-Chapitre dix-neuf-

Seguían viéndose fijamente. El hada y la humana. Ambos aun recostados en el verde pasto.

En eso Diane esboza una sonrisa inconscientemente hacia el hombre a un costado de ella. Harlequin no puede evitar devolvérsela, fue como una acción ya programada por su cerebro.

—Entonces ¿De qué…De que quieres platicar? —Habla Harlequin con cierto nerviosismo en su voz.

—Que tal… Que tal sobre como gobierna su reino. Me da curiosidad saber eso—Contesta Diane tímidamente, y ante tal acción, Harlequin solo piensa que se ve tierna así.

—Pues verás… Yo no suelo ser de los reyes que quieren imponer ante su pueblo. De esos reyes que solo piensan en ellos mismos y en tener siempre el poder. A mí me gusta ver a mi pueblo libre y tranquilo. Claro que hay reglas, como no salir del bosque, eso está tremendamente prohibido, pero es por seguridad. En sí, no siento que sea de mano dura con las demás hadas que habitan este vasto bosque. Y sé que a los demás no les desagrado en lo absoluto.

Termina diciendo Harlequin con una sonrisa volteando hacia el cielo pensando en la alegría que había en el reino que gobierna.

Diane solo se le queda viendo impresionada ante tales palabras tan honestas y sinceras por parte de aquel rey hada. A ella, a decir verdad le agradaban las personas que pensaban de ese modo. Y al verlo mejor, se dio cuenta también de que quería mucho a su reino y no los desprotegería por nada del mundo.

—¿Y tú, Diane? ¿Qué me puedes contar de dónde vivías?

"Antes de que mi hermana te raptara"

"Espero no tocar una fibra sensible, de seguro extraña a su familia"

El rey hada estaba atrapado en sus pensamientos tan culpables cuando, de pronto, Diane habló:

—Era muy bonito y agradable estar ahí. Me encantaba, en especial, la biblioteca que estaba en la parte central del reino. Siempre que terminaba un libro, iba ahí y compraba uno nuevo para seguir leyéndolo ¡Es que la lectura siempre ha estado inculcada en mi familia! Aunque a mi hermana no le llame mucho la atención, ¡a mi sí! Siempre me estarías encontrando rodeada de libros, ya sean nuevos o viejos y desgastados por tanto uso. Pero, es que simplemente no puedo evitarlo.

"Oh y además de gustarme eso, en Megadozer las personas siempre son amables por ahí. Por donde pises te hablaran amablemente. Oh, y también los jardines del palacio donde vivía, simplemente hermoso. Ese de hecho era mi lugar de lectura, lo usaba cada que quería estar un momento a solas conmigo misma y perderme entre las hojas de mis desgastados libros.

Ante todo esto, Harlequin le prestaba total atención a todo lo que le contaba la castaña. Le parecía divertido los gestos que la muchacha hacia al hablar. Siempre tan expresiva. Se notaba la emoción en su voz cuando hablaba de su antiguo hogar. Y no pudo evitar que un suspiro saliera de sus labios al contemplarla.

Diane se percató que hablaba demás y, avergonzada se disculpó con el hada.

—Disculpe si hable demasiado, es que cuando recuerdo Megadozer siempre termino emocionándome contando lo increíble que me parece.

Al rey hada, ese gesto le pareció sumamente puro y tierno, ante lo cual contestó sonriente:

—No te preocupes, es bueno ver que te alegras por cosas que amas hacer, es normal, no te culpo. Tú no tengas vergüenza si hablas "demás", yo te escucharé.

Tras esto, Diane se sintió más aliviada al ver su mirada tan sincera.

—D-De acuerdo. Muchas gracias.

El tiempo fue pasando rápidamente mientras ambos hablaban de ellos mismos. Comenzaban a conocerse cada vez más y cada vez se atraían más.

Cuando menos se dieron cuenta, el sol ya se estaba ocultando dejando ver a las nubes ya de un tono entre rosado y anaranjado. La vista era simplemente preciosa.

—Harlequin, ¿ya se dio cuenta de cómo se ve el cielo ahora mismo? Vea, vea ¿No es precioso? —Comenta Diane emocionada, mientras King volteaba hacia el cielo. Y en efecto daba una vista esplendorosa, que en sus años reinando no había contemplado muy bien.

—Tienes razón, es hermoso.

El hada estaba absorto observando el bello atardecer. Tan absorto que no se dio cuenta de que alguien iba entrando en aquel jardín.

—¿Su majestad?

Habló un hada que se iba acercando poco a poco a la pareja que reposaba tranquilamente en el jardín. Al acercarse más, se percató de que su rey no estaba solo, sino que, estaba acompañado de una muchacha castaña y no una cualquiera, sino la humana que trajo la princesa Elaine. Ella sabía de los planes que tenía el hada de proteger a su hermano, pero a ella no le agradaba mucho que se juntara con un humano.

Harlequin pronto se da cuenta de que están siendo observados y, pronto se levantó con cuidado para ver quien lo solicitaba.

— ¿Uh? — Diane solo se para igual que el hada y, al hacerlo observa que hay otra hada viéndola fijamente.

— Majestad, con que aquí se encontraba Lo estuve buscando un buen rato, pero por fin lo encontré.

— ¿Qué sucede Ende? ¿Pasó algo? —El rey hada se alarmó ante eso, y se preparó para lo que estaba a punto de escuchar.

—No, no es nada. Es solo que estaba dando una vuelta, de casualidad por el Árbol Sagrado, pero no sentí su presencia cerca, así que decidí ir en su busca y ver si no le pasaba nada grave. Pero veo que está muy bien.

Aquellas palabras y el tono que usó no les gustaron para nada a Diane, la cual, inconscientemente se movió un poco junto a Harlequin.

—Si no te preocupes, no pasa nada, solamente vine a…—Pero, inesperadamente fue interrumpido por la otra hada.

—Estar con esa humana ¿Verdad? En vez de atender sus prioridades como se debe.

—¿Perdón? ¿Desde cuándo me hablas así, Ende? Y para que sepas, no tienes que decirme lo que tengo que hacer.

Harlequin estaba indignado y sorprendido ante la rudeza de Ende. Tal parece que se encontraba disconforme por la presencia de Diane. Se lo temía, y se veía en cuanto hizo contacto con ellos.

—Eso no importa, lo que importa aquí—Su mirada chocó con la de Diane, la cual ya estaba casi detrás del cuerpo de Harlequin—Es que ella no debería de estar en este bosque. No es bienvenida, ¿Qué no recuerda que a los humanos no les está permitido pasar? Aún se me hace increíble que esta humana haya podido entrar aquí.

El hada de ojos rojos miraba casi con odio a la oji morada. No lo soportaba, no soportaba que un humano estuviera cerca de su rey.

Harlequin simplemente soltó un suspiro de cansancio. Él sabía que también había pensado así, pero al verla más y conocerla terminó tomándole cariño. Y no iba a permitir que ofendieran a Diane. No en su guardia.

—Mira, Ende. Sé que te aborrecen los humanos a más no poder, pero eso es porque te ha tocado ver lo peor de lo peor en ellos. Y no voy a permitir ofensas ni a ella ni a mí. Diane no te ha hecho nada para que le demuestres tu odio. Y tampoco me tienes que hablar de una forma tan detestable solo porque estoy cerca de un humano.

"Él…Él me está ¿Protegiendo?"

—Vámonos de aquí Diane.

Y tras esto Harlequin la tomó de la mano y se la llevó de ahí lo más rápido que pudo, dejando a Ende sola en el jardín con lágrimas en los ojos.

Harlequin sólo iba arrastrando a Diane lejos de que alguien más pueda agredirla en frente de él. Ella solo estaba en las nubes, sus pies simplemente caminaban sin control dejándose llevar por Harlequin. Hasta que ambos pararon a una puerta, King la abrió y entraron por ésta.

Al entrar, Harlequin cerró la puerta con un pie. Y pronto se dio cuenta de que, a donde entró, era su habitación.

— ¿Har-Harlequin? —Preguntó Diane, un poco temerosa de cómo estaba el castaño: dándole la espalda aun con su mano sujetando la muñeca de la chica. Parecía un tanto abrumado, así que Diane tocó un poco su hombro izquierdo llamando, finalmente, su atención.

El rey hada dio un respingo al sentir una mano sobre él. Solo se dio la vuelta para verla a los ojos.

—Diane… Perdona por comportarme así—Tomó delicadamente los hombros de la fémina—Pero no soporté la idea de escuchar esas feas palabras salir de su boca. Y cuando menos me di cuenta termine arrastrándote aquí… Perdón, tampoco quería asustarte con mi actitud.

Se veía demasiado apenado, eso enterneció un poco a la castaña. Asi que simplemente y cuando menos se dio cuenta, lo tomó de la cara con sus manos y le dijo:

—No es tu culpa. Tú simplemente me quisiste defender y sacar de ahí, lejos de la presencia de aquella hada. Y te lo agradezco. Aunque pensándolo bien, talvez debería irme…—esto último lo dio en un susurro, el cual alcanzo a escuchar King. Y al oír sus palabras, algo en él se quiso romper.

"Perdóname Elaine, pero al parecer aquí hay hadas a las cuales no les gusto…Y puede que me quieran atacar."

Harlequin pudo escuchar los pensamientos de Diane, y, con una confianza que sacó de quien sabe dónde, tomo sus brazos bajándolos cuidadosamente para contestarle:

— ¡No! No pienses así. No dejaré que te vayas tan fácil. Aún hay cosas que quiero saber de ti…

— ¿De-de verdad? Creí que usted tampoco me quería aquí—Dijo la castaña mirando al suelo, abatida. Pensaba en irse y no volver y que Elaine abortara la misión, que la disculpara por su decisión. No sabía porque, pero al pensar tan solo en irse hacia que en su corazón se abriera un grieta de dolor.

—Claro que si… ¡Porque yo…!

"Te quiero"

Pero ese pensamiento no salió de su boca. No tuvo la confianza suficiente para decirle que ya le tenía un enorme cariño a aquella humana. Pero no quería que se fuera tan pronto, porque con ella sentía una rara especie de conexión.

— ¿Usted?

—N-no, no es nada. Solo te pido, de favor que ya no estés triste. Solo trata de ignorarla, procurare que esto no vuelva a pasar.

—Muchas gracias su majestad. En verdad que usted es alguien muy amable.

—Oh, por favor ya no me trates así, puedes llamarme King— Y Harlequin le guiñó un ojo en señal de confianza, y Diane solo se sonrojó inmensamente.

—Por supuesto… King.

Diane le regaló una tierna sonrisa en señal de que ya se encontraba mejor y para esto, el rey hada se sintió bastante feliz por la chica frente a él.

—Bueno, ¿y qué tal si estamos un rato aquí? Nadie nos podrá venir a molestar, además quiero saber más de ti, Diane.

Las mejillas de la chica se tiñeron de un color rosado ante lo dicho por el castaño y su corazón comenzó a palpitar furiosamente.

—De-de acuerdo. No hay problema, también… También me gustaría saber mucho más de usted.

Tras decir esto, el hada se sentó al borde de la enorme cama y señaló un pequeño sofá frente a él, para que Diane pudiera sentarse y poder platicar a gusto.

Y así ambos sucumbieron a una plática amena, sin saber que al otro lado de la puerta había un par de figuras escuchando todo.