Capítulo XX: Batalla en las Cordilleras Americanas (II).
Adaptarse a la realidad de un campamento en guerra, tras pasar tantos años en una paz relativa resultaba sumamente complicado. Cierto que había participado en numerosas operaciones como integrante de los diversos grupos que constituían los X-Men y que varias de estas acciones coordinadas habían resultado ser tan violentas y casi tan cruentas como las operaciones comando en las que había tomado parte en su propio mundo. Pero habían sido acciones puntuales, separadas en el tiempo y el espacio por prolongados periodos de paz, armonía e incluso felicidad. Habían sido hechos de armas esporádicos que no definían el trascurso del resto de su existencia y mucho menos representaban el involucramiento de elementos ajenos a la operación.
Pero lo que ahora tenía frente a ella, tras determinar unirse a las fuerzas desplegadas por los insurgentes, en este asalto generalizado contras las posiciones ocupadas por los partidarios del Supremacismo, era una cantidad impresionante de batallones, divisiones y ejércitos completos, lanzados a una lucha frontal contra poderes enemigos para nada inferiores a ellos y portando recursos militares que no debían envidiar en ningún aspecto los mastodónticos ejércitos desplegados en su propia realidad durante los momentos más álgidos del sangriento conflicto. Ver pasar delante de ella cantidades impresionantes de heridos, mutilados, difuntos con partes enteras de su cuerpo arrancadas de cuajo por algún impacto de la metralla contraria; ver moverse enfermeras y médicos a montones y con demasiada prisa para percatarse de los estorbos a su alrededor; ver pasar hombres y mujeres armados hasta los dientes con todo tipo de implementos bélicos, modernos o primitivos, con caras de odio, miedo, esperanza, deseos de venganza y de retaliación; ver pasar maquinarias de formas y capacidades siniestras rumbo al campo de batalla y con la plena disposición por parte de sus usuarios de emplearlas con toda su capacidad asesina, sin deseos de mostrar piedad alguna a sus contrarios; todo ello eran cosas que pensó que había dejado muy atrás cuando se exilio de su mundo, pensando que podía salvarlo de semejante destino. Y ahora, el irónico destino la obligaba a ser testigo y participante de una confrontación que adquiría características tan brutales y crueles como las padecidas por su Tierra Nativa.
Pero había circunstancias que cambiaban radicalmente las características de su participación en el drama que padecían ambos mundos. La guerra en su propio plano de la existencia se desencadeno mucho antes de su nacimiento, fue desencadenada por factores de poder sobre los cuales no tenía ninguna posibilidad de influir o de moldear y que la habían obligado a combatir desde la más tierna infancia, sin preguntarle si tenía deseos de verse involucrada en semejante juego macabro. Todo fue realizado contra su voluntad y contra la voluntad de la casi totalidad de los habitantes del planeta, Humanos y Mutantes por igual. Aquí y ahora, por el contrario, se encontraba envuelta por propia voluntad en una conflagración que; aunque obviamente manipulada y desencadenada por poderosos elementos protervos ubicados en las más encumbradas alturas del poder establecido y del poder oculto tras el Trono; había sido aceptada por las clases y agrupaciones políticas populares, tanto en la América anglosajona como en Europa e incluso en Asia y Latinoamérica. No había existido una sucesión de campañas de exterminio masivo y selectivo en la cual se liquidaran vastos conglomerados sociales o poderosas agrupaciones combativas con tal velocidad que estas prácticamente no tenían capacidad de percatarse de lo que acontecía a su alrededor y mucho menos poseían capacidad de tomar medidas para repeler las agresiones padecidas. Aquí y ahora, los que habían lanzado el reto y decidido apoderarse del poder supremo, se encontraron con la desagradable sorpresa de unas fuerzas pertenecientes a la comunidad Homo Superior y a las Clases Proletarias de los Homo Sapiens dispuestas y capacitadas para devolver golpe por golpe e incluso adelantarse a los planes del enemigo e imponer sus propias condiciones de juego en esta brutal guerra global.
La firme resistencia de New York contra el ataque terrorista de Apocalipsis; el despliegue de poder de Genosha que paralizo las movilizaciones militares imperialistas de los potentados humanos occidentales y orientales por igual; la transformación de las huelgas parciales en diversas industrias americanas en una descomunal Huelga de Masas y la transformación de esta en franca Insurrección Revolucionaria; la propagación de la confrontación a Europa con la contención de la marea sangrienta desatada por los supremacistas y el estallido de la Guerra Social en este continente que paralizo la jugada genocida de los Ministerios Europeos aliados secretos de los Supremacistas; el estallido de luchas populares más o menos masivas en América Latina, Asia Oriental y África provocando una rotura importante en la retaguardia estratégica del Capitalismo Mundial y ampliando dramáticamente las zonas afectadas por la confrontación entre clases y razas. Las divisiones que estos extraños conflictos habían provocado en el seno mismo de las agrupaciones súperheroicas, impidiendo que estas se transformaran en participes directas del Genocidio y en bastión permanente del Régimen Criminal que intentaba imponerse. El quiebre dentro de la misma clase dominante, con personeros importantes de la misma poniéndose de frente a favor de la Insurrección Obrera y las rebeliones mutantes. Todo un panorama que no existía ni de lejos en su realidad cuando los Centinelas tomaron el control de la situación y desencadenaron el Gran Exterminio.
Claro; no todo era ni de lejos tan alentador. Como no se había cansado de pensar en el trascurso de toda la guerra social, existían elementos que no se habían hecho presentes durante el comienzo y el desarrollo de los desastres en su mundo nativo. Apocalipsis y sus hordas demenciales poseían un nivel de participación y activismo que jamás tuvieron en su realidad, había nacido un estrecho frente aliado que combinaba en una sola fuerza a todos los peores criminales de cualquier realidad: Apocalipsis, Siniestro, Doom, Ultron, los Centinelas, los Gobiernos Humanos. Elementos que jamás habían aparecido durante el comienzo y el desarrollo de los horrores de su Tierra, o que habían combatido ferozmente entre sí por el control del planeta, formaban ahora una potencia única y con objetivos claramente delimitados y bien establecidos. La división en el seno de los grupos súperheroicos resultaba más inclemente y definitiva en esta realidad que en su propia Tierra y las fracturas se habían hecho terriblemente públicas, generando un nivel de caos y miseria moral mucho mayor al que previamente conoció. La misma derrota de los Avengers en Chicago (no otra cosa podía considerarse su casi destrucción en esta ciudad por más que Markson y sus huestes se hubieran replegado con montones de pérdidas materiales y biológicas) estaba en el centro del audaz atrevimiento público demostrado durante los últimos meses por parte de las Hordas Supremacistas y de los ejércitos privados de los Generales Dorados. Si los Héroes más Poderosos del Mundo no eran capaces de contener la rebelión de una chusma proletaria, mucho menos podrían desafiar al poderío de los Elegidos por el Destino para gobernar el Orbe. Claro, los Supremacistas y los ejércitos privados de los Generales Dorados habían también fracasado miserablemente a la hora de destruir la insurgencia y ahora esta se atrevía a atacarlos en su propio cubil; pero estas menudencias no eran cosas que quitaran el sueño a los designados por los Dioses.
No podía contener una sonrisa de sarcasmo, al imaginar la cara y la pose de suficiencia de los grandes caudillos supremacistas y de sus aliados humanos y mutantes, imponiendo respeto y miedo entre las filas de sus partidarios; mientras en el fondo de sus pensamientos se estaban preguntando de modo desesperado qué medidas debían tomar para poder revertir la situación y contener la marejada insurgente que amenazaba con destruir todo el entramado de poder sobre el cual se sostenía el poderío y la influencia de todos ellos o sobre el cual pretendían imponer su nuevo dominio social, político y militar, además de la primacía económica a escala planetaria. La simple imagen mental de la desesperación que debía estar dominando a sus enemigos la llenaba del más intenso placer.
Pero por real que pudiera ser esta posible desesperación (muy real, como sus poderes psíquicos le mostraban a la perfección) no podía olvidar que el poderío desbocado de estos criminales era tan real como la desesperación que pudieran llegar a sentir en un momento determinado de todo el conflicto. Los brutales cañonazos que golpeaban con frecuencia perturbadora los muros de las montañas que los rebeldes conquistaron y con frecuencia aun mayor los escudos de energía con los que Markson doto a sus fuerzas para proteger sus bases permanentes y temporarias eran un buen recordatorio del vasto poder armado con que contaban los enemigos regidos por Apocalipsis. Las hordas de mutantes y humanos, armados con todo tipo de armamento moderno de alta precisión y poderío letal: rifles, fusiles, bazucas, lanzagranadas, cañones portátiles de antimateria y con el cual se lanzaban constantemente al asalto de las líneas defensivas de los revolucionarios, bajo el amparo de las bombas lanzadas por la artillería apocalíptica, eran otro buen recordatorio de la capacidad bélica del adversario. La masiva cantidad de blindados, robots, tanques, infantería mecanizada que circulaba por las carreteras secretas en las montañas y en las bases de las mismas, intentando reventar las protecciones de los alzados y cubrir el avance de la infantería supremacista, deteniendo o anulando las conquistas alcanzadas por las armas de los sindicalistas, también formaban parte del despliegue militar enemigo que recordaba mucho la potencia de combate del contrario. Pero lo que acrecentaba de modo exponencial la sensación de estar confrontando a un enemigo con la capacidad de vaporizar el planeta entero y con la fuerza de voltear el curso de la guerra, era la presencia de las extrañas y poderosas armas aéreas y espaciales con las cuales bombardean minuto a minuto las posiciones de los revolucionarios. De no ser por la existencia de armas parecidas en el campo de los insurgentes y por la presencia masiva de las fuerzas Asgardianas, Kree e incluso de los extraños aliados interdimensionales que Markson llevaba conociendo por medio de Jennifer Westerson desde hacía no menos de un año; no costaba nada convencerse que las defensas rebeldes habrían sido quebradas y vaporizadas desde el mismo comienzo de la confrontación y los apocalípticos habrían alcanzado una clamorosa victoria.
Clamorosa victoria que, por otra parte, aun no estaba del todo eliminada de la ecuación posible de resultados. En un frente que abarcaba cientos de millas de extensión, ejercía influencia sobre decenas de centros urbanos de diversos tamaños y volumen poblacional, involucraba la participación de millones de soldados con todo tipo de material de guerra, adivinar el resultado de las operaciones consistía un ejercicio fútil y poco menos que imposible. Los sucesos que era capaz de ver a todo lo largo y ancho del frente de combate gracias a sus capacidades de proyección psíquica así se lo demostraban. En toda la extensión del frente de combate lo único que podía verse era fuego, destrucción, muerte y sangre en proporciones nunca antes vista en ninguna acción armada conocida de la historia americana y equiparable a las peores confrontaciones padecidas por los pueblos europeos en sus peores guerras modernas.
Confirmando esas nociones se encontraba viendo unos combates sangrientos a ochenta y cinco millas al norte de su posición. Una miríada de pueblos estaban siendo salvajemente atacados por las tropas apocalípticas en un intento feroz por quebrantar las líneas insurgentes y crear así una amplia brecha que permitiera destruir de una vez por todas la ofensiva rebelde y construir las condiciones para la contraofensiva de las fuerzas supremacistas a todo lo largo y ancho de la zona de confrontación. Contrario a las ideas que muchos ignorantes se habían creado de las fuerzas bárbaras que pretendían regir los destinos del Mundo Occidental actual, estas hordas bestiales no era una simple chusma desorganizada que caía como una marea sobre sus contrarios, tragándolos por la mera superioridad numérica y sin ningún tipo de organización, capacidad táctica ni mucho menos habilidades estratégicas. Y que supuestamente basaban sus ataques en las habilidades mutantes de sus integrantes, despreciando la tecnología (fuera esta creación humana, mutante o alienígena). No era eso lo que podía apreciarse en el transcurso del poderoso empuje enemigo.
Cierto era que arremetían con furia salvaje. Cierto también era que sus arremetidas iban acompañadas de toda clase de masacres y destrucciones macabras, procurando asolar hasta los últimos resquicios de existencia humana o mutante que estuviera presente en la zona atacada. Cierto era que estas masacres eran de una cualidad sistemática aroz que recordaba las peores imágenes que se habían imaginado los cronistas de las eras pasadas cuando relataban las campañas de los godos, los vikingos, los mongoles y demás pueblos brutales de antaño. Pero al igual que los cronistas de eras pasadas se habían equivocado en sus análisis de estos pueblos, dejándose llevar por sus prejuicios y sin ser capaces de ver más allá de la estrategia que estos aplicaban; así mismo los analistas contemporáneos habían errado por completo en sus concepciones acerca de estas mesnadas barbáricas modernas, lo que explicaba el amplio éxito que habían tenido contra la mayoría de sus contrincantes, en el campo de batalla y en la misma lucha política.
Ello podía percibirse muy bien en las brutales luchas que estaba viendo en las zonas atacadas que estaba inspeccionando. Columnas de fuerzas blindadas y batallones de infantería mecanizada avanzaban en perfectas líneas abriendo fuego indiscriminado contra las posiciones ocupadas por la insurgencia, tanto frente a ellos, como en las líneas laterales. Apoyando las acciones de estas fuerzas de choque, masas de infantería pesada y liviana compuestas en su mayor parte de mutantes; aunque con muchas columnas de humanos de los ejércitos privados de los Generales Dorados, adecuadamente protegidos por escudos de energía y protecciones blindadas alrededor de sus cuerpos; asaltaban las casas, edificaciones y trincheras que llenaban las poblaciones sitiadas para barrer con las guarniciones locales y cubrir el avance de las fuerzas principales. Todo este dispositivo de ataque contaba con el respaldo de una masiva acción de las baterías artilleras, que lanzaban constantes bombardeos contra las fortificaciones rebeldes, intentando saturarlas y reventarlas antes que las alcanzaran las tropas atacantes y así facilitar su ocupación por los agresores.
A su vez, este ataque artillero, blindado y de infantería, se encontraba poderosamente respaldado por una abrumadora acción de fuerzas aéreas y aeroespaciales que desencadenaban sobre las posiciones atacadas una oleada de bombardeos muy densa y bastante sobrecargada que saturaba los aires de proyectiles y bombas de todo tipo y provocaban una destrucción inobjetablemente aplastante en las poblaciones que eran alcanzadas por estos ataques. Toda la retaguardia rebelde era una colección de explosiones, incendios, estructuras derrumbadas y vaporizadas y masas de tropas y civiles destrozadas en pedazos. Toda la operación seguía la implacable lógica de la Guerra Total moderna, tan maravillosamente prevista por el General Sherman durante la Primera Guerra Civil y tan espléndidamente aplicada por todos los bandos de las Guerras Mundiales. Y ahora era una de las armas predilectas de las fuerzas apocalípticas y de sus aliados humanos y mutantes.
El problema para los supremacistas y sus aliados, se encontraba en que los insurgentes de Markson se hallaban entre los pocos que se habían tomado en serio las acciones previas de los apocalípticos y poseían la seguridad que sus enemigos supremacistas eran una máquina de guerra bien aceitada y estructurada, con capacidades operativas y asesinas de las mejores del mundo. Cosa por lo demás bien demostrada en las batallas callejeras por el control de Hamburgo, en las que los supremacistas solo habían logrado ser derrotados gracias al hecho de tener los sitiados un dirigente de la experiencia y capacidad de Weinmann. Por lo tanto; Markson y sus comandantes se dedicaron a saturar sus posiciones de fortificaciones y fuerzas de combate veteranas en las más duras batallas hasta ahora habidas en esta Guerra Social. Además las desplegaron en líneas de gran profundidad, capaces de absorber el impacto de las fuerzas enemigas, desgastándolas en combates continuos, línea sobre línea, destruyendo sus blindados o inutilizándolos y disminuyendo la efectividad de las baterías artilleras y los bombardeos aéreos. Por lo demás, repleto las fortificaciones con escudos de energía de alta potencia, capaces de repeler las bombas y descargas de energía de las armas enemigas. Y no menos importante que todo eso, doto a sus tropas de elementos armados tan avanzados como los poseídos por el enemigo.
En el frente de combate que estaba observando y estudiando en este preciso instante podía verse como los impactos directos de las baterías insurgentes destruían o desmontaban los batallones blindados de los supremacistas, en medio de un estrepito ensordecedor y en medio de la sorpresa arrogante de los asaltantes, que pese a todas las experiencias previas, seguían viendo como simples facciosos a sus contrarios en el campo de batalla. Podía verse como grupos enteros de apocalípticos, mercenarios y soldados del Gobierno se estrellaban contra los campos de energía que protegían las defensas insurgentes, y se veían forzados a enfrascarse en feroces tiroteos contra los rebeldes atrincherados en las casas, edificios, barricadas que poblaban las calles y avenidas de los pueblos atacados. Podía verse como los gubernamentales y supremacistas reventaban las puertas de las estructuras defensivas y penetraban con fuerza en estas, aniquilando con su fuego a los defensores, pero esto solo lo hacían para que al cabo de pocos minutos se vieran obligados a replegarse abrumados por la lluvia de metralla que segaba sus cuerpos procedente de las columnas de respaldo que enviaban los rebeldes a los lugares donde parecía que podían abrirse brechas. Los cuerpos caídos de los sitiadores se encargaban de cerrar las aberturas de las líneas defensivas de los sitiados. Otra forma, muy radical, que tenían los rebeldes de cerrar las brechas creadas en su dispositivo defensivo, era lanzar un bombardeo salvaje contra las edificaciones que caían en poder del enemigo, destruyéndolas antes que los gubernamentales tuvieran tiempo de colocar escudos de energía protectores y junto con las edificaciones, se aniquilaban batallones enteros del ejército apocalíptico, impidiendo el avance de estas fuerzas sobre las líneas rebeldes posteriores y permitiendo que las posiciones revolucionarias se reconstruyeran y consolidaran cerrando a cal y canto el avance de los apocalípticos con marejadas de sangre.
Haces de energía salían disparadas de las baterías revolucionarias impactando con fuerza en medio de los dispositivos artilleros del enemigo, o en las columnas blindadas, o en las masas de una infantería cada vez más expuesta a unos bombardeos con una precisión creciente y de resultados demoledores. Haces de energía de intensidad aun mayor y de precisión no menor eran lanzados con frecuencia contra las enormes naves aeroespaciales desplegadas por los supremacistas para su campaña de bombardeos. Y, para pasmo de estos, causaban destrucción brutal en el interior de estas. Poderosas explosiones sacudían los cielos sobre las Cordilleras Americanas mientras las aeronaves supremacistas sufrían destrucción en sus costados, en sus panzas y hasta en sus cascos frontales, cada vez que los disparos enemigos acertaban de lleno en los mismos. Un nivel de destrucción acrecentado por la presencia en el campo de batalla de las aeronaves de la Armada Asgardiana que se involucraron activamente en la Batalla atacando las naves apocalípticas y demostrando la calidad de sus baterías de guerra. Era un hermoso espectáculo observar como las naves de guerra Asgardianas se entablaban en vigoroso combate contra los navíos supremacistas y alienígenos y se abrían paso en los cielos americanos destruyendo a sus enemigos tras feroces duelos de artillería que, en líneas generales, siempre terminaban ganando. Aunque debe decirse, en honor a la verdad, que los Asgardianos, de modo muy prudente, se habían dotado de cantidades apreciables de material de guerra proveniente de las potencias interdimensionales simpatizantes de Markson, acrecentando de modo exponencial su, ya de por si poderosa, maquinaria de guerra estelar.
Frustrados por la potencia de sus enemigos, los supremacistas se encargaron de desencadenar toda la furia de sus divisiones mutantes. Una oleada de destrucción aterradora se desato sobre las posiciones revolucionarias, generando muerte y devastación generalizada. Terremotos de una intensidad desconocida abrieron la superficie de la Tierra bajo los pies de los ejércitos rebeldes. Descargas de energía salían despedidas de los cielos americanos en gigantescas tormentas eléctricas que apenas tenían que envidiar las provocadas por el mismo Thor. Tormentas de niebla venenosa invadían el aire de las poblaciones sitiadas y se internaban en los pulmones y en los poros de los habitantes y soldados presentes en las mismas. Incendios de origen desconocido asolaban casas, hospitales, centros comerciales, bases militares. Los ríos se desbordaban sin razón aparente y llevaban una muerte húmeda sobre las pobres criaturas que se encontraran a su paso. Ataques de psicosis se apoderaban de todos los presentes y los lugareños se atacaban entre ellos sin motivo aparente. Bestias salidas de las peores pesadillas de Lovecraft arremetían de modo repentino sobre las fuerzas insurrectas y devastaban sus filas desencadenando horrores inenarrables.
Pero incluso para esto los insurgentes construyeron contramedidas que les permitieran responder y contragolpear de modo efectivo, impidiendo que las brechas abiertas se acrecentaran y cerrando el paso de modo definitivo a las hordas supremacistas. Markson construyo toda una división de mutantes psíquicos, de la que Rachel formaba parte, que tenía por función confrontar los ataques de las criaturas Lovecraftianas, la mayoría de las cuales tenían origen en poderes psíquicos capaces de adquirir propiedades materiales, y también tenían por función interceptar los ataques psíquicos menos físicos del enemigo, así como devolver estas agresiones con violencia recrecida y demoledora. Esa era la razón principal para que ella estuviera psíquicamente presente en las zonas de combate de la línea norte del frente de guerra. Desde el comienzo de la ofensiva enemiga se logro interceptar información que afirmaba que los apocalípticos pretendían lanzar un ataque psíquico masivo, además de brutales arremetidas con sus mejores hordas mutantes contra ese sector especifico del frente. Tenían plena intención de quebrar las defensas rebeldes y destruir en el flanco norte todo el dispositivo de guerra construido por Markson y compañía. Era una perspectiva que Markson tenía plena intención de evitar, costara lo que costara. Además, tenía la plena intención que estos costos fueran mayores entre los sitiadores que entre los sitiados. Para Rachel estaba claro que el Mando Rebelde se estaba jugando el todo por el todo en esta campaña en particular. Jugaba muy diferente que en Chicago. En Chicago existía la opción del repliegue, de la lucha irregular, del golpea aquí, huye y golpea en otro lado. Aquí por el contrario estaba jugando con masas enormes de fuerzas, desplegadas a campo abierto, con material de guerra masivo, y líneas de defensa y ataque plenamente estructuradas y definidas. Era una batalla convencional en toda regla y todos los involucrados en la misma, estuvieran en cualquiera de los bandos en pugna, se daban perfecta cuenta de las implicaciones que esto traía aparejado.
Los ríos desbordados que asolaban los pueblos agredidos, sufrían extrañas convulsiones y retorsiones, adquirían cursos extraños y casi imposibles, rodeaban las poblaciones que antes inundaban y caían con no menos furia sobre las posiciones de los apocalípticos, generando una serie de devastaciones en las filas contrarias que eran complejas de tapar y reparar. Los apocalípticos se encontraban sorprendidos por ataques que no esperaban y caían masacrados en cantidades abismales. Los ríos los capturaban sin que estuvieran preparados y perecían ahogados sin posibilidad de salvación; ni siquiera podían huir nadando. Por extrañas razones (razones mutantes), el agua de los ríos adquirían una densidad, una masa que la volvían casi solida y dejaban atrapados a los supremacistas bajo ella. La muerte por asfixia los atrapaba sin que tuvieran posibilidades de escapar de ella. Los incendios repentinos que asolaran las líneas rebeldes, causando una espantosa mortandad entre estos, saltaban repentinamente de las edificaciones citadinas a las columnas de avance apocalípticas, ropas, tanques de combustible, documentos, armas inflamables estallaban en mil pedazos, causando llamaradas gigantescas en medio de las filas gubernamentales, apocalípticas y mercenarias y generando niveles de destrucción no menor que la que causaron entre los revolucionarios. Vientos huracanados desviaban los gases tóxicos y las milimétricas bacterias y virus que atacaban las posiciones insurrectas y lanzaban estos sobre las líneas de avance e incluso la retaguardia profunda de los sitiadores; las risas de estos (tenían trajes protectores y escudos de energía que repelían hasta los hasta milimétricos) se convirtieron en gritos de agonía y terror cuando, como por obra y arte de la más negra magia, estas defensas desaparecieron y sus propias armas macabras empezaron a inundar, pulmones y poros en cantidades apreciables. Por millares cayeron los asaltantes, atacados por enfermedades repentinas que consumían en cuestión de minutos, a lo mucho en pocas horas, todo su sistema inmunológico destruyendo sus cuerpos por completo en el proceso.
Ataques más convencionales también fueron empleados para contener la arremetida enemiga. Lluvias de bombas, misiles, proyectiles, balas, rayos laser y de antimateria cayeron sobre las fuerzas blindadas sitiadoras, sobre las masas de infantería y sobre las brigadas mutantes causando mortandad no menor a la que estas fuerzas causaban con sus asaltos y bombardeos sobre las defensas rebeldes. Pudo apreciar; sintiendo para su pesar un placer desmedido, como una violenta descarga de antimateria golpeaba de lleno en la corporeidad de todo un batallón supremacista y los desintegraba en su totalidad o freía sus partes vitales transformándolos en caparazones muertos. Vio como una sucesión interminable de bombas caía sobre una potente columna de vehículos blindados pesados, desmontando la casi totalidad de los mismos y matando en el proceso a la mayoría de sus ocupantes, los sobrevivientes cayeron aniquilados por las ráfagas de metrallas salidas sorpresivamente de las edificaciones laterales de la calle por la que avanzaban y que acababan de ser recuperadas de modo secreto por los ejércitos de la Rebelión. Aprecio como una poderosa compañía mixta de infantería y acorazados, humanos y mutantes y hasta algunos alienígenos, tomaba casi sin resistencia una fortísima fortificación aparentemente abandonada por sus cobardes defensores, solo para ser sorprendida por una feroz arremetida artillera y un salvaje ataque por los flancos de la posición "abandonada"; los agujeros que en sus cuerpos provocaron la metralla y los rayos laser y antimateria, además de los ataques de los Homo Superior aliados a la Rebelión resultaron ser de una efectividad mortal. Toda la compañía pereció en la acción, y los que no cayeron en la batalla, fueron rematados sin piedad por los cuerpos de cobertura insurgente. No existía la piedad en esta campaña salvaje.
Lo que sin duda más placer le daba era su propia participación en las campañas armadas. No tomaba parte física en las operaciones, pero desde el Cuartel General y acompañada de sus compañeros de la División Psíquica, no solo se dedico a destruir las acciones armadas de los ejércitos mutantes y de sus componentes psíquicos como recordaba hacía poco; también asaltaba las mentes de sus oponentes en el mismo territorio enemigo. Infiltraban las defensas psíquicas del adversario y llevaban la guerra mental hasta sus mismos cubiles. Los combates en el plano mental no eran menos feroces que en el plano material. Bestias de pesadilla, guerreros bestiales, criaturas espantosas y de un poder monstruoso y devastador si se permitía que los apocalípticos las materializaran eran protagonistas de las batallas que asolaban la realidad mental en la que también se libraba la guerra. Dolor profundo la inundaba cuando alguno de sus camaradas caía víctima de los ataques de sus enemigos; terriblemente poderosos. No pocas veces había tenido que presenciar como criaturas "irreales" desgarraban las presencias psíquicas de sus compañeros provocando la muerte de estos en ambos planos de la existencia; había presenciado como las peores pesadillas de sus amigos se hacían realidad en sus mentes provocando shocks mentales que les aparejaban la muerte casi instantánea. Algunas de sus amigas fueron víctimas de torturas y violaciones masivas que aunque en realidad apenas duraban menos de un segundo, en sus mentes parecían calvarios de meses. La muerte por el trauma era casi instantánea.
La respuesta no era menos brutal. Gritos de agonía escapaban de los labios reales de sus contrarios cuando sus propios cuerpos psíquicos eran despedazados por las criaturas por ellos convocadas que, por alguna razón que no comprendían al principio, se volvían en su contra y los aniquilaban sin piedad. Terror puro escapaba de las gargantas de los psíquicos apocalípticos al momento en que sus mentes eran atacadas por bestias Lovecraftiana capaces de reducir a la impotencia las bestias por ellos convocadas y transformaban sus recuerdos en montones de escombros; dejando enormes cortocircuitos cerebrales que los liquidaban casi al momento. Miedo total era lo que dominaba la realidad mental de estos cretinos cuando las enormes bestias que habían logrado convocar en el plano material, se desaparecían de las poblaciones sitiadas y de modo repentino reaparecían pero atacando las bases de los potentados supremacistas y gubernamentales y llevando la misma muerte que minutos antes habían estado padeciendo los rebeldes y los civiles en las poblaciones asaltadas. La pérdida de control de sus bestias provocaba shocks instantáneos y casi siempre letales. Era como si a sus cuerpos físicos les arrancaran una parte vital de sus organismos. Era una muerte horrenda y dolorosa, y más que merecida.
Sin embargo, estas confrontaciones armadas; entre los ejércitos fanatizados de los supremacistas, las hordas mercenarias y los ejércitos privados de los Generales Dorados y las fuerzas regulares del Estado Americano contra las estructuras armadas construidas por la Clase Obrera para desencadenar su insurgente resistencia contra las fuerzas del Stablishment; no le generaban la preocupación y la sensación de incertidumbre que por el contrario le provocaban las declaraciones, proclamas y propuestas políticas de los representantes oficiales de los partidarios del Supremacismo. Estas declaraciones, que fueron realizadas por el mismo Apocalipsis en muchas oportunidades, sin que nadie le enmendara la plana, representaban la puesta en acción pública de los principios programáticos del conjunto de las fuerzas extremistas que el Supremacismo aglutinaba y que el Estado y los más poderosos integrantes de las Clases Oligárquicas parecían respaldar con todo su poderío. Y nadie parecía comprender esta simple realidad, ni mucho menos parecían decididos a salir para impedir la aplicación de desaguisados tan monstruosos.
Toda la salvaje sucesión de enfrentamientos que habían estado sacudiendo Estados Unidos y los países europeos desde los días de la Batalla de Chicago y que se intensificaron con salvajismo tras las violentas declaraciones de Apocalipsis contra los derechos más elementales de la Clase Obrera estadounidense, llamando a la supresión de sus estructuras organizativas y a la destrucción de todos sus derechos sociales, políticos y económicos, solo acontecieron porque los estúpidos partidarios del megalómano dirigente mutante pretendieron imponer estas palabras en la vida real por medios expeditivos del más rancio y cruel barbarismo. Los trabajadores europeos; con los proletarios germanos a la cabeza, se lanzaron de lleno a aceptar el desafío, transformando lo que era un simple genocidio brutal, con reminiscencias en el más oscuro pasado, en una colosal conflagración armada entre las grandes clases sociales que se disputaban la Hegemonía del conjunto de las civilizaciones del Viejo Mundo. Fue una respuesta lógica, coherente, pensada, por toda la dirigencia sociopolítica de la Clase Obrera europea y sus aliados americanos, contra las acciones criminales de los ejércitos genocidas creados por los maniáticos supremacistas y que contaban con el respaldo de las estructuras de poder del viejo orden de cosas. Solo la resistencia armada masiva podía impedir la concreción de tan siniestros planes y a ella se lanzaron los batallones construidos por los partidos proletarios de toda Europa y Estados Unidos.
Pero el resto de los conglomerados sociales sufrieron; desde los mismos días de las huelgas que lanzaron a la fama a Markson; agresiones verbales parecidas por parte de los apocalípticos y otras agrupaciones de extremistas de la más dura ultraderecha radical. Y no respondieron ni de lejos con la misma tenacidad y temple con el que respondió la Clase Trabajadora. Quizá la clave se encontraba en el modo en que los enemigos atacaron a los trabajadores americanos y europeos y las formas que adquirieron las agresiones contra otros grupos sociales y políticos. El desafío contra los proletarios de ambas orillas del Atlántico adquirió muy pronto la forma de agresiones armadas brutales y genocidas que solo admitían una respuesta proporcional por simples razones de supervivencia. Las agresiones contra los conglomerados sociales no proletarios o no plenamente identificados con su origen plebeyo tomaron rutas diferentes y menos salvajes (en la práctica, porque en teoría eran de un salvajismo atroz), lo que hizo pensar que se podía jugar a dar una respuesta teórica y razonada a los planteamientos lanzados por los dirigentes y seguidores del supremacismo. Eran conglomerados sociales que padecieron en el trascurso de la historia brutalidades no menores a las de los trabajadores, pero cuyas organizaciones políticas y sociales se encontraban dominadas por poderosas corrientes reformistas que rechazaban vehementemente cualquier salida que no siguiera las reglas del juego institucional, fuera cual fuera la amenaza que se presentara en el ambiente sociopolítico.
Daba pena ajena observar como los dirigentes de las barriadas latinas y negras de las urbes norteamericanas se ponían a declamar acerca de la Carta de Derechos de las Naciones Unidas y los principios políticos sobre los que se sustentaban las sociedades occidentales desde los días de las Guerras de Independencia en el Continente americano y de la Revolución Francesa. Y ello para responder a las declaraciones y amenazas lanzadas por Sabah Nur contra sus respectivos colectivos desde antes de la Batalla de Chicago. Declaraciones y amenazas que por otra parte no impidieron que la Casa Blanca, el Pentágono y las Grandes Corporaciones mantuvieran encuentros y conversaciones cada vez más frecuentes con los más poderosos integrantes del Supremacismo; claro, con el argumento engañabobos de mantener la paz social. Lo curioso es que esa paz social no parecía requerir mantener encuentros igual de constantes con los partidarios de Markson y Weinmann a los cuales les lanzaban todo el poderío de las fuerzas represivas del Estado. Era vergonzoso que los mismos conglomerados mutantes se hubieran quedado callados ante las amenazas proferidas contra los negros y latinos por sus orígenes raciales, habida cuenta de las brutales agresiones que por semejantes motivos padecían día sí y día también todos los integrantes de la Raza Homo Superior.
Solo Markson, Weinmann, Westerson y claro, Erick (Magneto) comprendieron a cabalidad lo que se escondía detrás de las amenazas altisonantes de los potentados supremacistas contra las poblaciones de color. Por una parte una estrategia de divide y vencerás. Hacer víctima especial de sus exabruptos a colectivos específicos de las poblaciones americanas para de este modo impedir que buscaran alianzas con los trabajadores de etnia blanca, que serían vistos como unos privilegiados que no eran sometidos al terror apocalíptico. Por otra una demostración palpable de las verdaderas intenciones de los supremacistas. Que todo fuera una estrategia no eliminaba de la ecuación que los dirigentes supremacistas en realidad veían a los pueblos de color y mestizos como razas inferiores en lo que respecta a los pueblos blancos y que para ellos no eran otra cosa que carne de campos de trabajo esclavo o carne de campos de exterminio colectivo. Pero sus advertencias quedaron en saco roto. Fueron vistas por las organizaciones y hasta por los pobladores de las barriadas mestizas y negras de América como la expresión de la demagogia de los partidarios de la extrema izquierda; así como, las mismas declaraciones de Apocalipsis, eran vistas como la expresión de la demagogia salvaje de los partidarios de la extrema derecha.
A nadie parecía importarles que estas declaraciones crecieran en intensidad y salvajismo cada día que pasaban y que los líderes supremacistas no parecieran tener la necesidad de retractarse de sus salvajes exabruptos populistas de ultraderecha. Eran declaraciones que iban marcando una pauta cada vez más racista y cada día más delirante y de conclusiones genocidas, y nadie parecía estar pendiente de ello. Declaraciones como las ofrecidas por Apocalipsis el 15 de Agosto a las 15:45, quince minutos después de una reunión secreta mantenida con el Presidente, el Gabinete en pleno y los Grandes de la Finanza y la Industria. Ninguno de los cuales desautorizo semejante desmán verbal: Apocalipsis había declarado que las organizaciones laborales y comunitarias debían ser extirpadas y sus integrantes exterminados. O también podían ser tomadas en consideración otra sucesión de declaraciones como las siguientes: El 24 de Agosto Apocalipsis afirmaba que debía purgarse América del infame elemento latino o hispano. El 29 de Septiembre se afirmaba la necesidad de erradicar la población mestiza. El 22 de Octubre declaraba que los pobladores de color eran una chusma solo útil para campos de trabajo esclavo.
Ni los representantes del Estado (supuestamente defensor de los intereses de todos los integrantes de la comunidad americana por igual), ni los representantes de las organizaciones barriales o de los colectivos negros, latinos o mestizos respondieron con la contundencia debida a estas expresiones de demencia criminal. Esta escalada de monstruosidades verbales siguió siendo considerada una simple sucesión de expresiones propagandísticas de cara a la legalización de las organizaciones políticas supremacistas y el permiso de participar en el juego electoral. Las gigantescas manifestaciones convocadas y aupadas por el K.K.K y que llenaron de lo peor de la escoria racista las calles americanas tampoco parecieron generar la preocupación debida entre las comunidades de color; por lo menos entre los que se consideraban sus representantes y dirigentes. Las masas de color, con claro instinto proletario como dirían Markson y Westerson comprendieron que las palabras eran más serias que lo comúnmente aceptado por los poderes del Stablishment a los cuales estaban después de todo adscritas las organizaciones populares y salieron a exigir explicaciones a sus dirigentes y a los locos supremacistas. Los barrios de las grandes urbes americanas se llenaron de masas negras, morenas y cobrizas clamando explicaciones y exigiendo medidas contra los llamados al genocidio y al esclavismo que lanzaban los supremacistas.
El problema es que las poblaciones de color estaban tan divididas por motivos de clase como lo podían estar los pueblos de etnia blanca. Las manifestaciones contra las declaraciones de Sabah Nur fueron vistas como la expresión de la voluntad política de los partidarios de Markson entre los pueblos de color que poblaban América. Un intento por infiltrar sus perniciosas ideas subversivas entre los elementos proletarios de las barriadas no blancas de América y acrecentar su poder e influencia. Toda la clase media negra o latina y las familias que habían alcanzado el rango de burgueses entre estas comunidades, gozaban de demasiados privilegios y comodidades, habían alcanzado un nivel de vida tan elevado, por lo menos en comparación con sus congéneres que no se encontraban en disposición de perder estas "conquistas" en aras de seguir los argumentos de un loco rabioso de la extrema izquierda revolucionaria. Las manifestaciones de repudio de las masas de color de origen plebeyo fueron respondidas por manifestaciones no menos masivas de los elementos pequeñoburgueses y burgueses de estas comunidades, y hasta por elementos de clase proletaria con la intención de demostrar su lealtad al Gobierno y a las instituciones y declarar que jamás permitirían que la insidiosa propaganda de Markson entrara en sus colectivos. Comprendía ahora, muy bien, la frustración de los partidarios de Magneto cada vez que los X-Men interferían con sus proyectos emancipadores para la raza Homo Superior. Era la misma ceguera y estupidez ante el peligro evidente y que no dejaba de mostrarse en todo su horrendo rostro demoniaco.
No menos preocupantes (de hecho por motivos muy lógicos le parecían incluso declaraciones aun peores que las anteriores) eran las proclamas, discursos y planteamientos programáticos que los dementes del supremacismo habían estado dando desde el comienzo del conflicto americano acerca del rol que las integrantes de la población femenina debían ejercer en el entramado social del Nuevo Orden americano. En lo que a ella respectaba era una formal declaración de guerra contra todo su sexo y eso era algo intolerable. Pero para su sorpresa muy ingrata, las organizaciones feministas institucionales demostraron la misma tibieza extrema de los organismos en defensa de las minorías raciales. Quizá alguna declaración altisonante por aquí, y otra por allá, y alguna que otra manifestación en demostración de repudio contra las estructuras política supremacistas; pero nada que demostrara una autentica voluntad de combate contra los planes cada vez más abiertos y criminales de la Horda Apocalíptica.
Y nadie en su sano juicio sería capaz de negar que las declaraciones que los apocalípticos habían ofrecido sobre el problema femenino eran propias de las mentes más retrogradas y perniciosas de la historia planetaria. Era claro que la única razón por la que no exigían la reinstauración de los Derechos del Señor; mejor conocidos como Derecho de Pernada; era por la falta de poder para implementar la ansiada medida; además de por el ridículo que significaría exigir la implementación de una política que los historiadores modernos negaban que hubiera existido siquiera alguna vez; por lo menos como cuerpo legal establecido; aunque puede que haya existido como hecho material concreto.
Tuvieron, estas declaraciones, una progresión tan salvaje y criminal como las lanzadas contra las poblaciones no blancas de América. Desde el comienzo apestaban al más brutal machismo; pero en su escalada fueron incrementando el sabor amargo de la locura y de la brutalidad. No pudo hacer otra cosa que llenarse de alarma y preocupación ante declaraciones que eran una afrenta directa contra ella y sus más elementales derechos humanos, que se los querían arrebatar por el simple hecho de poseer determinados órganos sexo-reproductivos. Como si no fuera suficiente el ser mutante ahora también tenía que pedir disculpas y postrarse por el motivo de ser mujer. Era demencial. Y sin embargo las reacciones de las instituciones y de las feministas fue más bien tibia y eso que las declaraciones poseían el siguiente tenor: El 18 de Agosto; el Alto Mando Apocalíptico dejaba en claro que las mujeres en posiciones de responsabilidad en los Departamentos Gubernamentales y en las Organizaciones Privadas debían ser destituidas y reemplazadas por los varones. Aducía que la crisis del Sistema se generaba y ahondaba por la incompetencia de las hembras en cargos de poder públicos y privados. El día 13 de Septiembre se proclamaba a voz en cuello que las féminas debían ser retiradas de las instituciones educativas superiores e incluso de las de primaria ya que su cerebro no era capaz de absorber la información impartida por los educadores y que en caso de permitir su permanencia debía asegurarse la creación de un programa especial obligatorio para todas las estudiantes en las que se recalcara el papel subordinado de su sexo en las estructuras sociales y políticas. Para el 14 de Noviembre el discurso exigía la supresión de los puestos laborales femeninos en cada sector público o privado o en su defecto una reducción del 90% en sus pagas y la imposición de un articulado de deberes que remarcara el papel de sumisión de las trabajadoras frente a sus supervisores, patrones e incluso sus compañeros de trabajo.
La respuesta de la mayoría de las personas ante tan brutales exabruptos fue una simple sucesión de chistes tan mediocres y tan machistas como las exigencias de los Supremacistas. Hasta las mujeres se lo tomaron a risa, dejando claro que las propuestas de unos locos misóginos sin capacidad de persuasión social no representaban nada preocupante. Escandaloso y repulsivo quizá, pero no peligroso ni preocupante. Para la mayoría de las personas que escucharon, vieron o leyeron las declaraciones de los supremacistas sobre el tema, estas no generaban mayor preocupación de los manifiestos delirantes de los Incel. Parecían olvidar que los Incel no eran otra cosa que unos fracasados frustrados, por razones muy diversas; y que en su mayoría no poseían influencia sociopolítica ni capacidad organizativa; y pese a ello habían sido capaces de desencadenar varias olas de asesinatos brutales por la mera razón que no tenían capacidad para llevarse a las mujeres a la cama. Los supremacistas eran un movimiento político-militar, terrorista, armado hasta los dientes y muy bien engranado y estructurado; con capacidad de destrucción masiva y amplio respaldo en los círculos de poder económico, político y militar de todo Occidente y de gran parte de lo que no era Occidente también; eran una organización planetaria.
Como siempre solo los insurgentes de Markson y compañía se tomaron en serio la amenaza que representaban las proclamas de los apocalípticos y sus aliados y consideraron como parte de sus delirantes intenciones programáticas las afirmaciones publicas de sus dirigentes sobre el tema. Jennifer Westerson; temblando de rabia e indignación, lanzo violentos discursos por los medios de comunicación de masas, exigiendo la aplicación de las leyes que penaban la Violencia contra las Mujeres y de aquellas que castigaban las llamada al odio contra determinadas comunidades vulnerables. Y, como siempre, no quisieron escuchar. Jennifer era vista como una extremista loca, con graves problemas familiares, que para resolverlos se acostaba con un inmigrante ilegal, casi analfabeta, y que financiaba por igual a los rebeldes de Markson y a los supremacistas de Apocalipsis. Como si la vida sexual de Westerson eliminara el hecho que las proclamas de los Supremacistas significaban un desafío abierto a toda la estructura legal existente.
Las cosas cambiaron un poco y el machismo desbocado de los apocalípticos empezó a ser tenido en mayor consideración como amenaza tras los eventos que provocaron la reanudación de la Guerra Civil. El salvaje incidente de Albertville en el que se destapo todo una red de asesinatos selectivos y masivos, experimentos brutales y esclavitud sexual generalizada; que además permitió recordar las propuestas en el mismo Congreso por legalizar el matrimonio forzado, la violación marital y la misma esclavitud sexual para todas las mujeres de América y las campañas violentísimas de los ejércitos supremacistas que iban siempre acompañadas de masivos actos de violación sexual contra las militantes enemigas capturadas o incluso contra las féminas civiles que tuvieran la desgracia de encontrarse en su camino, dejaron claro para muchos que los apocalípticos hablaban con mayor seriedad a la esperada y que contaban con un respaldo colosal entre muchos elementos muy retrógrados, pero muy poderosos en el Stablishment americano.
Y aun así, la mayoría de las personas consideraron que las cosas no iban con ellos, que el Estado jamás permitiría que las cosas llegaran tan lejos, y que las actuales víctimas de los ejércitos supremacistas no eran otra cosa que insurgentes que estaban siendo castigadas apropiadamente por su rebelión contra el Orden establecido. Eran hembras que querían sembrar el caos, que despreciaban las leyes que las protegían y querían construir un mundo sin ley y sin regulaciones. Bien estaba que padecieran de primera mano las consecuencias del mundo que se empeñaban en construir. Pasmada, había escuchado reflexiones parecidas de boca de personas que creyó razonables y decentes, pero que estaban convencidas que nadie de su familia o de sus relaciones cercanas padecerían las vejaciones que sufrían las víctimas del supremacismo en la actualidad. Le parecía inconcebible que alguien fuera tan egoísta como para tolerar la miseria ajena con el pretexto que no era la miseria propia. Y que fueran además tan ciegos como para creer que los horrores que sufrían las actuales cautivas de los ejércitos apocalípticos no se extenderían al resto de las féminas de la población americana e incluso mundial si llegaban a alcanzar el triunfo en la guerra que se estaba librando.
Incluso entre sus compañeros mutantes en la Escuela de Xavier la arrogancia y bestialidad de los Apocalípticos eran vistas como la expresión de un cretino demente sin peso real en las políticas nacionales e internacionales. Una ceguera exasperante, si se tenía en consideración la enorme cantidad de viajes interdimensionales que la práctica totalidad de los equipos de combate mutantes habían emprendido aunque fuera en un par de oportunidades. Empezando por los equipos de los Nuevos Mutantes, pasando por las fuerzas de operaciones de los X-Force, hasta llegar a veteranos como su padre y su madre, todos ellos habían presenciado los horrores del Régimen de los Centinelas, la barbarie de la Era De Apocalipsis, las brutalidades de la Dinastía de Magneto; pero ellos solo parecían conservar en sus memorias los ingratos recuerdos de la hegemonía implantada por la Genosha Mutante a escala planetaria y olvidaron con demasiada facilidad y prudencia los no menos aborrecibles cataclismos de las maquinas pensantes y los Jinetes bíblicos. Olvidaron los genocidios sistemáticos impuestos al mundo por los armatostes de Ultron o la locura criminal que eran las Tierras regidas por Doom. Y parecían no querer calcular que significaba que ahora todos estos engendros demoniacos (con excepción de Magneto; que esta vez jugaba para el equipo correcto, aunque Xavier y sus alumnos no quisieran reconocerlo) estuvieran juntos en un solo factor de poder.
Sus disputas con sus amigos, como siempre, habían alcanzado niveles violentos. No le gustaba para nada la ceguera de todos ante las declaraciones públicas de los apocalípticos y la inactividad pasmosa de sus más bravíos maestros y colegas ante las amenazas genocidas de los supremacistas contra las razas "inferiores" y la población femenina:
-Debo ser solo yo; debo haber caído en una especie de sueño inducido por algún macabro torturador. No sería concebible de otro modo que ustedes estuvieran tan tranquilos ante la sucesión de amenazas que el mismo Sabah Nur ha estado lanzando últimamente, en el mismo rostro de las autoridades legalmente constituidas.
-Los exabruptos de Apocalipsis y sus equipos, los hemos conocido desde hace mucho tiempo; y la mayoría de las oportunidades apenas han sido las expresiones de la impotencia de unos avispados que han visto fracasar todos sus planes siempre.
-¿Siempre? Esa patraña estaría bien fundada; padre, si fuera dicha por algún encefaloplano que jamás haya cruzado las puertas interdimensionales que todos nosotros hemos atravesado alguna vez. Pero tenemos demasiadas experiencias; malas experiencias, al respecto, como para caer en semejante actitud de indiferencia por las palabras proferidas por caudillos criminales, que ya han impuesto su Régimen de terror en otros mundos y otros tiempos.
-Es escandaloso que emplees un lenguaje tan despreciable para referirte a la población Homo Sapiens. Esa moda que ha nacido entre los jóvenes mutantes, como si los humanos fueran alguna especie de impedidos es espantosa.
-Lo que es espantoso, Bestia, es que ustedes se preocupen tanto por las expresiones salidas de mi boca con obvias intenciones mordaces, pero no muestren el mismo nivel de miedo por el poderío desbocado de los supremacistas y sus aliados; humanos y mutantes por igual. Esa palabreja que tanto detestan la pusieron en movimiento una cantidad abrumadora de imbéciles que se limitaron a propagar las propagandas más rapaces de los elementos supremacistas y que según ustedes no representaban peligro alguno. Y ahora casi toda la juventud Homo Superior considera permisible considerar a la humanidad como el conjunto de la población terrícola sin habilidades distintivas y por tanto un miserable montón de encefaloplanos. De allí al exterminio existe un paso muy corto; Alemania lo demuestra.
-Decir que no hacemos nada para contener la marejada de odio que los elementos más brutales de nuestra especie propagan es negar tu propia historia. ¿Cuántas veces hemos puesto en vereda las políticas expansionistas de Magneto y lo hemos forzado a mantenerse encerrado en Genosha? ¿Cuántas veces hemos contenido las campañas de terror de Apocalipsis y lo hemos forzado a esconderse en sus sarcófagos para no perecer tras sus continuos fracasos? ¿Cuántas veces hemos aplastado las maquinaciones de los Centinelas o ayudado a los Avengers y a los Fantastic Four a repeler las maquinaciones de Doom y Loki y Ultron?
-Y sin embargo ahora se limitan a condenar las acciones insurgentes de Markson, a lanzar ultimátum contra Genosha, investigar las acciones de los aliados interdimensionales de los rebeldes, seguir subrepticiamente a Westerson, acompañar a los Avengers en misiones diplomáticas para asegurar la lealtad de potencias extranjeras a las políticas del Gobierno Estadounidense y a cerrar los ojos ante la obvia alianza de los supremacistas y segmentos enteros del Estado. Apocalipsis jamás se hubiera atrevido a lanzar estas declaraciones bestiales clamando por un genocidio global si no estuviera seguro de contar con el respaldo adecuado.
-¿Jamás? Siempre ha lanzado ataques terroristas y ha intentado imponer sus políticas retorcidas de modo público.
-Pero jamás se había reunido de modo previo con las autoridades legales del país que pretendía conquistar; jamás había pretendido construir organizaciones políticas legales que participaran en el juego institucional; jamás había pretendido construir una base de apoyo social, política y militar para concretar sus políticas criminales y darle sustentación a sus victorias y respaldo para el caos de las derrotas. Ha madurado en sus tácticas y sus estrategias, aunque sus propósitos genocidas sean los mismos; y es por ello que ahora el Stablishment lo mira con seriedad y lo considera una opción válida en caso que la crisis se les escape de las manos. Cosa que se hace aun más fácil si consideramos que tantos integrantes del poder poseen una visión tan retorcida de la vida como los mismos supremacistas.
-Exageras como siempre las simpatías que estas políticas extremistas cuentan entre los integrantes del poder establecido. En todo caso, si ciertas políticas demasiado duras han calado en las políticas oficiales, esto solo ha sido posible por culpa de las políticas de sabotaje impuestas y desencadenadas por los insurgentes. La sociedad necesita y exige paz y responsabilidad y cree que la encontrara en cualquiera que ofrezca mano dura y disciplina.
-El problema, Logan, es que la mano dura y la disciplina que quieren ver establecidas, no son otra cosa que la expresión del más puro y demencial Terror. Es una combinación demencial de todas las estructuras de poder Totalitarias que hayan existido en el trascurso de la historia de la humanidad desde que las razas pensantes pueblan la Tierra. El absolutismo monárquico; los privilegios feudales, la barbarie teocrática, la perversidad esclavista, la rapacidad colonizadora y las matanzas de la era industrial encarnadas por el nazismo, el fascismo y el stalinismo; todo ello en uno, es lo que nos proponen Apocalipsis y sus aliados.
-El problema con todos tus planteamientos es que no pasan de generalizaciones y vaguedades sin fundamento. La sola propensión de los supremacista a dar declaraciones estrepitosas y que ciertos elementos poderosos en las estructuras del Estado sientan simpatía por estas locas elucubraciones; no son prueba de las amenazas de concreción de estas brutalidades en realidades palpables.
-¿Quieren realidad? Vamos a darles realidad: hace solo unos días atrás Sabah Nur declaro que los miembros negros y latinos de la comunidad americana eran una plaga digna de ser exterminada o esclavizada; acababa de reunirse con el Presidente de la Nación (el cual no expreso ningún parecer al contrario). Meses antes de eso había declarado que las organizaciones gremiales y barriales debían ser purgadas de la realidad americana. Tiempo después había afirmado sin ambages que los negros y los latinos solo servían como carne para los campos de trabajo esclavo. Simples declaraciones que pronto mostraron ser un peligro real. Ante la propuesta del KKK las calles de América se repletaron de manifestantes expresando su acuerdo con las propuestas de Apocalipsis. No menos de cinco millones de personas salieron a las calles de la América profunda para respaldar con su presencia callejera las palabras del megalómano mutante.
Manifestaciones posteriores en respaldo de las proclamas de Sabah Nur han estado abrumando nuestras poblaciones, y no solo en la América profunda. New York soporto la presencia de trescientas mil personas exigiendo la expulsión o el encarcelamiento de cada individuo de raza latina que habite entre nosotros. Un número no menor de manifestantes cubrió las calles de Chicago exigiendo el encarcelamiento o la creación de barrios periféricos específicos para la población negra de la ciudad. En una demostración de locura provocativa sin parangón, más de medio millón de personas salieron a exigir medidas parecidas contra la población negra y latina que habita en Los Ángeles y San Francisco. La única razón por las que ambas ciudades no estallaron en salvajes motines raciales que hubieran significado, quizá, el comienzo de una guerra racial en toda América, fue porque los militantes del partido de Markson hicieron un llamado a no caer en las provocaciones de los apocalípticos, a que se comprendiera que toda la cuestión era una trampa siniestra para debilitar la unidad de la Clase Obrera y que los supremacistas eran un simple eslabón (uno especialmente peligroso y macabro, pero uno a fin de cuentas) en la poderosa cadena del Capitalismo explotador. La población de color simpatiza lo suficiente con Markson para sofrenar su más que justa ira ante el salvaje insulto. Por lo demás, tuvieron ocasión de desquitarse en las batallas posteriores, al resurgir la Guerra Social.
Y como si la acción de amplias masas de cretinos desclasados no fueran suficientes motivos de alarma; tenemos las declaraciones y apoyos públicos de decenas (decenas, no lo olviden) de congresistas de ambas cámaras a las propuestas de Apocalipsis. Una docena de ellos propusieron la creación de una ley que prohíba de ahora en adelante el ingreso de inmigrantes latinos a tierras americanas; otra docena (con congresistas completamente diferentes a los anteriores) propuso una ley en la que se crearon campos de trabajo exclusivos para las minorías raciales; y otra docena exigió la expulsión de todos los integrantes de la "Raza" Latina y la supresión de los derechos sociales, políticos y económicos de la "Raza" Negra. Además de proponer claro la supresión de estos mismos derechos para los blancos de clase trabajadora, que en opinión de estos congresistas no son otra cosa que negros con el pellejo blanco, el pelo amarillo y los ojos azules.
¿Les parecen suficientes hechos concretos?
-De acuerdo; los apocalípticos poseen una notable influencia en el entramado de poder nacional e incluso son capaces de provocar con sus propuestas movilizaciones que abarcan una amplia cantidad de masas humanas y mutantes en América y Europa. Pero estas capacidades de convocatoria tanto entre el elemento popular de la nación como entre las clases cultas no significa que tengan las posibilidades de concretar sus proyectos a corto plazo; las amenazas contra la seguridad de la nación son otras.
-Entonces, lo que me intentas decir; Profesor; es que debemos esperar a que Sabah Nur siente su trasero en la Silla Presidencial, se proclame Emperador de la Tierra o quizá se declare Faraón en recuerdo de sus lejanos orígenes nacionales y raciales (que muy convenientemente parece haber olvidado) o quizá se proclame directamente Ra personificado y solo entonces debemos pasar a la acción. Que interesante estrategia. Los sesenta millones de europeos masacrados en la Segunda Guerra Mundial muestran lo exitosa que es la política de contención inactiva a la hora de confrontar las amenazas de los proyectos genocidas totalitarios. Bravo.
-Estas sobreactuando. Tus reacciones son exageradas.
-Claro, madre. Supongo que como no somos las víctimas directas del proyecto genocida de Sabah Nur no debemos tomarnos estas campañas como algo importante a nivel personal. ¿Cuándo debemos empezar a actuar, madre? Cuando sus amenazas se dirijan contra los elementos menos puros de la raza mutante; por lo que nosotros estaremos en el punto de mira; o cuando seamos convertidas en las concubinas de los nuevos conquistadores del mundo.
-Ahora sí que estas sobreactuando. ¿Concubinas? Sabah Nur jamás ha lanzado declaraciones que permitan suponer que pretende imponer condiciones de vida medievales contra la población femenina de esta nación.
-¿En serio? Supongo entonces que el hecho que lance afirmaciones televisivas ante toda la opinión nacional sobre la necesidad de retirar de puestos de responsabilidad política, económica y social a las mujeres, por nuestra natural incompetencia a la hora de administrar las estructuras organizativas de cualquier tipo representa simple y llanamente una declaración del más puro feminismo. O cuando afirma que las instituciones educativas deberían retirar de sus salones de clase a las estudiantes pertenecientes al sexo femenino, dada la imposibilidad del cerebro femenino para procesar los más complejos problemas intelectuales y que por tanto lo único que estamos haciendo allí es ocupar un espacio que requerirían ocupar los muy capaces varones. Retocando la medida, afirmo que las mujeres podríamos quedarnos en el sistema educativo, siempre y cuando se crearan cursos particulares para nosotras en las que se nos inculcara desde la más temprana edad que nuestra principal responsabilidad consiste en acatar las directrices de los varones de la familia y de la comunidad, nuestros superiores naturales. Agravando aun más el panorama, exigió la aplicación de todo un cuerpo legal en el que se estableciera definitivamente que en las estructuras laborales las féminas ocupábamos o deberíamos ocupar una posición de subordinación y obediencia con respecto a todos los hombres que laboraran con nosotras, y no solo empresarios, dueños y supervisores, también los mismos compañeros de trabajo eran nuestros superiores y podían darnos órdenes e instrucciones.
¿Cuándo a una mujer le arrebatan cualquier opción educativa, laboral y política, cuando pretenden construir todo un cuerpo legal y toda una estructura educativa que recalque nuestra subordinación ante el conjunto de la población masculina; que crees que sea el destino que los mandamases nos tienen reservado? ¿Para qué crees que quieran usarnos apartando las obvias opciones de mano de obra ultra-barata y de yeguas de monta y cría? Cuando hablo de concubinato, hablo completamente en serio. Nos quieren quitar nuestra capacidad de accionar político, nuestras posibilidades de formación intelectual y profesional y nuestra autonomía personal y material. Las mujeres en semejante situación de vulnerabilidad solo pueden esperar una cosa para poder progresar en el mundo; la protección de los varones que posean suficiente poder para hacerse valer en el entramado de poder.
Por lo demás, estas elucubraciones y conclusiones tan sencillas, no están basadas solo en las obvias interpretaciones de las palabras de Sabah Nur y sus secuaces, están basadas en las afirmaciones y proyectos de ley de muchos congresistas, tomados a broma por muchos; y aun peor; por muchas; aunque no por Jennifer, que se las tomo muy seriamente; y que fueron presentados tanto en el Congreso como en las redes. ¿Se las recuerdo? Se propuso la legalización de los matrimonios forzados. No de conveniencia; directamente forzados; los padres, hermanos, primos, incluso suegros de la mujer, poseerían el derecho de casarla con quien mejor les pluguiera, sin importar lo que la fémina en cuestión opinara acerca de la unión. El novio, prometido o flirteo de la joven poseería el derecho de raptarla y forzarla a la unión, aunque esta se opusiera a la misma, y la consumación del matrimonio; supongo que todos estaremos de acuerdo que podemos llamar a eso violación; sería el único aval necesario para legalizar la forzada unión. Se propuso también legalizar algo muy cercano a lo que solo podríamos denominar esclavitud sexual generalizada. Según los delirios de estos congresistas; los hombres solo "reclaman" a las mujeres que desean ser "reclamadas"; es una especie de sexto sentido que le indica al varón que una hembra esta en celo y desea ser poseída sexualmente por el macho más cercano. Bajo esta premisa salvaje, los hombres solo tendrían que proclamar que desean a una mujer en plena calle y que esta lo está llamando por medio de sus poderosas feromonas sexuales, para que las autoridades entreguen a la mujer en cuestión como propiedad al varón reclamante, sin derecho a protesta o queja alguna. La mujer estaría en la obligación de satisfacer las necesidades del varón que la ha reclamado, sin importar si ya está emparejada o si desea cumplir con el reclamo, por el supuesto ridículo que solo ha podido ser reclamada porque ella misma lo quería así y lo dejo entrever por medio de la manipulación de su naturaleza sumisa que los machos pueden detectar.
Cuando le preguntaron a Sabah Nur que opinaba de las peticiones de los congresistas, afirmo que eso era un terreno muy delicado y digno de estudio, pero que su experiencia milenaria le hacía proclive a creer en la naturaleza sumisa de la población femenina y quizá las propuestas de los congresistas no estuvieran demasiado lejos de lo que sería ideal para la salud física y mental de ambos sexos.
Así que; padre, madre, amigos; supongo que cuando los apocalípticos logren imponer su hegemonía sobre la sociedad americana, lo mejor sería que nos sometiéramos a sus deseos, ya que no representan ningún peligro medieval para nuestras sociedades. ¿No? Quizá sea adecuado que me vaya preparando para mis nuevas labores en el nuevo entramado de poder. ¿Ya existirán escuelas donde nos enseñen a las mujeres a tumbarnos de espaldas y abrirnos de piernas para satisfacer las demandas lujuriosas de los machos a nuestro alrededor y parir sus hijos? Porque les aseguro que ese será el destino de todas las mujeres de América si permitimos que estas bestias alcancen el poder.
No pudo seguir percibiendo más recuerdos del pasado, ni las indignadas respuestas de sus padres y sus compañeros ante la grosería obscena que acababa de soltar; porque las responsabilidades del presente la hicieron retornar al muy brutal presente, el presente en el que intentaba que sus palabras no se convirtieran en una vil profecía. Una expresión de alegría comenzó a dibujarse por todo su rostro, mientras su mente observaba como los apocalípticos se veían forzados a contener su avance ante la obstinada resistencia que las líneas defensivas de los rebeldes mantenían en las regiones atacadas del sector del frente de batalla. Sus vehículos blindados ardían en medio de las calles y avenidas de las ciudades asaltadas, sus batallones de infantería tenían sus combatientes tendidos en los suelos de estas mismas poblaciones o en sus alrededores, moribundos, muertos o transformados en retazos sanguinolentos. Sus baterías de artillería se encontraban desmontadas y sus artilleros habían caído desintegrados, ante los impactos de las contramedidas artilleras de los insurgentes. Las naves de combate de las fuerzas apocalípticas, habían volado en pedazos en los cielos americanos, partidos por la mitad, o desintegrados directamente ante las descargas de energía desencadenadas por las baterías rebeldes, las naves Asgardianas o los navíos de las potencias interdimensionales; que habían tomado la determinación de intervenir como respuesta a la presencia en el campo de batalla de navíos de guerra de sus enemigos de la Alianza. La destrucción, tras varios días de feroz batallar, era absoluta. Las pérdidas padecidas por las tropas de la Horda Apocalíptica y sus aliados no debían ser menores al cincuenta por ciento del total de tropas empeñadas en la ofensiva; entre muertos, heridos y prisioneros. No menos de un cuarto de millón de soldados del enemigo habían sido de tal modo destruidos en acción y sus compañeros forzados a retroceder. Y lo mejor era saber que ella había tenido una participación importante; hasta decisiva en el resultado de las operaciones; habían sido sus habilidades mutantes las que permitieron coordinar las defensas cuando la arremetida enemiga había cortado las comunicaciones normales entre las filas rebeldes; habían sido sus poderes mutantes los que llevaron el espanto y la desolación contra las filas de sus congéneres que formaban en las huestes apocalípticas, destruyendo las criaturas Lovecraftianas creadas por estos o revolviéndolos contra sus creadores. Había sido su idea concentrar todas las habilidades y capacidades de los mutantes psíquicos que formaban en las filas rebeldes y transformarlas en una división independiente con funciones especificas en las operaciones de guerra; funciones de amplia gama; que iban desde el espionaje, hasta el sabotaje e incluían participar con todo su poder contra las fuerzas enemigas en caso de confrontaciones a gran escala. Justo como había acontecido hasta la destrucción de la ofensiva enemiga hacía pocos minutos.
Sin embargo no se permitió que su satisfacción la abrumara, y le impidiera pensar con claridad en el frente general de operaciones. Habían alcanzado una victoria espectacular; y destruido una de las formaciones de combate enemiga más formidables de las existentes; pero en líneas generales, las defensas apocalípticas seguían aguantando las ofensivas de los insurgentes; las Cordilleras Americanas continuaban siendo una fortaleza formidable en la que se resguardaban cantidades masivas de fuerzas y material de guerra de un enemigo implacable, disciplinado y determinado a llevar la destrucción a todos los que se le pusieran en medio de sus aspiraciones de dominio global. En los sectores sureños del frente de combate, las tropas apocalípticas lanzaban una arremetida salvaje, no menos despiadada que la lanzada días atrás contra los sectores norteños, y al parecer los ejércitos empleados para esta operación eran incluso mejores que los recientemente aplastados y forzados a replegarse a sus escondrijos montañeses. Y en el sector central del Frente; a tan solo cien kilómetros del Cuartel General Rebelde, eran los insurgentes los que abrían un fuego endemoniado contra las posiciones enemigas y lanzaban sus tanques, robots de guerra, infantería mecanizada, baterías artilleras, legiones mutantes y navíos de guerra estelar con la finalidad de quebrar el espinazo de los apocalípticos y destruir de una vez por todas la campaña de dominio de sus dirigentes megalómanos. Iban a ser días muy movidos; pero, por algunas horas, ella no tendría nada que ver con eso. Se había ganado un descanso y se lo tomaría con sumo placer.
