Maldiciéndose a sí mismo, Naruto recorrió el camino de vuelta a la casa. No podía creérselo.
Justo cuando tenía lo que deseaba al alcance de la mano, lo había arrojado por la borda.
—Estúpido —musitó para sí entre dientes—. Estúpido, estúpido...
Ni siquiera podía imaginarse qué les diría a sus amigas cuando llegaran al claro y lo encontraran vacío; Tal vez lord Kendall se quedara donde lo había dejado, con el aspecto de un gato al que acabaran de quitarle el plato de leche antes siquiera de haberle dado un lametón.
Naruto se juró que no volvería a pedirles ayuda a las demás floreros para encontrar un futuro marido; no cuando había tirado por tierra la oportunidad que le habían brindado. Se merecía cualquier cosa que le sucediera a partir de ese momento. Sus pasos se convirtieron casi en una carrera en su afán por llegar al dormitorio. Estaba tan, concentrado en su frenética huida que a punto estuvo de taparse de bruces contra un hombre que caminaba con tranquilidad por el sendero que discurría al otro lado del muro de piedra. Se detuvo de golpe y murmuró una disculpa:
—Le ruego que me disculpe.
Lo hubiera sorteado de no ser porque su estatura tan característica y esas manos grandes y bronceadas que abandonaron los bolsillos de su abrigo delataron de inmediato su identidad. Sorprendido retrocedió mientras Sasuke Uchiha lo miraba.
Ambos se observaron con expresiones carentes de toda emoción.
Puesto que acababa de huir de lord Kendall, Naruto no pudo sino advertir las diferencias entre ambos hombres. Sasuke tenía el aspecto decididamente bronceado a la luz del crepúsculo que se cernía sobre ellos; corpulento y muy masculino, con los ojos de un pirata y la crueldad despreocupada de un rey pagano. No era menos arrogante que antes, como tampoco más dócil ni refinado; sin embargo, se había convertido en el objeto de un deseo tan arrollador que Naruto estaba convencido de haber perdido la razón. El ambiente que los rodeaba se cargó y crepitó por la pasión y el conflicto.
—¿Qué sucede? —preguntó Sasuke sin preliminares, observándolo con los ojos entre cerrados ante su evidente nerviosismo.
La tarea de exponer sus emociones en unas cuantas frases coherentes se le antojó imposible. De todas formas, Naruto lo intentó.
—Te marchaste de Stony Cross sin avisarme. Su mirada era dura y fría como el ébano.
—Tú guardaste el juego de ajedrez.
—Yo... —Apartó la mirada de él al tiempo que se mordía el labio—. No podía permitirme ninguna distracción.
—Nadie te distrae ahora. ¿Deseas a Kendall? Pues disfrútale.
—¡Vaya! Muchas gracias —replicó sarcástico—. Es muy amable de tu parte que dejes el camino libre ahora que lo has estropeado todo.
El hombre le dirigió una mirada cautelosa.
—¿Qué quieres decir con eso?
Naruto sintió una irracional sensación de frío, a pesar de que estaba envuelto por el cálido aire veraniego. Un ligero estremecimiento se inició en sus huesos y acabó por traslucirse en su piel.
—Los botines que recibí mientras estuve enferma—dijo precipitadamente—, los que llevo ahora mismo..., me los mandaste tú, ¿no es cierto?
—¿Acaso importa?
—Por Dios, admítelo —insistió.
—Sí, te los envié yo— respondió con sequedad—. ¿Hay algún problema?
—Hace un par de minutos estaba con Kendall; todo marchaba según lo planeado y él estuvo a punto de... Pero no pude, no pude. No pude dejar que me besara mientras yo llevaba estas malditas botas. Ahora sin duda piensa que estoy loco, después de la forma en que lo dejé. Pero, después de todo, tenías razón, es demasiado agradable para mí. Y hubiéramos formado una pareja espantosa.
—Se detuvo para tomar aire, pero entonces se percató del súbito brillo de los ojos de Sasuke. Tenía el mismo aspecto de un depredador a la espera de su oportunidad de atacar.
—Así que —dijo él en voz baja— ahora que has descartado a Kendall, ¿cuáles son tus planes ¿Regresar con Orochimaru?
Aguijoneado por la irónica pregunta, Naruto frunció el ceño.
—Si así fuera, no sería de tu incumbencia. —Giró sobre los talones y comenzó a alejarse de él.
Sasuke lo alcanzó en dos zancadas y, sujetándolo por los brazos, lo obligó a girarse para quedar cara a cara. Tras sacudirla un poco, llevó la boca hasta su oído.
—Se acabaron los juegos —le dijo—. Dime lo que deseas. Ahora, antes de que se me agote la poca paciencia que me queda.
Su aroma, un olor a limpio y a jabón que resultaba de lo más masculino, hizo que a Naruto le diera vueltas la cabeza. Quería abrirse paso entre sus ropas... Deseaba que lo besara hasta perder el sentido. Deseaba al despreciable, arrogante, seductor y diabólicamente apuesto SasukeUchiha. Sin embargo, no había duda de que iba a mostrarse implacable con el. Su maltrecho orgullo se impuso y se quedó atascado en su garganta hasta que apenas fue capaz de hablar.
—No puedo —dijo con aspereza.
Él inclinó la cabeza hacia atrás y lo miró; sus ojos brillaban con perversa diversión.
—Puedes tener todo lo que desees, Naruto..., pero sólo si eres capaz de pedirlo.
—Estás decidido a humillarme por completo, ¿no es cierto? No me permitirás conservar un mínimo de dignidad...
—¿Qué yo te humillo?— Alzó una ceja en una mueca sardónica—. ¿Después de pasar dos años siendo el objeto de tus desdenes y menosprecios cada vez que te pedía que bailaras conmigo...?
—Esta bien, de acuerdo — respondió con tristeza justo cuando comenzaba a temblar de la cabeza a los pies—. Lo admito... Te deseo. Ya está. ¿Satisfecho? Te deseo a ti.
—¿De qué forma?¡¿Como amante o como marido? Naruto lo miró estupefacto.
— ¿Cómo dices?
Lo rodeó con los brazos y apretó su temblorosa figura contra él.
No pronunció palabra alguna, se limitó a observarlo con intensidad, mientras el intentaba desentrañar las implicaciones de esa simple pregunta.
—Pero tú no eres de los que se casan... —consiguió decir con un hilo de voz.
Sasuke le acarició una oreja, trazando la delicada curva exterior, con la yema de un dedo.
—He descubierto que sí lo soy en lo que a ti se refiere.
La sutil caricia incendió su sangre e inutilizó su capacidad para pensar.
—Lo más probable es que nos matemos el uno al otro antes de acabar el primer mes.
—Es lo más probable, sí —concedió Sasuke, cuya boca sonriente rozaba la sien de Naruto. La calidez de sus labios envió una oleada de vertiginoso placer por todo el cuerpo de Naruto—. Pero cásate conmigo de todas formas, Naruto. Tal y como yo lo veo, podría solucionar la mayoría de tus problemas... y también unos cuantos de los míos. —Su enorme mano se deslizó con suavidad por su columna, calmando sus temblores—. Deja que te consienta—susurró—. Deja que te cuide. Nunca has tenido nadie en quien apoyarte, ¿no es verdad? Mis hombros son fuertes, Naruto. —Una risa profunda reverberó en su pecho—. Y es muy posible que el único hombre de entre tus conocidos con suficiente dinero para pagar tus caprichos.
Mar estaba demasiado atónito como para responder a la burla.
—Pero ¿por qué? —preguntó, y la mano de él subió hasta su nuca desprotegida. Naruto jadeó al sentir que sus dedos se clavaban con suavidad en la ligera depresión de la base del cráneo—. ¿Por qué ofrecerme matrimonio cuando podrías tenerme como amante?
Con delicadeza, Sasuke frotó la nariz contra la garganta de Naruto.
—Porque, durante los últimos días, me he dado cuenta de que no puedo soportar que alguien dude siquiera a quién perteneces. Sobre todo tú.
Naruto cerró los ojos y dejó que la euforia inundara sus sentidos cuando la boca de él comenzó a ascender con lentitud hasta sus labios resecos, que lo aguardaban entreabiertos. Las manos y brazos de Sasuke reclamaron el deseoso cuerpo de Naruto, atrayéndolo hacia la seguridad de su cuerpo. Si en su manera de abrazarlo había rastros de dominación, también los había de reverencia; sus dedos descubrían los rincones más sensibles de la piel que quedaba al descubierto y los acariciaban con toques ligeros como los de una pluma. Naruto permitió que le separara los labios y gimió ante el suave roce de su tentativa lengua. Devoró su boca con besos tiernos que calmaron el ansia que el sentía, pero, que al mismo tiempo, lo hicieron tomar conciencia de todos aquellos vacíos que anhelaba llenar con desesperación. Cuando Sasuke sintió el urgente temblor que recorrió su cuerpo, lo calmó con una larga caricia de su boca mientras sus brazos lo sostenían con firmeza. Acunó su acalorada mejilla con una mano al tiempo que acariciaba el satén rosado de sus labios con el pulgar.
—Respóndeme —musitó.
La calidez de su mano hizo que una miríada de escalofríos le recorriera la piel y apretó aún más la mejilla contra su palma.
—Sí —contestó sin aliento.
Un brillo triunfal iluminó los ojos de Sasuke. Al instante, inclinó la cabeza de Naruto y volvió a besarlo, profundizando las caricias de su lengua poco a poco. Sus palmas le apretaban con gentileza ambos lados de la cabeza y fueron modificando el ángulo entre ellos hasta que sus bocas encajaron a la perfección. El ritmo de la respiración de Naruto se tornó caprichoso, hasta que sintió que la cabeza, le daba vueltas por la súbita inhalación de demasiado oxígeno. Alzó las manos para aferrarse a su cuerpo duro y hundió los dedos en el elegante tejido de su chaqueta. Sin romper el beso, Sasuke lo ayudó a apoyarse contra él, insitandolo a que le rodeara el cuello con una mano. Cuando estuvo seguro de que Naruto no perdería el equilibrio, movió su propia mano hacia la encorsetada cintura y lo atrajo con una ligera presión hacia su cuerpo. Lo besó con eficiente apremio, hasta que el potente influjo de su boca la redujo a un estado de delirio sensual.
Por fin, él apartó la boca y lo acalló cuando Naruto gimió como protesta, diciéndole con un murmullo que tenían compañía. Con los ojos entrecerrados y totalmente desconcertado, Naruto miró más allá del círculo de sus brazos. Estaban justo delante de un grupo de testigos que difícilmente podrían pasar por alto a una pareja que se abrazaba en mitad del sendero, junto al muro de piedra. Ino, Sakura, su madre, lady Konan y su apuesto prometido americano, el señor Yahiko y, por último, ni más ni menos que lord Westcliff.
—Ay, Señor... —acertó a decir Naruto con desmayo antes de esconder el rostro en el hombro de Sasuke, como si al cerrar los ojos pudiera hacerlos desaparecer a todos.
Un escalofrío recorrió su oreja cuando Sasuke se inclinó y, con voz cargada de regocijo, murmuró:
—Jaque mate.
Ino fue la primera en hablar.
— ¿Qué rayos está pasando, Naruto?
Acobardado, se obligó a enfrentar la mirada de su amiga. —No pude continuar —dijo con timidez—. Lo siento... Era un buen plan y vosotras cumplisteis con vuestra parte a la perfección...
—Y habría tenido éxito si tú no hubieras estado besando al hombre equivocado —exclamó Ino—. ¿Qué ha pasado, por todos los santos? ¿Por qué no estás en el huerto de los perales con lord Kendall?
Desde luego, ése no era el tipo de discusión que a uno le gustaría mantener frente a toda una multitud. Naruto vaciló un instante antes de levantar la vista hacia Sasuke, que lo miraba con una sonrisa socarrona y que parecía fascinado ante la idea de escuchar cualquier explicación que consiguiera articular.
Durante el prolongado silencio, lord Westcliff consiguió unir todas las piezas del rompecabezas, tras lo cual miró alternativamente a Naruto e Ino con evidente desaprobación.
—De modo que ésa fue la razón de que insistiera en dar un paseo. ¡Ustedes dos lo arreglaron todo para atrapar a Kendall!
—Yo también formaba parte del plan —confesó Sakura, decidida a compartir la culpa.
Westcliff hizo oídos sordos al comentario y permaneció con la vista clavada en el rostro de Ini, que no mostraba señal alguna de arrepentimiento.
—Santo Dios, ¿es que no respeta absolutamente nada?
—Si hay algo que merezca mi respeto —replicó Ino con elegancia—, aún no lo he descubierto.
De haberse encontrado en circunstancias menos mortificantes, Naruto se habría deshecho en carcajadas ante la expresión del conde.
Tras fruncir el entrecejo, Ino devolvió su atención a Naruto.
—Puede que no sea demasiado tarde para salvar la situación—dijo—. Haremos que todos se comprometan a no decir una palabra sobre esta escena tuya con el señor Uchiha. Y sin testigos, nada de esto habrá sucedido.
Lord Westcliff respondió, ceñudo, al comentario.
—Por más que deteste estar de acuerdo con la señorita Yamanaka dijo, con aspecto amenazador—, debo sumarme a su propuesta. Lo mejor para todos los implicados es olvidar este incidente. Nadie ha visto al señorito Namikaze y al señor Uchiha, y, por tanto, nadie se ha visto comprometido, lo que significa que esta desafortunada situación no tendrá repercusión alguna.
—La verdad es que sí se ha visto comprometido —dijo Sasuke repentina e inexorablemente decidido—. Por mi persona. Y no quiero evitar esa repercusión, Sai. Yo...
—Sí, claro que quieres —le aseguró el conde de modo autoritario—. Que me aspen si dejo que arruines tu vida por esta criatura, Sasuke.
—¡¿Cómo que arruinar su vida?! —exclamó Ino con indignación—, ¡El señor Uchiha no podría elegir mejor esposa que Naruto! Cómo se atreve a insinuar que el no es lo bastante bueno para él, cuando es obvio que es él quien..,
—No —lo interrumpió Naruto con ansiedad—, por favor, Ino...
—Les ruego que nos disculpen— murmuró el, señor Yahiko con unos modales impecables, aunque no consiguió reprimir una sonrisa. Enlazó el brazo de lady Konan con el suyo y realizó una graciosa reverencia sin dirigirse a nadie en particular—. Creo que tanto mi prometida como yo mismo nos dispensáremos de los procedimientos, ya que estamos... cómo diría de sobra, Creo que puedo hablar en nombre de ambos cuando les aseguro que seremos tan sordos, mudos y ciegos como los tres monos sabios. —Sus ojos lila brillaron con buen humor—. Dejaremos que el resto de ustedes decida lo que ha sido visto y oído esta noche. o lo que no se ha visto ni oído. Vamos, querida.— Se
alejó con lady Konan del brazo y la escoltó de vuelta a la mansión.
El conde se giró hacia la madre de las Yamanaka, una mujer alta y de rostro alargado como el de un zorro. La mujer había logrado que su expresión reflejara el grado justo de indignación, pero había contenido su lengua con el deseo de no perderse detalle. Tal y como Sakura explicaría más tarde, la señora Yamanaka nunca sufría un telele en mitad de una escena, sino que prefería reservarlo para los intermedios.
—Señora Yamanaka —comenzó Sai—, ¿puedo contar, con que guarde silencio acerca de este asunto?
Si el conde, o cualquier otro hombre que poseyera un título, le hubiera pedido por simple diversión a la señora Yamanaka que se tirara de cabeza en el primer parterre de flores que encontrara, lo habría hecho sin siquiera sobresaltarse.
—Por supuesto, milord; yo nunca, jamás, propagaría un rumor tan desagradable. Mis hijas son tan inocentes y siempre han estado tan protegidas... Me apena comprobar lo que la amistad con esté... este jovencita sin escrúpulos les ha llevado a hacer. Estoy segura de que un caballero con su capacidad de discernimiento puede ver que mis dos angelitos son totalmente inocentes, que se han dejado arrastrar por ése joven maquiavélico a la que llamaban amigo.
Tras dirigirles una mirada escéptica a los dos «angelitos», Sai replicó con frialdad.
—Por supuesto.
Sasuke, que había rodeado la cintura de Naruto con un brazo posesivo, escrutó a los presentes con serenidad.
—Hagan lo que les plazca. El señorito Namikaze se va a ver comprometido esta noche, de una forma o de otra.— Y, tomándolo por la muñeca, lo obligó a seguirlo por el camino—. Vamos.
— ¿Adónde vamos? —preguntó Naruto, que se rebelaba contra la mano que lo sujetaba.
—A la casa. Si ellos no están dispuestos a actuar como testigos, tendré que seducirte delante de otras personas.
—¡Espera! — chilló Naruto—. Ya he aceptado casarme contigo! ¿Por qué tienes que comprometerme de nuevo?
Sasuke hizo caso omiso de las protestas de Sai y de las Yamanaka cuando dejó oír su sucinta réplica.
—Para mayor seguridad.
Naruto clavó los talones y se negó a avanzar cuando Sasuke tiró de su brazo.
—¡No necesitas más seguridad! ¿Es que crees que vaya romper la promesa que te he hecho?
—En una palabra, sí. —Con calma, Sasuke comenzó a arrastrarlo de nuevo por el sendero—. Bien, y ahora ¿adónde vamos? Creo que a la entrada. Estará llena de testigos que contemplarán cómo te devoro. O tal vez a la sala de juegos...
—¡Sasuke! —protestó Naruto mientras se veía arrastrado sin mucha ceremonia tras sus pasos—. Sasuke, por favor...
Escuchar su nombre de los labios de Naruto hizo que Sasuke se detuviera de inmediato y que lo mirara con una media sonrisa dudosa.
—¿Sí, cariño?
—Por el amor de Dios —musitó Sai—, dejemos esta escena para la noche del teatro de aficionados, si no te importa. Maldita sea, Sasuke, si estás tan decidido a conseguirlo, sin duda puedes ahorrarnos más exhibiciones. Actuaré encantado como testigo, de aquí hasta Londres, de que has comprometido el buen nombre de tu prometido si con eso consigo algo de paz. Pero no me pidas que esté junto a ti en el altar, porque no tengo deseo alguno de convertirme en un hipócrita.
—No, sólo en un estúpido —fue el murmullo de Ino.
Aunque pronunció las palabras en voz muy baja, al parecer Sai consiguió oírlas, ya que su oscura cabeza se giró y respondió a la deliberada expresión inocente de Inp con una mueca amenazadora.
—En cuanto a usted...
—Por lo que veo, todos estamos de acuerdo —interrumpió Sasuke, evitando así lo que, sin duda, hubiera derivado en una discusión interminable. Acto seguido, miró a Naruto con una expresión pura satisfacción masculina—. Te has visto comprometido. Ahora vayamos a buscar a tu madre.
El conde sacudió la cabeza, exhibiendo un gélido agravio que tan sólo podría mostrar un aristócrata cuyos deseos acababan de ser negados.
—Nunca he conocido a un hombre tan ansioso por confesarse ante los padres de un muchacho al que acaba de arruinar— dijo con amargura.
