Capítulo 19. Bomba de tiempo.
Viernes 25 de mayo del 2018.
Ciudad de Fujisawa.
-¡Recuerden que esos informes deben estar sobre mi escritorio mañana a primera hora! –Anunciaba un ya no tan joven maestro, al momento en que todos los alumnos presentes ordenaban sus pertenencias, luego de que el timbre de salida se dejara escuchar- ¡Si no la nota evaluativa será la mínima! ¡Advertidos están!
Si, ya lo tengo más que claro, profesor. No es necesario que desgaste su voz de esa manera. Todos le oímos, más solo le ignoramos de vez en cuando. Sobre todo yo.
Y muchos me ignoran a mi.
Al salir del campus de la universidad, repaso en mi mente todo lo que tiene que ver con las diferentes N.E.E (Necesidades Educativas Especiales) y cómo exprimiré mi cerebro para terminar ese jodido informe. Ni siquiera puedo consumir bebidas energéticas para mezclarla con mi auto desprecio por hacer las cosas a última instancia. No es que no me guste lo que estoy estudiando, al contrario, solo estoy desmotivada.
Han transcurrido casi tres meses desde la condena efectiva de Masayoshi. Está pagando sus culpas, e indirectamente, nosotros con él. La sociedad es en exceso prejuiciosa. No puedo ir a la universidad o a otro sitio sin que me queden observando, o me rehúyan por ser la hija de un Higurashi. Un asesino. Un traficante. Un estafador. No ha sido sencillo lidiar con ello, pero me esfuerzo para que no me afecte.
Se puede sobrevivir.
Tengo lo que necesito: mi familia, mi carrera, mi violonchelo… y mi pequeño parásito.
Si, estos dos últimos puntos mencionados me han iluminado en este largo y oscuro túnel. Gracias a un ente divino, tendré un solo protagónico con mi instrumento. Llevo preparando esta presentación hace un par de semanas y Dimitri está conforme con mi desempeño. La orquesta, ha de tener una temática en base a bandas sonoras de películas y series. Ya está el repertorio listo. Dimitri ha decidido aprovechar la fiebre de los fanáticos de la serie de televisión "Game of Thrones", por su última temporada que está por estrenarse el siguiente año. Así que por ironía de la vida, deberé interpretar el himno de los Lannisters, llamado "The Rain of Castamere", y el soundtrack de la película "El padrino".
Al parecer, alguien estuvo divirtiéndose a mis expensas.
Bien, es lo que siempre quise: tener mi momento. Así que lo aprovecharé al máximo.
Y un punto no menos importante, es la alegría que se ha albergado en mi corazón desde mi último control médico. El motivo es que mi pequeño parásito ya tiene diecinueve semanas de gestación. Hoy el doctor me ha dicho que este pequeño individuo tiene el porte de un mango. Mide dieciocho centímetros y pesa alrededor de doscientos veinticinco gramos.
Sigue creciendo pequeño.
Son cinco meses de embarazo en total, los cuales intento disimular. Esto es posible gracias a unas vendas que envuelven mi pequeño vientre. Solo las utilizo cuando no estoy en el departamento. Sé que no es correcto, ni mucho menos saludable, pero debo mantenerlo en secreto el mayor tiempo posible o las cosas podrían volverse realmente graves. Si Mei casi me asfixia al saber de mi relación clandestina con Sesshomaru, no quiero imaginar la reacción que tendrá al saber de mi embarazo.
Me pregunto, ¿cómo irá con el suyo? No la he visto, ni sabido de ella desde el juicio. ¿Habrá logrado algo con Sesshomaru? Me deprimo de solo pensar en las posibles respuestas, pues tampoco he tenido noticias de él desde su última y única carta. Aparto esos pensamientos negativos, ya que no quiero opacar esta agradable sensación de saber que he tomado la decisión correcta y convertirme en madre. Al principio estaba tan dolida y confundida por los acontecimientos, que dudé en seguir adelante con esta condición. Hoy me arrepiento de ello, pero me recuerdo que solo fue una etapa. Pasado pisado.
Al llegar al departamento, percibo un ambiente extraño dentro de este. Es como si algo estuviese fuera de lugar. Caminando con precaución por cada rincón de la casa, examino que todo esté en orden y después de un rato corroboro que es verdad. Qué raro. Todo se encuentra tal y como lo dejé antes de salir. Sin embargo, algo no me convence del todo. Tal vez solo imagino cosas producto del cansancio acumulado. Enciendo la televisión, intentando apartar esa sensación. Un no sé qué me dice que algo ocurre o está pronto a suceder.
Con el máximo de cuidado posible, retiro la venda de mi vientre y dejo libre la pancita que me acompañará por otros cuatro meses. La acaricio con cariño y voy a mi dormitorio por un poco de crema para el cuerpo. Un masaje humectante le vendrá bien al recipiente que contiene a parásito. Creo que debo cambiarle el nombre. Uno que sea más tierno. Tal vez… sanguijuela.
No, es muy tosco.
Mientras sonrío bobamente al realizar el masaje en el vientre, intentando pensar en un apodo digno, la película que era transmitida por el canal nacional se interrumpe de manera abrupta con el noticiario. Camino hacia la sala para informarme de lo que ocurre y noto que la situación es seria: "BOMBA DETONA EN TOKIO".
Santo cielo.
Mis manos viajan hacia mi rostro y cubren la boca de la pura impresión. Lo que captan mis ojos es terrible. A través de las imágenes, se divisa un edificio humeante. Las llamas pueden notarse perfectamente en el último piso de este. Las personas corren en todas direcciones en aquella calle, mientras la reportera del noticiario comunica de manera tensa lo acontecido. Según la información entregada, el edificio afectado corresponde a una corredora de propiedades donde trabajaban cientos de empleados. Está ubicado en pleno centro de la ciudad por lo que puedo reconocer a simple vista.
-Se desconoce la cantidad de heridos y fallecidos hasta el momento. –Sigue informando la reportera, mientras las imágenes hablan por si solas. Es una calamidad- Al parecer, esto es obra de algún grupo terrorista que…
Es horrible.
Mi pecho se oprime sin saber por qué y me siento más ansiosa de lo normal. Debe ser obra de los cambios hormonales. Me dirijo al lavaplatos y bebo un vaso con agua para relajarme. Espero no haya nadie conocido trabajando ahí. No obstante, algo no me calza en ese ataque. Si se trata de un grupo terrorista, ¿por qué hacer estallar una bomba allí? ¿Por qué no detonar un artefacto de ese tipo en un congreso o un sitio más importante si desean llamar la atención?
Mi panza se contrae a tal punto que debo ahogar un grito de dolor. Es punzante. Me acerco al mesón de la cocina y me apoyo para no caer. El sillón en este momento me parece muy lejano. Mis respiraciones se vuelven irregulares y trato de realizar los ejercicios de respiración que me han recomendado en los talleres de maternidad.
Oh, no. Son contracciones. No, no ahora. Falta mucho para tu nacimiento, pequeño.
Cojo el teléfono que está a mi alcance y llamo a Kagome para que me ayude en esto. No responde. Olvidé que tenía una reunión hoy en la tarde en una tienda de modas. Le envío un mensaje de texto, indicándole que iré a la clínica por los recientes síntomas y que luego me alcance ahí.
Tengo miedo. No quiero que algo le ocurra a mi bebé.
Cojo mis pertenencias y cuando me dispongo a salir, alguien toca la puerta. Reuniendo mis fuerzas, me dirijo a abrir, creyendo que puede ser Kagome tras leer mi mensaje.
Me equivoco.
No es ella.
.
.
Ciudad de Tokio.
-¡Ayuda, por favor!
-¡Alguien que me ayude!
Un hombre de cabellos claros abrió sus ojos con pesadez. Su cuerpo estaba adolorido y por instantes no pudo mover ni un músculo. Todo le daba vueltas. Percibía voces a lo lejos. Solicitaban auxilio. Sus oídos no funcionaban adecuadamente. Escuchaba un insistente y extenso sonido agudo que le desorientaba más de lo que ya se encontraba.
¿Qué rayos sucedió? Era la pregunta que rondaba su confundida cabeza. Distinguió a un pequeño hombre que estaba a tirado a su lado, el cual tenía fragmentos de vidrios rotos sobre sus horribles y anticuadas prendas. Se trataba de Jaken, su asistente. Lo notó tan quieto que por un instante lo creyó muerto. Cuando este hombrecillo comenzó a moverse y a quejarse al recuperar la conciencia, el agente descartó su pensamiento.
-Señor Sesshomaru… –Articuló con voz débil, al ver a su adorado jefe. Sin poderlo evitar, comenzó a toser producto del humo concentrado en el vigésimo piso- Nos salvamos de milagro, jefe bonito.
¿De qué nos salvamos? Otra interrogante que el peliplateado no podía responder con total seguridad. El recuerdo vino a su memoria: un extraño paquete sin remitente; una tarjeta; una bomba estallando.
-Hay que salir de aquí. –Habló el agente Taisho, a la vez que se quitaba un par de elementos que estaban sobre su maltratado cuerpo-
El piso estaba repleto de vidrios y otros materiales, los cuales intentaba no aplastar con las manos y hacerse heridas innecesarias. Su cara ardía, y la parte frontal de su cabeza dolía. Al pasar su antebrazo derecho sobre la frente, la tela de la camisa quedó manchada con sangre. Jaken, siempre preocupado de su bienestar, le ayudó a incorporarse sin que Taisho lo solicitara. El hombre de mirada ámbar lo agradeció en silencio, y pensó que tal vez su odioso ayudante no era tan inútil como pensaba recurrentemente. Los sistemas contra incendios se activaron y así el agua comenzó a caer desde el techo para apagar las llamas.
-Puedo oír las sirenas de los bomberos y ambulancia. –Comentó Jaken a la vez que revisaba el pulso de una joven de unos dieciocho años, tirada boca abajo sobre el piso, la cual tenía los ojos abiertos. Al cerciorarse de que había fallecido, le cerró los ojos con delicadeza- Pobre chica. Fue transferida a esta unidad hace una semana.
Todo era un completo caos. Los gritos desesperados retumbaban por todas partes. Sesshomaru Taisho sabía que se había librado de la muerte por muy poco. Si estaba respirando y en una pieza era de milagro. Así que como pocas veces en su vida, decidió ayudar a los sobrevivientes de aquella catástrofe y llevarlos a un lugar seguro. No tardaron en aparecer el equipo de bomberos, los cuales simplificaron su labor. Gracias a su ayuda, pudieron llevar a sus compañeros a la planta baja y guiarlos hacia las ambulancias.
Una vez en el exterior, los paramédicos no dudaron en acudir en su ayuda y curar las diversas heridas. Sesshomaru sabía que su lesión en la cabeza era apenas un rasguño, y que no valía la pena anteponerse a los primeros auxilios, cuando había gente con quemaduras y otras complicaciones por la aspiración de monóxido de carbono.
Jaken siguió ayudando en las labores de rescate, mientras él observaba como los equipos periodísticos comenzaban a aparecer para recabar información en base a testimonios.
Malditos buitres, pensó hastiado. De manera silenciosa, se alejó lo más posible. No deseaba ser hostigado por alimañas como esas. Sabía que los mandaría al carajo sin pensarlo, y que olvidaría su papel de corredor de propiedades.
Se dirigió a su vehículo, el cual dejó estacionado aquella mañana en plena avenida, no en el estacionamiento privado de la agencia como de costumbre. Se subió con cuidado y puso las manos sobre el manubrio mientras apoyaba la cabeza en el respaldo del asiento. Cerrando sus ojos, comenzó a hilar en su mente todos los sucesos acontecidos. De principio a fin. La información estaba revuelta en su cabeza, pero debía concentrarse.
Tenía claro que antes de todo ese embrollo, salió de una larga y acalorada reunión con Izumi. Discutieron por largos minutos una posible nueva misión, debido a que el asunto legal con Masayoshi Higurashi estaba completamente cerrado. Ambos salieron de la sala de reuniones molestos, porque no habían llegado a un acuerdo.
Demonios, se había negado a una orden directa.
Su superior deseaba enviarlo al otro lado del país, y Sesshomaru no deseaba alejarse más de lo debido de cierta pelinegra con la cual había perdido contacto. Bien, en realidad, Rin no sabía nada de Sesshomaru, pero él si de ella. Estaba al corriente de cada uno de sus movimientos. Aunque no se explicaba por qué la menor de los Higurashi iba una vez al mes a la clínica. Tal vez estaba enferma. Realmente él esperaba que no fuese nada grave.
Al llegar a su oficina, encontró un paquete envuelto con papel café. Sabía que Jaken no lo había dejado allí, debido a que estaba con él en la reunión. Con desconfianza, se acercó al paquete y antes de abrirlo, vio una nota que sobresalía. Estaba escrita a mano, y en ella un mensaje extraño decía:
"Hilos negros bordan una bandera. Con dos piezas de bronce compras felicidad. Treinta perlas resaltan con gracia en una curva abierta. Un pirata ha vuelto a altamar y un tesoro valioso poseerá."
Luego, pudo identificar un extraño sonido en el interior de aquel objeto. Era similar al de un reloj. "Tic, toc, tic…." Por simple instinto, cogió del brazo a su ayudante y lo sacó de aquella oficina antes que detonara. El mayor impacto lo tuvo una chica nueva que pasaba con un par de carpetas fuera del lugar, lanzando su cuerpo lejos de allí. La explosión también los alcanzó, más no se vieron afectados a tal magnitud.
Jaken estaba en lo cierto. Estaban vivos de milagro.
Aun no comprendía como una agencia con tal tecnología y seguridad no pudo detectar un artefacto de aquella índole. Era extraño y sospechoso. Tal vez alguien ayudó a que ese paquete llegara a su oficina. Repasó múltiples veces aquel extraño acertijo, intentando buscar una respuesta por largos minutos. Cada hipótesis era tan errada como la anterior. Se regañó mentalmente por estar tan distraído. Rin era la culpable. Si no estuviese siempre pensando ella, él podría…
-Demonios. –Abrió de golpe los ojos, sintiendo como su boca se resecaba bruscamente- ¡Rin!
Encendió y puso en marcha su vehículo, con el palpitar de su corazón totalmente acelerado. Hábilmente esquivó cuanto carro de bomberos o policía se le cruzó, sin mencionar a los peatones que circulaban frente al edificio humeante. Aunque no pudo avanzar mucho más, debido a que en pleno centro de la ciudad, el tráfico estaba hecho un asco y todo el mundo parecía estar vuelto loco con la explosión vivida minutos atrás.
Demonios, estaba todo tan claro. Se trataba de una persona aquel acertijo.
Hilos negros: cabellos.
Dos piezas de bronce: ojos.
Treinta perlas en una curva abierta: una sonrisa.
No obstante, ¿y el pirata? ¿De quién se trataba? Activando su aparato de manos libres, se comunicó con un agitado Jaken que preguntaba el motivo de haber salido manejando de ese modo. Con una voz gélida, Sesshomaru lo hizo callar:
-Silencio, inútil. –Su asistente tembló al otro lado de la línea telefónica- Averigua qué criminal ha salido libre, sea por término de condena o bajo fianza durante las últimas setenta y dos horas.
-¡Je-jefe bonito, usted ha visto todo el caos que…!
-¡No quiero excusas, necesito resultados! –Bramó perdiendo la compostura por primera vez frente a su asistente- ¡No me interesa cómo lo hagas, lo necesito ahora!
-Sí, jefecito. –Acató de tal manera, que se le escuchaba perfectamente la agitación al correr- Le enviaré la nómina en cuanto la tenga.
Sesshomaru Taisho maldijo su suerte. En cuanto estuvo frente a un callejón con salida, se desvió de la calle principal, con el fin de no perder más tiempo. Debía cerciorarse de que su amada estaba a salvo. Deseaba con todo su ser estar errado. El haber malinterpretado ese absurdo mensaje. Intentó comunicarse con ella, detalle que no había hecho en un largo tiempo, y no hubo respuesta. Probó llamando al teléfono móvil que él le había dado aquel día en que regresaron de la cabaña, pero el resultado fue él mismo. Por otra parte, Kagome rechazó directamente la llamada. No una, sino seis veces. ¿Cómo demonios se atrevía en una situación así? Ya pagaría por tal osadía, o estupidez en este caso.
Los minutos transcurrieron lentos, y el camino a Fujisawa pareció eterno a pesar de la velocidad en la que manejaba. Sus manos sobre el volante sudaban levemente, al igual que su frente. Los nervios de acero que antes le caracterizaron, hoy no eran más que un lejano recuerdo. La incertidumbre lo estaba matando.
Al llegar al complejo de apartamentos donde la menor de los Higurashi residía, frenó de golpe dejando la huella de los neumáticos marcados sobre el pavimento. Sacando su arma de servicio, corroboró las municiones que tenía en ella: once. También cogió la que solía ocultar en la guantera del automóvil frente al asiento del copiloto. Al verificar, la munición también estaba completa.
Sin hacer caso a una anciana que le reclamaba por aquella brusca maniobra frente a los domicilios donde ella residía, Taisho ingresó al complejo de apartamentos y subió corriendo las escaleras hasta dar con el piso de Rin, con la guardia en alto y atento a todo lo que le rodeaba.
Sudó frío cuando vio semiabierta aquella puerta de madera, la cual cruzó tantas veces a lo largo de los años, y que en su interior manifestó todo el sentir que su corazón ocultaba. Apuntando su arma a un ser invisible, empujó silenciosamente aquella puerta de madera hasta abrirla completamente, revisando en su interior y corroborando que nadie se hallaba dentro del lugar. Dormitorios, baño principal y de huéspedes, sala, cocina y entretecho, el resultado era el mismo: nada ni nadie.
Regresó a la sala principal, que daba con la entrada/salida de aquel departamento. Observando minuciosamente, pudo encontrar unas gotas de sangre sobre la alfombra. Al toparlas levemente con su dedo índice, pudo corroborar que eran frescas.
Bufó con frustración. No había llegado a tiempo. Se la habían llevado, y por su culpa. Solo de él. Eso ocurría cuando te ligabas emocionalmente con alguien y tus enemigos lo descubrían.
-Que idiota fui. –Sus dientes crujieron por la ira contenida- Sabía los riesgos y aun así caí.
Un sonido de vibración rompió el silencio de aquel lugar, y Taisho buscó por todas partes la proveniencia de aquel sonido antes de que culminase. Agachándose completamente, pudo ver que debajo del sillón, a un par de pasos de él, se encontraba un teléfono celular. Estiró su brazo y cogió aquel objeto para ver que la llamada había cesado. Junto con ella, otra decena de llamadas por parte de Kagome. También pudo leer en orden los múltiples mensajes de texto que la otra pelinegra le había enviado en cosa de minutos:
"Rin, voy en camino. No te dejaré sola. Tranquilízate"
"Ya casi llego a la clínica. Hay un tráfico horrible"
"¿Dónde demonios estás? En recepción dicen que no hay nadie registrado a tu nombre"
"¡Rin, contesta!"
"¡No me hagas esto! ¡Responde! Me tienen preocupada."
"Voy a tu casa."
-¿Me tienen preocupada? –Repitió intrigado el agente de inteligencia, al prestar atención al último punto de aquel mensaje-
¿A qué se refería con eso? ¿Es que estaba alguien acompañándola? ¿Acaso Rin comenzó a salir con otra persona? No, no era posible. Sesshomaru simplemente se rehusaba a esa estúpida idea. Rin siempre había estado completa y perdidamente enamorada de él. Ella misma lo había confesado en más de una oportunidad desde que habían desatado sus pasiones. Sin embargo, ¿su decepción había modificado tan bruscamente sus sentimientos? Después de todo, él había roto su corazón con la confesión de ser el causante del arresto de Masayoshi, y además de admitir abiertamente que había jugado con Mei y con ella, aunque Rin nunca fue un juego ni nada parecido.
No era posible. Después de todo, él le había escrito una carta, quedando expuesto sentimentalmente, cosa que jamás creyó suceder ni en el más loco y absurdo de sus sueños.
Tan ensimismado estaba con sus pensamientos, que ni se percató que unos pasos apresurados se acercaban al departamento, dejando ver a una agitada Kagome que tenía serias dificultades para respirar:
-¡Rin, ¿dónde…?! –Al ver a Sesshomaru arrodillado en el piso, con el celular de su hermana en las manos y una pistola gris sobre la alfombra, la pregunta quedó atascada en su garganta, para luego increpar a aquel infame intruso- ¿Qué mierda haces aquí? –Apuntó a aquella arma- ¡Responde, maldita sea! ¿Qué demonios hiciste y dónde está Rin?
-Se la han llevado. –Contestó ocultando el dolor de solo pensar en que otro hombre pudiese disfrutar del calor de Rin en vez de él, además del peligro en que estaba envuelta la menor de los Higurashi-
-¿Qué demonios dices? –Impactada por lo que escuchó, vio como Sesshomaru se incorporaba de forma tensa- ¿Cómo que se la han llevado? ¿Quién?
-No tengo idea.
-¡Esto debió ser culpa tuya! –Se acercó peligrosamente Kagome, por primera vez dejando de lado el temor de ser enfrentada por el mayor de la familia Taisho- ¿No es así?
-Es lo más probable. –Respondió fríamente, optando a volver a ser el mismo desalmado de antaño-
-¿Cómo puedes decirlo de esa forma? –Kagome sentía que podía golpearlo en cualquier momento si su actitud no variaba- ¿Es que no te importa lo que pueda ocurrir con ella?
-Si no me preocupara por ella, no estaría acá, estúpida. –Escupió perdiendo goteo a goteo la escasa paciencia que poseía- Acaban de atacar la agencia donde trabajo. Mi oficina específicamente, donde me dejaban entrever que querían algo preciado para mi. ¡Atravesé Tokio hasta Fujisawa, a toda velocidad, donde solo encuentro un par de gotas de sangre, un celular y una joven idiota que no deja de joderme! –Estalló cogiéndola del brazo y acorralarla contra la pared más cercana- Al no encontrarla aquí sé perfectamente a lo que está expuesta si es que no puedo hallarla pronto… -hizo una pausa, para luego agregar con amargura- y a quien estuvo acompañándola.
-¿Qué dices? –sus quejas por el agarre de Sesshomaru desaparecieron- ¿Cómo que alguien la acompañaba?
-No te hagas la desentendida. –La miró fijamente, haciendo que Kagome tragara saliva, presa de los nervios- Sé la verdad. No es necesario ocultarlo más.
-Realmente no tengo idea de lo que estás diciendo. –Rehuyó la mirada de la ambarina que recaía sobre ella-
-¿Así? Entonces, ¿de qué hablabas cuando escribiste: "Me están preocupando"?
-Yo…yo solo… -Intentaba decir una frase coherente que no delatara a su familiar-
-Sé la verdad. –Culminó con aquel titubeo absurdo, dejando pasmada a su receptora- No necesitas ocultarlo más, no soy un idiota para no darme cuenta de lo que ocurre aquí.
