Dumbledore, McGonagall y Snape entraron en la enfermería al finalizar la jornada escolar. Sus rostros denotaban la preocupación que sentían por el estado de salud de Hermione. La notificación de Madame Pomfrey les sorprendió, sobre todo a Severus pues no pensaba que el asunto fuese tan serio como para precisar la convocatoria de los tres docentes. Esa misma mañana había llevado a la chica a la enfermería tras su desmayo, tenía planeado ir a verla para hablar con ella al finalizar las clases pero el aviso de la mujer había cambiado sus planes. Ahora el asunto pasaba a ser oficial, como demostraba la presencia del director y la subdirectora en el lugar.
Al llegar a los pies del camastro que ocupaba la alumna Severus volvió a colocarse la máscara de frialdad que tan bien estudiada tenía. Por supuesto que se mostraría interesado por el informe de la enfermera pero dejando cualquier implicación emocional de lado.
— Esta mañana el profesor Snape trajo a la señorita Granger a la enfermería, la cual llegó ya inconsciente — Informó Pomfrey con seriedad.
— Se desmayó antes de entrar en mi clase — Aclaró el docente previendo cualquier acusación por el estado en el que se encontraba la estudiante.
— ¿Y no vio nada raro antes de que eso pasara? — Preguntó la profesora McGonagall.
— No, nada en especial — Mintió Severus tratando de proteger a Draco.
El profesor sabía que el hecho de que la muchacha siguiese inconsciente no guardaba relación con que Malfoy hubiese estado leyendo su mente durante semanas. Los efectos de ello no pasaban de intensos dolores de cabeza así que todos los demás síntomas escapaban a su comprensión.
— A las 10:45 pude examinarla, la joven presentaba una temperatura corporal elevada que pude bajar mediante friegas. Actualmente sigue inconsciente — Concluyó la enfermera.
— Es extraño que no haya despertado todavía — Apuntó Dumbledore.
La enfermera negó con la cabeza mientras se agarraba las manos por delante del mandil que portaba.
— Podríamos despertarla con un hechizo — Mencionó Severus tratando de focalizar su atención en la sanadora y no en Hermione.
— Su cuerpo está luchando contra algo, el estado de inconsciencia le permite centrar todas sus energías en ello — Aclaró Poppy.
— Primero Katie y ahora Hermione — Se lamentó la profesora McGonagall — ¿Cree que ha sufrido otra maldición? Tal vez deberíamos trasladarla a San Mungo...
La preocupación de Minerva era sincera, como jefa de casa de los Gryffindor tenía en alta estima a la joven.
— En un caso normal si no despertara en el trascurso de unas horas así sería, pero... — Comenzó a decir Pomfrey.
Tras un suspiro por la inquietud que sentía la mujer en esos momentos se acercó a la cama y destapó a la muchacha. Los ojos del profesorado se centraron en la niña, la cual vestía tan solo un fino camisón de lino blanco.
— Se la ve muy delgada — Apuntó Minerva al descubrir como los huesos de las clavículas se marcaban en su piel.
— No es por eso por lo que los he llamado, aunque es algo a tener en cuenta — Dijo la enfermera — Sólo esperen.
Los cuatro se quedaron plantados delante de la joven hasta que poco a poco el delgado cuerpo de Hermione comenzó a moverse. La primera en taparse la boca para acallar un grito de sorpresa fue la profesora McGonagall al ver como Hermione comenzaba a levitar ante los ojos de todos. Severus permaneció observando esa imagen sin pestañear durante unos segundos y Dumbledore por primera vez se quedó sin habla. Después de que la joven se elevase por encima de la cama unos centímetros su cuerpo comenzó a descender con la misma suavidad con la que había ascendido.
— Lleva horas haciéndolo — Comentó la mujer volviendo a cubrir a la joven con la sábana.
— ¿Levitación inconsciente? — Preguntó la profesora sin salir de su asombro — ¿Cómo es posible?
— Podría ser una variante del encantamiento planeador — Dijo Severus intentando descifrar el hechizo que la permitía elevarse de esa manera.
— Lo único seguro es que es ella quien lo hace — Informó Dumbledore mientras se atusaba la barba tratando de encontrar una explicación.
— Sí, en cuanto me he dado cuenta he prohibido el acceso a la enfermería. Sólo ustedes lo han presenciado — Poppy sabía la importancia de guardar el secreto por el bien de la chica.
— ¿Cree que tiene algo que ver con lo que pasó durante el duelo de hace unos meses? — Preguntó Minerva a Severus recordando como Hermione hirió a Draco en él.
Snape guardó silencio incapaz de dar respuesta a ello, por primera vez se sentía tan desconcertado como los demás.
— Si mañana no despierta recomendaría su traslado a San Mungo, aunque es usted quien tiene la última palabra — Dijo la señora Pomfrey mirando al director.
— Tiene razón Madame, es un caso realmente extraordinario — Comenzó a decir Albus — Aunque preferiría descubrir que le sucede a la niña antes de entregarla.
Tras ese comentario la templanza de Snape se quebró momentáneamente.
— La señorita Granger no es un fenómeno de estudio, debería tomar la decisión buscando únicamente su bienestar — Exclamó Snape sin pensarlo dos veces.
Esa réplica pilló por sorpresa a Dumbledore, Severus jamás lo había cuestionado de esa manera y mucho menos en público.
— Me maravilla su entrega profesor, veo que está realmente preocupado por el estado de su alumna — La ironía era palpable en sus palabras — Pero no ponga en duda el hecho de que para mí también es prioritario el bienestar de la joven.
Minerva comenzó a notar la hostilidad que se respiraba en el ambiente así que decidió romperla.
— Aunque no sea por una maldición está claro Hermione está sufriendo algunos cambios relacionados con su magia — Comenzó a decir — Me gustaría estudiar algunas teorías con la ayuda del profesor Snape, la misma Granger nos confesó que se encontraba buscando una explicación para lo que le estaba pasando.
— Es una gran idea, pero han de apremiarse — Respondió complacido Albus por el ofrecimiento de la mujer — El tiempo corre para la pequeña Granger.
Tras la conversación Dumbledore pidió que la señora Pomfrey se quedase cuidando de Hermione durante la noche. Además mandó que el conserje Filch hiciese guardia en la puerta de la enfermería hasta la mañana siguiente. Al finalizar la cena en el Gran Comedor Severus debía reunirse con Minerva en la biblioteca para proceder a la investigación pero antes tenía que conversar a solas con el director. Sin perder más tiempo se dirigió a los aposentos del mismo.
— ¿Severus? — Preguntó Dumbledore extrañado al percibir su silueta tras la puerta.
— ¿Puedo pasar? — La varita de Snape alumbraba su atribulado rostro en medio de la oscuridad del pasillo — Tengo que hablar con usted... a solas.
— Pase — Invitó al hombre haciéndose a un lado.
Con decisión Severus accedió al lugar sin cuestionarse ni por un momento lo inadecuado que era su comportamiento.
— No es la primera vez que un hombre me asalta en mitad de la noche, aunque nunca imaginé que usted se encontraría algún día entre ellos — Una media sonrisa se dibujo en el rostro de Albus por revelar esa intimidad a su amigo.
— No tengo tiempo para escuchar tales sandeces — El hombre parecía molesto por la falta de seriedad del director.
— Bueno, no le contraté por su sentido del humor — Se quejó Albus viendo la austeridad de Snape — ¿Que es tan importante que no puede esperar a mañana?
— Malfoy no sólo domina la Oclumancia sino que practica también la Legeremancia con maestría — Confesó Severus inquieto por ese hecho.
— Sabía que ese joven era excepcional — Halagó el anciano.
— Ha estado leyendo la mente de Granger, justo antes de su desmayo lo descubrí haciéndolo — Prosiguió el profesor.
— Sabe que la lectura de la mente no provoca los síntomas que presenta Hermione — Aclaró Dumbledore.
— No he venido sólo por eso — En el tono de Severus se notaba la urgencia que sentía — Debe sacarla de aquí. Mándela a San Mungo, allí estará a salvo.
— ¿De quién, Severus? — Preguntó Albus con suspicacia.
— De Malfoy, de los mortífagos, de sí misma... — Comenzó a decir.
"De mí" — Pensó para sí callando lo que comenzaba a sentir por esa joven.
— ¿De verdad cree que allí estaría segura? Estoy convencido de que en San Mungo hay mortífagos infiltrados. Voldemort no tardaría en descubrir las extraordinarias habilidades que presenta la niña y después no sabemos qué podría hacer con ella. Además, la necesitamos aquí — Dijo tajantemente el director que comenzaba a estar molesto por la actitud del profesor — No olvide lo que me prometió hace años.
— Granger se ha apartado de Potter, hace semanas que no se hablan. Me parece imposible que no se haya dado cuenta — Respondió irritado por el hecho de que todo girase alrededor de Harry.
— Lo he notado pero no he intervenido pues quería ver que nuevas asociaciones buscaba — Confesó el anciano.
— ¿Todavía sospecha de ella? Ya ha visto el estado en el que se encuentra — La desconfianza que el director sentía hacia Hermione enfadaba a Severus tanto como si fuese hacia su persona.
— Si tanto desea ayudarla vaya con la profesora McGonagall a buscar una explicación para todo esto — Ordenó el director cansado por tener que justificarse.
Severus abandonó la estancia visiblemente enojado. Caminó por los pasillos con tal velocidad que casi parecía que iba a echar a correr. El tiempo era un factor en contra, si quería salvar a Hermione tendría que unir fuerzas con Minerva. Sólo esperaba que la bruja le ayudase a encontrar una explicación para lo que estaba pasando. Al llegar a la biblioteca vio que ésta se hallaba completamente a oscuras, salvo por un par de candelabros que flotaban cerca de la mujer.
— Nox — Susurró el hombre al llegar a ella haciendo que la varita se apagase pues ya no necesitaba su luz.
— Se ha retrasado — Apuntó McGonagall al ver a Severus.
— Le ofrezco mis más sinceras disculpas — Respondió él sabiendo que Minerva se encontraba disgustada por ello.
— Bien, he renunciado a mi descanso para hallar una respuesta a lo que le está pasando a la señorita Granger. Espero que usted también se tome la investigación con la misma seriedad — Informó la mujer dejando claro que no pensaba hacer todo el trabajo sola.
— Por supuesto — Los ojos del profesor recorrieron la gran mesa donde estaba sentada, a esas alturas ya se encontraba atestada de libros — ¿Por dónde ha empezado?
— El despertar de la magia en magos y brujas — Informó la mujer extendiendo su brazo para señalar los volúmenes que yacían esparcidos.
— Hay demasiada información sobre eso, además Hermione ya no es una niña. Esos libros se centran en los primeros repuntes mágicos de los infantes — Aclaró el profesor.
— Pero está revelando unas habilidades mágicas por encima de la media, tal vez en algún libro se hable de ello — Respondió la mujer molesta — Si tiene una idea mejor soy toda oídos.
Severus guardó silencio durante unos segundos. Él ni siquiera sabía por dónde empezar, por lo menos aquella mujer ya estaba trabajando en ello.
— Iré a la Sección Prohibida — Reveló Severus — Lo que le está pasando Granger la está matando, debe de tener algo que ver con las Artes Oscuras.
Las palabras de Snape perturbaron a McGonagall, sin duda estaba en lo cierto. Como si fuese un puzle ambos acabaron uniendo las piezas. La extrema delgadez que presentaba la chica, las ojeras seguramente debidas a la falta de sueño, su antisocial comportamiento, los cambios de humor y el escaso dominio de sus emociones. Los dos lo habían presenciado durante esos meses sin llegar a darse cuenta de que una fuerza oscura estaba anulando a la Hermione que conocían.
