Disclaimer: Algunos de los personajes no me pertenecen, Stephenie Meyer los creo en su preciosa cabecita, yo solo juego un poquito con ellos. La historia es mía.


Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite . fanfiction)


—Muy bien, Cynthia, te lo voy a preguntar otra vez, y quiero que me contestes con honestidad: ¿segura que quieres ir? Este es tu último año para quedarte fuera, a partir del siguiente estás obligada a asistir.

Estaban por irse a la casa de Edward e Isabella para la escabrosa cena de Año Nuevo. Jasper quería asegurarse que Cynthia sabía en lo que se iba a meter.

—Muy segura. Si es mi último año como invitada de fuera, quiero utilizarlo como parte de mi preparación.

—De acuerdo. Entonces, andando.

Fuera de la casa, los esperaba el auto que los llevaría a Bel Air, así lo habían dispuesto Isabella y Edward para los miembros de mayor rango de la familia. Con el nombramiento, la cena había llamado tanto la atención que los reportes aseguraban que esa era la primera vez que se llevaba a cabo. Querían dejar en claro que era de los Swan, solo de los Swan y que no tenía nada que ver con las nuevas obligaciones de Edward e Isabella.

A punto de llegar a Bel Air se encontraron con los autos de Elise y Marie, y Charlie, Renée e Ilaria. En una fila uniforme, los tres autos ingresaron al barrio. Esta llegada la cubrieron algunos fotógrafos, a lo que Alice no pudo mostrarse más emocionada. Eso era lo que ella quería, que la gente supiera quién era, que la respetaran y la veneraran como a una reina.

Como ocurrió el año pasado en Hollywood, el ejército de mucamas esperaba por el equipaje.

Saludaron a las cámaras al bajar de sus respectivos autos. Mientras ellos entraban a la casa, los choferes entregaban protectores de ropa y bolsos. Victor los recibió en el vestíbulo y los llevó a sus respectivas habitaciones. Habían estilistas esperando para ayudar a Renée, Ilaria, Alice y Cynthia a arreglarse.

Los vestidos y esmóquines fueron colgados fuera de los vestidores, mientras las chicas estaban sentadas frente a los tocadores de sus habitaciones, con un montón de personas atendiéndolas.

En cosa de pocas horas, las estilistas a cargo de Alice bajaron las manos y dejaron sus herramientas en el tocador cuando la dejaron lista con un moño de apariencia descuidada y un maquillaje muy dramático.

Le ayudaron a meterse en el ajustado vestido beige de satín con los hombros caídos y una pronunciada apertura para la pierna izquierda. Lo acompañó con un par de stilletos dorados, un impresionante collar de diamantes, los aretes de Elizabeth y el anillo de diamantes rosados que llevó al aniversario de Cullen's.

Jasper vistió a Tyler con un pequeño esmoquin similar al suyo, y a Jacqueline con un hermoso vestido de terciopelo en color verde con un lindo cuello Peter Pan de encaje blanco.

Una de las asistentes de Kebi fue por ellos. Al salir, se encontraron con Edward e Isabella, esperando en el pasillo.

—Hola —los saludó Isabella con un suspiro y una pequeña sonrisa.

—Estás preciosa —le dijo Jasper. Alice apretó los labios, porque era la verdad. Era la Princesa a pleno con su impresionante vestido turquesa y su tiara de diamantes, como salida de un cuento. Le… molestaba. ¿Por qué no podía ser como ella? ¿Por qué ella lo hacía parecer tan fácil? ¿Por qué nunca se equivocaba? ¿Qué tenía ella de especial que todo en la vida le salía bien? ¿Por qué no podía ser como ella? Parecía casi injusto.

—Está demasiado nerviosa como para aceptarlo en este momento —dijo Edward.

—Estoy bien —discutió ella. Edward la miró con una ceja alzada—. Tal vez un poco…

—Alterada —completó su marido. Ella asintió.

—¿Hay algo que debamos saber? —preguntó Jasper.

—No —respondió la pareja al unísono.

—Sí —soltó Ilaria, uniéndose a ellos en un vestido verde de terciopelo con el cabello en una desastrosa coleta—. Hay muchas cosas que tienen que saber.

—¿Sobre qué?

—Sobre por qué llegamos en autos con los fotógrafos fuera de la casa y no en el resort. De hecho, la cena no iba a ser aquí, nos íbamos a ir a Seattle, pero la abuela los mandó al demonio, después propusieron Hollywood, pero Kebi por fin se plantó frente a la Princesa y le dijo lo difícil e imposible que era mudar la fiesta a doce horas de realizarla.

—¿En Hollywood? —preguntó Renée. Ella y Charlie habían llegado al final del discurso de Ilaria, no entendían nada, a decir verdad nadie entendía qué estaba pasando. Ilaria parecía estar muy enojada con Isabella y Edward, algo que era extraño.

—¿Se lo dicen ustedes o se los digo yo? —inquirió la rubia. Al no haber respuesta, Ilaria se dirigió a la familia—. Bien. Los Cullen quisieron secuestrar la cena.

—¿¡Qué!? —gritaron Charlie y Renée.

—Ilaria —reclamó Isabella.

—¿Cómo que secuestrar la cena? No… no entiendo —dijo Jasper.

—Todos esos artículos de esta siendo la primera gran cena de Año Nuevo fueron promovidos por Esme, Clotilde y Siobhan. Olvídense de las noticias de hace dos años del compromiso y todo eso, esas tres se las arreglaron para que las fiestas anteriores no existieran, al parecer ahora todo va a girar en torno a la familia Cullen, incluso nuestros eventos. ¿Navidad, Jasper? Los Cullen rentando una casita en un vecindario para que fuera privada. ¿El cumpleaños de Vanessa? Fue el cumpleaños de la heredera. ¿Tu debut, Cynthia? La presentación oficial de la niña. ¿Y saben qué es lo peor? Que estos dos no están haciendo nada para evitarlo, más que coberturas de nuestra llegada y en cinco minutos: una fotografía familiar, en la que, seguramente, mamita suegra, papito suegro y sus dos dulces pastorcitas se van a meter. Pero Raoul no —remató, mirando a su hermana con molestia. Taconeó hacia las escaleras. Isabella la siguió, gritando su nombre.

—Yo… no sé qué decir —musitó Edward.

—Creo que Ilaria lo dijo todo —replicó Charlie.

—Lo siento mucho, Charlie. De verdad. No creímos que mi familia fuera capaz de…

—Ese es el problema con tu familia, Edward. Siempre hacen las cosas por debajo del agua, tú mejor que nadie debería saberlo.

—Bueno, no hagamos de esto un drama que arruine el trabajo de Isabella —intervino Elise.

—Ilaria está demasiado enojada, abuela…

—Se le va a pasar cuando tu hermana le diga que autoricé que el chico Parker esté en la fotografía con nosotros.

—No creo que sea solo eso —respondió Renée.

—Todos sabíamos que ese ascenso iba a significar un cambio importante no solo para ellos, sino para todos nosotros. Ellos lo están haciendo muy bien —musitó, mirando a Edward, quien le sonrió en agradecimiento—, no dejemos caer más gotas en su vaso. Lo último que necesitan es que en el único lugar en el que aún se sienten realmente seguros, se les reclame por cosas que no pueden controlar.

—En realidad, yo…

—Edward, cállate, que te estoy ayudando.

—Sí, señora.

—Ahora, muévanse. Hay una fotografía familiar que nos debemos tomar antes que nuestra cena sea completamente sitiada por una estirpe de británicos con aires de grandeza y poco sentido de la vida real. Edward, ¿me permites el honor?

—Será todo mío, señora —le dijo él, ofreciendo su brazo para escoltarla.

Alice sonrió maliciosamente, siguiéndolos. ¿Ese era el plan de Esme? Esa mujer era brillante.

Resultó que sí, el mayor problema de Ilaria era que, según su estatus de "novios", Raoul no podía aparecer en las fotografías familiares, pero con la excepción que Elise hizo, su molestia desapareció.

Se tomaron la fotografía en menos de cinco minutos, acto seguido los anunciaron en el jardín con bombo y platillo, así quedaba más claro quiénes eran los anfitriones en realidad.

Ese año, la cena fue un desastre desde el primer minuto que comenzó. No hubo nada que saliera bien: que si la comida no estuvo lista a tiempo, que si sufrieron un apagón, que si la champaña para el conteo no fue la que ordenó Isabella…

Después de un rato tras las campanadas, Isabella y Edward desaparecieron. Alice no podía disimular su sonrisa de disfrute. ¿Pensaba que todo le salía bien a la Princesa? Claramente no había considerado a Esme…

—Así que, divide y vencerás —rio Alice cuando la mujer se acercó a ella pasada la una de la mañana.

—Sí, bueno, hay que empezar con pasos de bebé. Aunque, dudo que estos hayan sido eso…

Alice la miró con admiración.

—¿Qué?

Esme se encogió de hombros.

—El aceite de trufas desapareció por agonizantes quince minutos —explicó—, el ingrediente principal de este año, ¿puedes creerlo? La cabina de la luz no está escondida como debería, y los poderes extra fueron a otra dirección. ¡Oh! Y la champaña… Qué pena. Tal vez alguien aquí imita a la perfección la voz de Isabella —dijo, con ese timbre chillón que distinguía tanto a la Princesa. Ambas mujeres soltaron carcajadas—. Fue como quitarle un dulce a un bebé. Lo siento por los Swan y su gran noche, pero no se pueden evitar los daños colaterales.

De repente, Alice recordó la mención del debut de Cynthia en el regaño de Ilaria. Se molestó, encarando a Esme.

—Hablando de eso: ¿puede evitar que mi hermana sea un "daño colateral"?

—Ah, sí. Su debut. Veré qué puedo hacer. Por cierto, de nada —musitó, alejándose.

—¿Por qué?

—Lo sabrás en la mañana —respondió, guiñándole un ojo.

Lo que ellas no supieron fue que Cynthia había escuchado toda su conversación. Ya estaba en camino a la habitación de Edward e Isabella para ponerlos al tanto; no esperaba encontrarlos despiertos aún, pero tenía la esperanza. Debía contarles de inmediato, no podía esperar a la mañana. ¿Qué si Esme tenía un plan para rematar el daño hecho esa noche?

Golpeó con fuerza la puerta, llamándolos a murmullos. Edward abrió, aún en el esmoquin de la cena. Podía escuchar a Isabella gimoteando desde algún lugar de la habitación.

—¿Qué haces aún despierta a esta hora? —le preguntó Edward con su tono de papá. Cynthia lo empujó al interior, entrando con él.

—Tengo que decirles algo.

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La familia se reunió alrededor de la mesa para desayunar esa mañana. Las secuelas de la noche anterior aún se sentían en el ambiente, sobre todo porque Elise, Charlie y Renée habían tomado una decisión que debían comunicarle a Isabella.

Nunca era un buen momento, pero tenían que hacerlo. El desastre de la noche anterior no se podía volver a repetir.

—Cariño, la abuela, mamá y yo estuvimos hablando —comenzó Charlie.

—No me digas —soltó ella—. Eugenia, ¿te puedes llevar a la niña, por favor? ¿Y se puede saber de qué estuvieron hablando? —preguntó, mientras la niñera tomaba a Vanessa en brazos y la sacaba apresurada del comedor.

—Tus padres y yo consideramos que tal vez organizar la cena de Año Nuevo es demasiado para ti. Tienes ciertas obligaciones que cumplir. Tal vez deberíamos seguir con la tradición y pasar ese deber a otras personas. No queremos que te presiones.

Alice disimuló muy mal su alegría. ¿A esto se refería Esme? ¡POR FIN!

Isabella mantuvo el rostro impasible, como siempre. Tranquila, serena, como si le hubieran dado una actualización del clima.

—No quieren que me presione —musitó, mirando a Edward—. Abuela, esa palabra no alcanza a describir lo enloquecida que estoy.

—Más a nuestro favor, no tienes que…

—¿No tengo que encargarme de esta fiesta tan importante para nuestra familia? Sí, entiendo, anoche salió mal, pero no fue mi culpa.

—Cariño, tal vez tú estás segura que hiciste todo a la perfección, y nosotros lo creemos, pero puede ser posible que hayas dejado pasar algunas cosas…

—No. Gracias a ustedes y a Jasper que se hicieron cargo de Acción de Gracias y Navidad, además, obvio está, del bautizo de Jacqueline, pude dedicarme de pleno a la fiesta. No dejé pasar nada.

—Aun así, pensamos que deberías concentrarte en las obligaciones que tienes con la familia Cullen y dejar que otros se hagan cargo de esto…

El suspiro de Isabella interrumpió a Elise. Se-estaba-enojando, se-estaba-enojando, se-estaba-enojando.

—No —dijo.

—Nena, lo hacemos por tu bien.

—Dije que no. ¿O qué? ¿Ya creen que pueden decidir cómo voy a manejar mi vida sin antes consultármelo?

—Por supuesto que no, lo que queremos decir es que…

—Imagínense por un segundo tener veinte o veinticuatro años y que sus vidas cambien en menos de cinco minutos. ¿Pueden? De repente todo lo que conocían se acabó, solo porque alguien que no eran ustedes lo decidió así. No les avisaron, no los prepararon, no hubo una sola señal para que pudieran pensar que los treinta años o más que creían tener de libertad no existen, se convirtieron en segundos. De la nada ya no era solo una personita de cuatro meses de edad que aún no dormía toda la noche quien depende de ustedes, ahora son cientos de personas que trabajan en diez empresas de las cuales ahora son dueños.

Charlie, Renée y Elise se miraron, Renée con los ojos brillando con lágrimas.

»Repito: la palabra "presión" no alcanza para lo que mi marido y yo tenemos sobre los hombros, algo que ninguno de ustedes podrá entender, discúlpenme si quiero conservar algo que me haga sentir normal de nuevo, que me haga sentir parte de una familia de la que se esfuerzan por sacarme. Así que no. Ahora, si me disculpan, la primera dama de Cullen's Incorporated debe trabajar incluso en Año Nuevo. Con permiso —dijo, poniéndose de pie. Tiró su servilleta de lino con violencia sobre la mesa y siguió a su asistente.

—Provecho, familia —musitó Edward, levantándose de su silla—. Están en su casa. Si la primera dama no puede descansar, menos el presidente —soltó, justo cuando Victor entraba al comedor con el teléfono en la mano.

Otra pequeña reunión se llevó a cabo en la mesa. Charlie, Renée y Elise discutieron por bastantes minutos. Se pusieron de pie. Renée los envió a todos a acomodar sus bolsos para irse. Mucho ayuda el que poco estorba, había dicho.

—Renée, ¿debería mostrarles las ideas que tengo o…? —preguntó Alice. Renée le frunció el ceño, confundida.

—¿De qué hablas?

—De la cena de este nuevo año, obvio.

—No entiendo.

—Bueno, después de ver el desastre que fue la de anoche, considero que debería poner todo mi esfuerzo desde hoy para que no volvamos a pasar por esa vergüenza.

Renée suspiró, asintiendo. Alice lo tomó como su aprobación.

—Creo que no nos explicamos bien, Alice. En caso de que Bella no pueda hacerse cargo de la fiesta, la planificación regresa a mí, Jasper lo pidió así.

—Bueno, Jasper lo pidió, pero yo no…

—Además, decidimos que no le vamos a quitar eso —continuó Renée, ignorando la respuesta de Alice—. Ella tiene razón. Si planear la cena de Año Nuevo la hace sentirse parte de su familia, entonces que continúe haciéndolo. ¿Por qué la vamos a castigar por una vez que las cosas le salieron mal, teniendo dos cenas anteriores y muchas más fiestas que fueron todo un éxito gracias a ella y su trabajo?

—¿Qué? Renée, lo que sucedió anoche fue una muestra de lo incapaz que es de manejar…

—Te recuerdo, Alice, que estamos hablando de mi hija —la interrumpió—. No voy a permitir que hables de esa manera de ella, ¿quedó claro? —advirtió, para después subir a las habitaciones.

—Lo siento, hermana. Parece que no siempre se puede ganar haciendo trampa —soltó Cynthia. Alice la miró, indignada. Eso era traición a toda regla. Cynthia debería estar de su lado, no con los Swan, ¿dónde estaba su lealtad de hermana?

Charlie le pidió a Jasper que fuera a darle la noticia a su hermana, pero él no quería ir solo. Honestamente, le tenía mucho miedo a la Princesa cuando se enojaba de una manera tan serena, era lo peor. Ilaria se ofreció a acompañarlo, nadie mejor que ellos para hablar con ella durante uno de sus humores.

Delfina y Edward le avisaron a Bella la presencia de sus hermanos mayores. Ella se acercó, sin sonreírles. Seguía enojada, mucho.

—Ya nos vamos —le dijo Jasper.

—Bien —respondió Bella.

—Mamá, papá y la abuela querían que te dijéramos que cambiaron de opinión. Sigue siendo tuya —anunció Ilaria.

—De acuerdo. ¿Qué dijo Alice?

Ilaria y Jasper se miraron, confundidos.

—¿Alice? Bueno, ella no entendió al principio quién se iba a hacer cargo si tú no lo hacías, pero mamá le explicó y, no estaba feliz, pero lo superará —respondió Jasper. Bella volteó a ver a Edward, quien replicó alzando las cejas, como si estuviera diciendo "interesante". Raro—. ¿Por qué? ¿Qué ocurre con Alice?

—Nada, solo pensé lo mismo que ella. La tradición dice que la pareja heredera es quien debe hacerse cargo de la fiesta; mamá y papá la rompieron conmigo solo porque ustedes aún no estaban casados. Creí que si yo no lo hacía, entonces…

—No. Yo no quiero eso.

—Pero Alice sí.

—Tú haces un trabajo excelente, Bella, cada año pones la vara cada vez más alta. No podríamos llenar nunca esas expectativas.

—Me alegro que todo haya quedado claro, sin dramas —dijo. Edward se aclaró la garganta detrás de ella, lo que pareció una señal. ¿Qué se traían ellos dos?—. ¿Crees que pueda hablar unos minutos con Cynthia antes de que se vayan?

—Seguro. ¿Pasa algo malo?

—No, solo quiero asegurarme de que esté bien con la profesora de Ilaria y las clases de baile.

—Oh. En ese caso, por supuesto. Le diré que pase.

—Gracias. Se van con cuidado. Illy, ¿puedes quedarte un segundo? Edward ya asignó el presupuesto y necesitamos platicar sobre eso.

—Claro —respondió.

—Enviaré a Cynthia de inmediato.

—Okey. Oye, ogro, te quiero —le dijo, con voz infantil. Edward e Ilaria no pudieron evitar esbozar una sonrisa cuando Jasper abrazó a Isabella.

—Yo también te quiero, Princesa. Mucho —murmuró él, dándole un beso en la sien—. Nos vemos pronto —se despidió, saliendo del despacho.

—¿Y tu hermana? —le preguntó Charlie cuando llegó al vestíbulo sin Ilaria.

—Se quedó. Tienen que trabajar. Cynthia, quiere platicar contigo.

Cynthia se petrificó, sorprendida. Oh, eso no era bueno.

—Okey —dijo—. ¿Por qué no se adelantan? Me gustaría que ella viera mis avances.

—Está bien. No tardes mucho, ¿de acuerdo?

—No lo haré.

Alice vio a su hermana alejarse, con mucha sospecha. ¿Por qué Isabella querría hablar con ella sin Jasper? Eso no… no tenía sentido.

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Decidieron ocupar el jardín y el salón del resort para tomar las fotografías. Los acompañaron Renée, Ilaria y la mejor amiga de Cynthia. Habían invitado a Isabella, pero ella estaba ocupada con la fundación, así que le pidió a Delfina que llevara las joyas que Elise envió para ese día.

Una vez que estuvo peinada, maquillada y vestida, Renée se encargó de colocarle las joyas: un impresionante collar de diamantes y esmeraldas, con sus aretes y el brazalete, que formaban parte del tesoro que la tía Elizabeth le dejó a Isabella, de las pocas que, sin embargo, tenían algunas condiciones: solo podían ser utilizadas en ocasiones de suma importancia y serían prestadas a discreción de la Princesa, así que cuando Bella supo que el vestido de las fotografías sería verde, no tardó en pedirle a su abuela que empacara el set y lo enviara a Los Ángeles.

A Cynthia le pareció que ese era el honor más grande que le pudieron haber dado. La oportunidad de lucir joyas de la muy querida tía Elizabeth era sumamente importante para ella.

—¿Cómo se sienten? —le preguntó Renée.

—Pesados —respondió. Renée le sonrió.

—Son las piedras. Te vas a acostumbrar.

Comenzaron con sencillas tomas de primer plano, para después pasar a las de cuerpo completo.

La animaron a jugar un poco, dándole listones y varillas de neón. Seth se unió a ella más tarde, con poses muy divertidas y alguna que otra que denotaba la seriedad y formalidad del evento.

Jasper estaba por expresar su preocupación con respecto a algunas tomas que lucían como si fueran fotografías de compromiso, cuando vio a lo lejos a un par de chicas desafortunadamente muy conocidas. Suspiró, llamando la atención de Alice hacia ellas.

Lauren y Heidi no los habían visto, hasta que el flash de la cámara volvió a brillar y resonar en todo el lugar, al mismo tiempo que Alice volteaba. Rodó los ojos, mirando a Jasper.

—¿No vas a ir?

—Por supuesto que no.

—Pues ellas están viniendo —le dijo. Alice resopló—. Compórtate.

—No prometo nada.

Jasper la miró con frustración. Tenía suficiente experiencia para saber que ese "no prometo nada" era una clara advertencia de "no me voy a comportar, vive con eso", lo había aprendido con la Princesa.

—¿Aún van a tardar? —preguntó Heidi.

—Sí —respondió Alice, altanera, sin mirarlas siquiera. Escuchó el suspiro de ambas, lo que la hizo esbozar una pequeña sonrisa—. ¿No les dijeron que el salón y el jardín estaban reservados hoy?

—Sí, pero…

—Muy bien, equipo. Cambio de set —anunció el fotógrafo—. Vamos a darles a los niños cinco minutos.

—Aaron, me gustaría hablar un segundo contigo —dijo Jasper, acercándose al fotógrafo.

—Señoritas, si no les importa, estamos ocupando este salón, así que… —indicó Renée, invitándolas a salir con un gesto de mano.

—Sí nos importa, muchas gracias por preguntar —soltó Lauren con altivez—. De hecho, Heidi puede sacarlos a todos de aquí. Esto es de su familia.

—No, ya no —intervino Ilaria. Lauren miró a Heidi, molesta—. Justo en el momento que tu amiguita Heidi estaba ventilando su humillación a la prensa con tal de perjudicar a mi hermana, su marido y Alice, su familia ponía este lugar a la venta por un ¿desfalco que necesitaban pagar?, y, bueno, mis suegros se encargaron. Llevaban mucho tiempo queriendo adquirir una propiedad en California, cuando supieron de la venta… les tomó dos horas. Así que, en teoría, yo tengo el poder de sacarlas a ustedes dos de aquí.

Heidi suspiró.

—Solo queremos ver el lugar. Es todo.

—Lo harán en cuanto terminemos —dijo Renée—, que espero sea antes que el horario de informes termine. Ahora, por favor, retírense. ¿O necesitan que Alice las guíe a la puerta?

Alice les sonrió. A ella no le molestaría, incluso las sacaría hasta la calle, ese no era ningún problema.

Pero no. No fue necesario. Lauren salió dando desplantes como niña pequeña, Heidi la siguió, gritando su nombre.

—Mamá, eso fue muy Swan de tu parte —rio Jasper. Renée se encogió de hombros.

—Después de treinta años, algo debo haber aprendido de tu abuela. Andando.

—¿Y si le decimos a Aaron que se tome su tiempo? —propuso Alice.

—¿Y si somos mejor que ellas y solamente dejamos que siga trabajando? —soltó Ilaria.

—Bien. Que utilicen este lugar y quede prohibido de por vida para nosotros.

Ilaria se rio.

—Alice, mis suegros son neoyorquinos, del Upper East Side, ¿de verdad crees que van a dejar que esto siga siendo un lugar para fiestas comunes? Ya está cerrado, solo ellos y nosotros podemos utilizarlo.

—¿Hablas en serio? —preguntó Jasper. Ilaria asintió.

—Lo compraron para que sea el lugar exclusivo de nuestras fiestas más importantes —explicó Renée.

—Pero no entiendo. Dijiste que fue mientras Heidi hacía el escándalo, ¿cómo…?

—Raoul los llamó en cuanto se enteró que estaba a la venta y supimos que era de la familia de Heidi. Les contó lo que estaba ocurriendo, y si algo tiene el Upper East Side es que saben cómo vengarse. Para ellos, al tocar a Bella, Edward y Alice, nos estaban tocando al resto. Dedúcelo tú solo…

—Claro que eso no deberíamos estarlo contando aquí —continuó Renée—, porque la compra no se ha hecho pública.

—Sí. Heidi y Lauren lo acaban de arruinar todo. Supongo que Heidi creyó que como aún no es "oficial", podía hacer lo que quisiera, pero no… Bueno, yo tengo que…

—Sí, ve. Y dile a tu hermana antes que ese par se adelanten —ordenó Renée. Ilaria resopló.

—BrujiBella me va a desgarrar la garganta por no decirle antes —chilló.

—Yo te dije que lo platicaras con todos.

—Y ahora tu castigo va a ser que la Princesa te grite —rio Jasper. Ilaria le enseñó la lengua—. Aaron, podemos continuar.

Aunque los Swan no lo habían comprado, Alice lo sintió como una victoria personal. Heidi no volvería a pisar ese lugar, gracias a los Parker que decidieron dar el mejor golpe, por ella. Sí, era una victoria.

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Las invitaciones hicieron una parada por Los Ángeles antes de ser enviadas. Primero fueron a Hollywood, después a Bel Air y, al último, solo para que Cynthia las viera, fueron a Los Feliz.

La caja pesaba cuando Madeleine la recibió. Mucho. Pero aun con todo eso, la dejó en el despacho de Jasper y comenzó a prepararse para irse.

La familia no tardaría en llegar. Estaban teniendo días muy ocupados con el comienzo del año y las preparaciones para la fiesta. Había ocasiones en las que no veían a su cocinera más que en las mañanas, porque cuando por fin lograban volver a casa, ella ya se había ido. Esa tarde fue de las diferentes.

Los tres entraron a la casa cuando Madeleine estaba por llamar a la niñera. La saludaron con una sonrisa, mientras Jasper dejaba el correo en la mesa de café de la sala.

—Ya le di de cenar a los niños, ahora están tomando una siesta, no tardarán en despertar —dijo Madeleine—. Llegaron las invitaciones. Están en su despacho.

—Perfecto, Madeleine. Las veremos después de cenar. Puede irse, nos vemos mañana.

—Hasta mañana, con su permiso —se despidió, saliendo de la casa.

—No vamos a dormir hoy —anunció Jasper, caminando a la cocina.

—¿Por? —preguntó Alice.

—Porque hay que revisar las invitaciones, sellarlas y enviarlas —respondió, encendiendo la estufa.

—¿Y eso no lo puede hacer tu hermana o tu abuela? Quiero dormir.

—Yo también quiero dormir, Alice, pero somos los últimos en verlas. Perderemos el tiempo que ya no tenemos enviándolas de vuelta a Seattle o a Bel Air, o siquiera a Hollywood. Tenemos que hacer eso.

Alice rodó los ojos.

—Pues serán ustedes quienes no duerman. Yo necesito mi sueño de belleza.

—Cynthie, la mesa, por favor —pidió Jasper, ignorando a su esposa.

—Trabaja la mesa… ¿formal o informal? —bromeó. Jasper la miró con ironía.

—Muévete, niña —le dijo. Cynthia lanzó unas risitas, sacando los manteles individuales.

Mientras la cena estaba lista, Jasper llamó a sus padres para pedirles el sello de la familia, pero resultó que era la Princesa quien lo tenía. Ella le dijo que saldría tan pronto como encontrara la caja, porque en ese momento no podía recordar en dónde estaba. A la Princesa ya se le estaban cruzando los cables…

Si bien tenían el tiempo encima, cenaron con la misma calma de siempre. No podrían hacer nada sin los sellos, así que…

Jasper lavó los trastes que se ocuparon en la cena, mientras Alice se daba un baño y Cynthia se encargaba de preparar a los niños para el fin del día

El timbre sonó cuando estaba guardando las sobras en contenedores. Se apresuró a abrir, sabiendo que sería Isabella, pero no esperaba encontrarse con toda su familia detrás de la puerta, incluyendo a sus dos cuñados y a Vanessa, con la niñera.

—Llamé a la caballería —le dijo Isabella—. Van a necesitar muchos pares de manos para terminar a tiempo.

—Nos estás salvando la vida.

—Es lo que yo suelo hacer.

—¿Ya las vieron? —le preguntó Charlie.

—Madeleine las dejó en mi despacho. Estaba por ir por ellas.

—Perdón que hayamos traído a Eugenia, no sabemos cuánto nos vamos a tardar —musitó Edward.

—No te preocupes. Les agradezco que hayan venido. Justo estaba diciéndoles a las chicas que no íbamos a dormir hoy.

—No te confíes, cielo. Aun con nosotros, solo Dios sabe a qué hora vamos a terminar.

Isabella le pidió a Eugenia que subiera con Vanessa a la habitación de Jacqueline, ella quedaría a cargo de los tres niños mientras los adultos se encargaban de las invitaciones.

—Espera a que las veas, Cynthia —le dijo Ilaria cuando Jasper llevó la caja al comedor—. Son fantásticas.

Se sentaron alrededor de la mesa. Cynthia tomó la primera invitación: un sobre color papel verde bosque con una C y una G doradas entrelazadas en la pestaña del sobre. Al reverso estaban escritos los datos del destinatario con la misma caligrafía de las iniciales. Elise, cien por ciento Elise. En el interior del sobre había magnolias pintadas en dorado —el único indicio de su origen—. La tarjeta. Dios, la tarjeta. Acostumbrados al cartoncillo tradicional, se sorprendieron al encontrarse con acrílico transparente, ni siquiera matificado, lo que fue un buen detalle. Las letras continuaban con la misma caligrafía del sobre. Tenía un margen doble en dorado y verde, que llevaba a una gran S en el centro superior de la tarjeta.

A Cynthia le encantaron, estaba fascinada con ellas, tanto que no podía dejar de verlas.

—¿Creen que su placa sea con el mismo material? —le preguntó Jasper a Bella y Charlie. Bella torció el gesto.

—No creo —respondió Charlie—, sabes lo estricta que es tu abuela con las placas de porcelana, pero le preguntaré e intentaré convencerla. ¿De qué material fueron las de ustedes?

—La mía fue de oro blanco, y la de Ilaria fue de oro amarillo —dijo Isabella—. No va a ser difícil que haga una excepción.

—Se lo diré. Sigan sellando.

Estaban ocupando cera común negra —por Seth— para hacer los sellos, con florecitas de cerezo como un toque especial, idea de Edward y Raoul. Un bello cisne con las alas abiertas fue estampado en la cera, sellando así las invitaciones al debut de Cynthia.


¡Hola, chicas! ¡Feliz Noche Buena! Espero que estén o hayan tenido un bonito día, y que su Navidad sea preciosa. Como siempre, les deseo que tengan un muy Próspero Año Nuevo y les agradezco su apoyo a lo largo de este año. Nos veremos en 2020 con un nuevo capítulo y algunas sorpresitas ;)

Gracias a saraipineda44, piligm, Yoliki, Dara, Tecupi por sus reviews en el capítulo anterior, y al resto de ustedes por leer. Nos leemos pronto :D

Annie. xx