Landline
Una adaptación a Crepúsculo por Redana Crisp
Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Rainbow Rowell. Yo sólo los mezclo y juego con ellos.
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Capítulo 18
Bella también decidió tomar una ducha. Su madre dijo que podía pedir prestado un pijama. Todas las pijamas de su madre eran combinados —blusas con pantalones a juego, o batas coquetas e inútiles.
— ¡Solo dame una blusa! —Bella se encontraba de pie en el baño de su madre usando sólo una toalla, gritando a través de la puerta.
—No tengo ninguna blusa para dormir. ¿Quieres alguna de Phil?
—Qué asco. No.
—Entonces vas a tener que lidiar con esto. —Su madre abrió la puerta y lanzó algo adentro. Bella se colocó el pantalón de pijama color aguamarina. Era de satín, con arcos de color crema a juego, y tenía un escotado top con detalles en encaje.
— ¿Has estado hablando con Edward todo este tiempo? —preguntó su madre.
—Sí —dijo Bella, deseando tener ropa interior limpia. No estaba dispuesta a pedirle prestado eso.
— ¿Cómo está?
—Bien. —Se dio cuenta que sonreía—. Realmente bien.
— ¿Cómo están las niñas?
—Bien.
— ¿Estás intentando arreglar las cosas?
—No hay nada que arreglar —dijo Bella. Sí, pensó. Eso creo. Se asomó desde el baño—. ¿Dónde está Phil?
—En la sala de estar, mirando televisión.
Bella salió.
—Mírate —dijo su madre—. Te ves muy bonita. Deberías dejarme comprar algo para ti alguna vez.
—Tengo que regresarle la llamada a Edward—dijo Bella—. Gracias, eh… por el pijama. Y todo. —Se detuvo para besar a su madre en la mejilla. Bella ahora intentaba hacer esas cosas más a menudo, desde que tenía sus propios hijos. Alice y Bree no se cansaban de ella; prácticamente se le trepaban cada vez que estaba en casa. La hacía sentir físicamente enferma cada vez que pensaba que un día podrían irse lejos de ella, o alejarse cuando intentara besarlas. ¿Cómo sería si pasaran todo un año sin llamarla "mamá"?
Así que intentó ser más afectuosa con su propia madre. Cuando podía.
Tan pronto como la beso en la mejilla, su madre volteo la cara para besarla en los labios. Bella frunció el ceño y se alejó.
— ¿Por qué siempre haces eso?
—Porque te amo.
—Yo también te amo. Voy a llamar a Edward. —Tiro de los pantalones cortos de satín para alargarlos; pero no pudo tirar de ellos lo suficiente como para que tuvieran una longitud razonable—. Gracias.
Miró hacia ambos lados antes de caminar por el pasillo. Se detuvo en la habitación de Rosalie, quien yacía acostada en su cama. Tenía la laptop encima y usaba auriculares.
Se los quitó cuando vio a Bella.
—Hola, Victoria, ¿Viniste a contarme un secreto? (44)
— ¿Me harías un favor?
— ¿Qué?
—Estoy hambrienta, pero no quiero caminar por la sala de estar vestida así.
—Creo que si papá te ve en la lencería de mamá, le vas a dejar una marca de por vida.
Heather llamaba a Phil "papá". Lo que tenía sentido porque él la había criado. Y porque no era tres años más grande que Rosalie. —A mí me dejará una marca de por vida —dijo Bella— ¿Por qué todas sus pijamas son de lencería?
—Es una mujer muy sensual. Lo sé porque le gusta decírmelo. —Rosalie se levantó de la cama—. ¿Qué quieres comer? Me comí todos los zitis (45). Y el puppy chow (46). No queda mucho. Ah, ¿No quieres que ordene pizza?
—No —dijo Bella—. Tomaré lo que sea que haya en la cocina.
—Puedes tomar prestada alguna de mis pijamas, ya lo sabes.
—Eso es muy dulce de tu parte —dijo Bella—. Por qué no me das algo que te sobre, y estaré a la moda con algo cómodo y me sacaré estos.
—Estoy segura que tengo algo que te quedará.
—Oh Dios mío, detente. Solo ve a traerme algo de comida. Voy a esconderme en mi habitación.
— ¿Has hablado con Edward?
Bella sonrió.
—Sí.
— ¿Eso es bueno verdad?
Bella asintió.
—Ve. Estoy hambrienta.
Rosalie le llevó una manzana, tres rodajas de queso enrolladas, y un bote gigante de Coca-Cola mexicana. Bella pensó que habría sido mejor enviar a Alice.
—Llama a Edward—dijo Rosalie—. Quiero saludar a las chicas.
—Es como la una de la mañana allí —dijo Bella—. Están dormidas.
—Oh, cierto. Zonas horarias.
Bella desenrolló las rodajas de queso y empezó a comerlas.
—Gracias. Ahora vete.
—Se supone que debes enrollar el queso en la manzana; es como una manzana con caramelo.
—No es como una manzana con caramelo.
—Llámalo ahora —dijo Rosalie—. Quiero saludar.
—No.
La mamá de Bella, milagrosamente, no había echado a perder nada con Edward, pero no había forma en que Bella dejará a Rose cerca del teléfono.
— ¿Por qué no? —preguntó Rosalie.
—Sabes por qué no —dijo Bella.
—No, no lo sé.
—Porque. Tenemos… cosas privadas de que hablar.
— ¿Cómo cosas de divorcio?
—No.
— ¿Sexo telefónico?
Bella hizo una mueca.
—No.
—Porque no puedes tener sexo telefónico usando la lencería de mamá.
—Solo quiero hablar con mi esposo, en privado. ¿Está bien?
—Claro. Después de que salude.
Bella intentó abrir la botella de Coca-Cola.
— ¿Tienes un destapador de botellas?
—Sí, Bella, traigo uno en mi pijama. Aquí. —Rosalie tomó la botella y empezó a retorcer la tapa a un lado de su boca.
—Detente —dijo Bella, tomando la botella—. Vas a arruinar tus dientes.
Rose suspiró dramáticamente, le entrego la botella a Bella. Y ella la puso delicadamente en su propia boca y mordió lo más cautelosamente posible.
El teléfono sonó.
Antes de que Bella pudiera siquiera pensar en responder, Rose tomó el teléfono y gritó,
— ¡Hola, Edward!
Bella dejó caer la botella y se lanzó hacia su hermana, alcanzando la cabeza de Rosalie por el teléfono.
—Es Rosalie… sí, Rosalie.
—Rosalie —susurró Bella—. Voy a matarte. Vete.
Rosalie se acurrucó como una bola en forma defensiva, aun empujando a Bella en la cara, con una mano, y sosteniendo el teléfono en su cabeza con la otra. Su expresión cambió de malcriada y victoriosa a confundida. Soltó el teléfono, abruptamente, y Bella la empujó fuera de la cama.
Tomó el teléfono.
— ¿Edward?
— ¿Sí? —sonaba confundido.
—Dame un minuto.
Rose se encontraba parada a la mitad de la habitación, con los ojos saltones, y los brazos cruzados.
—Ese no era Edward—susurró. Al menos estaba susurrando.
—Si lo es —discutió Bella.
— ¿Entonces por qué no sabía quién era yo?
—Probablemente se estaba preguntando por qué le gritabas.
—Él no sonaba como Edward.
—Rose, te juro…
—Estas teniendo una aventura. Oh por Dios, estás teniendo una aventura. ¿Es por eso que Edward te dejó?
Bella salió corriendo y cubrió la boca de Rosalie con la mano. Sus ojos eran enormes. Y llorosos. Oh Dios.
—Rose, te juro que no estoy teniendo una aventura. Te lo prometo.
Rosalie apartó la cabeza.
—Con tu vida.
—Con mi vida.
—Por la vida de Alice y Bree —dijo Rose.
—No digas eso, es horrible.
—Es horrible solo si estas mintiendo.
—Está bien. Sí. Lo juro.
Rose frunció los labios.
—Sé que ese no es Edward, Bella. Sé que algo está mal aquí. Es intuición femenina.
—Aún no eres una mujer.
—Esas son mentiras. Soy lo suficientemente lista para saberlo.
—Por favor, por favor, vete —le suplicó Bella—. Tengo que hablar con Edward. Podemos hablar de esto mañana en la mañana.
—Bien…
Bella sacó a Rosalie y cerró la puerta. Su cabeza dolía. En verdad necesitaba regresar a hacer yoga. O cualquier cosa que las personas hicieran ahora. Dar giros. No había ido al gimnasio desde que Alice nació. Deseaba que su puerta tuviera llave. Ni siquiera poseía un cerrojo. Su madre le dijo que a los perros les gustaba venir aquí y dormir en la cama.
Bella caminó de regreso hacia el teléfono y lo tomó. Lo acerco a su oreja, cautelosamente.
— ¿Edward?
— ¿Bella?
—Sí.
— ¿Quién era ella?
—Era… Rose. Mi prima Rosalie.
— ¿Tu madre nombró a Rosalie "Rosalie". Incluso sabiendo que tenías una prima llamada Rosalie?
—Sí. Más o menos. Después de mi prima, Rosalie
— ¿Se está quedando para navidad?
—Sí.
— ¿Algún otro familiar está allí?
—No. Sólo Rosalie.
—No sabía que tenías primos —dijo.
—Todos tienen primos.
—Pero no tienes tíos y tías.
Bella se sentó en el suelo.
— ¿Estás practicando para Detectives del ferrocarril?
—No parece agradarte mucho tu prima Rosalie.
—No quiero desperdiciar tu precioso tiempo hablando de Rosalie.
—Mi precioso tiempo —dijo Edward suavemente.
—Sí.
—Te extraño, Bella.
—También te extraño.
—Lo siento. Me cansé de esperar tu llamada.
—Está bien —dijo.
— ¿Estás en la cama?
—No, estoy sentada en el suelo, comiendo queso enrollado.
—En serio —dijo. Rio—. ¿Qué estas usando?
Bella tomó un trozo de queso. Esto era ridículo. Todo esto era ridículo.
— No quieres saber.
—Está nevando aquí.
Bella sintió un tirón en su estómago. Nunca había visto la nieve.
Nunca nevó cuando estuvo en Omaha, ni siquiera en diciembre. Esme dijo que Bella traía al sol con ella.
Pero nevaba ahora para Alice y Bree.
Y estaba nevando en 1998 para Edward.
— ¿En serio? —dijo.
—Si. —Edward sonaba suave y cálido. También algo dormido—. Recién comienza.
Bella escaló dentro de su cama y aplaudió suavemente para apagar las luces.
—Cuéntame al respecto.
—No puedo —dijo él—, no tienes ningún marco de referencia.
—He visto nieve en televisión.
—Eso es usualmente falso.
— ¿Cómo es diferente la verdadera nieve?
—No parece polvo. Es pegajosa. Normalmente no se dispersa cuando caminas a través de ella. ¿Cómo es en tu cabeza?
—No lo sé, nunca pensé en ello. Es como... nieve.
—Piensa en ello.
—Bueno… se ve como cristal, los copos de nieve lo hacen, pero sé que es suave. Supongo que imagino que se sentiría casi como cerámica. Pero en vez de hacerse añicos, se desmenuza en las manos.
—Hmm.
— ¿Está bien? —preguntó ella.
—Casi, no del todo.
—Bueno, es hielo.
—Sé que es hielo. Estas en parte bien, es suave. ¿Alguna vez has tomado hielo raspado? ¿Uno de esas máquinas Snoopy Sno-cone (47)?
—Claro que no, mi madre nunca me compro nada bueno.
—Pero has tomado hielo raspado.
—Si.
—Bueno es cómo eso, como hielo. Pero suave. Y liviano. Y casi batido con aire. Y a veces, como esta noche, es grueso y se pega en grumos, como algodón de azúcar y plumas mojadas.
Bella rio.
—Desearía que estuvieras aquí —dijo él—, para verlo. Si estuvieras aquí, estarías durmiendo en el sótano, hay un sofá cama.
Ella sabía sobre el sofá.
—No me gustan los sótanos.
—Te gustaría este. Tiene muchas ventanas. Y un futbolín.
Bella trepó bajo las mantas.
—Oh, bueno, futbolín.
—Y toda una pared de juegos de mesa.
—Me gustan los juegos de mesa.
—Lo sé… ¿estás en la cama ahora, verdad?
—Hmm hmm.
—Puedo darme cuenta. Tu voz se ha rendido.
— ¿Rendido a qué?
—No lo sé. A estar erguida. Y concentrada. Inteligente. Todas las cosas que tienes que ser en el día.
— ¿Estás diciendo que dejé de ser inteligente?
—Estoy diciendo —dijo él—, que me gustas cuando has dejado todo por este día.
—Me gustas en el teléfono —dijo Bella—, siempre me has gustado en el teléfono.
— ¿Siempre?
—Mmm.
—Si estuvieras aquí —dijo Edward—, estarías durmiendo en el sótano. Y yo hubiera notado que estaba nevando y no querría que te lo perdieras. Bajaría las escaleras…
— ¡No! Traumatizarás a Esme si te encuentra escabulléndote a mi cuarto.
—Pff. Soy sigiloso. Bajaría y te despertaría. Y te dejaría tomar prestado un par de mis botas y un viejo abrigo.
—Que sea tu chaqueta.
—No es lo suficientemente cálida —discutió él.
—Esta es nieve hipotética, Edward. Que sea tu chaqueta.
—No lo entiendo, tú crees que la lucha libre es asquerosa, pero te gusta mi chaqueta.
—Tú no luchaste en la chaqueta.
—Podría ser real, sabes. Este escenario. La próxima navidad.
—Mmm.
—Entonces te llevaría fuera con las botas prestadas y mi chaqueta, al patio trasero. ¿Te he dicho que no hay luces en la calle, verdad? Puedes ver las estrellas…
Bella se había parado en el patio trasero con Edward, su patio trasero que se sentía como la orilla del bosque, una docena de veces a lo largo de los años. Nunca hubo nieve, pero estaban las estrellas.
—Y te vería conocer la nieve.
— ¿Conocer?
—Sentirla, saborearla. La vería capturada en tu cabello y pestañas.
Ella froto su mejilla contra su almohada.
— ¿Cómo en la Novicia Rebelde?
—Y entonces tú tendrías demasiado frío y yo te sostendría cerca. Y en cada lugar donde te toque, la nieve se derretirá entre nosotros.
—Deberíamos hablar por teléfono más en casa.
Él rio
—Cierto.
—Sí. Sólo llamarnos mutuamente desde la otra habitación.
—Podríamos conseguir celulares.
—Brillante idea —acordó ella—, pero tienes que prometer responder el tuyo.
— ¿Por qué no respondería?
—No lo sé.
—Y entonces —dijo él—, cuando tengas demasiado frío como para que yo te mantenga cálida, lo que sucederá muy rápido, porque estas mimada por el sol, te llevaría de vuelta dentro. Y nos sacudiríamos la nieve y dejaríamos nuestras botas húmedas en el cuarto de entrada.
— ¿Por qué se llama cuarto de entrada?
—Porque es la habitación donde te quitas las cosas cubiertas de lodo.
—Amo que tu casa esté planeada para que te cubras en lodo. Como si estuviera en la arquitectura.
—Y entonces te seguiría bajando las escaleras… y tú aún tendrías frío. Y tus pantalones de pijama estarían húmedos. Tu rostro sonrojado, tus mejillas entumecidas.
—Eso suena peligroso —dijo ella.
—No es peligroso. Es normal. Es agradable.
—Hmm.
—Y yo no sería capaz de dejar de tocarte —dijo Edward—, porque nunca te he tocado fría.
—Estas obsesionado con lo frío.
Su voz se hundió hasta retumbar.
—Estoy obsesionado contigo.
—No hables así —susurró ella.
— ¿Así como?
—Esa voz.
— ¿Qué voz? —respondió él.
—Tú sabes qué voz. Tu voz de "¿te gustaría que te seduzca?".
— ¿Tengo una voz de Sra. Robinson? (48)
—Si —dijo Bella—, eres un muchacho descarado.
— ¿Por qué no puedo seducirte, Bella? Eres mi novia.
Ella tragó.
—Sí, pero estoy durmiendo en mi habitación de la infancia.
—Bella, he tenido mi camino hacia ti en esa habitación de la infancia. Justo la semana pasada, de hecho.
—Sí, pero tú estás en tu habitación de la infancia. —Y tú estás, por cierto, prácticamente en tu infancia. Bella no podía hablar sucio con este Edward. Sería como engañar a su Edward, ¿no?
— ¿Has censurado todo el verano pasado? —preguntó él.
Ella sonrió y miró hacia otro lado, aunque él no pudiera verla.
—El verano del espectacular sexo telefónico —dijo ella. Por supuesto que recordaba el Verano del Espectacular Sexo Telefónico.
—Exacto —dijo él—. El verano de la larga distancia conyugal.
Bella había olvidado ese nombre. La hizo reír.
—No, no me he olvidado.
— ¿Algo está mal?
—No puedo tener espectacular sexo telefónico contigo. —No he tenido sexo telefónico en quince años—. Estoy usando la lencería de mi madre.
Edward rio. Genuinamente. En voz alta, lo que casi nunca pasaba.
—Si estás intentando encenderme, tengo que decirte, dulzura, no está funcionando.
—Estoy, realmente, usando la lencería de mi madre —dijo Bella— Es una larga historia. No tenía nada más para usar.
Ella podía oírlo sonreír, aún antes de que empezar a hablar.
—Bueno, Cristo, Bella, quítatelos.
Edward.
Edward, Edward, Edward.
—Te llamaré mañana.
—No —dijo ella—, solo quédate.
—Me estoy quedando dormido. —Él rio. Sonaba apagado. Podía imaginarse su cara en la almohada, el teléfono reposando en su oído. Imaginaba un teléfono celular. Incorrecto.
—Está bien —dijo ella.
—Puede que ya esté dormido —murmuró él
—No me importa. Es agradable. Yo me dormiré, también. Solo deja el teléfono cerca, así te puedo escuchar despertar.
—Y entonces yo le explicaré a mi papá que estuve en una llamada de larga distancia por diez horas porque dormir en el teléfono parecía romántico en el momento.
Dios. Larga distancia. Bella había olvidado sobre la larga distancia. ¿Eso todavía existía?
—Seria romántico, sin embargo —dijo ella—, como despertarnos en la cabeza del otro.
—Te llamaré cuando despierte.
—No me llames —dijo ella—, yo te llamaré.
Él bufó un poco.
—No lo quise decir de esa manera —dijo ella—, Pero en serio: No me llames, yo te llamo.
—De acuerdo, tú me llamas, solecito. Llámame ni bien te despiertes.
—Te amo —dijo Bella—, Te amo así.
— ¿Dormido?
—Abierto —dijo ella. Y entonces—. ¿Edward?
—Llámame antes de que te vistas —dijo él.
Ella rio.
—Te amo.
—También te amo. —Su voz era adormilada.
—Te extraño —dijo ella.
Él no respondió.
Bella sintió sus propios ojos cerrarse. El receptor se resbaló a lo largo de su mejilla, ella lo apretó, levantándolo otra vez.
— ¿Edward?
—Mmm.
—Te extraño.
—Solo unos días más —murmuró él
—Buenas noches, Edward.
—Buenas noches, cariño.
Bella esperó a que él colgara, entonces colocó el teléfono en su base y se deslizó parcialmente fuera del colchón para ponerlo de vuelta en la mesa de noche.
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44- Eso de Victoria yendo a contrar un secreto es por la pijama de Victoria's Secret de Bella o de su mamá, como sea.
45- Zitis es una pasta italiana que se parece a los macarrones.
46- El Puppy Chow es un postre basado en chocolate, crema de cacahuate y cereales.
47- Snoopy Sno-cone: Juguete familiar que pica y saboriza hielo.
48- La Sra. Robinson es un personaje de la película El Graduado que seduce al protagonista. Es común llamarle a alguien seductor así debido a la línea famosa en donde el protagonista le dice: "Sra. Robinson está usted tratando de seducirme, ¿no es verdad?"
Bastante romántico, ¿no es así? Edward, Edward, Edward.
Gracias por su interés, nos leemos pronto :)
