Sasuke la alzó en brazos sin dejar de besarla y la introdujo en la bañera de agua caliente.

Sakura cerró los ojos de placer cuando el líquido la cubrió.

Él se quitó el chaleco y el cuello rígido, después se despojó de la camisa y dejó caer todas las

prendas en el montón.

Sakura abrió los párpados cuando se estaba quitando las botas y los pantalones.

Se frotó la piel desnuda con unas de las toallas que había dejado la criada y se acercó al extremo de la bañera para meter los pies en el agua, junto a los de ella.

El líquido caliente le cubrió las pantorrillas aliviando el frío.

A él no le gustaba el agua caliente.

De niño gritaba que le quemaba incluso cuando sólo estaba tibia.

Su padre nunca le había creído y ordenaba a los lacayos que le zambulleran por completo.

—No cabremos los dos a la vez. —Sakura le dirigió una perezosa sonrisa con los ojos verdes entrecerrados.

—Sólo quiero calentarme los pies.

Sasuke se secó el pelo mojado con la toalla mientras ella se recostaba en el borde de la bañera de cobre para observarle.

Tenía que avisar a Curry para que les llevara ropa limpia, pero no ahora.

No haría salir a ninguno de los sirvientes de esa casa en medio

de la tormenta.

—Esta pensión es bastante sórdida, ¿no crees? —murmuró Sakura, moviendo las manos dentro del agua y observando cómo se ampliaban las ondas—. No es el tipo de lugar en el que se alojarían damas y caballeros respetables.

—¿Importa? —Aquella habitación no era muy diferente de cualquier otra para él.

—Lo cierto es que no. No deja de ser otra decadencia más en una noche llena de decadencias.Jamás hubiera pensado que este tipo de cuestiones me gustara tanto, Sasuke. Gracias por mostrármelas.

Observó cómo Sakura deslizaba la mirada por su cuerpo para detenerla, finalmente, en la sólida erección.

El miembro apuntaba rígido hacia ella; ¿cómo iba a ser de otra manera?

Sakura era muy hermosa.

Sus extremidades eran blancas contra el fondo de cobre de la bañera, sus pezones estaban rígidos por el frío y el deseo.

Los mechones de pelo rosa flotaban alrededor de los hombros y el vello entre los muslos, todavía más claro, se transparentaba a través del agua.

Tenía la cara ruborizada por el calor y los labios, exuberantes y rojos,curvados en una sonrisa; los ojos muy brillantes y verdes.

La vio lamerse perezosamente una

gotita del labio inferior.

La tormenta caía furiosa sobre Montmartre y los truenos resonaban como salvas de cañón.

Nadie, ni siquiera Curry, sabía dónde estaban.

Esa noche, Sakura le pertenecía.

La vida de Sasuke siempre había estado dictada por otras personas, las conversaciones y los acontecimientos le sobrepasaban antes de que pudiera seguirlos.

Eran otros los que decidían si vivía en un sanatorio o fuera de él, si debía acudir a Roma o esperar en Londres.

Las situaciones fluían sobre él y, salvo que interfirieran en sus intereses, como obtener elusivas piezas de porcelana Ming, dejaba que ocurrieran sin más.

Ahora Sakura había aterrizado en la veloz corriente de su vida y se había plantado allí firme como una roca.

Todo lo demás se arremolinaba a su alrededor, pero ella permanecía inmóvil; era su ancla.

Y él necesitaba que se quedara allí para siempre.

Sasuke se inclinó sobre ella e hizo que se pusiera de pie.

Su cuerpo estaba resbaladizo y se amoldaba al suyo a la perfección.

—Todavía estás frío —dijo ella.

—Tú me calentarás.

Cogió otra toalla del montón y la envolvió en ella antes de que empezara a temblar de nuevo.

El calor de Sakura era mejor que el fuego, mejor que toda el agua

caliente del mundo.

La tomó en sus brazos y salió con cuidado de la bañera para llevarla hasta la estrecha cama, cerca de la estufa.

La doncella había colocado ladrillos calientes envueltos en tela bajo las sábanas, que se veían gastadas pero limpias.

La dejó sobre el colchón caliente.

Ella le observó; no pareció preocuparse cuando él dejó caer la toalla y se tumbó a su lado.

Tiró de las sábanas y les cubrió con

ellas formando un cálido capullo.

El calor de los ladrillos y del cuerpo femenino le envolvió, ahuyentando el frío.

Sakura le rodeó con los brazos cuando se giró hacia ella.

—¿Qué decadencia vas a enseñarme ahora? —preguntó sonriente.

Sakura todavía no lo entendía.

—Esta noche no vamos a jugar.

—Oh… —sonó decepcionada.

Sasuke le apartó el pelo mojado de la cara y se apoyó en el codo de tal manera que gravitó sobre ella.

El aliento de Sakura alcanzó sus labios, dulce y fragante.

—Prométemelo —pidió él.

—¿Qué quieres que te prometa?

—Quiero que me prometas que me detendrás.

Ella le lanzó una mirada traviesa.

—Todo depende de lo que hagas.

Sakura todavía pensaba que él estaba jugando.

—Prométemelo. —«No permitas que te haga daño».

—De acuerdo —cedió ella, todavía sonriendo.

Sasuke le acarició los ojos cerrados, le cubrió de besos la nariz y los labios.

Ella sacó la lengua, intentando atrapar la de él, pero Sasuke se alejó, elusivo.

—Te deseo —susurró ella con las mejillas sonrojadas—. Pero hace demasiado tiempo. Quizá no pueda…

Sasuke le tocó entre las piernas y hundió los dedos en la resbaladiza humedad.

—Sí, podrás.

—¿Cómo lo sabes?

Ella fingía tener mucha experiencia, pero compartir la cama con un marido amoroso y hacerlo con un amante excitado e intenso eran cosas muy distintas.

Una era deber, la otra… desenfreno.

Quizá su marido había conseguido que el deber le resultara agradable, pero Sasuke no quería en su cama a una esposa obediente abriéndose de piernas para su marido.

Quería enseñarle a Sakuracada matiz del placer, quería mostrarse increíblemente suave, pero también alocado y brusco.

Quería que después yacieran desmadejados entre las sábanas, saciados.

Quería experimentar todo con ella y no tener que contenerse.

—Déjame a mí —susurró Sasuke contra su boca mientras deslizaba los dedos en su interior.

Sakura contuvo el aliento y arqueó las caderas.

La acarició por dentro con dos

dedos y luego trazó círculos sobre el oscuro vello púbico.

Sakura estaba mojada, ardiente, dispuesta.

Él llevaba semanas preparado.

Deslizó una rodilla entre las de ella y colocó la punta de su miembro contra su entrada.

Sakura gimió ahogadamente.

—Por favor, Sasuke.

—Por favor, ¿detente? —murmuró él, lleno de excitación.

—No.

Él sonrió sobre sus labios.

—¿Por favor qué, Sakura? ¿Qué quieres que haga?

—Ya lo sabes.

—No sé adivinar. Tienes que decírmelo sin tapujos.

—Eres tú quien está jugando ahora.

Sasuke le lamió los labios.

—A ti te gustan los juegos. Te gusta perderte conmigo en salas privadas y subirte las faldas cuando te lo pido.

—¿Es a eso a lo que llamas jugar?

—Te gustan las felaciones y los cunnilingus.

—Es cierto, no lo puedo negar. Pero jamás lo había hecho antes.

—¿De veras? —murmuró él—. Y yo que te creía una mujer de mundo.

—De hecho, me considero bastante torpe en esto.

—Lo hiciste muy bien. Lo haces muy bien ahora. —Ella le mordió el labio,

ruborizada y seductora.

Su vergonzosa Sakura, sonrojándose mientras él yacía desnudo encima de ella.

Siempre haciéndole reír.

—Por favor, Sasuke —susurró—.Quiero tenerte dentro.

Sasuke se tensó de pies a cabeza.

—Sí.

Él era demasiado grande.

Habían pasado nueve años desde que un hombre la penetró por última vez y estaba muy cerrada.

No podría albergarle.

Sasuke gimió suavemente mientras empujaba contra ella.

Respiró hondo presionando el pecho contra el de ella.

No la miraba, tenía la cabeza un poco girada, de tal manera que Sakura veía su pómulo y el pelo mojado por la lluvia pegado a su cabeza.

—¿Te hago daño? —preguntó.

—No.

—Bien. —Empujó otra vez—. Bien.

Sakura apretó los ojos cerrados cuando él embistió de nuevo.

El miembro se introdujo tan adentro que pensó que la haría trizas.

Y le gustó.

—Sasuke —gimió—. Soy una mujer decadente. Una decadente impenitente y quiero que no te detengas nunca.

Sasuke no respondió.

Siguió penetrándola lentamente, grueso y duro.

«Más profundo, más rápido. Por favor».

Ella arqueó las caderas cuando él embistió.

Sasuke se sostuvo con una mano

mientras le acariciaba el pelo con la otra.

Le hizo cosquillas con las puntas de los mechones en los pechos, y sus pezones, ultrasensibles, se erizaron dolorosamente.

Se inclinó sobre ella y lamió la areola, sorbiendo la cima con los labios.

Ella observó cómo la mordisqueaba, cómo torcía la lengua sobre el pezón, cómo desaparecía la piel rosada en el interior de su boca.

Le vio cerrar los ojos como si

estuviera saboreando algún manjar delicioso y las pestañas cubrieron de sombras sus mejillas.

Sakura sentía dolor en el punto donde se unían.

La fricción hacía que le ardieran

los pliegues que tanto tiempo hacía que nadie tocaba, quería separar más las piernas y lo hizo.

Apoyó los pies en las sábanas y arqueó las caderas todo lo que pudo.

—¿Tú también lo sientes? —preguntó Sasuke.

A Sakura se le pasaron una docena de frases por la cabeza, pero no tenía aliento para hablar.

—Sí.

—Tu sexo se ciñe a mi alrededor, mi Sakura. Me aprietas con tanta fuerza… —dijo con áspera pasión mientras sonreía.

Ningún hombre le había dicho nunca tales obscenidades.

Las chicas del asilo le habían hablado sobre ello, pero jamás había soñado que alguien le susurraría al oído

cosas tan ardientes, y menos un hombre tan excepcional.

—Apriétame todavía con más fuerza, cariño —murmuró él—. Es

condenadamente maravilloso.

—Sí, maravilloso —repitió ella.

Contrajo los músculos internos y él gimió de placer.

Sentirle dentro era bueno.

Estaba sumergido por completo en su interior.

Ella intentó decir algo, hablar tan atrevidamente como él, pero no logró pronunciar las palabras.

—Te deseé en el Covent Garden —confesó Sasuke—. Quise tumbarte en la oscuridad y perderme dentro de tu cuerpo.

—¿En el teatro?

—Allí mismo, en el maldito palco, con la ópera resonando a nuestro alrededor mientras te tomaba. Mientras te hacía mía. —Le puso la mano en el cuello; en el lugar

donde le había dado el mordisco de amor—. Te marqué.

Sakura sonrió.

—Yo también —le tocó a su vez el cuello—, yo también te marqué.

Él entrelazó sus dedos con los suyos y le presionó la mano contra la cama.

—Me perteneces.

—No voy a discutírtelo de momento.

—Siempre mía. Siempre, Sakura. —Sus empujes marcaron el énfasis de cada palabra.

«Siempre».

Sakura comenzó a moverse a contrapunto con él e hicieron rechinar la cama.

Era una armadura sólida, de caoba, hecha para que hombres tan grandes como Sasuke amaran a sus mujeres.

Era su amante.

Sakura se rio con deleite.

Estar con Sasuke era definitivamente decadente y se sintió más libre que nunca en su vida.

Bajo él, ella podía alzar el

vuelo.

Se rio otra vez.

Ya sabía adonde se dirigía.

Sasuke tenía los ojos cerrados y los

rasgos contraídos de placer.

Las acometidas se aceleraron, él movía las caderas como si no pudiera parar.

La clavó al colchón, la cubrió con su cuerpo; el sudor le bañaba la piel.

La lluvia golpeaba las ventanas y un ensordecedor trueno se tragó el repentino grito de Sakura al alcanzar el clímax.

Él también gritó, sin que hubiera sonado el siguiente trueno.

Un relámpago iluminó la estancia con una luz blanca que dibujó el cuerpo de Sasuke, su cara afilada, su

ardiente pelo oscuro.

Justo en ese momento, Sasuke abrió los ojos y Sakura creyó ver el sol

cuando él mantuvo sus pupilas clavadas en las de ella.

La autora del libro es Jennifer Ashley

Los personajes pertenecen a Masashi Kishimo