Disclaimer:

La serie Naruto (tanto manga como anime) son propiedad de Masashi Kishimoto. Las letras y citas incluidas en el texto son propiedad de sus respectivos autores.

House of Crows pertenece a SilverShine, yo sólo me ocupo de la traducción.

La imagen de la portada lleva por nombre White Raveny es propiedad de Nat Jones.


Advertencias:

Clasificación M: Contenido adulto tal como lenguaje, sexo, etc.


La Casa de los Cuervos

Capítulo 18

La Advertencia de Aki


Tu rostro no se ve como antes

Es como si realmente ya no fuera tuyo…


No había palabras.

Eso era todo lo que podía pensar mientras se le quedaba viendo a ella, o más específicamente, a su vientre. Kakashi nunca había sido capaz de decidir si él era un hombre del tipo elocuente. Bajo circunstancias sociales ordinarias él frecuentemente encontraba difícil pensar en cosas interesantes qué decir, así que se había ganado la reputación de un hombre callado. Pero cuando la necesidad de la ocasión lo demandaba, él no tenía problema alguno en articular de manera tan concisa y calmada, e incluso salvajemente, lo que también le había ganado una advertencia: 'cuidado con el callado'.

Kakashi no era extraño al ocasional tartamudeo, pero siempre era raro. Era más raro todavía el encontrarse sin palabra alguna. Él le miró. Ella le preguntó algo pero no había palabras; ¿Qué se suponía que tenía que decir en una situación como esta? ¿Qué esperaba ella que él sintiera o demostrara?

¿Por qué se sentía como si sintiera… nada?

Ella tocó su mano, la levantó hacia ella para que él pudiera sentir por sí mismo el innegable resultado de sus acciones. Él retrocedió como si hubiera sido electrificado, jalando su mano antes de que los dedos hicieran contacto con su vientre. Ella no le miró sorprendida, ni siquiera herida. En lugar de eso sólo se veía tan sombría y molesta como siempre.

—No cambia nada. —Dijo con una voz baja. —¿Qué diferencia hace que sea tuyo o de Toshio? A lo que a mí concierne ustedes son igual de malos, y que tú seas el padre no hará que mágicamente yo me vuelva una mejor persona, una que pueda ser madre. Así que, ¿Dónde nos deja eso?

—Yo… —Todavía no había palabras.

—¿"Yo" Qué? —Sakura repitió condescendientemente. Como Karasu había notado, era muy parecido a ser regañado por una madre.

Él tragó saliva. —Tengo que irme.

El puño de Sakura dejó su cadera. —¿Qué? —Preguntó, confundida.

—Tengo que irme. —Dijo de nuevo, un poco más silencioso, mientras comenzaba a alejarse de la mesa y se levantaba.

Sensei, —Siseó ella, mirándole con enojo. —¡No te atrevas!

—Lo siento. —Murmuró. Sus ojos buscaban una vía de escape, y antes de que él se diera cuenta estaba pasando a través de libreros y más libreros, ignorando los molestos gritos de Sakura detrás de él que se hacían cada vez más iracundos a la vez que más débiles. Quizás incluso le llamó por su nombre. Él estaba demasiado distraído para notarlo.

Kakashi estaba corriendo. Para cualquier observador él tal vez se viera como si estuviera trotando ligeramente, como un hombre que se apresuraba para llegar a algún lugar importante, pero la verdad, Kakashi no tenía idea de adónde iba. Sólo estaba caminando. Tenía que caminar, porque si se detenía recordaría que no podía respirar, y si él corría, estaría a kilómetros lejos antes de que pudiera recordar que necesitaba desacelerar.

Él llegó a un pasillo sin salida y fue confrontado con la vista de la puerta de su dormitorio. Reconoció los tenues motivos florales decorando los paneles de papel de la puerta shoji, y el débil resquebrado en la esquina derecha inferior donde algún viejo invitado o sirviente había chocado accidentalmente. Él había notado esos viejos detalles antes, por supuesto… pero ahora parecían maximizados caóticamente mientras sus sentidos batallaban para comprender el mundo alrededor de él ante la falta de su salud mental.

Se quedó allí mareado, con los ojos cerrados y las manos apoyadas contra la pared enyesada. Podía sentir su corazón latiendo con tanta fuerza que podría ser escuchado al igual que su propio aliento, pero nada más que eso. Era como si el mundo se hubiera hundido dolorosamente alrededor de él. Todo lo que podía ver en su mente era a Sakura de pie ahí, medio iluminada por la luz de la luna mientras posaba la mano contra su vientre.

Incluso había levantado la mano para tomar la suya e invitado a tocarla, pero eso era todo lo que necesitaba.

Kakashi abrió la puerta de su habitación y se obligó a entrar. Tenía que sentarse. Un dolor de cabeza comenzó a punzar detrás de sus ojos, latiendo al compás de su corazón. Cerró los ojos y presionó los dedos contra sus sienes.

¿Qué demonios había hecho…?

Algo se estiró suavemente en su cama. Un suave suspiro femenino le hizo darse la vuelta con lentitud y ver con la expresión vacía a la pálida mujer en su cama. Labios rojos sonrieron ampliamente en saludo y ojos atractivamente soñolientos brillaron divertidos. —Te ves horrible. —Le dijo ella.

Dentro de él, un hilo de pánico comenzó a apretarse. —No esta noche, Reika. —Susurró.

—¿Estás bromeando, verdad? —Dijo con la voz plana.

—No. Sólo vete. Por favor. —Dijo educadamente, pero él sabía que estaba al borde de explotar.

—Kakashi, si algo te molesta, puedes decirme. —Intentó coquetamente con un puchero de compasión.

—Sólo vete, Reika. —Ladró él.

Ella no se movió, en lugar de ello sólo le frunció el ceño. —En serio, ¿Qué sucede? —Demandó, su irritación elevándose para rivalizar con la de él.

En ese punto él se giró y pateó la pata derecha de la silla del escritorio junto a él. La pierna giró y abolló la pared, pero la silla apenas se tambaleó. —Vete. —Le dijo cortante, apuntando con el dedo la puerta abierta. —Ahora.

—¡¿Qué?! —Reika gritó, enderezándose de golpe. —¡No te atrevas a hablarme así!

—Lo acabo de hacer, ¡Ahora vote! —Casi gruñó. —¡No te quiero en mi cama! ¡No te quiero en mi habitación! ¡No te quiero!

La mujer se puso roja de ira mientras llevaba las sábanas y se envolvía más modestamente. —¿Qué se te ha metido?

—¡Corta el acto, Reika! —Se acercó a un lado de la cama y desenterró la mochila escondida debajo de ella. —¡Estoy harto de esto! Sé exactamente por qué estás aquí y por qué siempre estás aquí, y no me importa. No quiero mandar en este clan. No quiero una esposa. No quiero hijos. Nunca he querido ninguna de esas cosas, así que sólo… sólo vete.

La amplia boca de Reika ahora era una línea delgada y temblorosa. —Bueno. —Dijo discretamente, doblándose del otro lado de la cama para juntar su ropa. —Puedo ver cuando no soy querida. No sé qué demonios sucede contigo, pero cuando cambies de opinión después, puedes besarme el trasero.

Ella salió de la habitación con elegancia, envuelta en el edredón con su ropa bajo un brazo. En el momento en que la puerta se cerró detrás de ella, Kakashi se sentó con pesadez en el colchón y se quedó en tal silencio como para combinar con el repentino vacío dentro de su cabeza.

Sakura estaba mintiendo. Tenía que estarlo. Ella había sido traicionada y estaba mantenida aquí contra su voluntad, y estaba haciendo lo que cualquier ninja en una posición vulnerable había sido entrenado para hacer: intentar manipular a su captor. Él sabía que ella estaba bajo control natal porque ella le había dicho que estaba usando la inyección como virtualmente toda kunoichi en Konoha. Ella dijo que estaba protegida; ¿Cómo podría haber cometido un error así de catastrófico y esperado hasta ese momento para dejárselo saber?

Había demasiadas razones por las cuales mentir; ¿Estaba intentando que él reconsiderara sus prioridades? Él quería sacarla del camino y evitar que contactara con Konoha por su propio bien, pero ¿Y si eso significaba poner a Sakura en riesgo? ¿Qué si eso significaba que el niño nonato estuviera en riesgo? ¿Creería que él estaría más tentado a comprometerse por el bien de un niño –su propio hijo- si no lo hacía por ella?

Esta era una mujer inteligente y capaz de planear conspiraciones, pero esta sería una mentira completamente cínica incluso para ella. La fecha de nacimiento ya diría la verdad, porque había un mes o dos de distancia entre su visita a Jonan y la llegada de ella a este lugar. Si era de él, nacería en abril. Si era de Toshio, nacería en mayo o junio. Pero eso era hasta el siguiente año, y para entonces Sakura ya estaría en Konoha si se salía con la suya y él seguiría ahí o huyendo, y en ese punto no importaría si ella había mentido, solo que había funcionado cuando era necesario.

Pero entonces, ¿Por qué Pakkun le dijo que su esencia no había cambiado? ¿Y por qué ella ya mostraba el embarazo si sólo tenía un par de semanas?

Su única experiencia con el embarazo era a través de Kurenai, y él recordó claramente cuando ella tenía tres meses de embarazo de su hija. Él lo recordaba porque no había sido capaz de notar la diferencia, incluso para aquellos que lo sabían. El yukata de Sakura quizá no estuviera diseñado para enfatizar las curvas –totalmente lo opuesto- pero ahora que ella se lo había mostrado a él era evidente que su cintura había comenzado a expandirse un poco.

También estaba la náusea y la inexplicable fatiga, todos síntomas de alguien que se había estresado demasiado por su situación financiera… y también síntomas de unas dificultosas primeras semanas de embarazo. Él nunca lo había considerado como una posibilidad en ese momento, e incluso ahora él recordaba cómo Kurenai había pasado por los primeros meses como un sereno bodhisattva y se preguntó cómo Sakura podía experimentar la misma cosa de manera tan diferente.

También estaba la nota. Él había creído que era raro, cuán desesperadamente había deseado contactarlo en el momento en que regresara de su misión, pero entonces también ella había querido hablar con él antes de que se fuera, ¿No? Sólo ahora recordó vagamente que nunca habían conseguido tener esa plática…

Todo lo que le había dicho en la biblioteca apenas unos minutos atrás… todo era terriblemente cierto. Ella había intentado decirle. Ella tenía maneras de protegerse de Toshio. El único hombre con quien ella había estado era… Kakashi.

—Mierda… —Maldijo suavemente para sí mismo y se frotó la cara con sus manos.

Casi no importaba quién fuera el padre, tal como ella había dicho. El hecho era que Sakura estaba embarazada y ahora estaba bien adentro del territorio enemigo sin chakra ni equipamiento. Él estaba tentado a llamarla idiota –oh, qué demonios, ¡Era una idiota!

La partería no debió ser parte de su programa de entrenamiento médico, de otra forma ella hubiera sabido que algunas kunoichi embarazadas encontraban que su chakra estaba anulado debido a una incompatibilidad con el tipo de chakra del bebé. Demonios, incluso él sabía eso. Teniendo un puñado de amigos casados, quienes parecían moverse en círculos más exclusivos para padres, inevitablemente había escuchado que alguien había sufrido del mismo problema de incompatibilidad. Sólo sucedía cuando el infante poseía una afinidad natural que tenía una ventaja directa elemental sobre la afinidad natural de la madre. Siendo Sakura alguien de tipo tierra, el bebé debía ser tipo rayo… y fue sorprendente para Kakashi el pensar que eso ya estaba teniendo parecido a él.

De verdad no había forma de negar esto. Pakkun le había generado dudas cuando le dijo que la esencia de Sakura no había cambiado, pero sin importar cuán desesperadamente él intentara racionalizar lo contrario, sólo lo había confirmado.

Él miró distraídamente a la mochila en su mano y la jaló sobre la cama junto a sí. Al menos, pensó, la incompatibilidad de chakra no era una condición peligrosa. Su única preocupación era que dejaba a Sakura en una posición particularmente vulnerable en este sitio.

Especialmente cuando Kakashi ya no podía quedarse más tiempo.


—¿Ya te vas? Pero acabas de llegar aquí.

—Es inevitable, me temo.

—Hm. —Karasu metió la mano bajo su camiseta para rascarse el estómago mientras bostezaba ampliamente. —¿Por qué está tan oscuro?

Kakashi levantó la mano y le levantó la máscara para dormir cubriendo los ojos del otro hombre. —¿Mejor? —Preguntó.

Karasu echó un vistazo a su dormitorio. —Todavía está muy oscuro; ¿Podría ser que me despertaste a mitad de la noche, Kakashi? —Preguntó con la voz plana.

—No quería irme sin decírtelo.

—¿No podía esperar hasta la mañana? —El líder del clan comenzó a bostezar de nuevo. —Te golpearía si fueras cualquier otro.

—Lo sé.

—¿Hay alguna razón en particular por la que tienes que irte ahora?

Sí. Él tenía que regresar a Konoha inmediatamente porque ahora la molesta amiga rubia de Sakura probablemente le estaba diciendo a tantas personas como podía sobre Sakura y él, y no confiaba en que Tsunade no sobre-reaccionaría y haría algo extremadamente contradictorio a los planes de Kakashi. —Me están esperando. —Respondió. —Voy a ser Hokage, ¿Recuerdas?

—Ah. —Karasu asintió. En su estado semi-despierto probablemente no se había dado cuenta que esa no era una buena excusa como para dejar la casa a mitad de la noche. —Buena suerte con eso.

—Adiós, Karasu.

Karasu ondeó vagamente la mano mientras que con la otra bajaba la máscara y se giraba, determinado a regresar a dormir. Habiendo cumplido con su deber de informar a su superior de su partida, Kakashi se giró para irse tan silenciosamente como había entrado. Cuando sus dedos tocaron la manija, Karasu levantó la cabeza. —Cuando veas a Sable, dale una flor roja. —Dijo.

Kakashi se detuvo. —¿Por qué? —Preguntó cuidadosamente.

—Ella te dará un regalo, esa es la razón. Está todo arreglado. —Karasu dijo. —Ahora deja de preguntar y vete o arruinarás la sorpresa.

—Odio cuando organizas cosas detrás de mí. —Kakashi señaló irritadamente.

—No, confía en mí. Te gustará este. —Él se río entre dientes para sí mismo y dejó que su cabeza tocara de nuevo la almohada.

Kakashi se detuvo por un tenso momento antes de liberar un pequeño suspiro y alejarse cuando se volvió claro que Karasu había dicho todo lo que quería decir. Mientras recorría los pasillos con su mochila sobre sus hombros, Kakashi metió la mano en su bolsillo y sacó dos rollos; uno de ellos lo usó para invocar a Pakkun.

—¿Qué sucede? —El pug jadeó mientras trotaba detrás de él.

Kakashi se detuvo para meter el segundo rollo dentro de un bolsillo detrás del cuello de Pakkun. —Dale esto a Sakura. —Dijo con un ligero rompimiento en su voz.

Pakkun inclinó la cabeza. —¿No puedes dárselo tú?

—Me tengo que ir. —Kakashi le explicó. —Quiero que te quedes con ella. Dale esto, y si algo sucede, dile que lo abra, y que estás aquí para protegerla.

La cabeza de Pakkun se inclinó del otro lado. —Orquídea Salvaje puede protegerse sola bastante bien. —Apuntó. —No hay mucho que yo pueda hacer en una crisis…

—Ya no más. —Kakashi le dijo a su invocación con la voz apretada. —Está debilitada.

—¿Cómo?

—El embarazo hace eso a veces.

La pequeña y arrugada cara de Pakkun dejó salir una sonrisa enorme por la que se asomó su lengua alegremente. —Entonces, ¿De verdad está embarazada? Te dije que estaba diferente en Konoha. Cuando me preguntabas si ella te odiaba, te dije que apestaba a miedo y a otra cosa… Supongo que eso era. Es lindo finalmente ponerle un nombre a un olor, sabes. —Dijo un poquito defensivamente, quizá todavía preocupado porque Kakashi quisiera cambiarlo por un nuevo canino. —Pero eso no fue mucho después de que tú copularas con ella; ¿Eso quiere decir que es tuyo?

Kakashi suspiró. No se podía esconder mucho de la nariz de un perro. —Eso parece. Como sea, tiene una incompatibilidad de chakra, así que necesitará vigilancia.

—¿Es peligrosa? —Pakkun preguntó.

—No por sí misma, no. Pero estará indefensa contra un ataque, y también necesito que te asegures de que se quede aquí.

Pakkun se le quedó viendo. —Si no es peligroso, ¿Por qué no estás feliz? —Apuntó él.

—¿Por qué demonios estaría feliz? —Kakashi dijo cortante mientras daba la vuelta a una esquina. Todo estaba desmoronándose, conectado apenas por delgados hilos que se romperían en el segundo en que hiciera algo mal. Probablemente estaba comenzando a encanecerse.

—Vas a tener cachorros, ¿Quién no estaría feliz? Siempre son bonitos, todo el mundo los admira, y se vuelven grandes aliados una vez que dejan de morderte la cola y jalarte las orejas. Tuve dos camadas, sabes.

—Los humanos no tienen cachorros. —Kakashi dijo con paciencia menguante. —Hay una guerra y la última cosa que necesito es una chica embarazada en medio de todo. Perdóname si no estoy brincando de alegría.

Pakkun murmuró algo inaudible que probablemente incluía las palabras 'extraño', 'retroceso' y 'humanos'.

Kakashi entró en el oscuro y abierto pasillo en el Ala de la casa de los sirvientes. Probablemente no era una buena idea venir aquí, y si él tuviera sentido ya estaría saltándose esto e ido inmediatamente. Pero tenía que verla. Tenía que verla e intentar comprender la enormidad de lo que ella estaba cargando. O lo que representaba.

Él se detuvo afuera de una de las habitaciones y sintió el suave pulso de su propio chakra dentro de la habitación, producido por la marca que había puesto en ella. Silenciosamente él empujó la puerta para abrirla y echó un vistazo en la casi impenetrable oscuridad de la habitación del otro lado. Cuidadosamente levantó su hitai-ate para concentrar el sharingan en los cuatro futones adentro. Tres de ellos estaban ocupados, uno por la sirvienta castaña que había abordado el día anterior, otro por una chica alta que no reconoció, y un tercero por su Sakura.

Ella estaba acurrucada medio de costado con las mantas hasta las orejas. No lo había detectado. En su estado actual ella era tan frágil y vulnerable como las otras chicas en la habitación.

Pakkun lo rodeó. —Mejor busco un buen lugar para dormir. —Suspiró, y se deslizó dentro del oscuro cuarto. Kakashi sabía que podía confiar en el pug para ser un discreto pero alerta perro vigía, pero todavía se encontraba poco dispuesto a irse. Había tenido muy poca oportunidad para estar con ella a solas y pasar esa coraza de hierro de sospecha con el fin de hablar genuinamente con ella. Aunque tenía muy pocas opciones. Tenía que regresar a Konoha antes de que Ino reportara sus descubrimientos a Tsunade y la Hokage enviara un batallón de ANBU para rescatar a su aprendiz.

La mirada de Kakashi vagó sobre la durmiente forma de Sakura y escuchó su calmada y lenta respiración. Realmente era más tolerable cuando estaba dormida, porque si estuviera despierta ahora mismo estaría arrojándole algo a la cabeza. El universo parecía odiarlo como para enviar esta situación contra él, pero la ira del universo palidecía en comparación a la ira de una de sus criaturas llamada Haruno Sakura.

Una chirriante puerta que estaba más allá a lo largo del pasillo le hizo voltear, pero ya era demasiado tarde para moverse. La sirvienta de cabello negro emergió de una habitación a su izquierda –probablemente el baño-, y la primera cosa que vio fue a Kakashi recargado en la puerta de la habitación de ella y de Sakura.

Ella se congeló.

Kakashi retrocedió muy cuidadosamente y cerró la puerta, antes de caminar por el pasillo hacia la chica morena.

Ella se recargó un poco contra la pared y puso los ojos en el suelo. Mientras él la dejaba atrás ella hizo una respetuosa reverencia y murmuró: —Kakashi-sama.

Inmediatamente él vio su nombre en la etiqueta en la parte trasera de su yukata. Ah. Ahora la recordaba. —Aki. —Dijo, retrocediendo un paso para ponerse a su nivel. —¿Qué crees que fue eso?

—Nada, señor. —Dijo rápidamente. Nadie creía que un buen sirviente pudiera formar opiniones y pensar sobre los negocios y asuntos de las personas a los que servían. Pero Kakashi podría suponer qué pensaba ella sobre lo que acababa de ver. Y probablemente no estaba pensando mucho en que se veía como un hombre mirando a la mujer que había embarazado que resultaba ser una espía de Konoha y que ahora estaba intentando que el niño pasara como el hijo de otro imbécil. Al menos confiaba en eso.

—Si algo le pasa a esa chica mientras no estoy, —Dijo lentamente. —¿Me lo dirás, no Aki?

—Síseñor. —Replicó con un enfático asentimiento que era más por ansiedad por que él se fuera que por cualquier deseo de cumplir su voluntad.

Él suspiró, sabiendo que tenía que aceptar las cosas de la forma que eran. Su control era limitado, y él tenía que dejar a Pakkun para que mantuviera control sobre Sakura y depender del práctico sentido común de Sakura para mantenerse lejos del peligro.

Aunque el sentido común y Sakura eran dos conceptos que rara vez iban juntos.

—Gracias. —Dijo suavemente y continuó su camino. Cada paso fue difícil, y ya sentía que había tomado el camino incorrecto y dejado algo muy importante detrás. Afortunadamente su cabeza todavía gobernaba sobre su corazón, y cuando se internó en el oscuro bosque, sintió el latido de la marca de Sakura volverse cada más débil hasta que ya no pudo sentirlo para nada.


Sakura dio un poderoso bostezo mientras tomaba asiento en la mesa del desayuno. Sopa… se le antojaba sopa el día de hoy. Y manzanas. ¿Existía algo como una sopa de manzana? ¿Le importaría a alguien si la inventaba esta mañana?

Por primera vez ella estaba agradecida de su apetito extraño. Entre más tiempo se quedaba viendo la comida y pensando cuán hambrienta estaba, menos pensaba en lo que había sucedido anoche en la biblioteca cuando finalmente había conseguido decirle a Kakashi que ella iba a tener a su hijo. Sin embargo ella había esperado que él reaccionara; en todos los incontables escenarios que había creado en su cabeza desde el día en que había descubierto su embarazo, nunca había esperado que él sólo se levantara y se marchara.

Como fuera, esa era probablemente una mala señal. Nunca lo había considerado como alguien inclinado a la familia, así que no debió de sorprenderle que él no quisiera niños. Y lo que él había dicho cuando pensaba que era de Toshio decía volúmenes sobre sus genuinos pensamientos. Él no creía que ella fuera capaz. No creía que estuviera lista. No pensaba que lo que ella ganara compensaría lo que perdería, y él había estado tan determinado a terminarlo.

Él tenía razón, por supuesto. Ella no estaba lista para ser madre y en este punto sería claro que sería madre soltera. Siempre estaba la adopción, suponía, y esto siempre había sido una alternativa. Tenía que existir una pareja amable y amorosa en algún lugar que quisiera con desesperación un niño tan desesperadamente como Sakura no. Si podía encontrar a esa pareja, quizás las cosas funcionarían. El bebé tendría una madre y un padre y un hogar estable, y Sakura podría regresar a su vida… y vivir con el conocimiento por el resto de su vida de que tenía un hijo en algún lugar a quien nunca conocería.

Sakura bebió su sopa de miso a profundidad y bajó el plato vacío sobre la mesa antes de volver a ver a la nada en la distancia, y una vez más pensó sobre la mirada que había caído en el rostro de Kakashi cuando ella le dijo que tenía tres meses de embarazo. Decepción… ira… miedo… y entonces se había levantado e ido.

¿Dónde estaría ahora? ¿Con su clan? ¿Con Karasu? ¿En su cama durmiendo profundo sin soñar o tener algún pensamiento sobre ella o la combinación de sus genes creciendo dentro de ella?

Aki se sentó junto a Sakura, haciendo ruido con su ropa. —Buenos días. —Dijo con su voz matutina ligeramente ronca. Se sirvió una tostada de la charola en el medio de la mesa.

—Buenos días. —Sakura respondió, y por un rato las chicas comieron en silencio, a medias escuchando las conversaciones de otras personas alrededor de la mesa.

Sakura se dio cuenta que Kaoru había declinado el sentarse con ellas en favor de sentarse junto a Haru, el chico lindo de las caballerizas. Él no miraba ya en dirección de Sakura. Tal como había predicho, las chicas no eran tan atractivas una vez que se descubría que estaban embarazadas de alguien más. Eso, y con todo el mundo diciendo que Toshio era el padre, probablemente él tenía razón en no querer meterse en eso.

Entonces también estaba Yui, sentada a varios lugares lejos con esa expresión de piedra permanentemente puesta en su rostro estos días. De cierta forma, Sakura sentía pena por ella. Yui una vez había sido el corazón de este pequeño grupo, pero ahora ella se sentaba sola sin hablarle a nadie, y el único contacto visual que tenía con alguien era la ocasional mirada hostil que enviaba en dirección de Sakura. Le hacía querer suspirar. Pero Yui se lo había provocado con su propio comportamiento y su propia personalidad faltosa. Cuando ella decidió amar a una bola de mocos como Toshio, había escogido pasar el resto de su vida en la miseria, odiando a cualquier otra mujer que atrapara su atención. Para ella, no era culpa de Toshio. Nunca era culpa de Toshio. Si alguien había que culpar era a la zorra que le había provocado, sin importar si había sido una ebria Kaoru en una fiesta de cumpleaños, o una 'chica nueva' como Sakura en la biblioteca.

Prácticamente eran el uno para el otro.

—¿Cómo dormiste? —Aki le preguntó casualmente.

Sakura quitó la mirada de Yui y miró a la chica morena junto a ella. —No me quejo. —Si ella no hubiera estado tan típicamente agotada, quizás no hubiera podido dormir anoche después de esa horrible confrontación en la biblioteca con Kakashi. Pero afortunadamente ella había conseguido dormir como un lirón y había despertado sintiéndose tan fresca como una margarita, aunque con el corazón adolorido.

—Escuché que Hatake Kakashi se fue. —Aki continuó. —Lo vi anoche, pero todo el Feudo dice que definitivamente se ha ido.

Sakura, que estaba en el proceso de alcanzar una manzana, golpeó sus nudillos contra la olla de sopa. Su boca se abrió para preguntar "¡¿Qué?! ¡¿Por qué?! ¡¿Cómo pudo?!" pero nada salió. Ella tomó su manzana y la llevó a su boca para morderla. —Mm. —Zumbó esperando no sonar comprometedora.

Pero Aki podía ver cómo su manzana se sacudía.

—Oh, Sakura. —Dijo, tomándole la mano libre entre las de ella. —No te dejes seducir.

—¿P-perdón? —Un poco tarde para eso. Pensó.

—Sé que es un hombre guapo y que tiene mucha labia… pero intenté advertirte sobre él. —Aki suspiró. —¿No le has alentado, verdad?

—Ni siquiera sé de qué estás hablando. —Sakura dijo con rapidez, mordisqueando más manzana e intentando esconder sus nervios.

Aki parecía incrédula. —Él parece conocerte… —Dijo titubeante. —Lo vi cerca de nuestra habitación anoche cuando fui al baño. Él estaba viéndote dormir; ¿No crees que eso es raro?

Sí… de hecho, sí. Pero la revelación le dejó sorprendida y algo confundida. ¿En verdad había ido a su habitación? Y ¿Debería estar alarmada porque no le había sentido y despertado? O, ¿Debería estarse preguntando por qué él había estado ahí en primer lugar?

—Bueno, se ha ido. —Aki continuó. —Para siempre, con suerte. Sólo creo que deberías ser más cuidadosa alrededor de gente como él, Sakura.

—No entiendo qué quieres decir. —Susurró. —No sé cómo puede ser él peor que el resto de ellos.

—Eres nueva aquí, así que probablemente no entiendas al Clan Hatake. —Aki replicó, mirando a su alrededor. —Te diré todo, pero probablemente deberíamos ir a algún otro lugar más discreto. Tengo que ir a ordenar el cuarto de las gemelas. Ven conmigo.

Tomando más manzanas y naranjas y escondiéndolas en sus mangas, Sakura siguió a Aki fuera del comedor y le siguió dentro de la casa donde los dormitorios de la familia estaban. por supuesto que esto era una violación al pizarrón de tareas que con tanto cuidado Yui había preparado para Sakura, que justo en ese momento tendría que estar lavando baños, pero Aki probablemente sabía más del Clan Hatake que cualquiera y estaba dispuesta a contarle de ellos, y Sakura no podía dejar pasar esta oportunidad. Si no era por ella, era por el bien de la misión.

Las gemelas estarían jugando en alguna de las habitaciones del piso de abajo, así que las dos sirvientas podrían hacer sus deberes sin ser molestadas. Siempre era sorprende como aunque su dormitorio era ordenado cada día, para la mañana siguiente, todo lo que estaba en los armarios, mesas, cajones y bajo las camas estuviera ahora extendido en el piso. Los juguetes cubrían cada superficie, incluyendo las paredes y el techo. Sakura veía todo aprehensivamente; ¿Esto era lo que se tenía que esperar cuando se tenían hijos? Apenas podía cuidarse ella…

—Ayúdame con las camas. —Aki dijo, tomando uno de los lados de un arrugado cobertor mientras Sakura tomaba el otro. Mientras alisaban y doblaban, Aki comenzó a hablar: —Sabes que soy del Clan Hatake, aunque sólo soy una mestiza. Mi padre era miembro de una de las ramas bajas, y mi madre era como yo: una simple sirvienta, nadie especial. Como regla, el Clan Hatake no acepta que haya relaciones con personas fuera del clan y mucho menos sin permiso, pero no les importa si quienes rompen la regla son familiares distantes. Somos vistos como impuros de cualquier forma. Aun así, cuando mi padre murió, me enviaron a trabajar aquí. Era tanto como para sacarme del camino como para mantener vigilancia en el Feudo Zuru. Aquí soy una espía, Sakura.

Tenían mucho en común. Sakura puso una expresión de sorpresa, incluso si con anterioridad ya se había cuestionado sobre el papel de Aki entre el personal.

—El Clan es muy consciente de la sangre. —Continuó. —El fundador del clan fue un gran hombre que vivió hace más de doscientos años. Fue uno de los líderes de la revolución que separó el imperio. Siempre ha sido el caso que el título de líder del clan se pase siguiendo su descendencia sanguínea, de hijo mayor a hijo mayor. Es una línea que permanece incluso hoy en día.

—Con Karasu. —Sakura asintió.

—No. —Aki dijo con rapidez. —Con Kakashi.

Sakura frunció el ceño. —No entiendo…

—Sabes, cuando te dije que al Clan no ve con buenos ojos que los miembros de la familia se casen con gente de fuera, esto aplica con mayor fuerza en la casa principal. Y el Clan Hatake es nómada y siempre lo ha sido. Cuando todos los clanes comenzaron a asentarse y a formar aldeas, el Clan Hatake se resistió y ha resentido esto hasta este día. Antes de las aldeas, los clanes ninja siempre estaban en guerra los unos con los otros, vendiéndose a cualquiera con el suficiente dinero y necesidad, y el Clan Hatake fue uno de los más feroces. Pero una vez que las aldeas comenzaron a aparecer, los clanes comenzaron a desaparecer, y el clan Hatake cayó en la oscuridad. Ya no tiene la aterradora presencia que solía tener contra las fuerzas combinadas de las aldeas escondidas…

—¿Qué hay de ti? —Sakura preguntó.

—¿A mí qué me importa? No soy una ninja, y no me podrían importar menos los deseos de la casa principal. —Dijo. —Pero la Aldea que más odian es Konoha, ellos fueron los que comenzaron la revolución, ¿Me entiendes? Así que si hay algo que el clan odia más que alguien de la casa principal casándose con alguien de fuera y sin permiso… sería que se casara con una mujer de Konoha.

Ligeramente ofendida, Sakura preguntó: —¿Es tan malo?

—Para la casa principal, es una traición. El último descendiente directo del fundador era un hombre llamado Hatake Sakumo. Probablemente has escuchado de él. En tu país, él es conocido como el Colmillo Blanco.

Sakura había escuchado de él. Por supuesto que sí; ¿Quién no? Ella también sabía que era el padre de Kakashi….

—El Colmillo Blanco era como cada uno de los hombres detrás de él, quizá todavía más ejemplar. Él fue un gran líder durante muchos años, hasta que tuvo la desgracia de conocer a una kunoichi de Konoha. Él se enamoró e hizo lo impensable –se quedó en Konoha.

—¿Qué pasó con el clan? —Sakura preguntó. Ninguna de ellas seguía pretendiendo que seguían trabajando. Ahora estaban sentadas en el borde de la cama que habían terminado de hacer, susurrándose la una a la otra con las cabezas juntas.

—Ahí está el problema. Él quería que el Clan se asentara con él y renunciara a su camino como nómadas. Pero cuando ellos se enteraron de lo que había hecho, todos en la casa principal estaban furiosos. Había roto su linaje, así que lo sacaron a él del árbol familiar, algo que nunca había sucedido, y por primera vez en doscientos años, la línea del descendiente estaba rota. El Colmillo Blanco era el mayor de dos hermanos, y ya que estaba fuera de cuestión que una de sus hermanas tomara posición, el título de líder del clan pasó hacia el hermano menor del Colmillo Blanco. Ese hombre murió hace doce años, y desde entonces, su hijo, Karasu, fue quien tomó el título. Pero no es el verdadero heredero, y todo el mundo lo sabe. La mujer que el Colmillo Blanco había desposado quizás era de Konoha, pero era una kunoichi de élite –el tipo que busca la casa superior con el fin de traer sangre fresca. Así que todos comenzaron a pensar sobre su hijo. Es el descendiente directo del fundador del clan, pero carga con los pecados de su padre y algunos dentro del clan no están cómodos con su presencia. Todos sospechan que desea el título que le han robado, incluso Karasu. Esa es la razón por la que Karasu lo tiene tan cerca.

—Hatake Kakashi es un hombre extremadamente peligroso al que Karasu le teme. Un día habrá sangre entre ellos, y entonces no será seguro tener alianzas con ese hombre. El último que intentó tomar el título de heredero por la fuerza fue masacrado, junto con su esposa, sus amantes, hijos y sus parientes hasta que su línea completa fue eliminada. Así que, por favor, entiende cuando te digo que tienes que ser cuidadosa. No te metas en los asuntos de este clan.

—Tal vez sea demasiado tarde para eso. —Sakura murmuró, llevando una mano al frente de su delantal. —¿Qué tan bien lo conoces? Preguntó a Aki.

—Nadie lo conoce en verdad. —La otra chica replicó. —Esa es la mitad del problema. Pasa casi toda su vida en Konoha… Así que, ¿Quién podría estar seguro de que no ha sido contaminado por ellos?

Si tan solo esa fuera la verdad. Pero si Kakashi fuera leal a Konoha, no hubiera mantenido secretos y saboteado misiones. Él era peligroso, lo aceptaba, pero no por las mismas razones que Aki creía. Él no era un peligro para su clan, pero para la Aldea de Sakura no era más que una rata.

—Aunque ciertamente parecen confiar en él por ahí. —Aki dijo con la voz plana.

No tenían razón para no hacerlo, pero… —¿Cómo lo sabes? —Sakura preguntó con cuidado.

—Bueno, ellos lo van hacer su Hokage, ¿No es cierto?

El corazón de Sakura saltó. —¿Qué?

—Eso es lo que estaban diciendo ayer en el pasillo. Probablemente esa es la razón por la que ha regresado ahí.

Sakura se sintió congelada y sin aliento, y repentinamente era difícil ver. Se sentía no muy diferente a aquel día cuando había sido obligada a tomar la misión después de que descubriera que estaba embarazada: caliente, fría y tan débil como violentamente enferma. —Disculpa. —Murmuró. —Um… No me siento muy bien. Creo que necesito ir al baño…

—¿Es el bebé? —Aki se preocupó. —¿Quieres que vaya contigo?

—No, no… estaré bien.

Sakura se puso rápidamente en pie y dejó la habitación casi corriendo. No estaba mintiendo. No se sentía bien, y mientras corría por las escaleras y el pasillo hacia los baños de los sirvientes se sintió particularmente mareada y no muy segura de sí conseguiría llegar ahí a tiempo. Y seguía teniendo la extraña sensación de que estaba siendo seguida, incluso si no veía ni escuchaba a nadie detrás de ella.

Una vez en los baños, se metió en uno de los cubículos y se sentó en el frío azulejo del piso.

¿Kakashi… sería Hokage?

Tsunade lo había mencionado una o dos veces siempre que alardeaba sobre lo que había planeado hacer cuando se retirara, pero Sakura nunca hubiera creído que sucedería tan pronto. Así que, ¿Por qué ahora, en medio de un conflicto? ¿Algo le había sucedido a Tsunade? Normalmente Sakura hubiera estado de acuerdo con que Kakashi era el candidato más idóneo, pero no después de lo que había descubierto de él…

Tenía que contactar a Konoha. Se arrepentía de haberlo retrasado en primer lugar por su confianza errónea sobre Kakashi. Ahora que no tenía chakra y que su equipo y rollos habían sido destruidos… no podía invocar a sus gatos, no tenía radio y ningún jutsu le ayudaría a cumplir ese propósito. Podría enviar una carta a la antigua usanza, pero era imposible enviar algo a Konoha o sus puestos sin levantar sospechas. Siempre estaban los pájaros mensajeros, pero ¿Habría alguno en el feudo que volara hacia Konoha?

¿Quizás si se acercaba a Amegakure…?

El suave ruido de golpeteo de uñas sobre los azulejos hizo que Sakura se congelara, su corazón latiendo con fuerza en su pecho. Escuchó una profunda y chillona inhalación y después de un momento, cuatro patitas cuadradas aparecieron bajo la puerta de su cubículo. Entonces vio aquella familiar cara arrugada.

—Oh, hola, Orquídea Salv- Sakura. —Dijo Pakkun.

Sakura se le quedó viendo por un momento, preguntándose si ella estaba en términos amistosos con el animal. Odiaba a Kakashi, ¿Pero eso se extendía a sus invocaciones? No era como si Pakkun fuese responsable de las cosas que Kakashi había hecho. Pero también estaba el hecho de que las invocaciones estaban atadas a su invocador de tal manera que quedaba poca duda sobre de qué lado Pakkun estaba.

Ella optó por un neutral pero frío: —¿Qué estás haciendo aquí?

—Kakashi me dejó para cuidarte.

—Para asegurarte de que no escape. —Dedujo.

—Para asegurarme de que estés a salvo. —Le corrigió mientras se agachaba. —¿Puedes abrir la puerta? Podría meterme por abajo, pero estoy cargando algo.

—¿Y?

—Y… es para ti.

—No quiero nada, gracias.

—Es de Kakashi.

—Entonces definitivamente no lo quiero. —Siseó, encogiéndose hacia la pared más lejana detrás del excusado. —Ahora vete.

Pakkun dio un suspiro pesado y su cara desapareció por un momento, luego se levantó de nuevo y se sacudió exagerada y repetidamente hasta que algo cayó en el suelo junto a él. Él lo levantó con los dientes y, para mucha decepción de Sakura, él comenzó a meterse por debajo de la puerta.

—Un rollo. —Ella remarcó con la voz plana mientras lo dejaba caer en su rodilla. —¿Qué tiene?

—No tengo idea. —Pakkun se sentó y jadeó junto al excusado. —Él dijo que no lo abrieras hasta que hubiera una emergencia de verdad.

Sakura levantó el rollo ligeramente ensalivado y lo miró con apatía. Lo que realmente quería eran sus propios rollos con sus propios jutsu y sus senbon, cuchillas y kunai. —¿Él sabe que no puedo usar chakra, verdad? —Sakura puntualizó. —¿De qué me servirá un rollo que no puedo activar?

—Algo de su chakra está sellado dentro así que probablemente sea automático, y esa es la razón por la que no puedes abrirlo hasta que necesites hacerlo.

Mientras Sakura jugueteaba infelizmente con los bordes raídos del rollo, Pakkun metió la cabeza en el excusado y comenzó a beber del agua. Al final resultó una buena idea que Yui le hiciera lavar esos mismos baños el día anterior, pensó Sakura. Kakashi una vez había clamado que sus perros eran la epitome de higiene después de que Sakura se hubiera rehusado a dejar que alguno de ellos le lamiera la cara; un clamo que ahora podría rebatir.

Un aguijonazo de dolor apretó su corazón sólo por pensar en ese pequeño momento en el pasado. Ya no habría ningún momento así. Nunca habría momentos así de casuales de nuevo en los que se sentara junto a Kakashi fuera del quirófano del veterinario y le asegurara que 'cola muerta' no era tan malo como sonaba. Tampoco habría momentos como cuando se sentaban en el tope del monumento a los Hokages en días fríos, intercambiando los contenidos de sus cajas hasta que estuvieran ambos satisfechos con su comida o hasta que estuvieran peleando sobre a quién le pertenecía el último onigiri.

Sakura miró a Pakkun. Él estaba actuando de acuerdo a las órdenes de Kakashi… pero su personalidad era fuerte. Él tenía su propia mente; ¿Seguramente conocía la diferencia entre bien y mal y podía pensar independientemente como Dokko hacia?

—¿Sabes que tu amo está trabajando para el enemigo? —Preguntó.

Pakkun sacó la cabeza de su excusado y le miró. El agua del excusado corrió por su barbilla y papada. —Eso depende de a quién se lo preguntes.

—No es un tema en grises, Pakkun. —Dijo sin más. —El enemigo de Konoha es el Sindicato, y Kakashi es parte de ellos; ¿Defiendes eso de verdad?

—No lo sé. —El perro dijo con lo que parecía ser un encogimiento de hombros. —Confío en Kakashi. Él hace lo correcto la mayoría del tiempo, y dudo que él sea tan malo como lo estás poniendo.

—Él está ayudando a destruir Konoha. —Puntualizó. —Se volverá Hokage ¡–y un hombre que atrapa a una chica embarazada en una casa de locos para que nadie la encuentre es un traidor y no puede ser Hokage!

—Probablemente tengas razón. —Pakkun gruñó.

—Entonces… entonces ayúdame a salir de aquí. O ¿Quizás puedas enviar un mensaje a Konoha por mí? Sólo diles lo que está sucediendo y-

—Sakura. —Le interrumpió en un bajo tono de regaño. —Sabes tan bien como yo que el contrato entre invocaciones y humanos está escrito con sangre… y otros fluidos corporales. No puedo ir contra los deseos de Kakashi así como Dokko no puede ir en contra de los tuyos-

—Dokko siempre va en contra de mis deseos. —Sakura dijo amargamente.

—Sí, bueno… los gatos son así. Debiste hacer un contrato con nosotros, los perros. La lealtad es nuestro segundo nombre. La única cosa para la que son buenos los gatos es para arañar tus muebles y darle sabor a nuestras galletas.

Un suave resoplido de risa escapó de Sakura y hundió la cabeza. Pero no fue hasta que sintió la humedad en sus dedos que se dio cuenta que estaba llorando. Su garganta comenzó a doler con el esfuerzo de contener sus emociones, y Pakkun movió la cabeza nerviosamente, sintiendo que algo estaba mal con su cara.

—¿Por qué sólo se fue? —Preguntó confundida. —Esta es la cosa más enorme, más horrible que me ha sucedido, y cuando se lo digo… él simplemente se va sin decirme algo.

—¿Qué enorme y horrible cosa? —Pakkun preguntó.

Sakura presionó una mano sobre su vientre. —¡Esta enorme y horrible cosa!

—Es bastante grande, pero yo no diría que sea horrible.

—¿Y tú qué sabes? Eres un perro. —Sakura inhaló desdeñosamente, antes de agregar: —Y eres macho.

—Tienes razón. Soy esas dos cosas.

—Pero no vas a ayudarme. —Finalizó suavemente.

Él suspiró y parpadeó hacia ella. —Confía en Kakashi.

Sakura miró la cara aplastada del perro y consideró sus palabras. Él y Kakashi siempre habían sido aliados, siempre confiables. En el calor de la batalla nunca había cuestionado o dudado sobre las órdenes de Kakashi y nunca le había fallado.

Pero las cosas eran diferentes ahora, así que Sakura sólo pudo dar un encogimiento de hombros y susurrar: —No puedo.


—La Hokage quiere hablar contigo.

Eso fue lo primero que le dijeron en el momento que cruzó las puertas de Konoha. Normalmente después de tres días de viajar sin descanso, estaría inclinado a ignorar convenientemente el ser necesitado en la Torre del Hokage y regresaría a su apartamento para leer y ducharse. Esta vez, sin embargo, entre menos tiempo desperdiciara, mejor. Él había regresado a casa por un tema de importancia.

A los pies de la Torre del Hokage, Shizune y Genma estaban pasando el rato en los escalones. En el momento en que Kakashi apareció, Shizune resolló y movió la mano hacia él. —Tsunade-Sama quiere verte. —Dijo. —Mejor ve ahora.

Como si no fuera bastante obvio adonde estaba apresurándose. Él sólo esperaba que no fuera demasiado tarde.

Diez escaleras no eran nada cuando se estaba en apuros y también se era un ninja. Kakashi rápidamente encontró la entrada a la oficina de la Hokage y dejó atrás a la recepcionista indignada y tartamudeando. Pese a su urgencia, él consiguió detenerse lo suficiente como para golpear con los nudillos la puerta de manera controlada y no delatarse.

La voz de Tsunade se elevó dentro. —Estoy con un equipo. Fuera.

—Soy Kakashi. —Respondió.

Hubo una larga pausa antes que Tsunade hablara de nuevo. —Mejor entra entonces.

No sabiendo qué esperar, él empujó la puerta para abrirla.

Dentro de la habitación, tres personas le miraron con molestia. La Hokage siempre le veía así, así que no era inusual. La mirada de Shikamaru era más curiosa que malevolente, pero igual se veía que resentía la interrupción. La mirada de Ino, por otro lado, era una en su tipo. Si las miradas pudieran cortar, él ya estaría en el suelo partido en dos mitades.

No muy diferente a como había terminado Ino en el cuerpo de esa ave…

Mientras él se detenía frente al escritorio junto a Ino, la mirada de Tsunade le recorrió, examinándolo. —Bueno, esto ciertamente es una sorpresa. —Remarcó con frialdad. —¿Shikamaru?

—¿Sí, Hokage-sama?

—Ve afuera.

—Oh, por… —Él no discutió. Él parecía estar acostumbrado a esto y simplemente puso los ojos en blanco una vez más mientras salía por la puerta y la cerraba detrás de él un poco más fuerte de lo fuera necesario.

Ino continuó mirándole con enojo.

—Ahora. —Tsunade comenzó con tal fría calma que Kakashi podía sentir la habitación congelándose. —Estuviste ausente sin permiso los últimos días. Se suponía que estabas anotado para conducir una expedición a la frontera una semana atrás, así que imagina mi sorpresa cuando no podías ser encontrado en ningún lado. Ni una nota, ni una explicación, sin permiso. Difícilmente este es el tipo de comportamiento que esperaba del hombre que será mi sucesor.

Kakashi bajó la cabeza en una demostración de arrepentimiento. —Me disculpo, Hokage-sama. —Dijo.

—¿Te molestaría decirme dónde has estado esta semana? —Demandó.

Ella ya lo sabía, por supuesto. Tres días era tiempo suficiente para que Ino le contara a la Hokage exactamente lo que había visto y escuchado, y tenía suerte de que ningún escuadrón ANBU hubiera llegado al feudo. Sospechaba que la única razón de que eso no sucediera era porque esta mujer todavía confiaba en él. Kakashi no podría permitirse el mentirle en ese momento.

—Para ser honesto, Hokage-sama. —Dijo con cuidado. —Estaba con Sakura.

La barbilla de Tsunade se levantó. Sabía que él le estaba diciendo la verdad al menos, así que él había recuperado un poco de su respeto. —Continua.

—Ella me contactó hace varios días y me dijo que quería mi ayuda. —Dijo. —Naturalmente me fui inmediatamente.

—¿Sin darme ningún aviso?

—Ella me dijo que no lo hiciera. —Kakashi había tenido tres días para planear esta historia. No había nada que no pudiera preguntarle para lo cual no tuviera una respuesta. —Ella dijo que era una emergencia, pero no imaginaba que fuera de tan delicada naturaleza.

—¿Y cuál era la emergencia? —Tsunade preguntó con una sonrisa serena.

Kakashi miró al suelo y reacomodó sus pies. Esto era difícil de admitir, incluso aunque sabía que ella ya sabía la verdad. —Sakura está embarazada, Hokage-sama.

Tsunade posó su mirada en Ino quien le dio a ella una mirada muy significante. —¿Lo ve? Le dije que no había escuchado mal.

—¿Escuchar mal qué? —Kakashi dijo, fingiendo una ignorancia educada.

Ino se giró para encararlo y le apuntó con el dedo el rostro. —Tú. —Siseó. —¡TÚ me arrancaste la cabeza!

Él parpadeó con inocencia. —No creo haberlo hecho.

—Kaka-sensei- ¡Yo era el ave afuera de la ventana! Abrí mi gran y estúpido pico pensando que me reconocerían. —Le miró ferozmente. —Pero obviamente no.

Para ser justos, él le había reconocido perfectamente. Esa era la razón por la que él estaba aquí después de todo. —Oh. —Fue todo lo que decidió hacer. —¿Eras tú?

—¡Nunca hagas eso de nuevo! —Gruñó.

Kakashi miró de nuevo a Tsunade detrás de su escritorio que estaba engañosamente silenciosa. Y no era su silencio usual, del tipo tigresa antes de saltar fuera de los arbustos sobre ti para reventarte. Este era un tipo de silencio moderado y lejano que dejaba una expresión peculiar en su rostro. —¿Hokage-sama? —Preguntó cuidadosamente.

—¿Por qué ella te contactaría? —Preguntó sin salir de su mirada distante.

—No tengo idea. —Kakashi dijo. —Ella lo hizo a través de nuestras invocaciones.

—También envió una trasmisión de emergencia a través de la radio cerca del momento en que te fuiste.

Kakashi no había estado esperando eso. —¿Lo hizo?

—¿Ella no te lo contó?

Ya que era seguro afirmar que la confianza de Sakura en él no era alta en estos momentos, probablemente había muchas otras cosas que Sakura había olvidado decir. —Se le debió pasar. —Dijo con trabajo. —¿Qué decía?

—Fue interrumpida y nos preocupamos. Esa fue la razón por la que envié a Ino a investigar el feudo y darnos una idea de lo que está pasando.

—Bueno. —Kakashi dijo incómodamente. —Estoy seguro de que reportó que todo está bien por ahí.

—Aparte del hecho de que Sakura está embarazada.

—Aparte de eso, sí.

La cabeza de Tsunade se fue hacia adelante y comenzó a apretarse el puente de la nariz como sintiera un intenso dolor de cabeza venir. Kakashi e Ino le vieron en silencio inseguro. Esta no era su Hokage. Para saber que su aprendiz estaba embarazada, ella lo estaba tomando con remarcada calma, aunque Kakashi sabía que él probablemente había llegado tres días tarde al drama. Estaba muy agradecido de no haber estado en la habitación cuando Ino le dijo a Tsunade lo que había escuchado.

—¿Dónde está ella? —La Hokage le preguntó silenciosamente.

—Todavía está en el Feudo. —Kakashi replicó.

La mujer estalló, y no había otra palabra para describirlo. Se levantó tan repentinamente y con tanta rabia y tal salvajismo en sus ojos que Ino retrocedió uno o dos pasos y Kakashi se encogió. —¡¿POR QUÉ DEMONIOS LA DEJASTE AHÍ?!

—Um. —Comenzó débilmente. —Estoy preocupado por su habilidad para viajar, y parece estar más segura ahí en estos momentos. Tengo razones para creer que sacarla de ahí ahora podría crear complicaciones innecesarias tanto para ella y su… su salud.

La mano derecha de Tsunade apretó el escritorio, y por un momento él creyó que ella estaba buscando algún objeto afilado que arrojarle en la cara. En lugar de eso, ella se entretuvo con un papel puesto en un folder abierto. —Su tarea es reunir información sobre el Sindicato de un sospechado contacto de la organización. —Leyó. —¿Me estás diciendo que esto es real? ¿Qué ahí hay algo?

—Ella dice que no hay pistas sobre el Sindicato. —Dijo, mintiendo casualmente y con normalidad. Su vida dependía de ello después de todo. —Personalmente no creía que esta misión tendría frutos, sin embargo, hay algunas fracciones moderadamente peligrosas dentro del estado que podría causar alarma.

—Y con mayor razón debemos sacarla de ahí. —Tsunade gruñó.

—Como dije, Hokage-sama, no creo que sea inteligente considerando su condición. No está en forma, no estaba en forma cuando se fue, y ¿Puedo hablar con honestidad?

—Como si pudiera detenerte. —Gruñó de nuevo.

—Cuestiono seriamente su decisión de enviarla a esta misión en primer lugar. —Dijo con toda la educación que pudo pero todavía había algo de resentimiento en sus palabras que le dejaban saber sus verdaderos pensamientos sobre el tema. La realidad era que estaba genuinamente enojado porque Sakura hubiera sido puesta en esta situación. Sabía que resentiría por siempre el día en que Tsunade le asignó este particular deber.

La mujer en cuestión le miró como si no encontrara el problema. —Alguien tenía que hacerlo. Si no era ella, tendría que haber sido Ino.

Kakashi miró por el rabillo del ojo a la joven junto a él que estaba demasiado ocupada mordiéndose el pulgar como para prestar atención. Si ella hubiera estado en lugar de Sakura, ¿Cuál sería su situación ahora? ¿Ya hubiera sido expuesto, o él también la hubiera confinado dentro del Feudo Zuru donde no podría hacer daño? Tenía que admitir que no guardaba mucho cariño por la chica, pero no podría disponer de la estudiante de Asuma, así como no podía disponer de la suya. Y sabía que esta debilidad era lo que iba a arruinarlo.

—¿Y qué va a hacer con él? —Tsunade preguntó, sentándose para enlazar sus dedos con fuerza frente a ella.

—No… No lo sé. —Dijo sinceramente, sintiendo la ansiedad recorrer su espalda.

La mandíbula inferior de Tsunade se fue de lado y sus ojos se posaron peligrosamente en él. —¿Y el padre?

—Sí. —Kakashi murmuró. —Él.

—¿Lo conoces?

—Sé de él.

—¿Y qué tipo de hombre es?

—Él… se viste bien. —Comenzó con vacilación. —Um… y… es bastante alto. Moderadamente atractivo. Es algo callado, pero en general lo encontraría impertinente, estúpido, engañoso y no la merece para nada.

Tsunade asintió. —Ya veo. —Dijo, quedándose en un pensativo silencio.

Kakashi le observó, antes de decidir si era un buen momento para decir en voz alta su propuesta. —Si no le importa, Hokage-sama, desearía regresar al Feudo.

Ella le clavó la mirada con rapidez. —¿Tú? Te necesito aquí; no puedo pasarte el liderazgo de esta aldea si no estás aquí, ¿O sí?

Él suspiró. —En ese caso, declino el puesto de Hokage. O al menos me gustaría esperar un poco más. Creo que usted también está de acuerdo con que hay cosas más importantes que resolver en estos momentos.

La ceja de ella se elevó un momento en total sorpresa. —¿Crees que Sakura es más importante que la guerra? —Preguntó.

Él se detuvo, igual de sorprendido ante la forma en que lo había puesto. —Sí. —Dijo con simpleza. —Lo creo.

Tsunade sacudió la cabeza. —Preferiría enviar a Ino. Ella encajaría mejor en ese lugar.

—Estaría sorprendida de cuán bien encajo ahí. —Kakashi dijo desoladamente.

—Bueno, tengo que decir que estoy sorprendida. Que tú estés tomando tal interés personal en esto… debe significar mucho para ti.

No tenía idea. —Sí, Hokage-sama.

—Y estoy segura de que si no te doy el permiso de cualquier manera te irás, como ya mostraste. —Dijo secamente. —Ven a verme mañana, e intentaré convencer a los viejos de que te permitan ir con Sakura.

Él le hizo una reverencia, sintiendo alivio. —Gracias.

Pero ella no se veía tan feliz mientras los veía a los dos. —Los dos pueden irse, y recuerden que nada de esta conversación deja esta habitación; ¿Lo entienden?

—Sí, Hokage-sama. —Dijo con Ino.

—¿Y Kakashi?

Kakashi se giró mientras Ino dejaba corriendo la habitación. —¿Sí?

—Cuando regreses, encuentra al hombre que le hizo esto a Sakura. —Le dijo con calma. —Y mátalo.

Él tragó con fuerza. —Sí, Hokage-sama.


Siguiente Capítulo: El Regalo de Kakashi.


De momento podemos decir que Kakashi se ha salvado, pero ¿Qué es eso de irte sin más? ¡Eso no se hace! Kakashi estúpido. Pero bueno, ya tendrán un poco más de conocimiento sobre el árbol familiar que Silver le ha puesto a Kakashi, y cómo verán, también involucra cierto nivel de traición... Acabo de notar que es un tema recurrente en esta historia jajaja

Muchas gracias por continuar leyendo la traducción y por sus amables comentarios. Si no me equivoco he respondido ya todos los reviews.

Isabel: ¡Hola de nuevo! Como dije arriba, Kakashi está salvado de momento gracias a que Ino no escuchó toda la noticia. Por otro lado, no creo que te tomes del todo bien la actitud que ha tomado Kakashi y que se haya ido (aunque, está la promesa de que va a regresar al Feudo). Espera a que vayamos más adelante, que todavía tenemos para mucho más drama y no del tipo romántico del todo... ¡Te mando un abrazo!

Creo que es todo lo que puedo/tengo que decir ahora mismo. Les adelanto que ya estoy peleándome con uno de los capítulos más importantes de la historia y pronto lo tendrán, espero.

¡Pasen una bonita semana!