La visitante
Taichi se encontraba en el aeropuerto esperando la llegada de un avión. Llevaba mucho rato aguardando. Había llegado con antelación suficiente. Dos horas. Y los precios que había en la cafetería no eran lo mejor para un bolsillo como el suyo, pero en algo debía matar el tiempo. Su invitada llegaría pronto. O eso esperaba. Tal vez se había arrepentido. Sacó del bolsillo el D-Terminal para ver si le había llegado algún mensaje. Pero no.
Se fijó en ese momento en los paneles indicadores. El avión había aterrizado hacía unos minutos. Empezó a ponerse nervioso. ¿Cuánto podía tardar en desembarcar? ¿Y si se había arrepentido y esperaba a que la máquina de hierro volviese a dar media vuelta para regresar a su país?
—¡Taichiiiiiiii! —saludó de pronto una voz con un característico acento.
—¡Catherine! —exclamó este.
—Oui, ces't moi! —dijo ella—. ¿Qué tal estás, mon ami? —preguntó, y antes de que le respondiera, le plantó un par de besos en las mejillas. Taichi sintió que le ardían.
—Todo bien. ¿Ha sido muy largo el viaje?
—Oui, ça fait très longtemps. Pero al menos he podido descansar. ¿Qué hora es aquí? —preguntó.
—Las doce de la mañana.
—Buena hora —comentó Catherine—. ¿Vamos en voiture?
—¿Eh?
—En coche.
—Ah, sí. Permite, te llevo la maleta.
—Oh, mi gentilhomme —dijo ella sonriendo, y siguió a Taichi hasta la salida de la terminal.
El chico cargó la maleta de su amiga en el maletero mientras ella montaba de copiloto. De un salto volvió a la parte delantera del vehículo, se subió y arrancó el motor. No tardó en tomar la carretera hacia la ciudad.
—Veo que has aprobado el carné. Enhorabuena —dijo la francesa. Los años anteriores los padres de Taichi y la madre de Takeru quienes se habían turnado para ir a recoger a Catherine. La rubia se había hecho muy amiga de ambos y ya era tradición para todos quedar la semana anterior a las navidades para verse.
—Gracias, la verdad ha sido sen… ¡tus muertos! —gritó cuando el coche le adelantó de mala manera—. Disculpa mi lenguaje…
—No te preocupes, mon ami. Ese tío era imbécil.
Taichi sonrió y continuó al volante hasta que finalmente llegaron a su calle. Aparcó fuera, y maldiciendo el frío que se había levantado (al fin y al cabo estaban en diciembre, pero el viento asqueroso resultaba muy molesto), Taichi se apresuró en rescatar el equipaje de su amiga y corrieron hacia la puerta. Abrió veloz y por fin estuvieron refugiados en el cálido interior.
—Ponte cómoda —le indicó el castaño mientras llevaba la maleta de Catherine a su habitación—. Perdona que esté todo hecho un desastre…
—¿Qué dices? ¡Si está ordenadísimo!
Y es que Taichi se había pegado una buena paliza para dejarlo todo en condiciones antes de ir a buscarla. En parte porque le había prometido a sus padres que tendría la casa en condiciones, pero lo más importante: impresionarla a ella.
—Bueno, es lo que se suele decir —bromeó él—. ¿Tienes hambre?
—No, gracias, Je vais m'accrocher au dîner —respondió la chica—. Se comía bien en el avión. ¿Ya has avisado a Takeru? —preguntó la Niña Elegida francesa.
—Eh, sí, le he avisado, pero… —"espero que esto funcione"— me ha dicho que lamentablemente no podría venir hoy. Que estará mañana cuando nos juntemos con los demás.
—Je suis désolé —comentó Catherine, desconocedora de que su acento francés volvía loco a su amigo—. Bueno, supongo que al menos Hikari si estará…
—No, se ha quedado a dormir con unas amigas —respondió Taichi. Más interesado en su amiga, esa noche no le importaba mucho si la joven Hikari desfasaba con Sora, Mimi y Miyako.
—Oh… bon, no pasa nada. Me encanta tu compañía.
Taichi procuró no sonreír como un idiota. Todo estaba saliendo a la perfección. Se había logrado desembarazar de Takeru con una argucia, sus padres y su hermana no estarían en la casa hasta el día siguiente, disponía así de toda la casa para él y su invitada. Podría aprovechar para acercarse a ella un poco. Desde que la conocía no podía negar que la joven se había desarrollado de maravilla y ahora era una chica muy atractiva. Lo suficiente como para que le ardieran las entrañas cuando, en sus confidencias, la rubia le había contado las estupideces que hacían algunos conocidos suyos para ligar con ella.
Que hubiera rechazado a tantos, en su cabeza, era un arma de doble filo: eliminaba la competencia por un lado, pero eso no garantizaba que se sintiera atraída por él. Incluso se había planteado la posibilidad de que a Catherine le gustaran las chicas. Pero no podía quedarse sin saberlo, tenía que ser aquella noche cuando lo intentara.
—Gracias —dijo Taichi—. Me sorprende comprobar lo mucho que has mejorado con el idioma. El primer año que viniste apenas te atrevías a hablar.
—Ayuda mucho tener con quien practicar —respondió ella.
"¿Eso puede interpretarse de otra forma?", se preguntó el chico, y sintió ganas de abofetearse. No podía hacer el idiota, no con ella.
—¿Qué te apetece entonces? ¿Quieres salir a caminar?
—Tu es fou? ¡Loco! Hace un froid que no se aguanta en la calle —rió Catherine—. Mejor nos quedamos en la maison y vemos un film. ¿Te parece?
—Me parece bien. ¿Qué te parece Sama Wazu? —propuso Taichi, rebuscando entre sus DVDs.
—Me fío de tu criterio. ¿Es anime?
—Oui —respondió él, imitando el acento francés.
—Fantastique. Ponla entonces.
Taichi se apresuró en poner el disco en el reproductor y se sentó en el sofá. Como atraída por un campo gravitatorio, Catherine se echó hacia él, y apoyó la cabeza sobre su brazo. Pero no debía parecerle muy confortable, ya que optó por tumbarse, cuan larga era, en el sofá, apoyando la cabeza en las piernas del chico.
—¿Te molesto? —preguntó con voz suave.
—No, tranquila…
—Tu es nerveux? ¡Si la última vez dormí en tu lit! —rió Catherine.
Y probablemente había sido por aquella noche, en la cual habían compartido colchón, y Taichi sintió tan cerca el delicado aroma de la chica, cuando se había empezado a sentir fuertemente atraído por ella. Y se había tenido que girar al otro lado cuando sintió que tenía una erección.
Y ahora ahí estaban los dos, disfrutando de casi dos horas de cine de animación. Varias fueron las veces que Taichi se estiró hacia adelante para comprobar si su amiga se había dormido, pero ella tenía los ojos bien abiertos y le sonreía cuando él se asomaba. Cuando por fin terminaron, era definitivamente de noche y ahora Taichi se veía en la obligación de preparar una buena cena.
—Ce n'est pas nécessaire, de verdad —protestó la chica—. Me conformo con cualquier cosa.
—¿Qué anfitrión sería yo si no te agasajara? —respondió Taichi. Aunque si se sinceraba consigo mismo, su "agasajo" cuando venían sus amigos era llamar a la hamburguesería.
—De verdad, Taichi, no te molestes mucho. Mañana quedamos con le groupe. ¡Me pondré echa una vaca entre la cena y la fiesta!
—Bueno, nada de ramen entonces —dijo Taichi—. ¿Qué te apetece cenar entonces?
Fideos. Dos botes de fideos instantáneos fue lo máximo que tuvo que preparar esa noche. Calentó bien el agua necesaria para prepararlos, y pronto un delicioso aroma inundó la estancia. Sonrieron y empezaron a cenar. No hablaban mucho, pero tampoco era un silencio incómodo. Simplemente disfrutaban de aquella cena improvisada.
—¿Seguro que no quieres nada más? —preguntó Taichi.
—Seguro —respondió ella—. No te preocupes tanto.
—¿Algo de postre?
—Sí… algo sí me apetece de postre.
—Pues voy a ver lo que tengo…
Pero no se pudo levantar. Sintió que Catherine le sujetó del brazo, reteniéndole. Y antes de darse cuenta, había posado los labios sobre los de él. Apenas un momento. Y retrocedió. Él no dijo nada. Posiblemente la chica había tropezado. Sentada en el sofá. De pronto volvió a ser besado. No entendía nada. Miró a Catherine, que había retrocedido y le miraba con ojos grandes y brillantes.
—Vaya… Debes pensar que soy una bête… una idiota —añadió al comprender la cara de desconcierto de Taichi.
—¿Qué… por qué…?
—Bon, últimamente cuando hablábamos, te notaba… receptivo —dijo la chica—. Llegué a pensar que yo te gustaba y tenía curiosidad, pero… ya veo que…
No, no Taichi debía sacarla de su error. Se lanzó hacia adelante, hasta apoyar la frente en la de su amiga, sujetó con suavidad sus mejillas y besó aquellos labios. Sin retroceder. Sus respiraciones se agitaron levemente. Catherine se dejó caer hacia atrás, aceptando el beso de Taichi, y rodeándole con los brazos y las piernas, evitando que se fugara.
—No sabía que yo también te gustara… —susurró el castaño.
—Claro que me gustas… eres genial...
—Pensaba… que tú querrías estar con Takeru…
—No digas tonterías… y no hablemos de él —pidió la chica.
Y si no hablaban en algo debían usar las lenguas, de forma que prosiguieron con los besos, devorando los labios del otro. "Se nota que ha crecido", pensó Taichi, ya que no se hubiera esperado algo así de su amiga un año antes. Inspiró cerca de su cuello, y se volvió loco con su aroma. Ese que tanto provocaba en su cuerpo. Olió con ganas y pronto no se pudo contener. Su lengua se paseó por su cuello, muy suavemente. Aquel sabor era aún mejor.
—Catherine… me encantas, me gustas mucho —susurró mientras besuqueaba aquel cuerpo.
—Montre moi… hace calor, ya sabes —respondió ella.
—¿Estás segura?
Ella asintió, autorizándole para que le quitara la ropa. Taichi atrapó con los dedos el bajo de su suéter y lo levantó con cuidado. Aquel cuerpecito le parecía tan delicado… y hasta hacía unos momentos, inalcanzable. Pero ya no lo era, ahora era perfectamente tangible. Y deseable. Y el rostro encarnado de Catherine cuando le quitó la prenda era sumamente erótico.
—Qué buena vista —comentó el chico mirántola desde arriba.
—Bête —protestó ella—. Si dices esas… mmmmmm… —gimió ella—. Malo…
Taichi había aprovechado su posición para probar directamente el cuerpo de Catherine. Los dos "deli". Deli-cado y deli-cioso. Tan cálido y suave. Su boca no tardó en alcanzar el puente de su sostén, que mordió travieso. Miró a su amiga, quien arqueó la espalda, y él aceptó la invitación tanteando con sus manos. Encontró que el cierre era un poco complicado de abrir, pero lo consiguió y tiró suavemente de la prenda.
—¿Te gusta lo que ves? —preguntó la rubia, temiendo una respuesta negativa. Pero Taichi se limitó a asentir y sus labios volvieron a juntarse. Él aprovechó para palpar y sentir entre sus manos a Catherine. Le volvían loco sus desarrollados senos, tan firmes, con aquellos pezones que hacían que la chica gimiera cuando jugaba con ellos. La tarde estaba siendo mejor de lo que esperaba.
—Aún no te he enseñado todo lo que se hacer —dijo el castaño mientras proseguía desnudando a su amiga. Su pantaloncito empezaba a ser un estorbo. Y cuando se lo quitó, comprobó que la tela de sus braguitas estaba humedecida. Halagador—. Voy a hacer que te sientas de maravilla.
—Taichi… yo quier… ¡ooooooh! —gimoteó. Taichi apenas le había bajado un poco su última prenda, y sin quitársela del todo había hundido la cabeza entre sus piernas, alcanzando su punto de mayor placer con la lengua fácilmente—. No importa… —pensó en voz alta mientras disfrutaba del sexo oral. Su respiración estaba agitada. Diablos… no era su primera vez, pero nunca un amante había bajado hasta ahí. Hasta ese momento.
—Eres preciosa, Catherine —dijo Taichi, dando un pequeño respiro a su lengua… aunque era su pulgar quien mantenía la estimulación en todo momento—. ¿Quieres más?
—Oui… Taichi… sigue, por favooooor —pidió ella, y su amigo obedeció en el acto—. Me encanta… Aaaaaaah…
Aquello había sido tan improvisado, tan inesperado, que su propia excitación se le iba de las manos. No podía contenerse, ni le apetecía acerlo. Alcanzó un orgasmo delicioso gracias a la boca de Taichi, gimiendo tan alto que le extrañó que un vecino no llamase a la puerta para protestar.
—Ha sido incroyable… —gimió Catherine, intentando recuperarse—. Pero tú… No estás satisfecho…
—La verdad, aún no —admitió Taichi—. ¿Te importaría…?
A Catherine no le importaba en absoluto, pero el sexo oral había estado más allá de lo que tenía en mente cuando se daba el lote con su amigo. Le quería dentro de ella, no podía pensar en otra cosa en ese momento. Estaban encerrados en una sala solo para ellos, fuera no había ninguna realidad, y quería juntarse con su amigo de una vez.
De forma que el castaño se apresuró en quitarse la ropa, empezando por la camisa, y Catherine sonrió al ver el formado cuerpo de su amigo. A continuación se quitó el pantalón, pero antes de poder quitarse el boxer, se adelantaron las manos de la chica.
"Mon dieu… los rumores sobre los asiáticos eran mentira", pensó al liberar la erección de Taichi. Este sonrió al ver que Catherine se había vuelto a poner colorada, y se situó entre sus piernas.
Se miraron cómplices, y ella asintió despacio. Un escalofrío recorrió su cuerpo al sentir el contacto con su pene y suspiró largamente mientras se deslizaba dentro de ella. Qué maravillosa sensación. Taichi no se lo podía creer. Estaban teniendo sexo. Intentando controlar su emoción en aquel momento empezó a deslizarse con suavidad dentro y fuera de la francesa.
De pronto ella cerró sus piernas alrededor del cuerpo de Taichi, dejándole espacio suficiente para poder penetrarla. Al principio apoyando las manos sobre el sofá, no tardó en dejarse caer hacia adelante, dando rienda suelta a sus labios y acelerando el movimiento de sus acometidas. Era maravilloso, el interior de Catherine se sentía muy cálido y agradable. Probó el sabor de su cuello nuevamente mientras se acercaban al momento cúlmen.
—Taichi… se que tienes ganas —susurró la chica—. Conmigo… no tienes que contenerte…
—Catherine…
—Acaba… Acabemos juntos —pidió la chica, altamente excitada por aquella fantasía que se había hecho realidad—. Aaaaaah… aaaaaaaaaah…
Taichi gruñó. No podía aguantar más. A pesar de sus intentos, su cuerpo obedeció a la reacción natural y eyaculó en aquel momento. Pero no se detenía, sus caderas se seguían moviendo dando unos últimos momentos de placer a Catherine, logrando que ella estallase en su orgasmo también. Se quedó tendido sobre ella, derrotado por la ardiente sesión de sexo que habían tenido.
—Ha sido formidable —suspiró ella finalmente. Se abrazó al chico—. De verdad…
—Me ha encantado también —respondió Taichi, y volvieron a juntarse sus labios—. Aunque esto ha quedado un poco… desastroso —dijo, agradeciéndo que las fundas del sofá fueran lavables.
—Oye, me gustaría darme una ducha… —dijo ella.
—Claro, el baño está allí. Yo aprovecharé para limpiar esto…
Empezó a quitar la funda del sofá mientras su amiga se dirigía al baño. Pero justo cuando puso el programa de lavado, se giró y vio que ella le miraba desde la puerta.
—Te estoy esperando, bobo —rió Catherine—. Es decir… si te has quedado con ganas de más.
En unas pocas zancadas Taichi alcanzó el baño. Sonriendo, entraron los dos, dispuestos a dar rienda suelta a su imaginación.
La verdad, se sentía bien tener una persona que limpiara su cuerpo. Taichi fue el primero en mojar con agua caliente el cuerpo de Catherine, y a continuación, con jabón en las manos, empezó a lavárselo con sumo cuidado. No dudó en recrearse lavando sus pechos, y ella no le puso ningún impedimento. Se sentía traviesa, se sentía bien. Le dejó que le manoseara las nalgas tanto como quiso, y sintió un hormigueo de placer cuando le dió unos suaves mordiscos en las posaderas mientras le limpiaba las piernas.
—Eres un pervertido, Yagami —rió Catherine—. Pero creo que ahora es mi turno —añadió mientras el chico la aclaraba.
—No voy a mentirte… Lo estoy deseando —admitió él.
Sonriendo, la chica empapó todo el cuerpo de Taichi en primer lugar. Ahora por fin podía probar con sus manos aquel cuerpo. Aquel torso tan bien formado que podría hacer que se derritiera con solo mirarlo. Bajó por sus piernas con cuidado, dejándolas bien limpias, antes de pasar a tratar su pene con suma delicadeza.
—Tranquilo… no voy a dejar que caiga jabón… ya sabes —dijo mientras le masturbaba suavemente—. ¿Se siente bien?
—De maravilla —admitió él.
—Deja que te aclare —pidió la chica. El castaño obedeció, y sintió el agradable agua caliente recorriendo su cuerpo. Abrió los ojos nuevamente, y se topó con una sorpresa. Catherine estaba frente su pene, agachada. Intentó detenerla, pero ella fue más rápida y probó el sabor de su erección. Diablos… era buena. Le estaba dando mucho placer. Pero no… no era eso lo que le apetecía… bueno, tal vez un poco. Solo debía controlar el momento de la eyaculación…
—Catherine… por favor…
—¿No te gusta? —preguntó ella, un tanto decepcionada.
—Claro que sí. Pero no quería eso… Me apetece repetir… lo de antes…
—Túmbate entonces —dijo la chica.
Taichi obedeció. El suelo, empapado por el agua caliente, era bastante agradable de sentir en su espalda. La francesa se subió a horcajadas sobre él, con delicadeza sobre su miembro, sin llegar a deslizarlo en su interior.
—¿Te gusta si te hago esto? —preguntó seductora mientras frotaba su intimidad contra la erección del chico.
—Me vuelve loco…
—¿Te gusta verme encima de ti? —insistió ella, seduciéndole, llevándose las manos a los senos. Un punto en contra, ya que ella misma se excitaba al tocarse.
—Por favor… me voy a volver loco —pidió Taichi.
—D'accord —susurró ella, y con aquel movimiento de fricción logró que el pene de Taichi entrase dentro de su sexo—. Merveilleux…
Empezó a subir y bajar por la erección de su amigo, apoyada con cuidado sobre su torso. Era genial, y lo sentía con más intensidad llevando ella el ritmo que cuando lo hacía Taichi. Le sentía perfectamente dentro de ella, y eso la estaba volviendo loca. Gimieron los dos, llenando el ambiente del baño con sus suspiros de placer. El ritmo se incrementó poco a poco pero sin vuelta atrás. Jadearon, estaban agotados, pero no se podían detener, no en ese momento. Catherine sintió que su clímax se iba a dinamitar en el mismo momento en que notó los fluidos del chico resbalando en su interior. Estaba agotada… le quedaba tan poco… pero no tenía fuerzas. Y en ese momento, Taichi movió sus caderas, prosiguiendo aquel repiqueteo palcentero que logŕo que ella tuviera su orgasmo también. Se dejó caer sobre el chico, y sus labios se juntaron.
—Me encanta lo que hemos hecho —dijo la chica. Se habían vuelto a lavar y ahora estaban dentro de la bañera. Ella se había tumbado sobre él y notaba su erección contra su espalda. No era un gran problema, no después de haberse dejado llevar tanto.
—A mi también.
—Escucha… Sé que solo somos amigos… Y que viviendo tú en Japón y yo en Francia una relación sería très compliqué —empezó ella—. Pero… ¿si te digo que el próximo año podría pedir el traslado aquí?
—Eso me gustaría muchísimo —dijo Taichi. Llevó la cabeza de la chica hacia atrás con cuidado y volvieron a besarse. No podía decir que no a su diosa francesa.
—Je suis content —sonrió Catherine—. ¿Y qué vamos a hacer esta noche?
—Bueno… podemos ver otra película si te apetece, o ir a cenar… y luego, tenemos la casa entera para nosotros dos.
—Este es el mejor viaje que he hecho —dijo ella.
¡Hola a todos! Ya tocaba actualizar también por aquí, que os tengo muy abandonados.
Espero que os haya gustado este one-shot entre ellos dos. Para quien no sitúe a Catherine, es una de las Niñas Elegidas de Francia, aparecida en Digimon Zero Two. De vez en cuando está bien escribir con personajes distintos ;)
honter11: El "Daimi" llevaba tiempo pedido, y tocaba darle salida ;) Me anoto el Taimi situado en la cronología de 02, aunque intento no repetirme en personajes con frecuencia. No me olvido de los otros dos pedidos, no sufras ;)
MAZINGER-TAIORA: Yo creo que en general a Mimi le gustarían los trajecitos xD Y sí, cofia es un término que se usa poco, me parece xD Ya sabes que tengo pendiente la continuación del otro ;) Saludos!
DIGI-FANTASMA-TAIKARI: Curioso, yo creo que de ellos dos no leí nada xD Hace tiempo yo hice algo, pero ese fanfic está desaparecido :( En cualquier caso, ¡vivan los cosplay! xD Un saludo!
Nos leemos por aquí. Lemmon rules!
