Agape to Eros
By Tsuki No Hana
20
"One Last Chance"
—¿A tu hotel? Claro que no —comenzó a retorcerse nuevamente.
—Estabas cojeando. Y mi hotel queda mucho más cerca que tu casa. Esperemos ahí por lo menos hasta que la lluvia disminuya un poco, sirve que te quitas esa ropa mojada.
El ruso lo miró y prefirió no haberlo hecho. Su sonrojo se había esfumado y esos ojos castaños se clavaban en los suyos con mucho coraje. Estaba realmente molesto, lo sabía. Le entristecía que no cediera ni un poco, ya ni siquiera porque estaba portando esa loción que Yuuri algún día le dijo que le gustaba tanto.
Viktor giró en una esquina, caminando apresurado aún con su amado entre sus brazos, estaba muy cerca del hotel cuando soltó un suspiro y habló sin mirarlo.
—Parece ser que me odias, o al menos es lo que quieres expresar —se encogió de hombros—. Así que ya no tengo nada que perder, te llevaré a mi cuarto, quieras o no.
Yuuri iba a reclamarle algo, pero no supo que responderle. Estaba enojado y sorprendido.
Llegaron pronto al hotel, a la habitación, donde el japonés al fin fue puesto con cuidado en el borde del colchón de una de las camas. El ambiente era tenso e incómodo. Viktor lo miraba con insistencia y Yuuri evitaba a toda costa sus ojos. Estuvieron así durante unos segundos hasta que el mayor se encaminó al baño en busca de toallas. Le extendió una al japonés y éste la aceptó con recelo, expectante a lo que fuera que Viktor tuviera planeado, lo que no sabía era que todo eso ocurrió de una manera espontánea e improvisada, el ruso no tenía ni un plan, había actuado por impulso.
—Déjame ver tu rodilla —se aproximó un par de pasos, lo suficiente para que su mano casi hiciera contacto con la pierna del otro, pero éste se movió bruscamente, evitando que lo tocara.
—Estoy bien, ya te lo dije —se puso de pie y caminó unos pasos sin problema, le dolía el golpe, pero no era algo serio.
—No, siéntate y sube tu pantalón—con una mano sobre su pecho, lo empujó para devolverlo al colchón, pero la fuerza utilizada no fue suficiente—. Oh, Yuuri —pensó al sentir su pecho firme, al notarlo más fuerte y rígido que antes. Sí, le encantaba, pero al mismo tiempo extrañaba a su apretujable cerdito—. Por favor —pidió con cierta seriedad. No quería usar más fuerza para obligarlo a sentarse. Esa vez, a diferencia de cualquier reacción que esperaba de él, Yuuri aceptó y se sentó en la orilla de la cama, mojando a su paso las sábanas y subiéndose el pantalón hasta por encima de la rodilla.
Viktor caminó hacia el pequeño frigobar y sacó de ahí un poco de hielo que pronto envolvió en una servilleta de tela y regresó junto a Yuuri para ponerle esa compresa fría improvisada sobre la inflamación ya notable. El mayor sintió cómo su corazón se aceleró al ver su pantorrilla descubierta. Se reprendió a sí mismo por ser tan vulnerable a Yuuri Katsuki.
—Puedo hacerlo yo—aseguró el pelinegro, intentando quitarle a Viktor el hielo de la mano, pero éste no se lo permitió. Siguió arrodillado frente a él en el suelo, sosteniendo el hielo con su mano derecha y posando la izquierda sobre la suave piel de su pierna.
—Déjame a mí, por favor —su voz salió pausada y serena, sin mirarlo a los ojos, enfocado en su tarea.
Permanecieron en silencio unos minutos. El único ruido era hecho por las gruesas gotas de lluvia impactándose contra la ventana.
—Aún no puedo creer que vuelvas a patinar —rompió el silencio, murmurando quedito y con media sonrisa.
Yuuri entró en pánico, no sabía cómo reaccionar ante ese tipo de circunstancias, sólo quería irse, alejarse antes de cometer una estupidez.
—¿Cuál era tu plan al traerme aquí? —se incorporó tan bruscamente que la tela con los hielos quedó dispersa en el suelo alfombrado
—Ha pasado mucho tiempo desde que nos vimos. Dime ¿cómo te recuperaste? ¿qué estuviste haciendo en Canadá? ¿Conociste a alguien especial? ¿Qué es Minami para ti? —preguntó rápido y certero.
Yuuri lo miró sin poder creerlo, entornó los ojos sin estar muy seguro de su propósito y dijo:
—No sé qué es lo que quieres conseguir, pero si tu propósito es intentar algo conmigo... lamento decir que pierdes tu tiempo —caminó hacia la puerta, aún cojeando un poco, pero se detuvo al escuchar las palabras de su exnovio.
No lo pierdo, te conozco... —se le acercó peligrosamente, estaba por decir algo más, pero esas palabras murieron en su garganta. Sus ojos azules brillaban con anhelo, quería decirle tantas cosas—. Yuuri —el otro se estremeció al escuchar su nombre en esa voz grave tan hermosa—. No nos hemos visto en casi un año, bueno, yo no te he visto, no habíamos charlado en persona ¿Y tan pronto te quieres ir?
—Ja. No fui yo quien decidió "cerrar ciclos". Cuando te llamé fue para arreglar las cosas y... —fue interrumpido.
—Lo sé, tu hermana me lo dijo, ya que tú no lo hiciste. Si hubieras comenzado con eso en la llamada... —suspiró y se pasó una mano por la cara y la cabeza, claramente con poca paciencia—. No quiero discutir, hemos pasado por tantos malos entendidos, tanta gente se ha inmiscuido en nuestra relación...
—Sí, como tu hermano.
—¡Lo sé! Y me disculpo por eso.
—Él no me creyó cuando le dije sobre mi cirugía.
—Lo sé, lo siento.
—Y te portaste como un imbécil conmigo.
—Lo siento, en verdad, y lo admito; pero tú también fuiste un imbécil conmigo.
—Yo no oculté a una exesposa.
—Pero me ocultaste lo de tu vista.
—Tú terminaste conmigo por teléfono.
—Lo hice después de pensar que no te había importado mi accidente, además, tú terminaste conmigo de una manera injusta, ni siquiera me dejaste explicarte las cosas.
—Eres un idiota.
—Vine hasta acá porque escuché lo de tu accidente y porque nunca te he olvidado, Yuuri, he intentado arrancarme este amor del corazón con todas mis fuerzas —se llevó ambas manos al pecho, su expresión era de pura desesperación contenida—. Pero no puedo ¿Sabes? No puedo dejar de amarte. Y sé que fui un idiota, un estúpido e imbécil, acepto cualquier insulto que me digas, pero tienes que admitir que no fui el único —tragó con dificultad y enfrentó esos ojos color chocolate llenos de ira—. Los dos tuvimos parte en esto, nos ha faltado mucha comunicación.
—Lo sé —bajó la mirada—. Soy consciente de ello.
—Entonces hablemos ¡Yuuri! Estamos los dos solos, tenemos todo el tiempo del mundo para charlar y al fin arreglar lo nuestro.
—¿"Lo nuestro"? —entornó los ojos con dolor en el alma—. Eso no existe, recuérdalo bien —se mordió el labio inferior, sabiendo que lo lamentaría más adelante—. Déjame ir. Hablaba en serio cuando te dije que ya había asimilado mi vida sin ti, no te entrometas más y déjame en paz de una vez —soltó con enojo luego de darse media vuelta y volver a encaminarse a la puerta—. Por favor, déjame ir, por favor.
—Yo también voy a participar en el Grand Prix.
Esa simple y escueta oración hizo corto circuito en Yuuri, quien se quedó de piedra, dándole la espalda en todo momento, podía sentir sus ojos celestes clavados en su nuca. Giró lentamente su cabeza y se encontró con una expresión seria, sus labios eran una fina línea horizontal, sus cejas estaban un poco unidas debido a la expresión de desesperación, había usado su último as bajo la manga para retenerlo ahí sin utilizar la fuerza.
—Nos enfrentaremos en la pista, Yuuri Katsuki.
El japonés quiso recordarle su reciente accidente y su falta de condición, pues no pudo alcanzarlo hace un par de días mientras corría. Quiso decirle muchas cosas, pero esa inseguridad y temor tan arraigados lo hicieron callar. Por un momento apretó la mandíbula y los puños, miró los ojos azules y se dio media vuelta.
El ruso se decepcionó enormemente al ver que ni así logró retenerlo un poco más, estaba tan necio a irse que no le quedó otra opción. Dio un par de largas zancadas hasta cerrar con la palma de su mano la puerta que recién había abierto Yuuri. Éste se espantó un poco, pues no se esperaba esa reacción en el otro, menos su cercanía peligrosa, de un momento a otro ya lo tenía acorralado entre la puerta y su cuerpo.
—¿No vas a decir nada al respecto? —soltó en un leve murmullo que se opacó un poco con el ruido que hacía la lluvia al caer. Aprovechó el poco espacio que había entre ambos para inclinarse sobre él con una media sonrisa que en vez de felicidad demostraba cierta tristeza y anhelo.
Yuuri sintió sus rodillas temblar. Apartó la mirada de esos ojos azules tan profundos y trató de controlar sus emociones en vano, pues el corazón le latía a mil por hora, casi podía jurar que se escuchaba en toda la habitación.
Entonces Viktor se inclinó un poco más sobre él, apoyando un brazo contra la puerta, justo sobre su cabeza. Yuuri casi se atragantó con su propio oxígeno al sentir la otra mano del ruso acariciando brevemente su mejilla, deslizando sus dedos hasta su cabello, donde estuvo acariciando las hebras ébano por unos momentos.
—Me gusta tu cabello, lo dejaste crecer un poco, me gusta mucho.
Se estremeció, estaba azorado por sentir toda la atención de Viktor sobre él. Su mirada era intensa, parecía que escaneaba todo su rostro con esos ojos, mirando de un punto a otro en su persona.
—Todo tú estás diferente, pero me agrada —por primera vez esbozó una pequeña sonrisa sincera, feliz, tímida.
El corazón de Katsuki palpitó con dolor. Notó que Viktor esperaba algo de su parte, una señal, un gesto, una palabra linda ¡Algo! Pero no, Yuuri tragó en seco y se quedó callado, rogando al cielo que se alejara de una vez por todas, antes de que terminara sucumbiendo ante sus encantos porque ¡Dios! Viktor estaba tan guapo, sin importar el peso que perdió, sin importar sus ojeras o la palidez de su piel, todo él era perfecto ante los ojos de Yuuri, sin importar qué.
El japonés salió de su ensimismamiento al escuchar un leve suspiro. Enseguida sintió que el otro dejaba caer su cabeza, apoyando la frente sobre su brazo en la puerta, dejando así sus rostros a milímetros uno del otro. Yuuri apretó los puños y se preparó para empujarlo lejos, pero no logró su cometido, vaya que no.
—Ya que no vas a decir nada... —murmuró antes de terminar con la poca distancia que había entre ambos y así asaltar su boca en un beso demasiado ansiado. Sus labios atraparon los de Yuuri con destreza y decisión, tocarlos de nuevo fue como un interruptor encendiéndose en el cerebro de ambos, de pronto querían más, mucho más, no les era suficiente esa caricia inocente, menos si el otro le correspondía al mismo ritmo.
De pronto el ruso se halló con una mano halando de los cabellos de Yuuri, con más fuerza de la necesaria. El beso había pasado de ser inocente a una caricia tremendamente sensual. Era como si ambos hubiesen estado esperando ese momento durante todos esos meses alejados uno del otro. El japonés no se quedó atrás, alzó sus manos hasta enredarlas en las hebras plateadas de Viktor, sintiendo lo suave y sedoso que era su cabello, aunque poca importancia le dio en ese momento en el que sus lenguas jugaban una danza exótica difícil de ignorar.
Yuuri delineó con la punta de su lengua los suaves y rosados labios de su amado, pero no lo hizo por mucho tiempo, pues Viktor reclamó esa lengua de vuelta al interior de su boca. Pronto el aire comenzó a escasear debido a la agitación de sus cuerpos, la razón se fue esfumando y el deseo de sentirse el uno al otro incrementaba exponencialmente.
Las manos del ruso se introdujeron escurridizamente bajo la ropa mojada de Yuuri, sintiendo su piel helada y húmeda por la lluvia. Soltó una leve exclamación al sentir los músculos de su amado tan marcados. Se alejó de la boca de Yuuri sólo para quitarle la chamarra y tener así su cuello al alcance, ahí mordió y besó con fuerza, dejando marcas en la piel mientras que la "victima" suspiraba y gemía de placer, aferrado a los hombros del mayor para no caer al suelo por el temblor en sus rodillas de gelatina. El ruso volvió a tirar de los cabellos de Yuuri sólo para hacer que levantara un poco el rostro y así asaltar sus labios con voracidad. Había aguardado por eso casi un año entero, no podía contenerse ahora ni un poquito o estallaría.
La respiración de ambos era errática, sus corazones estaban desbocados y sus mentes nubladas por el placer.
—Sólo una vez, una vez más y ya —pensó Katsuki mientras se quitaba los anteojos y los tiraba en algún punto del piso. Luego rodeó la nuca del otro con sus brazos, alzándose un poco de puntillas para ahora ser él quien asaltara esos labios con desenfreno. Viktor respondió complacido, pero no era suficiente, ya le estaba haciendo falta más. Lo acorraló de nuevo, ahora contra la pared y tuvo la necesidad de meter sus manos en el pantalón de Yuuri, quien gimió sonoramente al sentir que apretaba su trasero con más fuerza de la necesaria, pero no se quejó, le dejó hacer lo que quisiera con él, estaba a su merced. Entonces el ruso se pegó más a Yuuri, haciéndole notar lo excitado que estaba ya con tan sólo besos y caricias. Eso emocionó al japonés, quien comenzó a explorar el cuerpo del otro con necesidad, metió sus manos bajo la playera, asombrándose un poco al encontrarlo más delgado de lo que imaginó, pero no le dio importancia, en esos momentos estaba más enfocado en hacerlo sentir, así que lo apretó más contra él y aprovechó el momento para deshacer la coleta, logrando que su hermoso cabello largo quedara desparramado por toda su espalda, se detuvo a admirar lo apuesto que se veía, pero poco le duró el gusto, pues Viktor lo cargó de nuevo y segundos después lo tumbó sin delicadeza sobre una de las camas.
La necesidad imperante de sentir sus cuerpos desnudos era tanta que, sin hacerse esperar más, comenzaron a quitarse la ropa a tirones.
—Oh, Yuuri —gimió con gusto al ver su erección tan grande como la recordaba. Ya no había prenda que se interpusiera entre los dos.
—No mires tanto —pidió con vergüenza mientras se tapaba el rostro con el antebrazo luego de ver el miembro erecto de su amado. Las ansias y saber lo que experimentaría en unos momentos lo estaban carcomiendo por dentro.
—Es imposible no mirar. Lo extrañé tanto —no le dejó refutar nada, pues el japonés se retorció en placer cuando Viktor se acomodó entre sus piernas y comenzó a repartir besitos y chupetones en la parte interna de sus muslos, un área en verdad sensible. Eso inevitablemente los remontó a aquel hermoso fin de semana en el onsen, cuando Viktor estuvo a punto de probar la erección de Yuuri. Éste no pudo más que llevarse ambas manos al rostro y contener un largo y agudo gemido cuando sintió al fin los labios de Viktor sobre la punta—. Sigo siendo inexperto en esto, si no te gusta puedes detenerme —sonrió sensualmente, mirándolo fijo a los ojos, su sonrisa se ensanchó al ver el sonrojo en las mejillas de su amado, pareciera que el tiempo no transcurrió, parecía no haber problemas, en ese momento su mundo era perfecto. Habían hecho una "pausa" inexplícita a sus circunstancias y ahora estaban ahí, desnudos, calientes—. Me emociona saber que soy el primero en hacer esto en el cuerpo de Yuuri —murmuró en un tono verdaderamente tierno y sexy. Yuuri jamás lo admitiría, pero le causaba demasiada gracia y ternura escucharlo hablar así.
Entonces volvió a bajar su cabeza a la entrepierna de Yuuri, éste rio casi imperceptiblemente al sentir las cosquillas que le causaban los cabellos lacios de Viktor rozando la piel de su vientre bajo y más abajo también. Los labios húmedos y suaves del ruso se posaron suavemente sobre la cabeza del pene en un roce muy sutil, casi como una caricia inocente; a sus labios le siguió una juguetona y traviesa lengua, y de pronto, sin previo aviso ya estaba todo dentro de su boca.
—Detente.
El ruso se despegó de inmediato, sonrojado y temeroso al pensar que hizo algo mal. Buscó el rostro de Yuuri con desesperación y no pudo más que sorprenderse con la expresión que tenía. Su rostro demostraba un pánico que jamás había visto reflejado en él; luego notó que todo su cuerpo temblaba levemente.
—Yuuri, lo siento ¿Hice algo mal? —se mordió un labio, avergonzado, pero comenzó a preocuparse cuando notó que no lo miraba a pesar de que sus ojos estaban fijos en los suyos, parecía como si viera a través de su cuerpo. Entonces supo que Yuuri no estaba con él en esos momentos—. Yuuri —lo llamó un poco más fuerte al mismo tiempo en que acunaba su rostro en una mano, demasiado tierno a comparación con la fiereza con la que lo trataba momentos atrás.
Se dio cuenta de que algo grave pasaba cuando lágrimas se escurrieron con rapidez por sus mejillas, una tras otra sin detenerse, tampoco había dejado de temblar.
—Yuuri, vuelve a mí —pidió con miedo y preocupación. Su amado estaba paralizado de terror. Al ver eso no encontró otra solución más que acurrucarse sobre él y abrazarlo con mucha fuerza, besando su frente y tratando de hacerlo sentir protegido—. No sé qué pasa, pero...
—Por favor suéltame, so-sólo no me toques ¿Quieres? Por favor —pidió en un tono demasiado débil, como si se hubiera roto internamente.
La expresión de Viktor se desencajó por completo ante esa petición. No entendía lo que le pasaba.
Entonces Katsuki se llevó ambas manos al rostro y lloró amargamente por unos momentos, hasta que las manos de Viktor sobre sus brazos lo hicieron descubrir su rostro.
—Vas a decirme ahora mismo qué es lo que te pasa —su tono era autoritario, sin embargo, no perdía el toque tierno en él.
Los ojos castaños temblaron de miedo y fue en ese momento cuando se levantó de la cama como resorte. Se puso la ropa interior, el pantalón y la chamarra. Viktor lo miró vestirse, en silencio, mirándolo detenidamente y tratando de entender sus acciones. No se molestó en cubrirse y mucho menos en vestirse, total, Yuuri lo conocía desnudo de pies a cabeza. Siguió mirándolo, incrédulo cuando notó que se dirigía a la puerta sin decir nada. ¿Se iba así sin más?
—Yuuri —dijo secamente, con el ceño fruncido. Sí, estaba molesto, ofendido.
El aludido ya tenía la mano sobre el pomo de la puerta, listo para irse, pero giró sólo su rostro para verlo una última vez. Abrió sus labios para decir unas palabras que Viktor suplicó no fueran las que creía que serían.
—Esto fue un error, nunca debió suceder. Lo siento, Vitya... —abrió la puerta, salió y la cerró. Dejando a sus espaldas a un ruso sin aire, sin ganas de mover un dedo, sintiéndose la peor escoria del mundo. Lo habían botado así sin más. Eso había sido muy cruel.
Yuuri
Salí corriendo con todas mis fuerzas. Sentía que el oxígeno no entraba a mis pulmones, comencé a hiperventilar mientras buscaba la salida de ese hotel. En el camino me topé con varios trabajadores preguntándome si me encontraba bien. Yo no me detuve a responderles, sólo seguí mi camino apresurado a la salida, cuando la encontré salí con más prisa todavía, corriendo bajo la lluvia con tanta fuerza que ni siquiera me di cuenta cuando terminé en un parque desconocido. Me detuve a recuperar el aliento en una banca, mis piernas estaban entumidas y mi rodilla palpitaba un poco, pero nada de esto era comparable con el dolor de mis recuerdos recién recuperados.
"Me emociona saber que soy el primero en hacer esto en el cuerpo de Yuuri"
Esas palabras fueron el detonante, eso y su boca en mi entrepierna. Esos dos factores desencadenaron una serie de recuerdos que no tenía idea de que existieran. Cuando me embriagaba no solía recordar lo que hacía y difícilmente recuperaba esos recuerdos, la única excepción había sido la noche del banquete que recordé al despertar del coma, pero esto... esto era demasiado, no necesitaba recordar algo así.
Lo siento, Viktor, no fuiste el primero en hacerlo, no lo fuiste...
Narradora.
Yurio volvió a la habitación con una sonrisa de oreja a oreja muy poco común en él.
A penas puso un pie dentro, pudo sentir una atmósfera muy pesada y oscura. Lo primero que vio fue a Viktor sentado en su cama, con la bata blanca de baño puesta y su cabello escurriendo en agua.
—¿A qué hora regresaste? —preguntó mientras tarareaba y buscaba alguna golosina dentro del frigorífico.
—Hace algún rato.
—¿Qué te pasa? —encontró unas pasitas con chocolate y no lo pensó dos veces antes de tomarlas y apropiarse de ellas.
—Nada —apretó la playera deportiva de Yuuri, esa que dejó por la prisa que tuvo de irse y dejarlo.
El rubio rodó los ojos y se sentó frente a su amigo, sobre la cama. Supuso que de nuevo no había logrado hablar con Yuuri.
—Ya, escúpelo.
—Mañana regresaremos a San Petersburgo —se puso de pie y se encerró en el baño por largo rato, evitando cualquier pregunta o comentario del rubio, quien se le quedó mirando raro a la playera mojada que se quedó sobre el colchón.
Toda la ropa que tenían en esos momentos la habían comprado juntos, así que estaba muy seguro de que esa prenda no era de ninguno de los dos.
Guardó la poca ropa que tenía en la misma maleta que Yurio, luego de asegurarse que no dejarían nada en el hotel, salieron juntos a tomar un taxi. El rubio le preguntó mil veces la razón de su cambio tan drástico de actitud, pero él simplemente no podía decirlo, le avergonzaba mucho. Mientras iban en el taxi rumbo al aeropuerto, siguió meditando en ello y recordando el día anterior:
Luego de que Yuuri lo dejara solo en la habitación, había tomado un baño y enseguida se metió a la cama, durmió toda la mañana hasta entrado el medio día, cuando Yuri se le acercó para preguntarle si se encontraba bien, luego de decirle que todo estaba en orden, se vistió y salió a pasear por el hotel hasta toparse con el bar. Caminó hasta la barra y pidió un vaso con refresco, el bartender lo miró raro, pero poco le importó, si de algo estaba seguro era de que no volvería a cometer el mismo error dos veces, tomar alcohol estando deprimido era como ponerse una soga al cuello.
Estuvo sentado en esa barra por horas, reflexionando y quebrándose la cabeza al tratar de encontrar un motivo que justificara las acciones de Yuuri. En un principio se había sentido muy ofendido, es decir, nunca había hecho "blow job" a un hombre, era su primera vez y el otro literalmente se echó a llorar y salió corriendo. Su primer pensamiento fue "¿Lo hice tan mal?" pero ahora que lo meditaba con la cabeza fría, podía hacer a un lado esos pensamientos y enfocarse más en el motivo por el cual se paralizó tan repentinamente, incluso había llorado. Por más que le daba vueltas al asunto no lograba entender.
Salió de sus pensamientos cuando Yurio lo llamó de pronto, sentado a su lado en el auto.
—Hey ¿Vas a decirme ya por qué nos regresamos así sin más a casa?
Iba a responder su pregunta cuando de pronto su celular sonó con el timbre característico que tenía para los mensajes y llamadas de Yuuri. Su corazón se aceleró como loco.
Yuuri.
Luego de vagar toda la mañana por la calle, decidí que ya me había mojado lo suficiente y que, por más que le diera vueltas al asunto, las cosas no cambiarían, mis recuerdos eran cosas reales que ya habían pasado, no debía atormentarme tanto por ello, pero lo hacía de todas formas.
Llegué a casa y agradecí que toda la familia estuviese ocupada con el onsen y todos los huéspedes, así pude escabullirme sin que me regañaran por salir con ese clima. Me colé hasta el baño que usamos sólo en mi familia y me saqué toda la ropa empapada para enseguida meterme a la regadera.
Demonios. Con las prisas que tenía dejé olvidada mi playera en el hotel. Ni modo, no volveré por ella.
Salí del baño y me encerré toda la mañana en mi habitación. Dormí todo lo que pude, tratando de alejar los recuerdos de mi mente, pero fue imposible, pues esos recuerdos aparecieron en mis sueños. Dormí toda la tarde y toda la noche. Me levanté muy temprano para salir y llevar a cabo mi rutina diaria de ejercicios, deseando muy en mi interior que Viktor estuviera bajo ese árbol, esperando por mí, pero esa vez fue la excepción, él ya no estaba esperándome, y con justas razones.
Regresé a casa antes de tiempo y luego de meditarlo un par de horas, terminé tomando la decisión de mandarle un mensaje, era lo menos que podía hacer luego del momento tan incómodo y vergonzoso que le hice pasar.
Yuuri: "Viktor, siento mucho lo de ayer, no tengo justificación para lo que ocurrió, siento mucho haberte hecho pasar ese mal rato. Te mando este mensaje porque sólo quiero que sepas que no hubo nada malo contigo, tú... lo hacías muy bien, es sólo que no estoy pasando por un buen momento, eso es todo. En verdad espero puedas perdonarme, y lo de ayer... lo de ayer no fue un error, lo dije estando enojado."
Pulsé el botón de "enviar" y me tumbé sobre mi cama, con el corazón latiendo desesperadamente. ¿Y si ya había regresado a Rusia? Sería lo mejor, quizás eso fue el detonante para que de una vez por todas termináramos lo que sea que quedara entre los dos.
Di un respingo exagerado cuando mi celular sonó con el timbre que le asigné al contacto de Viktor. Tomé el teléfono con ansias y leí su respuesta.
Viktor: "Ok"
Por un lado me sentí decepcionado y triste, pero por otro sentí un alivio con su respuesta. Seguramente ya no quería volver a verme después de eso.
No pasaron ni diez minutos cuando mi madre me llamó emocionada, pidiéndome que fuera al recibidor. Se trataba de Minami, según mi madre, pero... ella nunca se emocionaba así cuando él venía a verme. En fin, la seguí por los pasillos hasta que dos pares de ojos claros se fijaron en los míos al verme llegar a la sala.
—Yurio... Viktor ¿Qué hacen aquí? —me asombré tanto que sentí cómo la sangre se me fue hasta los pies—. ¿Van de regreso a Rusia? —inquirí al ver la pequeña maleta que Viktor tenía a un lado.
—Ni se te ocurra escapar, maldito katsudon —me apuntó amenazante con un dedo.
Viktor se puso de pie y en silencio abandonó la habitación.
—Los dejaré solos un momento —dijo mientras caminaba rumbo a la cocina, justo donde mi madre se había metido momentos antes.
—¿Qué hacen aquí? —pregunté con cautela mientras me sentaba a su lado en el sofá.
—¡Tenemos casi dos semanas aquí! Vinimos al enterarnos de tu operación.
—Lo sé, me refiero a qué hacen ahora, aquí.
—Si lo sabías ¡¿Por qué no aceptabas vernos?!
—Por que en verdad no quería hacerlo. No quería ser dañado de nuevo y tampoco tenía deseos de dañarlos.
Narradora.
El rubio se quedó en silencio, recordando el daño que le hizo al no confiar en él, al creerlo mentiroso. Se miraron fijamente unos momentos antes de que Yurio continuara.
—Lo siento. Discúlpame por no haberte creído, por el mal trato que te di. Discúlpame —pidió con seriedad y mucha sinceridad.
—¿Por eso viniste hasta acá?
—¡Obviamente! —exclamó con enfado. Iba a decir algo más, pero fue callado por los brazos del japonés rodeándolo cálidamente.
—Te disculpo, pero... discúlpame a mí también —murmuró en voz baja, apoyando el mentón sobre el hombro del otro.
—¿Por qué?
—Por no haber hecho un intento extra por volver.
—Tenías todo en tu contra, no te juzgo por eso, al contrario, creo que te entiendo. Y apoyo la decisión que tomaste en ese momento.
Se separaron del abrazo y se miraron a los ojos unos segundos antes de sonreír levemente y volver a abrazarse, aunque el rubio era más necio en no querer demostrar sus emociones, sin embargo, Yuuri logró hacer que sus ojos brillaran en lágrimas que no dejó salir.
—¿Cómo estás? —cuestionó con curiosidad—. No te veía desde que fuiste a Rusia.
—Bien, es decir... —miró el piso y sonrió levemente—... las cosas van bien, ya puedo ver, eso es ganancia.
—¿No veías nada?
Yuuri negó con la cabeza.
—Antes de la cirugía podía ver sólo un 15%
—¡¿Qué?!
—Por eso debía operarme con prisa, por eso no regresé a Rusia.
—Oh...
—Ya no te sientas mal por eso —palmeó su espalda—. Mejor dime ¿Cómo van las cosas con Otabek?
Instantáneamente se sonrojó.
—Soy yo quien debería preguntarte cómo van las cosas con el viejo. ¿Por qué no han hablado? La ha pasado muy mal estos meses, deberían reconciliarse de una vez por todas ¿Qué necesitan para que eso ocurra? Dímelo y haré lo que esté en mis manos.
El corazón de Yuuri se contrajo por la ternura involuntaria que emanaba todo el ser de Yurio. Parecía un niño pequeño e indefenso pidiéndole a sus padres que no se divorciaran.
—Es más complicado de lo que crees. Él y yo ya hablamos ayer y...
—¡¿Hablaron ayer?! Oh, eso explica algunas cosas.
Iba a decir algo más, pero en ese momento apareció Viktor entrando a la sala, se veía ansioso.
—¿Ya terminaron de hablar?
—Viejo, no lo arruines.
—Te recuerdo que nuestro vuelo sale en tres horas y debemos estar ahí al menos dos horas antes, y nos toma casi una hora de camino para llegar al aeropuerto, así que por favor vete a dar un paseo y déjame hablar con él, tu turno ha terminado.
El rubio refunfuñó algunas palabras en ruso que Yuuri no entendió y se fue dejando a la pareja a solas.
El japonés jamás se había sentido más incómodo y avergonzado estando junto a Viktor.
—Estoy aquí por tu mensaje y por esto —buscó algo dentro de su maleta, cuando lo encontró lo sacó y se lo extendió—. Pensé en quedármela, pues antes de que la mandara a la tintorería olía a ti.
—Ya veo, gracias —aceptó la bolsa donde dentro venía su playera.
—Pero decidí devolvértela porque no me será necesaria después de que gane el GPF.
—¿A qué te refieres? No estoy entendiendo.
—Como sabes, no tenemos mucho tiempo, así que seré rápido y conciso —lo miró seriamente—. Te propongo lo siguiente, es un último intento. Si yo gano el oro, te verás obligado a volverlo a intentar conmigo. Nos daremos una segunda oportunidad, olvidando todas las cosas malas que hemos vivido. Será como un "Borrón y cuenta nueva".
Yuuri tragó en seco.
—Pero si tú ganas el oro, Yuuri, aceptaré cualquiera que sea tu deseo.
—Si yo gano el oro me dejarás en paz, no volverás a hablarme ni a buscarme. Seremos un par de extraños otra vez —lo dijo con tanta seriedad y seguridad que los ojos de Viktor temblaron en miedo.
—Si ganas, aceptaré cualquiera que sea tu deseo en esos momentos —repitió. Extendió su mano hacia el de gafas, éste la tomó y se dieron un buen apretón, cerrando con ese acto la promesa.
—¿Pero... si no gana ninguno de los dos? Es decir, Yurio puede ganar, Otabek, Phichit, J.J., Minami... —el ruso arrugó la nariz ante la mención del rubio japonés—. También es muy probable que Chris gane, él es muy bueno y...
—Christophe estará fuera de combate esta temporada. Se dedicará a ser entrenador, aunque aún no tiene pupilo —rio un poco—. Alguno de nosotros dos quedará en el podio, tenlo por seguro. En caso de que ninguno de nosotros gane el oro, simple, ganará quien obtenga la medalla de mayor valor.
—Pero... ¿Qué hay de tus lesiones? ¿Puedes patinar? ¿Yakov lo sabe?
—Eso no te incumbe, cerdito. Te voy a aplastar en el hielo —se puso de pie, mirándolo fijo a los ojos, retándolo.
Continuará...
*Risas malévolas*
Ayer al mediodía, cuando actualicé el cap 19, no imaginé que en menos de 24 hrs estaría subiendo el 20. Espero en verdad que les haya gustado, es con mucho cariño para ustedes y pues... fue algo cortito, el más cortito de todos hasta ahora, pero creo que se complementa muy bien con el cap anterior, sin mencionar que a pesar de ser corto, el capítulo estuvo lleno de momentos importantes, siento que la trama dio un giro importante y que el drama ya va dirigido hacia otro lado, espero les guste el cambio ligero que irá tomando esta historia.
Vimos que:
-Se sacaron todos sus trapitos al sol.
-Viktor le confesó lo que nadie sabía a excepción de unos cuantos: va a participar en el GP.
-Hubo cachondeo rico hasta que Yuuri se puso loco y dejó a Viktor traumado al intentar hacer su primer Blow Job en un hombre.
-¿Por qué Yuuri reaccionó así? No quise ponerlo tal cual en el capítulo, quise ver si ustedes entendían el motivo sin tener que explicarlo (De lo cual estoy segura, siempre me sorprenden) y a las que no comprendieron, aquí les va: Ante los estímulos y sensaciones que le brindaba Viktor, Yuuri recuperó los recuerdos de la noche de pasión que tuvo con Victoria ¿Por qué hasta ahora? No había tenido chachondeo desde entonces, pobrecito. Y sí, Viktor no fue el primero en hacerle eso *cara sepsi* *Huye antes de que la maten*
-Yuuri fue un poco más maduro y debido al mensaje que le mandó a Viktor fue que éste y Yurio no se regresaron a Rusia inmediatamente, a raíz de eso se dio que Viktor lo retara. Con esa apuesta se tomará una decisión muy importante. La cuestión aquí es ¿Quién ganará?
-Y seguimos sin saber nada de Chris ¿Qué le estará enseñando? ¿Pole dance? No me molestaría.
En fin, mil gracias por seguir leyendo y ah! Se me olvidaba decirles que la reconciliación está demasiado cerca, pero por favor no se decepcionen si no aparece de inmediato en el siguiente capítulo, los hechos se me han ido aplazando porque estos dos caps han sido cortos, recuerden que el mantecas tiene mucho qué hacer todavía. Puede que Viktor gane y a pesar de eso Yuuri se niegue a intentarlo una vez más yasdfghj hay tantas posibilidades. Bueno, ya me callo y subo esto.
Las quiero!
Dasvidania!
21/04/2017
11:11 a.m.
