Landline
Una adaptación a Crepúsculo por Redana Crisp
Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Rainbow Rowell. Yo sólo los mezclo y juego con ellos.
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Lunes 23 de Diciembre de 2013
Capítulo 19
La primera vez que Bella despertó, fue justo después del amanecer, y fue porque no llevaba bragas. Lo que en un principio fue alarmante. Y luego divertido. Y luego empujó las sábanas por encima de su cabeza y trató de volver a dormir. Porque sentía como si hubiera estado soñando, soñando algo bueno, y como si tal vez fuera capaz de regresar al sueño si no abría completamente los ojos.
Se durmió pensando que no podía recordar la última vez que se sintió tan cálida —y que tal vez, "cálida" era lo mismo que "enamorada"— y obviamente, ella estaba enamorada de Edward, siempre estuvo enamorada de Edward, pero, ¿cuándo fue la última vez que habló con él por seis horas, sólo hablar? Sólo ellos. Tal vez esa era la última vez, pensó. Y luego se volvió a dormir.
La segunda vez que Bella despertó, fue porque alguien gritaba. Dos personas gritaban. Y golpeaban la puerta de su habitación.
— ¡Bella! ¡Voy a entrar! — ¿Jasper?
— ¡Bella, él no va a entrar! —Y Rosalie…
Bella abrió los ojos. La puerta se abrió y cerró inmediatamente.
—Joder, Rose —se quejó Jasper—. Mi dedo.
Bella se sentó. Llevaba la reveladora camiseta de su madre. Ropa, necesitaba ropa. Localizó la camiseta de Edward en el suelo y la cogió desesperadamente, poniéndose por encima de la cabeza.
— ¡No puedo sólo dejarte entrar a la habitación de mi hermana! —gritó Rosalie.
— ¿Estás protegiendo su honor? Porque eso ya es cuento pasado.
—No es así. Él sólo está visitando a su madre.
— ¿Qué? —Jasper sonaba jadeante. La puerta se abrió, y vio a Bella antes de que la puerta se cerrara de nuevo—. ¡Bella!
La puerta se abrió de nuevo, y Jasper y Rosalie cayeron en el suelo, prácticamente encima del otro.
—Oh, por Dios —dijo Bella—. Sal de encima de mi hermana.
Rosalie tiraba del cuello del suéter de Jasper.
—Dile a ella que se quite de encima de mí —dijo.
— ¡Bájate! —gritó Bella—. Esto es como una pesadilla que ni siquiera he tenido aún.
Rosalie lo soltó y se levantó, cruzándose de brazos. Lucía tan recelosa de Bella como ella de Jasper.
—Abrí la puerta principal, y entró corriendo.
Jasper enderezó sus puños furiosamente, mirando fríamente a Bella.
— Sabía que estabas aquí.
—Brillante deducción —dijo Bella—. Mi auto está aparcado afuera. ¿Qué estás haciendo aquí?
— ¿Qué estoy haciendo aquí? —Se rindió con sus puños—. ¿Estás bromeando? Es decir, ¿estás jodiéndome? ¡¿Qué estás haciendo tú aquí?! ¿Qué estás haciendo, Bella?
Bella se frotó la cara con la camiseta de Edward y miró su teléfono, que se encontraba junto a su vieja alarma, la cual decía que era mediodía.
—Jesús — gimió—. ¿En serio ya es mediodía?
—Sí —dijo Jasper—. Mediodía. Y no estás en el trabajo, y no respondes el teléfono, y aún estás usando esa ridícula ropa.
—Mi batería murió.
— ¿Qué?
Empujó el cobertor alrededor de su cintura.
—No estoy respondiendo el teléfono porque mi batería murió.
—Oh, bueno —dijo—, eso explica por qué estás en la casa de tu madre, durmiendo.
El timbre sonó. Rosalie miró a Bella.
— ¿Estás bien?
Jasper lanzó las manos al aire.
— ¡En serio! ¡Rose! Creo que puedes confiar en mí estando a solas con tu hermana; ha sido mi mejor amiga por más tiempo del que tú llevas viva.
Rose lo señaló amenazadoramente.
— ¡Está frágil ahora mismo!
El timbre sonó de nuevo.
—Estoy bien —dijo Bella—. Ve a ver quién es.
Rosalie salió hecha una furia al pasillo.
Jasper se pasó una mano por el cabello y negó con la cabeza.
—Está bien. No entremos en pánico, aún tenemos tiempo, y tengo café. Aún quedan doce horas factibles hoy, ¿cierto? Y más o menos la misma cantidad mañana. Y tal vez cinco o seis en navidad.
—Jasper…
— ¿Qué quería decir con "frágil"?
—Mira, Jasper, lo siento. Sólo déjame vestirme.
—Tienes puesta tu camiseta de Metallica favorita —dijo—. Ya estás vestida.
—Déjame cambiarme, entonces. Y cepillarme los dientes y despertar. Lo siento. Sé que necesitas trabajar en los guiones.
—Jesús, Bella. —Se sentó en la cama, mirándola—. ¿Crees que me interesan los guiones?
Se cruzó de piernas por debajo del cobertor.
—Sí.
La cabeza de Jasper cayó en sus manos.
—Tienes razón. Me importan. Me preocupo un montón por los guiones. —Levantó la mirada, con desánimo—. Pero cumplir finalmente con nuestro programa de ensueño no será gratificante si te mudas de nuevo con tu madre y comienzas a dormir dieciocho horas al día.
—Lo siento —dijo.
Se pasó ambas manos por el cabello.
—Deja. De. Decir. Eso. Sólo… dime qué te sucede.
Miró su teléfono amarillo.
—No puedo.
—Ya lo sé.
— ¿En serio? —No, no podría.
—Sé que es por Edward. No estoy ciego.
—Nunca pensé que lo estuvieras —dijo Bella—. Sólo demasiado centrado en ti.
—Puedes contármelo.
—En serio que no puedo —dijo.
—El universo no se romperá, Bella.
—Algo más podría hacerlo.
Jasper suspiró.
—Él… ¿él te dejó?
—No.
—Pero no están hablando.
No, pensó, no desde el miércoles. Pero… sí, toda la noche.
— ¿Qué te hace decir eso? —preguntó.
Jasper levantó la mirada, casi como si estuviera avergonzado por ella.
—Por la forma en que has estado llevándote la computadora al baño, sólo en caso de que el teléfono suene.
—Tengo que dejarlo conectado —dijo.
—Cómprate un teléfono nuevo.
—Voy a hacerlo. He estado ocupada.
Jasper juntó sus encantadoras cejas rubias. Lucía como un preocupado senador. Como el actor que fue seleccionado para hacer de un preocupado senador. Como la estrella de un noticiero.
— ¿Por qué no le dices que todo es culpa mía? Utilízame.
—En realidad, no funcionará —dijo Bella, apretando las manos en el cobertor en su regazo—. Hacerte lucir como un idiota me hará parecer como una persona con lealtades estúpidas.
Jasper rodó los ojos.
—Él ya piensa que soy un idiota sin importar lo que le digas.
Suspiró y miró el techo.
—Dios. Jasper. De esta forma no podemos hablar de esto.
— ¿Qué? No estoy diciendo que él sea un idiota. Estoy diciendo que sé que él piensa que soy un idiota.
—Edward no es un idiota.
—Lo sé —dijo Jasper.
—Y odio esa palabra.
—Lo sé.
Quería frotarse los ojos, pero no quería soltar el cobertor.
—Es decir, no es tan idiota… —dijo Jasper.
—Jasper.
— ¿Qué? Ese es su truco, ¿no? Sabes que lo es. Es como el personaje de Samuel L. Jackson.
—No puedo soportar a Samuel L. Jackson.
—Lo sé, pero te gusta toda esa cosa de "Quieres joder conmigo, ¿eh, punk? ¿Quieres?" (49). Te encanta eso.
—Cállate, ni siquiera conoces a Edward.
—Lo conozco, Bella. He estado junto él toda mi jodida vida. Lo conozco, joder. Hemos compartido tú custodia.
—No —Bella presionó las puntas de sus dedos en su frente—, este es el por qué no hablamos de esto. No tienes ninguna custodia.
—Tengo algunas. Los días de semana.
—No. Edward es mi esposo. Tiene toda la custodia.
—Entonces, ¿por qué no está él aquí tratando de descifrar qué está mal contigo?
— ¡Porque…! —gritó Bella.
— ¿Porque qué?
— ¡Porque la jodí!
Jasper lucía enojado.
— ¿Por no ir a Forks?
—Lo más reciente es porque no fui a Forks. Porque nunca voy a Forks.
— ¡Vas una vez al año! Me trajiste esa camisa de Thousand Island que me gusta.
—Es decir, metafóricamente. Siempre escojo el programa. Siempre escojo el trabajo. Nunca voy a Forks.
—Tal vez deberías preguntarte por qué no vas, Bella.
— ¡Tal vez debería! —prácticamente gritó.
Jasper miró su regazo.
Bella miró el suyo. Así no eran ellos. Jasper y Bella nunca peleaban. En realidad, siempre peleaban: discutían, se insultaban y ridiculizaban. Pero nunca peleaban sobre algo que importara.
Sabía que Jasper sabía que las cosas no iban bien entre ella y Edward.
Por supuesto que Jasper lo sabía. Había estado junto a ella por veinte años. Veía cómo las cosas empeoraban —al menos así debía lucir desde su perspectiva— pero nunca lo mencionó.
Porque había reglas.
Y porque algunas cosas eran sagradas. No la vida de Bella, sino el trabajo —el trabajo era sagrado. Jasper y Bella dejaban su vida en la puerta, y trabajaban. Y había algo realmente hermoso en ello. Algo increíble.
Sin importar cuán mal jodieran sus vidas, siempre tendrían el programa, cualquier programa en el que estuvieran, y siempre se tendrían el uno al otro — protegían lo que tenían.
Protegían el trabajo porque siempre estaría allí, un oasis que consumía sus días.
Dios. Dios. Ese era el por qué Bella arruinaba todo.
Por ser realmente buena en algo. Por ser realmente buena con alguien. Por protegerse con la parte de su vida que era más fácil.
Comenzó a llorar.
—Oye —dijo Jasper, alargando una mano hacia ella.
—No —dijo Bella.
Él esperó hasta que sólo sorbía.
— ¿Trabajaste en el guion anoche?
—No.
— ¿Vas a ir hoy?
—Yo… —Negó con la cabeza—, no lo sé.
—Podemos trabajar aquí, si quieres. Cambiar de escenario podría ayudarnos.
— ¿Qué con Alec?
Jasper se encogió de hombros.
—Él ya trabaja en casa. Incluso terminó un episodio. No está… mal. No suena como nosotros, pero no es malo. Es algo.
Trabajo. Bella debería ir a trabajar. Se perdería Navidad así podía trabajar en el programa. Si no trabajaba en él, toda la semana sería un desperdicio; Bella habría destruido su matrimonio por nada. Estaba a punto de decirle a Jasper "Bien, bien, iré a trabajar". Cuando el teléfono sonó.
El teléfono fijo.
Ella y Jasper lo miraron. No sonó de nuevo.
—Vamos —dijo Jasper—. Compré café. No sé dónde está, se lo entregué a tu hermana para quitarla de mi camino. Dios, ella es sobre-protectora, ¿estuviste recibiendo amenazas de muerte?
Alguien caminó por el pasillo, y la puerta se abrió. Rosalie sacudió la cabeza y los hombros.
—Es para ti —le frunció el ceño a Bella—. Es Edward.
El corazón de Bella se paró un segundo. (Genial. Ahora le palpitaba el corazón) (Esperen. ¿Edward podía llamar al teléfono de la cocina también? Esto estaba fuera de control).
—Gracias. ¿Cuelgas cuando atienda?
— ¿Quieres que le cuelgue?
—No —dijo Bella—. Yo atenderé aquí.
— ¿Puedes hacer eso?
— ¿Estás hablando en serio?
Rosalie frunció el ceño un poco más.
—Lamento no estar al tanto de la tecnología del siglo veintiuno.
—Ve a la cocina, espera hasta que me escuches atender, luego cuelga.
—Solo contesta ahora.
Bella miró al teléfono, justo fuera del alcance, y a Jasper, y no al pantalón corto del pijama de su mamá que estaba tirado en el suelo.
—En un minuto — dijo.
—Bien —Rosalie observó a Bella de cerca, como si estuviera intentando descifrar su juego—. Simplemente iré a hablar con Edward mientras espero.
—No lo hagas, Rose.
Los ojos de Rose se estrecharon hasta convertirse en rendijas.
—Solo le diré hola, le preguntaré por las niñas…
Bella pateó a Jasper
—Atiende el teléfono.
— ¿Qué? ¿Quieres que yo hable con él?
—Nadie hablará con Edward. Atiende el teléfono… —Ella lo pateó de nuevo—, luego pásamelo. Y tú… —Señaló a Rosalie—, eres una hermana terrible. Y aún peor como persona.
Bella pateó a Jasper una vez más. Él se levantó y levantó el auricular, sosteniéndolo en el aire por unos segundos, apretando el mango como si fuera una bomba, luego se lo arrojó a Bella.
Rosalie esperó en la puerta.
—Cuelga, —articuló Bella con los labios—. Ahora.
Sostuvo el teléfono en su oreja y esperó por el click. Podía oír voces en la casa de Edward, sus padres. Podía oír a Edward respirando.
Rose hizo temblar el teléfono cuando colgó en la cocina.
— ¿Hola? —dijo Bella.
—Hola —contestó Edward.
Bella sintió su rostro ablandarse; bajó la mirada para que Jasper no lo notara.
—Hola. ¿Puedo llamarte luego? —Ella esperaba que fuera el Edward correcto. (No quiso decir el Edward correcto, sino el joven.)
—Sé que no se suponía que llamase —dijo él—, pero se hacía tarde, y pensé… no sé qué pensé, que quería hablar contigo, supongo.
Este era el Edward correcto.
—Está bien —dijo ella—, ¿pero puedo llamarte luego?
—Si —contestó—. Lo siento.
—No lo hagas. Te llamaré en seguida.
—Buenos días, Bella
Ella miró el reloj.
—Son casi las dos ahí, ¿no es así?
—Sí. Pero… ahí no, ¿verdad? Llamé ahora porque no quería perder la oportunidad de decirte buenos días.
—Oh —sintió su cara enrojecer—. Buenos días.
— ¡Ajá! —dijo Jasper
Bella levantó la mirada hacia él, herida.
Él se apoyó en el armario, contento consigo mismo.
—No estás usando pantalones.
— ¿Ese es Jasper? —preguntó Edward.
Ella cerró los ojos.
—Si...
Podía sentir las defensas de Edward levantándose, y derribándose, como la armadura de Iron Man en su lugar. Podía oírlo desde el otro lado del país y a quince años de distancia.
Su voz era tensa—: ¿Él acaba de decir que no usas pantalones?
—Está siendo un idiota.
—Si… bueno. Me llamarás luego, ¿verdad? ¿Cuándo hayas terminado con Jasper? ¿Es eso lo que está sucediendo?
—Si —dijo Bella—. Eso es lo que está sucediendo.
—De acuerdo. —Exhaló con fuerza por el teléfono—. Hablamos pronto.
Colgó.
Bella le arrojó el auricular a Jasper, con fuerza. Pero no con la suficiente, el cable quedó atrapado enrollándose y cayendo al suelo. Por un segundo, le preocupó que lo hubiera roto. (¿Podría ella conectar un nuevo teléfono? Aparentemente el Trimline marrón era mágico también, así que ella siempre podría llamar a Edward desde la cocina)
—No es suficiente para ti arruinar mi matrimonio ahora —dijo enojada—. ¿Verdad? Tienes que arruinarlo en todos lados de una vez.
Las cejas de Jasper se levantaron, la miró como si ella lo hubiera golpeado con el teléfono. Lucía como si quisiera gritar, "¡reglas! ¡reglas! ¡reglas!"
—Arruinar tu matrimonio… —dijo.
Bella soltó un suspiro y negó con la cabeza.
—No debí haber dicho eso — continuó moviendo la cabeza—. Lo siento. Yo solo… ¿Por qué abriste la boca?
— ¿Piensas que estoy arruinando tu matrimonio?
—No. Jasper. No lo hago. Pienso que yo estoy arruinándolo. Tú solo eres un accesorio.
—No soy un accesorio, soy tu mejor amigo.
—Lo sé.
—Siempre voy a ser tu mejor amigo.
—Lo sé.
—Incluso si…
—No —lo interrumpió.
Él se apoyó contra el armario, golpeándolo suavemente, luego descansó su pie contra él como si estuviera modelando zapatos orange chinos. (Él los usaba). Luego se cruzó de brazos.
— ¿Qué significa eso, siquiera? —preguntó—. ¿"En todos lados de una vez"?
—No significa nada. Solo estoy cansada.
—Y asustada —añadió despacio.
Bajó la mirada hacia el edredón.
—Y asustada.
—Y hablar conmigo sobre ello es claramente una idea catastrófica.
Se mordió los labios, asintiendo.
—Así que no hablemos sobre eso, Edward. Solo escribamos.
Ella lo miró. Jasper estaba siendo tan sincero como sabía serlo, su rostro era tan abierto que casi no lo reconoció.
—Es la única cosa que puedo arreglar para ti —dijo él.
Sus ojos cayeron al teléfono.
—Tengo que volver a llamar a Edward.
—Bien. Llámalo de nuevo. Luego vístete. Llevaré nuestro café y buscaré un lugar para instalarnos… y luego ven cuando estés lista, y no mencionaré que dormiste sin pantalones, pero lo sabré de ahora en adelante, Bella, siempre. Y nosotros escribiremos un guion. Iremos sobre ello como Amy Sherman-Palladino. (50)
—Amo a Amy Sherman-Palladino.
—Lo sé —dijo él, moviendo las cejas de forma significativa—. Soy tu mejor amigo.
—Lo sé.
—Me iré a la cocina ahora.
—Jasper…
—Y tú saldrás en un minuto.
—Jasper, no puedo ahora mismo. Tengo que llamar a Edward.
Su cabeza cayó contra el armario.
—Puedo esperar.
—No quiero que esperes.
—Bella
—Jasper. Tengo que arreglar lo que pueda.
— ¿Qué se supone que haga mientras tanto?
—Ve a trabajar —dijo ella—. Escribe.
— ¿Y vendrás a la oficina luego?
—Probablemente.
—Pero definitivamente irás mañana.
—Sí.
Movió la cabeza suavemente contra el tablero de fibra.
—Bien. Solo… bien —se dirigió a la puerta—. Cuatro días —gruñó—. Tenemos cuatro días para hacer que esto suceda.
—Lo sé.
—De acuerdo… pero si resulta que no puedes recoger activamente los pedazos de tu matrimonio hoy, puedes escribir conmigo.
—Deja de hablar sobre mi matrimonio.
Jasper se detuvo frente a la puerta y se volteó a sonreírle.
—Bueno, vamos, vas a acompañarme a la puerta, ¿verdad?
Bella se cruzó de brazos sobre el edredón.
—Dejaré que Rose te corra. Eso la animará.
—Siempre pensé que yo le caía bien —murmuró, dejando que la puerta se cerrase tras de él.
Bella no esperó a que Jasper dejara la casa, no esperó a que su cabeza y sus ojos se aclararan, no se detuvo a procesar el hecho de que Edward la llamó, dos veces ahora, lo que significaba que su teléfono mágico funcionaba de ambas maneras, lo que quería decir… quién sabía lo que eso podría decir.
Es un teléfono mágico. No es como si tuviera reglas.
Marcó el número de Edward tan rápido que le dio al número equivocado y tuvo que empezar de nuevo.
Su padre atendió. Solo para poner a Bella jodidamente nerviosa de nuevo.
—Hola, Carlisle… Sr. Cullen, habla Bella. Está, um, ¿está Edward por ahí?
—Puedes llamarme Carlisle—contestó.
—Carlisle—se corrigió ella, y sintió que comenzaría a llorar de nuevo.
—Llamaste justo a tiempo —dijo—. Aquí está Edward.
Un arrastrar de pies y luego: — ¿Hola?
—Hola —dijo Bella.
—Hola —contestó Edward. Fríamente. Pero tal vez no con ira. Era tan difícil decirlo tratándose de él—. ¿Jasper te dio un tiempo libre?
—Se fue.
—Oh.
— ¿Estás saliendo? —preguntó ella—. Tu padre dijo…
—Sí. Iremos a ver a la hermana de mi abuela. Está en un hogar de ancianos.
—Es lindo de tu parte.
—No realmente. Está en un hogar de ancianos, y estará sola en Navidad. Es más o menos lo mínimo que podemos hacer.
—Oh —dijo ella.
—Lo siento. Yo solo… odio los hogares de ancianos. Mi tía abuela no tiene hijos, así que nosotros…
—Lo siento.
—Tú lo sientes —resopló él—. Pensé que estabas durmiendo.
— ¿Cuándo?
—Cuando llamé.
—Estaba durmiendo —dijo ella.
—Te encontrabas con Jasper.
—Él acababa de despertarme.
—Se suponía que me llamaras a mí cuando despertaras.
—Iba a llamarte.
—Eventualmente —dijo él.
—Edward. Prometiste que nunca estarías celoso de Jasper.
—No estoy celoso de Jasper. Estoy enojado contigo.
—Oh.
—Tengo que irme —dijo—. Te llamaré cuando regrese.
No me llames, casi respondió Bella.
—De acuerdo. Estaré aquí.
—De acuerdo.
Ella no iba a decir "te amo" ahora solo para ver si él le respondería lo mismo.
—Estaré aquí —repitió.
—De acuerdo —colgó.
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49- Samuel L. Jackson es un actor estadounidense. Aparece en Pulp Fiction, una película, diciendo esa línea.
50- Amy Sherman Palladino es una guionista de la TV americana.
Este capítulo me da ansiedad jaja.
Ya se enojó otra vez Edward.
Y si, yo también me desesperé porque el Edward del presente no habla con Bella. Y está enojado. Ahora los dos Edwards están enojados. Dios.
Nos leemos luego :)
