Gellert Grindelwald — Crimen.
You are my secret.
La nieve ha caído, casi sin parar, desde hace dos días. Las calles están cubiertas de blanco, por ellas solo se escucha el ruido sordo de la música en los bares y las escasas pisadas de aquellos que vuelven a casa luego de la jornada laboral.
El Caldero Chorreante.
Londres, Inglaterra.
23:45
Habitación 204.
Las velas están apagadas; la única luz en el lugar es la que entra por la ventana, a través de las delgadas cortinas, proporcionada por la luna quien también les hace silenciosa compañía.
Albus está con la mejilla pegada a la almohada. Su espalda, repleta de lunares, es la única parte de su cuerpo que no está cubierta por la sábana.
Gellert, a su lado, lleva diez minutos con los ojos abiertos. Pese a que su último orgasmo lo dejó exhausto, su mente permanece tan activa que ni el placer de estar con el hombre que dice amar, puede apagarla.
Piensa en sus ojos y en los planes que tiene para purificar la sangre mágica. Piensa en el roce de sus manos y en cómo comenzar la escalada a la cima. Piensa en Albus Dumbledore y en lo hambriento que está de poder.
Los pone en una balanza y el ganador se lleva a su oponente sin hacerle mucha competencia.
Cuando la luna se esconda, Gindelwald se volverá amigo de la guerra y el crimen que justifica los medios para un mismo fin y su amante será la ambición por un mundo mágico que él considera mejor.
