Miércoles 23 de Junio.
Denver
Rachel Berry
17
"Los hombres son dueños de su propio destino. Pueden cometer los mismos errores o, incluso pueden huir de todo lo que desean y de lo que la vida, generosamente, coloca ante ellos".
Palabras de Paulo Coelho, no mías. Palabras que aquel día decidieron rondar por mi mente tras haberlas leído en un pequeño panfleto que encontré en la librería, y que sin motivo aparente se instalaron en mí. Palabras que yo me obligaba a creer, a pesar de mis varias decenas de años defendiendo que el destino estaba escrito y no puedes escapar de él. Y me obligaba a creerlo porque eso me tranquilizaba, porque saber que cada uno es dueño de su camino me ayudaba a tomarme la vida con más calma en uno de los momentos más confusos de mi vida. No tenía ni idea de lo que el destino me estaba preparando, y mucho menos de lo impasible que puede llegar a ser ese mismo destino del que se supone todos podemos huir, o manejar a nuestro antojo en casos muy afortunados, pero dicen que la ignorancia a veces te ayuda a ser más feliz cuando todo se remueve a tu alrededor, y si había que hacer uso de ella para lograrlo, lo haría sin duda.
Estaba claro que Paulo Coelho no imaginaba tan siquiera una mínima parte de lo que el destino me tenía preparado, a pesar de llevar ya un buen saco de sorpresas sobre mis hombros. Y tampoco yo era consciente de lo que me estaba por suceder, por mucho que quisiera ser una completa ignorante y no darle importancia alguna. Que todo pasa por algún motivo es evidente y era algo que ya había empezado a asimilar, pero que las consecuencias de esos sucesos iban a ser tan nefastas para mi estabilidad emocional, no entraba dentro de mis planes, mucho menos en aquella noche en la que todo debía ir sobre ruedas, y nada me llevaba a ella. A Sheliak.
—No sé si me entra nada más. Hemos cenado muchísimo.
—Una copa solo, hace mucho tiempo que no salimos juntos y voy a estar 3 días sin verte, déjame que disfrute un poco.
—Aunque sea miércoles, ¿No?
—¿Qué más da el día de la semana?, lo importante son las ganas… Y la compañía—me dijo segundos antes de regalarme su inconfundible y encantador guiño de ojos—¿Nos quedamos fuera mejor?
—Claro, nos quedamos fuera. Se está bien aquí.
—Bien, pues coge sitio, yo voy a pedir… No te vayas, vuelvo enseguida—bromeó regalándome el beso que solía acompañar al guiño de ojos, y yo simplemente me limité a sonreírle.
¿Qué otra cosa iba a hacer?
Casi eran las 10:30 de la noche del miércoles, acabábamos de cenar en uno de los mejores restaurantes de la ciudad y Jesse se empeñaba en alargar la velada en aquel pub, uno de sus favoritos, en el que una terraza perfecta nos permitía disfrutar de la templada temperatura que seguíamos viviendo en aquellos días. Y todo ello utilizando la excusa de mi viaje a Oklahoma al día siguiente para pasar unos días junto a mi familia, y celebrar el cumpleaños de mi madre el mismo fin de semana. Jesse se uniría a la fiesta el mismo sábado de la celebración, ya que las continuas reuniones que mantenía para la firma de diferentes contratos, hacía imposible que viajase conmigo.
No era un inconveniente, de hecho, no era la primera vez que viajábamos por separado, pero siempre llevábamos a cabo la misma rutina antes de que eso sucediese; Una cena, un copa en algún lugar de moda, y noche de pasión en la que estaban prohibidas las quejas o las excusas. Y lo cierto es que tampoco es que fuese un sacrificio, precisamente. Era mi marido, y si había algo que realmente hacia interesante el matrimonio antes de que los años pasaran, era precisamente eso, mantener esa llama encendida. Sin embargo, aquella noche y por culpa del cansancio que llevaba arrastrando tras varios días de absoluta locura en las librerías, me sentía menos animada de lo habitual para cumplir los tres requisitos de nuestras noches de despedida. Por ese mismo motivo puse algo de reticencia en detenernos allí y alargar más la noche. Habría preferido ir directamente a casa y saltarnos aquel paso, pero para Jesse eso no era excusa valida, y en mi estado de agotamiento tampoco quise, o mejor dicho, tuve ganas de discutir la situación. Simplemente acepté, me conformé con ocupar una de las banquetas que rodeaban una mesa alta de la terraza, y procuré mostrar mi mejor cara mientras él iba a buscar mi copa. Al fin y al cabo la gente que había allí tampoco me había dado motivos para recibir algún mal gesto o mirada desafiante por mi parte. Todo lo contrario, verme en el centro de aquella terraza completamente a solas, hizo que mi endemoniada inseguridad regresase a mí entrando por la puerta grande, obligándome a buscar la mejor y más rápida alternativa a pasar todo lo desapercibida que pudiese. ¿Y cuál era la mejor de las excusas para ello y auto convencerme de que nadie me miraba, ni hablaban de mí, ni me criticaban o me grababan en video para publicarlo en alguna red social y ser el hazmerreír del país? Bajar la mirada y hacer uso del teléfono como si de ello dependiese mi vida. Algo que todo el mundo ha hecho alguna vez en la vida, y que yo me he permitido el lujo de darle nomenclatura propia; La clásica telephonium excusationem.
Nada mejor que pasar varios minutos centrando la mirada en la pantalla del teléfono si no eres capaz de alzar la cabeza en un lugar repleto de gente que, a pesar de mi paranoia, apenas se habían percatado de mi presencia. Y digo apenas porque hubo alguien que fue capaz de localizarme entre la multitud en un par de segundo. Apenas me bastó alzar la mirada tímidamente hacia la puerta esperando encontrarme con Jesse y las bebidas, y supe que el destino no solo tenía mi vida entre sus manos, sino que además se reía de mí sin contemplaciones.
No me lo quise creer, de hecho, llegué incluso a mirar a mi alrededor para asegurarme de que no era una cámara oculta.
Y no, no lo era. Era ella. Era su pelo, era su cara, eran sus andares, y por supuesto era su media sonrisa cuando me descubrió tras barrer toda la terraza con su mirada. Y yo, no tuve otra opción más que hacer exactamente lo mismo, después de padecer un mini ataque de nervios que por fortuna no tuvo consecuencias reales; Sonreírle.
Quinn no tardó en esquivar las mesas que le salían al paso y vino directamente hacia mí, con el pelo recogido en una coleta alta y un vestido de flores que provocaba que todas las miradas fuesen a parar hacia ella, o al menos así lo creí, y por primera vez sentí que era yo quien miraba y no el centro de esas mirada.
Imposible no hacerlo si era ella quien caminaba entre las mesas. Y es que el aire jovial, la naturalidad que desprendía Quinn aquella noche sumada a la sorpresa que me produjo descubrirla, me dejó completamente eclipsada. Tanto que incluso me costó reaccionar cuando se plantó frente a mí y vino a saludarme sin apenas mediar palabra, simplemente portando su sonrisa. Un saludo que, una vez más, llevó a cabo dejándome un beso en la mejilla.
—Hola… Estás aquí—me dijo haciendo me reaccionar.
—Eh… Sí ¿Qué? ¿Qué haces aquí?
—Buscarte—respondió sin perder la sonrisa, de hecho la amplió hasta provocar que dos indescriptibles hoyuelos aparecieran en sus mejillas.
—¿Qué? ¿Buscarme?
—Jesse me ha dicho que estabas aquí. Yo estaba dentro con Robert… Están pidiendo algunas copas, y me ha dicho que estabas aquí sola. Bueno… Ya no, ya estoy aquí.
—Oh…
—¿Quieres estar a solas?
—¿Qué? No, no claro que no… Es solo que no te esperaba.
—¿Y te sorprende?—musitó divertida—Ya deberías estar acostumbrada.
—Pues sí, debería… Pero no me acostumbro a verte aparecer cuando menos lo espero.
—Ya. Estúpidas casualidades del destino—añadió burlona, y supe por cómo me miraba y la naturalidad de sus gestos, que ya debía haber probado alguna copa. O eso creí.
—Eh… Sí, ya ves. Siéntate.
—Gracias. Ni siquiera había visto a Jesse entrar, ha sido él quien nos ha visto. Estaba… Estaba con Robert celebrando que lo han ascendido, bueno, no es un ascenso realmente sino que le han asignado una zona más y eso le va a reportar muchos más beneficios. Hoy… Hoy ha firmado el contrato y se ha empeñado en que saliéramos a cenar.
—Vaya, me, me alegro por él… Y por ti.
—Alégrate más por él, esquíen ambiciona de los dos.—Respondió con algo de resignación.
—Ya, bueno pero si él está bien, tú también, ¿No?
—Claro… Por cierto, estás… Estás muy guapa. –Me dijo, y supe que realmente no estaba contenta con esa celebración que llevaban a cabo. Cambió de tema tan rápido que apenas me dio tiempo a reaccionar, y menos aún con su improvisado halago.
Al menos no llegué a ruborizarme.
—Gracias. Hemos salido a cenar al restaurante favorito de Jesse y tenemos que ir casi de etiqueta. Ya sabes… El protocolo y esas cosas que tanto le gustan. Ya nos íbamos para casa, pero se ha empeñado en tomar una copa aquí—le expliqué a duras penas tras ver como tomaba asiento a mi lado.
—Hay que disfrutar del buen tiempo, y que mejor que empezar el fin de semana un miércoles.
—Pues la verdad es que sí, pero lo cierto es que hemos salido porque mañana viajo.
—¿Viajas?
—Sí, voy a Oklahoma. Voy a pasar allí unos días con mi familia. El sábado es el cumpleaños de mi madre y…
—Oh, genial. Genial, espero que te diviertas, y que disfrutes mucho y aproveches esos días con tu familia. Me acordaré de ti cuando tenga que esbozar todos los bocetos que me quedan— bromeó de nuevo confirmándome que su humor aquella noche era espléndido.
—Oh… Dios, lo siento. Sé que Francesco aún no ha vuelto y que tienes todo el trabajo tú sola. Espero que puedas sobre llevarlo bien.
—Lo haré, además… Ya sabes que Margot me echa una mano continuamente, así que se hace más liviano.
—Ya claro… Margot—balbuceé sin ser plenamente consciente de si seguía bromeando, o realmente hablaba en serio. Así que para evitar una confusión mayor hice lo mismo que ella había hecho antes; cambiar de tema radicalmente. — Eh, por cierto… Me quedé esperando tu respuesta.
—¿Mi respuesta?
—Sí, me preguntaste que si alguna vez había estado en Aspen y te dije que sí, que varias veces… Y no me respondiste cuando te pregunté por qué.
—Sí te respondí, te dije que simplemente quería saberlo, y que cuando nos viésemos te iba a mostrar algo.
—Ahora nos estamos viendo.
—Pero no estaba previsto. No puedo mostrarte lo que quiero mostrarte si no sabía que iba a verte.
—¿Estás bromeando?
—No, ¿Por qué iba a hacerlo? Tengo algo que mostrarte, pero no he podido traerlo porque no sabía que iba a verte.
—¿Es algo físico?
—Sí.
—¿Y por qué no le haces una foto y me lo envías?
—Porque quiero ver tu cara cuando lo veas, y porque es algo lo sumamente importante como para estar presente cuando lo hagas.
—Y si es tan importante, ¿Por qué esperar tanto? No entiendes que puedo sentir algo de curiosidad.
—Bueno, según Jesse has estado muy ocupada en estos días, ¿No? Ni siquiera te he visto por la editorial.
—Eh sí, pero podrías haberme avisado y no sé, no me cuesta nada quedar contigo si te apetece—solté sin llegar a comprender por qué diablos Jesse le había dicho que no tenía tiempo para nada. A juzgar por lo que decía, era evidente que le había preguntado por mí, y que mi marido le diese esa respuesta no era normal, sobre todo siendo él el primer interesado en que tuviese amigas.
—¿Tanta curiosidad te provoca como para hacer ese esfuerzo?—me replicó de nuevo con la sonrisa burlona.
—No es ningún esfuerzo, y sí… Me provoca la curiosidad que tú misma haces que sienta.
—Bueno, como estás diciendo que mañana te marchas, supongo que puedo ser buena y enviártelo por mensaje. O tal vez un cara a cara con video llamada, y así te puedo ver cuando lo descubras.
—¿Voy a asustarme?
—No, para nada.
—¿Voy a reírme?
—Supongo que sonreirás.
—Oh… ¿Voy a llorar?
—No lo sé. No sé en qué estado emocional te encuentras ahora mismo para saber si vas a llegar a ese extremo.
—Pues… Siempre que tengo que viajar me pongo nerviosa, y si voy a ver a mi familia pues me pongo más sensible de lo habitual. Además, estoy en periodo pre menstrual, por lo que…
—Ufff, entonces me temo que va a ser mejor que lo deje para otro día. No quiero que…
—No, ni hablar—La interrumpí viendo como realmente pensaba dejarme con la incertidumbre, y se divertía por ello— Quiero saber qué diablos tienes que mostrarme y lo quiero ver cuanto antes, así que en cuanto tengas ocasión… Me lo envías. ¿Entendido?
—Ok, entendido. Vaya… Veo que estarás sensible, pero el carácter no lo pierdes. Justo lo que yo vengo echando de menos en estos días.
—¿Por qué? ¿Ocurre algo?
—Eh… No, bueno… Supongo que entre mi trabajo y el de Robert, todo el asunto de la mudanza y… El calor…—hizo un pequeño respiro logrando que mi curiosidad siguiese intacta, y no precisamente por lo que quería mostrarme— No sé, estoy más susceptible de lo habitual, pero por tal de no discutir me callo y simplemente procuro ignorarlo.
—¿Discutir?
—Robert está más intenso que de costumbre. Él, bueno… Todo este asunto de su trabajo, de tener más responsabilidad y más dinero lo vuelve insoportable, y hace o dice cosas que a mí me cuesta mucho aceptar o asimilar. Llevamos dos días en los que no hemos parado de discutir, y ya me doy por vencida. Prefiero callarme e ignorarlo, al menos así no estoy continuamente malhumorada.
—Vaya, pues no es un buen aliciente eso de callarse para no estallar, todo lo contrario… A veces es peor.—Le dije realmente sorprendida por su confesión inesperada. Quinn siempre se había mostrado reticente a hablar de su vida, y en aquel instante apenas le bastaron un par de minutos para demostrarme que algo no iba bien.Sin duda, algo había cambiado en ella, sobre todo respecto a mí.
—Supongo que podré aguantar hasta que se le pase toda la novedad de sentirse el único agente inmobiliario de la mejor zona de Denver. O eso espero.
—Supongo que de paciencia vas tú mejor que yo, aunque no creo que debas guardarte todo... No es sano ni te hará bien.
—Lo sé…
—Sabes que puedes contar conmigo cuando lo necesites, ¿Verdad?
—Lo sé, y lo tengo en cuenta… Pero no te preocupes, ¿Ok? Solo es una mala racha que terminará pasando cuando las cosas se estabilicen.
—Ok, pero aun así, ya lo sabes… Tal vez no sea buena aconsejando, pero sé escuchar y soy paciente en ese aspecto… Y hablando de pacientes… —Mascullé descubriendo como Jesse y Robert ya venían hacia nosotras portando varias copas y hablando entre ellos, casi sin detenerse en nuestra presencia hasta que no estuvieron frente a nosotras. Ver como Quinn cambiaba por completo de actitud y volvía a mostrarse alegre, me puso en alerta.
—Hey… Hola, Rachel—me saludó Robert regalándome una sonrisa completamente forzada. Tal vez estaba siendo influenciada por los comentarios de Quinn respecto a él, pero fue verlo y sentir que empezaba a caerme mal. E inexplicablemente, creí que yo tampoco le hacía mucha gracia a él. –Me alegra volver a verte.
—Yo también, me ha dicho Quinn que estas de celebración.
—Estamos de celebración—remarcó tomando asiento junto a ella, que le sonrió igualmente forzada—¿Verdad, cielo?
—Así es…
—Bueno, me refería en general—maticé—Enhorabuena por tu ascenso.
—Gracias.
—Estoy convencida de que lo mereces y mucho.
—Bueno, al menos trabajar trabajo duro, por eso lo celebro. No todo el mundo tiene la oportunidad de trabajar en lo que más le gusta y ser de los mejores en ello.
—Eh… Pues sí, la verdad es que es algo para celebrar, sin duda. –Le dije tratando de ocultar mi malestar al ver como Quinn bajaba la mirada un tanto resignada. Lógico al contemplar tal demostración de egocentrismo.
—Es increíble—intervino Jesse, y menos mal que lo hizo porque la respuesta de Robert no solo resultó ser terriblemente fanfarrona, sino que también sacó de quicio a Quinn, o al menos eso pude intuir al ver su expresión.—Apenas lleva unas horas siendo el agente de la zona más famosa de la ciudad, y ya lo han reconocido, y le han tirado los tejos.
—¿Qué? ¿Quién?—preguntó Quinn y Robert rebufó completamente engreído.
—Yo que tú no lo dejaba solo ni un minuto—añadió Jesse—Se le acercan como moscas…
—¿Eso es verdad?—le preguntó ella sin cambiar el gesto, de hecho, juraría que simplemente lo preguntó porque le estaban hablando a ella y era su obligación como novia, no porque le molestase demasiado.
—Nadie, ¿Quién se va a acercar a mí por ser agente inmobiliario?
—Alguien con mucho ojo—replicó Jesse—Me vas a decir que el tipo que se te acaba de acercar para darte su teléfono, lo ha hecho porque pareces gay, ¿No? Se te ha acercado porque esa gente tiene buen ojo y ha visto que dentro de nada tendrás a la élite de Denver a tus pies.
—No digas tonterías…
—¿Se te ha acercado un chico?—cuestionó Quinn confusa, y de nuevo Robert se vistió con arrogancia.
—Sí, pero es por culpa del jodido y estúpido día del orgullo gay, no por lo que dice Jesse. Esto está lleno de gente que empiezan a preparar esa estupidez y uno de ellos se me ha acercado para darme una tarjeta de un pub de ambiente y una banderita de la vergüenza. Nada más, la he tirado en cuanto he salido del bar.
—¿Banderita de la vergüenza?—insistió Quinn, y juro que si no lo llega a hacer ella, habría sido yo quien lo hiciera. El comentario de Robert había llegado a sorprenderme, y vi que no era la única. —¿De qué hablas?
—La bandera del orgullo es la banderita de la vergüenza.
—¿Qué? Espero que estés bromeando.
—No estoy bromeando. Ya sabes lo que opino sobre eso
—¿Qué opinas sobre eso?—le pregunté yo casi sin pensar. Y supuse que él no se lo esperaba tampoco por cómo me miró.
—Ya lo he dicho, opino que es una vergüenza.
—¿Una vergüenza? ¿Por qué motivo?
— Se supone que esa bandera representa la igualdad y cada vez hacen menos uso de ella para reivindicar eso mismo. Lo único que hacen portándola es diferenciarse del resto.
—Oh dios… —masculló Quinn entrecerrando los ojos y dejando escapar un rebufo de resignación. Después de lo que acababa de decirme intuí que ese era su gesto para intentar ignorar los comentarios de su chico, y no comenzar una discusión. Pero si pensaba que yo me iba a quedar callada después de la idiotez que acababa de soltar Robert, era porque no me conocía. Y me importó muy poco que fuera su novio.
—Es verdad, no es más que una estúpida excusa para hacer el idiota. No les beneficia en nada. –Añadió tras mirar de soslayo a Quinn.
—¿No les beneficia en qué?—le interrumpí yo justo cuando ya se daba vencedor de aquel debate. Robert me miró curioso.
—La pantomima del día del orgullo gay no es más que una piedra que ellos mismos se ponen para no acabar con las diferencias. Que yo sepa, ningún hetero sale a la calle reivindicándose por serlo… ¿O sí?
—Tal vez porque la heterosexualidad no ha tenido nunca impedimentos. Tal vez porque cualquier pareja hetero puede casarse donde, como y cuando le dé la gana. Tal vez porque cualquier pareja hetero puede adoptar o tener hijos legítimos sin que nada interfiera en ello. Tal vez porque no conozco un país en el mundo en el que se juzguen a parejas heteros con la pena de muerte por querer estar juntas… ¿Sigo?
—¿Y qué tiene que ver lo que pase en un país del mundo para que aquí salgan desnudos en una cabalgata? ¿Es esa la manera de reivindicarse?
—Es la manera de expresar la libertad que el ser humano tiene que tener. ¿Alguien te obliga a asistir al día del orgullo? Yo creo que no, al igual que nadie te obliga a asistir a una carrera de coches, y sin embargo, nadie te juzga por ir esa carrera de coches.
—No tiene nada que ver una cosa con la otra. Yo no voy a reivindicar mis derechos como hombre a una carrera de coches, ellos si se suben a una cabalgata para reivindicar el derecho a ser libre, como tú dices. ¿Acaso no lo son ya? Nadie les prohíbe que puedan expresarse libremente, por lo tanto no es necesario que lo repitan continuamente… Me parece absurdo.
—Pues yo pienso que deberían hacerlo hasta que gente como tú deje de ver que una demostración pacifica es algo anormal. Y por desgracia, no eres el único que piensa así. Por eso tienen que seguir revindicando sus derechos como cualquier otro ser humano.
—Hey, tranquila… No lo tomes como algo personal, solo estoy dando mi opinión. Si no estoy de acuerdo en ese tipo de celebración, ¿Qué quieres le que haga? Puedo expresarme libremente, ¿No?
—Robert—intervino Quinn, y menos mal que lo hizo, porque realmente me estaba enfadando y mucho.
—¿Qué? Ella dice que todos los seres humanos tenemos que tener derecho a la libertad de expresión. Los homosexuales se suben a una cabalgata para exigir igualdad, yo opino que es una estupidez. Soy tan libre como ellos, ¿No?
—Sí, eres libre pero al menos podrías tener un poco más de delicadeza a la hora de expresar tu opinión, ¿No crees?— le recriminó ella.—¿Tienes que ofender para dar tu opinión?
—¿Estoy ofendiendo a alguien que esté ahora mismo con nosotros?—le replicó lanzando una mirada a su alrededor—Que yo sepa aquí ninguno de los cuatro tenemos por qué sentirnos ofendidos, a ninguno nos incumbe personalmente ¿O sí?
—Bueno, a Rachel puede que sí —soltó Jesse dejándonos a los tres completamente en silencio, esperando una explicación.—Es bisexual—añadió y la sorpresa se instaló en nosotros. En ellos porque ni Robert ni Quinn esperaba aunque fuese a decir algo como aquello, y en mí porque me pilló completamente fuera de lugar.
—¿Qué?—le dije esperando una respuesta que explicase el motivo por el que había decidido decir algo así. Yo no era bisexual, de eso estaba segura.
—Cielo, eres bisexual y lo sabes. No tienes por qué seguir negando algo que tú misma me confesaste.—Respondió dejándome de nuevo en silencio, o mejor dicho completamente bloqueada.—Has estado con una chica…
—¿Has estado con una chica?—cuestionó Robert, y fue en ese instante cuando mis ojos, por inercia, se posaron sobre Quinn. No quería creerlo, no quería ser consciente que de verdad mi marido hubiese sacado aquel tema que tanto discutimos en su día. Y que lo hubiese hecho con Quinn de testigo, era lo peor de todo. Sobre todo porque no era cierto, porque a mí no me gustaban las chicas y hacerles creer eso solo me traería tener que dar explicaciones que no me apetecía dar.
—Es normal que se ofenda por esos comentarios—añadió Jesse viendo que yo no lograba reaccionar—Rachel estuvo enamorada de una chica que conoció en Los Ángeles hace unos años, por eso está completamente sensibilizada con la causa. Y yo la respeto por ello.
—¿Tenias novia?—insistió Robert, pero Jesse no me iba a dejar responderle.
—No, simplemente le sucedió lo que le puede pasar a cualquiera. Conoció a una chica que la volvió completamente loca, y se enamoró. Pero eso ya pasó… Mi suerte es que desapareciera y no acabase con mi oportunidad de conquistarla. Así que siempre le estaré eternamente agradecido que no volviese a aparecer por su vida.—Añadió y yo creí que estaba a punto de sufrir un colapso nervioso. Sentía que el corazón se me salía por la boca mientras evitaba por todos los medios mirar a Quinn a los ojos, porque aun no mirándola directamente sabía que ella sí lo hacía. Y probablemente esperaba algún tipo de explicación.
Había perdido la cuenta de las veces que jugamos, o mejor dicho ella jugó, a tratar de hacerme comprender que mi orientación sexual era opuesta a la que yo defendía. Y aunque siempre me lo tomé como eso, como un juego que nos había ayudado a mantener nuestra extraña relación, que en aquel instante fuese mi propio marido el que lo sacase a la luz no me ayudaba en absoluto a no parecer una completa mentirosa. Una vez más, Jesse lograba dejarme como una idiota sin que siquiera fuera consciente de ello.
—¿Desapareció?—fue Robert el que interrumpió mi silencio, y lo hizo logrando que mi colapso se convirtiese en odio. O quizás no tanto, pero sí me sentí realmente ofendida por el tono que utilizó.—Básicamente se encaprichó en ti y luego se fue dejándote jodida, ¿No?
—Rob…—murmuró Quinn tratando de contenerlo.
—¿Qué? Solo estoy preguntando…
—Sí, básicamente eso es lo que hizo—replicó Jesse y yo lo miré realmente confusa—Es verdad, esa chica solo quería divertirse una noche, y se encontró con Rachel en un mal momento de su vida, sin saber si lograría conseguir el master o no…
—Una zorra—murmuró Robert y la tos de Quinn a punto de atragantarse con el sorbo que le daba a su copa, me hizo reaccionar.
—¿Estabais vosotros allí?—les dije y ambos negaron—¿Entonces por qué habláis de algo que no sabéis?—volví a Jesse, que dejó de esbozar la sonrisa para mostrarse desafiante—Creí que ya habíamos hablado lo suficiente de ese tema como para que ahora vuelvas a sacarlo, y lo hagas mintiendo.
—¿Mintiendo? ¿Yo he mentido? ¿No es verdad que no estabas en tu mejor época? ¿No es verdad que solo fue una noche y luego no volviste a saber más de ella porque ni siquiera se despidió de ti?
—¿Y qué te hace pensar que eso me hizo daño? Te he dicho una y mil veces que ambas lo hicimos porque quisimos, y ya está. Estás dejando entrever que fue todo lo contrario y no es cierto. Sabes que fue especial para mí, y lo aceptaste. No entiendo por qué me recriminas ahora nada. Y no—miré a Robert— No es ninguna zorra, ni lo es ni lo fue…
—¿No lo es? ¿Acaso la has vuelto a ver?—me interrogó sorprendido por mi uso indebido del presente en aquella rotunda afirmación
—¿Qué? No… Hablo en sentido figurado. No fue lo que decís que fue y no lo será, porque era una buena chica—traté de solucionarlo—Es estúpido que habléis así de ella.
—Permíteme que le guarde un poco de rencor—masculló Jesse con sarcasmo—Creo que tengo derecho, ¿No?
—¿Por qué? ¿Has dudado de lo que siento por ti en algún momento? Eres tú el que continuamente me recuerdas que estuve con una chica, y se supone que no te importaba en absoluto cuando te lo dije.
—No, no me importaba en absoluto, pero por lo que me estás demostrando ahora mismo, veo que no la vas a olvidar en la vida—soltó buscando la aprobación de Robert, que al igual que Quinn había optado por ser mero espectador de mi disputa con Jesse. Aunque por lógica, ella lo estaba sufriendo tanto o más que yo—Por culpa de ella me tuviste cuatro meses esperando una respuesta, y no lo niegues… Esperabas que volviese, como si eso fuese a suceder… No me habrías dado opción de haber aparecido.
Se acabó. No lo pude soportar más, fue escuchar su respuesta y saber que tenía que acabar con aquella discusión lo antes posible, porque sabía que él no se iba a dar por vencido hasta llevar las de ganar, y porque la única manera de responderle y dejarlo callado terminaría por involucrar a Quinn. Y lo último que deseaba era meterla en problemas por culpa de la estupidez de mi marido cuando le daba por recordar mi pasado. Un pasado que era más presente que nunca, y que a juzgar por cómo me estaba sentando aquella discusión, deseé que fuese mi futuro. De no ser por mi raciocinio me habría levantado de aquella silla, habría tomado a mi querida Sheliak de la mano y me la habría llevado a algún lugar, lejos de todo y de todos. A otra ciudad, a otro país, a otro continente u otro planeta. En cualquier galaxia lejana, daba igual. Me la habría llevado conmigo y no solo por tenerla a mi lado, sino por evitar que tuviese que soportar el cinismo de Jesse y los insultos de Robert. Sin embargo, no lo hice. No me la llevé de la mano, aunque de haberlo hecho supe que habría aceptado sin dudarlo. Sobre todo por cómo reaccionó después de aquello.
—Tengo que ir al baño—mascullé levantándome de mi asiento, sin siquiera mirar a mi marido, que rápidamente me sujetó del brazo.
—¿Qué sucede? ¿Te has enfadado?—me dijo y a mí me entraron ganas de gritarle, pero me contuve.
—Me estoy haciendo pis… ¿Puedo ir o también tienes que decidir si me apetece o no ir?
—Ok… Ok, si te vas a poner así por una conversación entre amigos…
Idiota, quise responderle, pero en vez de eso me limité a recoger mi bolso y alejarme de ellos para al menos, tener unos minutos a solas y tratar de calmarme. Aunque lo que más me apremiaba era encontrar alguna excusa para que aquella reunión improvisada acabase lo antes posible.
Me alejé de ellos sin volver a mirar atrás, ni siquiera a ella, porque no tenía ni idea de lo que rondaba por su mente y porque no sabía si iba a ser capaz de mirarla a los ojos sin sentirme el peor ser del universo. Una vez que estuve dentro del bar me fui directa hacia los servicios, y allí hice uso personal de una de las cabinas solo para encontrar un espacio en el que nadie me estuviese mirando, en el que poder expresarme sin que nadie creyese que estaba loca, donde lograse poner mis pensamientos en calma, y tratar de saber lo que tenía que hacer en cuanto saliese de allí y me enfrentara de nuevo a ellos.
Una completa pérdida de tiempo. Quedarme allí encerrada por varios minutos no fue más que una pérdida de tiempo para mí, porque nada más salir del habitáculo, mis nervios volvieron a atacarme y el corazón estuvo a punto de jugarme una mala pasada. Por supuesto que Quinn habría aceptado escaparse conmigo, por eso mismo estaba allí, apoyada en uno de los lavabos sin perder de vista las cabinas mientras una chica se retocaba en el espejo junto a ella.
No vi malestar, ni mucho menos confusión en sus ojos cuando nuestras miradas se cruzaron, sino todo lo contrario. Parecía querer abrazarme con ella, y eso fue lo que me puso más nerviosa aún.
—¿Qué haces aquí?—le pregunté evitando que la chica que estaba a nuestro lado pudiese oírnos.
—Le acabo de enviar un mensaje a mi padre para que me envíe una cosa… Quiero mostrártela, pero no me apetece nada que ellos lo vean.—Me respondió confundiéndome. No esperaba una respuesta de ese tipo.
—Oh… Ok.
—Además, también quiero pedirte disculpas.
—¿Disculpas? ¿Tú?
—Sí yo.
—¿Por qué?
—Por cómo te ha tratado Robert. Te aseguro que no volverá a hablarte así en la vida. Me encargaré de ello.
—No tienes que disculparte conmigo por sus palabras. Me ha molestado más como te ha tratado a ti, que lo que me haya dicho a mí.
—Es algo nato en él… Es idiota y no va a cambiar nunca, al menos hasta que no se dé cuenta de que él no es más que nadie, y créeme… Tarde temprano lo hará.
—Honestamente, y discúlpame si te ofendo, pero sí… Tu novio es un completo idiota—solté sin poder contenerme, justo cuando aprovechaba para lavarme las manos también. Cualquier cosa por tal de no tenerla frente a frente en mi estado de absoluto odio a su novio, de enfado monumental con Jesse, y tremendas ganas de abrazarla.
—No me ofendes, ya te lo he dicho… Es idiota. Y me da vergüenza que tengas que conocerlo así. Mucha de hecho… Por eso quiero pedirte disculpas, y no me cansaré de pedírtelas hasta que las aceptes.
—Muy bien, disculpas aceptadas por el patán de tu chico. Pero tú también tienes que disculparme a mí por haberte involucrado en el asunto. Te aseguro que no ha sido mi intención. He discutido miles de veces este asunto con Jesse, pero siempre termina ignorándolo. Si te lo estás preguntando, no… No soy bisexual, y no te he mentido respecto a ello.
—¿Crees que me preocupa eso ahora?—me interrumpió obligándome a que la mirase de nuevo, aunque lo hice a través del espejo—Me importa un bledo que seas bisexual, heterosexual u homosexual. A mí solo me preocupa Rachel Berry, mi chica galáctica… Me preocupa saber si te hice daño o no—añadió y de repente el aire se volvió denso entre nosotras, o tal vez era el calor que se acumulaba en aquel servicio cerrado.
—¿Qué?
—Jesse acaba de decir que te habías enamorado, que lo tuviste 4 meses esperando una respuesta porque pensabas que yo volvería… ¿Eso es cierto?
—¡No!—exclamé rápidamente para arrepentirme en un segundo—Quiero decir, no me enamoré… O sea, fue especial y bueno, como siempre andábamos encontrándonos… No sé, tal vez me dejé llevar un poco por el juego y… Bueno, no quería estar con él sin estar segura de que no me pasaba nada contigo. Por eso me tomé mi tiempo—le respondí entre balbuceos, con los nervios obligándome a tartamudear en varias ocasiones y sintiendo como su mirada cada vez se hacía más y más intensa.—Nunca me sentí mal.
—Tal vez… Tal vez Robert tiene razón.
—¿Qué?
—No debí de haberte incitado a hacer algo así, y después marcharme sin más… Pero te juro que jamás pensé en hacerte daño de alguna manera, Rachel. Todo lo contrario, para mí también fue muy especial… Y por eso mismo me marché de aquella manera. Conociéndome, despedirme de ti habría sido todo un caos y… Bueno, se supone que nuestras vidas no estaban destinadas a que en ese instante nos enamorásemos. ¿No?
—Quinn, no me incitaste a nada, si lo hice fue porque quise. Y no me he arrepentido un solo día de haberlo hecho. Si volviese a vivir ese momento lo haría exactamente igual, te lo aseguro. Y todo lo que vino después no fue nada malo, al contrario, no te haces una idea de lo que me ayudó sentirme bien aquella noche. Habría odiado Los Ángeles no haber sido porque estuvimos juntas allí.
—¿De veras? ¿Tan importante fue?
—Pues sí. Tal vez para ti fuese un juego más, pero para mí fue algo más que eso…
—Para mí no fue un juego. Si me sorprende oírte decir que fue importante es porque en muchas ocasiones he llegado a creer que ni siquiera lo recordabas. No sé, no… No hemos hablado mucho de ello y… Bueno, pensé que era algo que ya tenías olvidado. Que no le dabas esa importancia—trató de explicarse, y por primera vez en aquella noche noté como los nervios también parecían adueñarse de ella.
—Quinn… No eras consciente de lo que tenía en mi mente en aquella noche, y no me refiero al hecho de no saber si iba o no poder hacer el master. Aquella noche me dejé llevar por primera vez sin pensar en nadie que no fuese yo misma. Me divertí, disfruté de poder hacer algo que deseaba con todas mis fuerzas desde el momento en el que te vi. Y cuando desperté aquella mañana y vi que te habías marchado… Sí, es cierto que no me sentí bien, pero solo por un instante. Justo el tiempo de descubrir tu nota y saber que no habías huido. Y por supuesto que te esperé cuando regresé a Oklahoma. Por supuesto que volví a Denver pensando que me encontraría contigo, y por eso mismo le pedí a Jesse que me diese tiempo. Tal vez no entraba dentro de tus planes, pero de haberte vuelto a encontrar en aquellos meses habría intentado conocerte más y mejor. Y sabía que si me centraba en Jesse terminaría enamorándome de él… Como así ha sido. Pero te aseguro que no sufrí, que no lo pasé mal. Era más la incertidumbre, la curiosidad por imaginar qué sucedería cuando nos volviésemos a encontrar. No sé, quizás te parezca una completa estúpida al…
—Ni hablar—me interrumpió—Jamás me parecerías estúpida porque yo también pensé en eso durante muchos días.
—¿Si?
—Rachel… Salí de tu habitación de aquella manera porque no sabía cómo iba a poder despedirme de ti, y porque de esa manera podía seguir creyendo que había sido especial para ambas. Te confieso que me moría de ganas por preguntarte, por saber que pensabas o que tal había sido para ti, pero tenía un miedo atroz a ver o escuchar algo que no me gustase. ¿Te haces una idea de cómo me siento ahora al escucharte hablar así? Si hubiese sabido que pensabas, te aseguro que aquella mañana no me echa de la cama ni Dios. Me habría quedado allí hasta que despertases…
No supe qué decir ni qué hacer ante su respuesta, aunque por dentro me moría de ganas por abrazarla. No supe cómo actuar y ella, perspicaz como siempre, sacó lo mejor de sí para hacerme sentir bien, una vez más.
—Escúchame, no quiero que discutas o te enfades con Jesse porque mencione nuestro pasado y lo haga con desprecio. Él no sabe que soy yo, y yo si estuviese en su lugar también me guardaría rencor—musitó procurando sonar divertida—No le des importancia a eso, porque para mí no la tiene. No me ofende que él me deteste sin siquiera saberlo, ni que mi novio tenga esa percepción de la chicas que prefieran divertirse, porque él no es un santo. Él sí que le ha hecho eso a chicas, así que es quien menos tiene que opinar respecto a ello. Supongo que ambas somos conscientes de cómo son nuestros chicos, y los queremos tal y como son, ¿No?
—Eh… Sí, claro, pero a veces saca lo peor de mí.
—Filosofía—me interrumpió—Hay que tomarse esos asuntos con filosofía, y dejar que se queden con la sensación de tener la razón. Discutir con un chico por algo que no podemos demostrarle que están equivocados es absurdo, y una pérdida de tiempo. Tú y yo, por fin, sabemos lo que nos sucedió, lo que vivimos y sentimos, y el recuerdo que tenemos de ello. Eso es lo importante, y ya nada ni nadie nos lo va a quitar. –Sentenció dejándome de nuevo sin palabras, y si no hubiera sido por la pertinente interrupción que siempre se encargaba de acabar con nuestras escenas, no habría sido capaz de decir nada más.
Esa vez fue su teléfono el que me dio la tregua, y Quinn en buscar lo que tanto interés tenía en mostrarme, o al menos esa fue la excusa que me puso para perseguirme hasta el baño. Obviamente yo sabía que era eso, una simple excusa, pero a juzgar por el gesto contradictorio de su rostro supe que realmente esperaba algo de su padre para mostrarme.
—¿Algo va mal?—pude atisbar a preguntar tras ver como se lamentaba.
—No, bueno… Es solo que parece que hoy no es nuestro día de suerte. Mi padre me acaba de decir que no está en casa, así que no puede enviarme la foto de lo que te quiero mostrar.
—Bueno… No te preocupes…
—Cuando llegue la hago yo misma y te la envío.
—No, no…
—¿No?
—No, como tú dices, prefiero que me lo muestres estando presente. Si me vas a dejar sin palabras como lo acabas de hacer, prefiero que estés delante para hacerme reaccionar. Así que seré paciente y te invitaré a que me lo muestres cuando regrese de Oklahoma. ¿De acuerdo?
—Perfecto… Es significa que me tendrás que invitar a cenar.
—Siempre que dices eso terminas invitándome tú. Espero que realmente me dejes algún día que yo me encargue de todo.
—Perfecto, pues todo en tus manos. Estaré esperando tu llamada—me dijo recuperando la sonrisa, aunque no le duró demasiado. Justo cuando supimos que había llegado el momento de abandonar el servicio y volver a respirar el aire puro, o al menos más limpio que el que nos envolvía.—Por cierto… ¿Me ves mal?—me preguntó señalando hacia su rostro. Yo dudé varios segundos sin saber a qué se refería—¿Tengo mala cara?—añadió y yo negué rápidamente. Y con razón, Quinn estaba hermosa no, lo siguiente, como siempre—Mierda... ¿Y ahora?—insistió tratando de desfigurar el gesto tras dejar escapar una bocanada de aire.
—Pues… No. No, no estás mal, Quinn. Nunca lo estás. No entiendo…
—Quiero que parezca que me encuentro mal, así lo utilizo de excusa para que Robert y yo os dejamos a solas.
—¿Qué? No, no es necesario.
—Sí, sí que lo es. No me apetece en absoluto que Robert siga propiciando enfrentamientos entre Jesse y tú, y de la única manera que puedo convencerlo para que nos marchemos, es que me vea mal… Además, no quiero hacerle un feo a mi jefe—bromeó y yo me sentí la mujer más privilegiada del universo. –Solo es una mentira piadosa. Estoy convencida de que tú tampoco quieres estar más tiempo ahí fuera.
—Si no fuese porque estabas tú, ya me habría marchado… Te lo aseguro.
—Pues con más razón—replicó fingiendo un exagerado orgullo que me provocó la sonrisa—Si no está Sheliak, ¿Qué sentido tiene que sigas alegrándole la vista a toda esa gente? Ninguno…
—Ninguno—repetí agradecida por su actitud, por su manera de hacerme ver que tenía su apoyo si lo necesitaba y era capaz de sacarme una sonrisa hasta en los momentos más inestables. Es cierto que deseaba marcharme cuanto antes y recriminarle a Jesse su actitud frente a ellos dos, pero siendo honesta, lo que más me apetecía era no tener que sentarme frente a Robert después de lo que había dicho de su propia novia, sin siquiera ser consciente de ello, y presenciar algún gesto íntimo entre los dos como si no hubiera pasado nada.
Un beso, una mirada, un simple roce de sus manos, por insignificante que fuese, lograría sacarme de mis casillas en aquella noche, y ya había tenido suficiente como para terminar perdiendo la paciencia. Ella no lo merecía, y yo debía respetar su decisión de mantener nuestra relación ajena a su novio.
—Bien, pues entonces… Me vas a ver actuar como nunca antes lo he hecho—añadió regalándome ese guiño de ojos que ya consideraba como mío.
Y sí, la vi actuar como nunca antes imaginé hacerlo. Tan bien que incluso yo, que sabía que mentía, creí que realmente se encontraba mal. Por suerte no era así, y su guiño de despedida junto al beso que volvió a plantar en mi mejilla para decirme adiós, el segundo de aquella noche, me enseñó que tomarse la vida con filosofía es una muy buena manera para dormir tranquila, sobre todo cuando estás casada con Jesse St. James y uno de sus mejores amigos es Robert Marshall.
