Mecha

Miroku estaba de pie en la línea de seguridad en el aeropuerto de Viena, agarrando un transportador de mascotas en una mano y el hombro de Nathaniel en la otra. Inuyasha y Kagome estaban detrás de Nathaniel. Kagome parecía normal, pero Miroku sabía que estaba tomando toda su concentración funcionar tan temprano en la mañana.

- ¿Va a dar a guardar a su mascota con su equipaje, o pasar a primera clase para embarcarla con usted? - Preguntó la empleada de venta de tiquetes. Un ruido ahogado escapó de Kagome. Miroku apretó la mandíbula.

- Primera clase - contestó él bruscamente. Dentro del transportador, un siseo fuerte seguido de una serie de sonidos de arañazos enojados hizo que el empleado levantara la mirada.

- Voy a necesitar una constancia de las vacunas al día - dijo ella. Miroku se inclinó hacia delante hasta que sus rostros estaban sólo a un pie de distancia, el rojo destellando de sus ojos.

- Tienes la prueba, ahora date prisa - gruñó él.

Una expresión vidriosa se apoderó de su mirada, pero sus dedos volaron sobre el teclado. En momentos, Miroku tenía su tiquete… y sus papeles para volar con un animal. Nathaniel mejor que esté en lo cierto acerca de esto siendo sólo temporal, pensó Miroku, luchando contra el impulso de matar a alguien sólo como una salida para la frustración hirviendo en él.

- Todo irá bien. Tan pronto como ella esta relajada, va a cambiar de nuevo. - dijo Nathaniel, como si hubiera leído su mente.

La gata "Sango" estaba cualquier cosa menos relajada ahora. Ella había siseado y arañado a todo lo que se le acercaba, hasta que Miroku tuvo que agarrarla del cuello para volar lejos del bote con ella. Ahora, por supuesto, tenían que usar una forma más tradicional de volar para llegar a un lugar seguro. Cualquier lugar dentro de un centenar de kilómetros de Mónaco era muy cerca de Web y su gente para la comodidad de Miroku.

Él esperó diez minutos más hasta que todos tuvieron sus tiquetes, necesitando brevemente hacer uso de los ojos verdes con la empleada de nuevo para que la identificación falsa de Koga pasase por Nathaniel. No habría sido muy difícil, ambos hombres eran de la misma estatura, color de cabello, y edad en apariencia humana, pero no tenía sentido correr el riesgo de un retraso de seguridad cuando había una manera de evitarlo. El muchacho había sido voluntario y cooperativo desde que Miroku le dijo lacónicamente que lo había capturado para ayudar a Sango. Eso era cierto, después de todo. Pero no como el tipo se daba cuenta.

Una vez a bordo del avión a Bucarest, sin embargo, la helada compostura de Miroku comenzó a resquebrajarse. La mujer que amaba estaba en un transportador de gatos a sus pies, y él sólo tenía la palabra de un agalbanado, evasor de demonios de que no era permanente. Las manos de Sango cambiaron de nuevo, Miroku se recordó, pero era un consuelo demasiado pobre. La leve deformidad de la mano no era nada comparado con esto.

- ¿Este vuelo tiene servicio de comida? - Nathaniel Preguntó a la auxiliar antes de que su cinturón de seguridad estuviese aún puesto.

- Cállate - Miroku desgranó, anhelando estrangularlo. Si no fuera por él, Sango no estaría un centenar de libras más ligera y cubierta de pelaje.

- Pero… tengo que comer - dijo Nathaniel.

- El estrés, el dolor, el miedo, el hambre, la calentura... todas esas cosas, si se dejan fortalecer, activarán el cambio. Ya estoy estresado preocupándome de que Web aparezca y supongo que no puedo conseguir una mamada a corto plazo, así que tengo que calmar mis ansias de hambre, por lo menos. - Inuyasha se inclinó hacia delante en su asiento detrás de ellos.

- ¿Me estás diciendo que Web te ha mantenido follado, alimentado, relajado y feliz, al mismo tiempo drenaba tu sangre para la venta? - preguntó él bajo, su voz chorreando sarcasmo.

- Cojones. - Nathaniel se dio la vuelta, su cara endureciéndose de su normal expresión, casi juvenil.

- No. Él me mantenía jodido así lo quisiera o no, drenado hasta el punto de la debilidad constante, y nada cerca de relajado. Pero estoy asumiendo con la forma en que él actúa, que se preocupa lo suficiente por ella, para no tratarla de esa manera. – gruño cruzándose de brazos.

- Te das cuenta que si no nos dicen cómo realmente regresar a Sango, tendrás una muy breve y terrible vida - dijo Kagome con bastante acero en su voz. Miroku estaba de acuerdo, pero sólo en caso de que el muchacho dijese la verdad, él no quería a Nathaniel poniéndose nervioso. Tenerlo cambiando en un avión Caín-sabía-que sería desastroso.

- Ahora no es el momento para esta discusión, voy a ver si hay algo aquí que puedas comer. - dijo a los dos. Luego, a Nathaniel.

Dos horas y todos los aperitivos disponibles en el avión más tarde, aterrizaron en Bucarest. Inglaterra sería el primer sitio en el que Web los buscase, y América estaba demasiado lejos, pero el sire de Miroku tenía una casa aquí que era bien fortificada, aislada y familiar. Koga esperaba a la salida del aeropuerto en el camino de llegadas después de que ellos recogieron sus maletas. Él los miró y sus cejas se levantaron.

- ¿Dónde está Sango? Y ¿qué estás haciendo con un condenado gato, Miroku? ¿Una especie de mascota para nuestra querida Parca negra aquí? - pregunto en tono burlón.

- Ni una palabra más - replicó Miroku, subiendo al coche y acomodando al transportador en su regazo.

- Koga, confía en mí… no lo hagas - dijo Inuyasha antes de que arrojase sus maletas en el maletero. Luego se subió en la parte trasera, sentando a Nathaniel entre ellos. Kagome entró adelante, golpeteando con los dedos sobre el tablero de mando.

- Vamos, Koga - gritó ella con impaciencia, sin duda, todavía cansada a pesar de que había dormido la mayor parte del camino en el avión.

- Supongo que alguien me contará lo que está pasando, tarde o temprano… Hasta entonces, es un poco grosero que me traten como un chofer preguntón, considerando todas las cosas. - comentó Koga mientras se deslizaba en el asiento del conductor.

- ¿Quieres saber dónde está Sango? - El temperamento de Miroku se rompió.

- ¡Aquí está! Ahora conduce el coche, Koga, o lárgate así yo puedo hacerlo. - Levantó el transportador por lo que el felino siseando era visible en el espejo retrovisor.

Koga condujo, sin decir nada más hasta llegar a la casa. Tan pronto como el coche se detuvo, Miroku salió, tirando de Nathaniel con él. Alten y Fabián habían salido a recibirlos, pero él los pasó a zancadas sin una palabra, dirigiéndose a la habitación en la que se había quedado meses atrás, cuando él había estado aquí para ayudar a Inuyasha. Una vez allí, cerró la puerta y luego le gritó a Nathaniel.

- Muy bien. ¿Cómo la traigo de vuelta? - El hombre de pelo rojizo caminó por la habitación, inclinándose y revisando las esquinas, debajo de la cama, las ventanas, e incluso el baño.

- ¿Qué demonios estás haciendo? - Tomó todo el control de Miroku no comenzar a golpearlo.

- Comprobando los lugares por donde podría escaparse… Una ventana abierta, un espacio por donde podría arrastrarse debajo del gabinete ... ¿deseas pasar la noche en busca de tu novia gatita perdida dentro de las paredes o en la propiedad? - contestó Nathaniel.

- Muy bien. Si terminaste con eso, ¿ahora qué? - Miroku apretó los puños, pero mantuvo su voz calmada. Nathaniel, que era inteligente, oyó la amenaza letal detrás de estas dos últimas palabras y produjo resultados rápidos, pero se encogió de hombros.

- Consigue atún y un plato de crema - Miroku lo tuvo contra la pared colgando de su cuello en el instante siguiente.

- Ten cuidado con lo que elijas decir a continuación, porque tendrás que pagarlo con sangre si esto es otro chiste mal concebido. - Sólo el conocimiento de que él necesitaba a Nathaniel, si Sango se transformaba de nuevo, contuvo a Miroku de matarlo en el acto.

- ¡Estoy hablando en serio! - dijo Nathaniel, con énfasis en cada palabra. Sus ojos color avellana se mantuvieron estables.

- Has conseguido una mujer aterrorizada atrapada en una forma desconocida que ha sido acarreada alrededor en una pequeña caja por horas. Ella tiene hambre. Sed. Probablemente claustrofobia, también, lo que explicaría por qué ha estado siseando y arañando en la caja sin parar. Déjala salir. Deja que coma algo, tome algo, que se calme un poco. Y luego vas a mimarla hasta que ella esté realmente relajada. - Ese impulso asesino era casi insoportable, haciendo que un ligero temblor corriera a través del cuerpo de Miroku. Sus colmillos presionados contra sus labios en una demanda silenciosa de enterrarse en la garganta de Nathaniel y desgarrar.

- Muy bien… Pero si me estás tomando del pelo, serás el siguiente en ese transportador. En piezas. ¡Alten! - dijo Miroku, una vez que su furia se calmó lo suficiente para que él hablase.

- ¿Sí? - Unos momentos después, se abrió la puerta.

- Pide en la cocina que envíen un poco de atún o de pollo, además de un plato de crema. Ahora mismo. - Alten parpadeó, pero no trató de cuestionar la orden.

No pasaron cinco minutos antes de que estuviese de vuelta, con atún en un plato y un platillo lleno hasta el borde con crema. Esta vez, sin embargo, Kagome e Inuyasha llegaron con él. Se presentaron en la habitación en silencio, cerrando la puerta detrás de ellos. Miroku puso los envases de atún y crema en el suelo y luego abrió la puerta del transportador. Un borrón de pelaje borbotó libre con un aullido, corriendo alrededor del perímetro de la habitación en una loca carrera antes de lanzarse debajo de la cama. Miroku sintió su corazón hundirse ante la respuesta claramente felina. ¿No había quedado nada de Sango en el animal escondiéndose debajo de la cama?

- Solo espera - dijo Nathaniel.

Después de un par de tensos minutos, una cabeza de color caoba se deslizó de debajo de la cama. Siseando a la habitación en general, la gata salió por completo y se fue directo al plato de atún, devorando el banquete maloliente. Entonces la gatita lamió el plato de crema hasta que sus costados oscuros comenzaron a hincharse.

- Cógela ahora - indicó Nathaniel.

Miroku cogió a la gata antes de que pudiera lanzarse de vuelta debajo de la cama. Inmediatamente pequeñas garras surcaron sus manos, pero él no hizo caso de eso, mirando al manojo de pelaje con una mezcla de esperanza y desesperación. ¿Podría realmente Sango regresar de esto? Ella dijo que había visto a Raum transformarse en un perro y volver sin ningún efecto negativo, pero él era un demonio, y ella seguía siendo (en su mayor parte) humana. Por lo menos, ella solía serlo.

- No la dejes suelta. Hazla tan cómoda como sea posible, y empieza a acariciarla. - Inuyasha murmuró algo que Miroku no quería descifrar.

Con una mandíbula apretada, se acomodó en la cama con la gatita ahora gruñendo, manteniéndola en su lugar con una mano y acariciando su pelaje con la otra. Cuatro pares de ojos absortos observaron todos sus movimientos. Después de un minuto, Miroku se tensó lo suficiente para gruñir, junto con la gata.

- Denme la habitación - dijo. Inuyasha tomó del brazo a Nathaniel.

- Camarada ven conmigo. Te voy a mostrar tu habitación - dijo antes de alejarlo.

Miroku casi sonrió, imaginando donde Inuyasha lo pondría. El resto de ellos salieron, Kagome cerrando la puerta con una última mirada pensativa hacia ellos. La gatita siguió gruñendo de esa manera baja y prorrogada, puntuando de vez en cuando por un siseo y un giro para liberarse. Miroku aflojó su agarre hasta donde la gata pudiera moverse, pero no escapar, todavía acariciando esas orejas de color marrón oscuro.

- Sango - dijo bajo.

- Si me puedes escuchar, necesitó muchísimo que vuelvas. No me abandones a la suerte de ser uno de esos viejos yokais ariscos que sólo viven con sus mascotas. - Estoy hablando con una joven gatita, se le ocurrió. Él bien podría cavar un hoyo y cubrirse con la tierra de su tumba ahora. Pero no se detuvo, porque necesitaba creer que Sango entendía lo que estaba diciendo, aunque eso no fuese cierto.

- Vamos, querida, puedo pensar en maneras mucho mejores de pasar el tiempo en la cama contigo que esta - añadió en voz baja.

- Tú haces un correcto atractivo felino, pero en realidad, hay límites a las cosas que estoy dispuesto a intentar. - La gata dejó de gruñir, aunque su cola mantuvo su inquieta contracción. Miroku no sabía si eso era un signo positivo, pero siguió hablando.

- Tenemos todo lo que necesitamos para seguir adelante, mi amor, salvo tú. Vuelve, Sango. Regresaremos a Nathaniel a Raum quitaremos estas marcas de tus brazos, y seguiremos con nuestras vidas. ¿Sabes lo primero que quiero hacer, cuando tengas tus marcas quitadas? - Un ruido suave comenzó a emanar de la gata. Después de un segundo, Miroku se dio cuenta de que estaba ronroneando.

- Voy a llevarte a un lugar muy elegante - añadió.

- Me imagino el vestido que usarás: de seda negro, tirantes delgados, escote profundo… y sin guantes. Tendrás una maravillosa cena, y después vamos a bailar hasta que estés hecha polvo... pero no demasiado hecha polvo, porque cuando llegamos a casa, voy a hacerte el amor. Voy a ir despacio, tomándome mi tiempo sobre cada centímetro de tu piel, hasta que tu voz se convierta en ese sonido delicioso y gutural que me inflama. Y luego, más tarde, te abrazaré hasta que te duermas... - Una fuerte corriente ondeó sobre el cuerpo de la gatita.

Miroku dejó de hablar, mirando con asombro como el bulto debajo de sus manos crecía. Otro temblor ondulante, luego otro y otro. La piel parecía a punto de estallar de la forma del gato, extendiéndose, cada vez mayor, y ensanchándose en un cataclismo de extremidades, carne y hueso que pasó casi más rápido de lo que sus ojos podían monitorear. En el espacio de increíbles pocos segundos, el cuerpo desnudo de una mujer sustituyó a la gata acurrucada en su regazo, su cabello como un velo oscuro sobre su cara. Miroku no se movió, con miedo de que el menor gesto de su parte causara que ella desapareciera por arte de magia otra vez.

- Sango. - Una mano temblorosa cepilló su cabello hacia atrás y, luego la hermosa mirada avellana de Sango se encontró con la suya.

- Miroku - dijo, su voz áspera y rugosa. Entonces ella saltó de la cama, se tambaleó, y corrió al cuarto de baño.

- Sango, cariño, ¿estás bien? Por favor, déjame entrar - le instó Kagome. Sango se quedó en el suelo, tan apretado a la esquina como pudo, y sólo contestó porque sabía que si no lo hacía, Kagome forzaría la entrada.

- Estoy bien. Sólo quiero estar sola un rato. - dijo rechinando los dientes.

Ella le había repetido la misma frase a Miroku hace veinte minutos, después de que había terminado sacudiéndose y pasándose las manos por todo su cuerpo para comprobar que sí, que había vuelto completamente de nuevo a sí misma. Las palabras no podían explicar el pánico horrible que había sentido cuando se convirtió en otra cosa, incapaz de comunicarse de cualquier manera, aparte de gruñidos y siseos.

Antes, en el barco, había tenido una punzada de culpa sobre mandar a Nathaniel de vuelta con Raum. Ahora, si el demonio estuviera en frente de ella, empujaría a Nathaniel a los brazos de Raum sin la menor vacilación. No para salvar a su familia, o porque Nathaniel había hecho un trato, o por lo que Miroku había pasado para llegar a él. No, ella lo haría para nunca tener que preocuparse por su cuerpo convirtiéndose en una prisión extraña de nuevo.

- Sango. Abre la puerta - La voz de Miroku, rica y profunda.

De ninguna manera. Él la había visto como un animal. Su nuevo amante la había aprisionado en una jaula, ¡por el amor de Dios! ¿Qué demonios se suponía que iba a decirle después de eso? Incluso ahora, el recuerdo de estar atrapada en ese recipiente pequeño la hizo romper a sudar. Siempre había odiado los espacios pequeños, apretados. Ser empujada en uno, sabiendo que no era ni siquiera humana en ese momento había partido casi por completo su cordura.

Ella sólo tuvo que mirar a Kagome y obtener una brillante idea para cambiar en su apodo 8recuerden que Inuyasha la llama gatita). ¿Por qué no podía haber pensado en algo más pequeño e inofensivo? ¿Algo humano? El estómago de Sango se apretó y eructó, el sabor del atún le siguió. De acuerdo, había comido sobre un recipiente en el suelo porque, hace apenas media hora, había sido un animal. La bilis subió por su garganta con rapidez y sin piedad. Se apresuró hacia el retrete, llegando justo a tiempo y teniendo arcadas en su garganta quemada.

Un ruido, como un crujido fuerte le hizo levantar la cabeza. Miroku entró en el cuarto de baño, la manija de la puerta colgando de su percha. Sango tiró una toalla sobre sí misma, profundamente avergonzada. Primero, Miroku viéndola comiendo de un tazón como un animal, ahora agachada desnuda en un baño echando las tripas.

- Por favor, sal - se quejó.

- ¿Qué te pasa? ¿Estás enferma? - Se arrodilló junto a ella.

- ¿Qué me pasa? ¿Hablas en serio? - Una risa casi histérica se le escapó. Manos frías se deslizaron a través de sus brazos. Sango se estremeció de nuevo, pero la pared tras ella le impidió evitar su contacto.

- No - dijo ella bruscamente.

Una mirada había demostrado que Miroku estaba tan guapo como de costumbre, impecable, con pantalones apretados y camisa limpia y almidonada, su olor, un perfume embriagador natural. Por el contrario, allí estaba ella, vestida sólo con una toalla, cubierta de sudor, y apestando como el vómito de atún. Sango comenzó a luchar cuando Miroku la tomó en sus brazos, pero era tan inútil como sus intentos de escapar cuando estaba cubierta de pelo. ¿Cómo soportaba él tocarla así, y mucho menos estar en la misma habitación con ella? Si ella pudiera evitarse a sí misma, lo haría.

- No necesitas tratar de mejorar las cosas, ¿de acuerdo? Sólo por favor, Miroku, déjame sola. – ordeno, aun en esa situación tan humillante tenía su dignidad.

- Esto no es sobre ti. Yo necesito esto. En este momento, lo necesito más de lo que alguna vez he necesitado algo, incluida la sangre. - respondió él, apretando sus brazos alrededor cuando ella se retorcía para alejarse.

Ella no dijo nada, desgarrada entre el deseo de creerle y pensar que él estaba mintiendo sólo para hacerla sentir mejor. Y ella se sentía mejor en sus brazos. ¡Oh, mucho mejor! Al igual que había esperanza y razón en su mundo, en lugar de sólo el deterioro de las arenas movedizas de su cuerpo y su alma.

- Me cogiste por el pescuezo. - Las palabras salieron sin pensarlo. Teniendo en cuenta todo lo que había sucedido, debería haber sido la última cosa en su mente.

Algo rozó sobre su cabeza que se sentía como sus labios. "Mis disculpas, querida."

"¿Cómo me puedes llamarme así?" preguntó Sango en un susurro. "Si alguna vez hubo una buena causa para romper con alguien, es que se convierta en una criatura de cuatro patas."

- Soy un yokai. Mis amigos más cercanos son yokais y onis, y hay un fantasma flotando fuera de esta habitación. He tratado con demonios, magia negra, fantasmas y zombies en los últimos dos años, así que me temo que tu cambio de forma no va a hacerme huir de miedo. Sango se quedó en silencio por un momento.

- Cuando lo pones así... suenas como un psicópata. - Luego dijo.

- Puedo aceptar eso. - La risa sacudió el pecho de Miroku.

- Sí, bueno, soy una cobarde. - Algo del aplastante peso de su propia indignación se liberó, pero la vergüenza todavía se arremolinaba en su interior.

- ¿Por qué dices eso? - Miroku aflojó el agarre hasta que pudo mirarla, el ceño fruncido en su rostro.

- Porque aunque parte de mí piensa que es asesinato, voy a entregar a Nathaniel a Raum. No sólo para salvar a mi familia, sino para salvar mi propio culo. - Ella quería evitar su mirada, pero sería una prueba más de su declaración, por lo que Sango le miró directamente a los ojos mientras hablaba.

- Por supuesto que vamos a entregar a Nathaniel a Raum - contestó Miroku, agitando una mano para restarle importancia.

- No estamos ofreciendo a un inocente para saldar tu propia deuda. Eso haría que fueras una cobarde, como Nathaniel ha sido, dejando que sus descendientes paguen por él escaqueándose de Raum. No me digas que el cabrón no sabía que otros pagarían por él, tampoco. No puedes renegar de un acuerdo con un demonio y no esperar consecuencias. - Miroku le dio la vuelta hasta que se enfrentó a él plenamente, sus ojos brillando con reflejos verdosos.

- Y aunque me rogases que no lo hiciera, entregaría a Nathaniel a Raum. No eres una cobarde, Sango. En realidad no tienes otra opción. - Ella estaba demasiado emocionalmente cableada como para seguir hablando de Nathaniel.

- Necesito una ducha… y lavarme los dientes. Uf, nunca más voy a volver a comer atún o a beber leche de nuevo. – resoplo.

- Por mí de acuerdo, pero tienes que comer algo, y pronto. - El recuerdo de la voz de Nathaniel sonó en su mente.

El estrés, el dolor, el miedo, el hambre, la calentura... todas esas cosas, si se dejan fortalecer, activarán el cambio. Sango pensó en el momento en que sus manos se habían transformado. Nathaniel tenía razón: había sido una combinación de hambre, enfado, lujuria y estrés. Imagínate estando estresada, con hambre, a continuación, siendo apuñalada y ver la reacción de Miroku ante ello, había volado a través de cualquier defensa que los tatuajes le hubieran dado contra la esencia de Raum.

Bueno, ella no tenía la intención de repetir ese conjunto de circunstancias. Un estremecimiento atravesó a Sango, deslizando su mano por debajo de la toalla para volver a sentir la suavidad tranquilizadora de su estómago. No hay pelaje, nada de heridas sangrientas. Tenía la intención de que siguiera siendo así. Miroku la puso sobre sus pies, pero no se fue. Sango se aclaró la garganta, sintiendo sus mejillas cálidas.

- Ah, ¿podrías darme un poco de privacidad? Necesito utilizar la caja de arena. - Los labios de él se torcieron por su mal juego de palabras, entonces le besó la mano.

- Voy a ir a buscar algo que puedas ponerte. – comento ayudándola a ponerse de pie.

- ¿Qué pasó con la ropa de mi maleta? – pregunto curiosa.

- Está en el fondo del Mediterráneo con el barco. - Oh. Ella no recordaba mucho de lo que ocurrió justo después de abandonar el barco, más preocupada por el terror de ser un animal. Sango le dio a Miroku una sonrisa irónica.

- Sólo pon el barco hundido en mi cuenta. - Podía ser la novia número diez mil uno de Miroku, pero hasta ahora, había sido probablemente la que le había salido más cara.

- Deja de preocuparte por cosas así. Yo no lo estoy. Te veo en un rato. - Miroku le besó la otra mano.

Se fue, cerrando la puerta. Sango miró hacia la colgante e inútil manilla de la puerta y luego su reflejo. Cualquier situación se enfrenta mejor con la vejiga vacía y un cuerpo limpio, se recordó. Ah, y sin aliento a vómito de atún. Después de que Miroku dejase algo de ropa en la cama de Sango y tirara los restos de leche y de atún, se encontró con Inuyasha en el salón, bebiendo un whisky y girando el líquido mientras lo contemplaba de forma silenciosa.

- ¿Dónde está Nathaniel? - preguntó Miroku.

- En uno de los nuevos calabozos para yokais del sótano. El mejor lugar para él. Tendría que cambiar en vapor para escapar de ahí, aunque no es que tenga la intención de tratar de huir. Él cree que eres su jodido héroe. - Inuyasha dejó el vaso con un bufido sardónico.

- ¿Ha dicho eso? ¿O lo oíste en sus pensamientos? - Miroku se sentó frente a él.

- Sus pensamientos. - dijo Inuyasha.

- El tipo cree que lo robaste de la Web para obtener su ayuda en el control de la esencia demonio en Sango. Él no tiene ni idea de que es objeto de intercambio para la eliminación de esa esencia. - Miroku digirió esto sin una pizca de simpatía

- Tenemos que mantenerlo alejado de Sango tanto como sea posible. Ella ha empezado a sentirse culpable por el asunto. - Él habría hecho mucho más que sacrificar a un indigno cabrón que había cedido su propio destino, para salvar a Sango de la destructividad de las marcas.

- De acuerdo. ¿Cuándo tienes intención de convocar al demonio? - La boca de Miroku se torció.

- Me gustaría hacerlo inmediatamente, excepto por el pequeño asunto de que no sé cómo matar a Raum. No me apetece confiar en la palabra del demonio de que va a liberar a Sango en lugar de simplemente matarla una vez que tenga a Nathaniel de vuelta. - Inuyasha le dirigió una mirada astuta.

- El muchacho del sótano puede ser útil para eso. Si él piensa que vas a destruir a Raum, apuesto a que no le importaría compartir la información que tiene para ayudar con eso. - Miroku apostaría a eso mismo, pero no tenía la intención de destruir a Raum a menos que fuera un último recurso. Él quería las marcas fuera de Sango. No matar Raum a la vista, condenándola para siempre a acarrear la marca del demonio.

- ¿Kagome está durmiendo? - preguntó distraídamente.

- Una vez que supo que Sango estaba sana y salvo, no pudo resistir más. - Inuyasha asintió. Koga se paseó, su mirada turquesa parpadeó en los dos antes de que se acomodara en una silla.

- Miserablemente injusto, eso es… De nosotros tres, yo soy el que siempre está coleccionando lo raro e inusual, sin embargo, los dos lograron enganchar las mujeres más singulares del mundo. Primero tú, Inuyasha, con la única mestiza viva, que luego se convirtió en una yokai aún más inusual. Y ahora tú, Miroku, has cazado a una cambia formas. Pensé que estabas bromeando cuando decías que Sango era el gatito. Simplemente estoy verde de envidia. - remarcó.

- Sango no será cambia formas por mucho tiempo - dijo Miroku bruscamente.

- Y una vez que tenga esas marcas fuera, no tengo intención de que siga siendo humana, tampoco. - Mientras las palabras salieron de su boca, el pelo de la nuca de Miroku se erizó. La expresión de Inuyasha tornándose sombría sólo lo confirmó. Muy despacio, Miroku se giró para encontrarse con la sorprendida mirada de Sango.

- Bootleg y Lyceum tenían razón. De verdad esperas que me convierta en un yokai ¿Por qué crees que haría eso? - Su voz era incrédula.

Continuara…