-¡MALDITO SEAS, SAGA!- gruñó Dan y el chico se abalanzo en contra del Caballero de Géminis el cual seguía inmóvil mirando una luz blanca en el centro de la cueva.
Por fin, después de tantas batallas, después de un arduo camino, después de tanto sufrimiento, después de tantas muertes, Dan y Ally llegaron ante aquel que traicionó a Athena y al Santuario para darle la vida al temible Zalgo, Dios de la Oscuridad. Se encontraba ahí, estático, con su armadura dorada cubriendo su cuerpo traicionero, con su larga melena azul marino cubriéndole la capa que tenía en su espalda la cual estaba destrozada. Algo no estaba bien. Dan estaba a punto de golpear brutalmente a Saga cuando se detuvo a unos centímetros de su adversario
-¿Eh?- se detuvo porque de alguna manera el cuerpo de Géminis cayó encima de él.
-Está herido...- dijo Ally ayudando a Pegaso a salir debajo del cuerpo de Saga del cual estaba ensangrentado en su totalidad, con la armadura destruida y varias apuñaladas en todo el torso.
-¿Por qué esta así?- se preguntó Dan y comenzó a sentir doce cosmos y varios Ki en el Santuario.- Estos cosmos son de...
-¿Habrán sido los Caballero Dorados?- preguntó Ally mirando a Saga quien respiraba con dificultad.
-Quizás...- asumió Dan.- Verifica si tiene la Piedra.
Ally checo detenidamente a Saga. Sus manos estaban totalmente llenas de sangre y sus dedos rotos, pero no estaba la Piedra Filosofal ahí. Miró en la capa y nada. No había indicios de que tenía el objeto mágico.
-No hay nada, Dan.- dijo muy angustiada la niña.
-¡¿Qué?!- dijo Dan con ira y apartó Ally para que él buscara bien. Desafortunadamente no encontró nada tampoco. En eso cuando se iba a levantar sintió un liquido viscoso que le tomo la muñeca con fuerza. Era Saga y seguía con vida.
-¡LARGATE!- ordenó, tosiendo sangre y gruñendo de dolor.
-Dime donde está la Piedra y luego tendrás mi permiso para morir, maldito asesino traidor.- gruñó Dan tomándolo del cuello y levantándolo.
-¡QUE SE... VAYAN...YA!- refutó Saga intentado levantarse pero no sintió sus piernas.
Una luz rojiza llamó la atención de Dan y miró de donde venia. Sorprendentemente, esa luz estaba consumiendo a Saga rápidamente, haciéndolo desvanecerse sin dejar ningún rastro.
-¿Qué pasa?- se extrañó Dan desenvainando su espada.
-Busquemos la Piedra, quizás no la encontró.- ordenó Ally cargando su blaster.
-¿Y si la encontró y se la dio?- preguntó Dan muy preocupado y enojado.- No quiero que estés en riesgo.
-Voy a luchar si Zalgo vuelve, ahora busquemos esa Piedra.- aseguró Ally y ambos chicos buscaron la sagrada piedra por toda la cueva muy preocupados y a toda prisa.
Tenían el corazón latiendo a mil por el miedo de que Zalgo si hubiera conseguido la Piedra. Dan miró en un abismo dentro de la cueva pero no vio nada, el lugar estaba tan oscuro, ni siquiera la luz de luna lo iluminaba. Ally miró entre las estalagmitas intentando encontrar la roca, pero encontrar una aguja en un pajar, habían muchas rocas. Pero una luz blanca le llamó la atención a Athena. Esa luz venia de un enorme objeto en el centro de la cueva que era iluminado por la luna. Debía de ser algo como un cristal porque la luz se reflejo en él. Se acercó y la luna fue cubierta por las nubes para que Athena viera que era un espejo con un marco dorado. En él se leía un pequeño mensaje escrito en runas antiguas el cual logró traducir.
-"No muestro tu rostro, sino el deseo de tu corazón"- leyó la reencarnación de la diosa de la sabiduría.
Miró fijamente su reflejo y no vio nada diferente hasta que un joven con armadura se acercó a ella y la Ally del espejo cobró vida impresionantemente y volteó hacia atrás. Sorprendentemente, el joven que apareció detrás de su reflejo era Dan. Al verlo, miró detrás de ella para ver que Dan estaba muy detrás. Volvió al espejo y vio a ambos reflejos muy diferentes, Ally se veía como toda una mujer y Dan se veía como un hombre hecho y derecho. Entonces, sin esperarlo, ambos comenzaron a abrazarse cariñosamente para proceder a besarse. Esto sonrojó tanto a Ally que retrocedió muy tímida y chocó con Dan.
-¿Qué ves?- preguntó Dan mirando el espejo y a su amiga consecutivamente.
-Na...nada... nada...- dijo muy nerviosa Ally la cual estaba roja como un tomate.
Dan miró atentamente el espejo. Ally tuvo miedo de que Dan viera lo que ella reflejó. Pero algo distinto apareció ante el Caballero Pegaso. Se veía a él y detrás de él una silueta femenina salió detrás de él. Se mostró y Dan se emocionó y de sus ojos salieron unas cuantas lagrimas. Ese cabello morado y esos ojos azules como los de él jamás los olvidaría.
-Mamá...- dijo con voz débil y el reflejo de Saori Kido le sonrió en señal de que era ella. El reflejo le puso la mano en el hombro, acariciando a su hijo.
Dan quiso tomar la mano de su madre, pero solo consiguió tocar su hombro muy triste por no sentir a su madre. Saori dejo de acariciar a Dan para que no se sintiera mal al ver que no estaba con él. De repente, una segunda silueta apareció. Esta era de un hombre con un cabello igual de alborotado que Dan. Inesperadamente, ambos reflejos miraron asustados al pequeño Caballero, evitando que Dan viera a la segunda silueta ya que volteo detrás de él.
-Impresionante ¿no?- dijo una voz masculina y algo familiar para Dan. Ally se puso detrás de él.
-¿Quién eres?- gritó Dan haciendo eco en la cueva mientras la luz de la luna que quedaba se iba, dejándolo todo oscuras.
Unas llamas negras y rojizas iluminaron débilmente la cueva y mostraron una silueta masculina de cabello largo rojizo acercándose a ellos. Esa armadura Dan la conocía, ese rostro lo recordaba, sin duda era...
-¡¿Maestro Tártaro?!- se sorprendió Dan muy aliviado de que un maestro de confianza viniera ayudarlos. Pero inesperadamente, Tártaro de la Flecha atacó a Dan lanzándolo contra el abismo quedando a unos milímetros de caer.
-¡Dan!- chilló Ally y fue a ayudar a su Caballero en peligro.
-Haz reunido todas las piezas, Pegaso, te felicitó.- dijo Tártaro.- Pero me temo que te has equivocado en una.
De repente las llamas tomaron forma detrás de Tártaro para mostrar una silueta demoniaca con cuernos y un rostro macabro.
-¡Ahhhhh!- gruñó Dan de dolor, era Zalgo.- No... no es cierto... ¿usted...?
-Si, yo fui quien estuvo detrás de la Piedra Filosofal, Pegaso.- dijo Tártaro, el Traidor.
-Pero usted es un Caballero de Plata.- dijo Ally muy asustada.
-Yo ayude a mi Lord, prefiero servir a él a una niña estúpida, ¿o qué? ¿Pensaron que Saga de verdad los traicionaría? No, el me estuvo persiguiendo todo este tiempo, ese maldito me vigilaba día y noche.- dijo entre dientes Tártaro acercándose a Dan y Ally quienes retrocedieron un poco. –Pero ese maldito licántropo me preocupó más por como dejo a mi maestro...
-¡Dame la piedra, tu y Zalgo no triunfaran, han fracasado!- gruñó Dan muy enojado y apuntando a su enemigo con su espada.
Tártaro se carcajeo como un loco. Dan camino hacia las escaleras de donde vino. Ally tenía tanto miedo que soltó su blaster accidentalmente y se escondió detrás de Dan.
-¿Crees que será así de fácil, Pegaso?- dijo el Caballero de Plata.- ¿Y si te dijera que no la he encontrado?
Dan y Ally compartieron miradas y se quedaron atónitos. Zalgo aun no conseguía lo que quería y eso era una gran ventaja.
-¿No la tienes?- pregunto Ally muy temerosa.
-Claro que no, niña tonta.- contestó muy furioso Tártaro.
-¡Hijo de...!- Dan se lleno de ira y lanzó sus Meteoros de Pegaso contra Tártaro lo cual no le hizo nada.
-¿Este es el Séptimo Sentido, o te engañaron?- se burló el Caballero Traidor.
-¡No vuelvas a insultarla!- gritó Dan.- Por tu culpa... mis ambos... mi familia...
-¿Y qué hace aquí este espejo?- preguntó Ally muy enojada.
-Verás, Athena...- exclamó Tártaro mientras Dan y Ally estaban detrás de las escaleras.- al no conseguir la Piedra Filosofal por mis propios medios, supuse que el espejo me ayudaría.- antes de continuar Ally y Dan se miraron muy extrañados ¿Cómo el espejo lo ayudaría?- El espejo no solo refleja lo que tu maldito corazón quiere, sino que puede hacer realidad ese deseo.
-¿Hacerlo realidad?- preguntó Dan bajando su espada. Por algún motivo se sintió tentado por realizar la resurrección de sus padres, pero Ally supuso que eso quería y le dijo que no discretamente.
-Sí... pero no lo consigo.- prosiguió Tártaro.- Me miro, me veo con la Piedra Filosofal, pero... ¿Cómo la consigo?
-¡USA A LOS MUCHACHOS!-gruñó una voz demoniaca.
-Zalgo...- dijo entre dientes Dan.
-¡Aproxímense, Pegaso!- ordenó Tártaro y Dan y Ally caminaron hacia el espejo lentamente tomados de la mano.-¡Ahora, miren el espejo y díganme que es lo que ven!
Ambos chicos miraron sus reflejos que no tenían nada diferente. Nadie apareció detrás de ellos, no se besaron, no sucedió nada hasta que ambos reflejos se soltaron y el reflejo de Dan abrió su mano mostrando una roca brillante de forma extraña: La Piedra Filosofal. Nuevamente ambos reflejos se tomaron de las manos, tomando la Piedra y escondiéndola entre ellos. Dan y Ally estrujaron sus manos y sintieron algo entre ellas.
-¿Y bien?- preguntó Tártaro.- ¿Qué fue lo que vieron?
Dan y Ally se miraron muy atemorizados y el Caballero de Bronce habló.
-Esto... nos vemos...- tartamudeó el chico.
-¡Abrazados!- se apresuró a decir Ally sin soltar a Dan y este se quedo muy nervioso por lo que dijo su amiga.- y... y... nos besamos...
-¡Y nos acostamos!- dijo tontamente Dan muy sonrojado y Ally lo miró de la misma forma.
-¡MIENTEN!- gruñó Zalgo con ira.
- Digan la verdad ¡ahora!- ordenó Tártaro muy enojado.
-Bien... la verdad es que... ¡MORIRÁS!- Dan uso una vez más sus Meteoros de Pegaso y esta vez hizo un gran daño a Tártaro.- ¡Vámonos!
Ally y Dan corrieron a las escaleras pero las llamas rojizas oscuras les impidieron el paso y no había escapatoria. En eso, Tártaro se levanta y comienza a verse diferente mientras un aura oscura lo rodea. Su cabello se hace negro al igual que su armadura, su cosmo se hace maligno y su rostro dejo de ser el mismo, mostrando unos ojos completamente llenos de sangre hasta las cuencas y una sonrisa de colmillos enormes endemoniada cubierta de sangre.
-¡Dan... DAN!- gritó Tártaro muy enfurecido con voz demoniaca.
-Ally, vete, ¡ya!- ordenó Dan abalanzándose contra Tártaro ardiendo su cosmo hasta el Séptimo Sentido y Ally se escondió en una roca, mirando la batalla.
-Solo tú y yo, hijo de Athena.- gruñó Tártaro y se lanzó contra Dan del cual esquivo la embestida y logró cortar el abdomen del Caballero de Plata.
Sin embargo, fue atacado por una flecha cósmica que le atravesó el brazo izquierdo por completo. Aun así, el Caballero Pegaso encajo su espada en el ojo de Tártaro esperando derrotarlo.
-¡METEOROS DE PEGASO!- musitó Dan y sus Meteoros atravesaron el cuerpo del servidor de Zalgo.
Sin embargo, fue inútil que lo atravesaran, haciendo que se desangrara, ya que no sintió nada y siguió avanzando. Dan retrocedió, pero Tártaro fue más rápido y un montón de flechas aparecieron en sus puños como guantelete y comenzó a atacar frenéticamente a Pegaso, encajando las flechas en su cuerpo.
-¡MUERE... MUERE... MUERE!- decía consecutivamente el Caballero de Plata mientras era bañado por la sangre de Dan.
-¡No, Dan!- chilló Ally al ver a Dan en peligro y en su mano derecha un báculo apareció: Niké, la diosa de la victoria y báculo de Athena.
-¡AGGGG!- gritó de dolor Dan mientras sentía como una flecha se quedo incrustada en su pierna derecha.
-Ahora no eres tan rápido, Dan...- se burló Tártaro.
Cuando estaba a punto de dar el golpe final al pequeño guerrero, el Traidor fue atravesado por el pecho por el báculo de Ally, salpicando sangre sobre Dan y Athena la cual era de un color negro intenso.
-¡ATHENA!- gruñó con furia Tártaro mientras intentaba tomar a Ally para matarla.
-¡NO!- intervino Dan y saco su espada del ojo del adversario para encajarlo en su pecho al igual que Ally.- ¡Ahora, Ally, ahora!
Ambos niños levantaron sus armas desde el pecho de Tártaro hasta partirlo a la mitad, dejando expuestos sus órganos y un gran charco de sangre negra.
Finalmente, la batalla acabó, todo acabó, Zalgo fue vencido una vez más. Dan se sentó en el suelo muy exhausto y herido mientras que Ally se acercó a él para intentar sanarle.
-¿Todo... acabó?- preguntó la pequeña Athena mirando fijamente a Dan quien se encontraba fuera de sí.
El Caballero Pegaso comenzó a ver algo que lo hizo atemorizarse. Se veía a él en un ambiente extraño. Había muchas ruinas y varios guerreros asesinados brutalmente. A lo lejos veía a un sinfín de criaturas como dragones negros, demonios, grifos, serpientes, arañas gigantes y guerreros de armaduras negras, luchando contra Caballeros y otros guerreros. Veía su reflejo en un charco de sangre. Tenía una rara armadura blanca con detalles dorados cubriendo una prenda negra que estaba en su cuerpo. Miró a su lado derecho y ahí estaba su espada la cual comenzó a brillar. Al frente visualizó dos pies cubiertos por una armadura totalmente negra que era cubierta por una tela gris cubierta de sangre negra. El extraño ser no tenia armadura en su torso ni en sus brazos, solo un hueso extraño sobresaliente de su cuerpo de color negro. Miró más arriba y vio la cabeza de la cual salían cuatro cuernos; dos en la frente y otros dos a los costados.
-Terminemos con esto como lo empezamos...- dijo el extraño ser y levantó una espada negra la cual fue cubierta por un cosmo del mismo color y chocó con la espada de Dan, creando una luz intensa que lo cegó.
-Juntos...- murmuró Dan empuñando su espada con la sangre de tártaro en su hoja.- Se acabó... todo acabó...
Ambos niños se pusieron de pie y avanzaron hacia las escaleras las cuales habían sido liberadas de las llamas creadas por Zalgo. Estaban muy cansados que Ally cayo desmayada y Dan trató de tomarla en brazos, pero cayó de rostro viendo borrosamente las escaleras las cuales eran pisadas por varias personas; unas once botas doradas, unas piernas de tela anaranjada, azul y morada, y unos rostros de once pequeños quienes estaban cubiertos de sangre.
-¡Dan!- gritaron de alegría los niños.
Estas voces, eran familiares para Dan. Reconocía esa voz que siempre le había dicho que era mejor que él en todo, reconocía esa voz que le ayudó a pasar los exámenes de pociones, reconocía esas dos voces que lo mantenían unido a su única familia, reconocía esas cinco voces que siempre lo metían en líos haciendo travesuras por todo el castillo, reconocía esa voz del que corría mas rápido, reconocía la voz de aquella persona que siempre estuvo con él cuando estaba en peligro. El rival, la lista, las alentadoras, los alborotadores, el veloz y la estratega. ¿Cómo olvidarlos?
-Mario...- murmuró débilmente el Caballero Pegaso viendo como su rival lo ayudaba a levantarse.
-Aquí estamos, amigo...- dijo una voz femenina quien levantaba a Ally.
-Diana...- se alegró Dan al ver a su compañera de estudio.
-Vamos, Jugador estrella...- dijo una voz proveniente de un niño pequeño al cual reconoció inmediatamente.
-Leo...- se emocionó Pegaso.
-Aun nos debes el otro campeonato, buscador...- agregó una voz proveniente de un niño alto.
-Alan...- miró Dan lentamente a sus amigos.
-Aunque la estrategia no haya funcionado, lo hiciste, Dan.- dijo una voz femenina de una niña de cabello negro y largo ayudando a Diana con Ally.
-Zulle...- dijo Dan muy aliviado.
-¡Vamos, eres un Caballero, no te rindas!- regañó un joven pálido.
-Héctor...- dijo Dan caminando con dificultad pero con una sonrisa de felicidad en su rostro.
-A ver, estúpido, ¿eres Caballero o no?- dijo un chico el cual Dan reconoció por su forma de ser.
-Kevin...- habló Dan soltando una risa débil.
-¿No querías que te enseñara a ir más rápido, Dan?- se burló un niño que corría de forma veloz alrededor de Dan y los demás.
-Diego...- exclamó alegremente el Caballero de Bronce.
-Menos mal que siguen vivos, no soportaría verlos muertos...- dijo con tristeza una muchacha de cabello azul el cual cambio a negro repentinamente.
-May...- se entusiasmó Dan al ver a su amiga con cabello vario color.
-¿Creías que te ibas a deshacer fácilmente de nosotros?- se rio un joven de piel morena.
-Carl...- dijo Dan muy sonriente.
-Sabia que lo lograrías, por eso eres mi cuñado, Dan...- dijo alegremente Yellow ayudando a Mario a llevar a Dan a un lugar seguro.
-Yellow... - dijo Dan muy aliviado al ver todos sus amigos con él aun con vida.- Veo que encontraste tu media toronja, Mario.
-Cállate, tonto.- dijo en son de broma Mario mientras reía.
-Es... esperen...- dijo una voz débil que provenía detrás de ellos.- ¡Dan...Aggggg!
-¡Es Tártaro!- gruñó Dan volteándose con dificultad y preparándose para luchar junto a sus amigos contra él.
-Espera... - balbuceó Tártaro el cual comenzó a transformarse en humano de nuevo, dejando aquel rostro demoniaco y macabro. En su mano derecha sostenía la Piedra Filosofal.
-¡Dame... la Piedra...!- gruñó Dan acercándose al Caballero de la Flecha.
-Mátame...- suplicó Tártaro muy frustrado mientras su cuerpo comenzaba a deformarse de forma extraña, casi como si fuese a estallar.
-¿Qué ha dicho?- se extrañó Shiryu de Libra intentando ayudar a Dan y los demás.
-No, - lo detuvo Kiki.- esta batalla es de Dan y sus amigos, ya han ganado el encuentro, no hacemos falta.
-Por favor... ¡Aggggg!- prosiguió Tártaro acercándose a Dan y dándole la Piedra en la mano abierta la cual fue cubierta por la sangre del Caballero Traidor.- Antes de que...¡SE LIBERE...AGGGGGG!
-¿Liberarse?- se extrañó Dan sin entender lo que el Traidor decía.
-¡MATAME YA!- ordenó Tártaro y tomó la espada de Dan poniéndola en el lateral de su cuello, pero comenzó a llenarse de oscuridad en todo su cuerpo.- ¡Ya es tarde...AHHHHH!
Increíblemente, Tártaro estalló en mil pedazos. Sus órganos cayeron al abismo de la cueva la cual fue pigmentada por la sangre del Traidor que fue brutalmente asesinado.
Dan a penas y supo que sucedía, pero decidió olvidarlo al tener por fin la Piedra Filosofal en sus manos, a salvo de las garras de El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado, de aquel que asesinó a sus padres, de aquel a quien derrotó hace once años, de Zalgo.
-Lo logró...- dijo Gohan muy feliz, pero esa sonrisa de esperanza le fue borrada al sentir una presencia maligna que se acercaba hacia donde se encontraba Dan.- ¡Imposible, Dan derrocó su plan!
-¿Qué sucede, Gohan?- preguntó Goten a su hermano mayor muy preocupado por Dan.
No fue el único en sentir la presencia maligna cerca de Dan la cual inquietaba a todos en el Santuario y sus alrededores, incluso a los pequeños pueblos que se encontraban cerca.
-¡No lo han derrotado!- se alarmó Emilio quien comenzó a retroceder de miedo.
-¿Qué es este cosmo tan poderoso y demoniaco?- se preguntó Mike muy angustiado.
-El único que tiene este cosmo es...- habló Olivia mirando hacia la cueva donde se encontraban Dan y los maestros.
De repente, una oscuridad eterna inundo la cueva. Mario y los demás miraron a Dan con temor, o más bien detrás de él. Antes de decir algo, unos seres oscuros con sangre en todo su cuerpo negro cubierto de espinas salieron detrás de los jóvenes Caballeros de Bronce.
-¡Athena!- se asustó Seiya quien apareció de la nada y se lanzó hacia la reencarnación de su diosa para salvarla, pero él fue atrapado por una cadena con espinas enormes que atravesaron su cuerpo con gran facilidad, doblándose para evitar el escape del Caballero Dorado.
-¡Seiya!- gritaron los Caballeros Dorados quienes fueron encerrados en esferas negras con brillo espectral, absorbiendo sus energías sin más hasta matarlos.
-¡Dan!- gritó Goku quien intentó salvar a su discípulo, pero fue a parar a las estalagmitas las cuales lo atraparon al encajarse en sus piernas y brazos al igual que el señor Piccolo y Vegeta.
Dan sintió un dolor insoportable, mil veces peor que cuando fue atacado en el Bosque Prohibido por Zalgo, pero era la misma presencia de aquella vez. Sintió tal dolor que dejo caer la Piedra Filosofal al suelo y comenzó a gritar. Su collar brillaba como si algo lo inquietara y su espada le fue despojada, dejándolo indefenso con una armadura potente con unos pocos rasguños. Comenzó a recordar su trágico pasado, vio a sus padres siendo asesinados, a un sinfín de guerreros siendo masacrados por toda clase de guerrero y criatura. Después de ver toda la sangrienta batalla de hace once años escuchó una voz que provenía detrás de él, literalmente.
-Nunca estarás a salvo.- dijo la voz profunda con tono demoniaco y Dan a penas se pudo girar ya que sintió un extraño objeto frio, puntiagudo, filoso, oscuro y doloroso atravesando su espalda por el corazón hasta salir por el pecho, siendo más visible desde este sitio. Era una espada negra, cubierta de sangre que pertenecía a Dan. La forma la reconoció inmediatamente, tenía una hoja idéntica a la espada de Dan. ¿Quién era ese ser maligno?
