CAPÍTULO 19
Observo la habitación satisfecha apoyada en la jamba de la puerta. He realizado un buen trabajo. Sonrío mientras veo todos los peluches esparcidos por la habitación y pienso que si tuviera una niña, no me desagradaría que su habitación fuera así. Saboreo la tranquilidad de la tormenta porque estoy segura de que se desencadenará el caos. Me pregunto cuánto gritará. Podría incluso sorprenderme, tomarlo con filosofía y reír. ¿Pero qué estoy diciendo? Él es Sasuke Volkov, enloquecerá. Me voy al salón y permanezco sentada en el sofá ojeando una revista esperando a que llegue. De repente la puerta se abre.
—¡Hola, pequeña! —Exclama con entusiasmo mientras se acerca a grandes zancadas. Me comporto como si nada y envuelvo mis brazos alrededor de su cuello mientras me atrae hacia él. Me besa, me acaricia el rostro y sonrío. Éxtasis. Dejo que me acune entre sus brazos y por un instante me arrepiento de haber dejado así la habitación.
—Necesito una ducha, ¿entras conmigo?
Muy a mi pesar rechazo la oferta inventándome una excusa. —No puedo, debo preparar la cena. Saca el labio inferior y yo río, es muy gracioso. Me gusta cuando se deja llevar, él no consigue entender todo lo que amo este lado suyo cariñoso y bromista
—Venga, dúchate y vuelve aquí. —Le digo. Se aleja. Lo sigo con la mirada hasta que da la vuelta a la esquina y entonces respiro profundamente.
3, 2, 1. Escucho la puerta abrirse, silencio. Está todavía procesándolo. Agudizo el oído pero no escucho nada todavía. Qué extraño. —¡Sakura! —Grita haciéndome sobresaltar. Ya está, se ha enfadado. Me quedo en el sofá y repentinamente me entra el miedo. Escucho sus pisadas firmes y tiemblo.
—¿Qué coño ha pasado a nuestra habitación? —Pregunta perdiendo el juicio.
—Has dicho que podía hacer lo que quisiera, así que la he modificado en función de mis gustos. —Digo intentando parecer inocente. Culpable, grita mi yo interior. Me entran ganas de reír, está alterado y furioso. Se acerca y posa las manos en las caderas mientras me fulmina con la mirada. Tengo que reconocerlo, intimida.
—Y dime, ¿te parezco uno que duerme en una habitación de ese tipo? En ese momento entran en casa sus hermanos, algo que no había previsto. Nos miran curiosos, pero ninguno dice nada. —¿Cómo se te ocurre hacer algo así? — Despotrica. Creo que dentro de poco le saldrá humo por las orejas.
—No seas tan dramático… —Trato de restar importancia, pero me mira con crueldad, así que decido no decir nada más. Una gran carcajada llama nuestra atención, la de Ivan. Ambos nos volvemos, pero ha desaparecido.
Ups, han visto la habitación. —Sasuke, ¿te gusta tu nueva habitación? —Pregunta Liam tratando de contener la risa. Sasuke lo fulmina con la mirada y levanta el dedo corazón hacia él. No sabe divertirse y no sabe cuándo se bromea. Es un viejo por dentro.
—Si no os importa, Sakura y yo tenemos que hablar. —Gruñe entre dientes y me agarra por el brazo arrastrándome dentro de la habitación. Cierra la puerta con una patada sin apartar su mirada de la mía. Lo miro inocentemente sin decir nada, aun sabiendo que estoy metida en serios problemas.
—¿Te divierte verme perder los papeles? —Pregunta a un palmo de mi rostro. Retrocedo un paso llevando las manos detrás la espalda. —Solo quería personalizar nuestra habitación.
—Digo agachando la cabeza. Pasan algunos minutos de silencio mientras él mira a su alrededor molesto. Suspira y se encamina hacia la puerta. —Ahora vamos a comer, después seguimos hablando. —Dice apartando la mirada. ¿Ya está? Y yo que me esperaba algo peor. Tal y como prometió, después de cenar, en absoluto silencio y con sus hermanos observándonos, volvemos a la habitación y él cierra la puerta con llave.
—Visto que amablemente has personalizado nuestra habitación, me parece correcto corresponder de alguna manera. Alzo la mirada hacia él confundida. ¡Oh no! El modo en el que me mira no promete nada bueno.
—Yo también quiero personalizar algo que aprecio mucho. —Susurra malicioso mientras me toca la camiseta.
—¡Desnúdate! —Ordena con severidad. Ya no es un hombre cariñoso, ha vuelto el cazador. Retrocedo decidida a no facilitarle el trabajo a pesar de lo que lo deseo.
—¿Dónde crees que vas, Sakura? —Pregunta.
Se mueve rápidamente y al poco tiempo me lo encuentro encima de mí agarrándome por las muñecas. Desliza los dedos hasta el borde de la blusa y tira con fuerza. La arranca. Me estremezco, pero permanezco callada, curiosa de ver lo que está tramando. Sopla sobre mi cuello y besa mi piel mientras sus manos me desnudan completamente. Me besa, muerde la piel y la vuelve a besar. Más besos y más mordiscos, sin embargo, la intensidad aumenta. Intento empujarlo pero no lo consigo.
—¡Sasuke, me haces daño! —Me lamento. No parece importarle, continúa incansablemente. Siento sus manos deslizarse por mi cuerpo y un escalofrío recorre mi cuerpo.
—Te dejaré un recordatorio, así te acordarás de no volverme a enfadar. Su boca se detiene en mi cuello, lo besa y muerde la piel. Solo entonces me doy cuenta de lo que quería. Quiere dejarme una marca. Trato de rebelarme, pero no consigo detenerlo.
—¡No, te ruego, en el cuello se ven! —Protesto mientras trato de empujarlo. Me bloquea entre sus brazos y continúa impasible hasta que no acaba.
—¡Es esto por lo que lo hago! —Responde con una sonrisa maliciosa. Se está vengando por lo que he hecho, lo sé. Intento liberarme de su agarre con todo mi ser, pero mis esfuerzos parecen inútiles. Resoplo despotricando como una loca mientras sus manos viajan por mi cuerpo hasta llegar a mi parte íntima. La acaricia con movimientos regulares con dos dedos. Maldición, debería controlarme, pero no lo consigo. Me gusta lo que siento y me rindo, dejo una vez más que haga de mí lo que quiera.
—Sé que te gusta, pero quiero que tú me lo digas, Sakura. —Su profunda voz alcanza mis entrañas.
—Sí, me gusta… —Admito a merced de la excitación. Ante esta afirmación se detiene, me aleja mientras me observa victorioso. Intento acercarme alargando la mano hacia él, pero la aparta. Trato de hacerlo de nuevo, pero me paraliza de nuevo. —No se toca. Ahora compórtate bien y duerme.
—¿Dormir? Espero que estés bromeando. Me dirige su típica mirada penetrante que no deja lugar a dudas. Este es su castigo por haberlo desafiado. —Esta noche duermo en el sofá. —Avisa con severidad con una almohada en la mano. Desapruebo contrariada mientras él se comporta como si nada. Me ha provocado y me deja así. Antes de salir de la habitación, se vuelve hacia mí y me guiña el ojo.
—Que duermas bien. —Dice. Me dejo caer en la cama y cubro mi rostro con la almohada. Se me escapa un grito de frustración. Se ha burlado de mí. Me esperaba una reacción, pero él sabe elegir el modo más eficaz y cruel. Yo, a su lado, soy una principiante. Suspiro arrojando la almohada al suelo y permanezco quita observando el techo durante algunos minutos. No conseguiré dormir, es imposible.
Entrecruzo las manos en el abdomen golpeteando los pulgares entre ellos mientras trato de pensar cómo resolver la situación. Reacciona Sakura, dice mi consciencia. Podría, sin embargo, no sé qué hacer. Podría ir donde él para hacer las paces. ¿Por qué no? No estoy dispuesta a dormir sola. Lo quiero a mi lado y si es necesario le pediré incluso perdón.
Bueno, tal vez esto no lo haga, pero lo tendré como última opción. Me visto rápidamente y voy hacia el salón de puntillas. Lo reconozco inmediatamente, está tumbado en el sofá mientras cambia de canal continuamente. Madre mía, qué sexy es. Tranquila, estamos aquí con la bandera de la paz, no con la de la guerra.
—¡Sakura, ve a dormir! —Ordena sin mirarme. Parece triste y me siento mal viéndolo así. Me acerco en silencio y me tumbo junto a él. Se aparta ligeramente dejándome espacio, sin embargo, no me abraza como hace normalmente.
—Quiero dormir contigo… —Susurro mientras apoyo la cabeza en su pecho. Lo escucho suspirar, está decidiendo lo que hacer. Me encojo arrimándole las caderas y es entonces cuando sus brazos me atrapan.
—Siento lo de ayer, pero hablaba en serio cuando te dije que se me había olvidado —Explica. Me besa la mejilla mientras su mano me acaricia el cabello.
—Basta ya de desafiarme. —Susurra. No replico, en silencio escucho su corazón latir con fuerza, con esa fuerza que le caracteriza. Aunque todo esto sea extraño, él me hace estar bien. Por mucho que yo pueda estar enfadada por lo que ha hecho, no consigo prescindir de él. Se ha convertido parte de mí.
