DISCLAIMER: TODOS LOS PERSONAJES PERTENECEN A STEPHANIE MEYER Y A LA SAGA CREPÚSCULO.

.

¡Hooola a todos!

Aquí estamos una semana más. Tengo un poco de miedo de traer este capítulo después del de la semana pasada jajajaj Espero poder redimirme un poco, aunque en vez de querer matar a Bella esta vez seré yo el foco. Solo diré que son casi 16 páginas de capítulo, en algún momento tenía poner el fin jajajajaja

Muchas gracias a todas por vuestras palabras de cariño, están siendo unas semanas muy difíciles para sacar tiempo y aunque a mis días les faltan horas me alegráis con vuestras cariñosas palabras.

Sin más os dejo con estos dos locos ;)

.

DRAMÁTICO DOLOR DE MUELAS.

BPOV

.

Los margaritas se habían sumado a las copas de vino que había tomado durante la inauguración y a la poca comida que había ingerido dando como resultado una dificultad más elevada de lo habitual para caminar en línea recta y pensar con coherencia.

-Edward me va a matar. – me lamenté lloriqueando mientras bajaba del taxi con ayuda de Aro al llegar a los apartamentos en los que nos estábamos alojando.

-No lo hará. – contestó divertido Aro mientras ponía un mechón de pelo detrás de mi oreja.

Aunque noté su caricia, mi piel, inundada en alcohol, no sintió nada. Ni una mísera chispa. Ninguna reacción ante el toque de un hombre interesante y atractivo como era Aro. O quizás estaba tan acostumbrada al toque electrizante de Edward que ya no reaccionaba a nada más.

O simplemente era mi mente que estaba inundada en alcohol y era incapaz de hilar nada con sentido.

Me solté de su agarre para dirigirme a la entrada pero tropecé.

-Te tengo. – me dijo Aro mientras me sujetaba de nuevo para evitar que cayera al suelo.

Intenté librarme de su toque.

No quería que me sostuviera.

No quería sus dedos sobre mi piel.

Sentía como si estuviera engañando a Edward.

¡Maldita mente estúpida y borracha!

No sin dificultades de coordinación logré sacar la tarjeta que actuaba de llave del bolso.

-Buenas noches. – me despedí de Aro cuando la puerta general se abrió.

-Me sentiría más tranquilo si te acompaño hasta tu apartamento y me aseguró que llegas bien. – insistió Aro.

Bufé.

No sabía cómo decirle que no sin sonar desagradecida. Me costó un gran esfuerzo por mi parte convencerle que no era necesario ir a su casa y dudaba que en mi estado actual tuviera la capacidad de oponerme tan fuertemente para este nuevo reclamo.

-Vamos, tardarás más en quejarte que en dejarme acompañarte en un viaje de ascensor. – argumentó sin dejarme opción y más teniendo en cuenta que ya me estaba empujando logrando colarse sin ser invitado. Quizás estaba un poco susceptible pero siempre podía culpar al alcohol.

Llamamos al ascensor mientras intentaba aparentar normalidad.

Tomé la mano de Aro para mirar la hora de su reloj.

-No veo nada. – murmuré haciendo que riera.

-Son las tres de la mañana, Cenicienta. – me respondió.

-Me va a matar…. – volví a lamentarme pensando en lo enfadado que estaba Edward cuando lo dejé tirado en la librería.

Había sido tan cruel con él que los remordimientos me habían perseguido durante el resto de la noche. En parte la culpa era lo que me había hecho beber más margaritas de lo debido.

-Créeme que si la vida de alguien corre peligro aquí es la mía. – me dijo Aro mientras las puertas del ascensor se abrían.

Corrí a dentro para librarme de su cercanía… Aunque un ascensor no daba muchas opciones para una gran huida.

-Uffffff – me lamenté al notar que mi cabeza daba vueltas gracias a mi inútil y precitado movimiento.

Me agarré a Aro por instinto y él me sujetó durante todo el trayecto.

Mi mente divagaba en una nube extraña que contaminaba mi racionalidad.

-Será el caos. – anuncié al salir del ascensor. - Tooooooodo explotará en mi cara. ¡Pufff! ¡Booom! – intenté explicar gesticulando dramáticamente con mis brazos.

Debería dejar de moverme porque me desestabilizaba y me hacía tropezar.

-¿Qué te explotará en la cara, Bella? – me preguntó Aro, de quien ya me había olvidado, mientras me quedaba embobada mirando la puerta de nuestro apartamento.

Era una idiota.

Hasta pensaba en un apartamento alquilado como un hogar.

-¡Ay Dios! – me lamenté cuando vi como la puerta comenzaba a abrirse.

-Todo. Todo. Tooooodo me sale mal. Todo… Y tú…tú… tú….- dije sin saber ni qué decía. - ¡Ed…ward! – balbuceé quejicosa al verlo aparecer con su pijama puesto.

Aun sabiendo que me había comportado mal no pude evitar dirigirme hasta él. Era como un imán que me atraía de manera irrefrenable.

-Vaya… mira quien se ha dignado en volver. – comentó molesto parando mi marcha por la fuerza de sus palabras.

Sentí toda la culpabilidad que había ahogado en alcohol caer de golpe sobre mis hombros… y sobre mi consciencia. Especialmente sobre mi consciencia.

Había sido muy injusta con Edward. Terriblemente dramática e hiriente.

-No la culpes… la he entretenido más de la cuenta. – me defendió Aro poniéndose a mi lado mientras dejaba unas caricias de apoyo en mis hombros.

Arrugué mi cuerpo ante su toque y casi instantáneamente Edward llegó a mi lado tomando mi mano para atraerme a su pecho.

Me gustaba el cambio.

-Está bien. Gracias por asegurarte que llegaba bien. Ahora ya está conmigo. – sentí sus palabras vibrar en su pecho y no pude evitar acurrucarme en él estrechando mis brazos alrededor de su fuerte cuerpo.

Respiré hondo inundándome de su olor y de la seguridad que me hacía sentir.

-Ya veo… Adiós Bella. Un placer como siempre. – se despidió Aro obligándome a abrir mis ojos.

-Adiós. – dije escuetamente perdida en el olor de Edward.

-Vamos…pequeña escapista - sentí como Edward se giraba lentamente sin dejar mucho más tiempo a las despedidas asegurando su agarre en mi cadera.

La puerta de nuestro apartamento se cerró con más fuerza de la necesaria haciéndome rebotar del susto.

-¡Eres malvado Edward! – chillé Bella mientras intentaba sacarme mis zapatos.

Casi pierdo el equilibrio un par de veces pero conseguí librarme de los tacones que me estaban matando. Los lancé al aire… Supongo que mañana seguirían allí.

-Shhhh… Bella son las tres de la mañana, vas a despertar a todo el mundo – me pidió mientras me empujaba ligeramente por el pasillo hasta nuestra habitación… mi habitación.

Pero no quería dormir.

Ahora que estaba a su lado mi ánimo había renacido. Tenía ganas de bailar y divertirme. Con él a poder ser.

-Bella es muy tarde, no puedes poner música – me advirtió mientras intentaba apagar la música.

-¡Calla! ¡Baila conmigo!– reclamé deseando volver a estar entre sus brazos.

-¿Ahora sí quieres bailar? – me dijo pero no entendía a que se refería. ¿Cuándo había bailado yo con Edward?

Comencé a mecerme al ritmo de la música que sonaba pero mi torpeza salió a la luz y acabé en el suelo. Por suerte Edward me ayudó a levantarme.

-¡Te ríes! – observé divertida. Al menos no tenía la misma mueca sería que cuando abrió la puerta minutos atrás.

-¿Qué voy a hacer contigo? – me preguntó mientras me ayudaba a encontrar el equilibrio.

Aproveché para volver a aferrarme a él y obligarlo a bailar conmigo.

Comenzamos a mecernos al ritmo de la música… Bueno, yo en realidad intentaba coordinar mi cuerpo con mis limitadas y perjudicadas habilidades. Por suerte Edward me sostuvo con fuerza.

-Lo intenté…. Pero no lo conseguiré… nunca lo logro. – susurré mientras Edward me acariciaba la espalda haciéndome sentir escalofríos.

Edward tenía ese poder. No necesitaba ni tocarme para hacerme temblar. Su simple presencia bastaba para encenderme en llamas.

-¿Qué intentas Bella? – me preguntó curioso alejándome de su pecho para observarme.

Me perdí en esos ojos verdes que tanto me gustaban. En esas tres motas marrones que dañaban el color escarlata oscuro que reinaba todo el iris y me hipnotizaba más de lo que Edward nunca podría llegar a imaginar.

-¿Sabes que mi color preferido siempre ha sido el verde? –divagué haciendo que Edward bufara. - Eres un idiota, Edward – logré articular antes de estallar en una risa incontrolable.

Edward era tan brillante para algunas cosas y para otras era un ciego que no se daba cuenta de lo patéticamente enamorada que había estado siempre de él.

Hoy me había puesto este vestido tan precioso y de lo más descarado que había lucido delante de él y ni tan siquiera me había dicho que me quedaba bien.

¿Pensaría Edward que soy guapa?

Un poco seguro… Quiero decir no soy una gran modelo pero nunca me he considerado fea… Y este vestido me quedaba como un guante.

¡Mierda!

-Edward – lo llamé lastimosamente sin apartar la vista de su preciosa cara. -

-¿Qué pasa? ¿Qué tienes Bella? – preguntó alarmado.

-Edward – volví a lamentarme. – No me voy a poder quitar el vestido y me aprieta – hasta un poquitín borracha como estaba pude detectar claramente que estaba lloriqueando al recordar lo engorroso que resultó ponerme este vestido como para tener que quitármelo ahora.

¿Si dormía con él podría ahogarme? Seguramente sí

Moriría borracha y sin haber sido besada nunca por Edward Cullen y todo por culpa de un vestido que me quedaba de muerte... Nunca mejor dicho.

En mi lápida podían ahorrarse el nombre y poner directamente "PATÉTICA."

-Bella, Bella, Bella… la próxima vez que te vea cerca de una copa vamos a tener una charla muy seria – me advirtió divertido... O eso deseaba. –

Sonreí al ver que no estaba enfadado conmigo.

Al menos no mucho, no tanto como para dejarme a mi suerte oprimida por este precioso pero estrecho vestido.

-Venga, te ayudaré con el vestido y te meterás en la cama hasta mañana. – me ordenó dándome a vuelta para acompañarme sin perderme de vista.

Nuestra cama.

Me sentí en casa.

Me lancé al colchón en cuanto lo tuve a mi alcance. Era tan mullidito que no pude resistir la tentación de volver a ser una niña y saltar sobre sobre él.

-Bella ¿Dónde tienes el pijama? – sentí que Edward me preguntaba.

-En la maleta – contesté sin levantar mi cara aplastada contra el colchón.

Esta cama era la más cómoda en la que había dormido en toda mi vida. Era como si flotara entre las nubes.

¿Podría llevármela a casa?

Seguramente no y eso me daba ganas de llorar.

-Bella – noté que alguien me llamaba dándome unos golpecitos en el hombro.

-¡Edwaaaaard! – exclamé alegre cuando me di la vuelta para descubrir que era Edward quien me llamaba. Pero debido a mi brusco movimiento quedé enredada en el cobertor de la cama. – Uiiiiiii no me puedo mover – me lamenté intentando librarme de la trampa mortal en la que estaba atrapada.

-Bella, vamos a hacer una cosa… Simplemente no te muevas, ¿vale? –propuso Edward. Asentí distraída nuevamente con su pelo que se había quedado en una postura muy poco natural.

¿No le afectaba la gravedad? Estaba segura que sus mechones tenían una ley física propia porque no era normal que pudieran adoptar algunas formas.

Edward me liberó y me colocó boca abajo de nuevo.

-¡Ehhhhh! – chillé indignada reclamando su atención. ¡Quería verle!

Edward mantuvo silencio pero noté sus manos bajar la cremallera de mi vestido. Sus dedos acariciando la piel de mi espalda activando todos mis poros instantáneamente.

Encendiendo el fuego en mi interior.

-Está bien, ahora arriba – ordenó Edward interrumpiendo mis libinidosos pensamientos.

¡Oh por favor!

-Poco a poco – dijo dándome la mano para estabilizarme cuando cerré los ojos. - ¿Cuánto has bebido Bella? – preguntó mientras acariciaba suavemente mi cara. Me apoyé en la palma de su mano queriendo alargar el contacto.

Intentaba centrarme en lo que Edward me decía pero era muy difícil hacerlo si no paraba de tocarme. Seguro que lo que me decía era muy importante pero su toque acaparaba toda mi atención.

-Un poquito. – le dije mientras juntaba mis dedos para indicarle la cantidad intentando presentarle atención.

-¿Y te ha servido? – continuó preguntando mientras sacaba el vestido por mis brazos.

-¿Para qué? – pregunté cuando conseguí volver a atender a Edward.

-Para olvidarme. – dijo Edward cuando mi cabeza salió a través de la camiseta del pijama que me estaba poniendo.

Esto era realmente sencillo para Edward.

¿Se le daría igual de bien cambiar a un bebé? Sonreí ante esa imagen.

-Tú… -dije volviendo a sentir la atracción de sus ojos– Siempre tú – repetí desviando mi mirada hasta sus labios.

No sé qué pasó entre medio solo sé que de repente Edward ya no me estaba vistiendo más sino que estaba acomodándome en la cama, tapándome con la sabanas.

Sola…

¿Y él?

¿Pretendía dejarme sola toda la noche?

Seguramente me lo merecía por las maneras en las que lo había tratado.

-¿Cuándo Edward? ¿Cuándo? – pregunté acurrucándome en la cama abrazando la almohada que había pertenecido a Edward estos días. No lo tendría a él pero me quedaría su esencia.

Edward se agachó a mi lado sin meterse en la cama como había hecho otras noches. Definitivamente dormiría sola.

Nuestras caras estaban al mismo nivel y nuestras miradas conectaron en ese mismo instante.

-¿Cuándo qué Bella? – preguntó mientras me apartaba como podía unos mechones de pelo que caían anárquicamente por toda mi cara.

Mis parpados comenzaban a cerrarse. Me costaba mantenerme despierta pero no quería dormirme y perderlo de vista.

Estiré mi mano para tocarlo hasta llegar a su cuello acercándolo hasta que nuestras frentes chocaron.

-Edward – susurré acercándome a sus labios.

-Shhhh…. – dijo mientras ponía un dedo sobre mis labios parando mi atrevimiento. – No volverás a olvidar un beso nuestro, Bella. – anunció confundiéndome pero a cambio posó un suave y lento beso en mi frente. – Duerme. – acabó tapándome.

Le di un último vistazo antes de dejar de luchar contracorriente y dejarme vencer por mis pesados parpados.

Me desperté con el estrambótico sonido de la alarma despertador de mi teléfono.

Di un salto en la cama haciendo que mi cabeza diera vueltas.

¡Mierda!

En mi mente se agolparon flashes de anoche.

Yo llegando al local con Aro para tomar una copa.

Yo intentando explicarle a Aro que necesitaba comenzar de nuevo con otro margarita.

Aro proponiéndome un trabajo en su editorial como editora jefa mientras argumentaba que Edward era más que capaz de llevar Swan's solo ya que era como un hijo para Charlie y conocía y quería la empresa casi tanto o más que yo.

Yo negándome vehementemente mientras pedía otra copa para acallar a mi pragmática y asustadiza mente que chillaba que era la mejor opción para conseguir olvidar a Edward y recuperar la vida que tanto amaba.

Aro intentando besarme aprovechando mi confusión y debilidad pero apartándose caballerosamente cuando le rechacé antes que nuestros labios pudieran encontrarse.

Y de repente… Edward.

En cuanto él apareció todo lo que me había planteado esa noche, aunque fuera por un segundo, desapareció.

No podría dejar Swan's. No porque no me fiara de él para se hiciera cargo exitosamente de la empresa. De hecho durante estos meses había delegado en Edward buena parte del trabajo que antes hacía Charlie. Habíamos conseguido crear, mano a mano, un nuevo sistema en Swans's en el que los dos cargos directivos tenían responsabilidades compartidas. Swan's era mi hogar y Edward mi familia.

Era absurdo como cuando Aro, con su propuesta, me había querido arrebatar todo lo que había conseguido supe que no podía hacerlo. Supe lo mucho que significaba para mí lo que había creado con Edward y de mi necesidad de luchar por mantenerlo impenetrable.

Volví a ser consciente de cuan hondo había caldo en mí esta vez Edward. Mucho más que ninguna otra de las ocasiones en las que me había reenamorado de él. Ahora él era real. Sus actos lo eran. Pero sobretodo, habíamos conseguido ser algo que nunca fuimos… Un equipo. Habíamos construido un nosotros al que no estaba segura de poder renunciar. Había valido una simple propuesta real para darme cuenta que todos los planes que había urdido este verano para olvidar a Edward eran una quimera.

Y con esa realización todo vino a mi mente.

-¡No puede ser! – grité cuando recordé cómo llegué hasta la cama. – No, no, no, no….- me lamenté mientras comprobaba como efectivamente no llevaba puesto mi vestido, lo que quería decir que ayer Edward me había visto en ropa interior.

Si fuera físicamente posible morir de vergüenza éste hubiera sido el último latido de mi corazón.

Miré a mí alrededor para comprobar que el lado derecho de la cama, el de Edward, estaba intacto. Únicamente faltaba su almohada, la cual estaba justo a mi lado.

Obviamente Edward no había dormido aquí.

Sentí una opresión en el pecho que hacía muchos meses no sentía.

La soledad volvió a instalarse en mí inundando mis ojos de lágrimas.

Lo tenía merecido.

Cuando acepté la invitación de Aro, aun sabiendo que Edward me había pedido volver a casa y aclarar nuestra extraña relación, sabía que estaba lanzando una piedra enorme y directa contra mi tejado pero ahora que me despertaba, por primera vez en dos días, sola era cuando el peso de mis acciones caían rotundamente sobre mí.

Suspiré intentando apartar las ganas de llorar.

Habían sido mis decisiones las que habían creado esta situación y debería ser consecuente con lo que había causado.

Me levanté y me di una ducha, de nada servía quedarme todo el día lamentándome y lamiéndome las heridas. Tomé un par de ibuprofenos que encontré en el botiquín del baño preparándome para afrontar la realidad.

Me bastaron unos pasos por el pasillo para comprobar que el apartamento estaba sumido en el silencio más absoluto.

Fui descubriendo con miedo que no había rastro de Edward por ningún lado.

Llegué hasta la mesa en la que normalmente desayunábamos dónde encontré un termo con un poco de café y unas tostadas con queso feta preparadas.

Leí la nota que lo acompañaba.

"Buenos días.

He ido a la empresa. Ernest y Carl han llamado para preparar la reunión con Walker.

Nos vemos.

Edward"

Nada más.

La había cagado. Había metido la pata hasta el fondo y aunque debería sentirme contenta porque eso significaba dejar de vivir en el limbo en el que me encontraba con Edward lo extrañaba.

Quería despertarme envuelta en sus brazos.

Quería que me mirara como si fuera lo más interesante con lo que se hubiera topado jamás.

Quería que quisiera pasar su tiempo conmigo.

Sequé mis lágrimas que volvían a amenazar con salir a borbotones de mis ojos y engullí el desayuno para poner rumbo a la sede de Nueva York lo antes posible.

Me descubrí odiando las calles de esta ciudad. Su ruido y el humo omnipresente. También el calor pegajoso desde primera hora de la mañana y la multitud de gente siempre agolpada en algún escaparate o corriendo de allá para acá.

Pero sobretodo me descubrí temerosa de llegar a nuestra sede y volverme a encontrar delante de mí al mismo Edward de hace unos meses. El que siempre conseguía hacerme saltar y no desaprovechaba la ocasión para discutir conmigo.

No estaba preparada para volver atrás.

Entré del peor humor en la sede de Swan's. Mi día había empezado de la peor manera. Me notaba tensa y nada mejoró cuando al llegar a la sala, Edward ya estaba reunido con Carl y Ernest y nuestros abogados.

Yo hundida y él como si fuera otro día más bajo el sol.

¡Maldito sol! ¡Y maldito Edward Cullen!

Y si soy sincera conmigo misma lo que más me molestó de la imagen que tenía delante de mí no fue que hubieran empezado sin mí, sino la cercanía de Edward con Vanessa.

Estaban tan juntos que juraría era imposible que pasara el aire entre ellos.

-Buenos días. Siento llegar tarde…- anuncié mi presencia haciendo que todos alzaran sus cabezas.

-Ya les he explicado que tenías que solucionar unos asuntos con Rose en Seattle antes de venir. – me interrumpió Edward dándome la coartada perfecta para no parecer una irresponsable que salía de fiesta en medio de una crisis. – ¿Todo bien? – preguntó sin dejarme claro si se interesaba por mi o era parte de la farsa.

Como mínimo Edward me dirigía la palabra y seguía preocupándose por la Bella directora de Swan's Networks. Podía trabajar con eso.

-Sí… - dije sin mucho convencimiento sentándome al lado de Carl intentando ponerme al día de lo que habían tratado mientras no estaba.

La reunión al menos comenzó con buenas noticias. Teníamos documentos que acreditaban la fecha de los diseños originales de Carl y Ernest y, además, las pruebas que los cambios respecto al proyecto original tenían la suficiente solidez y envergadura como para no ser considerados plagio sino un proyecto completamente nuevo y diferente al prototipo inicial que habían intentado crear Marcus hace años.

Nuestros abogados estaban dando forma a nuestra argumentación y preparando todos los documentos necesarios para protegernos legalmente, pero eran magnificas noticias.

Mi instinto no me fallaba. Al menos, laboralmente hablando. Ese Marcus había resultado ser un estafador que seguramente habría escuchado la buena nueva de sus antiguos colegas y quería sacar tajada de algo que no le pertenecía.

Estaba contenta pero mi alegría no podía ser completa porque Edward no me había mirado ni una solo vez, al menos no para nada que no fuera estrictamente necesario. Apenas me dirigía la palabra y cuando lo hacía se limitaba a frases de no más de dos verbos relacionados con los planes que llevaríamos a cabo a partir de ahora con la negociación con Marcus Walker.

-Deberíamos llamar y concertar una cita para otro día. Quizás mañana o pasado para tener más tiempo para preparar la reunión. – insistí al comprobar que la cita con nuestra competencia era en solo un par de horas. Cuando la pactamos no sabíamos que íbamos a tener en nuestras manos los documentos definitivos y aunque estábamos haciendo un gran trabajo no quería que las prisas arruinaran nada.

-Quizás dejándolo para primera hora de esta misma tarde tengamos suficiente. No me gustaría arrastrar mucho más este asunto. – rebatió Edward firmemente.

Por primera vez desde que tomé el mando de Swan's Netwoks, Edward no solo me contradecía sino que lo hacía públicamente y en medio de una de las mayores crisis que habíamos tenido entre manos.

Un puñal directo al corazón hubiera dolido menos.

-Si creéis que se puede hacer, adelante. – comenté intentando no pensar demasiado en el dolor que estaba sintiendo y actuar para el beneficio de la empresa.

Su reclamo había sonado demasiado personal y su voz demasiado autoritaria, no como la mía que se hacía pequeña a medida que pasaban las horas.

No era mi mejor día, sin ninguna duda.

Mi mente se alejó de la reunión. Total, Edward parecía tener el control absoluto de esta negociación. Gestionaba hasta el último detalle sin que yo pudiera aportar mucho más. Esos momentos de reflexión me hicieron darme cuenta que con la reunión de unas horas toda nuestra aventura Neoyorkina acabaría.

Acabar significaba volver a casa y volver a casa dejar de vivir temporalmente juntos.

Los dos, cada uno por su cuenta
Cada cual su pelea.

Era tan real ahora que dolía.

Me enfrasqué en una conversación detallada con Carl sobre su prototipo. Quería tener toda la información necesaria, incluso más, para enfrentar esa reunión. No podía permitirme quedar en evidencia delante de mis trabajadores por mucho que intuyera que Edward no iba a dejar hablar ni a nuestros abogados.

Salimos a comer a un restaurante aprovechando que el nivel de estrés había disminuido al tener en nuestro poder la información necesaria para tumbar una demanda por plagio.

Edward y yo nos ignoramos igual que llevábamos haciendo todo el día. Nos sentamos cada uno en un extremo de la mesa, igual que lo habíamos hecho durante la reunión, evidenciando aún más que algo pasaba entre nosotros.

Pero sobretodo dejándome cristalinamente claro todo lo que había perdido en una noche.

Me había pasado desde el cumpleaños de Edward convenciéndome que esto era lo que quería. Distancia. Pero ahora que la tenía me daba cuenta de lo idiota que había sido.

No quería esto.

Quería a Edward sonriéndome orgulloso durante las reuniones, sentado a mi lado, siempre a mi derecha. Demostrando que éramos un equipo.

Quería a Edward retándome para ser mejor cada día.

Quería a Edward guiñándome el ojo divertido o sonriéndome de lado cuando lograba algún éxito para la empresa.

Lo quería a él. Al Edward de Bella.

La comida me supo a rayos y el trayecto hasta el despacho de abogados de Marcus Walker fue igual de tenso que el resto del día. Sutilmente me colé en el taxi con Carl y Ernest y dejé a Edward con nuestro abogado en el otro. No podría soportar estar en un espacio tan reducido con él y que siguiera ignorándome.

Todo tenía un límite.

A estas aturas del día había pasado de querer llorar por lo que había causado con mi estúpida decisión de marcharme con Aro a querer matar a Edward por dramatizar de más y tirar por la borda en una sola mañana lo que tanto nos había costado construir.

Podía entender que estuviera enfadado conmigo y no quisiera hablarme más de lo necesario pero ni podía ni quería entender que su rencor pudiera empañar nuestra relación laboral. Siempre habíamos conseguido estar por encima de eso… Él más que yo. No entendía porque justamente hoy, justamente en este momento tan trascendental, decidía comportarse así.

Aunque estaba enfadada, decidí canalizar mi rabia hacia un objetivo mucho más fructífero; La negociación con el idiota que casi logró poner en jaque mi empresa con su mentira de plagio, lo cual surgió bastante efecto porque la reunión fue todo un éxito. Conseguimos darle la vuelta a la situación de tal manera que los amenazábamos que si seguían intentando difamarnos en un futuro no seríamos tan bondadosos y las consecuencias legales serían nuestra única respuesta. Habíamos decidido llegar a un acuerdo privado sin querer remover mucho para no llamar la atención de los medios de comunicación. Fue mi única línea roja. Les tenía pavor y no los quería cerca de mí.

-Muchas gracias por vuestro apoyo. – me dijo Carl al salir de la reunión mientras me abrazaba. Estaba mucho más relajado y yo mucho más tranquila, también. Siempre había confiado en ellos pero no podía evitar tener algo de miedo por todo el proceso legal en el que nos podríamos haber visto involucrados.

-Confiamos en vosotros y vuestro trabajo. Ahora y siempre. – le repetí una vez más. Se lo había asegurado casi todas las veces que lo había visto durante estos días. – Somos un equipo. Podéis contar con nosotros igual que nosotros contamos con vosotros. – le dije intentando incluir a Edward aunque estaba demasiado interesado en una conversación con nuestro abogado.

-Me alegro haber firmado con Swan's. Sabía que no nos equivocábamos con vosotros dos. – agregó Ernest. –

-Ahora centrémonos en la fiesta de la semana que viene. Presentaremos por todo lo alto nuestro trabajo. – le dije intentando devolver el positivismo y ánimo a nuestros días.

Con todos los problemas me había olvidado de la fiesta de Swan's. Queríamos aprovechar la ocasión para presentarme como nueva directora de la empresa y además lanzar como la joya de la corona el nuevo sistema de Carl y Ernest. Había dejado todo en manos del departamento de comunicación y la supervisión de Rose que era quien se había quedado guardando con mano firme el fuerte en Seattle.

-Pienso comprarme la pajarita más cara que encuentre para celebrar este momento. – sentenció Ernest contento.

-Estoy deseando verla. – rebatí divertida sabiendo que no sería discreta. Era un total freak de los complementos de hombre. Había amenazado varias veces con regalarle una corbata más estilosa a Edward y yo me moría de ganas de que lo hiciera.

-Tenemos que irnos sino no llegamos al avión. Nos veremos en Seattle en unos días para celebrar nuestro éxito. – anunció Carl mirando el reloj angustiado.

Llevaban varios días en Nueva York, al igual que me había pasado a mí lo habían dejado todo de lado para venir a arreglar este desaguisado, pero su hermano mayor se casaba en unos días y tenían que llegar hasta Londres antes del sí quiero. Afortunadamente todo se había podido zanjar a tiempo, hubiese sido una lástima que no pudieran haber ido por una mentira. Se marcharon al aeropuerto junto con nuestro abogado, Roger, en busca de algunos asientos disponibles de última hora.

Edward y yo nos quedaríamos en Nueva York, al menos esta noche. Teníamos pendiente la cena con los amigos de Charlie. No tenía ni idea de si Edward había hablado con Sue para que reservara nuestro vuelo o si lo teníamos que hacer nosotros.

Me quedé enfrente de Edward en silencio mirándolo intentando adivinar qué sucedería ahora que finalmente nos habíamos quedado a solas.

No quería ser yo quien hablara primero. Si abría la boca, seguramente, acabaría chillándole que estaba siendo un completo idiota y definitivamente eso no nos ayudaría en nada ahora mismo.

-Deberíamos volver al apartamento. – dijo con tranquilidad. Como si nada hubiese pasado. Como si no llevara todo el día siendo un dramático dolor de muelas.

-Por supuesto. – me limité a murmurar mientras avanzaba unos pasos para pedir un taxi.

No tardé en ver uno libre. Nos subimos inmediatamente.

-Enhorabuena. – me dijo Edward rompiendo el silencio.

-¿Por qué? – le pregunté sin molestarme en mirarlo. Estaba enfadada con él. Ahora que volvíamos a estar solos mi interior hervía y estaba a punto de estallar.

-Por tu instinto. Sigue sin fallarte. – me explicó.

-Quizás el problema sea tu falta de confianza. – le rebatí mirando por la ventana enfatizando más la distancia que nos separaba.

-¿Tú hablas de falta de confianza? – me contestó incrédulo.

-No quiero discutir contigo. – sentencié.

-No, eres más de huir y esconderte. – me replicó.

-No voy a discutir. – repetí como un mantra. - Si quieres decirme algo habla claro pero no esperes que peleemos. Ya no me importa. – le dije.

-No te importa… Claro…– murmuró entre dientes pero decidí ignorarlo.

No tardamos mucho en llegar a nuestro apartamento a pesar del tráfico a esa hora de la tarde. Tendríamos poco tiempo para arreglarnos y preparar lo que fuera que nos trajera el catering para la cena con los amigos de Charlie.

Subimos en silencio en el ascensor.

-Iré a ducharme. Avísame si llegan los del catering. – anuncié sin esperar respuesta por parte de Edward.

Decidí darme una ducha un poco más larga de lo habitual para liberar toda la tensión acumulada. Me quedé un buen rato notando como el agua caía sobre mis hombros y mi cabeza para lograr relajar mis ánimos.

Estaba hecha un lío.

Me sentía culpable por mi manera de actuar y como eso había tirado por la borda todo lo que Edward y yo habíamos conseguido construir no solo durante estos meses sino también durante estos últimos días en la ciudad. No me había dado cuenta cuánto habíamos cambiado, cómo nos habíamos acercado y cuánto lo necesitaba hasta que todo había volado por los aires. Hasta que él había decidido arrebatármelo.

Pero al mismo tiempo, estaba enfadada con Edward, con su comportamiento y con la manera en la que me había tratado durante todo el día. Especialmente con su manera de desautorizarme delante de nuestros trabajadores.

Y aunque yo misma lo había buscado quería volver el tiempo atrás.

Quería volver a tener delante al Edward de Bella.

El Edward que me miraba como si fuera la cosa más interesante del mundo y no un ser molesto.

El Edward que me defendía y me apoyaba siendo siempre la mejor mano derecha que pudiera desear y no alguien con el que enfrentarme por cada decisión.

El Edward que me enseñaba su colección de coches para demostrarme que por mucho que sus actos no lo hubieran demostrado había sido alguien importante en su vida y no el que se marchaba temprano y a escondidas mientras yo dormía.

Suspiré sacudiendo mi mente como si con ese movimiento pudiera sacar de mi cabeza las últimas veinticuatro horas.

Me arreglé un poco para recibir a los invitados. Nada demasiado formal pero sí más de lo que realmente me apetecía ponerme que era mi pijama para meterme en la cama e intentar olvidar esta pesadilla.

Cuando salí de la habitación el apartamento seguía en silencio, algo demasiado extraño. Debería haber más actividad, gente preparando el lugar, ruido en la cocina, Edward intentando controlar que hasta la última servilleta estuviera milimétricamente colocada.

Ni rastro del catering ni tampoco de Edward.

¿¡Acaso se había vuelto a ir sin decir nada?!

Cuando ya estaba ideando la mejor forma de deshacerme de su cadáver lo vi aparecer por el pasillo.

Salía de la habitación zulo cambiado. También había optado por un look informal. Unos tejanos y una camisa blanca eran suficientes para hacerle ver como un auténtico Dios griego.

-¿A qué hora te dijeron que vendrían los del catering? – le pregunté intentando no dejarme embriagar por su olor, especialmente intenso ahora que acababa de salir de la ducha.

Desde que había dormido abrazada a él la primera noche no lo podía eliminar de mi cuerpo ni de mi mente.

-No vendrán. – anunció para mi sorpresa.

-¿¡Cómo!? – intenté no gritar pero el pánico se apoderó de mí al imaginarme tener que cocinar para tantas personas algo más que una ensalada y un sándwich de queso.

-He cancelado la cena. – me explicó nuevamente. Tan tranquilo como si estuviera comunicándome que mañana haría sol.

El pánico fue sustituido por rabia.

-¿Disculpa? – pregunté acercándome a él con los brazos en jarras e intentando no enfadarme en exceso, aunque era algo imposible teniendo en cuenta que esto tenía pinta de ser la gota que iba a colmar mi paciencia. La ira corría por mis venas impulsada por todos los acontecimientos del día. - ¡¿Cuándo pensabas decírmelo?! – le volví a reclamar cuando nuestros alientos prácticamente se mezclaban debido a nuestra cercanía.

-Justo en este momento. – me contestó sin una pizca de vergüenza mientras su brazo se posaba en mi cintura reteniéndome más cerca de él. – No tenía ninguna intención de decirte que esta noche tú y yo vamos a salir a cenar porque no tenía ninguna intención de darte tiempo para planear una nueva fuga. – me explicó mientras sus ojos verdes me devoraban quemándome por dentro. –

-¿Ce…na? – balbuceé sin saber que contestar.

Después de su actitud durante todo el día no sabía cómo tomarme esto.

De hecho, una cena a solas era lo último que me esperaba.

-Ayer te dije que teníamos que hablar. Seguimos necesitándolo y no estoy dispuesto a alargarlo más. – me explicó mientras me acariciaba la cara con su mano libre. – Cada segundo que pasa me cuesta más reprimir lo que realmente quiero hacer. – me dijo mientras se acercaba a mí lentamente hasta que sus labios rozaron suavemente los míos dejando un suave y fugaz beso en mi comisura deseosa de más. – Lo que necesito hacer. – añadió haciéndome temblar.

-Yo… yo…. – intenté poner en orden todos los pensamientos incoherentes que pasaban por mi mente a mil por hora. – Entonces tú… hoy… ¿No estás enfadado conmigo por lo de anoche? – pregunté finalmente.

-Ni lo menciones Bella… - advirtió cambiando el gesto a uno mucho más duro. – Me hiciste pasar las peores horas de mi vida adulta. – me dijo serio pero sin romper nuestra postura. Seguía manteniéndome pegada a él.

-Yo…. No hice nada…. Aparte de beber algún margarita más del necesario. – bromeé intentando romper el hielo.

-Estabas en tu derecho de hacerlo si era lo que querías. – suspiró cansado uniendo nuestras frentes. Parecía que era lo último que hubiese querido decir.

Estuvimos unos segundos así permitiéndome disfrutar de la anticipación que me habían provocado sus palabras y sus suaves pero certeras caricias. Edward, en cambio, parecía que necesitaba un tiempo para volver a recuperar su humor. El recuerdo de la noche de ayer no había sentado demasiado bien.

No quería moverme.

Me gustaba volver a tener a este Edward conmigo y no quería hacer nada que pudiera echarlo a perder, pero finalmente Edward fue quien lo hizo. Nos separó lo justo para que nuestras miradas se encontraran de nuevo.

-Hasta hoy. – anunció.

Y supe que estas dos palabras y noche que teníamos por delante volverían a marcar un nuevo inicio en nuestra particular historia.

Ésta sería una de esas noches que lo cambiaría todo.

Un escalofrío me recorrió.

.

[**]

.

NA:

Creo que este capítulo era muy importante para Bella para darse cuenta de dos cosas que siempre ha arrastrado. 1. SWAN'S: Finalmente admite que quiere ese lugar y lo defiende como suyo… como su hogar. Y 2. EDWARD: Se da cuenta que no es algo platónico como ha estado intentando convencerse durante todo este tiempo… No, el Edward de ahora es muy real…y sus sentimientos también.

AHORA… No sé si debería preguntar esto pero… ¿Cuántas queréis un outtake de Edward después de este capítulo? O quizás no queréis saber qué pasó la noche que Bella se fue de copas con Aro ni que ponía en ese poema que tanto hizo cambiar la actitud de Edward….;)

LA PROXIMA ACTUALIZACIÓN SERÁ EL VIERNES.

Nos leemos en el próximo ;)

Un abrazo enorme!