Aclaración:

Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.

La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor


«14»


Quizá Naruto no estuviese lo bastante borracho para conciliar el sueño, pero tras su último comentario Hinata tampoco lo lograba. Le encantaba pensar que la deseaba tanto, pero no creyó que fuese verdad. Puede que la hubiese besado en dos ocasiones, pero nunca fue porque realmente tuviese ganas de besarla.

A lo mejor debería haberle dicho a Naruto que se refería a su cama, no a la de él, y soltó una risita, imaginando su sorpresa. ¿Hubiese aceptado el ofrecimiento? No, no antes de la boda.

Suspiró y se acercó a la ventana que daba al parque bañado por la luz de la luna; debería bajar a la cocina a por un vaso de leche tibia para ayudarle a conciliar el sueño... y entonces vio un animal oscuro avanzando hacia la casa a grandes zancadas.

¡Dios mío, el perro rojo la había seguido y logró atravesar los cercos!

Bajó apresuradamente, se dirigió a la parte trasera de la casa y atravesó el salón de música, que disponía de grandes puertas cristaleras que daban a la amplia terraza por encima del parque. Se detuvo en los peldaños que conducían a los jardines y aguardó para ver si el perro se acercaría a ella. Y, en efecto, el perro remontó lentamente los peldaños. A esas alturas Hinata ya estaba sonriendo.

—Siempre quise tener mi propia mascota —le dijo al perro, y se atrevió a rascarle las orejas en cuanto estuvo a su alcance—. Bueno, una en la que no cabalgo. ¿Te gustaría vivir aquí? Si es así, ven conmigo, por la mañana veremos cómo te instalamos.

Como si la comprendiera, el perro la siguió al interior de la casa; primero Hinata se detuvo en la cocina, cogió un cuenco del espeso guiso que le habían servido a la hora de cenar y lo llevó a su habitación. Al menos no había criados por ahí que notaran la presencia de su inusual amigo.

Tras depositar el cuenco en el suelo, cerró la puerta y observó cómo el perro devoraba el guiso. Quizá no podría tenerlo en su habitación... bueno, no sin permiso.

Pero después de lo que Naruto había dicho sobre Raston, tal vez le daría permiso.

Los perros le agradaban, así que ¿por qué no habría de dárselo? Pero sabía muy bien por qué, desde luego: para negárselo, sencillamente porque podía.

Se preocuparía por él a la mañana y tendría que preguntarle al personal de cocina qué le daban de comer a Kurama. Su amigo había devorado el gran cuenco de guiso en segundos.

Llenó el cuenco vacío de agua antes de sentarse en el suelo junto al perro, con el fin de intimar un poco más. Como ya había dejado que le rascara las orejas supuso que no tendría inconveniente en que lo mimara un poco más. No lo tuvo y, cuando se tendió en el suelo a su lado para que ella le rascara la panza, vio que era un macho. Hinata estaba encantada y decidió que se lo quedaría, fuera como fuese.

Por la mañana, cuando Kurenai la despertó con una jarra de agua fresca, Hinata sonrió, recordando lo que había soñado: que el perro rojo había aparecido en Konoha Park. Había sido un sueño muy vívido y, sin embargo, tan improbable que soltó un grito ahogado cuando vio que el perro dormía al pie de la cama.

Su primer impulso fue taparlo con la manta hasta que pudiera explicar qué estaba haciendo allí, pero dirigiéndose a Kurenai, dijo:

—No te asustes. He encontrado una nueva mascota. Es amistosa.

—¿Y por qué habría de preocuparme? Es un perro grande, y como ya he ido a visitar a Raston esta mañana creo que me mantendré a distancia prudencial.

—Solo es un perro, Kurenai.

—¿Lo es? Iré a decírselo al personal antes de que la saques a pasear y la mitad de los criados salgan huyendo y gritando.

Hinata sonrió, divertida. Kurenai se mostraba bastante pragmática, incluso mientras retrocedía y abandonaba la habitación.

—¡Llegarás a amarlo!

—¿Por qué todos no dejan de decirme a quién o a qué acabaré por amar? —murmuró la doncella antes de salir.

Hinata se vistió con rapidez, sin dejar de hablarle al perro. Confió en que Kurenai solo estuviera bromeando acerca de los gritos, pero tal vez debería despejar el camino antes de dejar salir al animal de la habitación. Cuando se dirigió a la puerta el perro brincó de la cama y la siguió, así que Hinata se detuvo y apoyó una rodilla en el suelo.

—Volveré dentro de unos minutos para llevarte a dar un paseo. ¿Puedes esperar?. ¿Quedarte quieto?

Era obvio que el perro estaba acostumbrado a las personas; no soltó un gruñido ni mostró los dientes, pero Hinata no estaba segura de si la había comprendido. Pero el perro se quedó sentado en medio de la habitación, dejó que volviera a acariciarlo y no se movió mientras ella se acercaba a la puerta. Al salir de la habitación casi tropezó con Kurama. Había estado olfateando por debajo de la puerta y trató de entrar, pero ella cerró la puerta con rapidez y se lo impidió. Le presentaría el otro perro a Kurama, pero no antes de obtener permiso para quedársela. Al menos Kurama no ladraba ni llamaba la atención sobre la visita secreta que ocupaba su habitación.

—¿Qué diablos...? —Naruto había salido de su habitación y había visto lo que el perro estaba haciendo—. Sedujiste a mi perro con esa maldita zanahoria, ¿verdad? —Mientras Kurama rascaba la puerta de Hinata tratando de entrar, Naruto se acercó—.¿Cree que tienes más zanahorias allí dentro?

—Sí —mintió ella. Pero cometió el error de bloquear su puerta abriendo los brazos, y él la apartó para abrirla. Kurama se lanzó hacia dentro, pero se detuvo abruptamente al ver al otro animal. Naruto también se quedó inmóvil.

—¡Eso es un lobo! —exclamó en tono incrédulo.

Hinata resopló.

—¿Y cómo lo sabrías si nunca has visto ninguno?, además no lo es, los lobos están extintos aquí, es un zorro, mira sus orejas y color.

—He visto lobos, un zorro no es de ese tamaño y además no es común verlos, son agresivos y solitarios… y sea lo que sea; pero tú no te volverás a acercar a ese animal nunca más.

Ella trató de rodearlo e interponerse entre él y el perro-zorro rojo, pero él alzó un brazo y se lo impidió.

—Basta —protestó Hinata—. Es amistoso.

—¿Acaso sabes cómo es un perro amistoso? Estaría meneando la cola en vez de quedarse sentado, mirándote como si fueras su próxima comida. Tenemos que matarlo.

—¡Ni se te ocurra! —gritó ella, soltando un grito ahogado.

El lastimero aullido hizo que dirigiera la mirada a Kurama. Se estaba arrastrando por el suelo, acercándose al animal sin dejar de soltar aullidos. Estupefacta y con los ojos muy abiertos, ella aventuró lo siguiente:

—Es su familia, su padre.

—No seas ridícula —se burló Naruto.

—¡Abre los ojos! Ese es un cachorro perdido.

—No puedes quedarte con ese animal.

—¿Y por qué no? Tú te quedaste con Kurama. Tu mascota era igual de salvaje cuando lo encontraste. Trató de devorarte.

—Entonces no sabía lo que hacía, y ahora sí.

—Pero eso —dijo Naruto, señalando a su majestuoso amigo con el dedo— es un animal salvaje adulto.

—¿Cómo puedes decir eso cuando está tranquilamente sentado y no hace nada amenazador?

—No puedes tener un auténtico animal salvaje sea lobo o zorro en el interior de una casa.

—No es un lobo.

Él le lanzó una mirada dura.

—Tal vez sea un zorro emparentado con un perro… no puedes imaginar la sensación que tuve al verlo, se me pareció al zorro mitológico japonés Kitzune, un espíritu del bosque, que llego en mi ayuda cuando más lo necesitaba. Hinata puso una expresión tozuda.

—Él me ayudó. Me indicó que regresara a las ruinas durante la tormenta, cuando yo no podía ver nada a dos pasos de distancia. Conoce a la gente. No me gruñó la primera vez que lo vi y tampoco le gruñó a Kurenai esta mañana. No te gruñe a ti pese a que lo estás amenazando. Quiero quedármelo, es obvio que no es un lobo.

La respuesta de Naruto consistió en cogerla de la mano, arrastrarla fuera de la habitación y conducirla directamente a la sala de estar.

—¿Qué estás...?

Recibió una respuesta a su pregunta cuando él sacó una llave de un bolsillo y se acercó al rincón suroriental de la amplia habitación, allí donde la curva pared de la torre penetraba en la casa. Ella había intentado entrar en la habitación de la torre mientras exploraba la casa por su cuenta, pero siempre estaba cerrada con llave.

Cuando Naruto la abrió se puso tensa, creyendo que pensaba encerrarla en la torre mientras mataba a su mascota. Estaba dispuesta a luchar a brazo partido, pero se detuvo al ver lo que había en el interior de la habitación.

Un escalofrío recorrió la espalda de Hinata al entrar en la lúgubre habitación; las paredes curvas eran de áspera piedra gris, al igual que el suelo, y de estas colgaban unos cuantos cuadros cubiertos de paños blancos, quizá para protegerlos del polvo. El centro de la habitación estaba ocupado por un viejo arcón. Aparte de eso, Hinata no pudo ver gran cosa porque la habitación carecía de ventanas y la única luz penetraba a través de la puerta abierta. Motas de polvo danzaban en el haz de luz pero no vio telarañas, como en la habitación de la torre escaleras arriba.

Ese desagradable recuerdo hizo que preguntara:

—¿Sabes en qué estado se encuentra la habitación de la torre en la que trataste de meterme cuando llegué? Está repleta de telarañas.

—¿Ah, sí? No he subido allí desde que era niño, pero podrías haberla limpiado. ¿Crees que si te quedas aquí te limitarás a quedarte sentada de brazos cruzados?. ¡Realmente sonrió al decir esas palabras! Ella apretó los labios; insinuar que la convertiría en una criada cuando tenía tantos a su disposición solo era otra de sus tácticas para obligarla a largarse.

—Un momento.

Naruto abandonó la habitación. Ella cerró los ojos, convencida de que oiría cómo se cerraba la puerta, pero él regresó con una vela encendida. Hinata deseó que no lo hubiera hecho: bajo la luz de la vela sus ojos relumbraban... como los de un zorro. Con razón los rumores sobre él prosperaban.

—¿Qué hay en ese arcón? —inquirió cuando él depositó la vela en el suelo, junto al arcón.

—Chucherías, joyas, chismes predilectos y diarios de mis antepasados.

¿Diarios? Se preguntó si las páginas que faltaban del diario de Ino estaban en ese arcón. ¿Osaría pedir que se las muestre?

—Cada uno de ellos dejó al menos un objeto que merece la pena conservar. Algunos son demasiado grandes como para caber en ese arcón, como este cuadro, de doscientos años de antigüedad.

Naruto retiró el paño de uno de los cuadros y ella soltó un grito ahogado al ver la imagen de dos zorros, ambos rojos, pero uno con las puntas de las orejas negras y la punta de la cola blanca. Los animales eran flacos, de aspecto predador, y en sus ojos brillaba la ferocidad. Aparte de eso, resultaba extraordinario hasta qué punto el rojo se asemejaba al perro que había introducido en la casa a hurtadillas. Con razón Naruto la había llevado allí para que lo viera.

—Y este es todavía más antiguo.

Él retiró el paño de otro cuadro, pero Hinata no lograba despegar la mirada del primero. Uno de los zorros parecía dispuesto a abalanzarse, el otro estaba tendido a sus pies con aspecto satisfecho, como si acabara de devorar abundante comida.

—¿Quién pintó esto?

—Mito Uzumaki.

—¿Y logró acercarse tanto a los zorros? —interrogó Hinata, incrédula.

—No, en su diario apuntó que utilizó un catalejo para observarlos. En el ático hay otra docena de sus cuadros, en todos aparecen zorros. Es obvio que la fascinaban. . ¿Acaso ahora habrá otro Uzumaki fascinado por los zorros auténticos?.

Hinata se desconcertó. ¿Es que acababa de reconocer que se casarían? Estaba segura de que solo le estaba tomando el pelo, así que preguntó:

—¿Por qué guardas este cuadro bajo llave?

—Porque es el único en el que los zorros aparecen en primer plano. Es un cuadro muy bello; solía colgar en mi alcoba, pero cuando cumplí los dieciocho me pareció un poco infantil y lo descolgué.

—Si los criados lo vieron en tu alcoba... no es casualidad que empezaran a circular esos rumores acerca de que eras medio zorro.

Él arqueó una ceja.

—Es un rumor estúpido y es más probable que se iniciara cuando era un niño y solía aullar en la escuela para divertirme, para asustar a los niños más pequeños y yo me hacía llamar zorro. Pero Mito Uzumaki casi muere mientras terminaba este cuadro. Sus otros cuadros representan vistas más lejanas, pero en el caso de este estaba empeñada en pintarlos como si estuvieron justo delante de ella. Le llevó meses acabarlo y encontrarlos, tenía que explorar de noche que es cuando los zorros son más activos, si bien estos dos eran una pareja y a menudo estaban juntos.

—¿Cómo sabes todo eso?

—Ella llevaba un diario. Muchos de mis antepasados lo hacían. Escribían sobre la maldición de la familia y sus opiniones al respecto; algunos eran lo bastante necios como para creer en ella, pero todos le echan la culpa a estos dos.

Por fin, Hinata echó un vistazo al otro cuadro que él había destapado. En él aparecía un noble de la época isabelina ataviado con traje de gala, de pie y con una mano apoyada en el hombro de una mujer sentada, también lujosamente ataviada. La pose era la típica de una pareja casada.

—¿Quiénes son?

—Ese es Menma Uzumaki, una oveja negra peor que Jiraya. Acababa de heredar el título cuando ese retrato fue pintado; era el señor de Konoha Park y estaba muy pagado de sí mismo. Ella era su amante. Algunos creen que era la hija ilegítima de un noble de York, aunque la mayoría cree que era una de las aldeanas de Konoha. Pero Menma elevó su estatus, la vistió como a una gran dama, la trató como si lo fuese e incluso se la presentó a sus amigos como si lo fuera, porque le divertía hacerlo.

—¿Y se granjeó la burla y la enemistad de tu vecino a causa de ello? —aventuró Hinata.

—Sí, pero a Menma no le importaba —dijo Naruto torciendo el gesto—. Lo dicho: era un hedonista dedicado a sus propias diversiones. Eso era todo lo que ella significaba para él. Cuando mandó pintar este retrato de ambos, ella estaba segura que se casarían, pero cuando lo sugirió él se rio de ella.

—No muy...

—Era una oveja negra hasta la médula.

—Comprendo. ¿Ella maldijo a tu familia porque él destrozó sus esperanzas?

—Algo por el estilo. Ella se marchó, maldiciéndolo a él y a su estirpe eternamente. En realidad, murió de forma misteriosa aquel mismo día.

—¿Él la mató?

—No. Existen dos versiones diferentes de lo que le sucedió. Según una, ella regresó a su casa y se suicidó; según la otra, fue acusada de brujería por el sacerdote de la aldea, un pariente de ella, y fue quemada en la hoguera. Pero no sobrevivió ninguna otra información sobre ella, ni siquiera su nombre. En aquel entonces la creencia en la existencia de brujas era muy extendida, tanto entre los más plebeyos como entre los más nobles. Que una mujer fuera acusada de ser una bruja era bastante fácil. Las personas no tendieron a cambiar de opinión cuando Menma se casó diez años después y su primogénito murió al nacer. Echaron la culpa de esa tragedia a la maldición de la mujer.

—Pero las muertes ocurren, ya sea por accidente o por enfermedad.

Naruto le lanzó una mirada extraña.

—Desde luego. Nuestra familia no posee un monopolio sobre la muerte, por cierto, y hemos perdido otros miembros prematuramente que no eran primogénitos. Si hay una maldición que afecta a los Uzumaki, es la mala suerte.

—Si la maldición de la amante de Menma era de un carácter tan general como tú dijiste y el primogénito de este murió al nacer, ¿cómo se incorporó eso de los «veinticinco años de edad» al rumor?

—Es otro misterio, teniendo en cuenta que solo tres de mis antepasados murieron a los veinticinco años de edad, uno de ellos mi padre. Así que más bien se trata de que no sobreviviremos más allá de los veinticinco y ningún primogénito lo ha hecho.

—¿Ni uno?

—Ni uno.

—¿Cómo murió tu padre?

—Él y mi madre se encontraban en el huerto; él trepó a un manzano para coger una manzana para ella y cayó. No era un árbol alto, sin embargo, la caída le rompió el pescuezo. Ella hizo quemar el huerto después del funeral y no lo replantaron hasta después del período de luto.

—Lo siento.

—Tal como tú dijiste: los accidentes ocurren.

—¿Has leído todos los diarios?

—No. Uno está escrito en latín, unos cuantos en francés. No tuve la paciencia necesaria para aprender esas lenguas.

—Sé francés. Podría enseñarte... o leerte los diarios en francés.

—¿Crees que estarás aquí para hacerlo?

Ella hizo una mueca; él no lo notó porque estaba cubriendo de nuevo los cuadros.

Hinata abandonó la habitación antes que él. Todavía debía convencerlo de que dejara que su nuevo amigo se quedase, pero debía estar preparada para el fracaso. Él le había mostrado aquel cuadro de los dos zorros para convencerla de que conservar esa mascota era temerario y tal vez lo fuera a pesar de lo manso que parecía ese bello animal. Le sorprendía que Naruto se molestara en convencerla de que el animal era un zorro cuando no necesitaba hacerlo.

Así que la incredulidad se apoderó de ella cuando Naruto salió de la torre, cerró la puerta con llave y dijo:

—Haré construir una morada para el detrás de los setos, en el césped oriental y lejos de los caballos. Pero si asusta a la manada o si muere uno solo de mis caballos tendrá que morir. Lo hago en contra de mi voluntad. No hará falta mucho para que cambie de parecer.

Hinata quiso agradecerle efusivamente, pero si él supiera cuán agradecida estaba tal vez cambiara de opinión, así que se limitó a asentir con la cabeza y regresar a toda a prisa a su habitación de la planta superior para asegurarse de que Kurama había sobrevivido al encuentro con su padre, si es que ella había adivinado la índole de su parentesco correctamente. Tal vez Kurama solo había reconocido a un adversario más peligroso y actuado en consecuencia... que era más o menos lo que ella había estado haciendo con el zorro con el que debía casarse.

Hinata se involucró tanto con los dos perros, lobos o zorros lo que fueran, que ese día perdió la noción del tiempo. Decidió llamar Kitsune, a su nuevo amigo, en honor a la manera en que se habían conocido, y ella misma supervisó la construcción de su morada, insistiendo no solo en un cobertizo en el que pudiera protegerse de la lluvia, sino también en un agujero excavado en la tierra que quizá fuera la clase de refugio al que estaba más acostumbrada. Naruto trató de cerrar el pequeño enclave mediante un cerco de casi dos metros de altura, pero lo hizo derribar antes de que lo hubieran acabado porque Kurama casi se hizo daño tratando de brincar por encima.

Desde el instante en que ambos animales se encontraron se volvieron casi inseparables. Retozaban a través de los brezales como si fueran cachorros, ambos la acompañaban cuando ella montaba en Rebel y no parecían molestar a la yegua, pero sí a Royal, cuando Naruto trató de unirse a ellos. Naruto no estuvo muy complacido cuando su mascota prefirió quedarse al aire libre cerca de Kitsune en vez de en la casa con él, pero optó por no forzar la situación y resolvió el tema dejando que ambos animales durmieran en la casa esa noche. Eso disgustó al personal, pero agradó a Hinata. Kitsune se comportaba como un perro, no como un zorro, así que con el tiempo el personal se acostumbraría a ello. Si es que había tiempo...

Al día siguiente volvieron a leer las amonestaciones matrimoniales. Era el segundo domingo que Hinata pasaba en Konoh Park; solo faltaba una semana para que el plazo se acabara, tanto para ella como para Naruto. Si él ideaba un modo de evitar que se casaran, y ella regresaba a casa sin que se armara un tremendo alboroto, sus tíos jamás le permitirían que se quedase con Kitsune, los conocía demasiado bien y se le partiría el corazón. Así que había un motivo más para casarse con Naruto, un motivo más para hacer que la amase... con el tiempo.

Al parecer, sus tácticas para lograr que huyera habían quedado en suspenso tras la noche que pasaron en las ruinas. A lo mejor se debía a los perros; el día antes, y una vez más ese día, había pasado la mayor parte del tiempo con ellos. Igual que Naruto, así que no tuvo que buscar una excusa para estar con él; el día anterior incluso le había dicho que la esperaba para cenar. Tal vez creyó que eso la fastidiaría, así que no le dijo que ella tenía muchas ganas de cenar con él. Y tampoco le dijo que, al permitirle quedarse con un animal que él creía que era salvaje, la había conquistado por completo. Puede que Naruto esperara que el zorro le resolviera su problema, aunque Hinata no lo creía. Lo ocurrido esa noche la hizo pensar que tal vez él comenzaba a desesperarse, puesto que solo faltaba una semana para la boda, pero se limitaba a ser una pequeña duda; no lo creía capaz de fingir el pánico, porque pánico fue lo que pareció apoderarse de él cuando le entregaron una carta de Londres durante la cena.

—Mi madre se ha puesto enferma —dijo, poniéndose de pie en el acto—. Prepara la maleta esta noche y acuéstate temprano. Emprenderemos el viaje antes del amanecer. El carruaje tarda demasiado en alcanzar la costa, si cabalgamos podremos llegar a Scarborough antes de mediodía.

—Podría seguirte en el carruaje.

—No, vendrás conmigo.

—Pero...

—Vendrás conmigo. Levántate antes del amanecer, así tendrás tiempo de comer algo.

Lamento las prisas, pero ella es la única familia que me queda.

Antes de abandonar el comedor Naruto le dio más instrucciones. Hinata corrió escaleras arriba para decírselo a Kurenai. La doncella no aprobaba la idea de alcanzar Londres lo más rápidamente posible, sobre todo porque no la incluía a ella.

—Cabalgar a tanta velocidad hasta la costa es peligroso —advirtió Kurenai—. Si te levantas tan temprano estarás cansada. Incluso podrías quedarte dormida en la silla de montar.

Hinata sonrió.

—Me parece bastante improbable, y él posee un pequeño velero amarrado en Scarborough que nos llevará junto a su madre mucho más rápidamente que un carruaje.

Además, nunca he salido a navegar. Podría ser divertido.

—O podrían quedarse varados por falta de viento.

Era verdad, pero también era obvio que Naruto no creía que eso los detendría, porque de lo contrario hubiera dicho que cabalgarían hasta Londres.

—Teniendo en cuenta lo veloces que pueden ser esos veleros, un par de horas de calma no supondrán una gran diferencia.

—O puede que nunca lleguen a Londres. ¿Es que no se te ha ocurrido? ¿Que la desesperación que viste en él esté relacionada contigo porque el tiempo para evitar este matrimonio se le está acabando?

—Basta. —Hinata se apresuró a quitarse la ropa y ponerse un camisón, pero entonces se le ocurrió lo único que tal vez tranquilizaría a Kurenai—. ¿Te gusta estar aquí?

—Sí.

—A mí también, más de lo que creí. Quiero quedarme, quiero que me ame para poder hacerlo. Partir a solas con él podría ser una buena idea.

—Entonces llévate esto contigo —dijo Kurenai, y depositó un pequeño frasquito en la mano de Hinata—. Puede que el momento indicado surja durante el viaje, y ahora que estás segura de querer casarte con lord Uzumaki deberías usarlo.

Hinata no le devolvió el filtro de amor a la doncella, pero dijo:

—Estaremos en un velero, pero lo tendré presente una vez que lleguemos a Londres.

Has de empacar el resto de mis cosas y llevarlas a Londres porque no regresaremos aquí antes de la boda. Chõji ha de cabalgar contigo.

—Está bien.

—Espero que no lo mates antes de llegar —repuso Hinata, tomándole el pelo.

La doncella resopló.

—Estaré tan inquieta por ti, navegando en un diminuto velero, que no te prometo nada.

.

.

Continuará...