Renuncia de derechos: Todo lo que reconozcan es de otras personas (Horikoshi–sensei, Rowling y uno que otro más). El resto del desvarío es mío, así que me reservo su uso como me dé la gana.
Advertencia: esto es un crossover; por lo tanto, las diferencias con el canon de las obras base van a ser muchas (algunas sonarán absurdas, otras no tanto, pero ahí estarán), así que no se aceptarán comentarios malintencionados al respecto.
Dedicatoria: a TanitbenNajash, creadora de la Tabla de Invierno en la cual participa el presente fanfic. Y también a "Volver a Hogwarts", porque sin sus actividades de 2019 (en específico, una con "Quidditch a través de los Tiempos"), la historia origen de esto (aún sin publicar) no habría nacido.
Dieciocho – Duende.
Febrero.
Cuando menos lo imaginó, Karen aceptó una misión.
Las cosas habían sido razonablemente tranquilas en la agencia, cuando ya no asustó a nadie con su euforia que, para muchos, no tenía explicación. ¿Cómo no se daban cuenta que, al mismo tiempo, Tensei era más feliz? Algunos necesitaban observar más a su alrededor.
Por otro lado, el que no se fijaran en esos detalles, les daba a ellos dos algo de privacidad.
—¿Cómo se tomaron lo nuestro en tu casa?
Hacían una patrulla vespertina aquel día, ventoso y medio nublado. Karen vigilaba de reojo su entorno, pero rara vez quitaba su vista de Tensei y su serena postura.
Al menos así fue hasta oír aquella pregunta.
—A mi familia le importa muy poco con quién salga —aseguró, haciendo una mueca antes de rectificar—, bueno, no a todos, pero entiendes mi punto. Además, no es como si a mí me importara lo que ellos digan.
—Lo que menos quisiera es que tuvieras problemas, Chihiro.
—Ya lo sé. Yo debería preguntar cómo se lo tomaron en tu casa, Ingenium.
—Lo normal, supongo. A mis padres les extrañó un poco, si soy sincero, pero mi hermano estaba más animado de lo normal. Supongo que porque te conoció en persona.
Karen asintió, recordando sus breves interacciones con Tenya Iida.
En ese momento recibieron ambos una alerta por radio para unirse a una persecución y se centraron en el trabajo.
Lo que Kareno no esperaba era que el delincuente de cuarta al que atraparon, fuera a complicarles las cosas.
Como fueron ella y Tensei quienes lo aprehendieron, se quedaron un rato en la estación llenando el informe correspondiente, lo que no llevó mucho tiempo. Sin embargo, tardaron lo suficiente como para que, al salir, se toparan con alguien recién aparecida en el vestíbulo de la estación.
Su hermana Kotori, actualmente, ejercía la profesión como analista (al menos oficialmente), por eso su licencia seguía vigente y sus selectos admiradores no la habían olvidado, no cuando Yumemi hacía unas cuantas misiones de campo al año que lograban ser captadas por el público, cosa no muy frecuente cuando se era heroína clandestina. Con todo eso, ¿por qué estaría con la policía cuando el sol todavía brillaba en el cielo?
—Yumemi —saludó Tensei, de pronto más formal que minutos antes—, es un gusto saludarte.
—Igualmente, Ingenium, Chihiro. Ya que están aquí, acompáñenme, por favor. Nos esperan.
Los otros dos intercambiaron miradas, antes de asentir y seguir a la otra hacia el interior de la estación, a la puerta de una pequeña habitación que, según sabía Karen, era para interrogar a la gente. Fue Kotori quien se plantó delante, respirando profundamente un par de veces antes.
A Karen de pronto, se le ocurrió lo impresionante que le parecía que, pese a ser clandestina, su hermana pudiera arreglárselas en el trabajo de heroína con aquel traje, tan similar a una yukata, real pero que solo le llegaba a la mitad del muslo y cuyas mangas no eran tan amplias como en el atuendo japonés original. Era el traje de invierno, pudo fijarse Karen con retraso, porque usaba una camiseta de cuello de tortuga debajo, lo mismo que unas medias térmicas. Todo el conjunto, incluyendo los botines abrochados con cintas, era negro, con solo unos detalles en los bordes del traje de color azul, que se parecían sospechosamente a olas de mar.
Vaya, no era la única que honraba con su trabajo a un amor muerto.
—Detrás de mí y sin intervenir —advirtió Kotori, antes de abrir la puerta y entrar a la habitación.
Obedientes, Karen y Tensei la siguieron.
Esa habitación no tenía muchos muebles y lucía como el típico sitio de interrogatorio que mostraran algunas películas, pues a una mesa cuadrada, estaba sentado uno de los sujetos más feos que Karen hubiera visto en su vida, con piel cetrina y ligeramente morena, el cabello negro muy revuelto, unas curiosas orejas puntiagudas y ojos completamente en blanco, sin iris ni pupila visibles. Su atuendo era de civil, una camisa de manga larga y unos deslavados pantalones de mezclilla, pero Karen sabía que esa apariencia podía ser engañosa.
Es más, lo afirmaba: era el tipo al que ella y Tensei acababan de arrestar.
Para que acudiera Kotori, en su papel de la heroína Yumemi, debía haber algo grave con ese tipo, que parecía una copia barata de un duende de Gringotts.
—Muy bien, señor —comenzó Kotori, con su tono más serio—, sabe por qué está aquí, pero en lo particular, me interesa saber sobre sus conexiones con unos vándalos que fueron detenidos no hace mucho, que se relacionaban con cierta asquerosidad del bajo mundo con las singularidades.
Sí, definitivamente Karen había terminado con su actividad razonablemente tranquila en la agencia.
—&—
Bienvenidos sean al día 18, espero que les guste.
Para la palabra de hoy, bueno, me aproveché de este universo para que se mostrara a un sujeto que se parece, curiosamente, a un duende de Gringotts, aunque los últimos no son agradables de tratar y quizá por eso el sujeto no era feliz.
Karen sí que es feliz, saliendo (¡por fin!) con Tensei, pero no han hablado mucho de eso porque ya saben, la vida de héroe es ocupada. ¡Pero oigan, no se preocupen! Espero mostrarlos juntos y felices pronto… cuando las misiones heroicas les den un respiro.
Por otra parte, el sujeto–duende va a ser interrogado por el álter ego de Kotori, Yumemi, ¿alguien ya hizo apuestas sobre su singularidad? Espero que sí, porque eso explicaría que llegara de pronto a la estación donde casualmente está su hermana y curiosamente va a vérselas con el tipo que ella y Tensei acaban de encerrar.
¿Creen que me arrepentiré de este capítulo, cuando queda una semana para acabar la Tabla de Invierno? Quién sabe, pero por ahora no, eso es ganancia, creo.
Cuídense mucho y nos leemos en la siguiente palabra: Dorado.
