Magnus no quería dejar a Alec. El no quiso atacar y no quiso levantarse y tirar a Alec, jalándolo de su camisa. Toda su percepción de las restricciones de fuerza, la distancia y físicas no eran lo que solían ser.
Nada era como solía ser.
El mundo era más claro, con una nueva gama completa de colores, y su visión estaba en permanente vista panorámica. Oyó todo (todo) y probó todo eso en su lengua. Su cerebro lo catalogó todo en menos de una milésima de segundo, y su mente (oh, su mente) un universo abierto.
Miró a Jace y Clary, que ambos tenían una sonrisa de oreja a oreja, a continuación, a Raphael y Isabelle, Mark y los otros vampiros ingleses que sabía quién eran ahora, Jules, Kirk y Ty. No sabía cómo lo sabía, simplemente lo sabía; y el pequeño Max, que sonreía fantásticamente. Catarina y su padre estaban allí, oh padre, pero no había... Alec.
Alexander.
Estaba sonriendo, mirando su camisa rota, alisándola hacia abajo, donde Magnus lo había agarrado un segundo atrás ¿Eso fue hace sólo un segundo?
Alexander. Su piel perfecta y el cabello de color negro parecían aún mejor a través de estos nuevos ojos. Su perfume, su atracción magnética era mucho mejor, y Magnus no se contuvo. Tomó la cara de Alec con ambas manos y lo besó.
Jace se rió.
- No ha cambiado ni un poco.
Alec se retorció, tirando de las manos de Magnus de su cara con una risa.
- Ah, no tan fuerte.
Magnus puso las manos en la cara de Alec tan suavemente como pudo y le dio un beso de nuevo.
- Lo siento. Todo es tan...
- ¿Diferente?
- Mejor - miró alrededor de la habitación de nuevo y vio a su padre. Su padre también humano. Su padre con un corazón que latía y la sangre en las venas. Sin embargo, en su mente, él diferenciaba entre una fuente de alimento y la familia. Se acercó, que para la sorpresa en el rostro de su padre y cómo su pelo estaba soplando hacia atrás en la brisa, Magnus supuso que se acercó un poco demasiado rápido. Muy lentamente, con mucho cuidado, puso sus brazos a su alrededor.
- Padre.
James se puso a llorar.
- ¡Ah! Magnus. No estaba seguro de si alguna vez te vería de nuevo.
Entonces el pequeño Max estaba al lado de ellos, y una voz de mujer dijo.
- ¿James?
Entonces todo sucedió muy rápido. James se tambaleó hacia atrás, mientras que Magnus se volvió y sacó un gruñido que era tan fuerte y amenazante, que daba miedo. Pero tenía que proteger a su padre a toda costa, y mostró los colmillos ¡Por el Ángel! Él tenía colmillos, y tiró levanto las manos, enviando crujidos de electricidad y fuego e ira de sus dedos.
Max levantó las manos y la voz de la mujer dijo en un susurro.
- Mantén la calma.
Y Magnus se sentía tranquilo, pero no fue hasta que Alec estaba frente a él, con sus frentes presionando juntas, que él tomó una respiración profunda suficiente para enfocarse.
- Estás bien, tu padre está bien, Magnus.
- ¡Era la voz de Tessa! - James susurró. Magnus se volvió para ver que debió haber empujado a su padre, porque Catarina estaba ayudándole a ponerse de pie.
Max sonrió serenamente a James.
- ¡Oh James! Sí, yo soy.
- ¿Qué...? - James dijo, sacudiendo la cabeza - ¿Cómo...?
Max agitó la mano.
- Este niño dotado, tan mal entendido, es un camino a seguir.
James asintió con incertidumbre, con miedo.
Era extraordinario escuchar la voz de una mujer proveniente venía del niño, pero Magnus podía ver de alguna manera en la mente de Max. Y era clara y nítida, la mujer que Magnus vio, era la mujer de las fotografías que su padre había guardado.
- Los que están en el otro mundo de nuestra especie han visto esto - dijo ella a través de Max - Tuvimos que asegurar nuestro linaje, el talentoso mitad vampiro y mitad humano, tenía que convertirse en lo que estaba destinado a ser.
- Puedo verla - Magnus dijo, mirando a Max - En su mente. Puedo verte.
- Magnus, Ailig tu padre te cuidó muy bien - ella extendió la mano -Tú y yo hablaremos muchas veces. Pero por ahora tenemos que despedirnos.
Los ojos de Max volvieron a la normalidad y el niño sonrió.
- ¡Tú ves lo que ve Max!
Magnus asintió con la cabeza y se puso las manos en el cabello. Su mente estaba fracturada, fragmentada en mil direcciones a toda velocidad: vistas, olores, recuerdos, cosas nuevas como pensamientos de otras personas, escuchar la música de Raziel sabe dónde, sabiendo que él puede controlar cosas como el fuego y el agua. Por él Ángel. Todo era demasiado. Le dolía la garganta, su ardor de estómago, tenía barro en el pelo. Tomó un montón de barro y lo miró con curiosidad.
Entonces se dio cuenta que tenía una mancha de color rojo-negro en el pecho y un agujero en su camisa y él apestaba a mercurio y, oh Raziel, abrazó a su padre con una camisa venenosa.
- Magnus, está bien - la voz de Alec era tranquila y suave, como un calmante audible. Ese pensamiento lo hizo reír. Espera ¿Alec dijo eso, o lo pensó?
Magnus sacudió la cabeza y sus ojos estaban ardiendo. Se tomó el cabello de nuevo.
- Es todo demasiado. Tengo tanto en mi cabeza - mostró a Alec sus manos - ¡Tuve fuego y relámpagos en mis manos! ¿Vieron eso? Y tengo una gran cantidad de energía y potencia en mis huesos - sus manos comenzaron a temblar - Y tengo una sensación que se agarra a mi estómago, la garganta y yo...
Alec llevó la mano a la cara de Magnus.
- Hay que alimentarse. Eso ayudará a despejar tu cabeza.
- Más tarde, vayan a Nueva York - dijo Clary - Pasen unos días a solas, sin interrupción, sin presión o influencia.
Alec asintió.
- Sí. Buena idea.
Jace se acercó a Magnus y le tomó la mano. Magnus fue bombardeado con líneas de ADN molecular, y sabía que estaba viendo la antigua historia de Jace. No podía tener sentido sin embargo, o descifrar lo que significaba, pero sabía que iba a aprender.
- Vamos a darles un par de días de descanso, pero vamos a ayudarte a aprender - luego, Jace le sonrió. Cálmate primero mi hermano ¿Sí? No lo lastimes.
- Solo en el mejor de los sentidos - respondió Magnus.
Los ojos de Jace se agrandaron y se rió.
- ¿Has oído mis pensamientos? Hazme un favor. Nunca me digas lo que Clary está pensando de mí. Incluso si te ruego.
Clary se rió y puso su mano sobre Magnus, algo que había hecho cientos de veces antes, y Magnus reflectó su propio poder contra ella. No utilizó su propia capacidad de producir hielo por el tacto, él lo recuperó y ella retiró la mano.
- Lo siento - él dijo rápidamente.
Clary rió.
- Nunca te disculpes. Creo que nosotros vamos a catalogar una gran cantidad de poderes ¿Eh?
- Umm… Probablemente - dijo Magnus. Estaba tan distraído por todo el asunto de estos dones, y los arañazos en su estómago comenzaron a empeorar.
- Le dejarás alimentarse - dijo Clary. Ella sonrió con orgullo y miró a Alec - Oh, me refería a ti.
Alec se rió, puso su brazo alrededor de Magnus, y ellos se fueron.
Saltar por primera vez como vampiro no fue más fácil que la primera vez como un ser humano. No fue doloroso, no físicamente. Fue sólo que Magnus, tenía un océano de fuerza y poderes que no podía controlar, y el salto era uno de ellos.
Era como 2 hombres tratando de bailar el vals y ser unos completos troncos. Después de lo que fue esencialmente un viaje lleno de baches, ellos aterrizaron en un callejón en la Ciudad de México. Estaba oscuro, el aire era húmedo, y hubo un aluvión de nuevas cosas, nuevos sonidos, nuevos olores. No todos ellos eran agradables.
- ¿Estás bien? - Alec le preguntó en voz baja - ¿Tienes también la posibilidad de saltar?
- Yo creo que sí - Magnus dijo encogiéndose de hombros – Pero creo que debería dejarte conducir, porque no soy muy bueno en eso.
Alec soltó una risa.
- Sí, probablemente deberías dejarme conducir mientras todavía estás aprendiendo - él negó con la cabeza y miró a Magnus con asombro - Eres aún más hermoso ahora. Eras tan increíble, y ahora sigues siendo tan increíble. ¡Completaste tu propia transformación con sólo tu voluntad! Y parece que tienes un pozo inagotable de dones, más poderosos que los de cualquiera de nuestra especie antes. Eres notable, Magnus.
Magnus tragó, enseguida, tragó de nuevo.
- ¡Oh! - dijo Alec - Lo siento. Necesitas alimentarte. La primera vez esto será como un choque para ti, Magnus. A ti, incluso puede no gustarte, para empezar. Es posible que sientas repulsión...
Había tantas voces, ruidos, más voces, olores, y mas, y más voces aparte de Alec y no podía concentrarse. Tenía hambre. Quería. Él cerró los ojos y bloqueó todo lo demás. Concentró a su mente multifacética en escuchar una sola cosa: conversaciones en callejones de drogas, violación o asesinato.
Él abrió los ojos y sonrió a Alec. Y él corrió. Con una fuerza y velocidad que era liberadora, escaló la pared y fácilmente corrió unas cuadras sobre los tejados en cuestión de segundos y paró. Alec estaba junto a él, sus colmillos escondidos por su sonrisa: una vista gloriosa, tan perfecto, tan suyo.
Quería besarlo, follar con él y morderlo. Pero su garganta ardía y no sería distraído tan fácil. Se concentró de nuevo, sólo que esta vez sobre el tum-tum-tum del bombeo de sangre por las venas, y no había nada que lo detuviera.
Magnus apareció delante de un hombre cubierto de cadenas y anillos de oro, que tenía a un niño pequeño por el cuello de la camisa contra la pared, diciendo que él iba a entregar el paquete o morir.
Magnus agarró el hombro del hombre y tiró de él. El hombre chocó contra un muro de hormigón, y Magnus pudo escuchar la fractura de huesos y órganos internos pulverizarse antes de que se deslizase al suelo, muy, muy muerto.
- Vaya.
Alec se echó a reír, el pequeño niño corrió y otros 2 hombres de la pandilla corrieron a su encuentro con las armas apuntando directamente a la cabeza. Magnus no tenía miedo. De hecho, nunca se sintió más vivo. Les sonrió y ambos se retiraron al instante. Entonces Magnus recordó sus colmillos.
- Oh - miró a Alec y señaló a su boca - Voy a tener que aprender a hacer aquella cosa de esconderlos.
Una vez más, Alec se rió y se encontró detrás de los 2 hombres que se proponía escapar. Él los agarró por el cuello, dejándolos inconscientes, y llevó a Magnus más adentro en el callejón, hasta que estaban completamente ocultos por la noche. Empujó a uno de los hombres hacia Magnus.
Alec se inclinó sobre la cabeza del hombre a un lado y habló en voz baja.
- Mírame.
Deslizó sus labios sobre el punto de pulso en el cuello del hombre.
- Tú sabes dónde morder - con una flexión rápida de los colmillos, perforó la piel y estaba bebiendo.
Magnus estaba gruñendo. No podía evitarlo. Se humedeció los labios, queriendo probar, no sólo la sangre fresca que fluyía libremente, sino la boca de Alec, sus labios, su lengua. Magnus levantó al hombre a sus labios, sintiendo el pulso y la sangre debajo de la piel. Abrió los labios, con la seguridad de que era mucho menos gracioso y elegante, mordió el cuello.
El sabor era cálido y metálico, picante y dulce. Estaba delicioso y era todo, y bebió rápidamente drenando al pedazo de mierda humana en cuestión de segundos. Y Magnus sabía que haría cualquier cosa para probarlo de nuevo.
Alec lo miró, sus ojos oscuros, zafiros en llamas, se lamió los labios como si él pudiera saborear la sangre que Magnus estaba bebiendo. Luego, empujó a Magnus contra la pared detrás de él, besándolo y agarrándolo por todas partes. Él fue frenético e intenso, deseo puro y necesidad.
Magnus dio la vuelta a Alec de modo que él lo presionaba contra la pared, y le dio un beso tan fuerte como pudo. Alec parecía disfrutar de la nueva fuerza de Magnus, gimiendo con cada embestida y toque.
Magnus puso las manos bajo el culo de Alec y lo levantó, separando sus muslos, luego, Magnus presionó las caderas bien contra él. Y completamente vestidos, ellos se retorcían y se agitaron uno contra el otro, besándose y degustándose, gruñendo y excitados hasta que Alec se tensó contra él y disfrutó.
Magnus no sólo podía sentir su propio placer, pero podía sentir el de Alec también. Lo canalizó a través de él, el orgasmo de Alec y el suyo propio, y Magnus empujó el placer para fuera de sí mismo, reflectándolo de nuevo en Alec una y otra vez, ambos disfrutando y disfrutando hasta que Magnus no pudo levantarse.
Antes de que cayera al suelo, Alec debería haberles saltado, ya que aterrizaron en la cama del apartamento en Nueva York de Alec.
Ambos hombres estaban en sus espaldas, jadeando, gruñendo, sonriendo.
- ¿Qué... qué... fue eso? - preguntó Alec.
- Yo… Ummm… No estoy seguro. Cuando Clary me tocó anteriormente, reflecté de nuevo el poder de ella. Bien, reflecté tu placer de nuevo a ti, enseguida, de vuelta a mí, y enseguida, de vuelta a ti - Magnus se encogió de hombros - Bueno, supongo que eso es lo que hice.
Alec se rió y levantó las manos.
- Mis manos todavía están temblando. No lo han hecho desde que era un ser humano.
Magnus resopló.
- Así que vamos a tener un buen rato con estos nuevos poderes ¿Verdad?
Alec suspiró y rodó para hacer frente a Magnus.
- ¿Cómo te sientes?
Magnus pensó en todo lo que sentía.
- Increíble. Energizado. Muy sexual - dijo, y Alec se rió – Me siento nervioso. Nervioso, confiado, feliz, aliviado. Sobrecargado.
Alec lo besó suavemente.
- Creo que has tomado todo muy bien. Mejor que cualquier persona que he visto.
- Tengo mucho que aprender, mucho a lo que acostumbrarme. Es todo demasiado grande.
- Y te voy a enseñar todo. Jace, Clary, y yo te vamos a enseñar todo lo que sabemos - Alec lo miró, con los ojos brillantes de asombro.
Eres más notable de lo que llegué a pensar.
- Yo soy notable a causa de lo que me hiciste - dijo Magnus.
Los ojos de Alec se abrieron.
- ¿Me escuchaste en mi mente?
Magnus llegó a lo más profundo de la mente de Alec, viendo destellos de diferentes épocas y lugares de hace mucho tiempo y muy lejanas, como fragmentos de primera de una obra cinematográfica.
- Veo todo.
Alec entonces debió de recordar sus días en la cama porque Magnus fue bombardeado no solo con explícitas visiones, sino como el hizo a Alec sentir.
- Oh, Raziel - Magnus jadeó. Él cerró los ojos -Tengo que aprender a bloquear esto.
Alec se rió.
- O no.
Magnus se levantó de la cama y se fue para tomar el lubricante de una mesita de noche, sólo para quedar con todo el cajón roto ahora en su mano. Su fuerza era desconcertante para él, aunque Alec comenzó a reírse. Era el sonido más libre que Magnus había oído. Magnus tiró de la pequeña botella de lubricante, y con cuidado la lanzó en la cama, y luego saltó sobre Alec, y puso sus manos sobre la cama.
Compensando la fuerza física, como Alec había hecho tantas veces antes, Magnus rasgó la ropa del cuerpo de Alec, y enseguida la suya.
Alec se rió, pero el sonido se convirtió en un gemido cuando Magnus empujó los muslos de Alec lejos con los suyos.
- Tú perteneces a mí ahora - Magnus dijo, sosteniéndolo.
Sus colmillos palpitaban de deseo, su pene grueso y dolorido. El pasó el lubricante en su pene, dándose a sí mismo algunos golpes, y las nuevas sensaciones de vampiro lo hicieron silbar. Era mucho mejor...
El pecho de Alec se arqueó hacia adelante, con la cabeza hacia atrás, expuso el cuello a Magnus.
- Hazme tuyo, Magnus. Toma de mí lo que quieras.
Magnus empujó contra el agujero de Alec con su pene y lo besó con fuerza, haciendo a Alec quejarse e implorar. El era más fuerte que Alec ahora, lo aseguró más, y lo maniobró como si no pesara nada. Y a partir de los sonidos emitidos por Alec, él claramente disfrutaba siendo maltratado.
- Hazlo ya, por favor, te lo ruego - susurró Alec - Magnus, por favor.
Magnus hundió su pene en el culo de Alec con un fuerte empujón y hundió los dientes en su cuello. Alec era de él, en todos los caprichos de placer, para ver con lo que él deseaba.
Como él era de Alec.
Fue un placer tan divino, tan crudo y tan completo. Él estaba dentro de él, de todos los modos posibles. Estaba tan profundo en él, probó su sangre en su lengua: Un sabor tan delicioso, tan perfectamente diseñado sólo para él.
Alec agarró con los brazos la espalda y su trasero, para no tener que contener su fuerza más, y rogó, suplicó a Magnus joderlo con más fuerza.
Y así lo hizo.
Y después de hacer el amor, Alec luego folló a Magnus, y luego ellos hicieron el amor de nuevo, y Magnus no estaba seguro de cuántos días duró.
Fuera lo que fuera, por más tiempo, no fue lo suficiente.
Estaban tumbados en el suelo del baño, tomando un momento para recuperar el aliento.
- Tengo algunos poderes muy especiales, al parecer - Magnus dijo con una risa.
- Yo diría.
Magnus resopló, pero fue serio por un momento.
- Puedo sentirlo. Una energía burbujeante en mis huesos. No puedo describirlo, pero estoy un poco asustado de eso.
Alec frunció el ceño y sacudió la mano.
- No tengas miedo, m'cridhe.
- Mi corazón. Me encanta cuando me llamas tu corazón – Magnus repitió.
- Es verdad.
- Oh, eso me recuerda - Se tocó la nueva cicatriz en el pecho - Me apuñalaste en el corazón ¿Eso es algo que tenemos que hablar?
Alec se rió, largo y fuerte.
- ¿Cuánto tiempo me vas a recordar eso?
- Para siempre.
Alec murmuró feliz.
- Voy a estar muy decepcionado si no lo haces.
