DISCLAIMER: LOS PERSONAJES EN SU MAYORÍA PERTENECEN A J. K. ROWLING, ASÍ COMO EL UNIVERSO EN QUE SE DESENVUELVEN.
Nota Traductora: Hola a todos. Como siempre, es un gran gusto traer un nuevo capítulo para ustedes. Cada vez se siente más enredado, pero descuiden, todo se aclarará en su momento y la(s) historia(s) les dejaran un gran sabor de boca. Prometido!
Nota Autora: ¡Pueden agradecer al Invitado que solicitó una actualización para su cumpleaños! ¡Ah! (No piensen que podrán salirse con la suya. Pediré certificados de nacimiento en el futuro. :))
Recibí muchos comentarios sobre la confusión con el flashback, así que regresé a ponerlos en cursiva y continuaré haciéndolo en cursiva. Antes de que pregunten, no, no comenzaremos cada capítulo con un flashback. Irán de vez en cuando.
Nuevamente, gracias a todos los que están siguiendo, poniendo en favoritos y dejando comentarios. Estoy tan abrumada por todos ustedes.
.
Forma Correcta de Actuar
Traducción de "The Right Thing To Do" de Lovesbitca8
Capítulo 19
.¸¸¸.•*¨*•.¸¸.•*¨*•.¸*✲*¸.•*¨*•.¸¸.•*¨*•.¸¸¸.
.
Tenía el libro en la mesa de Slytherin. Con comida alrededor. Qué despreciable.
Malfoy llevaba casi una semana con el libro, y Hermione se rió ante lo lenta que debía ser su comprensión si todavía estaba tratando de terminarlo. Lo había encontrado leyéndolo durante Historia de la Magia el Lunes, nuevamente en la biblioteca el Martes y ahora Miércoles en el desayuno.
Hermione apuñaló sus huevos con el tenedor y lo fulminó con la mirada. ¡Y si derramaba jugo de calabaza sobre el libro! Entonces sí que la escucharía.
Hermione vio cómo pasaba una página y se dio cuenta de que no iba por final. Estaba al principio. ¿Lo estaba releyendo? ¡Ugh!
¿Por qué alguien-?
Detuvo ese pensamiento, ya que estaba segura que ella había leído ese mismo libro dos veces en una semana hacía dos años.
—Hermione, ¿sabes dónde está Harry?
Hermione levantó la vista y Seamus la estaba llamando, a un par de asientos de distancia.
—No, no estamos hablando.
—Oh, está bien.
Hermione volvió su atención hacia Malfoy y su libro. Realmente le habría ayudado el libro esa semana. Habían pasado varias semanas desde que Harry y Ron dejaron de hablarle. Lavender y Parvati habían comenzado a hablar sobre chicos en los dormitorios por las noches; así que tendría que silenciar las cortinas para evitar escucharlas, o pasaría más tiempo fuera. El libro habría sido la distracción perfecta esa semana. Había bajado a visitar a Hagrid varias veces, pero había una cantidad limitada de Pastel Roca que una podía pretender que comía.
Malfoy pasó otra página y debió haber sido una parte divertida, porque se llevó los dedos a la boca como cada vez que intentaba no sonreír. Hermione había notado ese gesto ayer. Observó a Pansy Parkinson acercarse a Malfoy. Si se atrevía a poner sus sucias manos encima de su libro...
Pansy se inclinó sobre Malfoy, tratando de ver lo que estaba leyendo. Él la empujó. Hermione sonrió cuando Pansy hizo un puchero. Malfoy se levantó de la mesa, rodó los ojos y recogió sus cosas para irse, llevándose el libro.
Hermione frunció el ceño. Se levantó de la mesa de Gryffindor y lo siguió. Salió del Gran Comedor y giró a la izquierda, encontrando el pasillo vacío.
—¿Por qué me estás mirando, Granger?
Hermione se giró y encontró a Draco Malfoy, con su libro en un brazo y el otro apuntando su varita hacia ella.
—¿Terminaste con ese libro?
Malfoy parpadeó; miró el libro verde y dorado que sostenía.
—¿Qué?
—En realidad no deberías leer libros que ni siquiera son tuyos en la mesa del comedor. Si derramaste aunque sea una pequeña gota de café sobre las páginas, Madame Pince no te dejará vivir para el final del día. Confía en mí, —refunfuñó.
—Bien, qué bueno que yo no tomo café. —Malfoy la miró y se giró para alejarse.
—¿Terminaste de leerlo o no?
—¿A ti qué te importa, Sangre Sucia? —Dijo por encima del hombro y continuó alejándose.
—¡Sólo puedes sacar un libro por dos semanas como máximo!
—¡Entonces puedes tenerlo en dos semanas! —le gritó, dándose la vuelta—. ¡A menos que lo registre nuevamente! —Malfoy sonrió de lado y Hermione resopló, girando sobre sus talones para regresar al Gran Comedor.
¡Por Merlín, cómo lo odiaba!
.
.¸¸¸.•*¨*•.¸¸.•*¨*•.¸*✲*¸.•*¨*•.¸¸.•*¨*•.¸¸¸.
.
DRACO MALFOY: EMPRENDEDOR
por Rita Skeeter
Conocen su nombre. Conocen su cara. ¡Conocen su pelo! Lo que no conocen sobre Draco Malfoy es lo que planea hacer a continuación.
¡Pero yo sí!
Draco Malfoy, hijo del Mortífago Lucius Malfoy y la socialité Narcissa Malfoy, fue indultado por el Wizengamot hace sólo ocho semanas y desde entonces ha estado trabajando para el Ministerio en periodo de prueba. Pero una vez un Slytherin, siempre un Slytherin, y su espíritu ambicioso no pudo satisfacerse en el Ministerio.
"He soñado con ser dueño de mi propia empresa. No es algo nuevo, es algo que me mantuvo cuerdo en Azkaban y me motiva a seguir adelante".
Draco Malfoy se sentó con ésta humilde servidora para una entrevista exclusiva sobre su nueva empresa y lo que significa para él. ¡Continúa en la página 7!
Hermione suspiró aliviada cuando abrió el periódico el Lunes por la mañana. Estuvo tensa todo el Domingo -incluso antes de visitar su antiguo hogar- pensando que alguien podría haberla fotografiado saliendo de Azkaban el día anterior. Cuando no encontró fotos o artículos en el periódico del Domingo, supo que sólo tenía que mantenerse fuera del radar un día más para que Draco pudiera dar su anuncio. Tan pronto abrió el periódico y encontró el rostro de Draco sonriéndole junto al titula de Skeeter, supo que lo había logrado.
Skeeter continuó en la página siete, detallando la empresa de Consultoría y enumerando los servicios que ofrecería Malfoy Consulting Group. Draco fue muy sincero con ella y le confió lo importante que era para él distanciarse de la reputación de su padre. También lo sorprendió en la entrevista con la noticia de que había sido elegido para la portada de la edición de Diciembre de Corazón de Bruja, ganando el premio a la Sonrisa Más Encantadora. Skeeter describió su cortés aceptación.
Bueno. Bien por él. Así era como se suponía que debía ser. Tal vez no entendía por qué había estado en su casa, o por qué su sangre estaba sobre las paredes; pero sabía que prácticamente había hecho un trato con Lucius Malfoy para no interponerse en la empresa de Draco. Un artículo en el periódico sobre el potencial ilimitado y futuro de Draco, que para variar no la mencionaba a ella, era una buena noticia.
Hermione suspiró. Ginny llegaría a casa por la noche y tendría que decirle que había ido a su casa ayer, sola.
La imagen de las letras rojas cruzó por su mente, y Hermione sacudió la cabeza para aclararse. En algún momento durante la guerra, la sangre de Draco Malfoy fue puesta sobre las paredes de su sala. Su Sangre Pura. Hermione frunció el ceño. No podía imaginar a Draco derramando su adorada sangre por ningún motivo. Pero la frase sonaba como él. Como el Draco Malfoy de Hogwarts.
Arrojó el periódico a la basura y salió rumbo al trabajo abominablemente temprano. Tomar dos días de descanso en Cornerstone realmente había alterado su horario, y estaba ansiosa por tener de vuelta la consistencia del trabajo.
Se abrió paso a través del bullicioso Atrio, tomó los ascensores hasta el Piso 4 y caminó alegremente por la vacía Oficina de Criaturas Mágicas. Una vez que llegó a su escritorio, encontró un recordatorio que ella misma había dejado; tenía un Juicio en el Wizengamot hoy. Oh, maravilloso.
Johnathan Jugson estaba apelando su cadena perpetua el día de hoy, alegando que había actuado bajo la maldición Imperius, obligándolo a participar en la Batalla del Departamento de Misterios.
Buen intento, Jugson. Hermione sonrió.
Cuando escuchó los zapatos de Mathilda resonando en dirección a su oficina diez minutos después, Hermione respiró hondo y fue a buscarla.
—Mathilda, —llamó desde la puerta.
—¡Granger! ¡Buenos días! —La blusa de Mathilda tenía un botón desabrochado y su cabello sobresalía en ángulos extraños. Hermione habría pensado que acaba de salir de un revolcón si no supiera que ese era el aspecto habitual de Mathilda. Mathilda dejó caer los archivos que cargaba en brazos sobre su escritorio—. Llegaste temprano.
—Sí, quería recordarte que tengo un juicio en el Wizengamot a las diez.
—Está bien. Está bien. —Mathilda se quitó el abrigo y lo arrojó hacia la silla en la esquina, fallando.
—Y me encantaría tener una charla contigo, una vez que te hayas acomodado.
—Sí, sí. —Mathilda se sentó en su silla—. ¡Estoy lista! ¿Algo va mal?
—No, para nada, —dijo Hermione, sentándose en la silla frente a Mathilda—. Escuché que Rosenberg se jubilará.
—¡Sí! ¡Qué gusto por Rochelle! Tiene siete nietos, ¿sabes? —Mathilda tomó una pluma y empujó el frasco de tinta.
—En realidad, no lo sabía. —Hermione observó a la mujer frente a ella desvanecer la tinta derramada y sumergir su pluma, escribiendo HG 8-11-99 en la parte superior de un pergamino—. Quería informarte que planeo aplicar al puesto.
Mathilda la miró. —¿En serio?
—Sí, —dijo Hermione—. Sabes que me apasionan los derechos de los elfos domésticos y espero que me consideres una vez que la vacante haya sido publicada.
Mathilda se mordió el labio y se recostó en la silla. —Sería un movimiento lateral para ti.
—Sí, aunque un movimiento en la dirección correcta.
Mathilda asintió y se acercó junto a su silla, tomando notas en su pergamino. Hermione se preguntó si eso sería todo.
—Rochelle ha estado en ese escritorio durante cuarenta años. ¿Lo sabías? —Mathilda cruzó una "t" y la miró de nuevo.
—No sabía.
—Ella es muy parecida a ti. Apasionada por los elfos domésticos. Rechazó todas las ofertas de ascenso durante estos cuarenta años, porque no podía separarse de ellos. Estaba muy cómoda. —Mathilda juntó las manos frente a su pecho—. Odiaría que tú te pusieras cómoda, Hermione.
Hermione parpadeó. —Yo... entiendo. Planeo continuar ascendiendo a medida que se abran las posiciones.
—¿Pero sólo en Reubicación de Elfos Domésticos?
—Yo... Bueno, —Hermione tragó saliva—. Creo que mi meta a corto plazo siempre ha sido Reubicación, sí. Pero-
—¿Y cuál es tu objetivo a largo plazo, Hermione?
Hermione abrió la boca. Y la cerró. Mathilda continuó.
—¿Sabías que Millicent Bagnold trabajó en cinco de los siete Departamentos del Ministerio antes de ser elegida Ministra? Scrimgeour comenzó en Transportación y luego ascendió hacia Reforzamiento Mágico antes de dirigirse a la Oficina de Aurores. Leonard Spencer-Moon trabajó como asistente en Accidentes y Catástrofes Mágicas antes de pasar a la Oficina de Enlace Muggle y luego a Reforzamiento Mágico en el área de Artefactos Muggles.
Mathilda le sonrió. Todos ellos habían sido Ministros. Ser Ministra.
—Sería prudente, Srta. Granger, —susurró Mathilda—, considerar otros Departamentos a medida que asciendes. Al final de su carrera, te será de ayuda.
Al final de su carrera. ¿Cuál sería el final de carrera de Hermione Granger?
—Eso es definitivamente algo en lo que tengo pensar Mathilda. Gracias.
—Quería hacerte saber —Mathilda se puso en pie y comenzó a abrir estantes, sacando archivos—, que Robards está muy impresionado contigo.
—¿Gawain Robards?
—Sí, —dijo, dejando caer más archivos sobre su escritorio—. Draco Malfoy se irá en Diciembre; por cierto, hay un artículo excelente en el periódico de hoy al respecto. ¿Has tenido oportunidad de leerlo?
—Hum, sí-
—Bueno, Robards está planeando convertir el puesto de Malfoy en una posición de tiempo completo como Analista Senior. —Mathilda le sonrió—. Él espera que te postules.
¿Analista Senior? Eso no era ascender por la escalera ejecutiva; era cortar de tajo los primeros peldaños—. Bueno, definitivamente tengo que pensarlo, —dijo Hermione, con la cabeza dando vueltas.
Agradeció a Mathilda por su tiempo y regresó a su escritorio, pensando en el puesto. Trabajaría con Harry más a menudo. Y con Katie Bell. Pero no tendría nada que ver con elfos domésticos o criaturas mágicas. Acababa de tener su primer éxito en su actual puesto con el proyecto de la Quimera.
Hermione seguía con el ceño fruncido, sopesando los pros y los contras al diez para las once cuando llamó al ascensor para dirigirse a los tribunales.
Llegó el ascensor, se abrieron las puertas y Draco Malfoy estaba apoyado contra la pared; se le heló la sangre. Se había olvidado por completo de él durante tres horas. Qué lindo había sido eso.
Los ojos de Draco tenían la misma sorpresa y sospecha de la última vez que lo había visto, en la Mansión Malfoy, mientras salía corriendo. Hermione apretó la mandíbula y se unió a él en el ascensor. Cuando las puertas se cerraron, pudo sentirlo, mirándola.
¿Qué sabía Draco de su reunión con Lucius? ¿Sabría del plan de Narcissa? ¿O era completamente ajeno a eso? ¿Qué le dijo Narcissa después de que ella huyera? ¿Le habría dicho que Hermione lo había rechazado? ¿Y acaso eso le importaría?
No es tu ex-prometido. Es tu compañero de trabajo.
—Buenos días, —dijo Hermione. Se había retrasado; hubo demasiado silencio entre ambos antes del saludo.
El ascensor disminuyó la velocidad para detenerse en el Piso 5. Hermione no sabía si maldecir, ya que el viaje duraría una eternidad si se detenía en cada piso; o gruñir, ya que eso significaría que habría otros subiendo al ascensor.
Cuando las puertas se abrieron y revelaron a Aiden O'Connor a medio camino de morder una manzana, Hermione decidió que era su día de suerte.
—¡Hola! —Aiden murmuró con los labios alrededor de su manzana—. Malfoy, gran artículo el de hoy. Qué emocionante, ¿no?
—Sí, gracias. —La voz de Draco era tensa. Aiden continuó hablando, su atributo dominante.
Cuando el elevador volvió a reducir la velocidad cerca del Atrio, y Aiden seguía hablando, Hermione casi sonríe. Ya casi terminaba.
Aiden salió y miró por encima del hombro. —¿Bajan aquí?
—No, me dirijo al Wizengamot, —dijo Draco. Mierda, mierda, mierda.
—Hum, lo mismo —dijo Hermione.
Aiden se despidió con la mano y volvió a morder su manzana cuando las puertas se cerraron y comenzaron a descender.
Escuchó a Draco tomar aire para empezar a hablar, y Hermione lo interrumpió.
—Realmente fue un excelente artículo, —dijo—. Skeeter hizo un trabajo maravilloso al presentar Malfoy Consulting Group al Mundo Mágico.
Hermione no volteó a mirarlo.
—Gracias.
—Y felicitaciones por Corazón de Bruja. —Hermione se rió entre dientes.
El ascensor llegó al Piso 10. Draco mantuvo la puerta abierta para ella. Hermione fijó su mirada al frente, en la puerta de roble al final del pasillo. Sus zapatos resonaban contra las piedras, y Hermione se preguntó si Draco llegaría temprano o tarde a su cita con el Wizengamot. Porque ella iba con cinco minutos de ventaja.
Por favor, que no se quede aquí por cinco minutos, esperando que me llamen.
Draco la estaba mirando de nuevo. Se detuvieron a tres cuartas partes del pasillo, aproximadamente en el mismo lugar donde habían estado la última vez que compartieron ese pasillo.
La última vez, había lamentado estar parada al otro lado del corredor frente él, forzada tenerlo de frente y mirarlo a la cara o voltear al piso. Draco se detuvo y se apoyó contra la pared de la derecha. Hermione decidió ésta vez unirse a él en la misma pared, apartada un par de metros.
Eso fue mucho peor.
Ahora no podía verlo; pero podía sentirlo, sentirlo mirándola.
La última vez que compartieron ese pasillo, Draco la acusó de intentar liberar a todos los Mortífagos, la acusó de crear una Deuda Perpueta por testificar en su nombre y librarlo de Azkaban, la presionó contra esa misma pared y dejó que su calido aliento siseara a través de sus labios sobre subastas, galeones y virginidades.
—No estabas en Cornerstone ayer.
Hermione sintió que se le cortaba la respiración en los pulmones. Los ojos de Draco estaban sobre ella, por lo que no se movió y se concentró en respirar.
—No, estaba enferma. —Se quedó mirando la pared opuesta, manteniendo la cabeza alta—. ¿Morty pudo ayudarte?
Draco se quedó en silencio. Y estaba segura de que si volteaba a mirarlo, estaría frunciendo el ceño.
Así que había ido a Cornerstone al día siguiente de que ella huyera de su casa, negándose a casarse con él. Una voz en su cabeza se rió ante lo básico de la situación. ¿Qué había querido de ella? ¿Otra envoltura de regalo para otra novia?
Por el rabillo del ojo pudo verlo girase hacia ella, cruzando un tobillo sobre el otro.
¿Tal vez había querido disculparse? ¿O aclarar las cosas? O confundirla aún más. Probablemente lo último.
—Escuché que fuiste a ver a mi padre.
Hermione cerró los ojos. Compañero de trabajo. Compañero de trabajo. Compañero de trabajo.
—Así es, —contestó—. Fue muy amable al querer reunirse conmigo.
Estuvo a punto de dar más detalles. O de mentir, o divagar sobre la verdad, o apegarse a los cuarenta y cinco segundos de conversación agradable que lograron mantener Lucius y ella; pero recordó la sangre sobre sus paredes. Realmente no le debía nada. Escuchó los nudillos de Draco crujir a su derecha, y vio su silueta apartándose hacia atrás el cabello.
Estaba agitado. Que delicia.
Hermione mantuvo la vista al frente y no dijo nada más. Draco presionó una mano contra la pared, descruzando los tobillos.
—¿Y fue una reunión agradable?
—Perfectamente agradable. —Hermione estuvo a punto de examinarse las uñas frente a él, pero pensó que podría ser demasiado insensible—. Nunca llegué a conocerlo en realidad. —Se giró para verlo de frente, y con una mirada falsamente agradable dibujada en sus ojos, dijo—, Te pareces mucho a él.
El ojo izquierdo de Draco se crispó, y Hermione pensó en el periódico arrugado en la papelera de su casa, donde expresó fervientemente cuánto deseaba distanciarse de su padre.
La comisura de sus labios se levantó a pesar de intentar frenarla. Draco la vio y trabó la mandíbula, y avanzó un paso.
—De haber sabido sobre esa reunión, la habría detenido.
Hermione le mantuvo la mirada. Estaba a tres pasos de distancia, pero podía sentir el aire agolpándose en el pasillo, igual que la última vez.
—A mi madre le gusta meterse en asuntos que no son de su incumbencia. Te pido una disculpa por haber quedado atrapada en sus enredos.
¿Una disculpa? ¿Por qué? ¿Por la propuesta de matrimonio injustificada? ¿Por el estrés de sentarse frente a Lucius Malfoy? ¿Por toda esa farsa de relación con Narcissa Malfoy? Aún no obtenía respuestas de Draco.
—No sé qué fue lo que te dijo mi padre, pero-
—¿Por qué está tu sangre en las paredes de mi sala?
La boca de Draco se detuvo a media palabra, y parpadeó mientras la miraba, con los ojos bailando de uno a otro entre los suyos. Hermione lo acorraló con su mirada fija, inflexible. Vio a Draco cerrar la mandíbula y tragar con dificultad.
—¿Srta. Granger? —El hombre robusto asomó la cabeza por la puerta. —¿Está lista?
—Muy lista. —Hermione se apartó de la pared y se dirigió hacia la puerta de roble, dejando atrás a Draco.
.
.¸¸¸.•*¨*•.¸¸.•*¨*•.¸*✲*¸.•*¨*•.¸¸.•*¨*•.¸¸¸.
.
—Repíteme otra vez lo que decía.
Hermione suspiró y se frotó la frente. Se sentó a la mesa del comedor mientras Ginny paseaba por la sala, retorciéndose las manos. Harry estaba en la cocina preparando la cena, comentando ocasionalmente. Hermione había olvidado lo agotadora que era la "investigación en equipo". Tenía que volver a contar y volver a explicar todo aquello que para ella era muy simple de entender.
—Sangre sucia, podrás correr, pero ellos no pueden esconderse.
—¿Y qué tan grandes eran las letras? —Ginny cambió el rumbo de su andar y giró alrededor de la mesa de café.
Hermione separó las manos, indicando el tamaño. Harry asomó la cabeza fuera de la cocina para mirar.
—Eso es demasiada sangre, —dijo Harry.
—¡No me digas! —rió Hermione.
—No, quiero decir... —Harry salió de la cocina, con una cuchara de salsa en la mano—. ¿Draco Malfoy cortó su preciosa piel, se partió su preciosa vena y perdió gran parte de su preciosa sangre? ¿Por qué? ¿Sólo para asustarte?
Ginny asentía y caminaba, mirando al suelo. Era extraño tenerla a ella en lugar de Ron. Por lo regular, Ron se quedaba quieto, comiendo, hasta que Hermione lo resolvía sola.
—¿Y eso fue todo? —preguntó Ginny.
—Busqué en el resto de la casa y no pude encontrar ningún otro mensaje. No había maldiciones. Solo el hechizo repelente de Muggles.
—Necesito mirar el Muro. —Ginny se rascó la cabeza y cambió nuevamente de dirección con rumbo a la habitación de Hermione.
Harry desapareció de nuevo dentro de la cocina. Hermione tomó su taza de café, y estaba a punto de dar un sorbo cuando Harry reapareció, frunciendo el ceño al suelo, con los brazos cruzados.
—Tal vez Ginny estuvo fuera de la ciudad, pero yo estaba aquí. —Harry la miró—. No debiste ir sola. Aún somos un equipo.
Hermione parpadeó. —Yo... lo siento. Sólo quería... —miró hacia abajo. Harry estaba decepcionado. —Tan solo quería volver sola a casa.
Harry asintió y dijo, —yo te permití venir conmigo cuando volví a casa.
Harry volvió a meterse a la cocina, y Hermione escuchó una olla burbujear. Miró fijamente el lugar donde su amigo había desaparecido, pensando en el Valle de Godric, hasta que escuchó los pies de Ginny trayéndola de vuelta a la sala.
—Un encantamiento repelente de Muggles. ¿Por qué? —Ginny reanudó su andar.
Hermione se sacudió la culpa y se giró hacia la pelirroja. —Yo... no lo sé.
—¿Y no colocaste uno cuando te fuiste?
—No, supuse que la casa se vendería, —dijo, recogiendo su taza nuevamente—. Es posible que los encantamientos que les puse a mis padres les hicieran empacar y marcharse sin pensar en colocar la casa en venta. Dejé en claro que tenían que mudarse a Australia una semana después.
Harry apareció desde la cocina, levitando tres platos de pasta y verduras. Los puso sobre la mesa. —Quizás podríamos dejar de hablar de la... sangre en la pared. —Harry apuntó con la cabeza a Ginny, que estaba caminando, haciendo su cuello tronar.
La mente de Hermione sacó a relucir la imagen de la sangre fuera del cuarto de baño de Myrtle la llorona. La Cámara de los Secretos ha sido abierta. Las letras sangrientas que Ginny había escrito mientras estuvo poseída. Hermione lo había olvidado y la había arrastrado de nuevo a través de lo mismo.
—No soy una florecita, Potter. —Ginny frunció el ceño y se sentó a la mesa—. Quiero resolver esto tanto como Hermione, así que déjame ayudarla.
—No, Harry tiene razón. Podemos dejarlo de lado un tiempo. —Hermione tomó su servilleta y comenzó a comer. Se hizo el silencio.
—¿Qué dijo él cuando le preguntaste?
Hermione levantó la vista. Ginny no estaba comiendo. Estaba frunciéndole el ceño a la mesa.
—Nada. Es decir, en realidad no fue una pregunta. Fue más una... puntuación. —Hermione sonrió—. No esperaba una respuesta.
—¿Crees que te diría la verdad si le preguntaras en serio? —Dijo Harry.
—No, —dijeron Ginny y Hermione al mismo tiempo.
Ginny se levantó y volvió a caminar. Harry suspiro.
—¿Dijo que no sabía sobre tu reunión con Lucius? —Preguntó Ginny.
—No. Dijo que lo habría detenido de haberlo sabido.
Ginny se frotó la frente. —¡Esto es enloquecedor!
Hermione se rió. —Créeme, lo sé. Pero olvídalo, Ginny. Come.
—¡Quiero saber qué está pasando en esa estúpida cabeza rubia! —Ginny pataleó. Hermione sonrió.
—Es una pena que no tengamos contactos en el Wizengamot. —Harry se llevó el tenedor a la boca, haciendo girar la pasta.
Ginny y Hermione lo miraron. —¿Por qué?
—Bueno, el Wizengamot revisó los recuerdos que proporcionó. Esos deben tener algunas respuestas. —Harry masticó, mirando su plato.
—¿Recuerdos? —preguntó Hermione.
—Sí, —dijo Harry con la boca llena—. Malfoy proporcionó recuerdos el día en que fue liberado. Nuestros testimonios y los recuerdos que entregó fueron las únicas razones por las que salió. Los recuerdos demuestran su inocencia o condenan a otros Mortífagos —Harry las miró—. Te lo dije.
—No, —dijo Ginny—. Creo que no lo hiciste.
—Oh. —Harry se encogió de hombros—. "Bueno, pues... No debí hacerlo. ¡No debí hacerlo!
—¿Y dónde están estos recuerdos ahora?
Harry giró otro bocado de pasta en su tenedor. —Probablemente en la oficina de Servicios de Administración del Wizengamot, presentados para su revisión.
Ginny miró a Hermione y alzó una ceja. Hermione podía sentir latir su corazón y no sabía por qué.
Y… —dijo Ginny lentamente—, ¿Qué medidas de seguridad existen en la Oficina de Administración del Wizengamot? ¿Maldiciones? ¿Contraseñas?
—Contraseñas aleatorias y dos turnos de Aurores. —Harry se limpió la boca. Agarró su vaso de agua.
—Y… —dijo Ginny—, ¿Cuándo es tu turno?
Harry miró a las dos chicas sobre su vaso de agua. Con ojos muy abiertos, luego con hastío.
Dejó el vaso sobre la mesa, frunciendo el ceño. —Oh, mierda.
