Aquí está el siguiente capítulo, aunque es cortito jeje. Por cierto, muchísimas gracias a todos los que comentan, casi siempre trato de responder los reviews pero a veces no me da tiempo. Y a los que dejan review como invitados también les agradezco millones. En fin, sigan comentando, me encanta leerlos n.n. Qué bueno que les gusta mi historia. ¡Viva el GrimmHime!
PROGRAMA DE MANEJO DE LA IRA
Capítulo 17: Trato.
La cruda por el sake no se comparaba a la cruda moral que tenía Orihime en esos momentos mientras estaba sentada frente a Grimmjow en la mesa de la cocina, tomando una taza de café que el peliazul había preparado con la ayuda de la cafetera.
Recordaba casi todo lo que había ocurrido y estaba muy avergonzada, demasiado como para siquiera pedirle disculpas por su comportamiento. Si bien era cierto que Grimmjow le había insistido para que tomara sake, las confesiones y las insinuaciones eran enteramente su culpa. Deseos reprimidos que no se había atrevido a decir en voz alta y que de alguna forma el alcohol le había ayudado. Recordaba el beso, el ardiente beso, las caricias…y luego Grimmjow deteniéndose por alguna extraña razón. La había llevado a la habitación y ya no recordaba nada después de eso.
–Gracias por el café –murmuró Orihime dándole un sorbo. Le dolía un poco la cabeza y al parecer Grimmjow se dio cuenta.
–Ya se te pasará –dijo entre risas.
Grimmjow le pasó los hot cakes que había hecho y la vio comer en silencio hasta que se levantó. Orihime estaba ligeramente sonrojada y no quería traer a colación el tema de lo que había pasado la noche anterior, así que optó por hablar de otra cosa.
–¿Hay algo que quieras hacer hoy? Creo que podemos retomar el programa, estaba pensando en ir a…
–¿Qué te parece si tú y yo tenemos una cita?
Orihime lo miró como si se hubiera vuelto loco. Los flashbacks de lo que había pasado la noche anterior volvieron de golpe a su mente y desvió la mirada, sonrojada. ¿Exactamente en qué situación estaba con Grimmjow? Sospechaba que ya no era simplemente la chica humana que lo estaba ayudando con su problema de la ira. Vio el collar de Grimmjow y, como si fuera un recordatorio, pensó que podía sacarle provecho con una última actividad.
–¿Qué te parece si hacemos un trato?
–¿Qué clase de trato? –preguntó Grimmjow, que se esperaba de todo menos esa respuesta.
–Tendré una cita contigo si realizas una última actividad del programa.
Grimmjow bufó molesto. Cuando creía que ya había superado todos los obstáculos salía Orihime con que tenía una actividad más. Bueno, si era como cocinar o hacer yoga, entonces no había problema. Cualquier cosa con tal de estar cerca de ella.
–Bien, acepto. ¿Qué es lo que haremos? –preguntó con una sonrisa.
Orihime también sonrió.
–Oh, esta vez yo no estaré.
–¿Entonces?
–Es una sorpresa. El ejercicio es para practicar tu paciencia, y no adivinas a quién tengo en mente.
Estaban de vuelta en la Sociedad de Almas. Cuando el capitán Ukitake le preguntó a Orihime qué tal había ido la película en el mundo humano, ella le dijo que todo estuvo fantástico. Omitió la parte de la desvelada de Grimmjow viendo Juego de Tronos, la pelea con Kurosaki y la borrachera en su casa bebiendo sake. Técnicamente no estaba mintiendo, sólo estaba ocultando información que el capitán no tenía por qué saber. Habían sido tres días completamente alejados del programa y, por otro lado, muy intensos en cuanto a su relación con el Espada. A pesar de todo, creía que había hecho algunos avances. Dejando de lado la violencia, Grimmjow parecía un poco más dispuesto al diálogo que a la fuerza bruta, al menos con ella, y eso era mejor que nada. También se controlaba un poco más cuando se trataba de no invadir su espacio personal, algo que Orihime agradecía mucho.
La actividad que Orihime tenía pensada para Grimmjow aquel día era bastante simple en realidad: hacer que pasara todo un día con la teniente Yachiru sin enojarse, lo cual tenía cierto grado de complejidad para alguien como él que se encendía a la menor provocación. El Comandante Yamamoto había aprobado la petición después de consultarlo con Kenpachi, quien se había reído a carcajadas y había accedido de inmediato, deseoso de ver a Yachiru sacándole canas verdes al Espada. A pesar de que no había que tomar precauciones con la seguridad de Yachiru, ya que se trataba de la teniente del onceavo escuadrón, el capitán Kurotsuchi solicitó hacer algunas modificaciones al collar de Grimmjow, las cuales consistían en deshacerse del control remoto y activar las descargas por medio de su ritmo cardiaco. Si se alteraba más allá del límite establecido, recibiría una descarga.
Cuando Grimmjow salió del laboratorio de Mayuri, se negó a dirigirle la palabra a Orihime. Se sentía traicionado.
–Ya se le pasará, Inoue –la animó Rukia viendo al Espada caminar al frente rumbo a los cuarteles del Escuadrón 11.
–¿Cómo les fue en el mundo humano? ¿Vieron a Ichigo? –preguntó Renji.
Orihime no podía decirles que habían ido a su casa y que Grimmjow y él habían peleado, así que les dijo que no. Se sentía mal por mentir pero no quería darles explicaciones sobre todo lo ocurrido con el peliazul. Tal vez después, cuando resolviera su situación personal con él.
Los cuatro llegaron al cuartel principal y vieron a los shinigamis siendo entrenados por Ikkaku y Yumichika, los suboficiales. Los dos los saludaron con un asentimiento de cabeza y Yumichika aprovechó para guiñarle un ojo a Orihime, quien le sonrió amablemente.
Rukia tocó la puerta de la oficina del capitán.
–¿Qué quieres? –gruñó una voz desde adentro.
–Capitán Zaraki, soy Kuchiki…
Antes de que terminara la oración la puerta se abrió por completo y apareció la teniente de pelo rosa.
–¡Pastelitos! –gritó Yachiru al ver a Orihime, y aunque Grimmjow no entendió de qué estaba hablando, enrojeció hasta las orejas cuando vio que la niña apretó los pechos de Orihime efusivamente. Su ritmo cardiaco se aceleró y recibió una descarga.
–¿Estás bien? –le preguntó Rukia.
–Sí –respondió Grimmjow secamente.
–¡Yachiru–chan! –gritó Orihime con la cara completamente roja-. T-También me alegra verte…
–¡Ken-chan, ven aquí! ¡Mira, es Grimmy! –gritó Yachiru.
Kenpachi salió de la oficina y los miró a los cuatro con cara de pocos amigos. Ya sabía a lo que venían, estaba informado de la actividad del programa y sonrió al ver el collar de Grimmjow. No resistiría ni una hora con Yachiru, mucho menos todo el día. Ese Espada estaba frito.
–Capitán, Grimmjow está…
–Tch, ahórrate las explicaciones, niña, ya sé a lo que viene.
–¡Vamos, Grimmy! –gritó Yachiru emocionada agarrando a Grimmjow de la mano, que se dejó arrastrar con una cara de enfado. Orihime le ofreció una sonrisa de ánimos y los perdieron de vista cuando ambos salieron del cuartel.
–¿Creen que estará bien? –preguntó Renji.
Los tres sabían que se refería a Grimmjow.
Continuará…
