Resumen: Ladybug y Chat Noir descubrieron sus identidades por accidente, pero las cosas no salieron para nada como lo habían imaginado. Notando la ruptura entre sus portadores, Tikki y Plagg temen que sean forzados a devolver sus Miraculous.
Notas:
1) Los Personajes no me pertenecen, son propiedad de ZAG Heroes, y los créditos son de Thomas Astruc y su equipo.
2) Este fin está realizado sin fines de lucro, solo por diversión.
3) Puede contener Spoilers de la tercera temporada
4) Advertencia: Contiene muchos OC.
A TRAVÉS DEL TIEMPO
CAPÍTULO 18
Templo de los Guardianes
Al día siguiente
Como Tikki lo había predicho, el entrenamiento que Jian y Mei prepararon para ellos al día siguiente no era nada fácil. No había sido difícil tampoco, sino que había sido realmente brutal. En su segundo día de entrenamiento sus dos instructores habían decidido hacerlos pelear en equipo contra ellos dos, esta vez con los ojos vendados.
-El ejercicio es muy sencillo. Tienen diez minutos para golpearnos a ambos con su bokken- explicó seriamente Jian mientras vendaba los ojos de Adrien, antes de poner un bokken en una de sus manos- y sin golpear a su compañero-
-¿Y cómo vamos a lograrlo si no podemos ver nada? ¡Le voy a sacar un ojo!- dijo Marinette alarmada mirando a Mei tomar su venda- nos hemos comunicado sin hablar con la vista, pero sin siquiera vernos…-
-Teniendo confianza en tu compañero- le dijo Mei seriamente antes de vendarle los ojos. Tomó su mano libre y la unió con la de Adrien. Ambos se sobresaltaron por el contacto, pero no se soltaron- sintiendo su presencia-
Marinette no podía ver nada, pero percibió un leve apretón de la mano de Adrien, sintiendo como si una corriente eléctrica la recorriera por el contacto. Estaba tan tenso y dudoso como ella, pero quería esforzarse para lograrlo.
-Espero que estén listos- escucharon decir a Jian- tres, dos, uno…-
Adrien y Marinette se soltaron y corrieron hacia ellos con sus armas en alto, intentando golpearlos con ella, pero ni siquiera lograron acercarse. En vez de ello, los dos adolescentes se enredaron entre ellos, abanicando sus bokken sin control. Al final de ese primer intento, Marinette accidentalmente le dio un golpe en la cabeza a Adrien.
-Ouch…- se quejó él.
-Lo siento, lo siento- dijo Marinette, llevándose las manos a los ojos para quitarse la venda al escuchar el quejido de su contraparte para ver si lo había lastimado.
-¡No se quiten las vendas!- dijo Mei en tono autoritario, deteniendo el intento de la chica- de nuevo, intenten tomar sus manos-
Adrien buscó a tientas la mano de Marinette, pero no la encontró. Gruñó frustrado y extendió su otra mano, alcanzando a sentir su hombro derecho. Sabía que era ella, conocía la textura de su piel.
-De nuevo- dijo Mei en voz alta- tres, dos, uno…-
Nuevamente Marinette y Adrien se volvieron para atacar a la pareja. El cuerpo de Adrien seguía estando tenso y parecía tener miedo de abanicar su bokken, temeroso de golpear a Marinette mientras que lo hacía, y la chica buscaba a tientas a Mei y Jian, como si fuera un bastón para caminar. Finalmente sintió algo con la punta de su arma y abanicó, golpeando de nuevo la cabeza de Adrien.
-Ay…-
-¡Lo siento!- exclamó Marinette, soltando el bokken con una expresión frustrada y quitándose la venda en un gesto rápido- no puedo, no puedo hacerlo. Solo voy a terminar lastimando a Adrien. ¡Es inútil!-
-No hay manera que se pueda hacer eso- dijo Adrien frunciendo el entrecejo y quitándose la venda también, dejándola caer al suelo en un gesto exasperado- es ridículo. ¡Es completamente imposible lo que están pidiendo de nosotros!-
Mei y Jian se miraron entre ellos y suspiraron decepcionados. Los adolescentes se sintieron un poco mal por haberlos decepcionado, pero los adultos no dijeron nada más. Tomaron las vendas que los adolescentes habían dejado caer al suelo y las colocaron en sus propios ojos. También tomaron los dos bokken con una mano.
-Prepárense para tratar de tocarnos y evitar que nosotros lo hagamos- dijo Mei en un tono tranquilo mientras que tomaba la mano libre de Jian y se volvía a los chicos- nosotros dos les mostraremos que no es imposible lo que queremos que hagan-
Los adolescentes tenían serias dudas de que eso se pudiera hacer, pero asintieron y tomando las armas de sus instructores, se dirigieron hacia ellos. Tan pronto como Adrien iba a tocar a Jian con su bokken, Mei gritó su nombre y el joven se giró, soltando a su pareja y evadiendo el golpe.
-Mei- dijo Jian, corriendo al lado contrario del gimnasio, dejando a los dos adolescentes atrapados entre los dos.
-Jian- dijo Mei.
Los dos adultos caminaron hacia el centro, donde Adrien y Marinette estaban confundidos. Estos se dejaron caer al suelo y rodaron para no ser golpeados por los bokken de sus instructores. Los instructores estuvieron a punto de golpearse mutuamente, pero se detuvieron antes de abanicar sus armas.
-Jian-
-Mei-
Un minuto después, cuando Marinette se levantó del suelo con ayuda de Adrien, ambos sintieron la punta de los dos bokken tocando sus espaldas. Los adolescentes miraron a sus instructores boquiabiertos, sin poder creer que lo habían logrado. Los adultos habían hecho lo que ellos creían que era imposible.
Mei y Jian se quitaron las vendas y lanzaron una mirada decepcionada a los dos adolescentes, que no dejaban de verlos sorprendidos.
-Por supuesto que se puede hacer. Cualquier cosa es posible cuando uno confía en su compañero- dijo Mei en un tono severo- el problema es que ustedes no quieren trabajar juntos. No quieren hacer el esfuerzo y no quieren confiar uno en el otro-
-Es una pena- dijo Jian en el mismo tono severo- porque Tikki y Plagg tendrán que cambiar de portadores si las cosas siguen así-
Con esas palabras, Mei tomó el brazo de Jian y ambos salieron juntos del gimnasio, dejando solos a los adolescentes. Marinette y Adrien se miraron entre sí en silencio, avergonzados de no poder cumplir con la prueba que sus instructores lograron hacer sin el mayor esfuerzo.
De pronto, Marinette se levantó y tomó la venda de nuevo.
-¿Marinette?- dijo Adrien al ver que se la estaba volviendo a poner- ¿qué es lo que haces?-
-Tenemos que hacerlo- dijo la chica respirando hondo mientras que se ponía la venda para cubrir sus ojos- Adrien, tenemos que lograr lo que Jian y Mei nos están pidiendo. No podemos rendirnos, y perder a Tikki y a Plagg-
Adrien la miró con una expresión preocupada. Sabía que tenía razón, y que tenían que apresurarse si querían conservar a sus kwamis y sus Miraculous. Tomó su venda e hizo lo mismo que ella.
-Hagámoslo- dijo él buscando su mano a tientas y tomándola en el primer intento. Ambos respiraron hondo, intentando sentir la presencia del otro a su lado. Adrien respiró hondo y apretó levemente la mano de ella.
-Mmm…- solo respondió Marinette mientras que respiraba.
-¿Cómo podemos hacerlo?- preguntó él en voz baja- cuando nos vimos… cuando conocimos nuestras identidades, pareciera como si algo entre nosotros se rompiera. ¿Cómo podemos volver a confiar?-
-Como lo hacíamos antes- dijo ella en voz baja, apretando también su mano- a pesar de todas nuestras diferencias y de no saber quiénes éramos, sabíamos una sola cosa: éramos más que compañeros. Éramos amigos, y yo sabía que podía confiar en ti con mi vida. Tiene que volver a ser así-
Adrien asintió mientras que sentía el calor de su mano. Antes de ello era capaz de interponerse entre los ataques de los akumas para proteger a Ladybug. ¿Qué diferencia era ahora que sabía que era Marinette? Era su compañera, era más importante porque ella podía purificar los akumas y regresar todo a la normalidad.
Marinette se volvió hacia él a pesar de que no podía verlo. Chat Noir siempre la había protegido, y seguido sus planes sin siquiera necesitar que dijera una sola palabra. Él podía leer su mirada, su silencio, como si sus mentes estuvieran conectadas. ¿Porqué era diferente ahora que sabía que era Adrien? No debía serlo.
Clac
Los dos se pusieron en guardia.
"Viene alguien", parecía decirle Adrien con un apretón de manos.
"Lo sé, prepárate", pareció responderle ella con otro apretón de su parte.
Ambos se prepararon y caminaron juntos, sin soltar sus manos, mientras que se acercaban al intruso. Soltaron sus manos para rodearlo.
-Ladybug…- dijo Adrien para indicarle dónde estaba, recordando como Mei y Jian habían hecho antes.
Unos pasos más delante, la chica fue quien hablo.
-Chat Noir…-
Rodearon a su presa, y se prepararon para atacar. Adrien dudó por un momento, no quería golpear a Marinette.
-Ladybug…-
-Chat Noir…-
El chico sonrió, escuchando a su partenaire fuera del alcance del bokken. Adrien abanicó al mismo tiempo que Marinette, y ambos golpearon algo. O a alguien.
-Nada mal- escucharon decir a Mei, quien detuvo los dos bokken con sus manos antes de que la golpearan, pero estaba satisfecha de lo que acababan de hacer los dos adolescentes- les dije que podían hacerlo-
Los dos adolescentes se quitaron la venda, y se dieron cuenta de que sus instructores habían regresado, aliviados de que hubieran tomado el riesgo y que lo hubieran logrado. Habían pasado una prueba, pero aún no terminaban.
-Vuelvan a ponerse la venda- dijo Jian en voz alta- aún no hemos terminado con el entrenamiento-
X-x-x
Habitación de Marinette
Esa tarde
Adrien había seguido a la chica a su habitación. Si conocían a sus kwamis, seguramente les contarían la historia de otros portadores esa noche. Tras pedirle permiso a Marinette, el chico tomó asiento en su cama junto a ella.
-Me pregunto cómo estarán papa y maman- dijo ella en voz baja- seguramente estarán muertos de preocupación por no tener noticias de mí- encogió sus piernas sobre la cama- quisiera poderles decir que estoy bien, pero nos descubriría y no podemos hacer eso-
El chico sonrió levemente.
-Quizá père también esté preocupado, y Nathalie- dijo Adrien en voz baja, su tono involuntariamente triste- eso si es que alguno de ellos dos se da cuenta de que no estoy en casa-
Marinette deslizó su mano para ponerla sobre la de él.
-No digas eso. Claro que monsieur Agreste debe estar muy preocupado por ti- dijo ella en voz baja- creo que tu padre tiene problemas para expresar sus emociones, pero estoy segura de que te quiere y debe estar haciendo todo lo posible por encontrarte-
Adrien le sonrió tristemente.
-Supongo que tienes razón- dijo él en voz baja- gracias, ma la… Marinette-
La chica hizo una mueca. Ahí estaba de nuevo. Adrien había estado a punto de decirle ma lady y nuevamente se había detenido a la mitad. No sabía porqué, pero había una parte de ella que le dolía cuando hacía eso. No se lo podía decir porque… interrumpió su línea de pensamiento. No podía pensar que no confiaba en él. Quizá podía comenzar diciéndole eso.
-¿Adrien?-
-¿Mmm?-
-¿Puedo… confesarte algo?-
-Claro, lo que quieras- dijo él sonriendo levemente.
Tragó saliva nerviosamente. Cerró los ojos por un momento y se imaginó a Chat Noir, el despreocupado y alegre Chat Noir de antes de conocer sus identidades, e imaginó que se lo decía a él.
-La verdad es que… extraño que me llames ma lady- dijo ella.
-¿No te molesta?- se sorprendió el chico, y Marinette le respondió sacudiendo la cabeza. Un nuevo brillo apareció en los ojos de Adrien, que la hizo sonreír levemente. ¿Tanto le emocionaba escuchar eso?- está bien, ma lady-
-Gracias, chaton- dijo ella.
Marinette apoyó su cabeza en el hombro del chico, quien sonrió y rodeó su espalda con su brazo mientras ambos esperaban a que sus kwamis los alcanzaran. Por un momento, ambos sintieron como si nada hubiera cambiado, como eran antes de que sus identidades fueran reveladas, sabiendo que podían confiar en el otro con sus vidas, sobre todo después de haber logrado pelear contra sus instructores.
Tikki y Plagg llegaron y se mantuvieron en silencio, mirando a los chicos sin decir nada hasta que ambos notaron su presencia.
-Ah… Plagg, Tikki- dijo Adrien apenado mientras que Marinette se incorporaba- ¿querían hablar con nosotros?-
-Solo quería decir que estamos orgullosos de ustedes por su desempeño el día de hoy- dijo la kwami- poco a poco están demostrando que podrán pasar las pruebas de los Guardianes. Mei y Jian estaban impresionados de que lo hayan logrado-
-Ellos dos lo hacían verse muy fácil- dijo Adrien cruzando los brazos- pero no lo es-
-Nadie dijo que sería fácil- dijo Plagg cruzando los brazos- pasar las pruebas de los Guardianes es tan difícil como encontrar un buen queso en Inglaterra-
-¡Plagg!- dijo ella.
-¿Recuerdas cuando me tuvo Kit?- se quejó el kwami negro- no sé como sobreviví con la horrible comida inglesa. Por eso agradecí que Fu viviera en París, el queso es infinitamente mejor en Francia-
-Lo que yo no sé es como sobreviviste en los viajes al nuevo mundo a bordo del Golden Hind- dijo Tikki- sobre todo con lo mucho que te gusta comer-
Marinette no comentó nada, pues no sabía de qué estaban hablando, pero Adrien abrió los ojos desmesuradamente.
-¿El Golden Hind?- dijo el chico rubio- ¿así como el barco de Francis Drake?-
-Ese mismo- dijo Plagg- mi portador era el segundo a bordo del Golden Hind. Y sí, Francis Drake era su capitán-
Adrien estaba sorprendido y fascinado. Siempre había escuchado ese personaje de la historia, pero jamás se imaginó que uno de sus compañeros había sido un portador de Miraculous.
-Y la Ladybug de esa época era muy cercana a la reina Elizabeth I- dijo Tikki.
Esta vez Marinette también miró sorprendida a su kwami.
-Cuéntenos- dijo Marinette.
Los dos kwamis se miraron entre sí por un momento, con una sonrisa extraña, y finamente asintieron.
-Bueno, todo comenzó cuando el Golden Hind navegó por el Támesis hacia el palacio de Whitehall-
X-x-x
Río Támesis, Londres
Año 1588
Christian Jones, segundo al mando del Golden Hind, se asomó a estribor para mirar la familiar vista de la ciudad. La torre de Londres, esa formidable fortaleza que se erigía en la parte este de la ciudad, comandaba la entrada y salida de barcos de Londres. Afortunadamente su capitán, Francis Drake, era ya bastante conocido en la ciudad y era uno de los favoritos de la reina de Inglaterra, por lo que no tendría problemas para pasar.
-¡Hey, Kit!- escuchó decir a su compañero que estaba en el timón- avísale al capitán que estamos a punto de llegar a Whitehall-
Kit escuchó eso y corrió hacia el camarote del capitán.
-Capitán Drake- dijo el chico llamando a la puerta- ¡capitán! Estamos a punto de llegar-
-Gracias, Kit- dijo el capitán mientras que salía de su camarote- asegúrate de que los obsequios que trajimos para la reina estén listos cuando lleguemos. No quiero que ese Deveraux me robe el favor de la reina de nuevo, aprovechando que estábamos ausentes de la corte en el Nuevo Mundo-
-Eso va a ser muy difícil después de lo que conseguimos- dijo el chico rubio, recogiéndose el cabello en una pequeña coleta- ¡su Majestad estará muy complacida!-
El pirata asintió con una leve sonrisa, y volvió su mirada nuevamente hacia él.
-Quisiera llevarte conmigo al palacio en esta ocasión, Kit- dijo Francis Drake seriamente- estoy seguro de que le agradarás a la reina-
Kit se sorprendió al escuchar aquello. El capitán jamás había sugerido que lo acompañara al palacio a ver a la reina. Aunque, pensándolo bien, antes de eso era pequeño, casi un niño, y la reina no habría aprobado su presencia. Pero ahora que ya era mayor podía visitar el palacio sin problemas.
-¿Eh… está seguro, capitán?- dijo el chico.
-Por supuesto, te lo has ganado- respondió el capitán- ahora prepara tus cosas y los regalos para la reina. Vamos a visitar el palacio esta tarde. Ah, y si te puedes dar un baño, sería mejor-
Al escuchar eso último, Kit asintió y se retiró riendo.
-De acuerdo-
x-x-x
Palacio de Whitehall
Poco después
Anne Cavendish brincaba en un pie mientras que intentaba ponerse un zapato a toda prisa. La reina había llamado a sus damas de compañía a que la atendieran en sus habitaciones privadas, pero la chica se había enredado con los lazos de su vestido, haciéndola tropezarse. Al fin lo había resuelto gracias a su sirviente, pero se le había hecho tarde.
La chica recogió su falda para poder correr, agradeciendo que sus zapatillas fueran ligeras. No tardó en llegar a las habitaciones privadas de la reina y, para su mala fortuna, Elizabeth I la estaba mirando con los ojos entrecerrados.
-Llegas tarde otra vez, Nan- dijo la reina. Un intenso rubor apareció en las mejillas de la chica y se inclinó.
-Le ruego su perdón, majestad- dijo Anne avergonzada mientras que se frotaba discretamente una rodilla- la verdad es que tropecé con el tapete, y luego mi zapato salió volando y golpeó al embajador francés en la cabeza…- se cubrió la cara con las manos- tuve que disculparme y…-
La reina se echó a reír, sus carcajadas resonando en toda la cámara. La verdad era que los pequeños accidentes y contratiempos de la chica la divertían más que exasperarla. Además, Nan era la única de sus damas que portaba el nombre de su madre, la reina Anne Boleyn, así que eso la hacía una de sus favoritas.
-Bien, pero que no vuelva a suceder- dijo la reina haciendo un gesto para que dejara de excusarse y se levantara- vamos, apresúrate y tráeme mi peluca favorita-
-¿Espera alguna visita, majestad?- preguntó Nan intrigada. Sabía bien que la reina solo usaba su peluca favorita cuando tenía visitas, sobre todo de los corsarios como Walter Raleigh o Francis Drake.
-Sí, me dijeron que Francis Drake entró esta mañana a la ciudad por el Támesis, proveniente del Nuevo Mundo- dijo la reina visiblemente emocionada- vamos a ver qué tesoros e historias nuevas nos trajo en esta ocasión, ¿no?-
-Esa es suficiente razón para estar emocionada- dijo otra de las damas de compañía mientras que la reina asentía.
-Alice tiene razón- sonrió Elizabeth I, emocionada como si fuera una adolescente- los corsarios siempre tienen historias interesantes que contar sobre sus aventuras en el Nuevo Mundo-
Nan asintió tan emocionada como la reina. Si había algo que le gustaba más que nada era escuchar historias sobre los extrañadas tierras que se encontraban del otro lado del mar, en el Nuevo Mundo. Los corsarios ingleses atacaban a cada rato los galeones españoles, habían conocido a los nativos y traían objetos que jamás se habían visto en Inglaterra.
Aún pensando en ello, se apresuró a ir por la peluca que la reina le había indicado, tropezando y casi cayendo de bruces en el intento. Alcanzó a escuchar una carcajada de parte de la reina.
-Lo siento, lo siento…- dijo ella en voz baja mientras que Alice la ayudaba para que no se cayera de nuevo.
Tras colocar la peluca, también tomó la mano de la reina para poner sus joyas en sus brazos, cuello, oídos. Tomó el maquillaje también, y comenzó a aplicárselo a la reina, quien la miraba a través del espejo. Otras de las damas de compañía de la reina prepararon su vestido y sus zapatos.
Poco más de una hora después terminaron de preparar a la reina, y la siguieron hacia la sala del trono.
X-x-x
Más tarde
Kit siguió a Francis Drake por la entrada del palacio, mirando a su alrededor boquiabierto. Si bien había visto las maravillas del Nuevo Mundo, nunca antes había estado en un lugar tan impresionante como ese. Había oro y maderas preciosas a su alrededor, en todas partes, incluso en las paredes. Estaba impresionado.
Los cortesanos se apartaron para abrirle paso al pirata y a su compañía. Kit caminaba poco detrás de Drake llevando un cofre con los tesoros que llevaban del nuevo mundo y lo que habían logrado robar de los galeones españoles. A Kit le llamó la atención que su capitán parecía caminar como si fuera el dueño del lugar.
Cruzaron la antecámara y avanzaron a paso seguro hacia la sala del trono. En el centro estaba sentada la reina Elizabeth I, ataviada con un rico vestido dorado con perlas bordadas en la tela, una peluca pelirroja de la cual sobresalían estrellas de oro incrustadas con diamantes. No pudo evitar mirarla sorprendido. Alrededor de Elizabeth I estaban sus damas de compañía, un grupo de cinco mujeres muy hermosas que acompañaban a la reina, pero ninguna de ellas estaba tan magníficamente vestida como la reina. A los lados, los consejeros de la reina: Cecil y Walsingham. Y finalmente los embajadores de Francia y España. Kit frunció el entrecejo al ver a ese último cuando les lanzó una mirada del más puro odio y salió de la sala del trono como si no pudiera soportar el estar en la misma habitación que los corsarios.
Francis Drake los ignoró y se detuvo frente al trono. Kit hizo lo mismo. Recordaba lo que le había dicho su capitán, que debía imitar todo lo que él hiciera. Cuando Drake se arrodilló en el suelo, Kit también lo hizo.
-Sir Francis Drake, your majesty- escuchó que un cortesano anunció.
-Ah, por fin Sir Francis regresó de las tierras del Nuevo Mundo- dijo la reina juntando sus manos. A pesar de que parecía seria, su expresión y su tono de voz hicieron pensar a Kit que estaba tratando de ocultar su emoción- ¿qué maravillas nos traes en esta ocasión?-
-Su majestad, trajimos tesoros provenientes del Nuevo Mundo especialmente para usted- dijo Drake irguiéndose de nuevo, volviéndose hacia Kit y asintiendo levemente.
El chico asintió y caminó nerviosamente hacia delante, deteniéndose justo frente a la reina y volviéndose a poner de rodillas.
-Nan, levanta la tapa del cofre- dijo Elizabeth I volviéndose a una de las mujeres que estaban junto a ella- quiero ver que nos traen mis leales súbditos-
Ante esa orden, una de las damas de compañía que estaba de pie junto a ella se acercó a Kit, y el chico supuso que era la Nan a quien la reina se había referido. Era una hermosa mujer de su edad, quien llevaba puesto un vestido color verde oscuro con algunos toques dorados en las mangas y en la parte anterior de la falda. Llevaba un tocado francés, con la parte anterior de sus cabellos oscuros descubiertos y el resto recogido en una redecilla dorada.
Las manos de la mujer tocaron la tapa del cofre que Kit sostenía delante de ella, sus dedos rozando con los de él. El chico miró los enormes ojos azules de la mujer frente a él y sintió las mejillas calientes. No podía dejar de mirarla.
Nan levantó la tapa del cofre y dio un paso atrás para no bloquear la vista de la reina, revelando algunos objetos de oro y plata, semillas de cacao, ricas plumas de colores y algunas piedras preciosas.
La reina miró el botín de Drake con una expresión aprobatoria.
-Muy bien, Sir Francis, estoy muy complacida con el botín que trajiste del Nuevo Mundo- dijo Elizabeth I, pero sus ojos pasaron del pirata al chico que seguía sosteniendo el cofre, cuyos ojos seguían en su dama de compañía. La reina se puso de pie e inmediatamente el resto de las damas hicieron lo mismo. Al darse cuenta de que había notado que estaba mirando a la chica, Kit bajó los ojos al suelo.
-¿Su Majestad?- dijo Drake, sintiendo que algo extraño sucedía.
La reina lo ignoró, dando un paso adelante y mirando a Kit, poniendo una mano en su mentón y haciéndolo levantar la mirada hacia ella.
-¿Y quién es este chico que trajiste contigo esta vez, Sir Francis?- dijo la reina, empeorando el rubor en su rostro. No podía creer que la reina de Inglaterra estuviera frente a él, mirándolo como si quisiera examinar el fondo de su alma.
-Su nombre es Christopher Jones, majestad- dijo Drake mirando de reojo a Kit con una expresión de advertencia para que no abriera la boca- es el segundo a bordo de mi barco, y uno de los mejores marineros bajo mis órdenes-
Elizabeth I sonrió levemente mientras lo examinaba. Los intensos ojos de la monarca pusieron nervioso al chico, pero su sonrisa lo tranquilizó.
-Tiene un rostro agradable. Bueno, mister Jones- dijo la reina con dirección a Kit- por favor acompañe a Nan a mi estudio para que deje el cofre ahí-
-Como ordene, majestad- dijo Kit poniéndose de pie y mirando de nuevo a la chica, quien le sonrió y le indicó con un gesto que la siguiera. Tras inclinarse ante la reina, Kit atrapó una cajita hexagonal que estaba a punto de caerse. La acomodó con cuidado dentro del cofre antes de cerrarlo y se apresuró a alcanzar a la joven.
X-x-x
CONTINUARÁ…
¡Hola a todos! Adrien y Marinette por fin hicieron hacer algo al fin y pelear juntos gracias a sus instructores. También están comenzando a acercarse un poco. Y ahora conocemos a Kit y Nan, los héroes ingleses en la época de Elizabeth I. Aún nos queda un día más de entrenamiento antes de las pruebas que les pondrán los Guardianes. Muchas gracias a todos por seguir leyendo y por sus reviews. Abrazos.
Abby L.
