—Creí que sólo alardeabas —confiesa el mayor soltando una breve risa. —, pero eres realmente bueno en esto.
Damian chasquea la lengua, fingiendo molestia. —Claro que lo soy —sus pies se movían con ligereza, guiándolos a ambos al compás de la suave música que sonaba en el lugar. —. No puedo decir lo mismo de ti, pareces yegua asustada —comentó con burla, aunque no era del todo cierto. —; pero aprendes rápido —murmuró.
—Lo sé —la sonrisa de su rostro resultó imborrable mientras daban vueltas por la habitación al ritmo de la lenta melodía.
Damian lo sabía, Jason no era totalmente ajeno al baile, aún así no dijo ni una palabra al respecto; por una vez le haría pensar que lo había logrado engañar y continuaría siguiendo sus ágiles pasos.
Después de todo, estaban solos en aquella habitación; no había porqué fingir que no le agradaba su cercanía o que no disfrutaba de bailar a su lado como si todo lo demás estuviese a décadas de distancia.
