con Albert.

-Albert ¿Qué estarás haciendo? ¿Cómo habrás tomado la noticia de nuestra boda? Espero que entiendas que nos amamos y que era necesario casarnos. –Pensaba Candy, quien había pasado de la nostalgia, a la felicidad y después a la tristeza en unos minutos, vaya que sus hormonas la estaban afectando.

-¡Basta Candy! Debes ser feliz de ahora en adelante estás con Anthony, quien es el amor de tu vida y esperas un hijo de él. – Dijo tocándose el vientre mientras esbozaba una maravillosa sonrisa sintiendo la calidez de su plano abdomen.

Se dedicó a acomodar e departamento, así como las pertenencias de su ahora esposo, salió al mercado para poder escoger bien las verduras y hacer con calma una deliciosa cena para su amado príncipe. Regresó feliz con un ramo de flores que pondría en la mesa para adornarla. Puso manos a la obra para preparar temprano la cena y así evitar algún desastre, había desayunado con Anthony, pero la comida le tocó hacerla sola y la cena esperaría por él. Terminó de preparar la cena, y se sentía muy cansada, pero satisfecha con el resultado, se metió a su recámara para prepararse y recibir a su esposo, se dio un baño y preparó la mesa para una cena romántica.

Anthony por el contrario, llegó muy temprano al hospital ante la mirada de admiración de las enfermeras y una que otra doctora, todas admiraban al bien parecido residente que empezaría a estudiar ahí, rápidamente se hizo de amigos, como era su costumbre su carisma y compañerismo lo hacían ser una persona confiable, su clase era conformada por puros hombres, ya que en la época muy pocas mujeres se atrevían a estudiar medicina y en los demás grupos sólo había una o dos mujeres que se habían atrevido a compartir los estudios con tantos caballeros. En cambio en Inglaterra era más común tener mujeres como compañeras.

El día pasó lento para Anthony, que a pesar de gustarle su carrera no dejaba de pensar en Candy, y lo sola que se sentiría en casa. La extrañaba y pensaba que era injusto para ella no salir de luna de miel, ella lo merecía y pensaba cuanto deseaba poder complacerla. Candy sin embargo no pensaba en ello, para ella ser la esposa de Anthony e iniciar su familia por fin juntos era más que suficiente.

-Mi esposa, qué bonito se escucha. – Pensaba el rubio, con una gran sonrisa apareciendo en su rostro, misma que era admirada a lo lejos por una persona.

-Buenas tardes mi amor. – Dijo al abrir la puerta del pequeño departamento, quería sorprenderla con una rosa que le llevaba de regalo, pero el sorprendido fue él al encontrarse una mesa para dos muy bien decorada, con velas y un ambiente muy romántico.

-Buenas tardes mi príncipe. – Decía sonriente al recibir la rosa con entusiasmo, luciendo realmente hermosa ante sus ojos, con un vestido rosa y un peinado que la hacía lucir dulce y tierna. - ¿Cómo te fue? –Preguntó mientras lo abrazaba del cuello y se preparaba para recibir un beso de su apuesto médico, quien la rodeo por la cintura para recibirla y atraerla más a su cuerpo para sentir su calor, fundiéndose en un beso apasionado. Cuando apartaron sus labios una sonrisa aparecía en el rostro de ambos y el brillo de sus miradas, se reflejaban uno en el otro.

-Muy bien hermosa, solo hubo un pequeño problema.

-¿Problema? ¿Qué sucedió? – Preguntó ansiosa.

-No pude concentrarme por estar pensando en cierta rubia pecosa que me ha robado toda mi atención. –Dijo besándola nuevamente, mientras el sonrojo de Candy iba en aumento, pero aun así aceptaba saborear los dulces labios de su esposo.

-Creo que ambos tuvimos un problema. – Dijo finalmente Candy muy junto a su boca, en un susurro apenas audible para él. – Yo tampoco te pude apartar de mis pensamientos, solo que yo estoy en casa, en cambio usted mi guapo príncipe está en clase. – Le dijo finalmente, mientras Anthony se sentía apenado por la leve reprimenda sobándose la nuca con su mano, mientras la otra la mantenía en su cintura. – Vas a tener que concentrarte amor.

-Me va a ser difícil princesa. – Le dijo besándola nuevamente, esparciendo cortos y suaves besos por todo su rostro ocasionando una risita en Candy por las cosquillas que le hacía.

-¿Tienes hambre amor? – Anthony asintió. – Ven vamos a cenar. – Lo tomó de la mano y lo acomodó en una silla, mientras ella se dirigía a la cocina.

-¿Necesitas ayuda hermosa? – Le decía mientras la seguía con la mirada.

-No te preocupes amor, en un momento vuelvo.

Anthony esperaba pacientemente en el comedor, mientras escuchaba todo el relajo de ollas, sarténes y platos que se escuchaba desde la cocina, sintiendo un poco de ternura y pena al ver que su amada se había esforzado mucho por recibirlo de esa manera.

De pronto apareció una bella imagen con dos platos, uno en cada mano dirigiéndose hacia él, dejando uno de ellos frente a él y el otro en la silla que estaba enfrente. Era lo único que faltaba para la cena, todo se veía muy rico y muy bien acomodado, parecía que un experto lo había preparado. Candy vio como Anthony inspeccionaba la comida y sintió angustia de lo que él llegara a pensar o peor de que no le gustara. Anthony olfateo el platillo y sonrió gustoso.

-¡Huele delicioso princesa! – Dijo por fin y Candy respiró un poco, pero aún faltaba que lo degustara. Anthony llevó un bocado a su boca y lo saboreó lentamente, definitivamente le había quedado delicioso.

-¿Te gustó? – Preguntó con un poco de temor Candy.

-Sabe mejor de lo que huele princesa, está delicioso. – Candy sonrió alegre y procedió a cenar también, al probar el platillo Candy pudo exclamar.

-¡Vaya! ¡Valió la pena el esfuerzo! –Anthony la miró confundido.

-¿Has batallado mucho princesa? – Candy volteó a verlo confundida.

-¡NO! Lo que sucede es que nunca había cocinado para ti… y tenía miedo que no te gustara… ya ves Archie… -No pudo terminar cuando Anthony dijo.

-Archie no sabe apreciar una buena comida, y menos una preparada con tanto amor, él solo sabe de moda y mascarillas. – Dijo mientras Candy reía alegremente.

-¿Entonces te ha gustado de verdad?

-Me encantó mi amor, está delicioso. – Decía sinceramente.

Ambos rubios cenaron entre pláticas de su día y arrumacos, adoraban estar juntos y querían aprovechar las horas que pasaban así. Al terminar la cena Anthony se ofreció a levantar la mesa para ayudarla a limpiar la cocina, no había entrado ahí pero se imaginaba que habría un desastre, no por nada había escuchado mucho ruido de trastes antes de cenar, pero cuando entró encontró la cocina bastante limpia, todo estaba en orden contrario a lo que él creía, solo una olla, los platos y las dos copas que habían usado necesitaban lavarse.

-Tuve mucho tiempo libre. – Dijo la voz de su princesa a sus espaldas, imaginando lo que el rubio estaría pensando al entrar a la cocina.

-Habíamos quedado que yo te ayudaría con los platos. – Se giró hacia ella mientras con su índice tocaba su nariz.

-Lo sé. – Dijo ella guiñándole un ojo. – Esto es todo lo que hay. – Dijo apuntando la vajilla que habían utilizado.

-¿Quieres más jugo? – Preguntó Anthony.

-Gracias, creo que ya es suficiente.

Anthony lavó los pocos trastes que había y se fue a la sala donde estaba Candy sentada, se colocó a su espalda y la atrajo a su cuerpo abrazándola con infinito amor.

-¿En qué piensas princesa?

-En Albert. – Dijo simplemente.

-¿Lo extrañas?

-Me resulta difícil estar distanciada de él.

-Te entiendo a mi también, pero…

-Te entiendo. – Tomando una de sus manos mientras con la otra acariciaba la que tenía en su cintura. – Sé que no estuvo bien la forma en la que actuó… pero tenemos que hablar con él.

-Lo sé. – Dijo Anthony pensativo. – El fin de semana iremos a Lakewood a hablar con él.

-¿De verdad? – Dijo Candy feliz.

-De verdad hermosa. – Dijo Anthony girándola hacia él para besarla. – Te amo princesa.

-Y yo te amo a ti mi príncipe.

Anthony la tomó entre sus brazos y le dirigió una mirada llena de amor y ternura que poco a poco se volvía una mirada apasionada, mientras sus pupilas se dilataban convirtiéndose en una mirada llena de deseo y pasión. La mirada de Candy reaccionaba de la misma manera al encontrarse con la azulada de su amado, sus verdosos ojos tomaban un tono más intenso y con ello sabían que deseaba uno del otro. Se la llevó a lentamente a la recámara cual princesa de cuento dejándose Candy ser cargada y llevada a la intimidad de su habitación donde se desataría la pasión y el deseo que sus jóvenes cuerpos demandaban, esa pasión que había nacido en ese departamento y que difícilmente podían saciar. Sus cuerpos se demandaban y ellos solo seguían sus instintos de pertenecerse uno al otro, entregándose a las excitantes caricias que cada vez se hacían más atrevidas al ir cada uno tomando la confianza en el otro y de buscar satisfacer los deseos tan primitivos que afloraban dentro de su ser.

Anthony cada vez iba aprendiendo como hacer gozar a su princesa y Candy dejaba poco a poco la timidez que la embargaba al sentir su cuerpo desnudo ante él dando paso a su sensualidad natural de mujer que emanaba de ella al momento de estar frente a ese rubio tan atractivo, ver su cuerpo desnudo frente a ella despertaba su lado atrevido y sensual, deseando ser la única en ocupar sus pensamientos, dedicándose a complacerlo al atreverse a explorar su cuerpo, tentándolo de una forma que lo hacía gemir y perderse en ella. Él se dejó amar, igual que ella se dejó envolver a sus besos y sus brazos, disfrutando como nunca su amor, demostrándose mutuamente que él le pertenecía a ella y ella a él, terminando en una maravillosa explosión de éxtasis cada uno terminando cansados, pero repitiendo una vez más esa maravillosa entrega que en vez de apagar su fuego interno lo aumentaba y hacía que siguieran demostrándose su amor, siendo esta vez él el que dominaba la situación.

Continuara…

Hola! bueno como ya ven estos dos no necesitaron de irse de luna de miel para aprovechar estar juntos y solitos, se demuestran su amor a cada rato, tienen que aprovechar porque si no cuando llegue el bebe ya no tendrán tanto tiempo de demostrarselo jajajaja

Espero hayan disfrutado el capítulo, actualicé antes porque mañana no tendré tiempo, lo único malo que faltara más para el siguiente sábado, será después de Navidad, espero que ya tengan ustedes todo listo para pasar las fiestas decembrinas en compañía de toda su familia, espero que festejen en grande el nacimiento de nuestro señor y si festejan otra tradición también igual les deseo lo mejor del mundo, sin más me despido y les deseo un MUY FELIZ NAVIDAD a todas ustedes, un fuerte abrazo a todas!

Bueno, estos rubios comenzaron su vida de casados, y aunque no se fueron de luna de miel, y él tiene que seguir sus estudios, ellos se encargan de convertir ese departamento en su paraíso propio. Espero que les haya gustado el capítulo y lo hayan disfrutado. Muchas gracias por dejar sus comentarios y a las personas que leen en forma anónima muchas gracias por estar al pendiente de la historia. Gracias a los PM que he recibido y a las ideas que me dan, las tomaré en cuenta. Un fuerte abrazo a cada una de ustedes.

Saludos!