Capítulo XIX
Advertencia: Triste intento de Lemon, se recomienda discreción.
Hinata estaba al borde de la terraza de su habitación, observando el amanecer con cierto interés. Según le habían hecho saber, la nueva esposa de Gaara se marchó antes de la boda de su media hermana y Kiba, sin ni siquiera dar aviso de su decisión por lo cual se tornó un poco extraña la situación. Abandonó entonces el protocolo de la realeza, por lo que el Kazekage al notar su ausencia pidió disculpas a nombre de ella y él, e inmediatamente se fue a Sunagakure. No había duda alguna, probablemente se engañaba a sí mismo y en realidad había dejado de amarla, desde hacía mucho tiempo atrás.
Se arregló tan pronto como pudo, tenía invitados y debía atenderlos y ellos eran tan importantes para ella.
Estaba tan nerviosa, al fin de cuentas debía confrontar a su familia adoptiva, pues les estuvo esquivando desde que llegaran.
Debía controlar sus emociones ante ellos, los amaba pero no podía permitir que los recuerdos del pasado se interpusieran en su reinado.
—Buenos días...— Saludó aquel joven de cabellos castaños al verla salir de la pieza, enfundada en un vestido azul y con el cabello recogido.
—Neji...— Susurró.
—La familia Uchiha te espera— Su primo la veía un tanto expectante. Después de cuatro años habían fraguado una gran amistad y casi se consideraban hermanos.
—Lo sé, pero dime, ¿que hago? Sasuke está allí también, esperándome. No creo poder controlar mis sentimientos...— Dijo apretando los puños a ambos lados de su cuerpo y dirigiéndole una mirada, en donde se dibujaba una angustia verdadera.
—No es necesario que lo hagas. ¿Acaso no los amas? Solo sé tu misma y verás que todo saldrá bien, ven, te acompañaré hasta la puerta...— Dicho esto le tendió el brazo y ella se aferró a él para con andar decidido dirigirse al gran comedor.
La mayoría de invitados, incluidos el Amekage y el Hokage se habían retirado con sus respectivas comitivas la víspera anterior, después de concluidas las bodas. No pudieron quedarse debido a que tenían asuntos importantes que resolver en sus respectivos países.
Pero la realidad era que, por su parte, Inoichi Yamanaka, el soberano del País de la Lluvia, odiaba a Sasuke por la muerte de su hija. Le culpaba hasta el cansancio, aunque no podía hacer nada más para aplacar su frustración, aún así estaba conforme con criar a su nieto, el cual visitaba a su "padre" en el verano.
El Uchiha no permitió que se supiera la verdad del engaño de la rubia, pues de esta forma quería "honrar" su memoria y que fuera aún más respetable ante los ojos de sus súbditos.
—Tal vez sea necesario que pidamos una audiencia con ella, es seguro que no desea hablar con nosotros y...— Fugaku guardó silencio súbitamente al ver que las enormes puertas de cedro se abrían de par en par en ese instante.
La joven vio primero a Sasuke quien estaba a un lado de la enorme chimenea de piedra, intentando ser valiente, en seguida posó sus ojos en Itachi y Hana, luego en Fugaku y Mikoto. Todos estaban petrificados y parecía que difícilmente se rompería ese tenso silencio que se forjó en ese sitio.
—Hija...— Murmuró la reina un tanto angustiada, esperando sin lugar a dudas ser rechazada, pero entonces la mujer de cabellos azules corrió al encuentro de los brazos maternos.
—Madre, padre, Hana, Itachi...— Conforme mencionaba sus nombres los iba abrazando uno a uno, con todo el amor que les profesaba, pero a Sasuke lo ignoró deliberadamente.
Les contó su historia, exceptuando ciertos detalles como la actitud de Gaara hacia ella, temía que tanto Itachi como Sasuke y en especial este último cometiera una locura. Aunque no tenía ya nada de que preocuparse, sabía del deceso de la princesa Ino y que ahora él estaba comprometido con una joven muy hermosa de nombre Karin.
—Fue mucho tiempo, lo sé, pero quiero que entiendan que soy feliz... Siento no haberles hecho saber que estaba con vida... Yo...—
—No debes preocuparte hermana— Interrumpió Itachi, todos sonreían con alegría excepción del Uchiha menor, quién no podía olvidar el trato que recibiera por parte de ella.
—¿Te parece justo?— Cuestionó Sasuke con enfado.
—¿Qué?—
—He sufrido por tu ausencia, te he llorado hasta el cansancio, ¿no pensaste en mi?— Levantándose de su asiento golpeó la mesa con el puño cerrado, estaba muy enojado, tanto que no pudo ocultar su decepción. Se sentía traicionado a tal punto que se le olvidó que su familia estaba allí.
—Hijo...— Murmuró Fugaku intentando que se calmara y más cuando vio el rostro asustado de la ojiperla.
—Sasuke, por favor...— Entonces la reina de Kirigakure también se puso de pie, pero su voz sonaba preocupada.
—Te amo, lo sabes. Eres la mujer de mi vida, por ti sería capaz de todo. Si tan solo me lo hubieras dicho desde un principio...— Ya. Lo había confesado, delante de sus padres, su cuñada e Itachi. Hinata estaba ruborizada hasta las pestañas, nunca creyó que él sería capaz de eso. Se mantuvo al margen y entonces se dio cuenta de que la sorpresa invadía a todos los ahí presentes.
Seguro nunca se esperaron algo así, Sasuke era muy reservado y su actitud, lejos de ser reprobable, les había causado confusión.
—Disculpen, debo retirarme...— Soltó el azabache con frustración y se alejó de ese sitio a pasos agigantados.
—¿Hinata?— Hana se acercó a ella y la abrazó con fuerza. —Deberías hablar con él, aunque nos dolió a todos tu pérdida, Sasuke fue quién más sufrió...— Le hizo saber.
Observó a sus padres y a su hermano, luego de nueva cuenta a su cuñada y sin palabras supo de inmediato que le alentaban a seguirlo, por lo que dedicándoles una tierna sonrisa se fue tras el moreno.
Recogiéndose el vestido a la altura de los tobillos, trató de correr y de darle alcance antes de perderlo de vista. Reparó en que se había encaminado por un sendero oculto entre los árboles y que conducía hacia un lugar apartado y cercano al lago.
La carta que le dejará su esposa lo lleno de incertidumbre. En esta no explicaba el porqué de su arrebato y se sintió culpable por la actitud que ella tomó de dejarle.
—Kankuro, quiero que desplieguen una cuadrilla de búsqueda por todo el reino. Encuentren a mi esposa y a mis hijos en este instante...— El castaño accedió a los mandatos de su rey e inmediatamente sus órdenes se pusieron en marcha.
—Estas muy tenso Gaara— Hizo notar aquel hombre.
—No te imaginas lo que ocurrió en el Pais del Agua, hermano...— Le hizo saber todo lo ocurrido en aquel reino, sobre todo la presencia de su primer esposa y su hijo, a lo que el ministro reaccionó con sorpresa y duda.
—¿Qué harás ahora? Tenten te ama y por lo que dice en la nota que te dejo, se dio cuenta de tu amor por Hinata. Si regresa, es seguro que odiará a tu mujer. Y no olvides que sus hijos quedarán relegados a gobernar en dos de las provincias con mayor auge de Sunagakure pero ninguno tendrá el derecho de heredar el trono. Aunque a ella nunca le importó el poder, debo añadir—
—Lo más importante ahora es encontrarla y después arreglaremos el asunto. Hinata volverá y también mi primogénito, de eso no hay duda alguna. Debe respetar nuestros lazos, aún si Sasuke intenta quitármela y por lo que a mi segunda esposa refiere, deberá comprender la situación. Ella es buena y si me quiere como me lo ha demostrado, todo estará bien...—
—Tal vez te equivoques— Lo contradijo su hermano mayor, alejándose por la puerta y dejando al hombre bastante pensativo.
El lago brillaba cuando los rayos del sol acariciaban sus aguas. El Uchiha sentado a la orilla, arrojó una pequeña roca sobre la superficie.
—Sasuke— Él se giró para ver a la dueña de tan inconfundible voz.
—¿Que haces aquí? Creí que tenías cosas que hacer, mucho más importantes que estar conmigo— Le dijo un tanto molesto. Ella suspiró cansinamente, mientras aquel se volteaba para ignorarla completamente. Entonces se sentó a su lado, y recargó la cabeza sobre el hombro derecho del muchacho para luego entrelazar su fina mano con la de él.
—Siento mucho que no te haya puesto sobre aviso, tenía mucho miedo de que me hubieses olvidado...— Murmuró con su melodiosa voz.
—Hinata, jamás podría haberlo hecho. Cuando llevaron el cuerpo de aquella chica y su bebé casi enloquecí de dolor pensando que se trataba de ti... Si tan solo hubieras podido comprender un poco la tristeza que emanaba de mi corazón por tu ausencia, no me hubieras ocultado tu paradero. Fueron cuatro años...— Le hizo saber mientras apretaba su extremidad. Ella no dijo nada más y entonces se quedaron frente a ese estanque en completo silencio, mientras el astro rey poco a poco descendía sobre los altos pinos coloreados de verde, y se sentía tan bien el compartir ese momento juntos.
—Te amo— Sasuke posó sus negros ojos en los de ella cuando le dijo estas palabras y la joven reaccionó sonrojándose y acercando sus labios a los de él. El azabache se despojó de su capa y la dejó sobre el césped, mientras saboreaba la dulce boca de Hinata.
Se separaron en el instante en que con suavidad la recostó sobre el trazo de tela y se acomodó cerca de su persona. Entonces con la mano comenzó a delinear el contorno de su rostro, mientras ella hacía lo mismo.
—Yo también te amo— Le dijo Hinata al fin de unos cuantos minutos y volvió a besarle.
El aroma a rosas que desprendía su tibio cuerpo se apoderaron de su voluntad. Con firmeza la envolvió y la mantuvo entre sus brazos por varios minutos, aún después de que el cielo estrellado se había desplegado por encima de ellos.
—¿Deberíamos regresar?— Preguntó Sasuke,
—No, aún no, espera un poco más...— Musitó la joven mientras contemplaba la luna.
—Es tarde, deben estar preocupados por nosotros, volvamos...— Sugirió el moreno.
Al llegar al palacio, el pequeño príncipe corrió a su encuentro.
—Madre...— Ella se inclinó para abrazarlo mejor.
—¿Has cenado ya?— El sonrió con timidez y asintió.
—Mañana vas a conocer a tus abuelos— Le dijo con alegría en su voz.
—Pero mamá ya conozco a la abuela Haruka y me dijiste que el abuelo falleció hace años...—
—¿Recuerdas que te hable del País del Rayo? Pues el rey y la reina cuidaron de mi desde que era un bebé... Ellos me protegieron y los considero como mis verdaderos padres...—
—¿Porqué cuidaron de ti?—
—Sé que tengo mucho que explicar pero ahora no es el momento, ven, te acompañaré a tu habitación.— Le tendió la mano y juntos caminaron con rumbo a la alcoba del pequeño pelirrojo.
Al llegar lo recostó sobre la cama y lo arropó.
—Mamá...— Hinata volteó a verlo, y reparó en sus lindos ojos y su cabello revuelto, lo que hizo que su corazón se derritiera de amor.
—Dime hijo...—
—¿Cuando vendrá papá?— Era demasiado listo para ser tan pequeño, las interrogantes que diariamente le formulaba eran contestadas al instante y con veracidad, pero el hecho de que preguntase por su progenitor, fue algo que la tomó por sorpresa. Era seguro que tenía que permitir que Gaara y él formaran un vínculo, después de todo el rey del País de la Arena era su padre.
—Vendrá muy pronto, de eso estoy segura— Vio su rostro iluminarse por la respuesta de él.
—¿De verdad?—
—Así es...— Le contestó con una hermosa sonrisa.
—¿Vivirá con nosotros? ¿Lo extrañas mamá?—
—¿Pero de donde sacas tantas preguntas?— Dicho esto lo levantó en brazos y comenzó a cubrirlo de besos, mientras el niño reía debido a las cosquillas que le ocasionaba las caricias de su mamá.
Luego lo dejo sobre la cama.
—Descansa, ya habrá tiempo de hablar de eso, ¿de acuerdo?— Él solo asintió y ella después de darle un beso de buenas noches, se alejó con rumbo a su recámara.
—Es curioso, jamás me di cuenta de que Sasuke sintiera algo más que amor filial por Hinata—
—Ella me confesó lo que sentía por nuestro hijo hace años, sufrió mucho cuando se entero de la boda con la princesa Ino. Estaba deshecha... Si hubiésemos sabido que era correspondida, bueno, tu me comprendes...— Mikoto rememoró aquel día como si solo hubieran pasado unas cuantas horas.
—¿Crees que hayan llegado a buenos términos?— Cuestionó el rey de Kumogakure.
—No lo se, pero fue bueno que enviaras a Karin de vuelta a casa. Aún no sabemos que esperar... ¿Cierto?—
—Si, lamentablemente este asunto se está tornando un poco incómodo. Por una parte está el rey Gaara, ya que no creo que la deje ser libre así como así. Sus leyes son tan estrictas hablando del matrimonio, pero podemos apelar a su lado amable...—
—Será mejor esperar, y saber de que hablaron Sasuke y Hinata...—
—Si mujer, tratemos de dormir, ya mañana nos enteraremos en que terminará todo esto— Con cuidado apagó la llama de la vela que alumbraba la habitación y se dispusieron a descansar.
La joven reina cepilló su largo cabello azulino después del baño y perfumó su cuerpo, para ataviarse poco después con un camisón de seda blanca. Desplegó las cortinas del dosel de su cama y procedió a recostarse para tratar de conciliar el sueño, algo que fue de por sí imposible.
Se levantó y solo atinó a caminar por toda la habitación, suspirando, mientras rememoraba aquel encuentro que tuviera con Sasuke Uchiha algunas horas antes. Con suavidad se sentó en uno de los sillones que daba hacía las enormes ventanas de su recámara, para de este modo, comenzar a soñar despierta como toda una adolescente enamorada.
Dió un respingo al escuchar que llamaban a la puerta, se levantó presurosa de su asiento y con cuidado entreabrió la hoja de madera.
—Sa-Sasuke, ¿que haces aquí?— Se abrazó así misma mientras él se abría paso a sus habitaciones.
Entonces con cuidado cerró la puerta y caminó detrás de él, se sentía nerviosa de tenerlo allí pero intuía que iba a decirle algo importante.
—Hinata— Escuchar la voz del pelinegro le puso un poco nerviosa.
—Dime—
—¿Podrás perdonarme?—
—¿De que?— Cuestionó un tanto confundida.
—Por perturbar tu intimidad...— Inmediatamente después de eso, se giró y la abrazó con fuerza mientras comenzaba a besar sus labios. Ella no pudo hacer nada ya que la había tomado por sorpresa, así que cerrando los ojos se dejó llevar por el fuerte amor que aún le profesaba.
No tardaron mucho en dar con ella y su familia, y ahora regresaban a Sunagakure. Las antorchas que iluminaban las puertas de la ciudad le hacían saber que faltaría poco para encarar a Gaara. No tenía ni una idea de su reacción pero esperaba que su aún esposo comprendiera su situación, lo amaba con todo su ser y saber que él a ella no, no le hacía ningún bien.
Al llegar, fueron separados, mientras su padre, su tía, sus hermanos y sus hijos eran conducidos a otro lugar, ella esperó pacientemente para ver al rey. Se mesó el flequillo con nerviosismo y entonces vio a Kankuro caminar hacia su persona.
—Lady Tenten, mi hermano aguarda por su presencia— Caminó siempre detrás de él mientras dos soldados le seguían. Se sintió un poco mareada, pero sacó fuerzas de flaqueza para poder enfrentar a aquel hombre.
El Consejero real abrió la puerta invitándola a pasar, y ella con lentitud se adentró en aquel recinto.
Se detuvo a escasos metros y permaneció en silencio admirando al pelirrojo. Esté estaba sentado al escritorio, redactando una carta o algún documento, sus manos se movían con parsimonia mientras mojaba la pluma en el tintero y volvía a escribir.
Al terminar levantó la vista y sus pupilas color verde hicieron contacto con sus ojos castaños. Le veía con severidad y ella se sintió cohibida, dando un paso atrás.
—¿Porque te fuiste?— Cuestionó mientras se ponía de pie y se acercaba a ella.
—Yo...— Se llevó un puño a la altura de la barbilla y desvió el rostro. No lloraría, pero si le corroboraba lo que ya sabía sin duda alguna dejaría que sus lágrimas fluyeran con todo el dolor de su alma.
—¡Habla!— Demandó alzando la voz. Al parecer su actitud le estaba sacando de quicio. Entonces se armó de valor y decidió hacerle saber el por qué de su actitud.
—Los escuché, tú aún la sigues amando y me enoja pensar que pronto estará aquí, durmiendo contigo. Qué amaras más a su hijo que a mis hijos, que es seguro que nos apartarás de tu lado, esa fue la razón por la cual me lleve a los niños... Te adoran, sería muy duro para ellos que los ignorarás todo por...— Levantó el rostro y él le miraba con severidad, había tanta rabia dibujada en esos ojos que le causó gran desazón.
Trató de alejarse pero esos mareos se hicieron presentes una vez más, era una sensación extraña pero intentó por todos los medios mantenerse en pie, no era miedo o preocupación, era algo más.
—Escucha, mujer, Hinata es mi primer esposa, es a quien le di mi amor y mi corazón por completo. Pero eso no quiere decir que no "te quiera", claro que lo hago, eres la madre de mis hijos y como eres muy noble estoy seguro que aceptarás tu posición de concubina. Es la ley, no puedo divorciarme de ti de ninguna manera, y a nuestros hijos nada les faltará. Como príncipes de Sunagakure, tendrán puestos importantes. Ahora retírate, y te advierto, no puedes salir del palacio, dos escoltas estarán siempre atentos a tus movimientos si decides salir al jardín. Los niños estarán al cuidado de una institutriz y no podrás acercarte a ellos sin mi permiso expreso. Espero entiendas que no deseo que cometas una tontería cómo huir de nueva cuenta— Le amenazó, y entonces su mundo se vino abajo.
Caminó después de hacer una reverencia y salió de ese lugar.
Inmediatamente fue llevada a sus aposentos por su cuñado.
—Recuerdo que algo similar paso hace muchos años...— Le hizo saber el castaño rememorando lo ocurrido con Hinata, cuando su hermano la hubo despreciado por una mentira forjada por Matsuri y la princesa Ino.
—Milord, necesito a mi tía Tsunade, ¿podría verla?— Cuestionó restándole importancia a lo que dijera el castaño.
—Si, enviaré a un sirviente para que le avise de inmediato...— Él abrió la puerta y dejo entrar a la muchacha a la habitación, retirándose en el acto.
Y entonces la castaña lloró con fuerza, la verdad le había dado de lleno. Gaara, su Gaara nunca le amo realmente, y al confesarle la devoción que aún sentía por su primer cónyuge le lastimaba muchísimo pero lo peor que pudo haberle hecho fue quitarle a sus hijos.
Definitivamente no deseaba vivir sin sus pequeños.
Se sentó al borde de la cama y espero pacientemente a su tía, mientras dejaba fluir todo su dolor y su frustración.
Recostada sobre el lecho, aún seguía recibiendo los dulces besos del moreno mientras ella lo envolvía con sus manos, acariciando su amplia y fornida espalda.
—Hinata— Murmuró su nombre mientras respiraba entrecortadamente.
—Sasuke, hazme tuya...— Pidió ella en voz baja. La lánguida luz de las velas iluminó su rostro y eso hizo que se derritiera de amor por su príncipe.
No pensaba en nada más que dormir entre los brazos del hombre amado. Alejó cualquier pensamiento de su mente, y se entregó a la pasión de su primer y único amor.
Sasuke por su parte se sentía un poco nervioso, de su última vez habían pasado ya varios años y ni siquiera recordaba su primera noche. Pero a pesar de todo, aunque si tuvo uno que otro encuentro íntimo con Ino, no lo hacia un experto en las artes amatorias y eso le preocupaba.
Pero la amaría, no había prisa, saborearía cada parte de su cuerpo y la haría feliz, como nunca lo había sido.
Unió sus labios a los de ella y comenzó bajando por su cuello para aspirar el aroma a rosas que desprendía.
Luego se incorporó para ayudarle a quitarse la bata y ella, al verse desnuda por completo se dejó caer sobre el colchón. Él pudo disfrutar de la hermosa imagen que le ofrecía, y ansioso se despojó de sus pantalones para quedar en la misma condición. Era de suponer que el deseo y la ansiedad de estar con su adorada le estaba pasando factura.
Se acopló a su cuerpo y la miró a los ojos mientras introducía su virilidad en ella.
La joven lanzó un pequeño grito que silenció con el dorso de su mano, mientras Sasuke continuaba con sus rápidas estocadas.
—Te amo...— Dijo ella casi sin aliento, aferrándose a la cintura del moreno con sus piernas y clavándole las uñas en la espalda.
—Yo te amo más Hinata— Las palabras fueron entrecortadas por un tierno beso que fue subiendo de tono, se volvió pasional, arrebatado y sin control.
Los minutos pasaban mientras seguían amándose, no pensaban en nada, solo en ellos mismos, en su amor que a pesar de esos cinco años no había menguado ni un poco y eran felices, muy felices.
Así continuaron hasta que la luz del alba se filtró por entre las ventanas, descubriéndoles desnudos sobre el lecho. Se abrazaron permaneciendo así mucho tiempo, hasta quedarse profundamente dormidos.
