Disclaimer: Todo esto es inspirado en la caricatura de Craig Barttlet "Hey Arnold", honor a quien honor merece.

¡Hola a todos! Lamento mucho la demora, pero aquí les traigo la continuación de la historia.

En respuesta a sus reviews, permitanme agradecerles de corazón, porque es el cumplido más grande que puedo recibir... que ustedes se hayan tomado el tiempo y las molestias para dejarme saber que les gusta lo que escribo... sobre todo ¡Que les gusta lo que escribo! no me lo esperaba cuando empecé a publicar... así que, a:

Mario DV: ¡Me alegra muchísimo ver que continuas leyendo la historia! Lo he dicho en anteriores notas de autora, tus comentarios me llenan de energías para continuar escribiendo. Qué listo que ya intuías el plan de Rhonda, y ten por seguro que en el siguiente capítulo verás qué hará Curly al respecto. Ya ves que Big Bob también tiene su corazoncito, y ha sido más bien que no tiene mucha inteligencia emocional para poder lidiar con lo que ocurre. Espero que disfrutes este capítulo y esperaré con ansias tu review sobre él.

Kaialina: muchas gracias por tu review, ¡Qué alegría que te haya gustado la historia! Y qué padre que te encante la pareja de Gerald y Helga, intuyo que tanto como a mí :D Aquí está la continuación, espero que también te guste, y si no, puedes escribirme también para mejorar.

Drinea: Hola, así como lo has pedido, me apresuré a actualizar para que pudieras seguir leyendo... Incluso me he esmerado por no dejarlo como un capítulo corto. Espero que la lectura sea de tu agrado, ¡Gracias por escribir!

Y sin más, el capítulo dieciocho de esta aventura:

En la mesa del comedor de la casa Johanssen, no cabía un alma más. Helga estaba acostumbrada a comer sola, no es como si sus padres se sentaran con ella en cada comida, lo hacían sólo en contadas ocasiones. Y siempre eran, como mucho, cuatro personas sentadas a la mesa sin hablar mucho entre ellos, más bien, escuchaban a Olga hablar. Ahora entendía que su hermana sólo intentaba llenar el incómodo silencio, no era intencionalmente fastidiosa… le salía natural. Quizás por esa razón, sentada a la mesa con quince personas, desayunando mientras alrededor se iban sucediendo diferentes conversaciones que llenaban el ambiente de una alegre algarabía con la que no se sentía nada identificada, estaba sintiéndose fuera de lugar. Melissa, Kendra y dos señoras más conversaban amenamente en la otra punta de la mesa. Después, Martin y sus dos hermanos estaban en medio de una discusión sobre equipos de baloncesto. Jamie O. y tres de sus primos tenían una especie de concurso sobre quién podía comer más, Timberly estaba inusualmente aislada y la prima de los chicos le hacía conversación a Sasha. Era una escena casi surrealista para ella.

-¿Todo en orden?- la rubia se sobresaltó al escuchar la pregunta. No se había dado cuenta que sujetaba tan fuerte su taza de café que sus nudillos se habían vuelto blancos.

-Sí. Bien- Helga se giró a mirar a Gerald. La preocupación escrita en el rostro de su amigo, borrando el recuerdo de lo que había sucedido en su habitación esa mañana con el intranquilo gesto en sus labios… no es que Helga estuviera viendo sus labios –Sólo pensaba en lo diferente que es tu familia a la mía- y era sincera, eso había estado en su mente antes que la atrayente boca del moreno.

-¿Segura? Porque emanas un aura de desolación que sólo sería más llamativa si fuera neón en lugar de negra- Helga lo golpeó en el hombro por ese comentario.

-Estoy bien. O lo estaré… tengo que ir a un sitio- el moreno la vio intrigado.

-¿Vas a volver a tu casa?- le preguntó con suavidad, como si temiera romper algo muy frágil. La última vez, la visita la había hecho llorar como pocas veces la había visto.

-No. Tengo que ir a un sitio en Seattle- la seriedad en el rostro de la rubia, y la tristeza en sus ojos, lo hizo hablar, sin pensárselo dos veces.

-Yo te llevo- la determinación en su voz no daba lugar a replicas por parte de su amiga, que lo miraba sorprendida –No hay forma de que te deje sola, de nuevo- le aseguró Gerald.

-En realidad… es algo que debo hacer sola- Helga apreciaba la intención de Gerald, significaba mucho para ella, pero no quería sacarlo de esa cálida burbuja que suponía su hogar para llevarlo a presenciar cómo se caía a pedazos el de ella, o el recuerdo de lo que alguna vez quiso que fuera su hogar.

-Lo entiendo. Pero no tienes por qué hacer el trayecto tú sola. Si te hace sentir mejor, podemos invitar a Brian y será un viaje por carretera de buenos amigos- le sonrió intentando evitar que la chica se cerrara a él de nuevo. Sabía lo hermética que podía ser.

-No es necesario involucrarlos- empezó a decir, buscando la forma de disuadir al chico, pero tarde se dio cuenta que la familia había dejado de hablar entre ellos, que los miraban y escuchaban –Puedo ir a Seattle sola- terminó la frase y entonces brincó en su asiento al escuchar la intervención de Timberly.

-¿Sola? ¡Por supuesto que no irás sola a ninguna parte!- afirmó la quinceañera, Sasha asentía firmemente a lo que su amiga decía, clavando su mirada en Helga, la chica que le había ayudado sin hacer muchas preguntas, que no la había juzgado y que le había ofrecido su muda comprensión. Por supuesto que no la dejaría sola.

-Además, hoy es día de pasarlo en familia- afirmó Jamie O.

-Es una tradición. Y tú eres de la familia- le secundó Melissa, sonriendo dulcemente a la rubia.

-Y en Seattle está el museo de la Ciencia Ficción- dijo emocionado Jhon, el primo menor de los Johanssen, de unos trece años.

-Podemos llevarte y mientras haces lo que debes hacer en esa ciudad, daremos una vuelta por el centro- comentó Martin, sus hermanos y esposas mostrándose de acuerdo. Todos parecían emocionados con la idea, pero Kendra no podía salir del estupor que sintió al ver a su hijo tomar delicadamente la mano de la rubia y mirarla como si… como si ella fuera la única en su mundo… como su esposo la veía cuando eran novios, como lo hacía todavía cuando creía que ella no se daba cuenta.

-¿Ves, Helga bella? No puedes convencer a quince Johanssen- le dijo en broma, Helga lo miró sintiéndose conmovida por las palabras de aquella familia.

-Pero… hoy es la fiesta de Rhonda… te la perderás- en un último intento de hacerlo desistir, mencionó una fiesta que sería una posibilidad para que el moreno se encontrara con Phoebe y arreglara las cosas entre ellos.

-Prefiero mil veces estar contigo, que ir a verla- y Helga supo que no hablaba de Rhonda…

-De acuerdo- terminó cediendo, atrapada en el brillo que se ocultaba en la mirada del moreno, que la hacía ser consciente de cada parte de su anatomía porque parecía despertarlas.

-Decidido entonces familia, ¡Nos vamos de fin de semana a Seattle!- exclamó Peter Johanssen, el hermano mayor de Martin. Y entonces, si Helga creía que el desayuno había estado lleno de algarabía, en aquel momento se vio arrastrada a un pandemónium cuando los integrantes de la familia comenzaron a prepararse para el viaje.

Timberly se acercó a su hermano, que observaba divertido cómo Melissa y sus tías se llevaban a Helga en medio de un bullicio del que sólo rescató las palabras "noche de chicas".

-¿De verdad no te has dado cuenta de cómo la miras?- le preguntó intrigada la menor.

-¡Ah! Tim, me darás un infarto- el chico se pensaba solo en el comedor.

-Te hice una pregunta- le espetó con el ceño fruncido y los brazos en jarra. Gerald suspiró, sabiéndose derrotado por su hermana menor a quien nunca podía negarle nada.

-Claro que me doy cuenta- dijo crípticamente –Es ella la que debe darse cuenta de cómo la miro- Gerald miró a Timberly con una triste sonrisa, la morena se conmovió con el claro pesar que su hermano llevaba en sus hombros. Debía ser muy difícil darte cuenta que estás enamorado de la mejor amiga de la que ha sido tu novia por tantos años… y encima, haber terminado recientemente esa relación –A veces, hay que dejar que las cosas fluyan solas- le dijo revolviéndole el cabello y encaminándose a su cuarto. Timberly se quedó ahí, meditando las palabras de su hermano. Quizás eso era lo que debía hacer ella con Sasha. Dejar que las cosas fluyeran como tenían que fluir.

Esa misma noche, Arnold y Phoebe llegaban juntos a la mansión Lloyd, de la que salía música animada y luces y parecía haber sido decorada con guirnaldas, nochebuenas y coronas.

-¿Estás seguro de que ellos están aquí?- le preguntó una insegura oriental.

-Sí. Helga misma me dijo que vendrían juntos- le confirmó el rubio. Aunque viendo la cantidad de gente que había asistido a la posada de Rhonda, casi se sentía como si toda la ciudad estuviera ahí metida ¿Cómo encontrarían a esos dos?

-Es que… todavía no puedo creer que yo tenía razón- Phoebe miró el camino de baldosas que llevaban a la escalinata de mármol de la entrada a la casa de Rhonda como si tuviera las respuesta al dilema por el que estaba atravesando.

-Phoebe, te aseguro que en cuanto tú y Gerald hablen, podrán arreglar las cosas- se sentía mezquino por haberle contado a su amiga de la infancia lo que había visto entre sus ex mejores amigos, pero los celos continuaban tan presentes que ponía a un lado esos sentimientos para concentrarse en lo que habían llegado a hacer.

-No creo que él me pueda perdonar- la oriental había pensado todo el tiempo en lo que pasó fuera de su casa, aunque el tema de las flores lo malinterpretó completamente, Gerald de alguna forma sabía lo que había pasado en su cumpleaños y eso la carcomía por dentro. Ya le había aclarado a Park que no tenía intenciones de dejar al moreno, pero terminó siendo él quien la dejó y ahora sentía que había metido la pata tan al fondo, que no había forma de sacarla del agujero que ella misma cavó –Me porté como una tonta… en lugar de decirle cómo me sentía… se lo dije a alguien más- Arnold la miró conmovido, tenía mucho tiempo sin hablar con ella pero parecía seguir siendo esa niña inteligente de gran corazón con la que compartió tantas aventuras, y eso le aliviaba, estaba harto de los cambios, quería regresar a como era su vida en Hillwood antes de irse.

-Todos nos hemos portado como tontos alguna vez, pero eres lista, y fuiste capaz de darte cuenta de tu error antes de empeorar las cosas. Sólo necesitas hablar con Gerald. Él te ama, eso no cambia de la noche a la mañana- la animó con una sonrisa que le contagió a Phoebe, hasta que un pensamiento le cruzó la mente a la chica.

-¿Y si el cambio no fue de la noche a la mañana? Tú no estuviste ahí en preparatoria, los hubieras visto… parecían orbitar el uno hacia el otro, como dos cuerpos celestes que han invadido irremediablemente el campo gravitacional del otro- con una sonrisa, sintiendo un poco de normalidad al escucharla y no entenderle del todo, como antaño; Arnold le pasó el brazo sobre los hombros.

-En ese caso, le damos un poco de celos para que reaccione ¿sí?- Phoebe le sonrió con amabilidad.

-Agradezco el ofrecimiento, pero dada nuestra situación actual, dudo que ayude el que me vea coquetear con su ex mejor amigo- la pelinegra y el rubio intercambiaron sonrisas cómplices y se encaminaron a la fiesta, decididos a terminar con el drama entre los cuatro y recuperar a sus interese amorosos.

-¡Me la estoy pasando increíble!- gritó Sid para hacerse escuchar por sobre la música. Rhonda, Harold, Lila, Stinky, Nadine y el emocionado chico de gorra verde, estaban sentados en uno de los loft que la pelinegra había mandado a colocar a lo largo de su patio, después de haber estado bailando un par de horas, se habían decidido a tomar un descanso a pesar de las protestas de Sid.

-Qué gusto- respondió sarcástica Rhonda, lo peor de su plan era tener que ver a ese cretino tomar de la cintura a su mejor amiga y verla tensarse, incómoda, pero sin retirar el brazo del chico. Lo peor es que sabía que era culpa de ella por haberle pedido aquello.

-Cielos, Rhonda. Esta vez sí que te has lucido- le hizo un cumplido Lila, bebiendo del líquido azul y rojo que Stinky le había pasado. Era un bebida tan dulce que casi no percibía el alcohol.

-Gracias, aunque no es nada comparado al baile formal que mis padres están organizando para el 25- les comentó, como si realmente no hubiera tenido intención de decirlo –Se trata de un evento más exclusivo, así que la lista de invitados es más selectiva también- y miró con desdén en dirección a donde Robert, Joey, Seymour y Billy jugaban en el juego de loft a la derecha de ellos.

-Debo decir, que tu elección de indumentaria me resulta muy interesante Rhonda… teniendo en consideración que no querías venir con Harold, ¿A quién quieres impresionar?- preguntó Sid, disfrutando de incordiar a la mejor amiga de Nadine y desde su punto de vista, el único defecto de su ex novia… Pero dándole una vista a la pelinegra, cualquiera diría que se había vestido para llamar la atención de alguien… o de todos, con ese vestido rojo con plisado en la cintura que acentuaba sus mejores atributos y aquellos tacones negros que la hacían tan alta como una modelo de revista… todo en ella parecía estar pensado para atraer la mirada del género masculino hacia sí misma, y claro que no había pasado desapercibido para Harold, pero su instinto de supervivencia era más arraigado que el de Sid y no lo había mencionado.

-Para tu información, no necesito vestirme para impresionar a nadie. Aunque claro que me he arreglado, soy la anfitriona y siempre he elegido mi ropa y mi apariencia para darme gusto a mí… nunca a un… hombre- dijo la palabra como si el género le diera pena, y miró a Sid como si fuera un alumno especialmente lento para pillarle el hilo a las cosas.

-¿Por qué mejor no comemos algo?- sugirió Stinky, a lo que Harold inmediatamente celebró su idea y se fue con el alto campirano a buscar aperitivos para llevarles a todos.

Fue en ese momento, casualmente, que Lorenzo apareció en el campo visual de Rhonda.

-Si me permiten un segundo- se disculpó la chica y se alejó de su grupo, dejando a Nadine y Lila con un eufórico Sid.

A medida que avanzaba la noche, Curly no podía soportar más la antelación. Había llevado consigo a Joey a aquella fiesta, su amigo le había hecho el favor de falsificarles invitaciones para poder pasar la seguridad de la entrada. No le había contado su plan, no se arriesgaría a que el moreno intentara detenerlo. Ya nadie podría detenerlo.

Aquella mañana había descubierto quién era aquel con el que Rhonda había estado hablando por teléfono, quién la había hecho reír de aquella manera. Curly había visto la escena, en primera fila, del intercambio que hubo entre Rhonda y Lorenzo en su estancia. Estuvo a punto de romper el cristal que los separaba cuando vio cómo la pelinegra le susurraba algo al oído, pero en aquel momento el señor Lloyd había irrumpido en el lugar. Ilusamente, Curly había esperado que el señor echara a aquel malnacido que osaba tocar con ese descaro a su preciada beldad, pero eso no pasó así. Lo vio instalarse en la casa, lo vio encerrarse en su cuarto con Rhonda, los escuchó reír sin poder ver qué hacían… y se estaba volviendo loco.

Tenía que hacer que aquello terminara de una buena vez…

No iba a romper su juramento de salvaguardar a su preciada reliquia, pensaba hacer valer esas palabras. Se había mantenido en las sombras y a distancia por la maldita orden de restricción que los señores Lloyd pidieron a la corte en nombre de su hija luego de lo que pasó en el baile de graduación.

Los romances que trascendían el tiempo, que se inmortalizaban, siempre eran los que más trágicos parecían… Así que Curly no se rindió porque la estúpida ley le dijera que no podía acercarse a su amada, decidió ser su ángel de la guarda, velar por ella hasta que llegara su momento, el momento de vivir su amor.

Por eso se limitaba a ser un observador de la vida de aquella hermosa mujer… sin arriesgarse a que los alejaran definitivamente, la espiaba sólo desde su jardín… la paciencia era una de sus virtudes… pero hasta al más devoto monje se le puede terminar la fe…

Curly no iba a permitir que ese desgraciado volviera a tocarla, no iba a dejar que Rhonda tuviera a su lado a alguien que no fuera él mismo.

Pero entonces, ya no fue necesario seguir vagando entre el tumulto de gente para ubicar a alguno de los pelinegros, porque frente a él, una escena dolorosamente similar a la de la mañana se desarrollaba… Los había encontrado… juntos… pegados… secreteándose… riendo… la bilis le subió por la garganta y girándose sobre su propio eje descargó lo que había comido aquel día en la jardinera más cercana. No podía detener las arcadas. No podía parar la furia. No podía parar el insoportable pitido en sus oídos al verlos.

Ese infeliz no iba a provocarle ese dolor nunca más. Lorenzo no viviría otro día para posar sus ojos en Rhonda de nuevo, de eso se encargaba él.

Robert se alejó del grupo con el que había estado conviviendo, visiblemente alterado. Tomó el celular con urgencia y marcó el número de su mejor amigo, aunque la última vez que se vieron, tan solo el día anterior, él le había soltado tremendo puñetazo que todavía le dolía la mandíbula al tragar. Pero lo que Joey les había dicho en medio de su ebrio estupor, tenía que decírselo a alguien.

-¿Sí?- respondieron del otro lado de la línea, el castaño seguía sonando enojado.

-Brian, no me cuelgues. Sé que no estamos en los mejores términos pero esto no es sobre nosotros- le pidió de carrerilla, creyendo que si no hablaba rápido le darían viento fresco.

-Aah… ¿De qué se trata?- Brainny estaba en una reunión del grupo de golf de su padre, ni siquiera se había planteado ir a la fiesta de Rhonda, no era su ambiente. Ni el de Robert, quizás por eso le sorprendió tanto lo que le escuchó decirle.

-Estoy en la casa de los Lloyd, en la posada de Rhonda… y Curly está aquí también- Brian casi hiperventila con la noticia que le dio su amigo, como pudo sacó su inhalador, que no había necesitado en dos años, y respiró de él, intentando calmarse -¿Brian? ¿Estás bien amigo?- preguntó el rubio de lentes, genuinamente preocupado. La respuesta tardó varios segundos en llegar.

-…aaah… sí… aaah… ¿Estás… aah… seguro?... ¿tú lo… aaah… viste?- preguntó entrecortadamente el castaño.

-No. Pero Joey nos dijo cómo consiguió una invitación, y que fue idea de Curly… y que también le hizo una…- Robert miró a su alrededor asegurándose que nadie podía oírlo –Brian, esto es malo. Muy malo. Él no se arriesgaría a terminar en prisión sólo por una fiesta… está aquí por Rhonda- el rubio no era que tuviera ningún tipo de relación con la anfitriona de la fiesta, de hecho habían cruzado cuando mucho un par de palabras, pero lo que le había hecho Curly el día del baile de graduación, había sido tan… retorcido… que no se lo deseaba a nadie. Ni siquiera a la mimada Wellington.

-Aah… cálmate… aaah… busca a Rhonda… aah… o a Curly… aah… vigílalos… aah… voy para allá- cortó la llamada, tenía un terrible presentimiento sobre lo que su amigo le había dicho. En aquella fiesta estaba Lila… y si algo llegaba a pasar… a pasarle a ella… Brian tuvo que tomar otra inhalación antes de despejar la mente e intentar pensar en un curso de acción. Curly era impredecible. Estuvo tentado a hablarle a Gerald y a Helga para contarles, pero sabía que habían viajado a Seattle y ya intuía que la rubia estaba en una especie de odisea personal… Eso no le dejaba muchas opciones… salvo… Seleccionando el contacto de cierto cabeza de balón, mientras salía a hurtadillas del compromiso de sus padres, llamó a Arnold, esperando que él estuviera en la fiesta.

Phoebe se había cansado de buscar a Gerald por toda la casa, salía al jardín con su acompañante de esa noche, descorazonada.

-No vamos a encontrarlos Arnold, quizás ni siquiera estén aquí- la oriental le miró casi suplicante –mejor vámonos- pero el rubio no pensaba ceder.

-Vamos Phoebe, no podemos dejar esto a medias. Ellos dos no pueden estar juntos…- ahora quien tenía la mirada suplicante era el de ojos verdes, haciendo que Phoebe suspirara cansada.

-Supongo que aún es temprano- Arnold le sonrió agradecido antes de que sintiera vibrar su teléfono en el bolsillo de su pantalón, al sacarlo y ver el nombre en la pantalla se disculpó con la pelinegra y fue a buscar un lugar donde pudiera tomar la llamada.

-¿Phoebe?- al escuchar su nombre con aquella voz que había aprendido a diferenciar, un escalofrío recorrió a la oriental, aquella noche no podía ir peor.

-¡Park!- le saludó girándose, forzando una sonrisa en su rostro.

-No pensé que este fuera tu tipo de fiesta- le dijo con una sonrisa afable –espera, déjame adivinar… Has vuelto con Gerald y él te ha traído aquí aunque no querías- Phoebe se puso completamente rígida ante el nombre del moreno –Te dije que no había de qué preocuparse- el oriental sonreía, pero esa sonrisa no llegaba a sus ojos y la unigénita de los Heyerdahl no pudo evitar sentirse culpable de eso.

-En realidad… estoy aquí buscándolo- se acomodó un mechón de cabello detrás de su oreja y ajustó sus lentes, más que nada por tener en qué entretener sus manos que habían empezado a temblarle ligeramente.

-Lamento no poder ayudarte con eso, yo no lo he visto- Park no parecía lamentarlo para nada.

-Por cierto… este tampoco parece tu tipo de fiesta… ¿Tú qué estás haciendo aquí, Park?- el oriental le sonrió de lado, divertido con la pregunta.

-¿Qué pasa Brian?- respondió Arnold, aún estaba molesto porque el castaño le contó a Helga que había estado haciendo preguntas sobre su vida… pero no había tenido tiempo de hablarlo con el de lentes.

-Arnold ¿Estás…aah… en casa de Rhonda?- la pregunta sorprendió al rubio, y creyendo que el castaño había descubierto su plan, habló de más.

-Sí, pero no puedes detenerme Brian. Voy a hacer que Gerald y Phoebe vuelvan… voy a impedir que se quede a Helga, y no hay nada que digas que me haga cambiar de opinión- el cabeza de balón sentía su corazón acelerarse, era su turno de conquistar a Helga, de luchar por ella, de recuperarla. No iba a permitir que Gerald le quitara a quien siempre lo había querido, a quien él tontamente creyó que siempre le querría.

-Aah… no sé de qué hablas… aaah… Gerald y Helga salieron de Hillwood… aah… tú y yo tendremos una conversación… aah… respecto a lo que… aaah… acabas de decir, pero después… aah… por ahora… aah… hay algo más pasando- aquello despertó la curiosidad del rubio.

-¿Qué está pasando?- preguntó, viendo alrededor, sintiéndose observado.

-Tienes que… aah… buscar a Rhonda… aah… no la dejes sola…aah… Curly se coló a su casa…aaah… te explicaré todo… aah… en cuanto llegue- y la línea emitió el pitido constante que indicaba el fin de la llamada. Arnold miró su celular como si fuese el objeto más extraño que había visto, y luego, sacudiendo su cabeza para despejarse, comenzó a andar el camino que había seguido para hablar por teléfono, sin darse cuenta que dos estupefactos chicos le miraban irse.

-¿Escuchaste lo mismo que yo, Stinky?- preguntó un incrédulo Harold que sostenía dos platos repletos de bocadillos y miraba a su amigo de la infancia llegar hasta una joven oriental que conocía perfectamente.

-Sí, Harold. No puedo creer que Arnold piense meterse entre Gerald y Helga- el chico alto y delgado llevaba un par de botellas de vodka y jugo de granadina para poder hacer las bebidas a su grupo de amigos –El día del muelle me pareció que se llevan bastante bien- distraído, el de gorra azul asintió.

-Me gusta Gerald para Helga… Lo conocemos de toda la vida, sabemos que no es un loco pervertido y cuando están juntos, él siempre procura hacerla reír… incluso cuando Gerald estaba con Phoebe…— Harold se giró a su amigo, aun incrédulo de lo que había pasado –Ella se merece que la dejen en paz- el de gorra azul era otro de los mejores amigos de la rubia, que con el tiempo y por los acontecimientos en la vida de ambos, se frecuentaban menos que Brian o Gerald… pero igual, el cariño entre ellos era sincero, habían sido cómplices durante tantos años en tantas aventuras que el lazo era irrompible sin importar el tiempo o la distancia. Y Harold quería lo mejor para su amiga. Y le parecía a él que Gerald podría ser lo mejor para Helga.

-¿Crees que debamos intervenir?- preguntó dudoso Stinky.

-¿Sabotear al saboteador? ¡Stinky eres un genio!- Harold se giró a una de las mesas de bocadillos y dejó lo que llevaba en las manos –Vamos a seguirlo- le dijo emocionado, tenía mucho tiempo sin hacer cosas como aquella… ocupado en su nueva vida adulta en la que tenía responsabilidades, trabajo y cuentas por pagar…

-¿No iremos primero por Sid?- otra vez, Stinky lucía indeciso.

-Si hacemos eso, perderemos de vista a Arnold- le dijo como si fuese una obviedad –Además… Sid debe estar intentando volver con Nadine, ¿Quieres quitarle su oportunidad?- le devolvió la pregunta, cruzándose de brazos y alzando una de sus cejas.

-No… claro que no, supongo que tienes razón- Stinky dejó las botellas que había tomado en la misma mesa que Harold –Andando- y ambos chicos se ocuparon de ocultarse entre la multitud para llegar hasta la pareja que hacían el rubio y la pelinegra.

-Phoebe, cambio de planes- le dijo el rubio interrumpiendo la conversación entre los dos chicos orientales.

-¿A qué te refieres?- le preguntó extrañada.

-Brian me confirmó que Gerald no está aquí. Pero ahora hay que encontrar a Rhonda, algo sobre que Curly se coló- con la mención de aquel nombre, la pelinegra pareció perder el color de la piel.

-¿Dices que Curly está aquí?- Phoebe tuvo un escalofrío al recordar lo que había pasado la noche de graduación.

-¿Necesitan ayuda con algo?- se ofreció Park. Viendo cómo la palidez del rostro de Phoebe iba mermando.

-Sí. Debemos hallar a Rhonda- dijo convencido el rubio.

Mientras tanto, un par de despreocupados pelinegros, ajeno a lo que se fraguaba a su alrededor, continuaban conversando amenamente.

-Entonces, ¿no hay problema de que pase más días con ustedes?- preguntaba Lorenzo, comenzando a sentir que la actitud de Rhonda no era del todo normal.

-Por supuesto que no, querido. El tiempo que quieras. Ya escuchaste a papá, está encantado con la idea de que estés más tiempo con nosotros- la pelinegra le sonrió batiendo sus pestañas, consciente de que era un gesto que distraía a su amigo.

-Bueno… gracias- llevaban un largo rato hablando y todavía no podía descifrar las verdaderas intenciones de la pelinegra, porque con la familia Lloyd, siempre había algo más.

-En fin, ya casi es hora de la sorpresa que preparé a… ¡Rex!- Smythe-Higgins III caminaba casualmente por ahí, y al verlo, Rhonda lo llamó, haciéndole voltear y sonreír al ver a ambos chicos.

-Hola Rhonda, querida, debo decir que estoy disfrutando mucho la velada. Deberías considerar seriamente dedicarte a la organización de eventos como carrera… tengo un par de contactos que podría presentarte para ayudarte a armar tu cartera de clientes- comentó el joven con una copa en la mano derecha y acomodándose sus anteojos con la izquierda.

-Qué amable, voy a pensármelo- le aseguró Rhonda, entonces haciendo un gesto con la mano añadió -¿Recuerdas a Lorenzo? Solíamos encontrarnos contigo cuando pasábamos vacaciones juntos- Rex dirigió su mirada al acompañante de la chica, encontrándose por primera vez en dos años frente a frente con Lorenzo Mota de Larrea, no pudo evitar enrojecer. El tiempo parecía ser benévolo con el muchacho, afinando sus rasgos y confiriéndole la sombra de una barba que lo hacía ver muy atractivo. A Rex se le secó la boca y se sintió sofocado.

-Sí… claro… ¿Cómo has estado?- le preguntó porque así lo dictaba el protocolo social, pero quería salir corriendo del lugar, no esperaba encontrarse con él en Hillwood. Tenía entendido que vivía en Manhanttan, después de todo es lo que decía la revista People cuando lo entrevistó para su artículo "El éxito y el atractivo no están peleados"… y no era que lo siguiera en todas las redes sociales ni nada por el estilo, de hecho hacía lo contrario, intentaba olvidar los sentimientos que le inspiraba e intentaba mantenerse en la ignorancia con respecto a la vida al joven frente a él, pero su madre era otro cantar y se le había dado por enviarle artículos y publicaciones de las familias Lloyd y Mota de Larrea.

-Muy bien, estoy tomando un diplomado de economía sostenible aplicada en paralelo a mi carrera universitaria y a mi trabajo a medio tiempo en la empresa de mi familia, por lo que ya no tengo el tiempo de vacacionar, como señala Rhonda- respondió sonriendo, tenía tiempo sin ver a Rex, que junto a Rhonda, Peapod y Arnold habían sido los mejores amigos que pudo haber tenido, aunque sus amistades fueran muy diferentes una de la otra. Rex nunca había compartido sus intereses, pero era atento y educado y siempre lo escuchaba. Verlo en otro lugar que no fuera Aspen, las Maldivas o Paris le parecía extraño.

-Creo que ustedes tienen mucho de qué hablar para ponerse al día, ¿Qué tal si los dejo un momento a solas y continuo mis labores como anfitriona?- sin esperar a que aceptaran y sin notar lo pálido que se ponía Rex, básicamente porque su color de piel ya era naturalmente pálida, los dejó para ir en busca de su novio.

-Vaya, parece que tenía prisa por deshacerse de mí ¿no?- comentó a modo de broma Lorenzo, pero sumergido en los nervios y la ansiedad que le provocaba haberse quedado a solas con el pelinegro, Rex no entendió la connotación de sarcasmo en la voz del chico.

-¡Por supuesto que no! ¿Quién iba a querer deshacerse de ti? Apuesto que hacen fila para pasar tiempo contigo- no pensó en lo que decía, hasta que las palabras ya habían abandonado su boca. Enrojeciendo nuevamente, le dio un sorbo a su copa y desvió la mirada deseando que la tierra se abriera y lo tragara.

-Cielos, gracias- dijo dudoso. La reacción del chico de anteojos había sido algo efusiva, en realidad, que le evitara mirar a la cara y se sonrojara era muy extraño -¿Te sientes bien Rex? Estás algo rojo- el aludido casi se atraganta con el vino.

-Sí, sí. Debe ser que he bebido suficiente. Quizás debería detenerme- sonrió tensamente. Deseando que algún ángel caído del cielo le ayudara. Y como invocado, un pelirrojo de cabello ensortijado con unos pantalones lima y chamarra blanca que tenía algunas quemaduras visibles.

-Hola chicos, ¿Saben dónde está Rhonda? Ya terminamos la instalación del equipo de sonido y para la transmisión radial que nos solicitó- el pelirrojo les sonrió como si fueran viejos amigos.

-Acaba de irse en aquella dirección- le informó Lorenzo –Disculpa, pero ¿nos conocemos?- le preguntó dubitativo, haciendo al recién llegado reír alegremente.

-¡Qué gracioso! Claro que nos conocemos- el pelirrojo los miró sin perder su buen humor –Soy Eugene Horowitz, estudiamos juntos primaria- le dijo a Lorenzo.

-Ah, lo siento… es sólo que fue hace mucho tiempo…- avergonzado de no haberlo reconocido –Eugene, él es mi amigo Rex Smythe-Higgins III- hizo las presentaciones, esperando que eso distrajera a los presentes de su descortesía.

-¡Claro que sé quién eres! Soy tu admirador, amo tus videos, tu canal en youtube es inspirador- el nervioso pelirrojo le dio un apretón de manos al chico junto a Lorenzo, que le miraba con una apenada sonrisa.

-Gracias. Siempre es vigorizante conocer a un suscriptor- el pelinegro le miró con sorpresa.

-No sabía que fueras youtuber ¿De qué trata tu canal?- Rex enrojeció nuevamente, lo que no pasó desapercibido por Eugene.

-Ah… pues… ya sabes… lo normal- nervioso, comenzó a sentir que le sudaban las palmas de las manos, se moriría de la vergüenza si Lorenzo viera alguno de sus videos.

-No seas modesto, es el mejor canal de opinión que yo haya visto. En sus videos hace críticas, de películas, de libros, de restaurantes, de lugares turísticos, de política, de la situación socioeconómica en la que estamos… Es bastante completo- Eugene le guiñó un ojo al de anteojos, que le sonrió más relajado.

-¿En serio Rex? Vaya, eso es asombroso. ¿Por qué no me dijiste nada?- comentó Lorenzo.

-Es algo que mi familia considera un poco tonto… supuse que podrías pensar lo mismo- empezó su explicación luciendo algo cohibido –Es decir, comparado con tu diplomado en economía sostenible aplicada…- se encogió de hombros- no parece ser la gran cosa- terminó de decir Rex.

-¡Pero lo es!- le dijo sonriendo y colocando una mano en su hombro, dándole un apretón. Lorenzo no se dio cuenta de lo que su inocente gesto provocó en el cuerpo del nieto de Smythe-Higgins-

-Claro que sí. Eres prácticamente la voz de una generación- aportó Eugene, alzando los brazos para dar énfasis a sus palabras y en el proceso golpeando la copa de Rex y derramándosela encima -¡Oh, pero qué torpe! Cuánto lo siento- comenzó a disculparse mientras con la manga de su chamarra blanca intentaba quitar la mancha roja de la camisa azul cielo del chico.

-No te preocupes, en serio- comentó incómodo porque alguien a quien acababa de conocer lo tocara tanto.

-Iré por algo para limpiarte o para que puedas cambiarte- exclamó apenado Lorenzo y yéndose en una dirección diferente a la que había tomado la anfitriona de la fiesta anteriormente.

-Oye, no arruines tu chamarra, estoy bien, en serio- insistió Rex, tomando de la muñeca a Eugene y haciendo enrojecer al pelirrojo.

-Lo siento tanto- murmuró –siempre me pasan este tipo de cosas, aunque normalmente el único afectado soy yo- ambos hicieron contacto visual -Por eso me siento tan culpable cuando alguien más sufre mi mala suerte- añadió, las comisuras de su boca inclinándose levemente hacia abajo, dándole un aspecto atormentado que enterneció al de anteojos.

-No ha sido más que una camisa manchada- intentó quitarle hierro al asunto –además… tú haces tu propia suerte- Eugene lo miró con los ojos brillándole ante esa frase que solía repetirle su madre todos los días, pero que con el tiempo había perdido fuerza… escucharlo de su ídolo de internet era revitalizante –Yo creo que conocernos ha sido buena suerte ¿no?- y Rex le sonrió, aliviado de librarse de estar a solas con Lorenzo. Eugene sin quererlo había sido su amuleto de buena suerte, aunque le hubiera costado su camisa favorita.

Curly sonrió maliciosamente, finalmente Lorenzo se había apartado de aquel par de entrometidos… habían hablado durante una eternidad, lo único que lo aliviaba es que Rhonda se había alejado del miserable intento de hombre que la pretendía. Así, se dispuso a seguirlo para esperar el momento perfecto de ejecutar su plan maestro. Una risa le nació en el pecho y murió en sus labios, iba a disfrutar provocándole dolor… muchísimo dolor.

Contar lo que pasa en la fiesta quedaba como un capítulo larguísimo... así que al final decidí cortarlo aquí y subir la continuación mañana por la noche... en un intento por picarles más la curiosidad XD

Espero que les haya gustado, ¡Dejen su opinión! y hasta mañana chicos...